Un imp no podía haber nacido con mejor fortuna. Fizzarolli no sólo gozaba con un talento nato, que había podido desarrollar desde muy pequeño, sino que había sido descubierto por una de las más importantes y exitosas eminencias de todo el inframundo. Mammon, nada más y nada menos que la representación de la Avaricia, llegó a enterarse de la existencia de ésta criatura maravillosa y que la misma, se presentaba en un circo inmundo. Por lo general, el pecado solía enviar a sus esbirros a verificar estos extraños casos, para corroborar si valía la pena prestarle minutos de su atención, así como introducirse en la labor de capturar al talento en bruto para posteriormente, sacarle el mayor de los provechos. Y así lo había efectuado observando todo desde su lujosa mansión. Pero mientras miraba de reojo el espectáculo del joven Fizzarolli, desde el portal que había conectado al medallón que tenía su bufón en la frente, el demonio tuvo que hacer acto de presencia ¡Y qué gran espectáculo había dado! Apareciendo en medio de la carpa con aquel fuego dorado que por casi rostizó a un par de trabajadores del circo. Por suerte, el propio Buckzo se había arrojado lo suficientemente rápido antes de que las llamaradas lo alcanzaran y lo carbonizaran más rápido que al resto, debido al alcohol que solía derramar en sus ropas cada vez que sacaba la licorera del bolsillo de su saco, para darle un pequeño trago.
Con su enorme tamaño y su deslumbrante brillo, era natural que algunos temieran por su vida, pues no era cosa rara que algún demonio se antojara de iniciar una masacre antes de irse a almorzar. Mammon entonces, se agachó un poco, para mirar a Fizzarolli, el único que permanecía en su sitio, observándolo con los ojos abiertos como platos. Nunca en su vida se imaginó que podría ver a aquel pecado tan cerca y mucho menos, que el mismo le hablase directamente. Parecía un sueño hecho realidad o una ilusión malvada de su subconsciente.
- ¿Tienes miedo? – Fue la pregunta que le hizo el gigantesco ser, con una gran y perturbadora sonrisa.
Aquel imp, acostumbrado al acto y a estar de pie en el escenario así el estómago lo tuviera revuelto y sus piernas, le temblasen como fideos, respondió sin apartarle la vista, con un tono de voz que trataba de sonar decidido, pues se notaba en extremo forzado.
- …Jamás.
Debido a su satisfactoria respuesta, la sonrisa torcida de Mammon se extendió por completo en aquel rostro gordo y deslumbrante.
Así luego, con sólo el extender de su mano, el pecado hizo aparecer una bolsa que ocupaba por completo el tamaño de su palma y la dejó caer al suelo. El sonido que hizo fue estrepitoso, como si hubiese arrojado un yunque. La bolsa estuvo a escasos centímetros de aplastar a Buckzo, quien se apresuró a abrir la misma en cuanto salió de su estupor para entrar luego en asombro… Dinero, muchísimos billetes enrollados entre ellos para que hicieran más bulto, se mostraban descarados ante los ojos del imp anciano que no se podía creer lo que tenía entre sus manos.
- Ni una moneda más. – Anunció Mammon mientras agarraba a Fizzarolli como si las puntas de sus garras, fuesen parte de una máquina de feria cogiendo al peluche deseado.
Nadie dijo ninguna otra cosa. Nadie se negó. Nadie hizo nada.
Fizzarolli, muerto de miedo pero sin demostrarlo, se dejó llevar. Buckzo, hechizado por el dinero, no pensaba en nada más que en la fortuna que acababa de obtener y que era sólo suya. Y el pequeño Blitzo, sólo miró como su único amigo en todo el infierno, desaparecía ante sus ojos, llevado por un fuego dorado, luego de haber sido vendido a un buen postor.
Más o menos así fue el primer encuentro entre Mammon y Fizzarolli. Al principio la representación de la Avaricia lo trataba con mano firme, haciéndolo ensayar por horas hasta desmayarse del cansancio, comer las sobras que dejaba el otro e incluso, lo ponía a hacerle masajes… y Mammon, con su enorme cuerpo, necesitaba de mucha fuerza para quedar satisfecho con los frotamientos, así que el pobre Fizzarolli terminaba completamente deshecho al acabar. Eso si no era aplastado por algún rollo de grasa.
Pero eso ya formaba parte del pasado. Luego de años bajo una disciplina tan espantosa y extenuante, estando al lado de Mammon prácticamente a cada momento, no sólo desarrolló en el imp una extraña relación de admiración hacia el demonio dorado, sino que el mismo, acabó por adquirir muchos de sus hábitos y mañas.
Por ejemplo, aunque no había necesidad de contar el dinero manualmente, Mammon tenía afición de hacerlo, como una especie de fetiche sexual. Sin saber en qué momento, Fizzarolli acabó metido en ese deleite morboso y bizarro, pues había adquirido una habilidad increíble para contar los billetes rápidamente sin enredarse, pasándolos entre sus dedos con una maestría tal, que no sería exagerado decir que Mammon llegaba al mismo orgasmo de sólo verlo.
- Has lo tuyo, pequeño.
Le decía entonces cuando lo mandaba a llamar, mientras comía dulces manjares y bebía de los mejores vinos. Fizzarolli entonces tomaba la faja de billetes y comenzaba "el acto". Las primeras veces, había quedado con los dedos entumidos por andar por horas en esa tarea absurda de pasar billetes, simplemente para que Mammon pudiera dormirse por el dulce sonido que lograba hacer con sus dedos rozando el papel. Y aunque podía disponer de una grabación del sonido de su manía favorita, la representación de la Avaricia se negaba a ello y le encomendaba a Fizzarolli ese trabajo horroroso. Por suerte, no era todo el tiempo. Pero extrañamente, el imp había encontrado su propio deleite en contar una y otra vez aquellos billetes, en un bucle extenso y sin sentido. Pronto, los ronquidos del pecado, que quedaba completamente rendido ante el arrullo de la bizarra "canción de cuna", dejaron de parecerle insoportables.
Su éxito, no sólo había contribuido en el buen ánimo de Mammon, sino en su disposición de verlo más como una especie de aprendiz, que un simple esclavo al cual exprimir hasta sacarle la última gota de ganancia. Únicamente que ésta información era desconocida, no sólo por Fizzarolli, sino hasta para el propio pecado, ya que Mammon se negaba a admitir que algo o alguien, le importase igual o más que el dinero. Pero eso no significaba que así lo fuera ni que no se dejara en evidencia.
- Ya vas a ver cómo te vas a divertir. – Mencionó Mammon, luego de acariciar el mentón de Fizzarolli y de colocarle en los labios, una pastilla. – Un pequeño regalito, para mi monedita de oro. – Agregó finalmente tras guiñarle un ojo.
Aquel apodo era el que le había dado Mammon luego de haberse ganado a pulso, una reputación en el amplio escenario y otorgarle jugosas ganancias. Fizzarolli se tragó aquello que le había dado sin pensarlo. Cuando hacía un "buen trabajo", solía premiarlo con cosas, pero sus favoritas eran los estupefacientes. Después de todo, los necesitaba para poder seguir un ritmo de vida tan superficial y desgastante.
En aquella oportunidad, se habían dirigido hasta el anillo de la lujuria. Mammon lo transportaba en el hombro como si fuera el loro de un pirata y el imp, permanecía sentado, llevando un traje brillante, que le demostraba a cualquiera que lo viera, que era una posesión valiosa, única e inigualable. Y no le importaba ser visto de esa forma. Tenía una vida difícil, pero era lujosa y ya contaba con dinero suficiente para retirarse y vivir cómodamente…
No obstante como suelen hacer las manzanas podridas, Fizzarolli había sido seducido por la codicia y deseaba tener más dinero. Así que no perdía la oportunidad de aprender de Mammon todo lo que pudiera y tragarse todo lo que le diera…
Por otro lado, los socios comerciales eran de suma importancia y como siempre decía Mammon: "Todo mundo tiene su precio", por lo que era necesario estudiarlos y saber encontrar el modo adecuado para sacarles el dinero. Ese era su trabajo, puesto que con los años, Fizzarolli había desarrollado un ojo casi clínico para estafas, hurtos y chantaje.
Sin embargo, aquel viaje hasta ese anillo, no era más que por mero entretenimiento… o eso era lo que le había dado a entender Mammon. Darle un obsequio de ese tipo, no era algo extraño. Sin embargo, si era la primera vez que asistía a una fiesta dada por nada más y nada menos que la representación de la Lujuria.
Ah… el gran Asmodeus. El demonio conocido por tener orgías masivas en sus palacios como si buscara de satisfacer una sed insaciable… Y es que así era. La naturaleza de los pecados, los llevaba a sumergirse de lleno, hasta quedar asfixiados… Así que ¿Qué mejor forma de ahogarse, que haciéndolo de forma estrafalaria? A Asmodeus le gustaban las fiestas y no conformándose con los múltiples clubes nocturnos que poseía, no sólo en su anillo, sino en el de los demás pecados, hacía reuniones privadas a las que solía invitar a posibles conquistas. Eso y hacer reuniones de negocios. Pues, como era de esperarse viniendo de una criatura como esa, el ambiente juerguista y sexual, siempre lo hacía pensar mejor.
- Quédate cerca. – Comentó el demonio dorado mientras dejaba a Fizzarolli en el suelo de aquel enorme salón de fiesta, abarrotado de demonios olorosos a sexo. – Si tienen la oportunidad, te usarán como muñeco inflable.
Fizzarolli no contestó nada. Entre el bullicio, era difícil oírse. Sin mencionar que el ambiente festivo y la droga en su organismo, había generado un incontrolable deseo de ponerse a bailar en medio de los demonios que parecían estar arremolinados los unos con los otros. La forma en la que lo cuidaba Mammon podría ser un signo de su aprecio… pero nadie se fijó en ello aquella noche.
De pronto, de entre una bruma colorida, apareció en el fondo del recinto una bestia gigantesca de tres cabezas que se contoneaba llevada por el ritmo de la música. Fizzarolli lo conocía, bueno, no realmente. Nunca había tenido la oportunidad de ver a Asmodeus de cerca y ahora que la representación de la Lujuria se detenía ante ellos, podía constatar que era inmenso. Guardó su temor, pues como había aprendido desde muy pequeño, nunca debía demostrar que tenía miedo o estaría perdido.
- Tesoro.
- Ozzie.
Fue su saludo. Era un pintoresco cuadro, dado que Mammon llevaba puesto uno de sus trajes brillantes más costosos, con excesivos encajes que le aplastaban cada rollo de grasa hasta el punto de hacerlos resaltar más, junto a múltiples accesorios de oro y de gemas preciosas, sobretodo los anillos que llevaba en cada uno de sus dedos… mientras que Asmodeus, básicamente estaba desnudo, puesto que apenas una tanga de cuero cubría con tremenda dificultad un enorme paquete que colgaba entre sus piernas, eso y unos accesorios también de cuero en los brazos y piernas, seguramente como parte de algo que se acababa uniendo luego a algún juguete o aparato sexual.
Más apartándonos del outfit de estos ilustres caballeros, el gran Asmodeus notó a Fizzarolli desde el primer momento. También lo conocía. Ya que Mammon le hacía publicidad hasta en el papel higiénico. De modo que al tenerlo de frente, pensó en las mil y un formas en que podría darle un "uso". Algo habitual en su mente corrompida.
- Vamos a beber ¿Quieres? Hace eones que no vienes a visitarme. – Invitó, luego de acercarse peligrosamente y olfatearlo, cual perro de caza. – Tu mascota puede venir o quedarse a jugar por allí. – Mencionó, para de seguido, soltar una risilla divertida.
- No soy una mascota. – Expresó Fizzarolli, sin pensar.
Asmodeus dejó de reírse, más mantuvo su sonrisa. Sus cabezas laterales miraban al pequeño imp con igual o más burla. Las criaturas pequeñas siempre le resultaban como juguetes. Juguetes que le encantaba hacer rechinar.
- Tan ácido como su dueño. – Fue la respuesta que le dio Asmodeus, aunque dirigiéndose a Mammon.
- Está aprendiendo bien ¿No crees? – Ahora era Mammon el que sonreía.
- Así es… Hablemos de negocios. – Retomó el demonio colosal.
Ambos pecados comenzaron a caminar. La representación de la Avaricia entonces usaba su bastón para llamar la atención de Fizzarolli, pues en ocasiones les perdía el paso. Una vez en la zona del bar, la mesa fue llenada con bebidas y los demonios comenzaron a tomar. No era la primera vez que Fizzarolli estaba en una reunión de ese tipo, pero siempre era impresionante el modo en que Mammon y los demonios de alto rango, se entregaban a los excesos. Entre risas y anécdotas que el imp se grabó en la memoria por mero chisme, las botellas vacías y los cigarrillos aplastados, llenaron la escena. El imp también bebía, pero lo hacía a su ritmo. Pues aunque no era la primera fiesta a la cual asistía, algo en aquella criatura tricéfala, lo desconcertaba…
Pronto, su mirada curiosa fue divisada por las cabezas extras del demonio colosal. Eso lo alarmó, más trató de desviar el rostro, en un intento fallido de aparentar normalidad.
- ¿Qué pasa con tu muñequito? Pensé que era más divertido, pero desde que se sentó allí, no ha hecho nada interesante ¿Seguro que ésta es tu gran estrella?
- No te burles de él. No lo culpo, eres aterrador. De seguro piensa que te lo vas a comer.
- Y podría hacerlo…
La carcajada que ambos soltaron fue tan estridente y molesta, que la cara de Fizzarolli se ruborizó por completo mientras apretaba los puños de la rabia. Sabía que ambos se estaban coqueteando enfrente de él y seguramente, sin saber el porqué y cómo, Mammon acabaría enrollándose con el demonio que no dejaba de rozarlo por debajo de la mesa con uno de sus pies… Porque si, el imp sabía que había estado haciendo eso con su bota desde que comenzaron a beber y lo peor era que la representación de la Avaricia, parecía no importarle, es más, le abría las piernas para darle paso. Entonces ¿Por qué mierdas tenía que soportar ese espectáculo? O más bien ¿Por qué eso lo enojaba tanto? ¿Había pasado tanto tiempo al lado de Mammon, que ahora se creía con la potestad de decir o a hacer algo?
El malestar de Fizzarolli aumentó cuando, en medio de sus cavilaciones, Asmodeus le hubo tomado el mentón y prácticamente, le soltó el humo del habano en el rostro.
- ¿Qué pasa? ¿Tienes miedo?
Una mirada llena de fiereza, mezclada con una excitación extraña, le hizo soltar, casi asfixiado:
- …Jamás… y mucho menos de ti.
- Uhhhh….
La representación de la Lujuria alzó las cejas y sonrió. Pero esta sonrisa era diferente, no era de burla, sino de impresión. Por primera vez en toda la noche, lo vio realmente interesante… y Mammon, se dio cuenta… Sus ojos, se llenaron de un brillo intenso. En lugar de molestarse porque la atención de Asmodeus estuviera ahora puesta en Fizzarolli, su excitación tomó otros matices. Unos más… lucrativos.
- Ve con él. – Mencionó Mammon a Fizzarolli, cuando se hubieron quedado solos unos minutos.
- ¡¿Qué?! ¿Por qué?
- ¿Se puede saber desde cuando cuestionas lo que te digo? Tómalo como un regalo.
- Yo no quiero ese "regalo". – El imp se apresuró a subirse al hombro de Mammon, para hablarle más de cerca. – Prefiero que me des dinero, joyas… o drogas.
- Pero que malagradecido. – Espetó el demonio dorado con cierto drama. – Te estoy dando un regalo valioso y lo desprecias… ¿Le tienes miedo al sexo o que?
- Yo… no quise decir eso. – Nunca esperó recibir algo semejante y mucho menos de él. – A lo que me refiero es que… no quiero coger con él.
El demonio dorado por casi escupe el licor.
- No seas estúpido, cariño. Todos quieren ir con Asmodeus. Es capaz de brindarte un placer tan grande que nunca más volverás a experimentarlo en la vida… - En sus palabras, procuró sonar como el confesor de una verdad absoluta. – Considérate afortunado.
- Preferiría ser afortunado contigo… - Murmuró, aunque se arrepintió al instante. – Quiero decir… prefiero… quedarme aquí…
El silencio se produjo entre ellos. Asmodeus se hallaba coqueteando con los demonios que no dejaban de apegarse a él como perros en celo.
En su naturaleza codiciosa, Mammon sólo tenía ojos para el dinero y aunque sabía a la perfección lo que sentía Fizzarolli por él, no le importaba en lo más mínimo. Incluso, pensaba que era perfecto como medio para manejarlo a su antojo.
- Jum… - Mammom entonces, suspiró pesadamente para que el otro, notara que estaba obstinado. – Escúchame bien, mi monedita de oro… Asmodeus, como el resto de los pecados, tiene mucho dinero. Podría decirse que junto conmigo y la representación de la Gula, somos los más ricos del inframundo. Tú sabes, la comida y el sexo venden. Y sabes lo que pienso del dinero… Si no entiendes eso, me has decepcionado. Y ya sabes lo que hago con aquellos que me decepcionan… Te lo advierto: Deja de pensar en estupideces o lo perderás todo.
Mientras aplastaba el cigarrillo contra el cenicero, Fizzarolli sentía como si lo estuviera haciendo en su corazón.
- ¿Lo entiendes?
- Si… lo entiendo.
- Bien…
Una vez más, la representación de la Lujuria volvió a la mesa, mientras tenía un par de demonios colgados en cada brazo, frotándose contra él.
- Parece que están teniendo una conversación divertida.
- Algo así…
En un acto osado, Fizzarolli se bajó del hombro de Mammon y se paró encima de la mesa, tomó una botella de licor y se la bebió completa de golpe, frente a aquellos que de un momento a otro, comenzaron a vitorearlo.
- ¡Agh…! – El sabor fuerte lo golpeó sin piedad. – Me gustaría, señor Asmodeus. Poder demostrarle mis habilidades.
Eso bastó para hacerse entender. Mammon se mostró complacido y Asmodeus, entre sorprendido por su bravura y ansioso por desatarse como siempre lo hacía. Sin importarle en lo más mínimo sus acompañantes, se los quitó de encima sacudiendo los brazos y extendiendo luego su mano enfrente del pequeño imp sobre la mesa.
- Vamos, baby…
Fizzarolli experimentó una sensación hormigueante en el estómago, más fue lo suficientemente descarado como para ignorar el gesto del demonio y bajarse de la mesa por sí mismo. Esto, molestó al resto, quienes andaban viendo la escena, más no a Asmodeus, quién con una sonrisa leve cerró su mano y se incorporó. No todo el tiempo encontraba seres como aquel. Tras ofrecerle un gesto casi imperceptible a Mammon, la representación de la Lujuria se fue con Fizzarolli a una zona más privada. Pues a platillos como aquel, le gustaba degustárselo tranquilamente.
- No lo arruines… - Murmuró Mammon, como un mensaje para Fizzarolli.
Acto seguido, la representación de la Avaricia se acomodó el traje y se fue del lugar. No iba a quedarse en una fiesta a perder el tiempo. Prefería ir a su palacio a contar dinero o simplemente, a planear nuevas formas de ampliar su fortuna. Además, conociendo a Asmodeus, éste tendría retenido a Fizzarolli un largo rato.
- ¿A dónde vamos? – Preguntó el imp al ver que el demonio colosal caminaba por los pasillos y no terminaba de ingresar a una habitación.
Estaba ansioso, su cabeza se llenaba de múltiples de pensamientos sobre lo que debía esperar y cada minuto que pasaba, le parecía una eternidad.
- Paciencia pequeño. Lo bueno, se hace esperar.
El imp prefirió de nuevo guardar silencio. No sabía la razón, pero el modo en que le hablaba o miraba el demonio colosal, le molestaba. Sin embargo, lo peor de todo era que le parecía excitante. Desde su posición, podía admirar su enorme tamaño, así cómo los músculos, se marcaban con cada paso que daba. Cuando comenzaron a subir unas escaleras, Fizzarolli aminoró el paso, pudiendo ver la espalda y las bien formadas nalgas del pecado… Pues dada su molestia durante todo el rato, había olvidado su casi desnudez.
- "Mierda… es tan jodidamente sexy el muy maldito…" – Y se hubiera abofeteado para hacerse reaccionar, pues su pene, estaba completamente despierto y de seguro, el licor contribuía a su sentir. – "Muy bien Fizzarolli, esto no es otra cosa que un show más… follaremos, gemirás como una puta y se acabó… el telón se cerrará y podrás olvidarte de esto con una gran botella de whisky…"
Finalmente, la representación de la Lujuria abrió una puerta, la cual daba a una habitación amplia, en lo alto de aquella edificación. Una especie de penthouse, en donde solía perderse cuando sus fiestas le fastidiaban o cuando necesitaba tomar un descanso a solas. Fizzarolli examinó el lujoso lugar, sin percatarse de que era el primer diablillo que Asmodeus llevaba. Después de todo, quería darle un "tratamiento especial", a la mascota de Mammon.
- Está muy bonito el…
Fizzarolli no pudo continuar. Sin más preámbulos, Asmodeus se acercó hasta él, haciendo que retrocediera un paso, por acto reflejo, deleitando al más grande.
- ¿Ahora si tienes miedo? – Preguntó, ansioso por verlo temblar.
Era cierto, estaba muerto de miedo, pero aún así, Fizzarolli se armó de valor y de un salto, llegó al pecho de la representación de la Lujuria y lo besó. Fue sorpresivo, un beso bastante torpe que Asmodeus se atrevió a intensificar agarrando al imp de la nuca, para proceder a meterle la lengua en la boca, recorriendo cada rincón de la misma con sumo deseo. Un fuerte calor se apoderó del pequeño cuerpo del imp, una necesidad acuciante de ser tocado y poseído. Cuando su espalda tocó el colchón, Asmodeus se apartó lo suficiente para que su colosal tamaño, cubriera por completo toda la iluminación que pudiera caer sobre Fizzarolli. Al igual que un animal atrapado por su depredador, el diablillo respiraba agitado mientras la representación de la Lujuria no perdía el tiempo y le quitaba los pantalones, levantando luego, sus piernas.
- Espera… - Se alarmó un poco, dado que Asmodeus acercaba su rostro a sus partes nobles.
- No te preocupes, seré cuidadoso.
Eso no lo tranquilizó, más no pudo hacer nada, la lengua del demonio comenzó a apoderarse de su miembro y a hacer maravillas sobre su erección.
- Oum… ah… - Trataba de no gemir para no darle aquella satisfacción, pero se sentía demasiado excitado. – No…
- Mmm… sabes muy bien…
- Oh demonios, cállate por favor…
- Jujuju… tienes una boca muy grande. Prefiero escuchar de ella, sólo tus dulces gemidos…
El demonio de las tres cabezas luego de darle una lamida a la pequeña entrada, se apartó de la cintura del imp, moviendo su tanga lo suficiente para liberar un miembro de gran tamaño. Fizzarolli tragó grueso. Sabía las historias acerca de Asmodeus y nunca se imaginó que existiría el día en que verificaría de primera mano, cada uno de esos cuentos de camino.
- Relájate. Esto será intenso… - Mencionó Asmodeus mientras las cuencas de sus ojos se mostraban relucientes.
- ¡Glup! – Fizzarolli tragó grueso de nuevo e incluso cogió aire en sus pulmones, lo suficiente para el grito que estaba seguro, daría cuando le metiese semejante trozo de carne en el ano.
Pero, para su sorpresa, casi como por arte de magia demoniaca, Asmodeus se metió en el interior de Fizzarolli de un golpe, sin tanta dificultad. Era algo aterrador, pues era como si le calzara justo a la medida. Y fue tanta su sorpresa que el demonio colosal soltó una risilla, encantado con su reacción.
- ¿Qué pensaste? – Mencionó el mayor en un tono dulce mientras movía su cintura un poco, acomodando su pene en las carnes que lo cubrían a la perfección. - ¿Qué te rompería el culo a la primera oportunidad…? No soy tan malvado…
Ante la sonrisa y el modo sensual en que le murmuró aquello, el imp se sonrojó. Ahora comprendía… él era el gran Asmodeus, después de todo, no tanto por su tamaño, sino por sus increíbles habilidades en la cama. Mientras lo penetraba Fizzarolli se sorprendía cada vez más, pues su pene le daba en todos sus puntos buenos, lo que lo llevaba a gemir intensamente, hasta llegar al punto de desconocerse.
- ¡Ah…! Mmm…. Asmo… - Se aferró al cuerpo, incrustándole las garras.
- Eso es… Lo estás haciendo muy bien, pequeño… - Mencionó a su oído.
No había querido hacerlo. Se había prometido que no diría su nombre, por más que le gustara, no le daría el gusto… pero con cada embestida, Fizzarolli sentía tanto placer que creía que había llegado su fin. Por su lado, la representación de la Lujuria estaba completamente encantado con el modo en que el imp reaccionaba y era tanto su embeleso, que emanaba de su ser, una especie de bruma colorida y de un aroma almizclado, que hacía estragos en los sentidos ya estremecidos del pobre diablillo que estaba poseyendo. Podía incrementar el tamaño de su miembro, de hecho, era capaz de no sólo manipular su tamaño, sino también su entero movimiento, pero en aquella ocasión, optó por simplemente acoplarse al cuerpo de Fizzarolli, embistiéndole fuertemente y moviendo las caderas de forma que cada vez que se introducía en aquellas entrañas, le rozaba cada zona erógena, haciéndole estremecer. Llevado por ello, el imp puso mayor presión en sus garras, deseando hacerle daño al demonio y que el mismo, se lo cogiera como nunca… después de todo, sería algo de una sola vez. La saliva se escurría de la comisura de sus labios, de donde de escapaban sonidos que nunca esperó escuchar de sí mismo. En ese instante, ya no le importaba nada más que seguir sintiendo ese placer del cual era presa, tirando por la borda lo que quedaba de su orgullo.
- ¡Asmodeus….! ¡Asmodeus! ¡Oh carajo! – Movía su propio cuerpo indecorosamente, buscando de ayudar a que el otro se movilizara en su interior. - ¡Si! ¡Cógeme duro!
Nada encantaba más a Asmodeus que los sonidos que hacían sus amantes mientras que los tomaba y esa no fue la excepción. Siguió penetrándolo hasta que el más pequeño no pudo más y acabó eyaculando encima de su vientre. Con una enorme sonrisa en todos sus rostros, el demonio colosal disfrutó del olor que emanaba aquel semen, siendo que para él, aquel aroma era una especie de afrodisíaco, de modo que luego de una fuerte aspirada, la representación de la Lujuria sacó sin avisar su pene del interior de Fizzarolli, para proceder a girar su pequeño cuerpo y jalarle salvajemente de la cola, para que levantase el trasero. Después, de la misma forma abrupta, volvió a meterse de lleno en su ano. El gemido que arrancó de su garganta le pareció tan encantador que llevó su gran mano al diminuto cuello y comenzó a apretarlo, lo suficiente para cortar un poco su respiración.
- ¡Oh si! Pequeño y dulce Fizz… esta cogida… no la olvidarás nunca… nunca…
Asmodeus chocaba con intensidad contra las nalgas rojas, haciendo que sus enormes testículos rebotasen con cada ir y venir. Llevado por aquella leve asfixia, el post orgasmo de Fizzarolli se prolongaba hasta volverse una especie de placer disperso, una atonía que lo llevaba sólo a arañar las sábanas en un intento fallido de escape.
Tras una fuerte estocada, el demonio colosal se incrustó con fuerza y acabó eyaculando. La cantidad de semen que despedía era considerable, por lo que Fizzarolli sintió como sus entrañas se llenaron casi de inmediato con aquel líquido tibio y al no poder contenerlo todo, el mismo comenzó a salir por las hendiduras de su esfínter, muy a pesar de seguir con aquel trozo macizo de carne atravesándolo. La fuerza con la que el imp se iba aferrando a las sábanas, poco a poco fue cediendo. Ya no tenía fuerzas para mantenerse, por lo que, de un momento a otro, perdió el sentido. El rey se dio cuenta de ello cuando aún estaba eyaculando, pues le encantaba seguir moviéndose mientras se vaciaba. Algo amargo, decidió salir de aquel cuerpo que instantes atrás, se había encargado de brindarle suculentas dosis de placer.
Realmente había intentado ser suave para evitar que el más pequeño perdiera el conocimiento tan pronto, incluso retiró los dedos de su cuello por el temor de llegar a quebrárselo por la emoción.
Sea como fuera, ya no tenía caso. Si quería tener un segundo round, tenía que esperar un poco. Es más, Asmodeus no sólo tenía la posibilidad de despertarlo, sino la habilidad misma para hacer que Fizzarolli, entrase en una especie de celo y copulase con él sin importarle las condiciones en las que quedara su cuerpo al final…
… Pero no lo hizo, pues sabía que Mammon lo retaría si el pequeño regresaba en silla de ruedas o con la columna vertebral quebrada. Lo mejor que podía hacer, era dejarlo hasta allí…
… Después de todo, su juego, había terminado.
A la mañana siguiente, Fizzarolli se despertó y se sintió extraño. A pesar de haber venido cantidades grandes se licor, no se sentía para nada enfermo. Y no se lo debía a sus años de andar sumergido en la bebida...
Por primera vez, experimentaba como si estuviera flotando en nubes. Su cuerpo estaba tan relajado y sensible, que lo aterraba. Ninguna droga lo había puesto de aquella forma. Sin duda, había sido la mejor cogida de su vida.
En medio de su fascinación, se percató de un papel en la mesita de noche y antes de leerlo, supo de qué se trataba. Permaneció un rato enrollado en las sabanas de la enorme cama en donde había estado retozando con la criatura más sensual de todo el inframundo. Sus mejillas se colorearon. Había hecho tanto ruido que se avergonzaba de sólo recordarlo y su sentir se debía a que no quería darle la razón a Asmodeus. Pensaba que podía ser más fuerte que su esencia lujuriosa, no queriendo acabar como todos los amantes que volvían a sus brazos a rogarle por algún roce sexual… no, él era diferente. Lo de esa noche había sido una estratagema para lo verdaderamente importante…
Tras verificar que en efecto, se encontraba sólo en el penthouse. Fizzarolli no perdió tiempo y comenzó a revisar cuanto veía. En la funda de una de las almohadas que había estado apretando y mordiendo mientras tenían sexo, el imp introdujo todo lo que le pareció de valor, a modo de venganza. Pero antes de que se marchase, llevando el saco en el lomo, se fijó en un cuadro de la sala de estar. Era enorme, casi tan grande como el propio Asmodeus y es que se trataba de una pintura de él, desnudo, posando para el que había dibujado aquel pervertido cuadro.
- Seguramente se cogió al que pintó eso… todas esas veces… Maldito calenturiento.
Expresó, mientras sonreía. De pronto, sus ojos cayeron en esa zona inevitable de su pelvis…
- La tiene más grande… o puede tenerla si lo desea, ahora lo sé.
Tuvo que quitar la mirada, sin saber porqué, de sólo pensar en eso, tenía un intenso deseo de tener relaciones. Se odió a sí mismo y trató de volver a enfocarse. Ya no había más nada que hacer allí. El resto, era largarse antes de que volviese… Sonrió amplio, satisfecho con su acto pero lamentándose el no poder ver las expresiones en sus rostros, al darse cuenta de que le había robado.
Cuando apareció ante Mammon, éste lo recibió con una sonrisa, pero la misma se apagó cuando Fizzarolli colocó sobre la mesa lo que parecía ser un saco, lleno de cosas.
- ¿Qué es esto?
- El botín. – Expresó el imp con un aire victorioso. – Me traje todo lo valioso que encontré ¿Sabías que tiene un cuadro de él desnudo? Pero qué engreído.
- Lo sé… - Con la punta de su bastón abría la funda, detallando los objetos. – Yo pagué por ese cuadro.
Saberlo, sólo lo hizo más amargo. Pero, como buscando de hacerlo sentir peor, el demonio dorado añadió:
- Y bien, tan embobado estabas por la oda a su gran verga, que ni cuenta te diste que detrás del cuadro, estaba una caja fuerte ¿O me equivoco?
Fizzarolli se puso de colores… ¡¿Cómo había sido tan estúpido?! ¡Era tan obvio que había algo cubierto por ese cuadro! Se había dejado encantar por la pintura, que su lógica, le había fallado. No podía sentirse más avergonzado consigo mismo.
- No puedo creerlo Fizzarolli ¿Qué te pasó? A estas alturas, pensé que podía encomendarte una tarea importante, pero ya veo que me he equivocado… Llévate esas baratijas.
- ¿Qué? – No podía dar crédito a lo que escuchaba. - ¿Pero qué dices? Sé que cometí un error, pero… esos son objetos de gran valor, yo mismo los revisé. Hay una fortuna allí…
- Pero que iluso eres… Si no eres capaz de entenderlo, no sé si debería explicarlo – Mencionó, para que se callara. – Comparado con lo que pudo haberte dado si te hubieras vuelto su concubina de turno, eso no es más que un saco de baratijas.
- … Yo… no sabía que…
- Me has decepcionado. Se suponía que lo engancharías lo suficiente como para sacarle todo el dinero que se pudiera… no que le robarías el poco efectivo que tenía en su cartera, como si fueras una puta barata.
No le importaba herirlo. Mammon quería ser malvado con él y no escatimaba en sus palabras. Sabía que se había acostado con Asmodeus y se lo haría pagar, muy caro. Así él mismo fuese el que lo hubiese lanzado a su lecho.
- Si eso deseas… ¿Por qué no lo haces tú directamente? Se nota que no te costaría nada obtener su atención. Estoy seguro que te daría todo lo que le pidieras… No me necesitas a mí para exprimir al gran Asmodeus… - Se atrevió a decir Fizzarolli, como un animal herido que actúa llevado por el dolor.
A modo de respuesta, el demonio dorado le miró fijo, con una mirada casi fulminante. Por primera vez en mucho tiempo, Mammon tuvo deseos de golpear a Fizzarolli y lo hubiera hecho. De no ser que con ello, le estaría dando la razón. Jamás la representación de la Avaricia aceptaría el hecho de que le importaba algo más que el dinero.
- Estas solo en esto. Asmodeus es de temer cuando está enojado y no voy a lidiar con su berrinche por ti, ni mucho menos a pagar una indemnización por daños y perjuicios. – Anunció el demonio dorado, obviando lo otro mencionado por el imp, mientras empujaba el saco con su bastón. – Si sobrevives, podemos pensar en tus próximas presentaciones. Ahora vete, llévate el saco contigo y vete a dar un baño… hueles a él.
Fizzarolli apretó sus puños con fuerza. En un acto por buscar de agradar a la representación de la Avaricia, había acabado cometiendo un acto irremediable.
- Esa maldita bola de grasa… - Bebía licor junto al saco. - ¿Baratijas? ¿Cómo se atreve? Ni que no supiera diferenciar entre los materiales valiosos y la basura… Además, dudo mucho que Asmodeus hubiese tenido intenciones de buscarme de nuevo… ¿Su concubina? ¡Ja! No me hagas reír…
De sólo pensar en la representación de la Lujuria, todo su cuerpo, se estremecía y sentía su rostro calentarse, sobretodo, al darse cuenta de que en efecto, podía sentir el aroma embriagante de Asmodeus, brotando de su propio cuerpo…. Se apresuró en beber más de la botella, en un intento de apaciguar su corazón desbocado. No quería sentirse de ese modo. Era horrible, espantoso… como un vicio que te come la piel hasta dejarla en carne viva…
- ¿Y ahora qué haré?... – El imp ocultó su rostro entre sus piernas.
- Parece que tienes problemas para deshacerte de la evidencia de un crimen… A lo mejor podría ayudarte a deshacerte del cuerpo. – Se mencionó, a modo de broma. – Me gusta enterrar cosas…
La voz en su oído hizo que Fizzarolli levantase la cabeza de golpe y pensó que tendría un infarto. Asmodeus estaba allí, como si se hubiese formado del mismo aire. Había utilizado un portal para materializarse en el sitio.
- ¿Qué ocurre? ¿Tienes miedo? – Anunció con una sonrisa, retándolo.
- Yo… - Fizzarolli sacudió la cabeza y se mostró temerario, moviendo el saco enfrente suyo. – Sé a lo que has venido. Aquí esta todo lo que me llevé. No me disculparé ni pediré perdón porque sé que esa mierda no tiene sentido… Si vas a matarme, adelante.
Asmodeus lo miró, sin abandonar la sonrisa de su rostro. Que se comportase de aquella forma, no le parecía tan divertido.
- Si… debería matarte por atreverte a robarme en mi propia casa. Más luego de haber hecho que temblaras de placer una y otra vez en mis brazos…
Fizzarolli deseó con todas sus fuerzas que se apresurara con eso de matarlo, pues sentía que si seguía escuchándolo hablar de ese modo, le pediría de rodillas que se lo cogiera de nuevo…
Era horrible, el aura sexual que desprendía ese ser, le parecía de lo más abismal ¿Cómo podía Mammon siquiera aguantar estar frente a él y poder comportarse de lo más normal?
En ese instante, como una epifanía propia del raciocinio, los ojos de Fizzarolli se abrieron de golpe, pues pudo comprender la razón… Sólo los que habían tenido sexo con la representación de la Lujuria, desarrollaban ese sentir angustioso, ese lazo sexual que parecía consumirles la razón; por eso en la fiesta, la mayoría se arrojaban a sus brazos. Lo cual le demostraba un hecho casi irrefutable: Mammon… nunca se había acostado con Asmodeus. Por eso, el demonio colosal estaba tras de él y el demonio dorado, se divertía rechazándolo… ese, era su juego malsano…
Fizzarolli se sintió terrible, dándose cuenta de la verdad: Había sido el chivo expiatorio, todo ese tiempo. Una manera en la que Mammon obtendría el dinero de Asmodeus sin sufrir las consecuencias de su naturaleza corrompida…
- Si me dices que fue por orden de Mammon, podría considerar tu castigo…
- Él… no tuvo nada que ver. – Habló, evitando mirarlo, tratando de controlarse ante los espasmos que acudían a su cuerpo. – Todo fue mi idea…
- … - Lo miró. – Pudiste mentir y echarle la culpa ¿Tanto le temes? No eres el primero que cae ante los encantos de su cuenta bancaria…
- ¡No es eso! – Exclamó, molesto con su insinuación.
A pesar de saber la verdad, Fizzarolli no quería traicionarlo. No le importaba si Mammon lo había utilizado.
La manera en que Fizzarolli se mordía el labio, le daba a entender a Asmodeus lo que ya sabía.
- Lamento tener que decírtelo, pero a Mammon no le importas en lo absoluto. No le interesa nadie realmente… sólo el dinero.
- Lo sé… - Expresó el más pequeño con amargura.
- Y aún así, sientes lo que sientes por él.
- … Eso… no es de tu incumbencia…
La forma en que sufría… Asmodeus la había visto tantas veces a través de los años y aún en ese momento, seguía sin poder comprenderlo... Seguía dándole ganas de vomitar…
- Pobre criatura…
El demonio colosal tomó el saco y vació todo el contenido, haciendo sonar los objetos al caer, chocando entre ellos mismos y contra el suelo. Generando un ruido intenso que resonó en el lugar por unos segundos, como un eco.
- Debido a que te tengo lástima por creer en algo tan ilusorio y patético como lo es el "amor", seré generoso… y dejaré que te quedes con todo lo que te logre entrar.
- ¿Qué…?
- Me has escuchado bien…
Acto seguido, cual depredador que ha encontrado el momento justo para atacar, agarró a Fizzarolli del talle antes de que reaccionara y buscara de escapar. Estampándolo contra el suelo con tanta fuerza que los cuernos del imp, se clavaron en las baldosas. No tenía escapatoria.
- ¡No, por favor! ¡Suéltame!
Con sus garras, la representación de la Lujuria rompió las prendas inferiores, dejándolo desnudo de la cintura para abajo y descubriendo su erección. Una sonrisa leve se dibujó en los labios del demonio colosal, el olor de su pre semen lo había estado torturando desde que comenzó a brotar de su uretra. Acto seguido, Asmodeus tomó un objeto pesado y con forma fálica que no tenía mayor utilidad que simple decoración, pero de alto valor monetario y le introdujo la punta en el recto, sin preparaciones.
- ¡Agh! ¡Duele!
- Me gusta cuando te contorsionas de dolor… haces caritas tan lindas – Siguió metiéndoselo, sin perder un sólo detalle de su rostro. – Aprovechemos que tus entrañas aún están lubricadas por mi semilla… Mmm… estabas tan suave y jugoso, que mi pene entraba y salía con tanta facilidad… ¿Lo recuerdas, pequeño? – De sólo pensar en eso, le acudía el deseo de abandonar aquel juego y penetrarlo con su propio miembro de forma despiadada, dejándolo ronco de tanto gritar.
- ¡Sácalo, por favor! – Fizzarolli pataleaba y se retorcía, aunque muy poco, pues cada movimiento le generaba un dolor desgarrador.
Aquellos objetos que se había robado eran grandes, muy grandes… y Fizzarolli se lamentó encarecidamente de que al principio, ese mismo hecho fuera lo que lo incitara a meterlos en el maldito saco. Asmodeus por su lado, no se detuvo ante sus súplicas, siguió empujando el objeto hasta que el mismo, hubo desaparecido.
- Que rico… ya te lo comiste completo. – Mencionó el demonio con sumo morbo. – Como te lo prometí. Te lo puedes quedar, te lo has ganado… - En cada rostro se veía lo encantado que estaba, demostrándole para su desgracia, que estaba disfrutando de todo aquello. – Ahora, pasemos al siguiente…
- …No… - Musitó, sudando frío y con dolor en los intestinos.
- Si, claro que si. – Expresó en un tono cantado mientras lamía otro objeto y lo dirigía a la entrada sumamente dilatada. – Se ve que te gusta… Tu cuerpo quiere que le meta más y más cosas…
A éste punto, Fizzarolli prefería la opción de haber muerto. Ya no tenía control de su cuerpo, el cual si parecía estar disfrutando de lo que le estaban haciendo, incluso su pene, comenzaba a despedir más líquido.
- Asmo… deus… - Gimió, cuando el demonio comenzó a mover uno de estos objetos como si fuese un dildo, buscando de generarle placer para que se ensanchara de forma natural.
- Me gusta cuando gimes mi nombre, baby… no te detengas… lo estas haciendo muy bien…
- "Cállate… cállate… no digas eso… " – Suplicaba internamente, a pesar de todo, su orgullo trataba de mantenerse en pie.
Odiaba realmente que le hablara así… El imp apretaba los puños y hacía lo posible por no llorar, debido al dolor, el placer y la indignación.
- Dime lo que quieres que te haga… suplícame que te haga correrte… - Ordenaba, susurrando a su oído y lamiéndole toda la zona para generarle mayores espasmos. – Hazlo y tal vez sea benevolente.
- … Asmodeus… ya, por favor… métemela… - Se atrevió a pedirlo, a esas alturas ya nada le importaba. – Quiero… tu pene.. dentro de mí… ah…
Asmodeus sonrió amplio, una sonrisa casi maníaca y sus cabezas laterales hicieron lo mismo. Ya con eso, sabía que había ganado. Amaba el placer de la victoria. El saber que era capaz de doblegar hasta el espíritu más fuerte. Pero, para su infortunio, la representación de la Lujuria no premió al imp por haberle obedecido. En cambio, apretó con fuerza el pequeño pene desde la base, haciendo presión con sus dedos de forma que provocó que de los labios de Fizzarolli, se escapara un alarido de dolor.
- Eres un maldito tramposo. Dices todo eso para que deje el juego y termine cogiéndote. Eres como todos… Buen intento, pero lamento decirte que ya me sé tu acto de mierda… - Se acercó a su oído para gemirle y lamerle, buscando de aumentar su angustioso placer. – No volverás a sentir el placer de tener mi verga… deberás conformarte con esto… Ese es parte de tu castigo.
Siguió introduciéndole objetos y a acariciarlo, imposibilitando que llegase al orgasmo debido al modo en que le aplastaba el pene. Ya no tenía caso suplicarle que se detuviera o que lo dejase y es que, ya no era capaz de hacerlo. De la voz de Fizzarolli sólo quedaba un hilillo, del cual sólo se escuchaban las quejas y gemidos. Su rostro, estaba excesivamente ruborizado y empapado en lágrimas, mientras que con sus manos, arañaba el suelo con desespero hasta casi el punto de arrancarse las garras. Y es que, el dolor en su zona baja era tan intenso que todos los demás dolores procedentes de su cuerpo, se concentraban todos ahí, en una masa angustiosa y horrenda. Su ano hacía rato que se había desgarrado, por lo que la sangre, le escurría entre las nalgas junto a los demás fluidos de su cuerpo. La perversión de la representación de la Lujuria, lo llevaba a disfrutar por completo de la situación del desafortunado imp. Un brillo deslumbrante brotaba de las cuencas de los rostros del demonio colosal. Esa luz intensa lo hubiese dejado ciego, de no ser porque Fizzarolli mantenía los ojos fuertemente cerrados. Con la respiración agitada, también emanaba una especie de neblina que acabó por cubrir la habitación, la prueba de que su excitación estaba en altos niveles.
Tras jalar el miembro del imp y soltarlo un poco, el semen pudo salir por fin, para el alivio de Fizzarolli… Sin embargo, en ese instante, Asmodeus volvió a constreñir el pene y tras un despiadado jalón, se lo arrancó de un sólo tajo.
- ¡! – El grito se atoró en la garganta de Fizzarolli e inmediatamente Asmodeus le bloqueó los labios con los suyos.
Fizzarolli se quejaba en medio del beso, mientras babeaba incontrolable y trataba de apartarse, pero Asmodeus insistía en meterle la lengua hasta la garganta, asfixiándolo… Fue entonces cuando como pudo, hizo presión en su mandíbula para incrustar sus afilados dientes en la lengua. El demonio colosal estuvo satisfecho con su acto, propio de un animal herido que lanza su último ataque y decidió retirarle la lengua, permitiendo que el oxígeno, volviese a ingresar en sus pulmones. La sangre de la herida salía a raudales, así que con algo de magia demoniaca, Asmodeus detuvo el sangrado. Luego, con toda la tranquilidad del mundo agarró el saco y arrojó en su interior, el pene de Fizzarolli. Su trofeo…
- Considera esto, parte de mi pago.
Asmodeus acarició el vientre hinchado del pobre diablillo que presentaba leves y consecutivos espasmos. Fizzarolli estaba con los ojos en blanco, completamente desmayado, pero no iba a morirse por eso. El demonio tomó lo que quedaban de los objetos y volvió a dejarlos en la funda de la almohada, con manchas de sangre.
- Como prometí, puedes quedarte con eso. El resto, lo recupero. – Mencionó, aunque sabía que en sus condiciones, era incapaz de oírlo.
Asmodeus sacó su teléfono y marcó al número personal de Mammon. Al ser atendido, dijo lo siguiente con una naturalidad aterradora:
- Te dejé un presente con tu mascotita. No podrás decir que no te doy nada valioso. Aunque claro, tuve que cobrarme por su pequeña travesura… Espero que se hayan divertido y no olviden que nadie juega con el gran Asmodeus.
Mammon no tuvo tiempo de decir palabra alguna, la llamada extraña fue colgada después de eso. Intrigado, fue a buscar a Fizzarolli, hallándolo convaleciendo en la misma posición en que lo hubo dejado Asmodeus, con el vientre hinchado, encima de sus propios fluidos y con una herida espantosa que estaba cicatrizada con magia. Lo recibió apenas moviendo los ojos y quejándose, regresando lamentablemente de su inconciencia.
- Ma… mmon…
- Por Satán… Pero… que atroz… - Con la punta de su bastón, Mammon presionó el abdomen del imp. - ¿Qué mierda te metió ese monstruo?
Al darse cuenta de que no se trataba de semen, sino de los objetos que hubo hurtado, Mammon soltó una carcajada.
- Ese malvado, siempre me sorprende… - Admiraba los relieves que los objetos, dejaban sobre la piel. – Bien… vamos a tener que abrirte para sacarte eso…
El hecho de que le destazaran el miembro, le causaba gracia, aunque también cierta molestia. Pues esperaba que el valor de lo que tenía en las entrañas, compensara el gasto que significaría su recuperación.
- Que sea éste un recordatorio de que nunca más me debes desobedecer. Porque todo esto, tú te lo buscaste… - Suspiró y dijo, con más tranquilidad: - No te preocupes, me aseguraré de que no te dejen ninguna cicatriz… y podrás actuar dentro de muy poco… Mi monedita de oro.
El imp derramó unas lágrimas. En su poca conciencia, Fizzarolli no entendía porqué Mammon se burlaba de su horrible situación y mucho menos, cómo se había enamorado de una criatura tan abominable.
Luego de ese incidente tan cruento, Fizzarolli pudo recuperarse físicamente, más emocionalmente, algo hubo cambiado en él. Seguía obedeciendo a Mammon, aunque ya no lo hacía con la fe ciega que lo caracterizaba. Sabía que en ningún momento, había significado para la representación de la Avaricia, más que un medio de obtener ganancias y aunque, en el pasado, eso no le hubiese importado, ahora todo era diferente. Aún así, seguía a su lado, dado que pensaba que del mismo modo en que el pecado lo utilizaba, él podía apañárselas para también obtener sus propios beneficios.
Mammon volvía a tratarlo con crueldad y Fizzarolli, acabó por achacarlo a su propio auto desprecio.
Más el demonio dorado fue incapaz de detectar ese ligero cambio en su monedita de oro. Seguía desempeñándose adecuadamente y obedecía a sus órdenes, así que el resto, no le importaba.
Sin mencionar que al tiempo, hubo ocurrido un evento desafortunado, debido al cual, Fizzarolli había acabado perdiendo sus extremidades superiores e inferiores, lo que había llevado a Mammon a invertir una pequeña fortuna en su operación de implementación de prótesis robóticas. Eso marcó mucho más al pobre Fizzarolli, quién parecía ya no confiar en nada ni en nadie. Y aunque siguiera masificando la fortuna del que se consideraba su dueño, desde que se había acostado con la representación de la Lujuria, el lazo que había entre ellos, parecía haberse distorsionado de nuevo una y otra vez, hasta el punto en que ambos se asqueaban… Lo único que los mantenía aferrados el uno al otro, era el dinero. Se habían convertido en verdaderos socios comerciales, con evidentes diferencia entre ganancias entre ellos.
- Ozzie… Me sorprende que tú mismo vengas a verme. Dime ¿Ha ocurrido algo?
Era realmente extraño, desde aquel suceso, los pecados no se habían hablado para nada, dejando el asunto de los negocios a sus representantes y esbirros. El que le hubiera pedido una cita personal, significaba que el asunto, era delicado o de suma importancia.
- Iré al grano. Sé que no te gusta perder el tiempo.
- El tiempo es dinero, así es… - Correspondió con una sonrisa, agradado con sus palabras.
- Fizzarolli.
Mammon terminó de servir el trago y se lo entregó.
- Oh si… pobre pedazo de carne ¿Te enteraste de lo que le sucedió? – Agregó de seguido, como si se tratase de una obviedad: - Por supuesto que sí… después de todo, me encargué de que fuese una noticia sensacionalista. No hubo rincón en el inframundo que no se enterase de lo que ocurría… - Encendió un puro y sonrió amplio, recordando los hechos con cierta satisfacción enferma. – Los números subían tanto Ozzie… - Y eso fue lo que más disfrutó. - Contraté a unos expertos en robótica, tú sabes, de esos dementes que adoran experimentar en criaturas vivas y les ofrecí a Fizzarolli como conejillo de indias para que dieran rienda suelta a sus ideas morbosas. – Soltó el humo sobre su cabeza, arremolinándose el mismo como una pesada niebla – Por supuesto, mi idea fue todo un éxito. Ahora, todos quieren ver al freak y de lo que es capaz… No es como si fuera el primer demonio en esas condiciones, pero sabes lo carismático que es el muy desgraciado. Su feeling con el público, es su talento nato y la única razón por la que aún lo mantengo conmigo.
Era la primera vez que Asmodeus escuchaba a Mammon hablar de ese modo tan entregado, por algo que no fuese dinero. Ciertamente, estaba gozando todo eso. El demonio de las tres cabezas entonces, podía asegurar que ese era el modo en que la representación de la Avaricia, alcanzaba el éxtasis.
- Debo confesar que me sorprende que hayas vuelto tu adorada mascota en un fenómeno de feria. – Se atrevió a decir, sin tapujos.
- ¿Qué esperabas que hiciera? ¿Qué lo dejase morir? – Preguntó Mammon, con tono dramático. – No no… sabía que podía sacar ganancias de esto, así que lo hice. Claro, a Fizzarolli no le agrada mucho el modo en que se han vuelto las cosas, pero tiene más fama ahora que es un monstruo mitad robot o una mierda ciborg. Ya no sé ni qué definición darle. – Le dio una calada al puro. – Lo cierto es que sólo yo puedo brindarle la oportunidad de triunfar en los escenarios. No tiene de dónde escoger…
- Sobre eso.
La atención de Mammon se dirigió por completo a lo que estaba a punto de salir de los labios centrales del demonio colosal.
- Me gustaría llevarme a Fizzarolli a mi anillo.
- ¿Una gira por tus locales? – La risa entrecortada provocaba que el humo del puro, saliera de su gigantesca boca como si fuese una locomotora a vapor. – Ya me lo puedo imaginar… adoradores de los amputados gozando de lo lindo viendo a Fizzarolli en un grotesco acto, abarrotado de excesivo fetiche sexual… Que horror. – En su sonrisa, se divisaba el deleite.
No entendía la razón. Pero Asmodeus sabía que Mammon debía de tenerle un odio terrible a Fizzarolli como para llegar a ese punto de comportarse con él, de una forma tan despreciable. Porque, en su naturaleza corrompida, era consciente de que era mejor la posición del sometidor al sometido. Aún así, no se molestaría en conseguir las razones. Necesitaba con urgencia hacerse con la presencia del imp y estaba dispuesto a hacer uso de cualquier artimaña para lograr su cometido. Ya había lanzado su red, sólo era cuestión de minutos para que Mammon, acabara cayendo en su juego.
- ¿Cuánto pides por él? – Agregó, con absoluta seriedad en todos sus rostros e ignorando sus comentarios incisivos.
Los ojos de Mammon se llenaron de aquel brillo codicioso. Le había dado justo en el clavo, perdiendo su interés en seguir humillando al que durante años, consideró como su estrella magna, su monedita de oro… Mejoró entonces, la pregunta formulada por el otro:
- Que comience la puja… ¿Cuánto ofreces?
Si era por dinero…
… A Mammon no le importaba lo demás.
*Fin*
