Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.

Capítulo 14

Flashback

―Esto es por ti ―bebo de un trago el shot de tequila mientras maldigo a Jacob. El líquido quema mi garganta, hago una mueca.

Posiblemente estoy pasada de copas, nunca antes lo he estado, solo que ahora soy consciente de que las paredes se mueven y me siento muy ligera, parece que quiero levitar.

Mi risa se escapa y borro de un manotazo mis lágrimas.

Tomo una gran bocanada de aire y camino hacia la habitación donde me espera Edward. ¿Acaso cree que estaré ahí? No estoy loca para tener sexo en ese lugar, no cuando sé qué él nos estará observando y masturbandose con la escena.

Mi estómago se revuelve.

Abro lentamente la puerta. Unos ojos verdes se encuentran con los míos.

Es muy alto. Es delgado, aunque aprecio sus bíceps bajo su camisa azul, se incorpora, puedo sentir la tensión del momento. Ambos estamos nerviosos.

Estoy a punto de hacer la segunda peor estupidez de mi vida. La primera fue casarme.

―¿Tienes las llaves de tu camioneta?

Edward arruga el entrecejo. Sin importar la confusión de mi pregunta me muestra las llaves en su palma.

No dudo en arrebatarlas de su mano. Sin pensar en nada; entrelazo nuestros dedos y lo arrastro conmigo, ambos corremos fuera de casa.

Escucho una risa divertida y desenfadada, veo que es de Edward corriendo a mi lado. También escucho los gritos de Jacob. No volteo en ningún momento.

Me resguardo dentro de la cabina y miro el interior. Sé conducir, mi padre me enseñó cuando tenía quince años, no tengo mucha experiencia porque desde que contraje matrimonio no he vuelto a conducir un vehículo. Menos uno tan grande como una camioneta.

Giro mi rostro hacia el lado derecho. Edward me observa, tiene un semblante contrariado, debe pensar que he enloquecido y está en lo cierto.

―¿Me estás secuestrando? ―Pregunta―. Porque lo haces pésimo.

Sonrío. Mi pie se desliza en el pedal del freno y muevo la palanca de cambios hasta arrancar el motor, aceleró a máxima velocidad y veo por el retrovisor que la casa queda atrás.

―Tú pagarás el hotel ―sentencio. No hay ninguna duda en mi decisión.

Él quería que estuviera con otro. Lo haré y voy a disfrutar tanto que me olvidaré que existe.

―Bella… ―es la primera vez que Edward dice mi nombre y se escucha bonito con esa voz grave y profunda― ¿quieres hablar? Te noto demasiado alterada.

Sacudo la cabeza. No quiero hablar porque terminaré llorando como una vil perdedora, seguramente empezaré contando las anécdotas de mi patética vida fracasada.

Estaciono frente a la entrada de Lotte Hotel Seattle.

―Tú pagas la suite ―insisto. Le doy una mirada rápida, apenas aprecio su boca abierta y decido bajar de la camioneta, no sin antes decir―: pide una botella de champán.

No me quedo a esperar su respuesta, me encamino al vestíbulo del hotel y escucho detrás de mí los pasos presurosos de Edward.

No hay vuelta atrás.


Aquí tenemos otro capítulo prometido. Los cabos se están uniendo y ahora sabemos cómo fue qué terminaron con un embarazo. ¿Quieren otro capítulo?

Gracias totales por leer ✨