El cabello de Draco era suave, brillante y el más bonito qué sus ojos hayan visto jamás, su piel pálida hacía qué sus facciones resaltasen de forma natural y era parte de lo qué Harry más amaba en su esposo. En ese momento se encontraba repartiendo suaves caricias en las hebras rubias de Draco, verlo dormir era algo qué siempre adoró, se veía tierno e inocente, lo cual provocaba un sentimiento lleno de calidez en su pecho.

No supo exactamente cuánto tiempo estuvo admirando el bello rostro de Draco, hasta qué su cuerpo dio pequeños movimientos, su ceño se frunció y enseguida abrió los ojos.

—Harry —murmuró el rubio.

—Aquí estoy Dragón, contigo… —respondió Harry tomando la mano de Draco y llevándola hasta su pecho, el chico se encontraba de pie a un lado de la cama.

—Tuve otra pesadilla o más bien, recuerdos, no sé que es real y qué no —dijo el rubio.

—Seguramente son recuerdos, no te presiones ¿Sí? todo regresará a ti de esa forma, pero yo estaré contigo —aseguró Harry, seguido de eso depositó un casto beso en el dorso de la mano contraria.

—¿Por qué no mejor me das el beso en los labios? —preguntó Draco.

Harry sonrió y se inclinó hasta él para unir sus labios en un tierno y dulce beso. Lentamente el rubio indujo a su esposo para qué se posara encima suyo, sin embargo él azabache se apartó al momento de tener su torso encima de él.

—Draco, estamos en el hospital —el rostro de Harry estaba rojo de vergüenza y la intensidad del beso.

—¿Y qué tiene? te quiero junto a mi en la cama —respondió Draco en tono dulce, logrando qué Harry sonriera.

Rápidamente se quitó sus tenis y se tumbó a su lado, no veía la hora de estar con él cómo lo merecía, por qué sí, su matrimonio iba continuar.

—Amor, ¿Estamos a días de cumplir un año de casados? —preguntó Draco en cuanto tuvo a Harry entre sus brazos.

Harry sonrió por el apelativo cariñoso qué fue dirigido hacía él, hacía mucho qué no lo llamaba de una forma cariñosa y vaya qué lo extrañó.

—Sí cariño, estamos a una semana, es…

—El 18 de diciembre —dijeron al mismo tiempo.

Ambos sonrieron y se acercaron a besarse y abrazarse.

—¿Y qué no habrá viaje de bodas? —preguntó el rubio.

—Teníamos planes pero… —La mirada de Harry pasó a ser de tristeza y Draco lo tomó de la barbilla para darle un beso en los labios.

—Tenemos planes, vamos a cumplirlos, lo prometo —aseguró el rubio.

Harry sonrió y se acurrucó en el pecho de su esposo, los dos se sentían felices de estar recuperando su vida y felicidad, aquella qué nunca debió romperse.


La vereda que rodeaba la mansión Malfoy era enorme, el pasto estaba perfectamente cortado y ordenado, este se movía en la misma dirección que el viento, al igual qué las pocas flores que lo adornaban.

—Cuando usted diga ministro —habló Copper en tono firme y serio.

—Ahora —el hombre observó a Hermione quién comenzaría el plan para la captura de Lucius Malfoy.

Hermione se acercó hasta quedar unos centímetros de la reja, tomó uno de los delgados barrotes negros, tomó aire y se dispuso a llamar a Mindy.

La elfina apareció segundos después detrás de la reja, observó unos instantes hacía afuera con el fin de comprobar quién había aparecido en la mansión y al percatarse qué se trataba de Hermione, Mindy lució altamente sorprendida.

—Mindy, necesitamos entrar, el ministerio viene por Lucius Malfoy —dijo Hermione con voz suave.

Mindy negó varias veces, agitando en el proceso sus grandes orejas.

—Mindy no puede dejar pasar a extraños sin el permiso de sus amos

—Escucha Mindy —Hermione trató de sonar lo más tranquila posible, pues si la pequeña criatura se alteraba corrían el riesgo de ser descubiertos—, si nos dejas pasar ya no recibirás más ofensas ni regaños de su parte, sólo órdenes de Draco y Narcissa, ellos también son tus amos

Mindy observó con temor al otro lado de la reja, su cuerpo entero temblaba y discutía consigo misma en voz baja, estaba por azotarse contra el suelo pero a modo de castigo pero Hermione le detuvo a tiempo.

—Por favor Mindy no lo hagas, te aseguro qué muy pronto tendrás a tus amos de regreso, sólo déjanos pasar

Mindy recordó lo qué una vez Pansy le contó sobre cómo Hermione tuvo la iniciativa de crear una organización para ayudar a las criaturas de su especie, teniendo salarios, días de descanso y recibir un trato digno, sin embargo ellos no estaban acostumbrados a eso y difícilmente se dejarían ayudar, menos por una bruja no descendiente de magos, pero en ese momento recordó las palabras de Dobby cuando él mismo intentó ayudarlos.

—Harry Malfoy también es tú amo Mindy, y él necesita de tú ayuda —Hermione esperaba qué eso fuera suficiente para qué la elfina los ayudase.

Y funcionó, segundos después la enorme reja quedó abierta de par en par.

—Gracias Mindy —Hermione le dedicó una sonrisa amplia a la pequeña Mindy.

Mindy desapareció sin decir nada, y ella supo qué era su momento para llevar a cabo el plan.

—A su posición —Copper dio la orden a sus aurores, quienes de inmediato obedecieron.

Los aurores rodearon la casa con lentitud, utilizando hechizos de invisibilidad con el fin de no ser vistos mientras se acercaban, mientras qué León Copper supervisaba cada movimiento del equipo. En total había diez personas en la mansión.

Por su parte, Blaise, Theo y Hermione irían directo por Lucius en compañía de Kingsley y Copper.

Comenzaron su caminata una vez qué el resto del equipo aseguró la casa y todas las salidas posibles con su presencia, además de lanzar hechizos no verbales para evitar la fuga de Malfoy o Greengrass por medio de la aparición.

Theo abrió la puerta con ayuda de un hechizo y el resto con varitas en mano se adentraron a la casa observando a todos lados, sin embargo, no esperaban qué unos desgarradores gritos interrumpieran la concentración de los recién llegados.

Hermione supo de inmediato, casi cómo un presentimiento qué se trataba de Ron. La chica intentó salir corriendo en busca de su novio, sin embargo Blaise la detuvo.

—¡Ron! —gritó la chica sin tomar en cuenta el lugar dónde estaban.

—Nosotros nos encargaremos —murmuró el moreno.

Rápidamente siguieron el sonido de los gritos que no paraban de césar, Hermione iba justo detrás de ellos con el corazón latiendo a mil por hora, y esperando lo peor.

Al llegar a la puerta principal del despacho de Lucius, Copper abrió bruscamente la puerta con un hechizo, logrando qué entrasen apuntando al mayor de los Malfoy.

La escena era verdaderamente de terror, Ron se encontraba tirado en el piso con una expresión de dolor indescriptible, la piel tan pálida qué ni siquiera sus pecas se notaban, y por si fuese poco había regresado a su apariencia original, lo qué desató aún más la furia de Lucius.

Expelliarmus —gritó Kingsley a Lucius, enseguida su varita salió desprendida de su mano, cayendo a un lugar desconocido en su despacho.

Hermione no pudo emitir ni un sonido al ver a su novio en esa condición, y fue hasta qué segundos después sus piernas decidieron moverse y caminó hasta él, rápidamente se inclinó y lo tomó en sus brazos, recargando su cabeza en su regazo.

—Cariño, vas a estar bien —Hermione no se dio cuenta del momento en qué comenzó a llorar hasta qué un par de lágrimas cayeron en el rostro de Ron y de inmediato las quitó.

Ron sólo asintió a su respuesta, tenía muy pocas fuerzas.

Del otro lado del despacho Blaise, Theo, León y Kingsley se encargaban de Lucius, primero León le lanzó un incarcerous qué lo ató de todo el cuerpo, Theo lo petrificó y Blaise tomó del suelo la varita del hombre.

—Es hora de arreglar cuentas con la justicia —dijo el ministro.

—Busquemos a Greengrass —León salió junto al ministro y Theo.

Blaise se quedó con la pareja para llevarlos a San Mungo.

—Estarás bien Ron —aseguró Blaise.

—Gracias —dijo Hermione.

Blaise asintió en respuesta y se dispuso a cargar al chico y llevarlo a urgencias. Luego volvería por Lucius y llevarlo al ministerio.

Theo quedó al frente de la misión para la captura de Greengrass, sin embargo en el camino se toparon a las menores de la familia a quienes tuvieron qué detener sin compasión.

—Tienen derecho a guardar silencio, todo lo qué salga de sus bocas será usado en su contra —dijo Theo para luego aparecer unas esposas alrededor de las muñecas de las chicas.

—¡Queremos un abogado!

—¡Esto es injusto! ¡No pueden detener a una mujer embarazada! —se defendió Astoria.

—Claro que podemos —respondió Theo.

—¿Dónde está su padre? —preguntó el jefe del departamento de seguridad.

—No lo sabemos —respondió Daphne.

—Digan la verdad —Kingsley les miraba amenazante a las dos chicas.

Ambas compartieron una mirada de preocupación, Daphne asintió a su hermana y observó a los tres hombres frente a ellas. Estaba por abrir la boca y decir algo cuando escucharon un estruendo detrás de ellos qué llamó su atención, Theo fue quién salió disparado, dejando a las chicas al cargo de los mayores, Nott corrió hacía la puerta trasera, y vio cómo un par de aurores corrían tras un hombre, dedujo qué se trataba de Damian Greengrass y deseaba alejarse de la casa para aparecerse, según tenía entendido qué tanto la casa cómo el enorme jardín qué la rodeaba permitía la aparición de miembros de la familia y amigos, siempre y cuando algún dueño lo permitiera, siendo el caso de Theo, debido a qué Draco le permitía aparecerse en su casa, así qué detuvo la velocidad de sus pasos y se apareció justo delante del hombre haciéndole caer.

—Está detenido señor, tiene derecho a guardar silencio, todo lo qué diga será usado en su contra —la respiración de Theo era irregular, pronto llegaron sus compañeros que esposaron al hombre quejándose en el pasto y maldiciendo a todos.

—La pagarán muy caro —amenazó Greengrass.

Theo se levantó del suelo y caminó tras sus compañeros qué tomaban a Damián de cada brazo, enseguida todos partieron al ministerio de magia.