Kingsley estaba tan solo a unos minutos de partir a casa luego de un largo día laboral, sin embargo sus planes se vieron interrumpidos ante la llegada de Hermione, Neville, Luna y Blaise, y este último tomando con firmeza a la pelirroja qué minutos atrás había confesado todo.

Cuando el hombre los vio entrar a su oficina tuvo la sensación de qué Ginny Weasley tenía qué ver en el asunto del nuevo matrimonio Malfoy, además no vendría esposada sin razón aparente.

—¿Qué sucede? —Kingsley fue quién tomó la palabra.

—Sabemos lo que ocurrió con Draco —dijo Hermione.

Shacklebolt se dispuso a escuchar a la chica sobre los recientes acontecimientos de Harry y Ginny, lo cual había sido una trampa muy bien planeada.

—¡Pero es injusto! —se quejó Ginny—. No debieron haber hecho eso, es ilegal señor ministro, ellos deberían irse detenidos

—Qué descaro tienes Weasley, sabía qué eras idiota pero no creí que tanto —escupió Blaise, no se iba morder la lengua por alguien cómo ella.

—Él está de nuestro lado así qué lo que digas será usado en tu contra, mejor cállate —Hermione había perdido la paciencia y le dolía actuar así con ella, sobre todo cuando creyó qué Ginny era una buena persona.

—Así es, lo siento señorita Weasley, usted quedará detenida hasta el día del juicio —sentenció el hombre.

Ginny se puso pálida al escuchar su detención, ahora si estaba pérdida pero no sería la única qué pagaría los platos rotos, si por la fuerza confesó, diría todo lo qué sabía, pero antes fue ingresada a la prisión del ministerio. Ahora quedaba la parte difícil, contarle a la familia Weasley lo qué su hija junto a la menor de los Greengrass ocasionaron.


—Así qué te dignaste a volver —Lucius Malfoy habló arrastrando las palabras.

A Ron le sobraban motivos para lanzarle alguna maldición al hombre frente a él por todo el daño causado y no sólo a ellos, si no a todas las personas qué se habían cruzado en su camino.

—Lo siento padre, compré unas cosas para Astoria y él bebé pero tardé en recibirlas... —sin embargo Ron en su papel de Draco fue interrumpido por Lucius.

El hombre le soltó un fuerte golpe en la mejilla izquierda con uno de los guantes negros qué esa ocasión llevaba puestos y qué Ron no se percató del momento en qué se deshizo de la prenda sólo para golpearlo.

—Vuelves a hacer algo qué ponga en riesgo a tú prometida, tú hijo o a tú madre y juro qué en tu vida tomarás un galeón de la fortuna Malfoy —siseo Lucius

El rostro pálido de Draco se tiñó de rojo tan rápido cómo recibió el golpe, sin embargo era Ron quién ardía en furia, sus ojos le miraban de la misma manera y sin pensarlo llevó su mano al bolsillo delantero de su pantalón en busca de su varita, no estaba en sus planes comenzar una guerra de hechizos pero si no había de otra lo haría.

Por fortuna se lo pensó dos veces, Blaise le advirtió qué Lucius era un hombre de armas tomar y además de confirmar lo dicho por el moreno, no era momento de terminar de una vez por todas con esa situación si querían ganar de manera silenciosa tal y cómo todo marchaba hasta el momento.

—¿Dónde está Na... mi madre —Ron estuvo a punto de decir el nombre de la madre del rubio, sin embargo se corrigió a tiempo.

—A buena hora preguntas por ella —siseó entre dientes, observando a su hijo de forma tan despectiva qué Ron se sintió verdaderamente mal por Draco.

Si anteriormente creyó lo mal qué Lucius trataba a su hijo por cómo Harry y el mismo Draco lo narraban, en ese instante se daba cuenta qué el hombre era mucho peor y qué no merecía tener un hijo cómo el suyo. Ron hizo nota mental de tratar mejor a Draco, sólo un poco, pues el picarse de vez en cuando ya era parte de la esencia.

—¿Dónde está? —volvió a preguntar.

—En San Mungo, se puso mal por ti culpa, por qué no aparecías —Lucius hizo una pausa dónde giró sobre sus talones hacía su enorme escritorio lleno de cosas sumamente valiosas.

—¿Y por qué Astoria dijo qué no fue grave? —preguntó Draco.

Lucius le miró con desoyó antes de responder.

—Damián se negó a preocupar a su hija y no le dijo realmente lo que estaba ocurriendo con su suegra —respondió Lucius con simpleza tomando asiento tras el escritorio.

—¿Seguro? por qué ella parecía muy convincente, ¿No será qué estás ocultando algo padre? —Ron le miró suspicaz y dio un par de pasos hacía él.

—Dices muchas tonterías Draco, mejor vete antes de qué...

Lucius hizo una pausa en su relato mientras observaba pergaminos sobre su escritorio, buscando uno qué era por demás importante, pero no lo encontró. Rápido se levantó a buscar en sus cajones confidenciales el dichoso papel en blanco, pero nada qué aparecía. Ron observaba a Lucius buscar con desesperación, escuchando murmullos, lo que le llevó a preguntarse sí se daría cuenta qué el papel qué buscaba con urgencia a esas horas ya lo tenía en su poder el ministro.

Y cómo si leyera el pensamiento de Ron. Lucius volteó en dirección a su hijo, qué se encontraba aún de pie frente al escritorio sólo observando sus movimientos.

—Fuiste tú... ¡Tú robaste ese pergamino! —Lucius habló con la voz bastante elevada qué el eco resonó en toda la mansión sin necesidad de un sonorus.

—¿Él papel en el qué solicitaba un divorcio? ¿Te refieres a eso? —preguntó Ron con furia notoria en su voz.

—Por eso desapareciste... —murmuró Lucius.

—Tal vez

Ron a penas logró sacar su varita para desviar el hechizo qué lanzaba Lucius hacía él, pero el hombre era más hábil y rápido, logrando qué su hijo recibiera la maldición Cruciatus.

El grito tan desgarrador proveniente del despacho del mayor fue escuchado en toda la casa, Astoria quiso hacer algo por su prometido, pero su padre la detuvo a mitad del pasillo.

—No te atrevas Astoria, recuerda qué Lucius nos hará llegar a dónde queremos así qué mejor vete acostumbrando —siseó el hombre.

Su hija se limitó a asentir, si no quería terminar cómo Draco era mejor mantener su distancia, pues era consciente qué no sólo su vida corría peligro, también la de su hijo.

Los gritos no cesaron en ningún momento y Astoria corrió a encerrarse a su habitación, tenía qué hacer algo por Draco y evitar el sufrimiento del hombre qué amaba, esa no era la vida qué ella soñaba.

Así qué tomando valor y con todo el dolor de su corazón buscó un pergamino dónde escribió una nota breve dirigida a Blaise y Theo, quienes siendo del cuerpo de aurores y amigos de Draco no dudarían en acudir en su ayuda. Era momento de ponerle un alto a Lucius Malfoy de una vez por todas.


—La orden de aprehensión en su contra ya está lista —informó Hermione quién en ese momento venía de la oficina del Wizengamont.

La orden de arresto en contra de Lucius Malfoy salió a su favor alrededor de quince minutos atrás, justo después de haber recibido la nota de Astoria en la que se le notificó a Blaise y Theo qué Draco estaba recibiendo maldiciones de parte de su padre por haber desaparecido y qué era urgente ir en su ayuda antes de qué a Lucius se le ocurriera matarlo.

En ese momento la oficina de Kingsley era un completo caos, gente entraba y salía, además un cuerpo completo de autores dirigidos por Theodore Nott, partirían esa misma noche a la Mansión Malfoy en busca del hombre qué tanto daño había hecho.

—Estamos listos —informó Theo entrando a la oficina de Kingsley.

—Nosotros también, ya está la orden de aprehensión en su contra —dijo Hermione.

—Bien, es momento de irnos

Dicho esto, Kingsley, Hermione y Theo partieron hacía la oficina de aurores dónde al reunirse con el jefe del departamento de seguridad mágica, León Copper, dieron marcha a su destino.

—No te preocupes Pansy, Narcisa estará bien, además hay dos aurores aquí —las palabras de Luna tranquilizaban a cualquiera.

—Quisiera estar tan segura cómo tú —admitió Pansy.

—La seguridad en ella es uno de sus más grandes atributos —comentó Neville.

—Estoy de acuerdo —Pansy les sonrió a ambos.

—Bueno, ahora nos toca esperar a qué detengan a Lucius, y qué Draco despierte con sus recuerdos de vuelta