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El problema de ser un wedding planner es cuando debes ser tu propio wedding planner y el de tu mejor amigo o amiga, necesitabas por lo menos un año y medio de planeación, en especial si esta boda sí iba a ser grande, con vestidos hermosos, una ceremonia en una iglesia, banquete y muchos invitados.

Afortunadamente, 'HiguPlanner', podía con eso y más.

InuYasha recostó con suavidad a su hijo sobre la cama y se hizo atrás con la misma delicadeza para que no se despertara. Tomó las rejas de madera y las elevó para rodear el colchón y evitar así que, al moverse, se cayera. Ese día había sido un poco más difícil dormirlo, estaba muy inquieto, pero el pediatra había dicho que era normal por los cambios de clima de la primavera.

No podía creer que ya estuviera con ellos más de un año, en todo ese tiempo InuYasha había desarrollado un vínculo fuerte con Hiroshi, sin demasiado esfuerzo había cautivado su corazón, incluso sus padres lo consentían como lo que era: su nieto. Hiroshi era un niño lleno de amor, lo adoraba y el sentimiento era mutuo. No supo en qué momento, pero cuando fue consciente ya tenía una familia que lo amaba y lo hacía feliz. Ser papá nunca era fácil, pero gratificaba, como la primera vez que Hiroshi le dijo papá o demostró querer abrazarlo o comió a gusto con él o rio con sus gestos ridículos cuando quería calmar su llanto o lo llevó al médico… Se había empoderado con su labor de padre y de alguna manera, esa nueva responsabilidad, le hacía sentir seguro.

Lamentablemente, Yura y Bankotsu habían muerto al tratar de escapar de la cárcel, pero por un lado, aunque pareciera horrible, le causó cierta tranquilidad. Así nadie le trataría de quitar a su hijo ni tendría líos por un par de imbéciles que quisieran verlo y confundirlo cuando fuera un adolescente.

Con cuidado le quitó cabellos de la frente y acomodó la sábana para que lo cubriera perfectamente. Se estiró a prender la lámpara de la mesita de noche, a su hijo no le gustaba dormir a oscuras; se dirigió a la puerta, apagó la luz de la habitación y le dio un último vistazo antes de abandonar la estancia.

Con Kagome habían comprado una bonita casa recientemente cerca de lugar de trabajo de ambos. Era amplia, aunque tenía un estilo parecido al anterior departamento de su esposa, se notaba que había sido elegida por ella. Sus pies descalzos hicieron graciosos sonidos sobre el mármol y se estiró un poco cuando estuvo cerca de la cocina.

—¿Todo bien con el niño? —escuchó a su esposa decirle desde la mesa del comedor, estaba trabajando en su laptop.

—Sí, está dormido al fin —afirmó mientras dudaba en si ir con ella o por comida.

—Yor dejó la cena en el horno, puedes comer, cariño —como si adivinara sus pensamientos, le soltó esa información. InuYasha sonrió.

—Gracias —le respondió. Con tranquilidad prendió las luces de la islita y se sirvió la comida. Era una comida que le gustaba. Llevó sus platos a la mesa y se sentó al lado de Kagome mientras ella trabajaba.

Comió en silencio checando redes sociales, pero era cómodo, cada uno estaba en lo suyo. Terminó la cena, lavó sus platos, fue a cepillarse los dientes y volvió; su mujer seguía atenta a la pantalla del portátil. No estaba agotado, el día en la empresa había sido bastante ligero. Algún día, esperaba ver a Hiroshi Taishō trabajando también en Asahi.

—¿Cómo va todo? —Le preguntó con voz suave mientras volvía a sentarse donde estuvo anteriormente. InuYasha sabía que todo iba bien, literalmente su mujer era la mejor wedding planner que jamás había conocido.

Kagome apenas despegó su concentración para responderle a su marido con una voz que demoró un poco parecer segura y enfocada.

—Bien, estaba afinando unos detalles con Ayumi, pero ya casi estoy lista —terminando de conectarse con la plática, le dedicó una amplia sonrisa—. ¿Te gustó la comida? —Le acarició el brazo con el dedo pulgar.

—Sí, muchas gracias —asintió y correspondió el gesto dando ligeras palmadas sobre la mano de la azabache—. ¿Has hablado con Sango?

—Sí, hace unos minutos, está tratando de tranquilizarse —lo dijo también contagiada de un poco de adrenalina. Había muchas cosas que decir sobre esos dos y quizá no acabarían esa noche.

—Bueno, Miroku no se queda atrás —se estiró un poco y echó para atrás hasta tocar el respaldar de la silla—. Todos los días me dice que todavía no lo puede creer —negó. Miroku a veces era un tonto, pero por un lado lo entendía perfectamente a pesar de todo—. Por favor, hace casi un año y medio que se comprometieron y ¿todavía no creen que vayan a casarse?

A veces pensaba… ¿era esa una historia muy mal contada?

Sí, se le habían pegado las mañas de su esposa.

—Entiéndelos —rio—, ya están a una semana, el tiempo se va volando.

Una semana, en una semana se casarían. Parecía que ayer habían empezado a planear el evento.

—Estamos —le corrigió.

Lo bueno era que no solo Sango y Miroku iban a casarse, sino también ellos. Lo harían de nuevo, lo haría mejor que antes.

—Sí, pero nosotros ya tenemos experiencia, ellos son primerizos —volvió su atención a la laptop para cerrar las pestañas y apagarla.

—Supongo que tienes razón —InuYasha alzó la mirada cuando Kagome se puso de pie y movió la silla en donde él estaba sentado para dar espacio y ubicarse en sus piernas, traía una sonrisa coqueta en la cara.

—Oye, estaba pensando… —le dijo con la voz suave y empezó a acariciarle el cuello de la camisa. Su esposo puso las manos en sus caderas y la atrajo hacia él—. ¿Por qué no tratamos de darle un hermanito a Hiroshi? —Se acercó a su boca peligrosamente y le dio un besito en los labios, fue corto y fugaz.

—No me parece mala idea —le siguió el juego y sus manos descendieron hasta los glúteos femeninos para impulsarla más hacia él—, aunque creo que vamos a tener que intentar varias veces si quieres convencerme —empezó a besarle el cuello y la escuchó soltar una carcajada de esas que a él le gustaban.

—Empecemos ahorita.

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—N-no puedo, no puedo —su voz sonaba casi quebrada. Dejó de abotonarse las mangas de su camisa y respiró hondo, rápido. Miró su reflejo y casi se abofetea para poder recuperar el control—. Vamos, vamos.

A su lado, su compañero se miraba en el espejo con una media sonrisa mientras se arreglaba el moño. Estaba contento con el resultado. Miroku lo observó, confundido, y arrugó las cejas. ¿Cómo podía estar tan tranquilo? Luego hizo memoria y recordó que, canónicamente, esa era la cuarta boda de su mejor amigo, así que razones de sobra tenía para parecer que iba a un coctel o algo así.

—Creo que ya estoy listo —anunció aún viéndose; giró el rostro de derecha a izquierda para comprobar detalles.

Takeda volvió a sentir los nervios atacarlo. Si InuYasha estaba listo, significaba que ya casi tenían que salir y él apenas podía respirar con normalidad. Tragó duro, agachó la mirada y sin más, arregló lo del botón de hacía unos segundos.

—¿Cómo me veo? Dime cómo me veo —casi le exigió haciendo que se gire. Estuvo dispuesto a escuchar cualquier crítica.

InuYasha recordó lo que había pasado un año y medio atrás cuando él también estuvo nervioso antes de la boda civil con Kagome y achicó los ojos.

—Pareces un pingüino —le respondió y echó a reír. Literalmente Miroku le había dicho «pareces un pingüino, pero en beige».

La venganza era un plato que se servía con un año y medio de espera. Takeda arrugó la expresión, ni siquiera se le pasó por la mente que Taishō se la estaba devolviendo.

—Cállate, tú también —se volvió al espejo y pasó los dedos por el cabello. Sango se vería como una maldita reina en su mejor momento y él parecería un… pingüino.

—Oye, cálmate, ¿sí? —lo tomó del hombro para que lo mire—. Si así te pones con la boda, no imagino cuando nazca tu hijo.

—Sí, es que ese es el problema, InuYasha —suspiró—, que tú ya estás casado y hasta eres papá, yo apenas voy a casarme por primera vez y encima hace un par de semanas me enteré de que voy a ser padre, no es lo mismo.

A eso no le agregaba el hecho de que Kagome era wedding planner y prácticamente la vida de InuYasha podía girar en torno a bodas y eventos. O sea…

—A ver, Miroku, ¿tú amas a Sango? —Lo encaró. No era justo que estuviera tan nervioso como un tonto cuando faltaban quizás minutos para estar en el altar.

—Claro que sí, más que a mi vida y lo sabes —arrugó la expresión. Pensó que sus sentimientos eran medio obvios.

—Pues eso es lo único que necesitas para que todo salga bien, así que párate firme y vamos a esperarlas al puto altar —lo miró con los ojos bien abiertos. Ya no había espacio para dudas o nerviosismo, era un día especial y había que disfrutarlo.

—Sí, sí, está bien.

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Sango respiraba una y otra vez al ritmo que Kagome le marcaba, estaba a punto de regar el maquillaje con su llanto, pero ahí estaba su mejor amiga para ayudarla a controlar los nervios. Ambas parecían unas reinas en sus mejores momentos, sus elegantes vestidos, sus pequeñas coronas con velos largos, los ramos, sus peinados, el maquillaje, sus joyas…

—Sé que nos prometimos mil veces que jamás íbamos a vestirnos de novias ni para hacer una broma —Kagome, a pesar de su matrimonio, no sabía si reír o llorar por eso que estaba diciendo. Estuvo años perpetuando una misma ideología con respecto a ella y aunque ya se había casado con un vestido blanco, era muy distinto a lo que tenía puesto, es que literalmente eran casi el estándar de lo que debería ponerse una novia.

Era, una vez más, una escena escrita por una niña de trece, pero al menos ahora sí estaba feliz.

Tanaca asintió y también sonrió. Ella había seguido la misma ideología, solo que esa sí era su primera vez desde el fracaso que la hizo rechazar las bodas.

»Pero nos cruzamos con estos chicos, ¿verdad? —La tomaba por las manos con mucha fuerza—. Los amamos y lo más importante, queremos hacer esto, ¿verdad, Sango?

Debía estar segura de que Sango no estaba cediendo a ninguna presión pasara el tiempo que pasara. Ella volvió a asentir rápido, sonrió y sus ojos se iluminaron.

—Sí, con todo mi corazón.

—Ah, eres tan linda —embargada de un profundo sentimiento de amor fraternal, se abrazó a su mejor amiga y la animó a por fin salir para dirigirse a la iglesia.

Habían sido amigas desde que se conocieron, habían vivido algo muy feo juntas, habían conocido a los amores de sus vidas casi al mismo tiempo y era lo más lógico del mundo que se casaran el mismo día también.

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El instrumental de la boda había empezado a sonar cuando las novias se vieron entrar por la puerta de la iglesia.

Sango venía en frente con su padre llevándola del brazo. Miroku sintió que el piso se abrió bajo sus pies y se quedó estático solo con notar la magnificencia se esa mujer, era irreal. Sango lo era todo, la mujer más increíble que había conocido y la más hermosa. Y se sentía afortunado de casarse con ella.

InuYasha, por su parte, divisó detrás a su mujer y abrió ligeramente la boca por la impresión. ¿Cómo diablos podía verse tan hermosa y radiante? No entendía nada, sintió que la cabeza se le hizo un lío. Sus manos empezaron a temblar y de repente toda su valentía y tranquilidad se habían ido al carajo. Dirigió la mirada a su suegra que tenía en brazos a Hiroshi, se veía adorable con su trajecito y pasó la vista a Mei, que también tenía en brazos a la pequeña Kiara, quien ahora era su sobrina política. Luego miró a sus padres y estos le sonreían, Izayoi estaba llorando, todos estaban emocionados. Al volver la vista a su novia, Sōta se dirigía a él llevando a su hermana del brazo con orgullo y dignidad.

—Dios, creo que me voy a desmayar —Miroku se acercó un poco a él y se lo dijo en voz baja.

InuYasha tragó duro, intentó llamar a la calma.

—Yo también…

Cuando fueron conscientes, sus novias estaban a punto de ser entregadas.

—Les deseo toda la suerte del mundo —les dijo el señor Tanaca cuando unió las manos de su hija y de quién de ese momento en adelante, sería su yerno, un hijo más.

—Gracias —susurraron ambos y pronto se miraron a los ojos, jamás olvidaría ese momento.

—Yo digo que ya le den un hermanito a Hiroshi —fueron las líneas de Sōta, aquello causó risas hasta en el sacerdote que los iba a casar.

Kagome lo miró con la boca semiabierta, pero a punto de reír también. Pensó que los diálogos que la autora de su vida le daba a ella y a los suyos a veces eran surrealistas.

InuYasha estaba tan fijo que le costó respirar, pero pronto pasó de la pena al gozo de volver a casarse con Kagome.

—Estamos aquí reunidos, para celebrar el matrimonio de dos parejas que han decidido unir para siempre sus vidas: Miroku y Sango; InuYasha y Kagome, cuatro mejores amigos que hallaron entre ellos la lealtad, el aprecio, la confianza y decidieron comparecer aquí hoy para celebrar también su amor en conjunto, por lo cual…

Es que, seamos sinceros, si la vida de Kagome realmente era un fanfic, ¿por qué no habría de incluir un dulce capítulo de su vida en el que hay un matrimonio doble? ¿Por qué no romper sus esquemas después de haber llevado por años un luto sentimental que le impedía volver siquiera a pensar que podría casarse algún día? Era necesario que, si ya había sido expuesta a un horrible arco de su vida en el que los fantasmas de su pasado volvieron a hacerle mal, entonces ahora viniera la esperanza y la prosperidad, un momento en el que todo lo malo se olvidara y junto a su hijo y el que vendría, su familia, su mejor amiga, sus amigos y el amor de su vida, viviera algo que fuera…

»Por el poder que se me ha conferido, los declaro…

Perfecto.

»…marido y mujer.

Perfecto como un círculo hecho por un compás.

»Los novios pueden…

Perfecto como un ramo de novia adecuadamente sujeto y armado.

»…besar a las novias.

O perfecto como las bodas organizadas por Kagome Higurashi, la wedding planner.

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La autora, DAIKRA.