CAPÍTULO 13. DESCENSO

PARTE I

Desde su auto, Naraku observa detenidamente a Inuyasha, quien fumaba un cigarrillo que se consumía en sus labios delgados de a poco.

Una dulce tentación.

Deseó acercarse, pero no lo hizo. El chico ni siquiera se había dado cuenta de que era observado. Su inocencia le daba ternura y gracia.

Muy diferente a Sesshomaru, pero Inuyasha aun tenía esa chispa de ingenuidad, ¿o tal vez era estupidez?

Mirarlo era como verse a sí mismo a los quince años. Tan ignorante de la crueldad del mundo. Su madre había muerto y tuvo que vivir con su tío Onigumo.

Él fue como un padre... o lo que sea que eso significaba.

"— Trata a las mujeres como perras y se volverán adictas a ti."

Su tio le enseñó a llevar contabilidad, a fumar y, en su cumpleaños, le regaló la virginidad de la chica más hermosa que conocía. También fue su maestro en el sexo; le indico dónde devia tocar y entrar, y en la segunda ronda, se unió a ellos.

Ella gritó ante el dolor de una doble invasión, pero a Naraku le encantó verle los ojos tristes y las mejillas sonrojadas. Sumado a que los ojos de su tío estaban fijos sobre él mientras lo acariciaba con ternura.

"— Odio que papá me haga eso. Solo quiero estar contigo. Te amo."

Kagura le susurró, aprendiendo a sus trece años a como intercambiar beneficios por sexo.

Al poco tiempo, Onigumo murió. Naraku no lloró su pérdida, al contrario, le agradeció por todo. Y Kagura, ella sonrió durante el funeral.

Ambos se abrieron paso ante el mundo. No importaba quien se atravesaba en su camino, hombre o mujer, caían hipnotizados con tanta belleza.

Ni siquiera su padre biológico, Akio Taisho, pudo resistirse. Termino dándole su apellido y su herencia.

— ¿Podemos irnos?

La voz de su esposa lo trajo al presente.

— ¿Por qué razón?

— Estamos perdiendo el tiempo.

Naraku alzó su ceja oscura de manera inquisitiva.

Kagura se quedó en silencio, intentando dar una excusa.

— ¿Te gusta?

Las mejillas femeninas se pusieron rojas. —¡Claro que no!—. Quiso mostrarse ofendida, pero no pudo.

Se rió de su patético intento por ocultarlo. —¿Te gusta más que yo?

— ¡Jamás!—. Kagura tomó su mano y la besó con devoción.

— Perra mentirosa—. Le dijo haciendo que ella dejara salir el aire ante la sorpresa de sus palabras. —Solo sirves para el sexo. Chicos como él no toman en serio a las putas como tú.

Kagura no pudo soportar la humillación, así que le dio una merecida cachetada.

Naraku se tocó la mejilla, justo antes de devolverle la ofensa con el codo, golpeándola directo en la frente.

Arrancó el vehículo.

— Mira lo que me haces hacer. Y no se te ocurra llorar, o tendré que amarrarte—. Por el rabillo de su ojo, la vio agarrándose la cabeza, temblorosa por el golpe. —Déjame verte—. Dijo sujetándola de la barbilla, para obligarla a mirarlo.

Para Kagura, el golpe dolía mucho. Pronto las lágrimas surcaron su bello rostro.

Naraku le dio esa sonrisa que la enloquecía, y ella no pudo ocultar su excitación porque le encantaba ser tratada así.

&. &. &. &.

— ¿Harás algo divertido está noche?

La pregunta de Sango hizo que las mejillas se le tiñeran de rosa. Era eso o el calor sofocante; caminar a la nevería después de clases no había sido buena idea.

— Es el cumpleaños de Sesshomaru y le haré una cena en mi casa.

De regalo le daría todo su amor justo después del postre, o tal vez antes, para eso tenía un diminuto vestido color negro de encaje.

Emocionada y con una sonrisa, Kagome le contó su plan.

Sango solo la observaba sin poner mucha atención, porque ella se veía tan bonita expresando sus sentimientos que parecía tener dentro un pajarito revoloteando.

— Es una suerte que él esté en la ciudad está noche—. Dijo Kagome muy feliz.

Esa palabra llamó la atención de Sango, quien volvió a concentrarse en la conversación.

— ¿Suerte que Sesshomaru te visite?

Kagome frunció el ceño intentando contestar a eso. —Él está ocupado. Tiene mucho trabajo, y...

— Dime la verdad, desde que él dejó la escuela, ¿cuantas veces lo has visto?

La sonrisa de la pelinegra murió lentamente en sus labios ante el cuestionamiento. Pero Sango no le dio tiempo a pensar en una respuesta.

— Será que yo adoro ver a Miroku. Es tan lindo que hoy tendremos una romántica cita a las afueras de la ciudad. Se esfuerza mucho para qué estemos juntos.

Kagome se percató de la comparación de ambas relaciones.

— Sabemos que Sesshomaru nunca ha sido del tipo que le guste esforzarse.

Ahí estaba, otra vez Sango despotricando contra él.

—¿Qué quisiste decir con eso?—. Preguntó Kagome, frunciendo las cejas.

—Nada—. Dijo Sango alzando los hombros y sonriendo para alterar la tensión. —Olvídalo.

Pero Kagome no lo hizo. Se aferró al tema.

— No puedo creerlo. Todo lo que has dicho es solo para presumir, pero si yo quiero hablar de algo, lo único que haces es criticar.

Sango sorprendida, negó. —Estás malentendiendo...

— Tal vez debería tener una cita con Miroku, para saber cómo me debería tratar un hombre.

La indignación y los celos de la castaña se hicieron evidentes cuando su boca se abrió.

— ¿Qué estás insinuando?

— Ya antes nos compartimos a un hombre, ¿porque no a tu novio?

— ¡Pensé que lo de Inuyasha estaba superado!

— ¡Como ya no lo quiero, ya no te gusta!

— ¡Él era quien me buscaba!

— ¿Y odias a Sesshomaru porque nunca se fijó en ti?

Sango apretó la boca en señal de completo enfado. Su respiración acelerada delataba su estado.

Igual Kagome, había perdido el control. Pero no volvería a dejar que pisotearan su relación. Nunca más.

— Lo único que quiero es que entiendas que él no se esfuerza por estar contigo.

— Lo amo, Sango.

— Vas a terminar lastimada.

— Tu me has lastimado más que nadie y te perdone. Perdí mi amistad con Kikyo por defenderte, cuando tú ni siquiera hiciste algo al respecto con Rin, después de todo lo que ella me ha hecho.

— Estás haciendo una tormenta en un vaso de agua, muy típico de ti, Kagome.

El enojo volvió a surgir en ella. —¿Te parece?. Porque te recuerdo que Rin...

Sango la interrumpió.

— ¡Es la hermana de mi novio!, ¿entiendes?

Kagome abrió los ojos sorprendida. Kikyo se lo advirtió y no hizo caso. Sesshomaru también.

— Lo lamento, Kagome—. Dio media vuelta y se marchó.

La discusión, reavivó en ella sus viejas inseguridades.

Pensó en Sesshomaru y su ausencia. Hizo el conteo sobre sus citas, sorprendiendose que apenas y cubría los dedos de una mano.

Una punzada, tan fina como una aguja y certera como un disparo entró en su pecho.

Intento correr a cualquier lado queriendo escapar de sus oscuros pensamientos.

El mundo giraba y la angustia se desbordaba de su cuerpo.

— Kagome, ¿estás bien?

La voz de Inuyasha la hizo salir de ese doloroso trance. Ahí estaba él, con un montón de libros en el brazo y a su lado Ayame, cargando dos helados.

— Yo...

La pelirroja caminó hacia ella. —¿Quieres que te acompañe a tu casa?

Al principio no entendió porque ambos parecían preocupados, hasta que sintió la humedad en sus mejillas.

¿En qué momento comenzó a llorar?

Esa tarde, Ayame le ayudó a decorar todo para Sesshomaru.

— Sango es una grandísima tonta que no debería opinar.

Las palabras de la ojiverde, pusieron a Kagome de mucho mejor humor.

&. &. &. &.

Con la tarjeta de felicitación en sus manos, Sesshomaru recordó el día que conoció a Naraku. Fue tan raro como se ganó su confianza al instante. Era muy ambicioso y con buen ojo para los negocios.

Sesshomaru inmediatamente lo vio como un ejemplo a seguir.

Diez años de diferencia con su tío, pero para él era su mejor amigo.

La admiración se convirtió casi en respeto. Excepto por una enorme piedra en su camino... Kagura.

Acostarse con la esposa de su tío fue como una adicción, una montaña rusa que le ponía las emociones al límite.

Pensó inocentemente que Naraku jamás se enteraría de sus encuentros sexuales. Hasta que todo se salió de control.

Pero, nada de eso ya valía la pena recordar.

Durante años se sintió como basura. Creyendo estúpidamente que no se merecía a Kagome. Pero ella le correspondió. Y ahora que estaban juntos, ¿podría ella aceptar sus pensamientos oscuros?

Ya le había dado muestras de sus gustos lascivos, pero aún se mantenía escondido lo salvaje. Kagura había probado ese impulso y todo había salido muy mal.

Sus pensamientos se vieron interrumpidos por Inuyasha que en ese momento entró a la oficina como un torbellino.

— ¿Qué no te enseñaron a tocar?

— ¿Qué no te dijeron que eres un imbécil?

Sesshomaru arqueo una ceja. —¿A qué viene el insulto?

El menor se acercó y puso ambas palmas sobre el escritorio, golpeándolas. Sus cejas negras y fruncidas delataban su molestia.

— Antes de venir aquí, fui a dejar a Kagome a su casa, y adivina, estaba llorando. ¿Qué le hiciste?

¿Llorando? Sus ojos se abrieron ante la sorpresa.

— Infeliz, bastardo. ¿La lastimaste?. ¡Contesta!

Si ella hubiera estado mal, le habría dicho. ¿Por qué se lo contó a Inuyasha?.

— ¡Habla, Sesshomaru!

Lo hizo, irritado por esa actitud y los celos. —Con tu antecedente, eres el menos indicado para preocuparte por ella.

Inuyasha completamente avergonzado, se vio obligado a quitar la amenaza impuesta sobre la mesa y esconder las manos en el bolso de su pantalón.

— Pensé que...

— ¿Qué no se te ocurrió preguntar antes de hacer este escándalo?

— Con las cosas que han pasado últimamente, yo creí...

— ¿Cosas?—. Sesshomaru se puso en alerta.

— ¿Kagome no te ha dicho nada?

— Si supiera, no te estuviera preguntando, idiota. ¡Habla ya!—. Exigió.

Inuyasha se rasco la cabeza. —¿Te contó que la han estado molestando en la escuela?

No, no le contó nada.

Sesshomaru lo miró fijamente, con los puños apretados. —Se supone que me ayudarías a cuidarla.

— ¿Y qué quieres que haga?, ¿Golpear a todos?

— Al menos serías útil.

Inuyasha enfadado, salió de la oficina dando un portazo.

Pero a Sesshomaru no le importó.

Debía hablar con Kagome de eso. Su relación estaba basada en la confianza. ¡Ellos no podían ocultar cosas tan importantes!

Aunque... había otras que no eran tan necesarias ser sacadas a la luz.

En ese momento sintió el recuerdo de los labios de Naraku sobre su mano.

"— No te obligaremos a hacer nada que no quieras."

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Para Bankotsu la soberbia era su mejor arma contra cualquiera persona, excepto... la madre de su novia.

Mitsune lo miraba fijamente con una sonrisa media. Esos enormes ojos avellana parecían no querer ponerse sobre otro lugar. Sobria era intimidante, a tal punto que haría confesar al mejor mentiroso.

— Aquí está tu café.

Le ofreció un horrible café instantáneo, pero gustoso se lo bebió para ver si se podía tragar la incomodidad. Asqueroso café, el mismo que su chica solía preparar.

Miró su reloj, dándose cuenta que ella tenía quince minutos de retraso. La mataría, estaba seguro, y no de la forma en que a ella le gustaba.

El silencio reinaba el lugar, y él no podía con tanto.

— Bonito departamento—. Dijo refiriéndose a hogar dentro del centro de rehabilitación.

— Es una pocilga—. De repente, Mitsune comenzó a reír. —¡Vamos!, Kikyo dijo que eras muy divertido. Relájate.

Bankotsu lo hizo, devolviéndole la sonrisa.

— Así me gusta. Por cierto, te debo las gracias.

Espero de todo, menos esas palabras. —¿Por qué?

— Por lo que hiciste por mí la otra noche—. La tristeza hizo sombra en su rostro. —Mi comportamiento era tan vergonzoso, y... arrastre por muchos años a mi hija conmigo.

— No tiene nada que agradecer.

— Aún así... gracias a ti la veo más feliz. Le gustas mucho, se le nota.

Él sintió cosquillas, pero estas no le daban risa, le recorrieron de los pies a la cabeza, señal de que estaba emocionado.

— Y ella a mi.

— Me alegro, porque debemos admitir que no es una mujer fácil de tratar.

Bankotsu asintió dándole la razón.

Mitsune, habló. —Ella tuvo que lidiar con tantas cosas que ni siquiera eran sus problemas. Su padre, yo, y los demás niños. El mundo se vino cuando se enteró de la chica Higurashi, y todo eso lo lidio prácticamente sola.

— ¿Higurashi?—. Preguntó sin saber de qué rayos estaba hablando Mitsune. ¿A qué se refería con los otros niños?

— Si, la hija de la diseñadora de modas. Pero, bueno, mi Kikyo ha sabido salir adelante. Me da gusto que sea contigo.

Ese apellidó... lo conocía de algún lado.

¡Claro, la chica del elevador!, la novia de Sesshomaru.

Las imágenes de Kikyo celosa, cuando le mordió un pezón por su ocurrencia de decir que esa chica era linda, unía la mayoría de las piezas mentales.

¡El parecido entre ellas era evidente!

— ¡Lamento el atraso!

Kikyo entró con un pastel en la mano. Saludo a su madre con un abrazo, y se acercó a él dándole un suave beso en los labios.

— ¿Estás bien?—. Le preguntó.

— Si, es que, ya queríamos que llegarás.

La comida con Mitsune se transformó en cena.

Bankotsu no podía dejar de mirar a Kikyo y su sonrisa de completa felicidad.

Y se preguntó, ¿cuántas cosas más había en la vida de su chica que él aún no se enteraba?

&. &. &. &.

Tenía semanas desde la última vez que vio a Kagura.

Perder a Kikyo le había hecho abrir los ojos. No quería volver a cometer los mismos errores. Y uno de ellos debía terminar en ese momento.

Ahí estaba ella, sentada en la cama con una pose tan sensual que parecía una gata en celo, esperando junto a una botella de vino fría.

Verla le provocó una erección, la cual perdió al notar una herida recién tratada en el rostro.

— ¿Qué te pasó?—. Preguntó acercándose y tomándole la cara con cuidado.

— No es nada. Me golpeé con la puerta del auto, soy tan descuidada—. Y procedió a quererlo besar.

Tan fácil dejarse llevar; sin embargo, la rechazó.

— ¿Qué pasó?

Inuyasha deseaba mentir, pero no lo hizo. —Lo lamento—. Y se apartó.

— ¿Qué te sucede?

— Ya no volveré a verte.

Kagura prefirió que la hubieran abofeteado, eso en lugar de ver cómo el maldito bastardo la miraba con lástima.

Inuyasha no sabía cómo remediar el daño. Así que se le ocurrió una idea. —Te lo puedo compensar—. Dijo sacando su billetera. —Me dijiste que te gustó una pulsera de diamantes, te daré el dinero.

Esa acción, le trajo malos recuerdos a Kagura, precisamente con su padre, que le dio dinero por el sexo. También a Sesshomaru, que le pagó literalmente por el servicio, tachándola de puta.

— Debí saber que no duraría para siempre—. Ella le sonrió con tristeza al recibir el dinero. —En verdad me gustabas. —Agarró la botella de vino que estaba ya lista para servir y la vertió en dos copas. —Bebamos como despedida.

Inuyasha titubeó, pero se bebió de un golpe el contenido. Le supo mal, pero ante la incomodidad, decidió que era hora de irse.

— Creí que tú y yo podríamos... ya sabes. Tener una conexión especial.

Pero, Inuyasha negó. —Estás casada.

— Eso no te importó antes.

— Kagura, yo...

De un momento a otro, Kagura se echó a reír a carcajadas. Se quitó la copa llena de los labios y lo vertió en el suelo.

— Te viniste dentro de mí y sobre mí...

La risa se volvió enojo.

— Me rompiste el ano muchas veces, hijo de perra...

Los dientes perfectos estaban apretados.

— ¡Me trague tu semen!—. Gritó aventando la copa, que se rompió igual que su corazón.

— Tranquila—. Inuyasha alzó las manos en señal de calma. —Ya te pedí perdón.

De pronto ella lloraba, eran en verdad lágrimas de cólera.

— ¿Signifique algo para ti?

Inuyasha no dijo nada. No había nada que decir.

— Fuiste una compañía agradable. Y no me gustaría irme viéndote así—. Era cierto, a Inuyasha no le gustaba ver a las mujeres llorar.

— No te preocupes, cariño, está noche me divertiré mucho—. Miró su celular y una sonrisa apareció en sus labios. —Espero que tú también.

Inuyasha se puso en alerta cuando sintió el pulso acelerado, y la respiración caliente. La erección fue inevitable y dolorosa y, justo en ese momento, la vio quitándose el resto de la ropa.

&. &. &. &.

Una sonrisa torcida apareció en sus labios al ver a Kagome corriendo hacia él. Se veía hermosa, con su cabello ondulado cayendo sobre sus hombros desnudos y sus ojos azules brillando tan seductores.

— ¡Feliz cumpleaños!

Kagome no pudo evitarlo, se aventó a sus brazos deseosa de su contacto.

¡Demonios!, lo amaba tanto. Al diablo Sango y sus palabras, tenerlo era lo único que importaba. Así que lo beso.

Ella era pura intensidad transformada en mujer. Lo besaba de tal manera que Sesshomaru se sorprendió. Era como si quisiera fundirse con él.

Se dejó guiar por ella y su desbordante pasión. Enredo sus dedos en el cabello negro, jalándolo con precisión para dejar al descubierto el cuello y el escote, los cuales no dudo en besar.

Un caminito de suaves besos que la hicieron reír.

Kagome estaba segura de querer disfrutar de eso para siempre.

Todo desaparece, excepto ellos dos. La espera había sido tan sofocante para ambos.

— Primero tenemos... mmm...

Las palabras fueron arrebatadas por Sesshomaru que no permitió que esa suculenta boca pudiera seguir articulando sonido alguno, más que gemidos.

Ella era suya. Él debía ser su confidente no el idiota de Inuyasha. Y se lo demostró mordiendo su exquisita piel.

La plática sería después de demostrarle lo mucho que...

El ruido de su celular interrumpió todo.

Sesshomaru se separó, dispuesto a apagarlo, pero el nombre de Inuyasha apareció en la pantalla.

— Lo siento, es el idiota.

Kagome con los ojos entreabiertos se rió.

— Está bien, contesta, mientras termino de poner la mesa.

Ella se alejó obsequiando una caricia en su mejilla. Por una extraña razón, Kagome mantuvo su mano más tiempo de lo debido. Fue como si...

Otra llamada,

— Qué quieres.

Kagome se alejó sonriéndole.

Sesshomaru la observó, mientras que esperaba que su hermano hablase.

— ¿Inuyasha?

Un gemido lastimero le provocó que todos los vellos se le pusiera de punta.

¿Estaba llorando?

— Inu...

— La... lastime.

Sesshomaru se sintió palidecer. —¿De qué estás hablando?

La lengua de Inuyasha parecía arrastrarse por una superficie pedroza.

— No te entiendo.

— Ayuda...

Sesshomaru por primera vez pudo experimentar lo que era un nudo de angustia.

— ¿Inuyasha?

El tono de colgar se hizo presente dejándolo anonadado. Marco varias veces sin obtener ninguna respuesta.

Estaba apagado.

Intento mantener la cabeza fría. Ya había perdido a su padre, no quería perder a su hermano. Si tan solo hubiera puesto más atención, no estaría pasando eso.

Él debía ser el responsable de todo.

El miedo le provocó dolor en el pecho, como si le hubieran exprimido el corazón.

Su celular sonó, está vez era Kikyo.

&. &. &. &.

— Te ves muy feliz.

Kikyo sonrió. —Lo estoy.

Era cierto, así la ponía ver a su madre mucho mejor y más sana que en los últimos diez años.

— Sabes, siempre tenía pensamientos negativos sobre todo. Pero, ahora, en lo único que pienso es como se han estado arreglando las cosas poco a poco.

Bankotsu se recargo en el elevador. Observándola, queriendo que ella abordara el tema que lo estaba inquietando.

— Te amo—. Dijo Kikyo de pronto, con los ojos fijos sobre los suyos. —Te amo.

Volvió a repetir, con una sonrisa que cubrió con sus manos, mientras se reía. No esperaba una respuesta, era decirlo porque deseaba dejar de reprimirse.

Sin que Bankotsu pudiera responder, ella se abalanzó sobre sus labios y lo besó.

De un momento a otro, llegar al departamento era su prioridad, la de ambos. Las puertas del elevador se abrieron, entre risas y besos salieron.

Entonces, Bankotsu la vio detenerse, y la sonrisa bella sonrisa se le borró.

— ¿Inuyasha?

Ahí estaba él, sentado en el suelo, con la cabeza metida entre las piernas.

— ¡Inuyasha!

Corrió hacia él, soltando a Bankotsu en el proceso.

Kikyo se arrodilló y le tomó la cara entre las manos para que él mirase sus ojos. Estaba perdido, Inuyasha estaba drogado hasta la coronilla. Los ojos dorados estaban rojos e hinchados.

— ¡Que mierda te metiste! —. Gritó, enfadada y llorando. Las lágrimas salieron sin ser consciente de eso.

— Kikyo, debemos llevarlo al hospital.

Ella asintió. —Si, toma—. Le dijo pasándole su celular. —Habla con Sesshomaru. Dile que nos vea en el hospital.

Bankotsu se quedó un momento viendo como ella lloraba, completamente desesperada. Sin embargo, hizo lo que le pidieron.

—Inuyasha, ¿me escuchas?, ¿puedes ponerte de pie?

— N-no quise...

— No importa, vamos, hay que irnos.

Él negó con miedo, se cubrió la cara con las manos, fue en ese momento que Kikyo vio que estaban rojas e hinchadas. Reparó en su ropa, los pantalones estaban mal puestos, y no traía camisa.

— ¿Qué sucedió, Inuyasha?

Él comenzó a llorar. —No lo sé.

— Dímelo, para ayudarte.

Puso sus ojos en Kikyo. —Quería cambiar, y ella... creo que la viole.

Kikyo se llevó la mano a la boca ante la impresión de la confesión.

— ¿A quién?

Inuyasha negó.

— ¡Inuyasha, dímelo!

— La vi sin moverse, y yo no supe qué hacer.

— Sesshomaru viene para acá.

Inuyasha se puso de pie como pudo. —No quiero que él... me vea.

— Tranquilo, vamos a...

Demasiado tarde, salió corriendo, empujando a Kikyo en el proceso, y metiéndose al elevador.

&. &. &. &.

Sesshomaru había escuchado.

Todo estaba saliendo muy mal. ¿Dónde estaba metido su hermano?

Se acercó a Kagome, que en ese momento prendía las velas.

— ¿Todo bien?

Estaba seguro que ella lo acompañaría al fin del mundo, pero no quería inmiscuirla. Si sus temores eran ciertos, no quería que ella se enterase de lo que sucedió años atrás.

Así que tomó una decisión.

— Tengo que irme.

—¿A dónde?

— Inuyasha se metió en problemas.

Kagome pensó que era una broma. —No me sorprende.

Pero Sesshomaru no dijo nada. Lo que la asustó.

— ¿Fue grave?

— No es nada importante, prometo que haré todo lo posible por regresar rápido.

— ¡Voy contigo!—. Dijo buscando en el armario un suéter.

Él le puso una mano en el hombro.

— No quiere que lo veas así.

La besó de forma fría, porque no podía concentrarse en otra cosa que no fuese su hermano.

Le estaba mintiendo, pero tenía miedo de que sus fantasmas del pasado fueran los que estaban detrás de todo eso.

Kagome lo vio partir. Por una extraña razón un sentimiento melancólico la hizo apagar las velas.

Continuará...

¡Por fin!

Lo sentimos, amigos. Ya prometemos terminar todo lo pendiente antes de otros nuevos proyectos.

¡Besos, y gracias por seguir apoyándonos!