Saku Week.- Day 3
Prompt: Mermaid
Sinopsis: El mundo allá fuera era simplemente luminoso, brillante y llamativo. - Pero sola como estaba, en medio del basto océano, sería la curiosidad lo que empujaría su corazón más allá.
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Luces y Colores
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Por mucho tiempo creyó que estaba sola en el mundo, incluso a medida que crecía ese sentimiento se mantuvo, simplemente porque a pesar de estar rodeada de peces de todos los colores, crustáceos, ballenas, delfines, tortugas…
Ella no se parecía a ninguno.
Lo único que tenían en común eran las escamas de su cola que bailaban brillantes ante el reflejo del océano, era la forma en que su cuello mostraba aquellas branquias que compartía con los peces, pero fuera de eso, no veía algo más que asociara, ¿de dónde venía? ¿Por qué no había más como ella? Una duda legitima que la golpeaba cada día sin más.
Y es que había aprendido sobre la marcha a sobrevivir, a entender la ley natural que era la vida en el mar, a salir ocasionalmente para ver a las aves pasar: había aprendido incluso que el hecho de que un pájaro bajara en picada agarrando a un pequeño pez era simplemente la cadena natural de la vida, el cómo las cosas funcionaban.
No había quien la guiara, no recordaba ni si quiera a alguien en su memoria que pudiera asociar a un lazo cercano.
Sus amigas eran las ballenas que viajaban ocasionalmente y le contaban lo que habían visto, las aves que a veces flotaban sobre el océano, los peces que viajaban en cardúmenes recitando cánticos al unísono, los pulpos ocultos que le relataban toda la sabiduría que poseían.
Así pues, inocente y perdida, fue que un día aquel barco apareció.
Majestuoso, enorme, con seres que se parecían un poco más a ella misma, tan joven y pequeña, que ni si quiera fue vista para cuando nadó detrás de aquella enorme cosa, más movida por la curiosidad que por un sentido de supervivencia: de todas formas, no tenía donde regresar.
Fue hasta curiosa la sensación de sonrojo en su cara cuando notó a aquel chico de cabello oscuro y mirada seria con sus ojos fijos en la ventana, notándola.
Le sonrió, inocente, dulce, movió su mano, no se veía muy mayor a ella, y aunque el chico arqueó una ceja y abrió la escotilla de su camarote, lo único que atinó a hacer fue a esconderse cuando alguien un poco más grande apareció, tal que bajo el túmulo del agua los siguió.
Un viaje largo, un viaje constante, donde más de una vez se asomó a saludarlo como si fuera su pequeño secreto interno.
Y entonces apareció, aquella enorme isla donde el barco llegó.
No lo entendía, y tenía miedo de aproximarse, en especial porque a esas alturas había notado que ellos igual eran diferentes de cierta manera, pero al menos con el chico desconocido había entablado una especie de amistad, como la que tenía con los peces. -
Sería pues ese su nuevo hogar una vez encontró un arrecife oculto.
Y aunque ella no lo sabía, la leyenda de la sirena de cabellos rosas empezaría a sonar con fuerza en aquella isla, con la misma intensidad que era su protección. - Los líderes de la isla lo habían instaurado como un mito, y aun con todo, se encargaban de que nadie intentara capturar a la "Sirena", porque ya la consideraban parte de su isla y debía ser protegida, aun si no era real.
Ayudó al crecimiento de gente, a la llegada del turismo, y aunque se aseguraba de que no la vieran porque de todas formas aún temía a lo desconocido, si se molestó en aparecer ocasionalmente frente a él. - a Aquel niño de cabello oscuro que siempre llegaba a la orilla, por las tardes, por las noches, cerca de su arrecife, ahí donde nadie podía llegar con normalidad.
Lo vio crecer, ella creció, lo vio madurar, lo vio cambiar sus ropas, lo vio empezar a portar el mismo emblema que se veía a lo largo de la isla.
Nunca hablaron, nunca se comunicaron, al menos no de forma próxima, eran tan diferentes, tan lejanos, que se sentía extraño, aún si su corazón ansiaba esa proximidad.
Pero no sería si no hasta después, mucho después, una tarde en la que una poderosa tormenta golpeaba cuando la vida jugaría con su existencia de forma curiosa: Ver a aquella chica de ojos blancos ahogarse fue una sorpresa, tan pequeña, tan hermosa, nadó lo más rápido que pudo en su dirección, agarrándola con sus brazos para evitarle el cruel final.
Y lo logró, por supuesto, logró llevarla a la orilla y sacarle el mar de los pulmones. - Ya entendía bien que ellos no podían simplemente respirar. - y con cuidado la ayudó, esperando su recuperación.
La cabellera rubia gritando un nombre la alertó, el hecho de ver a otra chica castaña con la misma ropa que veía utilizar a los que salían en botes cada día le hizo entrar en pánico, su preocupación por la niña de ojos blancos suficiente fuerte como para que resistiera el impulso inherente de simplemente huir sin más…
Y ellas la vieron, y ella las vio.
No supo si lo que vio en los ojos de la rubia fue sorpresa, desconcierto, pánico o alucinación.
Pero el hecho de que ambas llegaran corriendo como pudieron hacia la chica la hizo retroceder, atemorizada, solo para notar como la procuraban, murmurando un nombre "Hinata".-
…
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Ese encuentro sería el comienzo de un poderoso lazo, donde su amigo secreto no sería solamente aquel chico que ahora sabía que se llamaba "Sasuke" gracias a ellas mismas, si no aquellas tres chicas, que de una u otra manera se las ingeniaron para volver cada vez que podían. - Una princesa comprometida, una dama de compañía obligada a estar a su lado y una simple chica del pueblo… que de una u otra manera le dieron un sentido de existencia a la pequeña Sirena.
Una Sirena que tendría que aprender a conocer el mundo más allá, y crecer, porque junto al conocimiento venía el dolor, porque junto al amor venía la pérdida.
Y porque junto al entendimiento venía la añoranza.
Más, no sería hasta años después, cuando sus labios se unieran a los de él, que entendería que todo eso había valido al final del día la pena.
