Disclaimer: Mujin Wakusei Survive o Planet Survival no me pertenece.


Entre copas

.

Hay cosas de las que Kaoru nunca se dio cuenta, sobre todo las primeras semanas desde su naufragio. Es decir, hay muchas otras cosas mucho más importantes de las cuales preocuparse cuando hay que buscar comida y agua para el día a día, o refugio para siete personas y un gato robot. Debía fijarse, en ese entonces, en las huellas de los animales, la dirección del viento, la humedad del terreno y (gracias a Bell, quien se lo explicó con una naturalidad casi parvularia), la forma de las hojas.

Definitivamente, cosas más urgentes que el color del sujetador de Luna, quien, según Shingo, por quien se enteró mucho, mucho tiempo después, lavaba la ropa 8cuando era su turno), incluyendo su camiseta, en sujetador (sobre todo cuando hacía calor), para que al final del día, pudiera volver a ponérsela limpia.

Si le impresionaba o no en se entonces que una chica pudiera ser tan práctica, al punto d dejar un poco de lado su propia modestia, no era relevante. Él tenía sus propios asuntos de los cuales preocuparse.

El hecho de que su líder privilegiara la practicidad a otras virtudes estaba, en realidad, bien para él. Hacía las cosas más fáciles.

(Eso no quita que se ruborice como un adolescente hormonal cuando Shingo le revela, con toda la inocencia del niño que era entonces, y lo anecdótico de la situación con el pasar de los años, que dicho sujetador era amarillo pálido).

Hubo otras cosas de las que sí se alcanzó a dar cuenta, más adelante, cuando ya estaban cada vez menos perdidos, cuando estaban camino a encontrarse, como que Sharla era ahora capaz de comer carne "como una salvaje", en palabras de Luna. Y otras que, honestamente, no vio venir hasta que le golpearon en la cara, como que a Bell le gustaba Luna, al punto de confesárselo ahí mismo, en medio del desierto.

No que pudiera culparlo, tampoco. En ese entonces, ninguno de ellos sabía si iba a vivir otro día, a pesar de su mantra colectivo sobre sobrevivir no importaba lo que pasara; él tampoco habría querido morir sin decírselo. Pero estaba tan ocupado en superar su tema con la nace, que no le dio espacio para pensar en eso. Además, Luna, al parecer, tiene ese efecto en la gente; todos ellos eran distintos antes y después de estrellarse en es Isla, y lejos de pensar que fue el traumade un accidente espacial que pudo, en el mejor de los casos, haberlos hecho desaparecer para siempre, él se lo atribuye a la influencia de esa advenediza, a la que solo le bastó una semana para transformar sus vidas (¡rayos, si hasta la supercomputadora principal de un planeta en reconstrucción que llevaba haciendo el mismo único trabajo por mil años fue capaz de cambiar la opinión que la llevó a extinguir a la mitad de una especie, luego de mantener una conversación con ella!).

Ahora, sin embargo, en la seguridad de la civilización y la paz de la Colonia, se le aparecen otras cosas que todos los demás advierten. Menos él.

Y se lo sueltan como si hablaran del clima. En un lugar donde el clima está controlado por computadora.

-¿Y?- pregunta Howard con esa delicadeza que le ha caracterizado siempre, en la primera noche de chicos que tienen los cuatro de ellos juntos, ya que ahora Shingo tiene la edad legal para beber-, ¿cuándo se lo dirás, Kaoru?

-¿Decirle qué a quién?- pregunta el aludido, luego de beber un sorbo de su enorme vaso de cerveza.

-Howard- le reprende Bell, con ese tono conciliador de siempre, como si hablara con un niño pequeño caprichoso en lugar de un hombre adulto (aunque, en realidad, no está tan lejos de ser verdad).

Kaoru piensa, mientras le ve llevarse su propio chop a los labios y beber de él, que Bell sería un excelente maestro de primaria, de no haber elegido la Ingeniería en desarrollo de planetas, al igual que Luna.

-¿Qué?- Howard parece indignado por haber sido amonestado, como si hubiese escupido en público en vez de hacer una inocente pregunta de la cual todos, sin excepción, querían saber la respuesta.

-Acordamos que no diríamos nada- para su sorpresa, es Shingo, quien ya ha bebido la mitad de su vaso, el que contesta, lo que solo confirma que todos ellos saben de qué está hablando el rubio.

Menos él. No tener toda la información disponible es algo que jamás le ha gustado. Le pone incómodo. Es peligroso. No se pueden tomar decisiones responsables o acertadas si falta información.

Le hace sentir inseguro y vulnerable.

Se siente así ahora mismo, rodeado de amigos.

-¿De qué hablan todos ustedes?- el sonido grave de la base de su chop sobre la mesa, acompañado de su ceño fruncido es advertencia suficiente.

-Bien hecho, Howard- le regaña Shingo, mientras Bell se masajea el puente de la nariz.

-¿Qué?- repite el rubio, como si las consecuencias de su indiscreción no estuvieran a la vista.

-Chicos, estoy esperando.

Bell deja salir el aire de sus pulmones en un suspiro que hasta él reconoce como doloroso. Bell, a todas luces, se sacrificará por el equipo, revelando algo que claramente no quiere decir. Y Kaoru se compadecería de su abnegación, de no ser porque él es quien desconoce la información que ´la que se habla.

-¿De qué se trata esto?

-Verás, Kaoru…

Pero lo que sea que Bell está a punto de decir, no puede, porque es Howard quien ocupa su lugar, alzando su voz por sobre el suave timbre del otro.

-Que todos sabemos que te gusta Luna y estamos hartos de ver cómo la miras, como una cría de Pague a una rama demasiado alta, sin decirle nada.

Kaoru no es capaz de enumerar cuántas cosas en esa oración le deja más perplejo, que fuera Howard quien le ahorrara a Bell tener que explicarle a Kaoru este asunto en particular (no es que pueda culparlo por eso, así como tampoco puede no sentirse un poco culpable por orillarlo a eso), que Howard le viera a él, precisamente como a una "cría de Pague" que no puede alcanzar una rama, o que, a pesar de sus intentos, aquello que se esforzó en guardar con celo en su interior, sea de tan público conocimiento.

Jamás pensó ser así de transparente.

Y no sabe si debe enfadarse o sonrojarse por eso.

Casi como un acto impulsado por un instinto de supervivencia híper desarrollado a punta de la supervivencia misma, se agarra de su vaso casi lleno, como si éste fuera a impedir que se desplomara, y se lleva la otra mano a la cara en un gesto adquirido para llamarse a la concentración.

Ciertamente, se siente desconcentrado.

Sus amigos (aunque, en realidad, cree que se buscará unos nuevos) le miran de esa manera en que todos vieron a Saltarín antes de ser faenado hace tanto tiempo atrás. Le molesta, sí, pero también agradece que le den espacio para pensar.

-¿Cómo es que lo saben?- es lo primero coherente que atina a preguntar.

-Amigo, es dolorosamente obvio- responde Howard con un encogimiento de hombros, acompañado de un sorbo de su chop.

La naturalidad casi burlesca con la que lo dice le produce emociones extrañas.

No es que se haya propuesto esconderlo activamente, pero sí tiene cuidado de no exponerse tan abiertamente al mundo. Un hombre debe mantenerse junto.

¿Pero de ahí a obvio? ¿"Dolorosamente obvio"?

-¿Desde cuándo?- vuelve a preguntar, ahora con un poco de timidez, casi temiendo la respuesta. ¿Cuándo fue que él se dio cuenta?

Advertirlo fue, en honor a la verdad, un alivio. Entender por qué se sentía tan protector con ella, y por añadidura a Adam, por sobre los demás, fue liberador. Si bien a partir de entonces tenía otra preocupación, que se sumaba a las muchas otras que ya tenía, aquella le dio la motivación de sacar adelante todas las demás, de no rendirse y sobrevivir, cuando tenía deseos de bajar los brazos y no luchar más.

Y él espera realmente que entre ese momento en que él es capaz de identificar el sentimiento, y cuándo lo hace el resto, haya una distancia más o menos amplia.

Lo más amplia posible.

-Depende- contesta Shingo con la soltura con la explica cómo funciona un reloj de sol-. Sharla lo sabe desde la vez que se perdieron en la nieve.

Kaoru se siente palidecer.

-Chako dice que desde la vez de los avestruces- acota Howard, y todos son conscientes de que se abstiene de mencionar qué más pasó esa vez.

Ciertamente, él lo agradece. No necesita esa carga emocional ahora mismo.

-El resto, cuando ya estábamos de vuelta y no dejaban de verla como si fuera a salir el sol detrás de ella- explica Bell con esa forma que tiene que es capaz de apaciguar a las bestias.

Demás está decir que su metáfora sobre el sol es tan cerca a la realidad que se siente tímido al oírlo de la boca de otra persona. Peor. De Bell, de entre todas las personas.

Ni siquiera tiene el estómago para contradecirlo.

Porque, para empezar, estaría mintiendo. El sol sí salió detrás de ella cuando lo supo. Y acaba de quedar de manifiesto que no es tan hábil ocultando información como él pensó que era.

Para cuando vuelve su atención al lugar en el tiempo-espacio que ocupaba antes de su breve transe, sus amigos, cada uno con su vaso harto más vacío que hace un rato, como si hablaran de las mejores jugadas de un partido de baloncesto aéreo, ocasiones en las que él y Luna compartieron un momento. Por el tenor de las que alcanza a oír, son aquellas en las que ellos cayeron en la cuenta de que el menos conversador de su grupito estaba enamorado de la líder natural del mismo.

El cómo es que tienen noticia de esas veces, está más allá de él, porque jamás les contó. Ni a ellos ni a nadie.

-… cuando se cumplieron diez años de la muerte de su padre y Chako no podía sacarla de la cama- comenta Howard con el canto del vaso sobre los labios-. ¿Cómo hiciste para levantarla? Ni Sharla ni Menori pudieron hacer que les abriera la puerta.

Kaoru se encoge de hombros, escondiendo su rostro tras su chop. El líquido amargo le da algo más en qué pensar que en la vez que, por métodos aprendidos en la Academia, de niños, relativamente cuestionables en cuanto a su legalidad, pero completamente efectivos en cuanto a sus resultados, irrumpe en le habitación de Luna y se la echa al hombro al sacarla de la cama, sentarla en el suelo del cuarto de baño y apuntarle con el teléfono de la ducha, obligándola a darse un baño como la gente y ponerse ropa limpia. No sin antes, por supuesto, ser receptor de una serie de coloridos insultos que ella escupió con entusiasmo, y que a él le dio la seguridad de que su ingenio y vitalidad de siempre seguían vivos debajo de la pena.

Recuerda con una sonrisa que, cuando salió, bañada y con un pijama nuevo, le mira con una sonrisa medio avergonzada, medio agradecida, al ver que en la pequeña mesa de comedor que usualmente solo ocupaban ella y Chako, hay comida caliente a la espera de ser probada.

Una receta que su propia madre le preparó muchas veces después de dejar la Academia.

Al parecer, sus amigos pueden vivir sin la respuesta a la pregunta que le hicieron porque, cuando vuelve a oírlos, el tema continuó.

-Yo solo lo vi cuando ella lo acompañó al examen de convalidación- Shingo, con lo último de su vaso en la mano, apunta con el dedo de esa mano con la habilidad que solo un mecánico de su calibre puede tener.

El recuerdo de los dedos firmes de Luna en torno a su muñeca, que lo arrastró a rendir los exámenes que le permitirían retomar la carrera de Astronavegación que dejó a medias tras el accidente. Porque una cosa es asumir el timón de una nave espacial que llevaría a sus amigos a salvar a un planeta en reconstrucción (o a una muerte segura), y luego de vuelta a casa, y otra muy distinta es obtener un certificado a pesar de toda la carga emocional que el ejercicio iba a echarle encima.

No es que haya opuesto mucha resistencia, tampoco (no es que alguien en el Universo entero pudiera resistirse a ella), porque estaba lánguido de miedo. Pero, la verdad sea dicha, no habría ido si Luna no hubiera tomado su mano, e ido con él.

Los resultados fueron recibidos casi de tan buen grado como el abrazo que le dio Luna para felicitarlo.

-… es decir, salen a trotar juntos los sábados por la mañana cuando ambos están de visita. ¿No es eso suficiente?- la pregunta, a todas luces retórica, de Bell, le provoca un estremecimiento.

Eso es verdad, ¿cuándo empezaron a hacer eso?

Ni siquiera puede recordarlo. Antes de graduarse de la escuela, definitivamente. Pero después a que ella le confesara su deseo de ir a la Tierra en una fuerte determinación por volver a hacerla habitable. Al parecer, cada uno ya lo hacía por su cuenta hasta que un día coincidieron. Luego de eso, correr juntos se volvió tan natural como el café para el desayuno. Parte de su rutina sabatina.

Kaoru suspira con cansancio antes de dejar el vaso a la mitad de su capacidad sobre la mesa, tratando con todas sus fuerzas cómo es que eso se diferencia de las clases que Luna y Bell comparten en la escuela de Ingeniería.

-Ni siquiera sé si quiero saber cómo es que saben todo eso- les mira a través de su flequillo ahora más corto-. Yo sé que no se lo dije a ninguno de ustedes.

Tanto Shingo como Howard se miran de reojo antes de encogerse de hombros, mientras Bell bebe hasta terminarse su cerveza.

-Tenemos nuestras formas.

-Independiente de eso, Kaoru- vuelve Howard a hablar, maniobrando con el vaso a medio terminar en la mano-. La cosa aquí no es si todo lo que estamos diciendo e o no verdad, porque nadie en lo absoluto lo duda-. Con eso, Kaoru se siente mandado a callar. No es que fuera a negarlo, pero le molesta que lo den por hecho sin preguntarle-. La cosa aquí es qué es lo que harás al respecto.

Se produce entonces un silencio largo e incómodo en el que Bell, en un intento desesperado por no participar de él, ordena cuatro chops más, a pesar de que Kaoru todavía no acaba el suyo (tendrá que darse prisa, porque la cerveza caliente da asco). Sin embargo, él apuesta a que no falta mucho para eso.

-Hombre, no es tan difícil. Solo hay que ir y decirle. Por ahí partió todo esto- el comentario de Howard parece una perogrullada, pero, al parecer, no es tan obvio para el Astronauta.

Porque él puede cruzar los sistemas solares, pero no decirle lo que siente a una chica.

-Kaoru- insta nuevamente el rubio, nervioso con este mutismo, a su juicio, completamente innecesario.

-No estoy seguro de que eso sea lo mejor, ¿sabes?

-¿Qué? ¡Por qué rayos no!- se afirma de la mesa Howard para no causar un accidente.

Shingo le mira con u n acra que refleja lo poco que entiende o comparte cualquiera se al razón de su duda, y Bell, quien hace un rato ya deja de participar activamente en la conversación, mira hacia otro lado con su nuevo chop en la boca.

-No es tan fácil- responde él, escondiendo el rostro detrás de su propio vaso, hasta que se lo termina.

-Pediré algo para picar- oye que murmura Shingo, más para que se dieran por enterados que para pedirles su opinión. Chico listo.

-¿Cómo que no es tan fácil? Es facilísimo: Bell lo hizo cuando teníamos catorce.

Y con eso, la delgada línea entre una historia y la otra se rompe.

Un silencio tenso se instala entre ellos. Nadie, ni siquiera el descarado de Howard, es capaz de beber de su cerveza, aunque hubiera sido él quien hace explosar la bomba. Solo se limita a mirar el contenido ambarino de su jarra con el ceño fruncido, Kaoru apuesta, molesto consigo mismo por haberlo dicho, y con él, por obligarlo a hacerlo.

Eso demuestra, al menos, que ha madurado.

En ese punto, por otra parte, no hay más nada que hacer. Así que, con toda la parsimonia e indiferencia que es capaz de fingir, se lleva el chop a los labios y le da un largo sorbo. Y, acto seguido, decide que puede ser peor.

Así que lo empeora.

-Bueno, ya sabemos cómo terminó eso- es la audaz respuesta del Astronauta.

-Si lo que quieres es hacerme sentir miserable, no lo lograrás así- le advierte Bell, mirándole fijamente, con ambas manos en torno a su jarra-. Luna y yo estamos bien.

-Lo mismo digo yo: estamos bien- la mirada seria de Kaoru no se aleja de la de Bell-. ¿Para qué echarlo a perder?

-¿En serio piensas eso?- se atreve Howard a intervenir. Lo que es impresionante en sí mismo, con todas las señales de alerta sobre el campo minado que se forma entre los dos morenos con unas pocas frases. Cualquiera diría que pasar tantos meses tratando de sobrevivir en un ambiente hostil le habría enseñado algo. Pero también, es Howard de quien hablan-. ¿Cómo, en nombre de la fórmula de la gravitación universal y la fórmula de los fideos, sería eso posible?

-Sabes que odio estar de acuerdo con él, Kaoru, pero…- deja Shingo la frase en el aire mientras se echa un puñado de maní salado a la boca. No es necesario, tampoco, que lo haga; el mensaje es claro.

Y, ciertamente, se siente un poco estúpido. Parece haber tantas razones por las cuales eso puede suceder que, al mismo tiempo, no hay ninguna en concreto.

Se lleva la jarra a los labios para esconder su vergüenza y tener un poco de tiempo para pensar. Sin embargo, Bell decide que es momento para tomar la palabra:

-Sé que decirle a otra persona lo que sientes puede asustar- Kaoru abre la boca para aclararle que no está asustado, pero no le da el cuero-. Sobre todo, si esa persona es Luna. Y más aún si todos ya están enterados- hace un gesto con el mentón a sus dos amigos, quienes deciden que es un excelente momento para mirar a cualquier otro lado.

-Entonces entiendes lo que quiero decir- responde Kaoru con más soltura.

-Lamento decirte que no es así- le sonríe como pidiéndole perdón-. Porque créeme que no me arrepiento de haberlo hecho, aún si fui rechazado. Luna dijo que eso la hizo feliz, así que yo también lo fui. Tan simple como eso.

Kaoru le mira casi como si le acabara de salir otra cabeza.

¿Tan simple como eso? Ojalá fuera tan simple como eso.

-Supongo que eso nos hace diferentes- comenta él casi con tristeza. Ya quisiera él parecerse un poco más a Bell. Siempre ha sido el mejor de todos ellos.

-Kaoru, hay un sinnúmero de cosas que nos hacen diferentes, y ésta es tan solo una de ellas- se ríe el otro. Kaoru lucha por no verse tan ofendido como se siente-. Y eso está bien.

Kaoru bufa. No puede evitarlo. Toma un largo sorbo de su chop solo porque no confía en sí mismo para no soltar otra brutalidad. Ya es suficiente con lo que ya hay.

-Lo tienes escrito en la cara, ¿sabes?- pregunta el menor casi con gracia, apuntándose al frente. Vaya, se alegra que al menos él se divierta; ése era el objetivo de la noche, no su inexistente vida amorosa.

-Qué cosa.

-"Si ya rechazó a Bell, yo no tengo oportunidad"- dice Shingo, imitando a Howard imitando la voz de Kaoru, tal como hizo con Bell aquella vez, tratando de quitarle un poco de plomo al asunto.

Howard ríe. Incluso Bell sonrío, un poco avergonzado, sí, pero igual. Kaoru, incapaz de resistirse, también. Shingo ríe con liviandad, satisfecho de haber logrado su propósito. Luego de un rato, los cuatro de ellos se están riendo de buena gana.

La tensión se ha esfumado, al menos un poco. Ya es algo.

-Entonces, temes que Luna te rechace y que todo se vuelva extraño entre ustedes, ¿es eso?- resume Howard a través del vaso.

Kaoru se encoge de hombros, también dándole un sorbo al suyo. Sí, demasiado preciso para ser discutido.

-Sharla te golpearía si lo oyera, ¿eres consciente?- aporte Shingo con una sonrisa en su voz.

Kaoru tampoco está en desacuerdo.

-De alguna forma- vuelve Howard, ignorando la acotación paralela-, eso es inesperadamente tierno de tu parte, Kaoru.

Y él tampoco tiene la energía de parecer molesto por eso. Apenas sí un poco avergonzado. Pero ya ha quedado en evidencia, así que qué más da.

-¿Cómo estás tan seguro de que te rechazará?- pregunta Shingo casi con inocencia.

Lo que habría sido una buena defensa, de no ser porque, habiendo cumplido la mayoría de edad, la inocencia dejó de quedarle.

Kaoru le mira con cara de "¿me estás tomando el pelo?".

-Oye, de verdad podría tenerlo escrito en la frente- se ríe Howard-. A ver, pon cara de "jódete".

No tiene que esforzarse mucho. Pero eso solo hace que los otros tres echen la cabeza para atrás para reírse.

Si, otros amigos, sin lugar a dudas debe encontrarse unos nuevos.

-¿Sabes? El día en que Luna se entere de todo esto se va a enfadar mucho- sonríe Bell-. Nunca le ha gustado que tomen sus decisiones por ella.

Claro que lo sabe, él es igual.

-Oh, quiero estar muy lejos cuando eso pase- vuelve a decir Howard, escondiendo el rostro tras el vidrio de su jarra.

-Deberías darle la oportunidad de que decida si te quiere de esa forma o no- continúa Bell, con conocimiento de causa-. Quién sabe, podría sorprenderte. No sería la primera vez que eso sucede, ¿no es verdad?

Kaoru le mira boquiabierto. Luego cierra la boca al sentirse como un estúpido. Y después usa su chop para esconder el rostro.

El resto río por la secuencia.

Y es que Kaoru no puede negar que todo, todo esto es porque Luna le deslumbró. Aquella vez hace años en que se lanzó al fuego, literalmente hablando, para salvar a una chica a la que, literalmente, acababa de conocer, de forma tan irreflexiva como desinteresada. Luego en la Isla Hada, en toda su aventura para volver a casa y todavía lo hizo en los años que siguieron, ya de nuevo en la Colonia.

De un solo plumazo, Luna lo sacó de sus casillas, le dio varias vueltas en el aire y lo volvió a plantar en un suelo blando y fértil, siendo un hombre nuevo, completamente distinta que ve un panorama diferente frente a él.

Sí, debe reconocer que ésa es una posibilidad más que cierta.

Solo que, al igual que sentarse al mando de una nave está demasiado asustado para llegar y arrojarse.

Aunque, también es cierto, fue Luna quien le ayudó con eso.

-Menori apostó una ronda a que se lo decías antes de su próximo cumpleaños.

-Sharla, que lo haces antes del tuyo.

-Chako opina que después.

En vez de preguntarse en qué momento hablan de todo eso, se ríe. Todos lo hacen. Es bueno saber que al menos las chicas le tienen esa fe.

-¿Y ustedes, qué dicen?- pregunta, ya que están en eso.

-Yo apuesto todas mis fichas a que lo harás- asegura Howard con una seguridad inspiradora-. Eventualmente.

Más risas. Ríen hasta que recuperan el aliento. Un silencio agradable que dura una exhalación se siente suficiente para empezare de nuevo.

-Sí, eventualmente.

-¿Entonces, cuándo será?

Él se encoge de hombros con una sonrisa tímida, ¿cómo va a saberlo él si recién acaba de proponérselo?

Pero antes de que pudiera abrir la boca para decir exactamente eso, Bell interviene:

-Ya, déjenlo en paz. Lo hará cuando esté listo- sonríe Bell-. Es más, apuesto lo que quieran a que lo hace antes de lo que imaginamos.

-Ésa es una apuesta audaz- opina Shingo-. Sin ofender.

-No me ofendo. ¿Pero estás seguro de querer hacer eso?

-Segurísimo.

Diablos, no. Ésos son los amigos que necesita. No los cambiaría por nada del Universo.

-Hay que sellarlo, si no, no vale- ríe Howard, entusiasmado.

Chocan sus jarras y un sonido agudo y sordo al mismo tiempo hace eco en el pub en que están.

Kaoru, mientras se bebe de una sola vez el resto de su chop y oye a sus amigos vitorearlo porque al fin se está poniendo a tono (innecesario, no le queda tanto, tampoco), se promete a sí mismo que hablará con Luna en la primera oportunidad que tenga.


Su primera oportunidad acaba siendo a la mañana siguiente, cuando ambos se encuentran para trotar (en algún momento, quizás entre la cuarta y quinta ronda de cervezas, olvidó que era viernes por la noche y que, al día siguiente, tendría que levantarse con resaca a correr).

La escena no puede ser peor: él tiene dolor de cabeza y siente que tiene una resaca tamaño papá-Pague, mientras que ella anda con esa camiseta enorme que suele usar para correr y su cabello está amarrado en una cola desordenada.

Sin embargo, nada de eso importa. A él no puede parecerle más bella. Cuando ella le sonríe y le saluda, él deja de preocuparse obsesivamente si apestará o no a cerveza; Kaoru da dos zancadas hasta donde está Luna y la besa.

(Y también, deja de preocuparse por estar siendo un cretino y haberla besado sin preguntarle primero, cuando ella le rodea el cuello con los brazos y la besa de vuelta).

Mientras trotan (porque a eso vinieron), Kaoru no halla la hora de decirle a Bell que ha ganado la apuesta.

(Y que, por supuesto, tenía razón sobre que Luna se enfadaría con él, pero eso él también lo sabía).

.


Después de ver como por tercera vez el anime, pensé que no podía verla una cuarta vez sin escribir algo primero. La verdad es que no sé si estoy del todo conforme, pero al menos me quité el antojo. Espero que les guste.