Una vez que algo ha sido perdido, jamás regresará...

Una frase que cruzaba por la mente de una hermosa y joven chica mientras miraba el cielo completamente blanco y que se encontraba sola sentada en la azotea de una mansión.

Claro que la frase no era algo que ella inventó, los créditos eran para su esposo, que era algo que él mismo se decía cuando estaba solo y pensaba y que ella lo escuchó decir una vez.

--: (pensando) el pasado se queda atrás... se deben buscar nuevas cosas, nuevos tiempos, nuevas personas, pero... ¿qué se debe hacer cuando estás en un laberinto sin salida y ese laberinto es tu pasado, que te impide olvidarlo y avanzar al futuro?

Oh... ahí está lady Phantomhive - escuchó que una voz femenina le habló y la joven giró su cabeza hacía la puerta, era Mey-Rin la única mujer sirvienta de la mansión Phantomhive.

-- miró que la pelirroja traía una pequeña bandeja con una taza de té (se le hizo extraño por qué ella no se lo había pedido) se dirigía a ella nerviosa y temblando como siempre. -- lo notó, se paró cerca de Mey-Rin y le ayudó a llevar la taza de té a la pequeña mesa cerca de donde ella estaba sentada.

--: gracias Mey.. pero yo no te pedí que me trajeras una taza de té.

Mey-Rin: lo sé señorita, en realidad se la traje por orden de bocchan, se preocupó de que tuviera apetito y me ordenó que se la trajera.

--: oh.. ya veo, bueno gracias otra vez, puedes retirarte.

Mey-Rin se dirigió a la puerta dispuesta a irse pero regresó de nuevo con --.

Mey-Rin: oh señorita, casi se me olvida decirle algo.

--: ¿qué, Mey-Rin?

Mey-Rin: hoy en la noche habrá una fiesta en la mansión, bocchan me ordenó que le informará y que se preparé por la tarde.

--: ¿qué? pero, ¿por qué Ciel no me dijo nada?

Mey-Rin: bocchan dijo que quería sorprenderla. Bueno me retiro, lady Phantomhive.

La pelirroja se fue. -- se volvió a sentar y tomó su té pensativa.

--: ¿una fiesta? ¿ahora? ¿por qué?

-- sabía que en esos últimos meses Ciel ya no acostumbraba hacer fiestas en la mansión como hacía cuando eran recién casados. Solo si era su cumpleaños, el de ella o de los padres de la joven, pero ese día no era cumpleaños de nadie. Era muy extraño.

-- terminó su té y se retiró de la azotea.

Caminaba por los pasillos hasta que llegó a la puerta que conducía al despacho de Ciel, tocó la puerta.

Ciel: ¿quién es?

--: soy yo --.

Ciel: pasa.

-- entró y miró que Ciel leía unos papeles, cosa que le pareció muy normal.

--: ¿por qué no me dijiste que hoy va a haber una fiesta en la mansión?

Ciel: veo que Mey-Rin ya te lo dijo. Ya lo sabes, quería sorprenderte.

--: ¿sorprenderme? pero si hoy no es cumpleaños de nadie.

Ciel: lo sabrás más tarde. Bueno estoy un poco ocupado, ve y arreglate, también que hagan lo mismo tus padres. Te veo en la fiesta.

--: está bien.

La chica salió del despacho y posó su espalda sobre la pared hasta que se le ocurrió una idea, caminó, bajó a la planta baja y salió de la mansión para dirigirse al jardín, si se iba a hacer una fiesta seguro necesitarían rosas para adornar el salón, así que llegó al jardín, se agachó y cortó unas cuántas rosas con sus manos.

--: estas son perfectas, quedarán bien para la decoración.

La chica seguía cortando rosas hasta que vio una sombra y alzó su mirada, era Finnian.

--: (sonriendo) oh, hola, Finny.

Finny: (sonriendo) hola lady Phantomhive ¿qué hace aquí afuera?

--: vine a cortar unas cuántas rosas para la decoración de la fiesta.

Finny: oh señorita, no es necesario que usted lo haga, yo soy el jardinero es mi trabajo, usted debería ir y buscar algún vestido para la fiesta, bocchan quiere tenerla de compañía.

--: lo sé Finny pero para mí no es molestia hacer esto, al contrario con gusto te ayudo, bueno si me permites.

Finny se rascó la parte de atrás de sus cabellos rubios y le sonrió a --.

Finny: claro que sí, señorita Phantomhive, no hay problema.

-- junto con Finnian cortaron muchas rosas, entraron a la mansión y decoraron el salón, quedó perfecto.

Finny: gracias señorita, aunque aún me siento un poco apenado por hacerla trabajar.

-- pone su mano derecha sobre el hombro izquierdo del rubio y le da una cálida sonrisa.

--: descuida, no te sientas así. Además es algo que disfruté y sabes que me gusta ayudar.

Ah ¡ahí estás! - dijo la voz de una mujer madura quien bajaba las escaleras y llegó con -- y Finnian, la madre de --.

--: ¡madre! yo... eh...

N/m: te estaba buscando por todas partes cariño, ¿dónde estabas?

--: estaba ayudando a Finny a decorar el salón con rosas.

Finny: sí, no sabe cuanto se lo agradezco.

N/m: que bueno mi amor, pero ahora tenemos que ir a tu habitación y escoger la ropa que te pondrás para la fiesta, tu padre y yo ya lo hicimos y creo que solo faltas tú.

--: jeje mamá para eso faltan muchas horas.

N/m: no importa vamos. No querrás que a la hora no tengas idea que ponerte y dejes plantado a tu esposo. Vamos ya.

La mujer mayor toma del brazo derecho a su hija y ambas se van del salón para irse a la habitación de la chica. Cuando llegaron se llevaron una sorpresa; sobre la cama ya había un lindo vestido.

N/m: ¡wow! Parece que ya lo tienes listo. Perfecto.

-- no fue quien dejó ni escogió ese vestido pero en una situación así solo se pudo acordar de alguien.

--: (pensando y sonriendo) Sebastián.

Pasaron volando las horas, ya era de noche, había muchos invitados en la fiesta entre ellos Elizabeth, el vizconde y algunas personas con las que Ciel hacía negocios.

Ciel esperaba en las escaleras a su amada la cuál estaba lista detrás de una puerta cercana con Sebastián.

Sebastián: ¿está nerviosa?

--: sí... un poco.

Sebastián: tranquila, mi lady, sujete de mi brazo y cuando lleguemos a las escaleras la entregare a bocchan, sus padres también la están esperando abajo.

--: bueno, su espera está por acabar vamos.

-- se sujeta del brazo de Sebastián y ambos salen de la puerta, caminan por el pasillo y llegan a las escaleras donde son vistos por todos.

Vizconde: oh, parece que esa dulce y joven rosa por fin sale para que admiremos su belleza.

Ciel la miró, aunque no se le notaba por fuera por dentro estaba encantado, se veía muy hermosa y se sentía el chico más afortunado de tenerla a su lado.

-- y Sebastián bajan las escaleras hasta que llegan con Ciel.

Ciel: al fin llegas, te ves hermosa.

--: gracias.

Ciel le ofrece su brazo a --, ella lo toma y Sebastián la suelta.

--: aún no me has dicho a que se debe esto.

Ciel tomó las manos de su joven esposa y la miró a los ojos.

Ciel: felíz aniversario querida.

Al parecer todos los presentes escucharon al joven conde porque aplaudieron a la joven pareja y los veían con calidez.

-- por fin lo entendió, su esposo no iba a realizar una fiesta solo porque sí, y recordó impresionada que esa fecha era en la que contrajeron matrimonio.

--: oh... no me esperaba que lo recordarás y que hicieras una fiesta por eso, creí que estabas ocupado con tus pendientes.

Ciel: nada es más importante que tú, hermosa.

El joven conde posó su mano derecha sobre la mejilla izquierda de su esposa y sus labios tuvieron contacto con los de ella, quien le correspondió un poco incómoda por qué habían muchas miradas sobre ellos y no era algo que acostumbrara hacer mucho en público.

--: Ciel, no enfrente de las visitas.

Ciel: no veo por qué no, además eres mi esposa es natural. Bueno vamos con los demás.

-- se volvió a sujetar del brazo de Ciel bajaron finalmente todas las escaleras y se unieron a la multitud presente.

Mientras la joven pareja caminaba se encontraron con Soma y Agni.

Soma: hola, Ciel, hola, --.

--: (sonriendo) hola, Soma.

Ciel: ¿todo ha estado bien por el pueblo?

Agni: sí, no hemos visto nada raro ni sospechoso que pueda crear un nuevo misterio.

-- miraba a las personas buscando rostros conocidos además de Soma y Agni, no se le hizo raro que Ciel no invitará a Alois Trancy y su mayordomo Claude Faustus a su fiesta de aniversario.

¡--! ¡Ciiiieeel! - se escuchó una voz femenina alegre que ambos conocían a la perfección y la dueña de esta les dio a los dos un fuerte abrazo por la espalda, Elizabeth.

Ciel: oh, Lizzie.

--: hola, Elizabeth, nos alegra que estés aquí.

Elizabeth: (alegre) estos días que pasaron se me hicieron una eternidad, cuando Ciel me mandó la invitación para venir estaba ansiosa por verlos de nuevo, no esperaba que fuera su aniversario, felicidades.

La rubia los volvió a abrazar, cosa normal en ella.

Elizabeth: --, ¿podemos dar una caminata por el salón?

--: sí, claro Elizabeth.

Elizabeth: ¿no te molesta si -- se va conmigo unos segundos, Ciel?

Ciel: para nada, la mansión se ha sentido solitaria estos últimos días, vayan, a -- le hará bien hablar con alguien un momento.

Elizabeth: (sonriendo) ¡genial! ¡vamos --!

Elizabeth tomó de la mano a -- y ambas se alejaron.

Elizabeth: te ves hermosa esta noche.

--: gracias, Eli, lo mismo me dijo Ciel tú también lo estás, en realidad se lo debo a Sebastián si no fuera por él estaría en un apuro, soy mala para escoger la ropa adecuada.

Elizabeth: (sonriendo) sí, Sebastián es la mano derecha de Ciel pero también es a veces la tuya al ser su esposa.

--: si lo sé, pero siento que es mucho para él ya tiene suficiente trabajo para ayudar Ciel con las misiones que la reina le manda a realizar y las tareas domésticas de la mansión como para también ayudar a una chica en apuros algo tontos.

Elizabeth: (sonriendo) vamos -- sabes que para Sebastián no es ninguna molestia ayudar a quien lo necesite, además lo hace con gusto.

Que afortunada es lady Phantomhive, tiene un guapo y joven esposo, belleza, riqueza y un buen futuro por delante a pesar de su corta edad - -- escuchó rumorear a una mujer adulta, quien hablaba con su amiga.

Sí, era cierto tenía todo lo que cualquiera podia desear, era una persona afortunada pero... ¿por qué aún con todo eso a veces sentía que no podía ser completamente felíz? ¿por qué sentía una insatisfacción en su vida, o que algo le faltaba? aunque no era la única, Ciel también a pesar de que tenía todo y que aparentara frialdad o tuviera una falsa sonrisa en su rostro ante la sociedad, en el fondo sufría y se sentía en momentos muy frágil, ese lado solo lo sabían ella, Sebastián, Elizabeth y los sirvientes de la mansión Phantomhive. Aunque a ella no le asesinaron a sus padres desde muy pequeña y la marcaron de por vida sentía que algo le hacía falta en su vida.

Elizabeth: eh, --.

--: ¿ah? ¿que? ¿si, Elizabeth?

Elizabeth: estás un poco distraída ¿todo está bien?

-- tomó un pequeño banquete ya que habían estado paradas cerca de la mesa de los bocadillos y se lo comió.

--: sí... todo está... bien.

Elizabeth: ¿han discutido Ciel y tú uno de estos días?

--: no no claro que no, hemos estado bien, aunque él sea una persona fría y a veces no exprese sus sentimientos me ha demostrado que de verdad me ama... a su manera, pero de verdad me ama.

Pronto muchas personas comenzaron a ir a la pista de baile. -- miró que desde lejos Ciel la miraba y le hacía una seña de que fuera con él, sin duda significaba que tenía que pasar también a bailar con su esposo, no podían faltar los protagonistas de la fiesta.

--: oh parece que Ciel me está llamando, seguro quiere bailar también, iré con él nos vemos en unos minutos Elizabeth.

-- fue donde estaba Ciel y él le extendió la mano derecha.

Ciel: mi lady, ¿me consederias esta pieza?

--: claro, mi gran conde.

Tomó la mano de Ciel y ambos se pararon en la pista con las demás parejas, se pusieron en la posición correcta y comenzaron a bailar, una cosa que tenían en común era que eran pésimos para el baile pero por fortuna Sebastián les habían dado clases a ambos y después de un tiempo aprendieron a la perfección.

Ciel: ¿por qué me miras así?

--: es que aún no puedo creer que hicieras esta fiesta y que esté bailando contigo en una pista de baile con miradas posadas sobre nosotros... creí que solo sería una cena con Elizabeth y mis padres.

Ciel le da un beso en la mejilla derecha.

Ciel: es normal que pienses así de mí, siendo un chico que a veces no te demuestra sus sentimientos o que en ocasiones estoy muy ocupado en mis asuntos y no te presto la atención que mereces.

--: no digas eso, entiendo perfectamente no tienes que sentirte culpable.

Ciel: te amo.

--: lo sé.

Ciel: --.

--: si, yo...

Ciel: créeme no parare, haré todo lo que sea necesario para que me digas que me amas.

Ciel tomó de la nuca a su esposa y la besó dulcemente.

Después de bailar y de estar unas horas más con los invitados, la fiesta finalizó, la mansión se cerró de nuevo y todos estaban dormidos excepto Ciel, Sebastián y --, los tres estaban en la habitación de Ciel. -- miraba la noche por la ventana (ya no tenía su vestido puesto, tenía ropa de dormir) mientras Sebastián arropaba a Ciel.

Sebastián: ¿disfrutó de la fiesta, bocchan?

Ciel: sí, es la primera vez que me sentí felíz en una fiesta.

Sebastián: ¿y usted, lady Phantomhive?

--: no me lo esperaba, pero sí, si me sentí muy bien y contenta... además Ciel no es la primera vez, ¿recuerdas cuando...?

Ciel: solo fingía en esas fiestas, por dentro me sentía incómodo y sin ganas... pero hoy fue diferente... por ti.

--: Ciel... yo...

Ciel: es la verdad, solo porque se trató de ti y de mí me sentí felíz, no me arrepiento de nada.

-- se acercó a Ciel y toma una de sus manos.

--: (sonriendo) me alegra que sientas eso... bueno debes estar cansado, me iré para que puedas dormir.

-- le da un beso en la frente a Ciel y sale de la habitación, aunque eran esposos ambos no estaban acostumbrados a compartir cama y dormir juntos, dormían en habitaciones separadas.

--: (pensando) a pesar de todo es tan bueno... no merece que yo no lo ame... soy una perdedora.

Después dejó ese pensamiento y se dirigió a su habitación para dormir.