Tras los entrenamientos del lunes, Amai me llamó a una hora coherente. Quería reunirse inmediatamente conmigo, y debo admitir que aunque no era plato de buen gusto, siempre me sentía solo en Tokio. Por aquello siempre que podía me escapaba a casa de mi madre, a ver a Takeru, a molestar a mi hermana...

Es algo curioso, casi 30 millones de habitantes en una ciudad y yo me sentía solo. Un cliché que se agudiza por la cantidad de luces de neón y los edificios altos supongo.

Quedamos en vernos en un café chic cerca de mi casa. Sus padres le habían regalado un ático en roppongui en su último cumpleaños, así que tampoco es como que quedara lejos de su casa.

Era un lugar sencillo, con libros de lectura a mano, camareras moninas y briochería francesa.

Pedimos dos expresos y nos sentamos los mullidos sofás de aquel lugar. No era un lugar exclusivo y las revistas del corazón ya nos habían sacado alguna vez anunciando un romance entre nosotros. Así que sospeché que la intención de Nakahara era inciar un rumor para conseguir algúna entrevista televisiva y soltar la bomba de su boda con Ushiwaka.

–Te he hecho venir por un asunto puramente comercial –dijo mientras agarraba la tazita pequeña con las dos manos –. Quiero ser tu agente deportiva.

Arqueé las cejas.

–Amai, ni de broma, ni siquiera juegas al voley desde que has terminado la universidad – estaba loca. Estaba claro que era una persona con visión pero no estaba dispuesto a dejar que ella gestionara mi vida deportiva, era la parte que más me gustaba de mi trabajo y quería ser libre de tomar mis propias decisiones.

–¿Es que Wakatoshi y tú os habéis puesto de acuerdo? - su voz sonaba como un puchero. No Amai, tu Wakatoshi y yo no hablamos. Hacia ver como que en cualquier momento se pondría a llorar pero sabía que era su teatro. En su mente tenía una voz fría y calculadora que estaba tratando de conmoverme. Lo siento chica, soy igual que tú en ese sentido, no me vas a derretir con una mirada.

Al parecer primero se lo había propuesto a Ushijima y este también le había dicho que no rotundamente. Se sentía molesta y enfadada y aunque no lo expresase.

–Mira, si se tratara de que me representaras como modelo o actor, lo podría aceptar –me paré para construir la frase. No era que me importará que se enfadara, simplemente no quería que me mal interpretara y pensara que podía ser mi agente– Has salido en un videoclip de Hyuna como bailarina, apenas bailas bien y a todos les encantó, así que si sabes manipular la opinión pública de casi cualquiera, pero no tienes ni idea de representar a un deportista, acabaría en la siberià bajo una capa de nieve y tu creeríais que estoy petandolo.

Se desplomó sobre el sillón valanceandose como gelatina.

–Es que es muy duro ser una persona adulta y no tener unos padres a los que irritar demostrándoles que no sólo ellos saben cómo se hacen las cosas– se quejó de nuevo. Pero esta vez si parecía una queja sincera.

Entendían su trasfondo, su única motivación había sido ganar a sus exigentes progenitores y ahora que ya la veían capaz y la tratarban como a un ser humano, sentía que nada tenía coherencia.

Y es que cuando pasas tanto tiempo sin conseguir lo que realmente quieres, cuando lo consigues pierdes el foco. Y lo peor, tomas decisiones de mierda para destruirte y así que todo vuelva a empezar porque solo sabes vivir en modo supervivencia.

Charlamos sobre la firma para la que había posado en la playa, Vintage Azumane. Al parecer era de un tipo japonés que se había hecho popular en Europa y ahora intentaba ganarse nombre en Japón. Estabamos de acuerdo en que las ideas creativas de las campañas publicitarias estaban siendo las correctas. Después de todo me habían elegido a mí para representarla.

También me comentó sobre las fechas de la boda y que necesitaría un fin de semana entero para ir ya que tendríamos que ir a Ozu. Sus padres, habían alquilado casi todo el pueblo para la celebración. Geishas, hoteles, comida, espectáculos...

–No me están dejado organizar nada, para ellos es un pulso contra la familia de Toshi-kun porque aunque él no les parezca mal del todo, creen que su familia son ratas de cloaca –dijo aquello y empezó a reírse como una niña pequeña. Tal y como cambiaba de humor, yo sospechaba si no sería bipolar o esquizofrénica–. A mi me da igual, aunque creo que lo correcto sería ir a firmar los papeles y luego irnos a la playa a jugar al voley...

Puso cara melancólica cambiando su registro de nuevo.

–Tanto tu como yo interpretamos papeles públicos – continuó con su discurso– ¿Cómo lo haces para recordar donde está el límite entre tu real, el tu público y los demás?

En mi mente me pregunté ¿En qué diablos nos parecíamos esa chica y yo? Iwa lo había dicho y ahora ella... Seguro eran tonterías. Pero tenía razón en algo, y es que aquel enredo de imagen pública y privada a veces hacía que uno olvidara quien era y qué era lo que realmente quería.

–Ah y volverás a enfrentarte a Wakatoshi, ha dejado el equipo de Polonia- añadió de golpe cambiando la conversación sin más. Su mirada cambió radicalmente de nuevo y parecía animada de nuevo. Quizá esquizofrènica no pero TDAH como mínimo–, Le han fichado para los Voreas Hokkaido, ya tienen un buen rematado, ah y tú lo conoces, pero se ve que no le van a renovar.

Ah, ahora cobraba sentido que estuviera de nuevo en Japón... Aunque no me había enfrentado a los Voreas Hokkaido, ¿los habían eliminado antes de que nos cruzaráramos...?

Le miré sorprendido. No era que no me fijará en los demás equipos o desconcierta el 100% de los fichajes, pero ciertamente si no me iba a enfrentar a ellos no les estudiaba con detalle. Un chico guapo necesita dormir, aunque en la preparatoria no fuera así las cosas habían cambiado mucho.

–Claro, el chico del top five – añadió para aclararme quién era – ¡Bokuto-un!

–Ah, ese idiota rematado, no quiero saber nada d él – grité de forma espontània. Por qué ahora que yo intentaba cambiar mi vida, salir del armario para mis allegados, mostrarme mejor persona... TENÍA QUE VOLVER A APARECER AQUEL IMBECIL.

Un escalofrío me recorrió todo el cuerpo. Tal vez era él el jugador que había salido del armario y la opinión pública destruía totalmente ¿no? Lo sentía por él. Ya era más de lo que él habria hecho por mí seguro.

–Pues vendrá a la boda y tú no puedes dejar de venir – Amai eres una bruja consumada. Te odio. Aquello era lo único que podía pensar.

Cuando me despedí de Amai lo hice a consciencia con un abrazo. Un tipo llevaba mirándonos demasiado rato y en aquel momento sentí el cañonazo del flash. Ambos nos reímos, acostumbrados a aquel tipo de situaciones. No era mi hermana, pero creo que sentía por ella ese tipo de amor odio que uno siente por los hermanos.

A llegar a casa llené la bañera hasta arriba. El desastre ecológico puede ocurrir, pero seguirán culpando a los individuos normales y no a los ricos, así que podía permitirme hacerlo. Puse incienso y música suave, lancé unas bombas de baño al agua, me desnudé y traté de calmar mi mente.

Era muy posible que después de todo, mi vida insatisfactoria no me desagrdara del todo. Sabía dominarla, sentía cierto resarcimiento en el control que me ofrecía toda aquella zona de confort. El lujo es la trampa más cómoda, y que cómoda por favor.

La sensación del agua caliente sobre la piel relajó mis músculos, mi mente divagó en tonterías. Pensaba en la ropa que llevaría en la boda, en que diría a la prensa respecto a las fotos que nos habían hecho con Nakahara aquella tarde, necesitaba ir al peluquero para hidratar me bien las cutículas y que tuvieran aún mejor aspecto. Necesitaba... Necesitaba...

Necesitaba una pareja para boda de Nakahara. Necesitaba a una tía guapa y popular que me acompañara y dejara a Bokuto asombrado.

Y mientras pensaba en eso me pregunté ¿¡Por qué diablos me importaba lo que pensara Bokuto!?

Golpeé el agua con intensidad de forma impulsiva salpicando agua hacia todos lados.

Scully, que estaba allí cerca salió escopeteada del baño.

No podía permitirme aquello, ¿la esquizofrenia de Nakahara era contagiosa? Me hervia la sangre, ¡¿pará qué impresionar o tratar de impresionar a aquel cenutrio?! Su opinión era 0 e importante, era consciente pero, por algún motivo absurdo su opinión aún me importaba.

No podía disuadir aquella sensación, así que haría lo posible por hacer que Bokuto Kotaro alucinará conmigo y se arrepintiera de no haber elegido en el pasado a mí, al novio de Japón.