Saku Week.- Day 1
Prompt: Traveling Doctor
Sinopsis: Porque durante la travesía que fue crecer de una niña a una mujer, existió indiscutiblemente alguien que se ancló en su corazón con la maestría y admiración que solo una mujer como ella podía generar. - Una médico capaz de ser una leyenda.
Una Maestra
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Si bien se había medio acostumbrado al ritmo constante de Tsunade-shishou, la realidad de que la mujer cada día se superaba más era tangible, de una u otra manera, se las había ingeniado para incluso ayudarla a no pensar demasiado en la ausencia de Naruto y Sasuke.
No porque no los extraña -especialmente considerando las circunstancias del segundo. - si no porque en su afán de acoplarse al ritmo constante de la mujer rubia, su sistema apenas y era capaz de seguirle el propio ritmo, más de una vez llegaba agotada a casa, demasiado muerta como para pensar en algo que no fuera simplemente sentarse a dormir.
Y no porque la entrenara solo físicamente, no, que lo hacía por supuesto -ya se había acostumbrado totalmente a la lógica de que su maestra le rompería los huesos porque era perfectamente capaz de curarlos después-. Si no que incluso mentalmente era agotante en más de una forma: Tsunade no esperaba menos que la perfección, sacar a relucir toda su capacidad cerebral.
Aprender libros, memorizar pergaminos, estudiar tomos y tomos de medicina, de hierbas, de alquimia, de cualquier ámbito que cubriera el camino que había elegido ya se había vuelto su día a día, al punto en que su habitación a estas alturas tenía un mueble destinado expresamente a todo documento médico que su Shishou le entregaba.
Tsunade alegaba que era hábil, prodigio, que debía aprovecharlo.
No sabía si tomarlo enserio, siempre consideró que prodigio era Sasuke, que alguien capaz de salir adelante con esfuerzo era Naruto, ella por si misma… bueno, apenas estaba agarrando la idea de verse así misma capaz de realmente lograrlo.
Pero considerando el hecho de que la mujer ahora mismo le sonreía con total orgullo frente a la puerta de la aldea, quiso creer que en realidad no estaba tan mal.
Ajustó sus guantes y su mochila, tirando una última ojeada al guardarropa que había cambiado no hace mucho: los años empezaban a notarse, al menos, se sentía menos niña, más fuerte, incluso físicamente podía notar los músculos de sus brazos y piernas mucho más definidos.
-Muy bien Sakura, como mi alumna, es momento de que aprendas a llamar a Katsuyu.-
Pestañeó, saliendo de su ensoñación, el hecho de que pudiera invocar a Katsuyu-sama era real, lo sabía, Tsunade-shishou se lo había advertido mucho antes, pero no podía negar que se sentía temerosa al respecto: una cosa era el deseo de uno, otra cosa era que la invocación te aceptara, y aunque Katsuyu-sama siempre había sido terriblemente amable, no sabía si esa amabilidad se vería extendida al hecho de que ella bien pudiera hacer un contrato.
Así pues, inflando las mejillas y asintiendo, enfiló tras la rubia.
No es que si o si necesitaran irse de la aldea… pero estaba segura que Tsunade-shishou lo estaba aprovechando como una oportunidad para huir un rato de los deberes (o al menos esa impresión le dio cuando ni si quiera le avisó a Shizune donde se irían).- y no iba a simplemente decirle que no a quien, después de todo, también era su Hokage.
Caminó pues tras suyo mientras avanzaban por el bosque, y no pudo evitar quedarse mirando unos momentos más los mechones rubios danzando al viento.
Era admirable.
No podía negarse que cada día que la veía trabajar su admiración crecía: su capacidad analítica, su manejo en el ninjutsu médico, la manera en que muchas veces una ojeada le bastaba para tener en claro que alguien tenía un tipo de problema u otro, la cantidad de venenos que ya le había enseñado el como contrastar, de una u otra manera ella parecía tener un catálogo mental de plantas, medicinas, elementos e implementos.
Simplemente si le hubiesen dicho de niña que encontraría a una mujer como ella, no lo hubiera creído, no porque no valorara a otras kunoichis que había visto en vida, si no porque…
Bueno, Tsunade-shishou era un mundo aparte.
¡Y ni si quiera se podía decir que solo era una médico más!
Bastaba con ver una muestra de su fuerza monstruosa para saber que a eso quería llegar, que, genuinamente, deseaba no solo tener su capacidad de salvar vidas, si no también de protegerlas: estar junto a Naruto y Sasuke era su mayor anhelo, no ver sus espaldas, si no unir la suya a la de ellos, y sabía, sin temor a dudas, que si se esforzaba, si aprendía de la mujer frente suyo, ese deseo podría cumplirse, ese sueño de estar junto a ambos.
Ella era el ejemplo perfecto del poder al que una mujer podía llegar, a darse a respetar.- Tsunade era simplemente un ideal, una imagen, una persona con defectos y virtudes, pero que en sí mismo representaba a sus ojos una de las partes más bellas del Ninjutsu.
Todos utilizaban el chakra para destruir, ella lo utilizaba para curar, para sanar, para ayudar y proteger, para asegurarse de que un niño volviera con sus padres, o que una familia no perdiera a su ser amado por que una misión terminó saliendo mal.
Sonrió, con algo de ilusión, con el brillo de la admiración ante la persona frente suyo, antes de detenerse súbitamente en el minuto en que la neblina se hacía más espesa en el bosque y la mujer rubia indicaba que era suficiente.
Un mordisco en su dedo, su palma en el suelo, y la enorme babosa apareció frente a sus ojos.
Esperaba, algún día, poder hacer que la mujer que tanto admiraba se sintiera orgullosa de ella, por ahora por supuesto, tenía que pasar la primera prueba: lograr que Katsuyu-sama la aceptara.
…
..
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Y lo lograría, no solo para sí misma, si no para quien era su maestra: el día en que ella le había dicho que hizo un buen trabajo fue cuando al fin entendió que genuinamente la hizo sentir orgullosa, en aquella guerra donde debió demostrar todo lo que la mujer por años le enseñó.
Dolió, fue difícil, fue complejo, fue un caos, pero al menos todo lo que aprendió tras la mujer que más admiraba terminó por salir, florecer, permitirle abrirse en medio del campo ante criaturas míticas y guerreros de leyenda.
Porque indiscutiblemente, si existió alguien que apostó a su corazón sin más titubeos ni dudas, esa fue quien sería conocida en el mundo shinobi como Tsunade Senju.
Su maestra, su modelo a seguir, su amiga.
O quizá, mejor deberíamos decirle, su segunda madre.
