Disclaimer: Crepúsculo es de Stephenie Meyer, la historia de Silque, la traducción es mía con el debido permiso de la autora.

Disclaimer: Twilight belongs to Stephenie Meyer, this story is from Silque, I'm just translating with the permission of the author.

Capítulo traducido por Yanina Barboza

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POV Bella

Vi a Edward desaparecer por un pasillo con su padre, y traté con todas mis fuerzas de no estar nerviosa, sentada con su madre y su hermana, dos de las mujeres más hermosas que he visto en mi vida. Esme se sentó a mi lado en el sofá y sirvió té de una hermosa tetera de porcelana en una taza de porcelana igualmente hermosa. Me invadió el miedo irrazonable de aplastar la pieza que tenía en la mano si intentaba sostenerla.

¿No dejaría eso una gran primera impresión en la madre del amor de mi vida?

—¿Crema y azúcar, Bella? —Esme me sonrió expectante con los mismos hermosos ojos color miel que el resto de ellos.

—Uno de azúcar, sin crema.

—Entonces, Bella, cuéntanos un poco sobre ti. ¿Alice mencionó que haces algún trabajo de caridad? —dijo agradablemente. Ah, algo de lo que podía hablar con algo de conocimiento. Charlamos sobre el trabajo que hacía en el hospital infantil hasta que los otros hermanos de Edward regresaron del piso de arriba.

—Entonces, Bella —dijo Emmett astutamente—. ¿Saliste con muchos otros monstruos sobrenaturales antes de conocer a nuestro Eddie? —se rio.

Así que así iba a ser. Sin embargo, tenía calado a Emmett, gracias a que Edward me lo advirtió.

—Bueno, tuve algo con este tipo zombi, y hubo un hombre lobo en la escuela secundaria, pero realmente me gustan los vampiros. Siempre quise salir con uno, especialmente después de ver The Vampire Diaries. Ese Damon Salvatore es bastante sexi, ¿no crees? —Bebí tranquilamente mi té, sonriendo un poquito.

Esme intentó ocultar su sonrisa ante la mirada amarga en el rostro de Emmett, pero Alice y Jasper no se molestaron, riéndose a carcajadas.

—Ella es una fiera, Em. Será mejor que tengas cuidado con esta —se rio Jasper.

De repente, el sonido del padre de Edward bramando dividió el aire. Lo que sea que Edward estuviera diciendo, y yo no era estúpida, así que sabía que se trataba de , realmente había disgustado a su padre.

—Um... ¿Edward está en problemas por traerme aquí? —Empecé a pensar cómo podría volver a casa, si tenerme aquí era un problema.

—Para nada, querida —tranquilizó Esme, acariciando mi mano y sonriendo serenamente—. Eres una bocanada de aire fresco. Cualquiera que sea el problema, estoy segura de que no es nada de qué preocuparte.

De repente, Alice sonrió, Jasper asintió y Emmett me miró con un brillo en los ojos, reprimiendo una risa. Rosalie le golpeó la nuca y él resopló:

—¡Está bien! —Era como si estuvieran respondiendo a una conversación de la que yo no estaba al tanto. Muy raro.

Edward y su padre regresaron a la habitación en ese momento, y nunca me había sentido tan feliz de ver a alguien en mi vida. Vino directamente a mi lado y besó mi frente.

—¿Todo bien aquí, amor? ¿Mi familia se está portando bien? —Miró a Emmett y Jasper por turnos.

—Todo está genial, cariño. —Mierda, tenía que decir eso delante de sus hermanos. Por no hablar de su madre. ¡Oh, mira! Estoy roja otra vez. Me apresuré a cambiar de tema—. Supongo que debería ir a desempacar...

—¡Todo listo! —chirrió Alice—. Puse toda la ropa de Edward en el lado derecho del armario, la tuya está en el izquierdo. Y puse una segunda cómoda en su habitación, para tus cosas. Debo decirte que tienes un gusto maravilloso para la ropa. —Miró a Rosalie—. ¡Ella compra en La Perla y sus zapatos son para morirse! —Ella me miró—. Aunque noté que prefieres los tacones más bajos y los zapatos planos. ¡Pero podemos trabajar en eso! —Oh, genial. Quiere ponerle tacones altos al ser humano que desafía al equilibrio.

Rosalie puso los ojos en blanco y continuó luciendo aburrida. Bueno, el resto de la familia era cálido y amigable. No podía quejarme de nada si solo no le agradaba a uno de ellos.

Un camión se detuvo en el camino de entrada y Alice se levantó de un salto, aplaudiendo.

—¡La cama está aquí! —Corrió hacia la puerta principal y yo me levanté.

—Me encantaría darme una ducha, si te parece bien.

—Por supuesto, amor. Ven, te mostraré nuestra habitación. —Nuestra habitación. Reprimí un pequeño escalofrío cuando dijo eso—. Instalaremos la cama mientras te refrescas. Después, te daré un recorrido por la casa. ¿Te gustaría eso? —Él me sonrió.

—Me gustaría, gracias.

Subiendo dos tramos de escaleras, llegamos a una puerta al final de un pasillo. Cuando Edward la abrió, me llamó la atención inmediatamente la ventana del tamaño de una pared que daba al bosque y al río Sol Duc, con la cordillera Olímpica en la distancia. Toda una pared estaba cubierta con estante tras estante de CDs, y había un sistema de sonido de aspecto sofisticado en la esquina. Los únicos muebles de la habitación eran un pequeño escritorio, dos cómodas pequeñas y un sofá de cuero negro colocado frente a la ventana.

Edward fue a una de las cómodas.

—Tus cosas están aquí. —Se dirigió al armario y abrió la puerta—. Como dijo Alice, el resto está aquí. Conociendo a mi hermana, estoy seguro de que todos tus... um... artículos de tocador están aquí. —Abrió la otra puerta, revelando el baño.

Caminó hacia mí, todavía de pie en el centro de la habitación, y me tomó en sus brazos. La sensación de estar abrazada a su sólido cuerpo me ayudó a centrarme. No me había dado cuenta de que me sentía un poco abrumada y su toque me calmó. Levanté mis ojos hacia los suyos.

—Todo está bien, ¿verdad?

—¿Por qué no? Estoy en casa, mi familia ya te ama y yo te adoro. Todo es perfecto. Ahora te dejaré con eso. Quiero ayudar a descargar la cama, en caso de que mis hermanos decidan ser creativos. —Me guiñó un ojo, rozó mis labios con los suyos y se fue.

El baño era tan lujoso como cualquiera que se encuentre en un hotel de alta gama. Había una ducha con mampara de vidrio y una bañera profunda, dos lavabos y todo estaba revestido con un rico mármol veteado en oro. Era un baño de ensueño. Miré la bañera con nostalgia. Otro día, suspiré para mis adentros, y me giré para abrir el grifo de la ducha. Había una ducha tipo lluvia y varios cabezales corporales. Hermoso. Estos vampiros creían en mimarse.

Me quedé en la ducha, lavándome y acondicionándome el cabello, afeitándome varios lugares y tomándome mi tiempo para deshacerme de la sensación rancia de estar en un auto durante tres días. ¡Una chica podría acostumbrarse a esto!

Después de secarme el cabello y vestirme con ropa limpia, regresé al dormitorio, esperando ver un caos por la instalación de la cama. Para mi sorpresa, la cama estaba armada, e incluso tendida con un bonito edredón dorado, un tono más claro que la alfombra, y nada menos que seis enormes y mullidas almohadas.

La cama en sí era preciosa; de hierro forjado negro y macizo. El marco estaba retorcido con enredaderas de hierro en cuatro postes altos, acentuados aquí y allá con rosas de hierro fundido. Formaba un enrejado en lo alto, con hojas y rosas creando un efecto de enramada.

¿Se suponía que debía dormir sola en una cama tamaño king? Edward no dormía. Ninguno de ellos dormía. Quizás pensaron... oh, Dios mío. Me sonrojé como un tomate, incluso sin que nadie estuviera allí para verlo. Entonces me pregunté quién había ordenado realmente esta monstruosidad y me sonrojé aún más.

Tenía que admitir que el hecho de que fuera una cama tamaño king me hizo ilusionarme un poco. Y entonces recordé lo caballero que era mi Edward eduardiano y aplasté esas ilusiones. El germen de una trama empezó a multiplicarse en mi cabeza. Nunca antes había seducido a un hombre, principalmente por falta de oportunidades. No había chicos con quienes practicar en mi internado para niñas. No sabía nada sobre seducción, pero estaría dispuesta a apostar que Alice sí...

Regresé a la sala y encontré a toda la familia reunida una vez más. Los ojos de Edward se iluminaron cuando me vio. Me asombraba saber que podía tener ese efecto en este hombre hermoso y perfecto.

—¿Te sientes mejor, amor? —Edward me sonrió.

—No tienes idea —le devolví la sonrisa.

—Bien. Mis hermanos y yo iremos a cazar con papá. Solo deberíamos ausentarnos por unas horas. ¿Te parece bien?

—Está bien. Debes estar muriéndote de hambre. Ve. Come. —Hice un movimiento de espantar con mis manos, lo que hizo sonreír a Esme.

—Tuviste mucha suerte de encontrarla, hijo. Es una joya —dijo Esme. Solo pude sonrojarme de nuevo y mirarme las manos.

—Si no lo sabré yo —sonrió y besó mi mejilla, y luego se fueron, corriendo hacia la puerta y hacia el bosque en un borrón.

La tarde transcurrió agradablemente conociendo a las parientes femeninas de Edward. Esme era cálida, amable y bastante divertida. Era muy maternal y me dolía la garganta al pensar en mi propia madre y en cómo la había perdido tan joven.

Alice era... bueno, Alice. Ya tenía visiones del viaje de compras de hermanas bailando en su cabeza. Literalmente. Dijo que nos vio en Seattle pronto, comprando durante todo el día. Ya estaba exhausta con solo pensarlo.

Luego estaba Rosalie. Ella no era mala ni nada por el estilo. Simplemente muy... reservada. Nunca ofrecía nada voluntariamente, pero respondía con bastante cortesía cuando se le preguntaba. Noté que ella casi nunca me miraba, al menos no cuando yo la miraba. La pillé mirándome por el rabillo del ojo y su expresión era extraña, por decir lo menos. Tenía tendencia a poner los ojos en blanco, especialmente a Alice.

Antes de darme cuenta, los hombres estaban entrando por las puertas del patio trasero, empujándose juguetonamente. Las horas habían pasado volando, muy probablemente porque había disfrutado mucho de la compañía de la familia de Edward. Edward parecía ligeramente sonrojado, supuse por la sangre que había ingerido, sus ojos de un dorado claro. Parecía tan joven en ese momento, lleno de felicidad, y mi corazón se hinchó de nuevo. Claramente estaba mostrando mis sentimientos abiertamente. Mi cara debió reflejar esa emoción, porque Esme me estaba mirando con una pequeña sonrisa en sus labios.

Alice corrió y saltó a los brazos de Jasper, Emmett levantó a Rosalie de su silla y Carlisle y Esme se encontraron en el medio de la habitación con un suave beso. Obviamente, una familia muy demostrativa, reflexioné, mientras Edward me levantaba del sofá y me llevaba a sus brazos.

—¿Tuviste una buena visita, amor? —murmuró contra mi cuello.

—Mmm.

Él se rio y levantó la cabeza.

—¿Eso es un sí o un no?

—Eso es un sí. —Lo miré tímidamente—. Creo que olvidaste un lugar. —Parecía confundido y me toqué los labios con un dedo—. Aquí mismo. —Felizmente rectificó su descuido. Todavía me maravillaba cómo unos labios fríos y de piedra podían crear tanto calor.

Curiosamente, ya me sentía muy a gusto aquí, en esta casa enorme, con una familia de vampiros. ¿Quién lo diría? También me sentía bastante cómoda envuelta en los brazos de este vampiro en particular.

—Ahora, ¿qué tal ese recorrido, cariño?