Adley: (pensando) mmm, solo espero que la princesa dulce se mejore pronto. Mamá dijo que sufrió un accidente, debió ser doloroso.

El pequeño fantasma jugaba con una pelota pateándola, recorriendo un lugar al que no había estado antes cuando estaba vivo ni ahora que estaba muerto.

Adley: (pensando) que mal que ahora que soy fantasma no me puedo acercar a otros niños para que jueguen conmigo, se asustarían al verme.

Pateó esta vez la pelota con más fuerza hasta que el objeto se rodó lejos de su alcance.

Andrus: (sonriendo) que bello animal.. lo mejor que tiene este mundo.

El demonio admiraba una serpiente marrón que estaba trepada en un árbol, el animal acercó su cabeza hacía el demonio y este la acarició.

Andrus: (sonriendo) parece que tú y yo si nos entendemos.

Se vió interrumpido por un objeto que lo golpeó suavemente en una de sus botas negras, se agachó y tomó la pelota, un pequeño niño fantasma llegó al poco tiempo.

Adley: oh no me ha visto.. creo que tengo que desaparecer..

Andrus: (sonriendo) no es necesario que lo hagas, no te tengo miedo… los fantasmas solo son humanos fallecidos que rondan por el mundo, no son peligrosos.

Adley: mmm.. me da gusto que no se haya asustado.. solo vine por mi pelota..

Andrus: (sonriendo) no estaba haciendo nada importante y que juegues solo no es muy divertido.. ¿qué te parece si jugamos juntos?

Adley: (sonriendo) ¿de verdad?

Andrus: (sonriendo) claro, encantado.

El demonio se echó a correr y lanzó la pelota al aire, el fantasma volando la atrapó.

Andrus: (sonriendo) veo que eres bueno en esto.

Repitieron la misma acción varias veces, ambos se estaban divirtiendo, no duró mucho porque llegó la madre del pequeño fantasma.

Emma: Adley por fin te encuentro…

Miró a su hijo cerca de aquél demonio, el pelinegro le sonrió, la rubia solo respondió a ese gesto mirándolo con desprecio.

Emma: ¿qué estás haciendo aquí y acompañado de este hombre?

Adley: (sonriendo) él me vio y no me tuvo miedo, se ofreció para jugar conmigo a la pelota y nos estuvimos divirtiendo mucho.

Emma: Adley ve a jugar a otra parte.

Adley: pero..

Emma: obedece, ahora te alcanzo.

El menor se retiró del lugar.

Emma: (enojada) ¿quién te crees que eres para acercarte así a mi hijo?

El demonio solo amplió más su sonrisa y puso una de sus manos sobre su cadera.

Andrus: (sonriendo) Emma Sallow siempre tan exagerada, solo estábamos jugando algo que le gusta a tu hijo, no puedo hacerle daño, ya está muerto.

El pelinegro colocó una mano en su mentón y caminó rodeando a la fantasma mirándola de pies a cabeza.

Emma: (enojada) ¡oye! ¿por qué estás haciendo eso? Para.

Andrus: (sonriendo) no eres un demonio femenino, eres una frágil humana.. pero desde esa vez que te ví acompañando a -- en esas alcantarillas…

Era cierto ella era un ser muy inferior a él, era un demonio le repugnaba el amor y siempre tenía la idea de que unirse a una humana era rebajarse bastante… pero esa fantasma lo había impresionado, tenía que admitir que era muy bella.

El demonio le tocó uno de sus mechones dorados pero ella apartó su mano bruscamente.

Emma: (enojada) ¡no me toques!

Andrus: (sonriendo) tan solo tocaba la suavidad de esos hermosos cabellos.

Emma: (enojada) ¡no soy lo que piensas!

Andrus: (sonriendo) claro que lo eres. Eres una mujer bella que sin quererlo llamó la atención de un demonio..

El ojigris volvió a caminar un poco, la rubia al seguirlo con la mirada vio algo raro; había en la tierra dos agujeros que fueron hechos y luego los volvieron a cubrir.

Emma: ¿qué… qué es eso?

Andrus: (sonriendo) ahí están sepultados dos hombres, odio que se entrometan en mis asuntos, él que lo hace ahí es donde acaba, muerto.

Emma: pero… ¿por qué hay dos?

Andrus: (sonriendo) supongo que tu amiguita viva o el conde te habrán contado que fueron secuestrados el día anterior por un pederasta, ahí está él quiso llevarse a mis presas pero no lo logró, por otro lado está "la sombra"

Emma: ¿la sombra?

Andrus: (sonriendo) una persona que participó en la tortura de el conde Phantomhive, quería vengar las muertes de sus compañeros mostrándole a Ciel unas pruebas de la infidelidad de -- pero no se lo permití y también lo asesiné, ese es el destino de los que se meten en los asuntos de la serpiente y entre más aparezcan el número de agujeros se va a ir multiplicando.

Emma miró los agujeros, un miedo comenzó a invadirla, el demonio al sentirlo solo se puso más feliz.

En la mansión Phantomhive la joven despertó (ya no tenía la pijama puesta sino un ligero vestido amarillo, Sebastián la había arropado.. por supuesto sin ver) al sentir la presencia de su esposo, él puso una bandeja que tenía un desayuno ligero; jugo de naranja y un plato de sopa de verduras sobre la mesita, se acercó a -- y le dio un beso en la mejilla izquierda.

Ciel: ¿cómo te sientes?

--: (sonriendo) aún con un poco de dolor, pero mejor que ayer.. aunque no me gustó dormir boca abajo toda la noche.

Ciel: (sonriendo) me alegra eso. Descuida solo será por unos días hasta que tu espalda se cure, pronto podrás dormir cómodamente de nuevo.

Tomó con cuidado el plato de sopa, y acercó la cuchara al rostro de --.

--: (sonriendo) ¿qué?

Ciel: Sebastián dice que las verduras son buenas para recuperar fuerzas y es lo que más necesitas ahora. Anda come.

--: (sonriendo) no es necesario que tú me des, yo puedo sujetar la cuchara.

Ciel: (sonriendo) no no, estás sensible por ahora y no debes hacer muchos esfuerzos, yo estoy encantado de cuidarte y ayudarte en lo que necesites.. no solo lo haría cuando estés enferma, lo haría todos los días con gusto.

La fémina le sonrió sonrojada abrió un poco la boca y el peliazul le dio la primera cucharada de sopa, muy exquisita para ser comida saludable seguro Sebastián la había cocinado, estiró un poco su brazo, tomó el vaso de jugo de naranja y lo acercó a su esposa, ella tomó sin problemas.

--: mmm, ¿tú ya desayunaste?

Ciel: aún no, Sebastián me ayudó a vestirme y le ordené que te hiciera el desayuno a ti primero, por ahora estás delicada y necesitas alimentarte bien y a buena hora.

Acarició uno de los brazos del peliazul.

--: (sonriendo) gracias… amm, Ciel.

Ciel: ¿si? ¿qué sucede?

--: ¿crees que sería posible que saliera de la habitación? No hay mucho que hacer aquí y estar mucho tiempo acostada me cansa. Me vendría bien andar un poco por la mansión o salir afuera a tomar aire fresco.

Ciel: mmm no lo sé, eso depende de como te sientes ¿crees que puedas aguantar estar de pie?

--: amm, sí, un poco pero sí.

Ciel: está bien, saldrás de nuestra habitación.

Terminó de darle de comer a su esposa, la ayudó a sentarse.

Ciel: para ir a la planta baja debes pasar los escalones pero no debes hacer esfuerzos.. ven te llevaré, tranquila seré cuidadoso.

Con delicadeza la cargó de la misma manera que Sebastián lo cargaba a él, ella se sujeto de su cuello, por fortuna no sentía dolor. Salió junto con ella de la habitación, caminó por el pasillo y bajó los escalones hasta que llegó al comedor, el desayuno ya estaba servido, la sentó con cuidado en una silla cerca de él.

N/p: (sonriendo) ¿cómo te sientes linda?

--: (sonriendo) ya un poco mejor, gracias papá.

N/m: (sonriendo) pronto te mejoraras, que bueno que te animaras a levantarte y andar un poco.

--: sí, estar todo el día acostada es demasiado incómodo y en parte me aburriría mucho.

Al poco tiempo el mayordomo llegó saliendo de una puerta.

Sebastián: (sonriendo) buenos días mi lady, me da gusto que aunque por ahora esté un poco indispuesta eso no sea impedimento y esté aquí con nosotros.

--: (sonriendo) gracias, Sebastián si, sabes que nada me detiene.

Sebastián: bocchan que bueno que lo veo hice unas revisiones y tiene unos pendientes de su compañía y unas personas llamaron para decir que están interesadas en hacer negocios con usted, dijeron que vendrán más tarde a la mansión.

El conde tomó un sorbo de su té, estiró su mano y la colocó sobre la de --.

Ciel: hoy encárgate tú de eso, yo voy a cuidar a --.

--: Ciel no tienes que…

Ciel: sin negaciones --, hoy tú eres mi única prioridad.

Una hora más tarde quisieron salir afuera al jardín, Sebastián había sacado dos cómodas sillas, estaban sentados, los demás habían decidido darles un poco de privacidad para que pasarán tiempo juntos, el peliazul estaba detrás de su esposa haciendo algo con el cabello de ella.

--: ¿por qué no puedo ver?

Ciel: todo lleva su tiempo, descuida ya casi termino.

Ordenó unos detalles más hasta que finalizó su trabajo, tomó un gran espejo que estaba cerca de él y lo colocó cerca detrás de --.

Ciel: (sonriendo) listo, ya puedes mirar.

Ella volteó hacia atrás y al ver su reflejo vió que en su cabello habían muchas rosas de todos colores, Ciel se había encargado de colocárselas de manera elegante, se veía muy linda.

--: (sonriendo) Ciel... vaya, no puedo creer que esto es lo que estabas haciendo con mi cabello.. muchas gracias me encanta.

El conde se levantó de su silla, se sentó en la de su esposa, a un lado de ella y la abrazó por la espalda con delicadeza.

Ciel: sabía que te gustaría, encantado de hacer que tu belleza resalté más.

Estiró uno de sus brazos hacia una mesita que el mayordomo les había colocado cerca de sus lugares y tomó un plato que tenía un pastel de fresas.

Ciel: (sonriendo) ya desayunaste verduras en la mañana, ahora te toca un postre.

--: (sonriendo) lo acepto pero con una condición.

Ciel: ¿cuál?

--: (sonriendo) que una mitad la coma yo y la otra tú.

Ciel: (sonriendo) muy bien si deseas compartir conmigo está bien.

--: solo que debemos decirle a Sebastián o Mey-Rin que necesitamos otro tenedor más.

Ciel: no es necesario, podemos usar el mismo ambos.

--: Ciel no es higiénico compartir cubiertos y menos para ti que…

Ciel: ya me has besado varias veces, no veo la diferencia además ninguno está enfermo así que no nos pasará nada.

--: de acuerdo, tú ganas pero solo esta vez.

Se fueron turnando, ella tomaba un bocado, después él y así siguieron hasta que no quedó nada, le había desagradado un poco eso porque no estaba acostumbrada y nunca lo había hecho pero sí disfrutó del sabor del pastel.

El peliazul devolvió el plato a la mesita, pero sin postre, se recostó en la silla y extendió ambos brazos.

Ciel: ven aquí.

--: (sonrojada) amm, no creo que sea..

Ciel: no digas nada, ven.

Ella sin dudarlo obedeció, al ya estar cerca él la tomó en sus brazos e hizo que ella se recostara en su pecho boca abajo.

--: (sonriendo) me siento más cómoda que en mi cama.

Ciel: (sonriendo) es una buena excusa para estar cerca de ti.

Él cerró sus ojos y acarició el cabello de ella hasta llegar a su espalda.

Ciel: (susurrando) estoy tan feliz de que estés aquí.. de que me hayas permitido entrar a tu vida y estar a tu lado.

-- conmovida lo abrazó y cerró también sus ojos con una sonrisa.

Al anochecer Ciel la cargó de nuevo para llevarla a la habitación ya que era hora de dormir, al llegar la acomodó despacio boca abajo sobre la cama. Alguien tocó la puerta, Ciel sintió la presencia de Sebastián.

Ciel: pasa, Sebastián.

El mayordomo pasó, pero había algo raro en él, traía una pequeña bandeja con una aguja, la chica volteó su cabeza con dificultad para ver hacia la ventana, había luna llena ya sabían ella y su esposo lo que significaba.

Ciel: (molesto) oh no, Sebastián, -- está delicada de salud y no es momento para que te dé de su sangre.

--: no te preocupes Ciel.. un trato es un trato, Sebastián ha cumplido con su parte y ahora me toca a mí, además ya me siento bien, si puedo darle unas gotas de sangre.

Sebastián: ¿está segura, mi lady?

--: sí, solo son unas gotas no pasará nada malo.

Ciel: (preocupado) pero, --…

--: descuida, Ciel, estoy bien.

El mayordomo agarró la aguja y tomó la mano derecha de la joven, en el dedo índice ella tenía la marca de un puntito, el mayordomo encajó con suavidad la aguja en su dedo, ella no se quejó ya estaba acostumbrada. Después de haber hecho el contrato con Ciel, Sebastián le había ofrecido uno en el que él la protegería y evitaría que muriera, no podía hacer eso ni aunque Ciel se lo pidiese ya que a quien debía cuidar es a él y no a otro ser a menos que hiciera un contrato con éste, pero no podía ofrecerle su alma, Ciel ya era su dueño, pero Sebastián le propuso que en lugar de su alma podía darle de beber de su sangre cada noche de luna llena, al menos diez gotas, ella acepto.

Al ver que ya estaba saliendo sangre, el mayordomo tomó el dedo índice de la joven, lo metió a su boca y comenzó a succionar, Ciel y -- vieron como Sebastián cambió el tono de sus ojos de café a rojo y mostró una sonrisa parecía disfrutar beber de la sangre de ella.

Al ya tomar las diez gotas sacó el dedo de su boca y lo cubrió con una pequeña venda.

Sebastián: (sonriendo) ya está, mi lady, me alegra que usted sea una señorita que nunca falte a su palabra, buscaré su pijama bocchan.

El mayordomo le dio una mirada a su amo el cual parecía querer asesinarlo con la mirada.

Se levantó y fue hacia el armario, Ciel se cruzó de brazos y mostró un gesto de enojo.

--: (sonriendo) no te molestes estoy bien, solo fue un poco de sangre.

Ella puso su mano sobre uno de los brazos de Ciel, el peliazul cerró sus ojos un poco molesto y volteó su rostro hacia otra parte.

Ciel: (molesto) mmm.

--: (sonriendo) oh vamos no seas así.

Agarró una de las manos de Ciel y la besó, el peliazul aunque estaba molesto por lo que acababa de pasar se sonrojo y formó una pequeña sonrisa en su rostro.