LAS DESAPARICIONES
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14 de noviembre año 1807
ISABELLE
Los Bouscat no son búhos, son golondrinas. A las siete de la mañana ya se encuentran todos a la mesa para el desayuno. De los cinco hijos de Paul Bouscat, solo dos siguen viviendo en el hogar, ya que el resto se ha casado creando su propia familia. Estos dos dejan el hogar a las 8 en punto para entregarse a sus estudios, a la misma hora el jefe de la familia parte a su lugar de trabajo. La única hija y menor de la familia, queda a cargo de la madre de Ana, mientras la señora de la casa sale con una criada a realizar las compras esenciales del hogar.
Aún no sabía cómo iba a entrar a esa casa y obtener lo que Morgaine me había pedido… Pero de forma inesperada, algo de ayuda vino a mi encuentro.
Me hice amiga de la hija menor de Bouscat, partiendo por un encuentro en casa de los Lanois.
Sin saber qué hacer para entretener a la niña de ocho años, Agnes Bouscat decidió acercarse para ayudar en la asistencia del jefe de familia de los Lanois.
Fue muy conmovedor. Su voz era la de Ana, sonaba muy parecida a ella, su rostro no era exactamente como el de su hija, casi no había heredado nada de este a ella, pero su silueta y su presencia enarbolada por esa voz, parecían traerla de regreso.
"Espero no ser un estorbo para ustedes" había comenzado "pensé que mi sobrinita vería un buen ejemplo de abnegación al ver el noble trabajo que realizan."
"Por supuesto, Agnes" dijo la señora Lanois, abriendo sus manos en amplia bienvenida "necesitamos las manos, mientras más sean, mejor."
La niña se ubicó en un rincón de la habitación, sin saber qué hacer. Yo la invité a buscar sábanas frescas en la habitación de lavado; me había sentido un poco abrumada por la llegada de Agnes y necesitaba salir de allí, aunque fuera por un momento. "¿Vienes aquí muy seguido?" apenas comenzamos a caminar, la niña me preguntó.
"Mi madrina me pidió el favor" le dije.
"Aquella rubia, de ojos azules como de niña ¿no?"
Risueña contesté "Si, supongo que sí tiene una mirada muy joven."
"Tía Agnes fue quien dijo eso, porque yo pienso que ella es muy vieja."
"No es vieja, sólo es mayor y creo que se conserva muy bien a pesar de todo el trabajo que tiene que hacer."
"Mi prima decía que el trabajo te hace más joven."
"¿Sí? ¿Y cómo se llamaba tu prima?" pregunté aunque ya sabía quién era.
"Ana" dijo llanamente como la niña que era "¿El hombre que ayuda a mi papá a buscarla, es tu padre?" yo asentí "te pareces a él, en tu mirada"
"Sí, lo escucho todo el tiempo" dije pensando en las amistades y compañeros de trabajo de mi padre. En cualquier visita o encuentro fortuito, ese comentario nunca faltó.
"Oí que decía que vas a la escuela en donde trabajaba Ana ¿fue ella tu profesora?"
"Sí."
"A que la extrañas" dijo y no espero a que respondiera "¿quieres verla?"
"¿Qué?" desorientada le respondí.
Tomó mi mano y tiró lo que pudo de mi persona "Hay un retrato de ella en la sala" me aclaro, aliviando un poco mi sobresalto.
"Pues, me alegro, pero estamos ocupadas por aquí"
"Sólo será un momento, por favor" me rogó.
"Está bien, sólo un momento"
Y dejé que me guiara. Entramos por la puerta principal, pasamos por el lado de una mucama que regaba algunas plantas de interior, hasta que llegamos a la sala. Allí estaba el retrato a medio cuerpo de Ana acompañada por el resto de la familia, cada primo colgando con sus respectivos marcos a su lado.
"Se ve algo más joven" observé.
"Tenía veinte años cuando la pintaron, ese era su vestido para su primer baile,"
"¿Su primer baile?"
"Sí, aunque no le fue muy bien, mis hermanos dijeron a nuestro padre que no había agradado a los otros chicos, porque entregaba su opinión cuando nadie la había pedido, dijeron que era empertente..."
"¿Impertinente?"
"Eso fue lo que dije"
"Ah sí, es verdad" le concedí "¿Cloé? ¿Mi padre viene mucho por aquí?" pregunté. Lo cual era bastante obvio, pero guiaría la conversación directo a mi tema de interés.
"Sí, o muy tarde por la noche o muy temprano por la mañana y casi siempre con su amigo de cabellera rubia, tienen problemas con el desastre que una de nuestras mucamas dejó con unos papeles de Ana, ¿quieres verlos? No creo que les moleste, más desorden del qué hay no dejarías..."
"Bueno, ya que me trajiste aquí, ¿por qué no?" convenientemente contesté y allá fui, de nuevo guiada por la más pequeña de los Bouscat.
La chimenea del despacho se hallaba prendida, esparcía el olor de abetos y se combinaba en armonía con la cera de abeja con que pulían los muebles del señor Bouscat. Cloé me llevó hasta el estante con documentos que esperaban ser organizados en su totalidad por mi madre. Era un trabajo inmenso.
Por lo que revisé, Ana habría podido confeccionar tres tomos de libracos de cuatrocientas páginas con el total del contenido si es que hubiese querido empastarlo. Mi madre había logrado completar la cuarta parte del conjunto, lo cual admito que era mucho con el poco tiempo que contaba para ello.
"Cloé, se supone que no debo estar aquí."
"¿Quieres que te avise si alguien se aproxima aquí?"
"Sí."
"¿Y que no diga a nadie que estuviste aquí?" Revisó, pero con un brillo travieso en la mirada.
"Lo sabes bien" le sonreí, ella asintió y se dio la media vuelta para dejar la habitación.
Aquel grupo de hojas que había encontrado en el despacho de mi madre, ya habían sido incorporadas a la cuarta parte ya trabajada, pero esta misma se dividía en, por designarlo de algún modo, cinco sub temas. Uno se trataba sobre los años de estudio de Ana; un segundo sobre su familia; un tercero sobre sus alumnas; y un cuarto, sobre sus pacientes y amistades. El resto del universo era un completo caos lleno de posibilidades. Pero creo que mi madre tenía las cinco columnas que se ligaban a los intereses de vida de Ana, lo que permitía ordenar mucho mejor el contenido desparramado en el resto de legajos por ser revisados y clasificados. Creo que demás está decir, que del grupo de cinco temas, aquel que abarcaba más documentos, era aquel dedicado a nosotras, sus alumnas y en donde era más probable encontrar información sobre Emmanuelle Arsenault.
Lo primero que pensé al ver el grupo de hojas sin clasificar fue en... que nunca lograría obtener algo más, simplemente no tenía el tiempo ahora. Después pensé en que podría revisarlas concentrándome en el nombre de la chica de interés, Emma Arsenault, en los nombres de la familia Benoit, el apellido Pallard, fue lento pero dio resultado. Lento porque en una hora pude reunir seis hojas con temas que iban acorde con lo que se estaba averiguando.
De aquello extraje dos cosas que consideré importantes. Ana había realizado un viaje a la ciudad de origen de los Pallard, había obtenido documentos de importancia, correspondencia entre la madre de Emma y su abuela materna. En donde se ventilaba el drama que ella vivía al soportar la violencia de su marido y los continuos abusos a los que sometía a su hija pequeña. En segundo lugar apareció un apellido: Ravat, Dominic. Este hombre, me subió el ánimo y ni siquiera lo conocía. Figuraba como amigo de la familia Arsenault, y sobre todo del señor Sebastien Arsenault. Entre ambos también corrió correspondencia y aquella que más importaba a Ana, fue aquella sostenida en fechas anteriores al fallecimiento de toda la familia Arsenault. En esta, explícitamente Sebastien, alegaba ser víctima de falsas acusaciones hechas por su familia contra él. Las formas de maltrato en contra de su esposa e hija, las reemplazaba sutilmente con palabras como "disciplina" o "educación"; la disciplina que un jefe de familia tiene el deber de aplicar para formar y enderezar, conductas perversas o de naturaleza maligna; de acuerdo a lo que escribía él, solo estaba siendo un buen padre y esposo. Pero, por sobre todo, sus intereses se anteponían a cualquier cosa; pedía consejo sobre cómo proteger su patrimonio y reputación, esto siempre era subrayado y remarcado en el contexto del drama familiar que planteaba.
Las acusaciones por parte de su familia eran importantes, porque permitían asignar motivos a Sebastien para haberlos eliminado. Personalmente, me llamaba profundamente la atención que solo le preocuparan temas pecuniarios y su nombre, antes que la estima que sus padres, hermanos y primos tenían para con él.
No fue posible seguir avanzando. La pequeña Cloé parecía haberse distraído de la tarea autodesignada de vigilar si alguien se aproximaba y solo tuvo tiempo para acercarse y sacudirme un hombro, preguntándome con sorprendente parsimonia:
"No quiere ser vista por su padre ¿verdad?"
"No" sorprendida respondí "¿Por qué?" continué temiendo lo peor.
"Entonces mejor escóndase, porque creo que es él quien está en el recibo con su amigo de siempre."
"¡Cloe! ¿Dónde?" en pánico había preguntado mientras intercalaba cada hoja entre las escrituras de regreso a la pila caótica, y por toda respuesta, una vez más ella tiró de mi mano, esta vez para guiarme a una especie de arcón ubicado a un costado del escritorio de su padre. El interior era algo polvoriento, un tercio estaba relleno de viejas ediciones de enciclopedias y diccionarios, en el espacio que quedaba tuve que acomodarme para permanecer invisible a los ojos de los visitantes. Cloé cerró el arcón sin darme siquiera promesa de volver a sacarme de allí.
Aunque aún no venía lo peor. Las voces de mis padres me hicieron sentir hormigueos por todo mi cuerpo. Pensaba y rogaba que no se quedaran demasiado tiempo para poder salir de mi escondite, el problema era que ya había transcurrido una hora y mi madrina, si no se había enfrascado suficiente en su labor, ya habría comenzado a preguntarse sobre mi paradero y si la búsqueda se extendía demasiado tiempo estaría en problemas.
"¿Cuánto tiempo tenemos?" mi madre preguntó.
"Más de una hora" mi padre contestó para contribuir a mi poca fortuna.
Estoy acabada, pensé, este es el final. Y así mientras mis padres buscaban no sé qué material. Yo me quedé ahí escuchando sus miedos y sospechas sobre mi, diez minutos enterándome de cuán poco tiempo me quedaba para continuar llegando a la verdad de todo este asunto. Diez minutos más transcurrieron hasta que dos criadas pasaron por un pasillo chismeando porque la criada de los Lanois, se había asomado para avisarles que una de las jóvenes de visita en casa de sus empleadores se había extraviado: Oh si, esa era… ¡Yo!
Mis padres, siendo tan intrusos como yo, fueron a fisgonear de inmediato. En unos cuantos segundos de histeria pude ver la luz nuevamente cuando mi pequeña nueva amiga, llegó a levantar la tapa del arcón.
"Están chismeando que te has extraviado, mejor regresas" me advirtió sobre lo obvio.
"Pues, claro que sí, es una muy buena idea, muchas gracias Cloé" resignada con su actuar contesté mientras me levantaba y me largué de allí tan rápido como había llegado, pero en vez de usar puertas, tuve que darle mejor uso a las ventanas. Y en vez del portón principal de las casas, usé el cerco de un metro y medio que las separaba. Al saltar al otro lado sufrí una maravillosa torcedura en uno de mis tobillos y llegué cojeando hacia la puerta de servicio. Al fin la fortuna me sonrió allí, porque ninguna de las sirvientas se hallaba realizando sus tareas de la mañana, dándome tiempo para recuperar algo de aliento y compostura. Había verduras y carnes a medio faenar y masas de pan crudas leudando cerca de la estufa. Me acerqué a coger un vaso y llenarlo con agua de un jarro.
Una mucama entró mientras tomaba un sorbo y suspiró aliviada antes de decir:
"Usted, está en problemas, su madrina la ha buscado por todas partes, incluso en la casa vecina."
"Jugaba conmigo en el patio trasero" dijo Cloé recién entrando por la puerta de servicio.
"¿Tendrá una compresa helada, madame?" Le pregunté "me torcí el tobillo y se está inflamando."
ANDRÉ
THOMAS BERGER. NOS CONOCIMOS HACE DOCE AÑOS DESDE QUE COMENZÓ UNA NUEVA FORMA DE GOBIERNO: EL DIRECTORIO.
Fue el penúltimo intento de nuestra joven República de gobernar. Cada año, un consejo elegía cinco directores que se hicieran cargo de gobernar, porque en todos reinaba el miedo a que se instaurara un nuevo dictador como Robespierre.
Todo resultaba en un ambiente inestable, lo cual se observaba aún más al estar inmersos en la ciudad
Estuve por más de un año recluido en la prisión de Duplessis, y mis hijos quedaron al cuidado de madame Barraud y Sylvie, que poco podían hacer para mantener su salud, ya que todo bien y sobre todo comida, escaseaba. En aquel entonces, Oscar quiso sacar de la ciudad a nuestros niños, siguiendo las recomendaciones de un médico. Le preocupaba que cambiaran de aire hacia uno más puro y limpio, puesto que se convirtieron en un blanco fácil para cualquier enfermedad. El hacerlos subir de peso fue una carrera frenética y frustrante. Pasaron hambre y estaban tan débiles, como yo lo hice mientras estuve en prisión. El panorama no fue alentador. Sobre eso, Oscar estaba siendo presionada, debía regresar a ejercer su deber como líder de sus hombres en el norte o sería sancionada como desertora. Desesperada, se estaba escondiendo para cumplir con su llamada a ser madre.
"¡Váyanse a la mierda!" Impulsiva había dicho. En ese momento se rehusaba a dejar a sus gemelos, al menos, hasta verlos completamente sanos.
Le recordé entonces sobre uno de sus subalternos y camaradas, aquel que le ayudó a llegar a París habiendo sido notificada de mi situación, dejándome indispuesto para velar por la seguridad de nuestra pequeña familia. "¿Su familia no era de las afueras de la ciudad?"
"Sí, cerca del valle de Oise."
"Puedo entregarle tu mensaje, si aún se encuentra aquí, podríamos intentarlo; es urgente que saquemos a Alex e Isabelle de aquí."
Thomas Berger era el segundo hermano de Martín Berger, subalterno de Oscar en aquella época. Era cojo, no por algún accidente, simplemente había nacido sin el miembro, por lo que cuando se ofreció para ser parte del ejército revolucionario, solo tuvieron que mirarle la pata de madera, para tacharlo de la lista y devolverlo a casa. Él fue quien nos ayudó a dejar la ciudad hacia la propiedad que, por mera suerte, ellos aún mantenían en el alejado Argenteuil.
Habíamos escuchado hablar antes sobre este lugar, o leído en algún libro de historia de nuestro reino, pero jamás puesto un pie ahí antes. Era una ciudad que creció alrededor de un convento, que entonces, y hasta el presente, se halla casi completamente destruido. La familia vivía a las afueras de la ciudad, antes trabajando de la tierra, en donde la mayoría de sus cultivos correspondían a viñedos y espárragos, todos antes de sus antiguos amos, los monjes del convento de Argenteuil.
Thomas no estaba orgulloso de la destrucción hecha hacia el monasterio. Si había detestado la vida a la cual estas entidades de poder lo habían sujeto, pero consideró innecesaria la medida tomada al inicio de la revolución de derribar de forma tan literal los símbolos de la antigua monarquía y la iglesia.
"Este lugar es aburrido, pero aquello estuvo de más" me comentó cuando pasamos frente a aquel derruido edificio.
Alojados en su hogar, recibimos la bienvenida de sus padres. Ambos hermanos relataron la situación que nos traía hasta allí y estuvieron más que dispuestos a cooperar en el bienestar de dos niños pequeños.
Por un mes toleraron nuestra presencia, aunque nunca demostraron desagrado o antipatía hacia nosotros. Nos enseñaron los alrededores, Thomas nos enseñó el lugar que poco tiempo después adquirimos y utilizamos para huir de la ciudad cuando lo necesitáramos.
Es quince años menor que Oscar. Era solo un chico cuando nos pidió volver a París, porque no toleraba demasiada tranquilidad. Pero para eso necesitaba tener un trabajo y que un empleador se lo ofreciera.
No pudimos ofrecerle mucho en un principio, alojamiento y comida fueron más que suficientes, para que aceptara trabajar como nuestro cochero.
Tuve un buen presentimiento de él desde el principio, su familia dio la primera y mejor impresión. Honesto, trabajador, dispuesto a aprender todo lo que yo una vez aprendí sobre el cuidado de caballos y mantenimiento de un establo, hace tanto tiempo.
Habíamos ganado mutua confianza. Es por eso que no dudé en pedirle que fuera tras Isabelle.
Hasta la fecha, nada demasiado notable ha logrado vislumbrar. Cada rutina es llevada a cabo de forma ordenada. Las idas a la escuela se rigen según los horarios establecidos.
Sí, nada completamente decidor o notable, solo un detalle en realidad. En la mañana de hoy, horario en que acompañó a su madrina a ayudar con los cuidados al señor Lanois, le vio siendo guiada a casa de los Bouscat por la pequeña Cloe.
Oscar no sabe sobre este detalle y me abstuve de decir cualquier cosa al respecto. Sus instintos siguen siendo tan finos y sofisticados como en su juventud.
Pero está furiosa. Realmente furiosa, tanto que no pudo evitar ahora venir a mi, referirme lo ocurrido y desahogar su molestia. No tenía evidencia que expusiera a nuestra hija, pero sabía que había estado ahí. "Lo sé" me dijo vehemente. Isabelle negó haber estado ahí, cuando su madre le confrontó.
"¿Cómo dijo que se torció el tobillo?" Le pregunté, mientras a lo lejos se escuchaba a Sylvie recibiendo y guiando a nuestro médico hasta la habitación de Isabelle.
"Mientras jugaba con Cloe Bouscat, yo pienso que se lesionó cuando escapaba de casa de los Bouscat."
"Me sorprende que haya mantenido la compostura mientras la interrogabas, puedes ser temible cuando te lo propones."
"¿Ah si? En realidad había algo desafiante en su mirada, no me tenía miedo, estaba…"
"Enojada" dije, completando su frase.
"¿Molesta?¿y por qué?"
"Buena pregunta."
15 de noviembre, año 1807
ISABELLE
HOY LLEGUE A MIS CLASES CON UN TOBILLO TORCIDO, pero al menos sin las manos vacías.
Entre muchas conversaciones, le propuse a Morgaine una idea sobre qué hacer con la información acumulada. En realidad no era tan original, esta había sido de Ana en un principio; entregar a los Benoit material para poder recuperar a Emma ante la ley..
Era lo que Ana hubiera querido.
"Está bien, de todas maneras habríamos llegado a esa conclusión juntas, no tiene sentido quedarse con tanta información y no usarla para algo… pero ten en cuenta que saldrás descubierta ante tus padres, una vez que se haga una acusación pública, después de todo están trabajando con los Bouscat..." me dijo como advertencia
"Lo sé."
"Entonces, deberíamos hacer copia de todo lo vayamos a entregarles."
"No confías en nadie, ¿no?"
"Confío en cuidarme la espalda."
Días después de habernos reunido con la señora Benoit, nos habíamos sentido un poco más seguras. Lucille Benoit, cómo se llamaba en verdad, nos ofreció todo su apoyo en caso de necesitarlo a cambio de mantenerla informada, así como su marido no lo hacía.
Cuando Morgaine escuchó hoy el nombre de Ravat, de la valiosa información que Ana había recogido de él y sobre cómo podía echar luces sobre el oscuro incidente acaecido sobre las familias Arsenault-Pallard, de inmediato pensó en cobrar la palabra a Lucille.
"Creo que debo ir a Compiegne a reunirme con Ravat" me dijo.
No quiso escribir para pedir cita, así como yo se lo sugerí, y tenía razón: demoraría mucho esperar por una respuesta, debía ir y esperar lo mejor. Lucille apoyó con algo de reservas aquella empresa, pero decidió ser la acompañante y mecenas de aquel viaje que programamos para dos días más.
Noviembre 16 año 1807
ANDRÉ
ME LEVANTÉ MÁS TEMPRANO DE LO ACOSTUMBRADO.
Estaba determinado, o más bien obsesionado. No sabía si ella iba a dejar la escuela hoy, pero la oportunidad se dio y efectivamente lo hizo. A las 8 de la mañana, le vi firmando un libro a la salida de la escuela, para luego esperar una diligencia y tomarla. Yo monté a mi animal y le seguí hasta el barrio de La Mare.
Pronto me di cuenta de que la dirección a dónde iba, se trataba de la remitente perteneciente a la carta desde donde Ana había enviado a Benoit solicitando una reunión con él y su esposa.
Deje que entrara a la casa que tenía previsto visitar y le esperé a la salida.
"¡Señorita Hucherard!" fuerte y claro le llamé.
Mientras me aproximaba, ella volteó
"Señor Grandier" dijo una vez que me tuvo enfrente.
"¿Me reconoce?"
"Su hija es mi alumna, y usted marca presencia por ella como ninguno de los negligentes padres, del resto de las alumnas, jamás lo haría."
"Soy su padre, me preocupo por ella."
"O es muy buen padre o alguien muy posesivo, aunque todos ustedes son así, negligentes o no."
Haciendo a un lado aquella nota de hostilidad, retome mi línea de conversación.
"En realidad vengo a preguntarle por su extraviada compañera de trabajo" comencé.
"Ana" respondió como si adivinara las palabras en mi mente "¿qué quiere saber?"
"¿Cuándo le vio por última vez?"
"La mañana del día 15 de septiembre, después del desayuno, posterior a sus atenciones en el hospital, luego un poco antes del mediodía; pero en ninguna oportunidad hablamos, hacía tiempo que no teníamos una conversación digna, no como las de antes"
"¿Encontraba su conducta algo extraña?"
"Bastante, pero antes de que yo diga algo más, ¿por qué le interesa a usted saber lo que sea que le haya sucedido?"
"Intento ayudar a su tío, él quiere saber la verdad, no cree una palabra de lo que la policía le dijo, ¿usted lo cree?"
Ella movió la cabeza en negativa: "Es ridículo, Irene estaba preocupada por Ana, después de LaChapelle era la segunda persona en el hospital preocupada por el bienestar de las Sage-femmes, no la habría lastimado, menos por un brazalete."
"¿Acaso habló con ella?"
"Sí, antes que se la llevaran."
"¿Sobre qué hablaron?"
"Sobre como intentó seguir a Ana ese día que desapareció, que terminó observando una casa en ruinas en donde entró con una chica, y que lo único que consiguió fue salir cortada en varios trozos dentro de un saco o dos... " me contestó con una expresión contenida, la comisura de su labios levemente arqueados hacia abajo, ojos vidriosos y cejas contraídas.
"Siento que la haya perdido"
Aún con expresión tensa, ignoró mi pésame y dijo:
"¿Cuánto lleva usted y su tío recabado sobre ella?"
"Nada suficientemente sólido, pero aquella propiedad sobre la que Irene le habló, pertenece a un policía de apellido Arsenault, ese nombre ¿le parece familiar?"
"¿Por qué me parecería familiar?" con ceño contraído preguntó. Decidí hacer un rodeo en la conversación.
"¿Desde qué momento Ana comenzó a comportarse extraña con usted?"
"Desde mediados del año pasado"
"¿Alguna razón en particular, desacuerdo, malentendido?
"¿Desacuerdo?" preguntó "claro que no."
"¿Sabia que entre su nómina de alumnas había una chica de apellido Arsenault Pallard?"
"No me diga" contesto con un respingo bastante fingido y burlesco.
"¿Qué me está ocultando?"
"Tengo muchas estudiantes a cargo sin mencionar pacientes señor Grandier, podría haber olvidado ese nombre."
"Esa chica fue retirada a mitad del año anterior, alrededor del tiempo en que indica que su colega comenzó a tomar distancia de usted. ¿Está segura que no hubo conexión entre ambas?"
"¿Por qué la habría?"
"¿No se inclinaba por el altruismo? ¿No se habría compadecido por aquella chica perturbada,? Ella y usted habían quedado a cargo de Emmanuelle Arsenault de acuerdo a un trato entre su padrino y su directora."
"Estoy ocupada señor Grandier, me temo que debo dejar esta conversación para otro día, si es que puede volver a encontrarme."
Se alejó de mí lo más rápido que pudo y dentro de mi impotencia, solo quise arrojarle escoria:
"¡Deje a Isabelle fuera de esto!" le grité cuando ya se hallaba a un par de metros
"¿Disculpe?" se volteó con mueca de desagrado.
"Si en algo le importa, no la expondrá al peligro."
"Su hija solo asiste mi trabajo de taller en la escuela, eso no implica ningún peligro."
"¡Está mintiendo! ¿Por qué razón acaba de salir de esta casa? No tiene conexión con los habitantes, pero Ana si la tenía, así que dígame ¿qué le trajo hasta aquí?"
"Ella era mi amiga, mi mejor amiga, no tengo que explicar a nadie porque intento saber que le sucedió" replicó con la voz algo quebrada.
"Si algo le sucede a mi hija, pesará sobre su consciencia."
En este punto, regresó hacia mí, a la defensiva:
"¿Y por qué cree usted que estaría involucrada?" me confrontó, obviamente resentida por mi acusación. Pero yo no supe responder, no lo sabía en absoluto. Ante mi silencio ella continuó.
"¿Y bien…?"
"No le debo explicaciones" intentando contenerme, respondí.
"Y si lo estuviera, ¿por qué razón mantendría reservas con usted? ¿Qué ha hecho usted para que ella supuestamente le oculte algo de importancia? ¿Por qué ella no confía en usted sus angustias, si es que alguna vez se atrevió hacerlo, sin el temor de que la sometiera a juicios o desprecios o condescendencia…?"
"¡Eso fue más que suficiente! ¡No sabe nada sobre nuestra relación para someterla a juicios!" la corté, ella retrocedió un paso, algo asustada como evaluándome. Me estaba defendiendo, para mi sorpresa, me estaba defendiendo; me hizo dudar, dentro de mi algo se hundió.
"Y usted tampoco, o no estaría aquí sonsacándome información sobre ella" me arrojó "¡No me culpe a mi del estado de su relación con su hija, el peso está sobre su conciencia, no la mía, señor Grandier!"
ISABELLE
ESTAS INDAGACIONES HAN HECHO MELLA EN NOSOTRAS. No pretendemos hacer de esto una afición, solo queremos saber qué le sucedió a Ana, pero todo tiene su precio.
Y vaya que lo tiene, porque lo que temía, vino a mi encuentro muy temprano por la mañana.
Aurore me atajó en el momento en que entraba a una sala de parto, tomó mi mano y sólo dijo "Tengo que decirte algo, después de tu práctica, en el jardín"
No habíamos tenido un momento en semanas para reunirnos. Debo confesar que ya casi no hablamos, me siento a la misma mesa y es una sorpresa si llego a participar de lo que hablan ella y Gertrude.
Llegué a nuestra cita, puntual. Ella ya me esperaba.
"Hola" comencé.
"¿Cómo estuvo la mañana en el hospital?" me preguntó.
"Un poco duro de ver"
"¿Alguien no sobrevivió al parto?"
"Si, madre e hijo sobrevivieron, pero creo que el pequeño no será muy querido"
Con actitud resignada digirió esa tristeza, tragándosela con amargura, ya que era algo bastante habitual de ver en estas salas de hospital.
"Entonces, ¿qué querías decirme?" pregunté.
"Saber cómo estás, no vas a negar que has estado muy distraída"
"Sí lo he estado" admití, porque no tenía otra alternativa. "Me siento muy cansada, quizás es eso."
"¿Quizás?" dijo observándome "Pero haces lo mismo que todas, todas estamos cansadas, a menos que hayas incluido otra actividad a tu itinerario…"
"¿Qué me estás diciendo?" pedí aclarar
"Algo no está cuadrando con actitud y debes saber que tu madre ya lo está indagando."
"Se acercó a ti" adiviné.
"Tiene miedo, cree que te estás poniendo en peligro" explicó
"No sabe exactamente qué estoy haciendo, no tendría por qué creer que estoy en peligro…"
"Le dije que estás con Hucherard" dijo a modo de confesión
"¿Y qué?, ella es una instructora."
"Y amiga de Ana."
"Eso no dice nada más que el hecho de que era amiga de la señorita Bouscat, eso es todo."
"¿Vas a seguir mintiéndome, a mí?"
"Es lo mejor… que no sepas nada"
"¿Sabes qué? sé lo que "ese imbécil"… te hizo. Pero ya no te reconozco, he intentado estar disponible, pero pareces no necesitarme"
"Aurore" rogué "no es eso"
"Haz lo que quieras" con voz baja y contenida me dijo.
Qué desastre…
No fui la única que tuvo una mañana difícil. Hoy Morgaine llegó algo, por decirlo de algún modo, descolocada de su usual personalidad, como si las piezas de sí misma no encajaran la una con la otra. Le pregunté sobre su reunión con la señorita Beart, la amiga de Ana. No sacó demasiado en limpio aparte del hecho de que presenció las lesiones que Ana sufrió sobre rostro y cuerpo cuando fue amenazada. La señorita Beart expresó que Ana no quiso entregarle demasiados detalles sobre qué había sucedido, solo que fue en la ayuda de una de las ex pacientes del hospital y que a la salida le atacaron y robaron. Mientras Morgaine me contaba todo esto, la expresión de su rostro hablaba de vulnerabilidad. Sentía que me observaba cuando yo intentaba concentrarme en las transcripciones de la entrevista que ella realizó hoy por la mañana. Nunca me preguntaba cómo me encontraba o comentado que quizás, necesitaba descansar unas semanas de la escuela, pero esta vez hizo esto último.
"Pero si no vengo, no podremos continuar poniendo orden a todo esto" dije señalando al trabajo que llevábamos.
"Claro" dijo como despertando a esta noción.
"¿Qué te pasa? No te ves bien."
"Gracias, tú tampoco."
"Lo sé... no es a lo que me refiero, te ves como si te hubieran lastimado, como con la expresión de un niño castigado" dije y ella se sonrió con gesto cínico, miró hacia otro lado y después de un momento hacia mí, sus ojos conectando con los míos que aún mantenían la pregunta abierta.
"Cielos, Isabelle... " suspiró extendiendo sus manos sobre la mesa, luego las juntó como en un rezo sobre sus labios "tu padre me está siguiendo; hoy fuera de la casa de Gabrielle Beart, apenas di unos pasos cuando me marchaba y me llamó, estuvo esperando por mi."
"No puede ser…" dije pero ella asintió.
"Al principio preguntó por Ana, cree que estoy tratando de averiguar su paradero lo cual no negué pues son mis asuntos, pero él piensa que tú estás conmigo en esto."
"¿No se lo dijiste verdad?"
"Claro que no, pero parece convencido."
"Si cree eso ¿por qué no me ha confrontado?"
"¿Segura que no lo ha hecho?"
"No..." dudé "No estoy segura, creo que sí pero no de forma tan directa, es como si esperara a que yo le confesara... algo."
"Pídele a LaChapelle que te de algunos días de descanso." volvió a insistir.
"No..." contesté con algo de desespero "qué crees que… ¿qué voy a hacer en casa de mis padres...? No quiero estar ahí."
"Por favor, hazlo, podría servirte para despistarlo, quédate quieta por un tiempo y después vuelves."
"... Morgaine... esto te va a resultar ridículo."
"Todo lo que dices suena ridículo" se burla.
Yo asentí, guardé silencio. Succionando una esquina de mi labio inferior, cargué mi pluma con algo de tinta. Probé el grosor del trazo sobre un papel, pero no seguí con mi escritura.
"Ridícula... Así me siento cuando estoy allá" yo murmuré y la sorna de su cara se borró al verme "Es como si la gente en que se supone debes confiar y te quieren, no esperaran más de ti, como si no creyeran que… me siento tan perdida allá… y cuando eso pasa, pienso en todo lo que Ana nos decía y lo único que quiero es volver aquí… sé que ella podría no existir más, pero está aquí, ¿entiendes? "
Ella endureció su rostro, pero asintió y dijo:
"A veces pienso que voy a verla al dar la vuelta por un pasillo, ¿sabes? Es como si una parte de ella no se hubiese ido."
"Sí..." musité mirando hacia el suelo.
"Oye..., mírame" dijo tomándome por mis hombros "Solo serán unos días, una semana cuando mucho."
Al final, a regañadientes terminé accediendo a lo que me pedía, lo que decía era razonable después de todo. Quizás si por algunos días mi padre me veía tranquila y quieta en su territorio, él mismo se relajaría, quizás... pero pensé en él, en sus estratagemas y en cómo solía conseguir que Alex y yo hiciéramos lo que debíamos cuando nuestro carácter se volvía difícil. Extrañada volví a revisar el rostro de Morgaine. "¿Qué fue lo que te dijo?"
"Lo que te acabo de contar"
"¿Te hizo sentir culpable?"
"Solo un poco" contestó como si nada.
"Solo un poco ¿eh? ¿Por la extensión de toda esta semana que tendré que permanecer junto a ellos, quizás entonces se te acabe la culpa?"
"Probablemente" dijo como si no le hubiese afectado.
"¿Te hizo sentir responsable por mi bienestar, cierto?"
"Pero logré que él se sintiera peor, ya verás ... podrás observar el efecto sobre él durante toda esta semana."
"Eres el diablo" bromeé.
"¿Si? ¿Y tú lindo papi? ¿Es acaso un angelito?" respondió con la misma gracia.
"No" le sonreí "no es un ángel, es mi padre... pero olvida lo qué pasó, mañana hay un viaje importante que debes hacer, ¿a qué hora se van?"
"Después de que el señor Benoit salga a su oficina de trabajo, por la mañana" dijo exhalando ansiedad "solo cruza esos largos dedos tuyos y reza porque nos vaya bien."
Noviembre 17 año 1807
OSCAR
QUE NUESTRA HIJA PIDIERA UNA SEMANA DE DESCANSO A LA DIRECTORA DE SU ESCUELA, fue una sorpresa inesperada. Una buena sorpresa, ya que nos permitía vigilar más de cerca sus rutinas. Hoy acaba de comenzar y ya se puede notar que su padre respira con más tranquilidad… y yo…
Ya anochece. Decide acompañarme a una nueva reunión con aquel policía, Mathieu, a la que está vez se unió alguien de mayor rango, alguien con quien Arsenault fuera compañero de armas. Pienso que respaldará la imagen y retrato que nos hemos hecho de Sebastien, de lo que es capaz de hacer.
El oficial de nombre Morel nos cita en una dirección que creo no es su residencia real "Quizás estoy exagerando, a Sebastien no le gusta que le digan que no y ya lo he hecho en ocasiones previas, pero si se entera de que estoy hablando a sus espaldas, no sé qué podría hacer, de modo que tengo que proteger lo que considero valioso de algún modo" me dijo cuando me entregó el trozo de papel con la dirección, habiendo notado la suspicacia que sentí hacia su persona. Ahora, qué o quiénes él considera de valor, lo suficiente como para proteger, no me lo dejó entrever.
-Quién sabe - André me comenta - podría ser un ángel o un demonio, así como Arsenault se está pintando ahora.
Salimos a pie y tomamos una diligencia, dejando a Berger disponible para lo que fuera necesario en casa, aunque, en parte, es por mantener a Isabelle bajo vigilancia.
Algo pasó nuevamente hace tan sólo dos días, y una vez más no logré dejarla en evidencia.
Fue temprano por la mañana. Necesitaba actualizar la documentación a la cual me encontraba dando orden.
Me sentí distinta con tan solo entrar al despacho de Bouscat. Cómo si hubiese cambiado un mueble de lugar o colgado un nuevo cuadro. Estuve con mi mente inquieta todo el tiempo que permanecimos allí.
Sospeché de mi hija, creo que ella estuvo ahí.
Lo recordé ayer, tarde en la noche, cuando finalmente tuve el tiempo de revisar el nuevo manojo de documentos escritos por Ana.
La revisión de documentos ha sido desgastante… No debido al tiempo del que dispongo para hacerlo o a la cantidad de contenido, sino al contenido en sí mismo... Por André sé que Ana la animaba, y que la instaba a guiar a las demás cuando el estudio se convertía en un reto demasiado difícil.
Se dan las instancias en su relato sobre el apoyo que sentía que debía entregar a sus alumnas. Se evidencian en sus palabras la dedicación y el aprecio que les prodigaba, cuando enumeraba sus talentos, sus habilidades, la humanidad que rebosaba en algunas y en otras que faltaba por cultivar... No temía que mi hija reprobara ante sus apreciaciones, porque por supuesto que Isabelle fue aprobada por ella, difícil sería que no hubiese sido así.
Pero Ana lo había hecho, no yo.
Ella cultivó sus habilidades, ella la animó, ella estuvo ahí... tal y como había pensado, progresivamente cada una de estas páginas embarran sobre mi cara mi propia vergüenza.
Ana no escribía por el reverso, solo por una cara. Del nuevo grupo de textos que elegí revisar, al menos cinco presentaban algún tipo de símbolo que no supe interpretar por el reverso. Primero visualicé uno pequeño dibujado en la esquina superior derecha, y así mismo con cinco hojas más, cada una con un símbolo distinto: uno similar a una u, una raya vertical, una u o curva invertida...
"Creo que pase de lado estos detalles" señalé a André "pero estoy segura de no haberlos visto antes."
Extendió su mano: "Déjame verlos" pasaron los segundos y cada vez arrugaba más y más el gesto. "qué extraño que ... justo ahora aparecieran así… ¿Estás segura de no haber observado esto antes? Probablemente hayan sido hechos por Ana."
"Pienso que... No, no debería" respondí, siempre dudando "estas marcas fueron hechas con algún tipo de carboncillo o crayón, Ana escribió todo esto con tintas y pluma."
El día en que me acompañó a recoger todo esto, hubo un alboroto en casa de los Lanois, pronto descubrimos que Rosalie se hallaba ayudando como siempre a la familia y que nuestra hija estaba a su lado asistiendo, sólo que en aquel momento ella era la razón del alboroto. No había sido vista por más de una hora, y media casa ya se hallaba buscándola y pidiendo ayuda a las mucamas de la vivienda en la que nosotros nos hallábamos. En ese momento, mi corazón pareció haberse disparado a mi garganta.
No pasó mucho tiempo hasta que la cocinera de los Lanois puso a todos en calma, mi hija se hallaba en la cocina junto a la pequeña Cloe Bouscat como compañera. Cuando llegué a verla se hallaba sentada en una silla, colocando compresas frías sobre su tobillo, decía que estaba bien, que jugando con Cloé en el patio trasero se torció ese miembro. Mientras la cocinera y una mucama le entregaban sugerencias y remedios caseros para desinflamar su torcedura, yo me ponía aún más inquieta, su versión no me convencía. ¿Por qué no previnieron a alguien, que se hallaban justo ahí, en vez de dejar que la buscaran por tanto tiempo, preocupando a su madrina de aquella manera?. Se disculpó, dijo que no los había oído, que se había distraído con la niña.
No pude morderme la lengua y contenerme esa vez.
"¿Estuviste en casa de los Bouscat?" le pregunté, probándola.
"¿Con los Bouscat?" Repitió "¿Por qué estaría allí?"
"Tú sabes por qué" con mi mandíbula apretada respondí.
Las mucamas se quedaron observándome, había tensado el ambiente en su cocina. Cloé tomó el brazo de Isabelle, como refugiándose detrás de este. Mi hija frunció el ceño.
"No creo haber podido ir cojeando todo el camino hasta casa de los Bouscat, monsieur" me respondió, y creí ver un brillo desafiante en su mirada.
André no se encontraba con nosotras entonces. Cuando le referí lo sucedido, me dijo que lo olvidara, que me concentrara en lo que habíamos ido a hacer allí.
Me dijo, que Berger la vigilaba, que no se hallaba en peligro, por ahora.
ANDRÉ
MATHIEU Y MOREL NO LLEGARON A CONOCERSE, HASTA QUE UN SUBORDINADO DEL SEGUNDO INTERVINO EN LA GUARDIA NOCTURNA DE MATHIEU.
Mathieu, guardia y policía de menor rango ubicó y buscó al sargento Morel para notificarle a éste sobre la falta de su cabo, que él calificó de abuso de poder, al haber apaleado a un ladrón que Mathieu tomó en custodia en su cuartel.
-Terminó cortándole la lengua- aún con remanentes de ira Mathieu relató -ahora, ¿por qué habría hecho eso? Al parecer no le fue suficiente la paliza que le había propinado anteriormente.
-Al cabo se le dio su correspondiente escarmiento, Mathieu
-Ni siquiera investigó por qué lo hizo - discutió Mathieu
-No se acostumbra hacer un sumario por errores tan pequeños, el chico estaba recién empezando, no iba a arruinarle su carrera
-¿En dónde está ahora? ¿El ladrón? - les corté antes de que continuaran discutiendo
-La última vez estuvo en el Hospital Dieu, y no pasó de esa noche
-El hombre tenía tisis, ya estaba mal - Morel justificó
El día en que sucedió todo esto fue en la madrugada del 16 de septiembre. El ladrón había intentado huir y fue alcanzado cerca de un hospital, el mismo en que sería ingresado muchas horas después.
-¿Cómo es que este cabo paso a estar bajo su mando?
-Arsenault solicitó que lo transfirieran, no me informó sobre las razones de esa transferencia, eso pudo notarse con el tiempo
-¿Mal comportamiento?
-Atraía problemas, como el que Mathieu acaba de relatar, supuse que Arsenault quería esconderlo aquí, el chico no tiene familia en la ciudad y él había comenzado como policía en otra región.
-Mathieu - yo continué - ¿en qué momento se encontró con él?
-Dentro de la ruta de mis rondas está incluido el hospital, este chico salió del hospital persiguiendo a un hombre, al verme gritó diciendo que era un ladrón y había robado dentro del hospital. Pensé, está bien iré tras él, esté chico me siguió, hasta el momento no sabía que el era policía vestía como un ciudadano común.
-¿Cómo llegaste a a enterarte de que lo era?
-Después de que alcanzáramos al ladrón - contestó - y creo que tras haber dicho eso creyó que tendría carta blanca ante mí para maltratar a aquel hombre, tuve que detenerlo, no era necesaria tanta barbarie, ni siquiera sabía efectivamente si ese hombre era un ladrón
-En ese momento yo habría dudado de él, tanto como de aquel supuesto delincuente
-Tiene razón, y es por lo poco que pude observar, todo daba la impresión de que quería callar a ese hombre, luego, lo que más me llamó la atención, fue minutos después: me sugirió atarlo al lomo de su caballo, yo accedí, no había ningún problema en ello, después de todo, el pobre casi no podía caminar después de la golpiza. Le pregunté en donde estaba su animal y me dijo que solo a unos metros de la entrada principal del hospital, y aquella parte esta justo en una entrada lateral que da hacia una calleja, en donde se descargan los cadáveres que son guiados hasta la morgue de París; desde donde, dependiendo del estado en que estén o se descartan al Sena, o se guían hasta el cementerio.
-Pudo haber sido una coincidencia
-Sí, le concedo eso señor, pero el caballo por el que íbamos estaba atado a una carreta de la cual previamente estuvo tirando, y no tengo que tener la mejor vista para no darme cuenta en medio de la oscuridad que de lo que había estado allí antes, había manado cuantiosa sangre.
-Si, ese hombre no era un ladrón, ¿quién era?
-Esa es una pregunta que también me hice, iba a preguntárselo una vez que estuviéramos en el cuartel, pero este mocoso se me adelantó y le retiró la lengua de la boca.
-Arsenault es bueno manipulando, no es culpa del chico - sorprendentemente Morel le defendió
-No - Mathieu se levantó - no puedo seguir escuchándolo a usted, no es posible que lo defienda
-Espere Mathieu, aún no hemos llegado al meollo de esto, una vez que lo hagamos no tendrá que verle la cara de nuevo - Oscar intenta persuadirle y da resultado, Mathieu vuelve a su asiento a regañadientes
-Por qué dice eso Morel?¿Porr qué defiende a ese chico?
-Después de que Mathieu fuera a plantearme esta queja, fui yo mismo a ese hospital, ese hombre no era un ladrón, él era un hombre que trabajaba para la morgue de la ciudad y solo estaba esperando a que llegara una nueva carg… Lo que fuera que mi subalternoestuviere haciendo, creo que ese hombre lo vio.¿-¿Se lo preguntó, a su subalterno?
-Prefiero no enterarme de los asuntos de Arsenault, he intentado desligarme de él, pero siempre termina regresando.
ISABELLE
HENRI LLEGÓ HOY DE VISITA, SU PRIMERA VISITA dedicada a mi.
Le estaba esperando, ya que el día anterior había revisado conmigo el momento en que podríamos vernos. Le dije que estaría disponible toda la semana, porque tomaría esos días para tomar un descanso. Le propuse "¿Qué tal mañana?" Y se sobresaltó.
"Es muy pronto, pero claro… sí"
"¿Henri?" le dije ante la inseguridad que él demostraba. "No tiene que hacer esto si no quiere"
Inspiró algo de aire "Sí quiero, Isabelle... Hace mucho tiempo que lo he querido." Dijo ya más resuelto.
"Entonces ¿nos veremos mañana?" Revisé.
"Ahí estaré"
Así que deduje que simplemente estaba nervioso y me sentí un poco más confiada, aparentemente hace mucho que quería que esto pasara.
Me sentí como una niña esperando por un regalo, un sentimiento que no esperaba.
Habría aguardado en el recibidor pero lo apropiado es hacerlo en la sala. Cuando entró se veía tan incómodo, como aquella primera vez en que lo vi. Pero se las arregló para sonreír y entregarme algo mejor que un ramo de flores de invernadero. Me trajo un pequeño macetero de porcelana fina con una frondosa planta de manzanilla llena de sus sonrientes flores.
Yo recibí el regalo con la misma expresión. "Son mis favoritas" le dije "a pesar de lo que digan sobre ellas"
"¿Que son comunes y propiamente una maleza de jardín ?" Revisó.
"Sí… ¿por qué eligió traerme estas?"
"Le pregunté a su hermano, sobre qué le gustaría a usted... espero que no le moleste"
"No, no, es mejor preguntar a asumir cosas sobre la gente" respondí oliendo a las humildes pero alegres florecillas "Gracias, me encantan" le sonreí mientras las sostenía. Después de días de nubes negras, me sentía contenta.
"Fue un placer, se lo aseguro" contestó, para luego volver a replegarse bajo su caparazón. Yo me moví buscando un lugar para mi regalo.
"Bien, no vaya a ninguna parte Henri, solo voy a escoger un lugar privilegiado para ellas, no quiero que el calor de las chimeneas chamusquen a estas bellas" le conversé mientras colocaba mi regalo junto a una ventana. Él me sonrió algo avergonzado, al parecer se daba cuenta que me burlaba de él.
"Está bien, no huiré esta vez" dijo siguiéndome el juego.
"Me alegro" le dije cuando volví a él. "Por favor tomé asiento" le ofrecí.
Al unísono dejamos caer nuestro peso en nuestras respectivas sillas y suspiramos una vez ya con las retaguardias ubicadas sobre esos muebles. Nos reímos al observar aquella rara sincronización, pero al menos eso quebró el hielo.
"Mi hermano me reprocharía si me oyera decir lo que estoy a punto de confesarle a usted" comenzó, como luchando con su propia incomodidad.
"No voy a juzgarlo y lo que diga no saldrá de estas cuatro paredes" le prometí, ansiosa porque se relajara y abriera de una vez.
"Es extraño, pero desde la primera vez que la vi, tuve la sensación de que podía decirle todo"
"Quizás no es extraño, usted fue la primera persona con la que no me sentía tonta hablando sobre ciencias"
"Eso es exactamente a lo que refiero" animado contestó.
"¿Y por esto su hermano le reprocharía?"
"No... no, él siempre dijo que era torpe en el ámbito social"
"A mi me dicen que soy irritante, que hago demasiadas preguntas" Le susurré.
"Bueno, si las hace" admitió "pero, no es irritante, cuando existen interrogantes, eso hace que las cosas se muevan, que progresen y avancen"
"La ciencia es un organismo vivo y siempre está cambiando"
"Sería un modo bastante original de definirla… quizás a todos y todo… usted es la primera jovencita a quien me he atrevido a visitar, queriendo hacerlo"
"Me alegro de que me lo haya pedido"
"Algo me dijo que tenía que avanzar y actuar, pronto o perdería la oportunidad otra vez"
Tras decir eso, sus hombros y su rostro se relajaron y sus manos dejaron de apretar la tela de su pantalón sobre sus rodillas. Me miraba por más tiempo mientras seguíamos charlando, sus ojos ya no se escondían de mí, querían conocerme, acercarse, así como yo ansiaba hacerlo ¿No es eso lo que todos queremos? Alcanzar a alguien, tomarlo de la mano y caminar a su lado, a donde sea que haya que ir. No sé qué me lo dijo, pero eso fue lo que sentí.
Hablamos sobre nuestras familias y fue un gran alivio que Henri ya supiera sobre mi madre, eso ya lo incluía dentro de nuestro círculo. Pude relajarme también.
"Debe ser difícil tenerla lejos por tanto tiempo."
"No solo cuando está lejos" me encontré confesándole en voz baja. Él escuchó perfectamente.
"No es lo mismo, pero con mi padre es algo parecido, cuando estuvo en Italia fue difícil, pero cuando regresó, lo fue aún más, no sé qué le sucedió allá en batalla, pero debió ser tan horrible, que hasta la memoria sobre nosotros se borró de su mente."
"No puedo imaginar cómo debe ser eso, ver a tu padre y que no te recuerde."
"Es extraño..." me dijo con una mueca que pretendía decir que no era tan malo "al menos ahora me pregunta quién soy y me invita a tomar el té, antes me decía que debía sacar más la voz y actuar como un hombre."
"Fabulosos estándares sociales, ¿no?" Con ironía bromeé.
"Al menos aprendí a sacar la voz o no me oirían en él aula" rió.
"No le importa que yo sea una de esas oyentes? ¿Que yo sea su alumna?" le pregunté en un tono más travieso que inocente.
"Sí, pensé que sería un conflicto de interés para usted" dijo con seriedad, sin haber captado mi intención.
"Yo tengo más que perder como mujer, que usted como hombre."
Bajo el mentón, en tono reflexivo y casi trágico.
"Si no quiere proseguir, estará bien conmigo"
"Henri, estaba bromeando, en realidad solo me quedan algunos meses para terminar y recibir mi diploma" dije intentando detener esa naciente aprehensión en él "¿qué tal si permanecemos como alumna e instructor dentro de la escuela? Fuera, podemos seguir reuniéndonos, después de todo tenemos el consentimiento de mi padre."
"Si comienzan rumores dentro de la escuela, deberíamos reconsiderarlo."
"Entonces no debería decirle que ya comenzaron" dije y fue como si le hubiese puesto agujas en su asiento, yo me reí.
"No es gracioso, mucho menos para usted."
"Si no está jugando conmigo al venir aquí, no me hará daño."
"Vine aquí sin ninguna intención de iniciar juegos… Isabelle."
"Entonces, comencemos, Henri."
Hola a todxs, espero que les haya gustado este capitulo, ojalá que el resto también jejeje. Si tienen dudas o preguntas o tan solo quieren dejar comentarios porfavor escríbanme un review.
Saludos, cuidense mucho y gracias por estar aquí.
Ah... antes de irme les voy a compartir la letra de una canción, es completamente atemporal a los personajes, pero una vez la escuché y ahora cada vez que debo escribir sobre Henri, asalta mi cabeza. Es de Kalax y se llama "Out of time"
La melodía, el ritmo y letra de este tema me lleva de regreso a lo que era ser adolescente, y Henri aún es adolescente, para mí es un personaje que lleva toda la ilusión, la nostalgia de aquellas primeras relaciones (platónicas o no), la confusión y angustia a veces de no saber con quien vas a estar acompañadx en un mundo que no entiendes para nada... la soledad, el miedo de arriesgarse a mirar o hablar a quien te gustaba... la inseguridad por tu cuerpo, tu personalidad. La torpeza, la ternura y la ingenuidad... la impulsividad y los cúmulos de energía que no sabías hacia donde dirigir...
Si gustan escucharla está en casi todas las plataformas que de seguro ya deben conocer al revés y al derecho jejeje.
En fin les dejo.
Cariños :)
Out of time
Do you know?
Do you know?
Time is running out for me and you
So what you gonna do?
Yeah I know, yeah I know
We just met, but I made my mind on you
And I hope you feel it too
Just take my hand
May I have this dance tonight?
Just take a chance
Before we run out of time
This one moment
That only comes once in a life
Let's fall in love, before we run out of time
Just take my hand
May I have this dance tonight?
Just take a chance
Before we run out of time
This one moment
That only comes once in a life
Let's fall in love, before we run out of time
Run out of time
Run out of time
Do you know?
Do you know?
Just how hard it is
To play cool, when I'm with you
I love the way moonlight bounces on your summer dress
And pretty eyes shine from the darkness
Only you
Just take my hand
May I have this dance tonight?
Just take a chance
Before we run out of time
This one moment
That only comes once in a life
Let's fall in love, before we run out of time
Run out of time
Run out of time
