LAS DESAPARICIONES

VI

Noviembre 6 año 1807

ISABELLE

ES DEMASIADA INFORMACIÓN Y TODO ES CIRCUNSTANCIAL, PERO CONFÍO EN QUE CADA PEQUEÑEZ podría ser una hebra que al tirar, se convierta en una posibilidad que lleve hacia algo más sólido.

Así que, fue tedioso, pero tuve que ordenar de algún modo lo que estábamos captando, para así poder volver a encontrar cada dato o pieza, y poder completar aquella línea de tiempo que Irene nos había entregado para comenzar. Se lo debemos a Irene…

Nunca lo había hecho antes. Comencé archivando los testimonios de los vecinos de la propiedad de Arsenault, etiquetando cada uno según los nombres de las personas que los han entregado. Cada testimonio reuniendo pequeños trozos de información sobre lo que pudieron haber escuchado o visto, aquella tarde del 15 y madrugada del 16 de septiembre, cerca de la propiedad de Arsenault.

Morgaine no me dio la oportunidad de participar en estas entrevistas, en cambio me dejó hacer el trabajo intelectual; diseñar un plan de cuestionarios y archivar la información.

Tenemos cinco personas que ya han compartido su testimonio. Antoine Favre, un humilde vecino cuyo pequeño terreno se encuentra adyacente al terreno de Arsenault, entregó a Morgaine un relato sobre las horas anteriores a la noche en que Irene siguió a Ana: él vio a dos mujeres jóvenes bajando de una diligencia, una parecía una criada e iba tomada del brazo de otra con ropas claras, aquellas fabricadas para señoritas de casas respetables. El señor Favre agregó que parecían llevar algo de equipaje, él se encontraba limpiando sus campos después de la última cosecha de trigo, estaba tan ocupado con su familia, que no notó si entraron a alguna propiedad en específico. Fabienne Demi, también vecina, se hallaba ayudando a la familia Favre y aseguró que había visto a la pareja de mujeres entrando en la propiedad de Arsenault. Alphonse Degas, vecino también dentro de esta área, las vio y de hecho habló con ellas, lo cual fue muy útil, ya que pudo confirmar las características físicas de Ana y nos entregó la descripción de Emmanuelle. A ellos se suma la información entregada por Custance Poesy, la empleada del general Guillaume, y la del cochero Gustave Fontaine, quien me llevara por primera vez a este lugar.

Todo lo que llevamos, está transcrito y archivado, aunque falta revisar y comprobar si los detalles que recuerdan son correctos. Y faltan muchas personas más, algunos vecinos que por el momento no han querido hablar, luego toda la servidumbre del general Guillaume, tarea en la cual Custance se ofreció a ayudar por un pago, por supuesto.

No fue fácil asimilar el contenido entregado por algunos... Alphonse Degas, agregó algo más: ese día de septiembre, un hombre se acercó a su propiedad. No se alarmó, los pasantes y viajeros suelen tomar su terreno como atajo. A la mañana siguiente, notó que algunas herramientas que él utilizaba para faenar sus animales en el verano, ya no estaban. Hasta la fecha, no ha recuperado sus herramientas y se vio obligado a reemplazarlas. A esto Morgaine le preguntó si se había acercado a las ruinas de la casa a revisar, si no se le habría ocurrido pensar si éstas podrían estar ahí. Él contestó, con algo de vergüenza, que no entraría a un lugar así ni muerto; sabiendo lo que había sucedido allí años antes, lo más probable sería que hubiese algún alma en pena rondando. No escuchó nada proviniendo de la casa de Arsenault, pero sí notó que había habido luces encendidas en las habitaciones del primer piso la noche del 15 de septiembre.

Después de transcribir todo aquello mi espíritu había quedado bastante decaído; todo se acercaba a lo que Irene había relatado. Poco a poco, estos pequeños trozos de circunstancias se van juntando y me obligan a enfrentarme a la idea que, incluso ahora, me niego a creer.

Ana está muerta.

Recuerdo que mi primer año en la escuela me había parecido muy duro, quizás debido a que nunca antes alguien me había exigido tanto como ella.

Ese mismo año, Alex cursaba su último año en el liceo, no con el mismo entusiasmo.

Lo que sucede cuando algo te interesa y apasiona, es que tarde o temprano tienes la oportunidad de destacar. Junto a dos alumnas más, yo lo había logrado. Pero, eso no fue nada bueno.

Pensé que iba a explotar de alegría, pero tuve que guardarme cualquier expresión de júbilo.

Papá intentó no hacer comparaciones al felicitarme y casi lo logra, si tan sólo no hubiese tratado de animar a su hijo, diciéndole que el próximo semestre podría lograr un resultado similar al mío.

Yo vi a mi hermano haciendo el esfuerzo de tragar lava y resentimiento. Sin embargo, el tono de la conversación y el ambiente de la sala, fue algo forzado después del inofensivo comentario de nuestro padre, porque en verdad, no había habido mala intención alguna.

"¿Alguien quiere algo de beber?" ofrecí a ambos, era la única vía de escape que había encontrado.

"Sólo agua" contestó mi hermano y mi padre se apuntó a lo mismo. De modo que tuve que dejar la sala y encaminarme hacia la cocina. Mientras yo preparaba una bandeja con cristalería, Sylvie se dirigió a la entrada del jardín en donde una fuente surte a esta casa de agua fresca y fría.

No sé qué conversación sostuvieron ambos mientras me fui, pero al volver, papá comenzó en singular tono de advertencia, diciendo que debía discutir algo importante conmigo y a solas. En ese momento Alexandre se retiró con su vaso de agua en mano diciéndome "Suerte".

Papá tomó la bandeja en que llevaba el suyo y la dejó reposar sobre una mesa, me tomó de las manos y apartó hacia la luz de una ventana. "¿Cómo ha ido todo con François?"

Con esa pregunta supe que aquel había sido el tema discutido durante mi breve ausencia.

Terrible pensé "Muy bien" mentí, sabiendo que las comisuras de mis labios, a pesar de que trataba de sonreír, no obedecían. Sé que se dio cuenta, tonto no es, pero gesticuló conforme con mi respuesta.

"Sé que estás resaltando en tus estudios, pero ¿lo estás disfrutando?"

"¡Oh sí!" ingenua contesté, sin poderle ocultar mi entusiasmo. Como había dicho antes, siendo pequeña, con mi padre, sentía que estaba a salvo expresando lo que fuera. Me sentía liviana después de nuestras conversaciones, amaba esos momentos entre los dos. Entonces no sentía reserva alguna de abrirme a él. Entonces... porque después de unos años y en ese momento, las cosas se habían tornado distintas.

Cuando llegué a la escuela, había mucho que desconocía sobre el oficio. Sí, había cuidado de personas enfermas antes, mi madrina siempre fue muy caritativa; especial atención y afecto mantenía sobre algunos vecinos del barrio de Saint Victoire, el pobre barrio de su infancia. Pero la rutina de un hospital era aquella de un hospital, y los libros que había leído sobre exámenes y disecciones humanas, desde el papel fueron transformados en carne, pelos, grasa y huesos reales. El tiempo me permitió calmar mis nervios, y ver el objetivo detrás de todo me animaba bastante. Muchas compañeras y yo estábamos ayudando a muchas otras mujeres que realmente necesitaban atención, principalmente porque no tenían a nadie junto a ellas. Así que, el que a veces tuviese mi ropa y manos salpicadas de fluidos corporales no importaba, al final del día estaba más que satisfecha; estaba cansada, mugrienta y feliz.

Estaba feliz en esa escuela y mi padre lo sabía, ya no conversábamos mucho, pero mi rostro era y es un libro abierto, no podía ocultárselo.

"Ya sabes que esto es algo pasajero ¿no?" papá dijo, con algo de pesar.

Yo no lo miré, sólo asentí.

"Será una buena experiencia antes de que llegue el matrimonio ¿no lo crees?" dijo y yo seguía sin mirarlo. Si, algo así como para dar testimonio de que una vez estuve viva, pensaba.

Levantó mi rostro entre sus manos, pero yo me aparté, él se sorprendió, no era algo de su Isabelle gestos arrebatados como este; pero aun así mantuvo su voz calma y firme "Ya te lo he explicado antes."

Rígida me crucé de brazos. Sí. Yo sabía cómo era:

"Ellas trabajan luego de graduarse" traté, aunque sabía qué clase de trabajo era.

"¿Alguna está casada?" preguntó. Dibujando líneas suaves en sus labios dejó su lugar y dio un paso hacia mí.

"Tienen un sueldo" rebatí débilmente, aunque estaba consciente de la cantidad.

"Tú sabes que esa cantidad es indigna y las sume en la pobreza" respondió ya frente a mí "Lo siento, pero el matrimonio es el único modo de que lleves una vida segura: yo no viviré para siempre, Isabelle" agregó tomando mis hombros entre sus manos.

Había cosas que mi padre me escondía. Atentados, asesinatos y otros reportajes de los periódicos. Pero, sobre esto, nunca lo hizo. Sobre este pequeño mundo femenino en donde apenas si cabemos todas, me contó mucho. Era un mundo tan mezquino como el resto.

NO ERAMOS AMIGAS, YO ERA SU ALUMNA Y ELLA MI PROFESORA. No había amistad íntima de por medio, pero no fue necesario que esto existiese para que dejara su huella en mi alma.

El día 15 de septiembre, estaba sentada en los comedores de la escuela, tratando de comer algo del desayuno que Aurore me había servido. Estaba bajo presión: ella y Gertrude me miraban y amenazaban con forzar cada bocado en mi boca, si no recogía la cuchara de una maldita vez.

Pero, a pesar de haberme dado por enterada de los hábitos sexuales de mi prometido, yo aún llevaba mi anillo de compromiso. "Quítatelo" Aurore me ordenaba. "Si no lo haces ya, te cortaré el dedo" Gertrude me amenazaba con tenedor y cuchillo en mano. "Hazlo" la desafié extendiéndole mi mano sobre el plato de comida.

Estaba abrumada. El futuro se venía encima de mí, gigante y oscuro. Debía casarme, es a lo que todas debemos aspirar si habremos de tener algún logro en la vida. Es que eso es todo lo que hay para alcanzar, no hay más opciones. Y las que hay, no están amparadas por la ley y no te brindan buena reputación. Si optas por estas alternativas, tu integridad, en todo aspecto, peligra. Pero detestaba la idea de unirme a alguien que, de la noche a la mañana, decidió traicionarme y lo que es más, que pudiera salir de aquel acto, impune y sin culpa. François siempre tendría respaldo, su mundo está construido así; si él se cae, puede levantarse y recuperarse.

Mientras continuaba sintiendo lástima de mí misma, llegó la hora de atender a clases. Aurore y Gertrude se levantaron, me preguntaron si vendría y les había contestado que "no". Así pasó un buen rato en que me quedé sola, frente a un plato repleto de viscosa avena y una taza de té completamente gélida.

"Buenos días, señorita Grandier ¿Le importa si ocupo este puesto?" escuché decir a alguien en medio de mi tortuosa meditación matinal.

Ni siquiera miré a quién hablaba, pero reconocí la voz de mi profesora, la voz de Ana. Así que accedí a que tomara asiento a la mesa. Enseguida comencé a oír el sonido de su cuchara contra la porcelana del plato, recogiendo el alimento. Levanté la vista, ella tragó y me sonrió, yo no recuerdo si lo hice. Sentía vergüenza de mi propia cara, mis ojos me ardían y mi piel se hallaba pálida y reseca, me sentía horrible. Temas de conversación no me habían faltado antes, excepto esa mañana, que quizás se hizo eterna para ella entre cada uno de sus cuchareos.

Me encontraba muy incómoda, así que me levanté para marcharme. "Con permiso" dije y, cuando estaba a punto de tomar mi plato, ella comenzó:

"Faltó a mi última lección ¿Piensa hacerlo con el resto de sus clases?"

Me sobresalté, con la boca abierta y sin saber qué decir, una mosca pudo haber entrado y hacerse buen camino hacia mi estómago. Al fin reaccioné "Las cosas han cambiado para mí" contesté.

Ana asintió en señal de entendimiento, pero se quedó observándome "Debo pedirle disculpas" dijo quebrando la distancia interpuesta de aquella relación instructor/pupilo "No quise invadir su privacidad, señorita Grandier, no suelo espiar a mis alumnas, estaba en el lugar y momento equivocados, y tuve la oportunidad de escuchar lo que le sucedió"

Mortificada, cerré mis ojos.

"Debió ser muy duro, y lamento que esté sumergida en el dolor, pero debe saber esto: lo que aquel joven hizo, usted no lo causó"

"¿Cómo podría saberlo?" pregunté, preocupada por mis problemas esparciéndose hasta los oídos del resto del profesorado.

"Como mi madre decía: Todas llevamos una carga; por ser mujeres, todo es nuestra culpa" con leve sarcasmo agregó "escuche; usted vino aquí a estudiar, a conocer una fracción de este mundo y ayudar a que mejore, y no creo que eso provoque desastres naturales, guerras o inste a cometer actos de orgía en los hombres. Realmente eso no tiene lógica o sentido alguno, si cada uno es responsable de sí mismo y tiene libre albedrío, no hay excusa ¿no lo cree?".

Por unos segundos nuestras miradas se conectaron, y creo haber visto mi reflejo en sus pupilas.

Creo que ella pudo ver el suyo en las mías.

"Espero verla nuevamente en clases, extraño ser interrumpida por una sabelotodo como usted" Tomó sus cosas, me sonrió y se marchó.

Recuerdo haber permanecido ahí, inmóvil, a punto de echarme a llorar por millonésima vez quizás, pero me obligué a no hacerlo. Abandoné el comedor y me dirigí a mi dormitorio. Lavé mi rostro nuevamente, por segunda vez cepillé mi cabello y recogí bajo un nuevo bonete de algodón. Me encaminé a la oficina de la jefa de parteras, y pedí que me guiara en el papeleo para recuperar mi puesto como alumna de la escuela. Esa misma noche redactaría la carta para François y al siguiente día, roja de vergüenza, recibiría a mi padre nuevamente, ya que él debía validar cada uno de aquellos papeles que me devolverían a mi querida escuela. "Vas a explicarme todo después de este papeleo, ¿has entendido?" exigió en disgusto. Pero, pude soportarlo, Ana me había dicho lo que necesitaba para seguir adelante.

Ansiaba volver a sus clases, pero nos quedamos todas esperándola en su sala sin que ella jamás volviera a cruzar la puerta. Ahora recuerdo la profunda desazón en mi interior ese día.

Después de haber rechazado a François, deseé que ella hubiese estado a mi lado. Cuando mi madre vino a verme para decirme que todo lo que había hecho estaba mal, también lo quise, todos los días sucede algo así de mezquino y deseo que ella aparezca.

No entiendo por qué nos la arrebataron.

Pero, no queda nada más por hacer, así que solo anoto el día y la hora aproximada en que la vi por última vez.

-BUENAS TARDES – UNA VOZ ENTERA Y PROFUNDA ME SALUDA. Tengo que voltearme para ver al dueño. Le sonrío. Él viene en paz.

-Señor Lefillatre – devuelvo el saludo, entonces le observo avanzar hacia mí, lentamente en medio del suave revoloteo de hojas secas y bajo un cielo envuelto en ondas blanquecinas. En eso decido ponerme de pie – Siento haberle causado problemas en su primera clase, soy una alumna terrible- digo una vez que le tengo enfrente.

-Eso es lo que sus profesores dicen, pero no pienso como ellos – me discute

-Sí, dicen que con la boca cerrada soy una excelente pupila– me río.

-Es lamentable ese pensamiento, los dogmáticos temen a las réplicas, pero me siento mucho mejor cuando recuerdo lo que mi padre me decía sobre ellos; porque no son flexibles, con el tiempo se quiebran como ramas secas.

-Eso me hace mucho sentido – respondo sonriendo.

–No se preocupe por lo que sucedió, la autoridad no es cuestión aquí, verá: yo las evaluaré y reprobaré si no han de estar a la altura de los exámenes – con aire bonachón agrega, y al sonreírle de regreso, noto que aquello es distinto en él, en el Henri que conocí años antes.

-No pensé que lo encontraría aquí, me había sorprendido apareciendo en nuestra clase, ya han pasado dos años desde la última vez… Espero que mi hermano o yo no lo hayamos ofendido en algún modo, que provocara su alejamiento.

-Oh no, su hermano y yo hemos seguido siendo amigos, y hemos logrado reunirnos en ocasiones...– dice rascando una de sus sienes con un dedo, su vista se desvía, por alguna razón es un reto darme una explicación, aunque ni siquiera está obligado a entregármela – usted tampoco hizo nada… lo que sucedió fue que debido a mis estudios, no tuve tanto tiempo como para volver a realizar visitas a su hogar.

-Los estudios secundarios no tienen el mismo ritmo que los universitarios. – digo decidiendo seguirle el juego. Pero a menudo se observan estudiantes disfrutando de momentos de ocio en espacios públicos, asumo que él habría podido distraerse como ellos… y eso, sumándose a que no ha perdido el contacto con mi hermano, no puedo evitar cierta suspicacia ante sus excusas… Es que tiempo para visitarnos sí tenía, pero decido dejar las cosas como están por el momento.

-De hecho, es una etapa bastante exigente.

-Un simulacro de la vida adulta.

-Como contribuyentes del producto interno bruto – dice de buen humor y yo le acompaño.

-Bien, en mi caso soy todo un fracaso ya que debo estar casada y educando hijos – contesto, pero mi voz, sin haberme dado cuenta se da algo distorsionada, quebrada.

- ¿No desea hacerlo? – pregunta, y le vuelco mis ojos encima, preguntándome de qué parte de su ser pudo haber surgido su pregunta. De hecho, es la primera vez que alguien me pregunta eso; todos dan por sentado el deseo de la maternidad. Pero la verdad es que, algún día sí quisiera que los bebés que sostengo sean míos. Tanto Alex y yo compartíamos nuestras quejas y criticábamos a nuestros padres, por no habernos entregado una familia más grande. Ilusamente nos prometimos tener familias numerosas, porque los dígitos pequeños nos causan angustia y soledad sobre todo durante las celebraciones del año.

- Creo que he hecho de esta conversación algo muy personal, señor Lefillatre– respondo, sólo para evitar algún juicio de su parte.

-Lamento lo sucedido – dice, como tanteando su camino – sobre su compromiso…

-Alex se lo dijo – digo solo para corroborar.

-Sí, lo siento.

-Algunos creen que me lo busqué – irónica replico.

- No creo que nadie esté buscando pasar por algo así – me dijo y se humedeció los labios - Fui el testigo de Alexandre en el duelo que sostuvo con el señor Chatelet – me aclara y con ello dice cómo estuvo al corriente de mi fallido compromiso.

-Ah… - algo sorprendida contesto. Él asiente con seriedad. Y comienzo a pensar que es muy posible que debido a la cautela de Henri Lefillatre, mi padre no haya logrado notar los pasos impulsivos y a veces desenfrenados de Alexandre. Es posible que mi hermano haya recibido consejos útiles, para ocultar su duelo clandestino con François.

-Usted, si me permite decirlo, aún es muy joven; y como nadie puede predecir el futuro aún, podrá encontrar a alguien digno de usted y la felicidad.

Por toda respuesta le sonrío –No creo encontrar a alguien que le guste como soy…

-Eso lo dudo – se le escapa y se sonroja. Yo le quedo observando divertida, tampoco puedo reprimirme.

-Me refiero a que aquellas que quieren ser algo más que madres, no tienen muchos votos a favor - le explico

– Ah…ohh… sí, podría ser, no estoy seguro… Bien – algo nervioso, responde. Luego, como buscando una salida, comienza mirando hacia mis manos, el libro que sostengo – será mejor dejarle con sus estudios, le he interrumpido, que tenga una buena tarde.

-Buenas tardes a usted Henri y gracias.

- ¿Por qué motivo? – extrañado pregunta.

- Por haberme indicado el camino hasta aquí, no recibo muchos ánimos al respecto, pero me gusta lo que hago.

- Creo que le he causado problemas, más bien – con media tajada de hilaridad en la boca contesta.

- En verdad, estoy comenzando a ver que yo soy el problema.

-Eso no es cierto.

Le quedo observando, algo en él, en sus movimientos simples, algo infantiles y torpes me enternece, me alegra – ¿Qué le pareció la última publicación de Péron? – pregunto cambiando de tema.

–Interesante, desearía poder viajar a las costas australianas para reconocer los especímenes recogidos.

-Quizás le financie la expedición, si me da un papel importante en esta.

–Lo tendré en mente – de buen humor me contesta - Hasta una próxima vez, señorita Grandier.

Habiéndose despedido empieza a alejarse; un punto en fuga introduciéndose en el edificio de la escuela causa algo de añoranza en mi interior.

Por mi parte, decido ir a cenar a los comedores y aprovechar la instancia de hacerlo cerca de las chicas de primer año, quienes recibieron la última clase de Ana, antes que desapareciera.

HUCHERARD TIENE VEINTISÉIS AÑOS, DESDE LOS VEINTE TUVO CONOCIMIENTO DE QUE ERA HUÉRFANA. Pudo haberlo sabido dos meses antes de que hubiese quedado en esa condición, pero había perdido el contacto con su progenitora. Es que desde los dieciséis había adquirido cierta independencia; primero viviendo al lado de una prima y sus críos en otra barriada al otro extremo de París, y luego abriéndose paso por sus precarios medios siendo criada en una casa.

Morgaine nunca conoció a su padre, su madre callaba avergonzada cuando se hacía alusión a la oscura figura paterna "Así que verás que soy una bastarda más dentro del país" me había dicho. Pero Hucherard madre se había casado en la época en que su hija aún era una adolescente; y una adolescente, aunque no sea problemática, atrae problemas igualmente. Es que es la edad de la temida transición: eres una niña que un día despierta en el cuerpo de una mujer. Morgaine podría haber estado confundida como a todas nos sucedió en aquella fase, pero no era una tonta. En sus palabras, su padrastro era un hombre, él tenía necesidades y ella recién había adquirido los complementos para satisfacerlas.

Así que dentro de poco tiempo, se hallaba lamiendo con la mirada las gotas de sudor rodando por su cuello mientras criticaba el largo de sus faldones, demandaba le sirviera la comida mientras él sentado a la mesa pellizcaba su cintura, y soltaba su lengua con chistes de mal gusto. Pero, cuando una noche Morgaine le sorprendió observándola en su cama, supo que debía irse.

Podía oler el peligro entonces y también ahora.

EL PASADO Y ÚLTIMO DÍA DE OCTUBRE, CUSTANCE ME HABÍA ESPERADO A LA ENTRADA DE LA MATERNITÉ A LA HORA DE LOS ALMUERZOS. YO NO ME UNÍ A ESTOS por supuesto: Morgaine y yo sólo teníamos dos horas para estar con Custance.

Detuve un carruaje y las tres subimos a este. Ella pidió nos llevaran de regreso a su lugar de trabajo en la calle de Tombe d'Issoire.

"Pensé que me traería información" le atajé.

"Le llevo con la criada de Arsenault, tengo cosas que hacer, ella le informará" Custance me discutió "Está visitando a la cocinera, hace tiempo que las hermanas no se ven" se queda mirando con su expresión gallinácea a mi compañera "¿Y esta?"

"Estamos juntas en esto, Custance" respondí a lo que frunció sus labios con desagrado.

"Es una coincidencia muy afortunada que la criada de Arsenault se encuentre allí justamente hoy" Morgaine comenzó.

"No es eso, cuando le pedimos le recibiera a usted y para qué" dijo Custance gesticulando hacia mí "ella dijo que sería más seguro hablarlo por acá".

"¿Seguro?" con algo de temor yo cuestiono

"Eso dijo ella." Custance me respondió

"Olvídalo, creo que debemos aprovechar esto de todas formas, por muy improvisado que sea" apuntó Morgaine.

"De acuerdo, entonces; veamos qué preguntas haremos" dije, anotando la primera que se me venía a la mente Quién es Emmanuelle.

Nos hizo entrar a la mansión por la puerta de servicio. Pero estaba más que bien así: No era de mi interés codearme con la esposa y el resto de la familia de un general. Así que Custance nos guío directamente a la cocina en donde la cocinera y su hermana, me esperaban. Esta hermana, era la sirvienta del señor Arsenault, una mujer de mediana edad, pero de cabellos grises y ojos tristes. Thérese, es su nombre, así se presentó, sin mencionar apellido.

"Esta mujer" Therese comenzó indicando a Custance "hizo toda clase de artimañas para que me encontrara con usted, supongo que debió pagarle un buen dinero."

"Todos mis ahorros" dije.

"Usted es extraña…igual que esa chica."

"¿Qué chica?" inquirió Morgaine.

La mujer la evadió, dejándonos en ascuas "Terminemos esto de una vez ¿quiere?"

Morgaine y yo cruzamos miradas "¿Qué chica?" Murmuré.

"Ya veremos cómo sonsacárselo" me responde.

Nos dejaron a solas, dentro de una gran alacena, con la puerta a medio cerrar. Yo tomé asiento sobre un saco de papas y ella sobre un barril vacío dado vuelta, pero Morgaine permaneció de pie. En ese cuarto sólo había una pequeña ventana, la vista daba hacia el jardín y por esta podías ver más allá, hacia aquel terreno baldío en donde Ana había desaparecido.

Yo saqué libreta y un crayón robado del taller de mi hermano. De inmediato tomé nota de la chica sin nombre, a quien Therese había recién mencionado. Pensé en Ana.

"Se me dijo que usted está casada" comencé "¿Ha tenido hijos?"

Casi sonriendo, Therese se quedó pestañeando hacia mi dirección rápidamente.

"¿No es muy jovencita para hacer preguntas tan directas?" rio.

Yo me encogí de hombros "No sabía que había una edad para empezar…" con aire despistado le respondí al mirar mis apuntes.

"No, nunca pude tener hijos" contestó con pesadumbre "Pero pude cuidar de Emma."

Tras decir eso, el leve aire de hilaridad terminó de esfumarse; comenzó a hablarme sobre ella. El nombre de la niña era Arsenault Pallard Emmanuelle, de cariño, Thérese le llamaba Emma. Hoy, ha de tener mi edad.

Emma, fue retirada de mi escuela, algún tiempo después de que su padre contrajera nuevas nupcias con la señora Jacqueline Maurin, quien cargaba con un hijo un año menor que Emma.

Para la nueva esposa, que los hijos se llevaran bien o no nunca fue tema de preocupación. Su hijo se hallaba recibiendo educación en un internado y Emma era más que dócil.

La señora Maurin, ya involucrada en la vida del hogar, trató de conocer mejor a su hijastra. Pero Emma era retraída, si hablaba, lo hacía en caso de que se le hiciese alguna pregunta y casi siempre eran monosílabos o frases cortas. Tenía un horario muy preciso para ejercer tareas del hogar que le ocupaban casi todo el día. No podía salir en absoluto, hacer visitas a amistades, a simples paseos a jardines, nada, ni siquiera en compañía de su criada. Se hallaba recluida por completo.

"Cuál es su itinerario" pregunté enseguida, Therese se quedó con los ojos como plato "al menos de este mes" Creo que de milagro accedió a mi petición. Tuve suerte. "¿Y el de su empleador, el señor Arsenault?" nuevamente titubeó.

"¿Qué piensa del Señor Arsenault?" Seguí y guardó silencio ante aquella pregunta. En su lugar, optó por entregarme horarios de padre e hija. Para entonces, Morgaine ya mostró señales de impaciencia.

"¿Cuál es el problema para usted? ¿Por qué vino? ¿Qué es lo que busca?" interfirió Morgaine.

"Que la niña regrese con su padrino, estaba mejor con él."

"Usted sabe que una jovencita como Isabelle, no puede lograr eso" desconfiada Morgaine le dijo. "¿Quizás otra joven estuvo a punto de lograrlo, por eso aceptó hablar con otra?" tanteó. Thérese cerró sus labios.

"¿Cuál era el nombre del padrino?" pregunté.

"Vincent Gerome Benoit, es abogado."

"¿Puede darme la dirección?" pregunté lista para anotar.

Nuevamente demostró reservas. Le temblaron los labios y demoró un tiempo en acceder. "Rue du pas de la Mule, 13era casa."

"¿Por qué dice que estaba mejor con Benoit?" Morgaine preguntó retomando el tema.

"No es muy paternal…el trato…"

"¿Qué quiere decir?" pregunté levantando mi vista a medio camino de mis notas y de su mirada.

"Digamos que su padre no es… muy moral en comportamiento…"

Morgaine asentía asiduamente ante esto, se notaba que entendía a la perfección. Incluso más que yo.

"Entonces la toca sin consentimiento y se ha acostado con ella" escueta dijo sin importarle la cara de horror y desaprobación de Therese "No se escandalice, sucede tan a menudo y es tan cotidiano, como cagar y mear en las calles, pero nadie quiere verlo a pesar del hedor."

"Tenga un poco de tino" le reclamé por lo bajo, me quedó mirando fijo y vi que tendríamos una discusión más tarde. "A veces se ocultan muy bien este tipo de asuntos, no le conviene a una mujer ventilarlos en público."

"Así es" Therese acordó "La reputación de Emma se vendría al suelo."

Pensé en salir arrancando de allí y de mi incomodidad, de mi incapacidad para lidiar con el sufrimiento y el horror, pero Therese era un importante paquete de información. Preparé en mi mente la siguiente pregunta. Pensé en aquel incendio devorando aquella casa en que padre e hija solían vivir.

"Sé que su antiguo hogar se consumió en llamas, que la familia entera pereció allí ¿Qué sucedió con la familia Arsenault y Pallard antes de aquel incendio?"

"Las dos familias habían ido de visita, todo parecía ir bien entre ellos, hasta un mes después. Los Arsenault eran muy reservados, al contrario de los Pallard, y eso causaba mucha actividad en la casa, no faltaba la ocasión en que no les viéramos discutiendo, pero aquella última vez, no hubo discusiones; a puertas cerradas se reunían."

"¿Qué discutían?" preguntó Morgaine.

"Sobre Emmanuelle" respondió.

"¿Qué pasó tras esas reuniones?" yo continué.

"Después de un par de semanas, hermanos y cuñados se llevaron al señor Arsenault, las mujeres esperaron en casa… Cuando regresaron, su rostro se hallaba hinchado, por cortes y moretones, mi esposo me explicó que le habían dado una paliza."

"¿Desde que era niña Emma sufría del trato de su padre?" continué.

No me respondió. Viró su atención hacia la ventana.

"¿Usted estuvo allí? ¿La noche del incendio?" Morgaine insistió.

Negó con un gesto, a pesar de su respiración entrecortada se las arregló para seguir "El señor Arsenault nos dio un permiso, para visitar a la familia de mi esposo… dijo que podíamos irnos, que él se ocuparía de todo."

Ese De todo se escuchó bastante siniestro.

"Entonces, resumiendo, las dos familias se unieron para castigar el maltrato sufrido por Emma."

"Estuvieron cerca" dijo bastante afectada. "Querían desheredarlo, quitarle los bienes prometidos en su matrimonio, todo."

"¿Usted conoció a Ana Bouscat?" pregunté de sorpresa.

Me miró con los labios levemente separados "No" dijo, como exhalando esa pequeña palabra. Lo anoté y luego busqué la mirada de Hucherard. Sabía que pensaba en aquella "chica" sin nombre que Therese había mencionado al comenzar.

TRAS ESTA HORROROSA ENTREVISTA, MI INCOMODIDAD CRECIÓ. Llegamos a la escuela en silencio, ambas con los pelos de punta y la carne de gallina. Yo me despedí de Morgaine en el vestíbulo, desesperada por un baño caliente. No bastó. Después de eso traté de sumergir mi cabeza en lo que me faltara por estudiar o repasar, pero no pude. Salí al jardín. En los bolsillos de mi delantal llevaba un par de tijeras, una desmalezadora y unos cuantos bulbos de iris. Y allá fui una vez más con mis manos a la tierra… hay algo ahí que siempre me reanima, que me alivia justo cuando mi mente se congela con temores. Allí hay todo un mundo en miniatura desarrollándose, es continuo como si nada fuera a decaer en este, a pesar de que la muerte toma parte; el corazón de alguna criatura se detiene y se pudre, pero algo más vuelve a levantarse desde allí. Es triste y optimista a la vez, siempre tiene heridas que siempre se sanan. Es reconfortante devolver mis manos a la tierra y observarla, cuando tengo mi cabeza incrustada en algo tan perverso…

Sebastien sufrió una golpiza a manos de sus propios hermanos y cuñados, un fiero castigo. Pero este suceso en particular, abría las puertas a conjeturas que echaban a volar mi imaginación en pesadillas que no había llegado a imaginar antes. Comencé a preguntarme si aquel incendio había sido un accidente o una represalia de Arsenault. Me pregunto si la familia sabía lo que sucedía y que por eso no solo lo habían golpeado, sino que habían buscado destituirlo igualmente. Sebastien quiso detener estas acciones quizás… No estoy segura.

Por otro lado, Emma parecía haber sido convertida en un paquete cuyo dueño llevaba y traía según su parecer. Pero ella podría ser la clave de todo, tenía una historia que contar, y puedo imaginarme a Ana acudiendo a ella en los pasillos de la escuela, o al finalizar una clase "¿Estás bien?" aún puedo oírla. Así como se dirigía a mí, se dirigió a otras compañeras de clase para asegurarse de que iban bien. Posiblemente Emma le confió su historia. Si eso sucedió ¿qué aconteció después?

Hoy, nuevamente estoy en el jardín, sin poder quitarme de encima el asco. Gracias al cielo corre algo de brisa, suavemente agita las ramas de los árboles y arbustos alrededor. Me inclino ante las plantas, colecto y presiono algunas hojas de menta contra mi nariz, cierro los ojos y me concentro en respirar, en sentir el sol de invierno sobre mi piel. Ya he terminado de plantar mis bulbos, pero decido quedarme por más tiempo quitando algunos brotes de maleza, babosas y caracoles.

Cuando más afanada me encuentro, Aurore me llama - ¡Nos han llegado cartas! – me anuncia. Mientras yo me incorporo, ella se adelanta. En el corredor próximo a la entrada, escucho unas palmas batiéndose, como cuando las profesoras te apuran a realizar sus demandas. Me volteo y espero ver a alguna de ellas, pero no hay nadie, excepto el recuerdo de Ana las manos Grandier.

Hoy se entrega la correspondencia y como siempre, Aurore recibe palabras tanto de su tío como de mi hermano. Sonriente, arroja el decoro que una vez en la escuela de señoritas trataron de hacerle tragar a la fuerza, y se deja caer sobre la cama para leer los mensajes de su prometido.

Mientras tanto, yo me ocupo de limpiar mis manos en el lavatorio que mantenemos sobre nuestra cómoda, luego de secarlas, limpio y corto mis uñas. Ya están limpias Ana pienso mientras las humecto con aceites de almendra dulce y lavanda.

Recuerdo que Therese había dicho que el padrino de Emmanuelle, Benoit, había recibido a su ahijada poco tiempo después de la tragedia del incendio, y se había encargado de su educación. Quizás, el oficial de policía necesitaba tiempo para realizar numerosas diligencias, incluyendo el entierro de sus familiares, posiblemente. Y quizás encubrir todo lo que había hecho...

Emma era un año mayor que yo, tenía siete años cuando quedó a cargo de Benoit. Nueve años después, su padre la reclamaría.

OSCAR

PARA LA SEÑORITA FOURNIER, ANA HABÍA CONSEGUIDO UN TRABAJO. Debía dirigirse a la ama de llaves de nombre Cassat, encargada de la casa de un banquero en el barrio de Marais; Cassat le proveería de un puesto como mucama en aquella residencia. Con el salario no quedaría atrás en el alquiler del dormitorio que arrendaba en la ciudad. Además de eso, Ana le costearía el primer pago de una nodriza para sus bebés recién nacidos.

Entre otras cosas fue lo que André averiguó mientras estuve lejos en Picardía. De la larga lista de pacientes de la Señorita Bouscat, Héléne Fournier era la única de todos que había conservado su dirección.

- ¿Ha habido más tiempo para hablar con ella?

-No – responde mientras le veo entrar al vestidor, enseguida vuelve con un abrigo invernal. Va de salida, es de madrugada y afuera hiela –Su trabajo no deja el espacio, pero hemos acordado una reunión antes de su salida a casa de su empleador.

Son las tres de la mañana. La cita es a las cuatro y hacia el barrio periférico de Saint Martin. Yo acabo de llegar. Y mientras le observo terminar con una taza de café pienso en desechar la idea de cambiar mis ropas de dormir. Al fin, me decido –Iré contigo.

Sirve otra taza de café y me la extiende -Bien, el carruaje está listo.

Ya emprendiendo el camino, decido repasar algunos papeles de interés. Todas son notas de Ana, páginas que, entre el desorden provocado por una de las distraídas sirvientas de Paul, extraviaron su origen y contexto temático dentro de algún diario. Siendo así, no todas se encuentran en orden de contenido, o fechadas. Sólo aquella del 13 de Septiembre, dos días antes de su desaparición. Ese último escrito había logrado atraparme y animarme a seguir leyendo.

-¿Has logrado darles un orden? – André pregunta

-A muy pocas…- digo mientras sostengo los escritos de Ana, y sonrío con la pretensión de darle a saber que todo está bien conmigo.

- ¿Qué tienes? – me pregunta.

Guardo silencio por un momento, no me es fácil decirlo.

- No lo sé aún…- de forma vaga respondo y luego le devuelvo la mirada. - No es nada André, es… es solo que a veces creo que me encontraré con algún relato que delate a Isabelle cometiendo alguna falta…

Se queda mirándome. No logro engañarlo.

-¿O alguno que delate a la madre de aquella niña preguntona? No creo que le haya hablado sobre ti - con su dulce sonrisa me dice a la vez que adivina parte de mis pensamientos. Él toma mi mano y la mía se aferra a la suya, mientras dejo caer el peso de mi cabeza sobre su hombro.

Es verdad, no sé que tengo, o qué es lo que me está sucediendo ahora. Me está resultando extraño leer los pensamientos e impresiones de esta mujer.

A veces parece casi imposible conectar cada una de las páginas escritas por ella, cada una relata parte de un acontecimiento distinto, como una pieza dentro del enorme puzzle que debo armar.

Pero me ha dado qué pensar. A veces la experiencia es positiva y otras veces…

En mi intento por conectar una página con otra, he comenzado a retroceder, a recordarme a mí misma a su edad.

Por un lado, sus ambiciones no eran lo que se esperaba en una niña educada. Sus intereses eran distintos a los míos, pero las observaciones y percepciones de Ana no eran distintas a aquel brigadier que una vez fui. Nunca antes me había sentido acompañada por el sentir de otra mujer, no de esta forma, que a veces se torna algo inquietante... Probablemente ya no está aquí, pero le siento cerca. Tan cerca que a veces se permite a sí misma invadir mis pensamientos, mis sueños…

No puedo olvidar aquel sueño. Me guió hasta la habitación de mi hija, queriendo enseñarme algo...

Ella fue la instructora de mi hija. Isabelle confiaba en ella… ¿Qué pasaría si me encuentro con algo que no me agrade? Algo que no quiero escuchar. Algo sobre mí.

-¿Notaste algo extraño en el comportamiento de nuestra hija durante mi ausencia? - pregunto, aún con mi rostro escondido en su hombro.

-Creo que no - contesta- fue lo que pensé, aún está dolida a causa de su rompimiento.

- Hoy tendré una entrevista con el comisario Arsenault – ya mirándolo de frente le informo, para cortar de raíz con mí temor, y él entrega toda su atención al caso – cree que recomendaré a su hijo para una de las líneas de caballería.

- ¿Cómo introducirás el tema de Ana? No le dejes ver que tienes conexión directa a ella.

- En algún momento lo sabrá.

- Si retardas ese momento, tendrás más tiempo para averiguar detalles sobre él, si ganas su confianza, te abrirá las puertas.

- No estarás sugiriendo que le dé la entrada a su hijo.

Me mira de reojo y luego rehúye de mí – el puesto de trompetero, no está mal – bromea y le propino un golpe en el empeine.

- Tienes razón, siempre es mejor ganar la confianza de quien pueda entregarte algo útil – admito.

- ¿Y tenías que patearme para darte cuenta de ello? - protesta y yo río, pero al ver la expresión de dolor en su rostro, en un segundo chasqueo mi lengua con compasión.

-Oh, lo siento - digo acercándome y haciendo a un lado el flequillo de su cabello cayendo sobre su frente - fui muy brusca - continúo, y suavizando mi voz, acaricio su rostro y acerco mis labios a los suyos. Siento el calor de su aliento y de sus brazos cerrándose alrededor de mi cintura. Impaciente, él apresura el beso con que le tentaba y jugaba sin sellarlo por completo…

Pude sentir que pese a las constantes separaciones, aún existía esa corriente subterránea que nos unía. Pero no siempre estuve consciente de esto. Tomó algo de trabajo lograr verlo.

Hubo un tiempo en que no era capaz de reconocerme a mí misma, y él no lograba encontrar rastro de quien había sido antes de aquel horrendo año en que fue recluido en Duplessis. Aquella prisión casi se llevó lo mejor de él y, por mi lado, pensé que las primeras campañas revolucionarias se habían tragado mi alma… Ya ni siquiera sabía cómo volver a tocarlo. Teníamos miedo de abrir una puerta y develar al otro los monstruos en que nos habíamos convertido.

Un día, él no aguantó más aquel silencio que lo engullía y yo perpetuaba "O lo confesamos ahora o comenzamos desde el principio pero separados" me conminó. Tenía miedo, de mi, de que lo juzgara. Pero yo temía tanto como él.

En medio de un crepúsculo terminamos de oscurecer el día con nuestros secretos. Con rostros demudados nos observamos con temor: en nuestra juventud, nunca pensamos que llegaríamos a ensuciar tanto nuestras manos… No teníamos excusa y el orgullo que solíamos tener por el otro… se desvaneció.

Por semanas, actuamos como autómatas, rigiéndonos por rutinas recién construidas velábamos por el bienestar de nuestros pequeños hijos, que no lograban recuperarse del todo después de la hambruna que los había azotado.

En un punto, nos vimos forzados a dejar la ciudad a causa de ello, buscando aire puro para sus pulmones, aire que no estuviera cargado de la pestilencia de las enfermedades.

La primera noche, tras haber alcanzado nuestro destino en Argenteuil, besé las frentes de mis pequeños, rendidos bajos las frazadas de una cama después de tan largo viaje.

Después de una liviana cena, salí hacia la noche, fuera de la casa de nuestros humildes anfitriones. Me sumergí en un pastizal y bajo un amplio firmamento, secretamente agradecí a las estrellas que nos hubiesen permitido llegar a salvo. Fue entonces que sentí el calor de su palma rodeando mi mano. Podría haberla reconocido en cualquier parte, hasta en el mismísimo infierno.

De forma lenta y pausada, a tientas, caminamos en un lugar oscuro y desconocido. Ansiosa y expectante, escuchaba el sonido de nuestros pasos sobre la crujiente hierba.

"¿Qué pasará ahora?" Le pregunté sintiendo el tono de mi voz como el de una niña.

"Caminaremos un rato, luego regresaremos con nuestros hijos" , simplemente contestó.

"¿Y nosotros?"

"Seguiremos con nuestra temeraria aventura, siempre fuimos demasiado estúpidos como para darle la espalda a una, ¿no es así?"

Nos detuvo, se ubicó frente a mí tomando mi otra mano. La noche era clara, había una luna a punto de alcanzar su punto fértil, ella permitiéndonos entrever la línea de nuestros rostros "Te extrañé…" me dijo.

"Y yo a ti" respondí sin poder aguantar más, enlazando mis brazos alrededor de su cuello, abrí mis labios y él permitió mi entrada a los suyos. Mientras caíamos de rodillas sobre la tierra, aún unidos por un beso insaciable y que no hallaba fondo, la hierba, los árboles, el cielo y la tierra, guardaron nuestro secreto. Si, un secreto, porque todo lo que deseábamos resultaba condenable, acariciar, alcanzar y fundirme con este hombre no me era permitido.

Yo era la culpable, no fue una maldición que algún dios griego decidiera haberme arrojado para su propio entretenimiento.

Yo hice todo esto. Yo elegí seguir siendo Oscar. Y eso casi acaba con todo.

Pero… seguimos aqui, juntos aún y realmente no sé cómo. Trece años después, nuestra estúpida aventura aún sobrevive, dentro de este carruaje, dentro de nuestro hogar, en nuestras mentes, en nuestro pecho. Siempre adentro, siempre oculto.

Es difícil de explicar…

Igual que las piedras de un río que se acomodan según la corriente, así éramos: él y yo. Acostumbrados al vaivén de mi vida; él acomodándose a mi y yo cediendo mi parte.

Como una vez Isabelle intentó explicarme, basándose en uno de sus atesorados libros de anatomía, el cuerpo tiene memoria, y eso nos pasaba. No podíamos, no queríamos escapar de esta.

Sus brazos obran maravillas en mí. Mi cuerpo se amolda a ese calor tan conocido, tan añorado. Sin embargo, siempre se convierte en una sensación agridulce… Cada campaña pesa más y más, la soledad hiriendo más profundo.

Intentando anular ese pensamiento, me apego más a él.

-Estás distrayéndome - riendo separa sus labios de los míos.

-No debiste invitarme - de buen humor río con él descansando mi frente sobre la suya, aguardando el momento en que tendremos que abandonar esta intimidad y pretender que… lo nuestro no existe.

Fournier vive en un cuarto en el segundo piso de una casa de cuatro pisos. Había conocido a Ana por primera vez el año anterior en el hospital de La Maternité. Junto al médico a cargo la habían atendido al dar a luz a sus gemelas. Dos gotas de agua ahora observándome por detrás de una cortina que separa el cuarto en dos ambientes. Les sonrío y se esconden.

-Supongo que el médico bajo el que estaba yo a cargo era muy capaz, un experto como todos lo son, pero la señorita Bouscat fue quien me aconsejó sobre qué tipo de cuidados debía tener conmigo misma y mis niñas después de haberlas tenido…

-Y le consiguió este trabajo ¿cierto? – André le pregunta.

-No sólo eso, dos veces al mes llegaba aquí a esta misma hora y me examinaba, me ayudaba a cocinar y a alimentar a mis hijas cuando yo estaba trabajando.

-¿Cómo las alimentó? Eran recién nacidas… -confundida intervine.

-Oh, ella conocía y cuidaba de otras madres como yo, algunas eran nodrizas; la primera vez la señorita Bouscat costeó una para mí, luego yo recibía mi sueldo y pude manejarlo.

- ¿Conoce a algunas de esas madres? ¿Sabe en dónde viven? –André pregunta, ella asiente- ¿Podría listarlas?

-Claro.

-Ana le hacía visitas ¿hasta cuándo se extendieron? – yo prosigo.

-Hasta la segunda semana de Septiembre.

-En todas estas citas ¿observaste alguna actitud inusual en ella? ¿Llegaste a enterarte si algo le sucedió?

Ante esto se toma un momento, meditando y recordando.

-Bien, supongo que alguien como ella habría de estar cansada, pero siempre demostró mucha energía en todo lo que hacía, y siguió de la misma forma… pero no lo sé señor, no creo haber visto algo distinto en ella…

-Está bien – contesto y ella continúa dictando nombres y direcciones a André. Mientras tanto yo retrocedo y espío por la angosta ventana de su vivienda. Vive en una calle gris y oscura, húmeda y lodosa, el ambiente se ve aún más lúgubre debido a las nubes que cubren el cielo. Es el lugar perfecto para ser asaltado y asesinado; la oscuridad provee de refugio a quienes quieran tomar dinero y vidas. Muchas veces Fournier ha temido por la suya, pero debe asumir el riesgo, aunque sea tomada y violada por segunda vez.

-Dentro de poco espero mudarme – me indica, adivinando mis pensamientos - he logrado ahorrar algo de dinero y una de las mucamas de la casa en donde trabajo, me indicó un lugar más tranquilo, debo hacerlo por las niñas.

-¿Conoce a todos aquí? – André le pregunta.

-No son muy confiables – contesta, pero no observa a André al hacerlo, sino a mí – recordé algo, a propósito de su pregunta.

- ¿Sí? – la insto a proseguir.

-Conozco a todos aquí, incluso a aquellos que hubiese deseado nunca hacerlo… Yo, cuando Ana se marchaba, espiaba por la ventana viendo que no encontrara problemas a la salida, no sé si habrá sido suficiente, pero las últimas veces que vino acá, había un par de hombres que estaba casi segura no eran de aquí…

-¿La seguían? – André pregunta entrecerrando su ojo. Ella asiente.

- Es que eran siempre los mismos. Yo se lo mencioné y a pesar de que vi el miedo en su cara ella me dijo que estaba imaginado cosas… Pero no era así ¿verdad? Ella ya no está aquí… Quizás ellos le hicieron daño…

No. Ya no está aquí, culparon a alguien más sobre su desaparición. Era una lástima que esta mujer no pudiese identificar a aquellos hombres que se apostaban a la entrada del edificio, vigilando a Ana como un par de cuervos. Porque sí; de acuerdo a la descripción del proceder de estos individuos, lo más probable era que la joven partera hubiese sido acosada hasta la desesperación.

-¿Por qué cree que alguien querría vigilarla? – André pregunta.

-Le hice la misma pregunta señor Grandier, y respondió que con mi imaginación podría escribir novelas.

- Quizás el resto de sus pacientes llevaban problemas consigo – sugiero echando mano de la lista escrita recientemente por André.

- Todas; una mujer sola en las calles atrae problemas fácilmente, aunque no los esté buscando y Ana no los buscaba ella solo quería ayudar.

EL INSPECTOR DE POLICÍA NO SUELE ESTAR EN CASA, la molestia se la había tomado por mí. Tanto así le importa el futuro de su único hijo varón.

No es hijo de nacimiento. El chico de quince años era hijo de su segunda esposa, pero Arsenault asumió de buena forma su nuevo rol. Resultó ser un padrastro muy preocupado del futuro de Charles, quien, por su lado, se hallaba en gran necesidad de figura paterna.

Ya había obtenido algo de información antes de concretar aquella reunión. De mis dos ayudantes de campo, Merlin es digno de mi confianza, lo suficiente para enviarlo en misiones de interés más personal. Así fue como entre cientos de otras tareas le encomendé realizar algunas averiguaciones sobre el carácter y reputación del joven inspector. ¡Merlin, como el mago! Alexandre le había etiquetado hace años y mi pequeño no pudo haber acertado mejor. Ni siquiera había abandonado Picardía cuando mi ayudante llegó con su informe sobre Sebastien Arsenault.

Del perfil más impecable dentro de aquella institución. La cantidad de casos resueltos y llevados ante la justicia, fueron considerables ganándose así el respeto y simpatía de sus superiores, de compañeros y subalternos.

Viudo, había perdido a su esposa y a una familia entera en trágicas circunstancias, salvando de estas sólo él y la única hija que había engendrado. Merlin había expresado que era muy celoso de esta. Pero, aquello era natural.

"Tan natural, que decidió sacar a esa joven de la Escuela de Port Royal" Merlin agregó.

"Puede ser comprensible" dije ocultando mi interés.

Merlin asintió. Gracias a este relato se pudo hacer conexión inmediata entre ella y Ana. Ella había sido una alumna. Pero ¿por qué el interés en ella?

"Bien, hay algo más, general" agregó Merlin "Mi padre decía que nunca sería posible agradar a todo el mundo, y ciertamente se aplica lo mismo para el resto de la gente y para el señor Arsenault"

"¿Y quiénes son?"

"Un oficial joven, encargado de vigilancia nocturna y el sargento de una unidad ligada a homicidios" dijo con una leve sonrisa "Hay muchos más, de acuerdo a ellos, pero me han pedido si usted estaría dispuesto a otorgarles un momento de su tiempo"

"Ciertamente" contenta le respondí "sabes mi horario Merlin, una vez que acabes con eso vete y dedícale un momento a tu esposa."

"Sí, señor, gracias señor."

-Me sorprende que haya decidido interesarse por el caso de Charles – humildemente Arsenault comienza nuestra conversación, luego de haberme recibido e invitado a la sala de su cómodo y sencillo hogar – él sólo tiene quince años, con la poca experiencia marcial entregada en los liceos.

-Entonces, ¿por qué intenta iniciarlo en el ejército? Usted sabrá que a la mayoría se le coloca en el frente en las líneas de infantería – le informo.

- Si se deja llevar por conductos regulares.

- Y usted no es del tipo que se deje llevar por conductos regulares ¿no es así?

- Si se trata de la seguridad de Charles, no.

- Entiendo, después de todo es su único hijo – tanteé.

Mordió sus labios antes de contestar:

-Así es.

Algunas personas tienen un carisma natural, algo que atrae la confianza, algo que te lleva a sentir en armonía contigo mismo. A veces no percibes ese aire siniestro hasta que, lamentablemente, llega a ser demasiado tarde. Pero es muy difícil de discernir cuando no eres parte del círculo íntimo del sujeto.

Solicité un informe del desempeño académico de su hijo, recomendaciones de sus instructores en las áreas matemáticas, química e instrucción de armas. Con todo esto más una carta de mi autoría, el jovencito se encaminaría hacia el despacho del contramaestre de una de las compañías a mi cargo.

André tenía razón; para mantenerlo cerca debo pretender a su amistad.

En dos días he de entrevistarme con su hijastro. Sólo extenderé algunas instrucciones y consejos para dirigirse al contramaestre.

Será interesante.

Noviembre 7 año 1807

ISABELLE

REVISANDO LOS TESTIMONIOS QUE MORGAINE REALIZÓ TRAS LA ENTREVISTA A THERESE, NO SABÍAMOS POR DÓNDE SEGUIR. Así que volvimos al depósito del segundo piso y nos sentamos a hablar sobre la línea de tiempo que llevó a la desaparición de Ana, a revisar los vacíos y ver cómo sería posible llenarlos.

El día 15 de septiembre, después de su última tarea, en algún momento Bouscat dejó el Hospital y escuela de La Maternité, su última clase había sido a las cuatro de la tarde, por lo que después de esa hora habría de haber dejado el edificio. ¿Hacia dónde se dirigió? Los vecinos de la casa abandonada de Arsenault, ubicada en la intersección de la calle Saint Jacques con Alexandre des Humboldt, le vieron casi dos horas después de su última actividad en la Maternité. En este, su último lugar de destino, se le vio acompañada por Emmanuelle Arsenault.

Lo que haya sucedido en la vieja casa de Arsenault, hasta avanzadas horas de la madrugada, está por ser averiguado. En el presente se tienen solo dos relatos sobre lo que pudo ocurrir; el de Irene, quien había dicho haber visto lo que creía era el cuerpo de Ana, y el del señor Degas, que alegaba haber visto a un hombre merodeando cerca de su terreno, un hombre que él cree tomó herramientas de sacrificio y faena de ganado de su establo, que probablemente fueron usadas para eliminar el cuerpo de Ana, cuyos restos Irene pudo ver.

Hasta ahora, el único testigo que corrobora que la acompañante de Ana era de hecho Emma, era este granjero de apellido Degas.

-No estaría demás ver si alguien más puede reafirmar esto …-sugiero.

-Podríamos revisarlo con el cochero que mantiene esa ruta y todavía faltan los relatos de los sirvientes del general Guillaume, como Custance, que complementen con algún avistamiento sobre ese lugar - toma lápiz y mi cuaderno de notas y escribe –¿Cuándo verás a Custance?

-Quedó de pasar mañana a las afueras de la escuela, sé que vendrá; querrá su dinero. - le contesto.

Si era correcto ¿cómo pudo Ana haber llegado a ella? En medio de esas horas debieron encontrarse en algún punto antes de haber llegado a destino, habrían acordado este punto con antelación, ¿en qué momento…?

– ¿Desde qué momento Irene comenzó a seguirla? – pregunto - ¿lo recuerdas?

Algo agotada clava los ojos sobre mí -Ay Dios…creo… - dice, dudando y por un momento rebusca entre sus recuerdos, cerrando los párpados - No fue desde el hospital; Irene compartía chismes con una tendera, de hecho la tienda es de su marido, el lugar es una charcutería, casi en la esquina Saint Jacques con esta callejuela… Boucher es el nombre del matrimonio.

-Deberíamos hablar con la señora Boucher, quizás observó o escuchó algo más y por otro lado, también creo que debemos buscar a Benoit, él de seguro conoció a Arsenault, podría decirnos algo sobre él, sobre tu temperamento o carácter, qué tipo de persona es.

-Claro- contesta con gesto divertido ante mi ansiedad, y me doy cuenta que debo comenzar a calmarme.

-Es que, no sabemos a ciencia cierta si Arsenault es capaz de haber cometido asesinato, si es que fue él…

-Está bien, es posible que Benoit complete ese vacío. Por ahora, sí sabemos que Arsenault es capaz de cometer homicidio, él mató a su familia.

-A eso me refiero ¿y dónde está el testigo y las pruebas de ese crimen? Lo que Thérese Ringaud nos contó, ella no lo presenció. Arsenault nunca le dijo voy a eliminar a mi familia, nadie le vio cerrar puertas y ventanas y prender fuego al lugar.

-Bien, pero sí sabe que somete a malos tratos a su propia hija, tenemos a Therese para eso.

-Ya, yo le creo a Therese… por ahora, porque en realidad no la conocemos, pero ese maltrato que intentó describirnos no es un caso sólido, ¿entiende? Quizás, Ana quería proteger a Emma de eso, si es que llegó a contactarla (y a propósito de esto, ¿cómo es que Ana se enteró de lo que pasaba a Emma, cuando, cómo se contactaron ¿hay cartas de por medio?) – pauso para anotar "cartas Emma-Ana."

-¿Qué quieres decir? Eso es monstruoso, debería ser un crimen.

-Sí, lo es, pero en este caso y por repugnante que sea, la ley no interferirá en el trato que un padre da a su hija, porque ella es su propiedad, y si fuese así, sería la palabra de Emma contra su padre, así que ese abuso no era un motivo o amenaza para haber hecho desaparecer a Ana- digo en medio de un frenesí que provoca en Morgaine enorme disgusto.

-¿Qué no era un motivo? – amenazante me acorraló.

-No estoy diciendo que no sea horrendo y condenable… Para Arsenault al menos no lo es, así que ¿qué le habría hecho temer de una simple partera? Si, Ana iba por algo, era hundirlo, es la única forma de liberar a Emma; matar a dos familias es un crimen colosal, por el cual podría ser condenado, posiblemente Ana juntaba material para documentar esto, pero para eso debió buscar el apoyo de alguien más, y quizás sea Benoit, quien conocía a Sebastien Arsenault, desde su juventud.

-Tenemos su dirección ¿Cuándo vamos?"

-Escríbele tú - digo, con la mente algo extenuada. – aún debo ponerme al día, mañana hay examen y en menos de treinta minutos debo supervisar a dos chicas de primer año.

-¡Ya, ya! Tú escribe esta gran suposición que acabas de elucubrar, podría ser viable.

Tuvimos una respuesta casi instantánea, pero no del señor Benoit, sino de su señora, concertando una cita con nosotras en siete días más.

Noviembre 8 año 1807

OSCAR

RESULTÓ SER UN MUCHACHO BASTANTE DOTADO EN ÁREAS AFINES A INGENIERÍA DEBIDO A SU HABILIDAD CON LOS NÚMEROS, su conocimiento en armas era básico pero había destacado en aquella asignatura liceana. De expresión verbal clara y concisa, carácter entusiasta y enérgico, se amoldaría bastante bien entre las filas y atendería sin problemas órdenes originadas desde los órganos superiores del ejército.

"No habrá inconveniente en tu ingreso, tus papeles fueron enviados al contramaestre de la compañía y ahora solo resta tu presencia en el día indicado."

"Felicitaciones jovencito" Arsenault se paró de su asiento en su oficina, en donde nos habíamos reunido, y extendió la mano al chico para la enhorabuena "sólo queda un paso más para el éxito."

Parecían un dueto feliz. Era impensable concebir que algo siniestro se estuviese escondiendo por algún rincón de ese hogar.

Fuego en la chimenea, velas sobre muebles de fina madera, cera de abeja en el aire, risas y sonrisas acompañando. Por un momento recordé mi juventud, una mano paternal sobre mi hombro, su orgullo aupando mi espíritu de heredero iniciado. Por un momento mi estómago se hizo un nudo.

"Disculpe, señor Arsenault" la burbuja fue rota por enhiesta y oscura mucama "Les esperan en la sala."

Él asintió "Señor Jarjayes, por favor" me indicó iniciando el camino hacia el lugar indicado por su mucama.

Allí aguardaban madame y mademoiselle Arsenault.

"Mi esposa, Gabrielle Arsenault" comenzó Sebastién

"Encantado, madame" saludé "Oscar de Jarjayes, para servirle"

"Y mi hija, Emmanuelle…"

"General Jarjayes" se adelantó la joven, a lo cual su padre emitió un respingo. De reojo ella le miró, nerviosa.

"Un placer, mademoiselle" respondo, dándome cuenta que debía estar cercana a la edad de mi hija.

"Por favor, tome asiento, general" me indicó la señora de la casa. A continuación, volvió a presentarse su mucama para servir vino en pos de brindis en honor al joven iniciado y por mí, el invitado.

Debo decir que el chico hizo lo que pudo por agradecerme. Básicamente terminé entregándole algunas experiencias sobre mis inicios en la vida castrense, las dificultades y ventajas de lograr ajustarse, la buena camaradería, el trabajo en equipo y los retos de convertirse en líder.

Alexandre nunca logró interesarse. Una vez me dijo que era más bien como un lobo solitario, estaba claro que no le gustaba en absoluto que le dijeran qué hacer y cómo hacerlo. Altamente creativo, lograba involucrarse en serios problemas durante su estancia en el liceo. Su padre tiene muchas aventuras qué relatar en ese respecto, pero nunca olvidaré la oportunidad en que pude presenciar por mí misma una de sus famosas trastadas. Sólo pensar en la cantidad de gestiones que debió llevar a cabo para que doce burros, ocuparan en el comedor del liceo los respectivos puestos de sus docentes y director. Aquella humillación al cuerpo docente, le valió la suspensión de un mes y unas cuantas nalgadas de mi parte. Entre su padre y yo logramos que aprendiera a planificar sus propios proyectos e ideas, ya que teníamos serias aprehensiones y temores por su lema "aprendo en el camino" y espíritu pionero, ansioso por lanzarse al vacío y ver qué podía pasar en terrenos desconocidos.

Me maravillaba verlo construyendo los senderos de su vida, cuando lo hago ya no siento las líneas del tiempo surcando mi piel.

Mientras seguía la conversación, madame Arsenault susurró al oído de Emmanuelle y esta enseguida se incorporó ante una presunta órden.

Los hombres nos levantamos en señal de respeto, ella inclinó su cabeza y dijo "Disculpen"

De repente me di cuenta que no había dirigido palabra a la joven de la casa, como señal de respeto a su presencia y decidí que no lo olvidaría nuevamente.

"Conoce la rue de la Reunion, por supuesto" Arsenault comentó

"Me parece que volvió a llamarse Montmorency, inspector" le recordé.

"Está en lo correcto, pero no importa cómo le hallan bautizado y rebautizado, hay cosas que no cambian, continúa siendo una peste de borrachería, como años antes" vació su copa y la dejó reposar sobre una mesa "hay una taberna allí, pero es el edifico más antiguo de la calle y solía ser la residencia de Nicolas Flamel."

"Creo que está en lo cierto" esbozando una sonrisa contesté. "entre la gente se rumoreaba que era un alquimista."

"Lo cierto es que era un escribano, lo demás no lo sé" meditabundo, dijo "mi padre nos refería las leyendas de su piedra filosofal, y cómo gracias a esta él y su esposa Perenelle alcanzaron la inmortalidad" sacudió la cabeza.

"¿No cree que sea posible?" bromee y él respondió riendo

"No" dijo intentando sofocar su risa "no, pero es una idea interesante, y llegué a pensar que podría referirse a una metáfora: ¿no cree señor Jarjayes, que usted sea la inmortalidad de su propio padre y de toda la generación que le antecedió?"

Le quedé observando fijamente y respondí "Es un modo de verlo" No alcancé a reflexionar demasiado en el asunto, ya que Emmanuelle hizo su aparición. Enseguida le seguía la mucama.

"Si gustan pasar al comedor, el almuerzo está servido" nos indica.

Emmanuelle no alcanzó a sentarse y ya que había quedado de pie tan cerca de mí, le ofrecí mi brazo, no sin antes haber percibido de reojo la venia de su padre.

"Tiene un paso muy agraciado mademoiselle, ¿en dónde recibió su educación?"

"En gran parte en casa de mi padrino" respondió.

"Así es, el buen Benoit" sonrió Arsenault "Amigo de infancia, excelente abogado, miembro del parlamento, un hombre sensato con la cabeza bien puesta sobre los hombros… la mayor parte del tiempo" terminó, dirigiendo curiosa mirada sobre su hija. "¿No es así, Emma?"

"Sí, padre" contestó y sentí su mirada sobre mí "No fue la más brillante idea enviarme a la Escuela de Partería"

"No es necesario que menciones ese lugar" dijo Arsenault.

"Una joven profesora de esa escuela desapareció hace un tiempo, quizás fue la mejor decisión haberla retirado" contesté.

"Vaya, con mayor razón" dijo Arsenault.

"Su nombre era Ana Bouscat" dije al tomar la mano de Emma al ayudarla con su asiento. Pestañeaba rápidamente al evadir mi mirada. "usted debió conocerle, por supuesto"

"Sólo como la persona que me extendía lecciones" se limitó a decir la joven "Más de ella no llegué a saber, no me correspondía."

"Escuché sobre el caso de boca de mis camaradas" dijo Sebastien, movió la cabeza de forma apesadumbrada "triste final para una vida tan joven, al menos se hizo justicia por ella."

"Por favor, podríamos cambiar de tema" amable y sonriente sugirió madame Arsenault "estamos celebrando a nuestro hijo."

"Es cierto" algo impulsiva, agregó Emma. Conectó con su padre y este asintió.

"Por favor, Emma" dijo entregándole una pequeña sonrisa.

Ella alzó su copa desde su asiento para dirigirse a su hermano "Por el esfuerzo, talento y brillante futuro que te espera, querido Charles."

Fue una velada agradable, tanto así que la consideré un pago inesperado al favor que había extendido.

Hasta que… Algo que hasta ahora considero que quizás no tenga mucha relevancia. Sólo preguntó por mis años de servicio y al relatarle parte de mi historia pareció calcular algo. fue un gesto tan pequeño.

"Comenzamos nuestra carrera el mismo año, me parece" él dijo con esa curva en la esquina de sus labios, hacia arriba.

"Me parece que sí" contesté yo. Por el rabillo de mi ojo vi que Emma se fijaba en mí, mientras los otros dos miembros se ocupaban de charlar entre sí.

"El tiempo pasa muy rápido…tantos años y se nos escaparon de las manos sin que nos diésemos cuenta" continuó, reflexivo.

"Sí, así es" afirmé, sin saber hacia dónde iba.

"Siempre he creído que recorrer tan largo camino, es mejor hacerlo acompañado, fue por eso que decidí casarme nuevamente y entregarle un ambiente familiar y más estable a Emma."

"Después de una tragedia como la que vivió es un gran logro" replico,

"Seguro a usted llegará a apetecerle algo así."

"Por supuesto, pero no llegaría a disfrutar a mi esposa como usted, largas campañas de guerra en el extranjero no me lo permitirían, usted en ese aspecto tiene ventajas sobre mi,"

"La mayoría no resulta tan íntegro como usted, generalmente lo hacen para no dejar dudas sobre su reputación como buenos hombres de esta sociedad, son demasiado superfluos como para compartir su pensamiento."

Yo solo alce mi copa ante él y me trague su lisonja a la fuerza. Por supuesto que sabía a qué se refería. No es la primera vez que me preguntan cuándo desposaré a alguna doncella que asegure mi masculinidad ante la ley.

A parte de aquel no tan agradable momento… No lo sé. Hijos obedientes y muy bien portados, un hogar cálido reflejo del carácter de una esposa dedicada, satisfecha con lo que le provee su marido… Un ser humano imperfecto pero brillante, de pensamientos amplios capaces de ver más allá del horizonte.

¿Por qué su nombre se hallaba entre las notas de Ana Bouscat?

Acercándonos al recibidor me dejó junto a su mucama. La mujer, que anteriormente hubiese escuchado ser llamada Therese, me extendió chaqueta y otras pertenencias como mi bastón y sombrero. "Gracias, Therese, es muy amable" le agradecí, pero sus manos se quedaron prendadas del bastón que había recibido.

"¿Está usted bien?" le pregunté. Ella abrió la boca, sus ojos apuntaron cual clavos a mi cara. Ante una voz, su cuerpo se estremeció soltando finalmente del bastón que me entregaba.

"¡Therese! ¿Qué es lo que está haciendo?" Arsenault se había asomado a corregirla.

"Lo siento" se apresuró a decir, luego retornó hacia mí "Lo siento, señor, que tenga buena tarde"

"Buenas tardes" respondí al salir, pude ver el lúgubre rostro de la sirvienta mientras cerraba la puerta, detrás, en un tercer plano, Arsenault hacía una señal de despedida.

Los cabellos de mi nuca se erizaron. El cielo estaba gris y hacía frío, supongo que fue eso, o yo preocupándome por el futuro inmediato de esa criada. Aquella actitud podría costarle un castigo de parte de Arsenault…

[…] Lachapelle es la suprema guardiana de todas sus pupilas. De esta protección no estamos excluidas nosotras, sus Sage-femmes. Pero no es posible que una sola persona logre controlarlo todo. Cuando eso sucedía uno debía protegerse a sí misma. Entonces te dabas cuenta de cuán sola estás en realidad.

Emmanuelle Arsenault, es alumna de segundo año, es guía de dos chicas de primer año en el hospital y madame Lachapelle está al tanto de las últimas descompensaciones que ha sufrido en salas de parto. Las alumnas a su cargo dicen que de un momento a otro parece congelada y sin explicación les abandona en sala, lo que para nuestra directora es imperdonable; dos chicas inexpertas a cargo de una mujer en parto colocan en peligro toda una operación.

En su primer año no era posible observar tales comportamientos en la señorita Arsenault. Es ahora, al estar bajo presiones más significativas que algo colapsa.

Es preocupante, pues parece una chica sana, normal y bien educada.