Avisos: relación y dinámicas tóxicas.
Law no creía en el amor a primera vista.
Tras años de estudios, desventuras con sus amigos y una larga lista de sucesos que prefería guardar para su intimidad, había llegado a la conclusión de que el amor era esa cosa secundarias que solo servía para estorbar los sueños de la gente. Eso no significaba que él fuera virgen, ya había probado relaciones y, honestamente, prefería seguir enfocado en cumplir sus metas.
Su nuevo compañero de piso, sin embargo, era todo lo contrario. No entendía muy bien que había estudiado y en que estaba trabajando, incluso a veces se le olvidaba su nombre, pero siempre evitaba pasar una noche solo. Tenía una novia guapísima, la cual le brindaba tantas atenciones que parecía su madre, mientras que las otras chicas solo pasaban una o dos noches con él, haciendo tanto ruido que se vio obligado a comprar unos auriculares para poder concentrarse.
No hablaban mucho, pero se toleraban hasta el punto de ayudarse de vez en cuando. Law veía en ese chico una persona emocionalmente inestable, que no sabía ni quería aprender a estar solo, acomplejado por algún pasado simplista y con un ego muy fácil de saciar. Por ello, creía que las chicas con las que se encontraba eran de aquellas fáciles que buscaban un alivio y él se sentía su héroe.
Debido a que sus amigos de fiesta le habían fallado, sin siquiera él esperarlo, había accedido a acompañarlo a un club donde solía encontrar aquellas chicas. La música lo aturdió, el alcohol le quemaba la garganta y solo tenía ganas de huir. Intentó varias veces salir de aquel lugar, pero siempre ocurría algo que lo impedía.
Hasta que la vio: una ardiente peli-roja bailar en mitad de la pista de baile. Su cabello brillaba con las luces del club, bailando en su propio compas con sus hechizantes pasos. Aunque lo que lo había terminado por encandilar era una gran y honesta sonrisa de oreja a oreja, que brillaba no solo por su perfecta dentadura, también por brillo de labios que reflejaba los neones del club.
Era la primera vez que notaba su corazón latir. El aire empezaba a escasear y notó algo golpear su caja. La música, la gente y todo lo que lo estorbaba se había borrado de un plumazo. El tiempo se estaba ralentizando y podía ver como ella seguía bailando en slowmotion.
Era amor a primera vista.
Estaba seguro de ello.
Dudo por un segundo en acercarse a tal sirena, pues no sabía como reaccionar. Se quedó congelado, observando como ella seguía con su desenfadado baile, como rechazaba hombres como quien rechazaba la publicidad callejera. Sonrió por un momento en su dirección y Law creyó ver pequeñas posibilidades...
Hasta que vio como su compañero de piso se la terminaba de llevar.
Law maldijo su duda y ahogó su fracaso en aquellos cócteles baratos, para no tener que escucharlos en la casa. Aunque, si lo pensaba bien, si se cruzaba con ella y resultaba ser solo una de sus noches, no era algo malo. Abrazó la idea de que fuera solo una noche, pues no le molestaba que solo la primera y única estuviera con aquel desvergonzado infiel.
Al llegar a la casa, notó que todo pensamiento estaba truncado. Se le hizo algo difícil de creer cuando vio que ella aceptaba ser la otra, bajo unas mentiras estándar fáciles de desmentir. Ella regresó una segunda vez y parecía querer hacerse el desayuno, inconsciente de que estaba sola. ¿Era una oportunidad? Decidió interpretar como que si e intentar un primer acercamiento.
Sin medir palabra, con su habitual rostro serio, se acercó y le tendió una taza.
"¿Café?" se le ocurrió preguntar, clavando sus orbes grisáceos sobre sus ojos marrones.
Se veía reflejado en un mar de chocolate, agitado del nerviosismo del momento. Era dulce, pero con un toque amargo de no comprender como reaccionar ante tal entrada. Esa reacción le gustó al peli negro. No pudo evitar una media sonrisa, algo orgulloso de crear una reacción en la peli naranja.
"Si tienes crema, claro que si" terminó por responder con una sonrisa que terminó por ponerlo nervioso a él "¿Qué hay para acompañar a este café?"
"Adam suele tener bollos para..." decidió cortar la frase.
En verdad él solo tomaba café negro, por lo que, lo poco que había para acompañar, era de ese cretino. Además, él ni siquiera desayunaba en la casa, siempre que su novia lo venía a recoger, ella le tenía una magnifico desayuno casero en una tartera con fresas del que solo unos pocos tenían el conocimiento de su existencia.
Por lo que esos bollos realmente eran para chicas como ella: sus ligues de una noche.
"Ya los buscaré"
Con aquella frase, Law comprendió que ella había captado el mensaje. Se veía una chica muy intuitiva, de rápidas decisiones. Eso hizo que, en un parpadeo, ella incluso sacara el azúcar que él no solía usar. Él lo rechazo con un simple gesto con la mano que tenía libre. Había sido algo frío, pero a ella no pareció importarle. Hablaron por un momento, para cortar el extraño silencio que se había formado entre ambos. Ahí conoció más en profundidad a la joven: sus metas, sus sueños... ella conoció los suyos, con un genuino interés que le conmovió.
"Tienes que sonreír más, si no ahuyentaras a los pacientes" le comentó con un tono jocoso
"Y nuestra querida profesora tendrá que usar algo para disimular esas marcas..."
"Señorita Nami, para ti" le respondió sacando su lengua
"Trafalgar D. Water Law"
"Traffy para los amigos" se burló ella de vuelta.
Ella terminó por despedirse con un amistoso golpe en su hombre.
Law sentía que las mejillas le ardían y fue corriendo a mirarse el reflejo en el espejo del baño: estaba completamente sonrojado hasta las orejas, a pesar de su serio rostro. Aquella chica le acababa de robar el corazón y no se había dado cuenta. Además, con ese primer desayuno, había corroborado su intención de buscarla en la noche para pedirle una cita.
Aunque grande fue sus sorpresa al ver como ella llegaba y pasaba de nuevo la noche con ese chico. Se puso los audífonos queriendo huir de su noche, aumentando el tono a un volumen nada recomendado para la salud. Se sintió frustrado, enfadado... le molestaba de sobremanera como aquella peli naranja, la cual había visto bailar libre y feliz, viviendo su mejor momento, subyugándose a la pasión de una noche con una persona que no la estaba valorando en lo absoluto.
Hasta que se quitó los audífonos y puso la oreja.
Por lo que estaba escuchando, él era quien estaba disfrutando más de ese encuentro. La escuchaba gemir sin control, era muy ruidosa. Por los golpes de la cama, los golpes y su voz, era muy fácil imaginar que estaba ocurriendo en esa habitación. Ella, desnuda, con el cuerpo perlado en sudor, arañando la espalda de él, dejando que su voz se fundiera con el crujir de muelles, completamente a merced de un mal lobo que prefería saciar su hambre a preocuparse de que ella también gozara. Claramente notaba que ella se estaba dejando hacer, retorciéndose para alcanzar algo que, a él, no terminaba de saciar y cambiaba a su antojo.
Maldijo su estampa: estaba excitado de imaginarse ser él tocar los puntos que de verdad la harían tocar el cielo con la yema de los dedos. Su mano actuó sola contra su entrepierna, mientras su mente trabajaba en crear esas escenas.
Y aquello se repitió varias veces.
Ella ya le había confesado que amaba a ese sinvergüenza, que creía en sus promesas y como ambos la estaban pasando bien. Parecía embrujada por sus palabras, besos y caricias, repitiendo como un mantra cada palabra que él le había dedicado para hacerla sumisa y completamente dependienta de él. La había hechizado y, con un par de malas mentiras, la mantenía a su lado todas las noches posibles.
Law solo podía disfrutar de unos desayunos en lo que, con una malicia bien calculada y con la gran intención de sembrar la duda, fue dejando pequeños comentarios que hicieran tambalear su fe por él. Ponía en jaque todas las frases que le había llegado a escuchar, cuestionando lo sano que era esa relación, pero solo logrando negativas,
"Es amor, Law" respondía siempre antes de marcharse, como si aquello fuera la respuesta mágica a todo, con una sonrisa que, a cada vez, se iba apagando más y más.
¿Amor?
Aquello no podía ser amor. Él siempre la llamaba, le enviaba mensajes y le daba una falsa sensación a correspondencia que rompía con su verdadera naturaleza. Apagaba su estrella sin necesidad de golpes o insultos, solo le bastaba mentir y prometer con que ella algún día lograría ser su única mujer en el mundo. Palabras, comentarios y sesiones de sexo que solo la subyugaban a los caprichos de un bocazas. Apagada, asentía con fuerza, queriendo aferrarse a esa falsa esperanza.
Era la primera vez en su vida que Law pensaba en verdad matar a alguien. Sintió una negra energía emerger dese un rincón que desconocía. Tan solo debía darle una sobre dosis, manipular el examen del forense y consolar a la peli naranja. Así le quitaría el dolor del corazón, sin usar su bisturí. También podía matarlo en el baño y fingir que había sido el casero, harto de los retrasos del alquiler por su parte. Mil ideas cruzaron su mente.
¿Qué lo detenía?
Ah, sí, el sentido común. No podía matar a nadie de un impulso, sin haber preparado todo antes.
Pero quería que Nami sintiera algo de esa maldita tormenta que había creado en su interior. Nunca imagino que, alguien como él, pudiera pensar en el concepto del amor como algo real. Que el amor a primera vista fuera algo real y multifacético, capaz de hacerlo pensar en ella las veinticuatro horas del día y soñar con tantas posibilidades con ella que se llegaba a marear. Nunca se había imaginado sonriendo con alguien en las mañanas, hablar de tantas cosas... reír siquiera era algo nuevo en su vocabulario. Sentía que se habían implicado en ese asunto tantos factores que todo él estaba comprometido. No había medicina alguna para arreglar aquel desastre hasta que la viera a su lado por siempre jamás.
Simplemente, Law se había perdido en ella.
Se había enamorado.
Por lo que simplemente, cambio de estrategia.
Simplemente plantó la idea en la novia de pasar una cena con él en la casa. Si eran pareja, ¿dónde estaba el problema? Ella, con una sonrisa, aceptó y siguió sus buenos consejos, para que comieran algo casero en el piso compartido. Además, la animó a hacerlo más seguido, con una lista de consejos vacíos con los que la joven solo sabía asentir. Si que le pidió que no le dijera que era él quien le dio la idea, algo que la chica cumplió con una sonrisa, agradecida por su desinteresado gesto.
También estudió el horario laboral de Nami, su rutina diaria, sus amistadas... Las charlas y seguirla en su trabajo y casa fueron como un maldito videojuego, sencillo. Ella no se había dado cuenta de que tenía una segunda sombra, imitando cada gesto. Sabía los nombres de todos los niños a los que le daba clase, sus padres, las redes sociales del mismo colegio, como se llamaban sus amigos, sus alergias, que doctores los atendían y cuales eran sus correspondientes parejas. Se hizo con el entorno de la peli naranja para saber su opinión de aquella relación y si no debía cambiar nada de ello para que, cuando llegara él como su nuevo chico, no fuera a rechazarlo.
Ese rompecabezas fue muy fácil de armar y, en un breve parpadeo, se encontró con el día de la primera cena de la pareja con la amante.
Ver el desencajado y molesto rostro de Nami durante la cena, fue hilarante. Además, se dio la libertad de autoproclamarse su novio, con la excusa de que la chica no los pillara. No era la opción que más le gustaba, se sentía un segundo plato que nadie quería repetir, pero le dio una oportunidad que no tardó en aprovechar. Decidió ser todo lo contrario a él, mostrando que tan bonita podía ser una sana relación, algo que se sintiera simplemente bien. Demostrarle que ella no era un objetó en la cama... era una agradable compañía.
Ella se quedó dormida sobre él. Se fijó en su calmado rostro, en como sonreía y murmuraba en sueños algo sobre unas mandarinas. La acomodó en su cama y la abrazó. Era cálida y ese mismo aroma cítrico lo embrujó. No pudo evitar robar un simple roce la labios, a modo de consolación y deseando que, al despertar, esa noche hubiera servido de algo. Robo otro más, sediento, hasta que se dio cuenta que eran tantos que sus labios empezaban a estar secos, pero ella simplemente no despertaba.
Comprendió porque él no la podía dejar marchar, era una sensación tan agradable y reconfortante dormirse a su lado que se hacía adictivo. Era la primera vez en mucho tiempo que se quedaba dormido, en un sueño del que no se acordaba.
Fue como un balde de agua fría verla de nuevo con ese imbécil.
No pudo evitar interrumpir la escena y darle una mala mirada. Había destrozado sus pequeños avances con un asqueroso y sediento beso, aun con el sabor de la verdadera novia en la boca. En cuanto volvió con ella, no pudo reprimir sus celos, con aquellos comentarios directos y creando una conversación de la que ella no podía salir.
Ella sonrió y su corazón se olvidó de latir por un segundo.
Su esperanza se vio incrementada al ver como él se quedaba solo esa noche. Nami no vino en esa ocasión y lo veía insistir al teléfono, con palabras que solo le daban gasolina para matarlo. Nunca sintió impulsos tan fuertes de coger un cuchillo y dejarlo sangrando en el sofá. De romper su cuello o colgarlo de su habitación. Algo, lo que fuera para que dejara de escribir con aquella fuerza a la peli naranja.
"¿Te pasa algo, doc?" preguntó de mala gana el chico, rompiendo el hilo de sus pensamientos
"Nada... demasiado trabajo" puso de excusa mientras buscaba su taza de café
"Gracias por cubrirme con Lily" le dijo de pronto "pero no hacía falta que le dijeras que ella es tu novia"
"No te preocupes, fue lo primero que se me ocurrió"
"Ella es mía" recalcó con cierto tono posesivo por el que Law sintió que su sangre hervía.
Trafalgar se tragó una respuesta honesta, en el que lo llamaría todo lo que se merecía y más. Simplemente se despidió y se encerró en su habitación. Aun Bepo tenía el aroma de Nami y su contacto le recordó a la noche que habían pasado juntos. Se durmió abrazado a él, deseando que ella no regresara con él y le diera una oportunidad.
Ella regresó con el imbécil.
Le dijo tal cantidad de frases vacías que tenía miedo. Su mirada volvía a apagarse y repetía cada palabra queriendo más convencerse a si misma que a él. Insistió una vez, queriendo que viera la realidad, pero parecía cegarse con ahínco, con miedo a quedarse sola, como si todo aquello fuera real. Estaba en una rueca del que no quería salir.
Simplemente estalló.
No podía escuchar aquello por un segundo más. Le gritó todo aquello que veía, en lo patética que se veía detrás de un hombre con novia. Ya solo quedaba la sombra de aquella chica que lo había hechizado aquella noche y parecía que quería quedarse en aquel estado por una falsa promesa. Era la primera vez que sentía que no podía estar en la misma sala que ella, escuchando aquella sarta de mentiras.
La dejó con la palabra en la boca y deseó que, en ese tiempo que iba a marcharse a trabajar, reflexionara sobre sus palabras. Que ese empujón le sirviera para poder ver más allá y recuperar ese orgullo y libertad con el que bailó esa noche.
Solo en ese momento entre los apuntes que tenía de estudiar la vida de la persona que le había robado su corazón, se dio cuenta de que a Nami si le gustaba cierta dinámica la cual ese bocazas no sabía aprovechar. Quizás, su estrategia debía cambiar y ser ese tipo de chico posesivo, pero sin terminar de humillarla.
Antes de poder acceder a su casa, nada más bajar de su coche, su compañero le dio un golpe. El brillo de ira en sus ojos delataba ser conocedor de sus pasos y las palabras que había compartido con la peli naranja, algo a lo que le restó importancia con su semblante carente de emoción.
"A ti te gusta mi chica, ¿verdad?" preguntó de forma directa, mientras lo agarraba de las solapas de la camisa
"¿Cuál de las dos?" preguntó con una sonrisa socarrona
"Nami es mía"
"¿Se lo has dicho ya a tu novia?" preguntó al ver que le daba la espalda y se marchaba a la entrada del edificio. Este lo soltó de mala gana. Law no pudo reprimir esbozar una sonrisa antes de recibir un puñetazo.
Él no se quedó corto y se la devolvió. A diferencia de él, este calló al suelo. Era un buen momento para acabar con él, atropellarlo o algo, hacerlo desaparecer del mapa... pero simplemente le dio una patada en su costillar antes de entrar en el edificio. Aun no era el momento y sabía que habían demasiadas cámaras de seguridad que grabarían el crimen.
Molesto con la situación, decidió que ese día no iban a estar mucho tiempo con la pareja. Quería disfrutar de todo el tiempo posible con ella, hablar, abrazarla de algún modo, preguntar que veía en ese cretino, hacer que ella solo pudiera pensar en el buen tiempo que estaban pasando juntos, que alguien más se interesaba por ella y que podía tener una relación de verdad.
En cuanto se quedó dormida, la acomodó y le susurró su verdad más honesta, con el robo de besos de los que ella jamás sería consciente. No se conformaba con esos furtivos momentos, quería todo de ella: sus sueños, esperanzas... absolutamente todo, pero no comprendía como era que se aferraba con tal fuerza a un imposible.
Que no abrazara a su oso Bepo, que lo abrazara a él tan fuerte que comprendiera que todo entre ellos todo podía ser real.
Ni a la mañana siguiente, siendo la única espectadora de un beso honesto de una pareja donde ella era la que perdía, la que se torturaba queriendo romperla, la número dos, ella no dejaba de repetir que él la amaba.
Law trago seco, viendo como era ella quien semarchaba, temiendo seguir con la conversación al ver que hasta sus propiosargumentos ya no hacían nada para mantener aquella ciega fe en un fallidointento de relación.
¿Cuánto tiempo más estuvieron en esa dinámica?
Ya había llegado primavera y estaba pronto a terminar su etapa de interino. A pesar de prometerse a si mismo que no se dejaría arrastrar por esa obsesión por Nami, no podía dejar de pensar en ella. Seguía siendo ese falso novio a ojos de la verdadera novia, ayudando a limpiar las lágrimas que aquel idiota había creado. Aquel océano de chocolate no existía más en sus ojos, solo un seco terreno infértil, buscando el agua en las manos ajenas. Law sentía que había esperanza, pero ella no quería terminar de creerlo y eso solo lo hacía intentar de mil maneras.
Ya que, a pesar de saber como podía utilizar las mismas palabras para manipularla emocionalmente, sentía que no debía hacer aquello. Él quería todo de ella, hasta ese brillo en los ojos y con aquellas mentiras sabía que solo encerraba más a aquella gata salvaje de la que se enamoró a primera vista. Y esas fibras, esas conexiones dentro, lo que la hacían verse en su mejor momento, solo se lograba si ella lo daba.
Harto de la dinámica, decidió adelantar sus planes de huida. Con ayuda de sus verdaderos amigos, buscó otro piso que pudiera pagar solo y empezó a recoger. Le avisó a Nami que se marcharía pronto con una mentira, deseando que eso aflorara algún interés. Dio otra sana mentira a la novia para animarla a que interviniera en su falsa relación cada vez con mayor intensidad, a lo que la chica accedió, emocionada de ayudarlo.
Esa noche, ella hizo una inocente pregunta: ¿Un beso?
No era la forma en la que se imaginaba que iba a intervenir y mucho menos la forma en la que tendría un primer beso consciente de Nami, pero lo agradeció. El sabor de las mandarinas contaminó todo su paladar, intoxicándolo por completo. De la misma forma, hizo que Nami probara de su café, creando una unión momentánea de la que nunca se podría escapar.
Era mejor de lo que jamás había imaginado. Incluso que esos tantos besos robados.
La sacó de aquel lugar, al verla tan alterada.
¿Por fin estaba teniendo un genuino interés por él?
"¿Por qué me has besado?" preguntó ella de pronto, con un tierno sonrojo
"¿No es evidente?"
Law quiso añadir el porqué, como ella había conquistado cada fibra de su estúpido ser y necesitaba ver de nuevo a la maravillosa peli naranja que bailaba libre y feliz en la discoteca en vez de la sumisa que se arrastraba por los labios que le pertenecía a otra. Aunque prefirió no ser directo.
Ella no captó la indirecta.
Molesto, simplemente decidió que lo mejor era marcharse cuanto antes de aquella casa y olvidarse de todos ellos. Law no era una persona que fuera sumisa, suplicante y perdidamente enamorada. Él si tenía un poco de ese amor propio y odiaba verse en esas tesituras. La iba a acompañar a su casa, a pesar de que estuviera lloviendo. Sin querer marcharse sin sacar todo aquello de lo más profundo, durante la caminata a su casa, decidió iniciar su torpe confesión. Al ver su rostro, comprendió que algo hizo clic en ella. Una conexión que llevaba perdida por mucho tiempo y necesitaba de ese empujón que le había dado para despertar.
"¿Te intereso?" su pregunta se perdió entre la lluvia y el balbuceo, pero Law la captó al segundo
"Desde el primer maldito momento has dejado una gran impresión en mí"
Con aquella frase, dejó caer el paraguas y acarició su mejilla, sin importar empaparse. Le limpió las lágrimas, aquellas mismas que estaban regresando la vida a sus bellos ojos marrones. Se fijó en cómo, con su ayuda, era capaz de ver ese significativo regalo que le dio la primera vez como unas esposas que la encadenaban a una tóxica relación. Law sonrió y le dedicó las palabras más significativas que le podían dar, deseando que por fin diera el paso que necesitaba para regresar a ser aquella chica que vio por primera vez y si quería en su vida por y para siempre.
"Vales mucho, Nami-ya"
Law no se esperó para nada el espectáculo que la peli naranja les dio en la cena. Con una orgullosa sonrisa disfrutó de cada segundo, de como revelaba finalmente a la pobre novia como le había puesto los cuernos con ella. Le encantó ver como le daba todos los regalos y se burlaba, pero mucho más, la guinda de todo fue aquella sonora bofetada.
No podía evitar atribuirse ser el director de aquella escena de telenovela, pues ella había mencionado que fue la lluvia quien le enseño como alguien más la podía querer de verdad. Por fin lo había tenido en cuenta y para ello no necesito de largos y babosos besos o noches en cama.
Al quedarse los tres solos, él quiso marcharse a recoger, pero ella le cogió del brazo. Vio la mirada suplicante de ella, pidiendo que todo fuera una mala mentira. Law no tuvo lástima, pues vio en ella esa ansiedad por querer perdonar a alguien que la veía como su mascota. Su compañero también lo recriminaba, ya que, con las palabras de Nami, había deducido que él tuvo mucho que ver.
Y no le daba vergüenza admitirlo.
"Si le vas a perdonar, espérate a que me marche... pero es verdad. Tu novio siempre le prometió el sol, lástima que siempre llegue la noche, ¿no?"
Aun se acordaba de aquellas sabias palabras. Y, si lo pensaba más, tenía nubes y otros rincones de la tierra para evitar darle un rayo a cualquier persona. No iba a estar eternamente a su lado y, por fin, Nami veía que no podía seguir esperando a que reapareciera con todas esas falsas promesas.
A los días siguientes, decidió no atender a las llamadas de Nami. No era que la quisiera evitar, tenía que centrarse en la mudanza y en terminar ciertos asuntos antes de ir a verla. Además, no quería ser un hombro en el que llorara. Ya conocía esas historias y sabía cómo terminaban: con férreas amistades. Law sabía que, si le daba un pequeño consuelo, jamás sería algo más que un amigo.
Aunque la ignorara de forma directa, aun veía sus redes y sabía de todas sus rutinas. Miró sus redes sociales y las de sus amigos. Se la veía bien, con filtros, usando ropa que con el bocazas jamás había vuelto a usar... pero podía ver todavía esa tristeza a través de la pantalla.
Espero paciente antes de ir a su puesto de trabajo a pedirle una cita.
Si quería empezar una sana relación con ella, lo quería hacer bien desde el principio.
Y esperó con ansias en la puerta de su trabajo, con una pequeña invitación. Él sabía que nunca la había invitado para tomar algo a la vista de todos... bueno, siempre había una primera vez.
N.A. Con esto, terminamos este experimento.
¿Por qué Law? Este personaje siempre me ha causado un gran interés por muchos motivos, pero para esta historia, buscaba a alguien complejo como él, con un lado oscuro de esos difíciles de escribir. Él no es de los que se prestan a ayudar con el corazón abierto o de forma impulsiva como Luffy y, en cierto modo, busco ese personaje que tiene siempre oscuras intenciones.
