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Los días pasaban y Candy se había concentrado en sus prácticas; día y noche, todo estaba relacionado con el ballet. Después de la fiesta de Stear, la rubia decidió dedicarse a corregir los errores que, según ella, tenía.

-Excelente Candy! – la maestra la apremió nuevamente. – el estiramiento de tus brazos lo haces de manera perfecta. Observen todas, las manos y dedos de Candy muestran la elegancia de la pose, la hacen ver más delicada y elegante.

-Juliette.

-Dime Susana.

-La postura del pie de Candy no es el correcto, o sí? – Candy había bajado un poco el pie.

-Buena observación, Candy debes mantener la pierna en la cuarta posición hasta que dé la orden de cambio, no lo bajes en seguida, mantenla en posición.

-De acuerdo. – la rubia miró fijamente a Susana, quien sonreía descaradamente, cuando se dio cuenta que Candy había bajado la pierna, aprovechó para hacerla quedar mal ante la profesora.

-Ok, todas, a practicar el écarté y combínenlo con 5 giros y un salto – las jóvenes se pusieron en sus lugares y comenzaron a practicar lo aprendido.

-No eres tan perfecta como crees, cierto? – dijo con burla Susana, Luisa y Elisa se acercaron con sonrisas de burla.

-Para eso estamos aquí, para perfeccionar y corregir lo que nos falta – contestó la rubia – debo agradecerte Susana – le sonrió – si no hubiera sido por ti, no me habría dado cuenta del error que cometía y no lo habría corregido.

- Candy! – escuchó que la llamaban y fue enseguida, no sin darle una sonrisa de burla, como lo habían hecho ellas. – ah! Susana – la miró de reojo – y ten cuidado con las piruetas, sólo puedes hacer cinco seguidas, cierto?

-Maldita – apretó los dientes – se cree mucho porque es la preferida de Juliette. No saben cuánto la odio.

-Sí, a mí tampoco me agrada – Elisa no apartaba la vista del grupo de la rubia. – pero ya sé cómo arruinarla. – dijo mirando a Annie, quien se esforzaba mucho en corregir sus poses.

-Ya te entiendo. – Susana y Luisa sonrieron al comprender lo que harían.

-Ustedes tres! – escucharon la voz de la maestra – si están aquí como espectadoras es mejor que salgan del salón. Empiecen a practicar.

-Lo sentimos! – se apresuraron a practicar, se morían de rabia al haber sido regañadas frente a su rubia rival.

La clase terminó, y como siempre, Annie se quedaba a practicar un poco más, tenía que mejorar si quería obtener un buen papel para la obra.

-No crees que se está sobre esforzando?

-Creo que sí; pero si quiere pertenecer a la compañía tiene que ser una de las mejores. – Paty y Candy miraban a Annie practicar una y otra vez.

-Sí, pero de nada sirve si te lastimas.

-Tienes razón. – la rubia se acercó a la morena – Annie, ya practicaste suficiente, vas a lastimarte si sigues así.

-Aún no puedo con los saltos. – dijo frustrada – si no lo corrijo para la próxima semana, ni siquiera me consideraran para la obra.

-No te preocupes por eso, puedo indicarte donde está la falla? – Annie le había pedido que no la ayudara, quería ser ella misma quien lograra corregir sus errores y así tener todo el mérito de sus logros. – Annie…- la vio dudar – entiendo cómo te sientes, pero siempre se necesita de una segunda persona para ver nuestras fallas y así corregirlas.

-Creo que tienes razón… - aceptó desanimada.

-Tu pie no lo pones en la posición correcta para el salto – le ayudó a poner correctamente el pie – así, ahora este, debe estar un poco más inclinado – le mostró la posición correcta antes de dar un salto - ahora intenta hacer las combinaciones con el salto. – se alejó y vio a su amiga intentarlo.

-Lo hice! – dijo feliz. – gracias Candy, siempre tuve problemas con dar un salto después de una piriueta.

-De nada.

-Qué les parece si vamos a celebrar tu logro con un pastel – dijo Paty.

-Lo siento, yo debo irme, mamá ya debe estar esperándome – se excusó la rubia, sabía que irían a la cafetería donde trabaja Terry y lo estaba evitando.

Cuando salieron, frente a la entrada de la academia, vieron a la madre de Candy esperándola, así que la rubia se despidió de sus amigas prometiéndoles acompañarlas la próxima vez.

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-Vaya, vaya; pero mira quienes están aquí?

-Acaso su jefa las dejó solas? – continuó Luisa con tono burlesco.

-Ahora qué quieren?

-De ustedes nada, sólo entramos por un café.

-Entonces ya váyanse, Elisa se enfadará si no le llevan su café enseguida.

-Elisa no es como Candy. – dijo furiosa Susana, las miró por unos segundos – creo que su amiga es muy inteligente.

-A qué te refieres? – cuestionó la morena.

-Pues… no la veo por aquí – miró a los lados – sabe cómo quitar a la competencia.

-Qué?

-Mejor vámonos. – dijo Luisa. – ah… y Paty… – la castaña la miró – provecho.

Las dos amigas se fueron con una sonrisa maliciosa, antes de dejar el local miraron a Annie con una sonrisa de burla.

-No les hagas caso, siempre molestan. – dijo Paty llevándose un pedazo de pastel a la boca.

-Eh… sí… claro. – disimuladamente miró el pastel.

-Este pastel está buenísimo; pero el del cumpleaños de Stear, era mucho mejor. – comía con gusto cada bocado – lamento que hayas tenido que marcharte temprano y no vieras lo que hicieron los amigos de Stear. – dijo riendo al recordar.

-Sí, mamá me dio permiso hasta las 12.

Las jóvenes se quedaron para charlar un poco más, Paty le contó el baile que improvisaron los amigos de Stear y lo gracioso que fue. Antes de despedirse, la castaña le pidió que no les creyera a Elisa y su grupito, pues ellas solo querían hacer quedar mal a Candy.

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Candy estaba sentada en el asiento trasero del coche, su madre tenía la mirada fija en el camino, así que no se percató de la molestia de su hija ni mucho menos se dio cuenta que la rubia se quitó una lagrima mientras veía el camino por la ventana.

-No quiero que la situación que tengo con tu padre te afecte a ti también.

-No lo hace.

-Cariño, hoy llamó – miró por el retrovisor – dijo que no le has contestado las llamadas y cuando fue a buscarte a la academia no te encontró.

-Ya me había ido y siempre llama cuando estoy practicando, además no quiero hablar con él. – murmuró lo último sólo para ella.

Su madre se sintió mal al oír aquello. Candy era muy unida a su padre; pero desde hace unos meses atrás se reusaba a compartir con él. La única ocasión que lo visitó fue en su cumpleaños y eso a insistencia de su abuela, a quien amaba mucho.

-Cariño… él se divorció de mí, no de ti.

-Prefirió irse de casa para estar con esa mujer; o acaso tú se lo echaste? – estaba enojada - al final, quien tomó la decisión de alejarse fue él.

-Candy…

-No sé por qué ahora estás de su lado?

-No es que esté de su lado; sólo no quiero que sufras por nuestra culpa.

-No lo hago. – dijo con firmeza – mamá no quiero hablar de él – aclaró al ver que su madre iba a decir algo más – sabes? Hoy logré hacer el grand jeté! – dijo con falsa emoción, cambiando de tema. – me salió perfecto. – le contó todo lo que había hecho en sus clases y como sus maestros la felicitaron.

-Me alegro mucho mi amor. – decidió dejarlo por el momento, ya después hablaría con ella nuevamente.

Últimamente Candy mostraba un claro rechazo a su padre, cuando su madre le preguntó cuál era la razón; la rubia evitaba el tema o simplemente ignoraba la pregunta.

La mayor estaba preocupada, sabía que era su culpa, se habían sumido tanto en sus problemas y discusiones del divorcio que olvidaron como podría estar afectando eso a su única hija.

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La cafetería estaba llena, Terry iba y venía con la ordenes, internamente agradeció estar tan ocupado los últimos días, pues así alejaba de su mente aquel deseo de ver a Candy, seguía molesto con ella por lo sucedido en la fiesta de Stear; aunque sólo le duraba unos segundos, ya que cada vez que ingresaba algún cliente giraba la cabeza para ver si era ella quien entraba.

-Puedo pedir su orden? – el castaño se acercó a la mesa dónde estaban Elisa y sus amigas.

-Hola! – Susana lo saludó con una sonrisa coqueta.

-Qué les sirvo? – ni siquiera le contestó y mucho menos le sonrió, él vio como esas jóvenes molestaron a las amigas de Candy.

-Ah… yo quiero… - escondió su rostro en el menú, Elisa y Luisa reían disimuladamente por el desplante del joven – quiero un té chai.

-Ok, algo para comer?

-Claro que no! – dijo como si el joven hubiera dicho algo malo – soy bailarina de ballet, no debo engordar. – aclaró con coquetería.

-Ajá… y para ustedes? – miró a las otras dos.

-Yo quiero un café late.

-Y para mí un capuchino. – Elisa le guiño el ojo – eso es todo.

-Ahora traigo sus órdenes. - Las chicas lo vieron con atención mientras se alejaba.

-Es muy guapo. – dijo Luisa.

-Descaradamente guapo, diría yo. – dijo Elisa. - lástima que ni te miró – se burló de Susana.

-Mejor cállate – la miró con rabia – ya verás que caerá ante mis encantos.

-Crees que sea así? – vieron que Terry se acercaba con sus pedidos – inténtalo ahora – la retaron.

-Aquí tienen sus cafés – los dejó frente a Elisa y Luisa – su té. – Susana le sonreía y él ni se enteraba.

-Muchas gracias… - trató de ver su gafete – disculpa...? – Terry la miró con fastidio.

-Algún problema con su orden?

-No, sólo quería preguntarte si quisieras ir a una fiesta el…

-Lo siento – la interrumpió – no estoy interesado. – se giró ignorándola.

Luisa y Elisa no contuvieron su risa; aunque eran amigas, les fastidiaba la actitud arrogante y altanera de Susana, siempre creyéndose más hermosa que ellas y capaz de conquistar a cualquier chico con sólo una mirada.

-Qué pasó allá? – su amigo le señaló con la mirada la mesa que acababa de atender – te ves molesto.

-Y lo estoy – afirmó – ya sabes, las típicas divas.

-Nuevamente te invitaron a salir?

-Es el pecado que debo pagar por esto. – señaló su rostro sonriendo.

-Pobre de ti, lastimosamente no sé cómo es eso. – le siguió la broma.

Tom y Terry eran buenos amigos, jugaban y bromeaban entre sí, tenían una confianza semejante al de los hermanos o primos. Después de la fiesta de Stear, Terry se alejó de Karen o intentaba hacerlo para que su amiga se haga a la idea que entre ellos no habría nada más que amistad.

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Los días seguían pasando y Candy mejoraba en su baile, su concentración estaba en esta. Su madre estaba orgullosa de ella, pues había recibido felicitaciones de Robert cuando se lo encontró en una cena con unos amigos. Por eso la rubia había decidido alejarse de Terry, no estaba en sus planes tenerlo como distracción, ese era uno de los motivos por los que no visitaba la cafetería donde trabajaba el castaño; pero ese día Annie la había llamado para encontrarse justamente ahí.

-Candy! – la morena levantó la mano para llamar su atención.

-Annie… - se acercó mirando a los lados de manera disimulada para ver si el castaño estaba atendiendo ese día. – sucedió algo? – se sentó frente a ella, le pareció raro que la citara en la cafetería y no hablara con ella en la academia.

-Lamento haberte llamado de repente; pero necesito tu ayuda para organizar una fiesta para Archie.

-Para Archie? – preguntó sorprendida – ustedes están…

-Bueno… - bajó la mirada sonrojada – lo estamos intentando.

-Me alegro por ustedes – dijo sonriendo – hacen una pareja hermosa, además…

-Puedo pedir su orden? – se congeló al oír aquella voz.

-Eh… un café, por favor – lo miró de reojo y le dolió la indiferencia del castaño, pues él ni siquiera la miraba.

-En un momento se lo traigo.

-Pasó algo entre ustedes? – Annie miraba al joven alejarse. – en la fiesta de Stear…

-No pasó nada – Annie se había marchado temprano de la fiesta de Stear, así que no supo lo que pasó y como estaban tan concentradas en sus clases no habían hablado del tema. – has pensado en algo en particular? – Candy regresó al tema del cumpleaños.

-En realidad, es por eso que necesito tu ayuda, tú lo conoces mucho mejor y sabes lo que le gusta.

-Claro, te ayudo en lo que pueda.

Después de que Terry le llevara su café, Candy y Annie se pusieron a planear la fiesta para Archie, desde la barra el castaño observaba de manera disimulada a la rubia.

-Annie, ya pensaste en su obsequio?

-Eh… no, aún no – estaba sonrojada – mmm… Candy…

-Dime.

-Quería pedirte un favor, podrías llevar el pastel? – la rubia la miró en seguida – es que el que llevaste para Stear estaba delicioso y a Archie también le gustó mucho.

-Sí, qué te parece si lo encargamos hoy, así no tendremos que preocuparnos más por eso, además ya no falta mucho para la fiesta.

-Claro, entonces hagámoslo ahora. –antes de ponerse de pie vio a tres chicos acercarse a ellas.

-Cómo están chicas?

-Archie! – la morena se puso nerviosa al creer que las hubiera escuchado.

-Parece que no te alegra verme – le dio un beso en la mejilla – cómo estás gatita? – saludo a la rubia. Hace días que no te veo.

-Cómo estás Archie? – le sonrió – he estado algo ocupada con las clases y las prácticas.

-Otra vez, no tienes tiempo libre en tu agenda? – bromeó – por eso eres la mejor de las bailarinas, no dudo que en cualquier momento te pidan pertenecer a la compañía.

-No exageres. – rió de su comentario.

-A mí me gustaría eso – se acercó Anthony – serías mi compañera.

-Escuché que la que tienes es muy buena.

-Tú le das la lucha. – la miró – dicen que algunas de las bailarinas temen que te unas a la compañía, pues sus lugares estarían comprometidos.

-Incluso la bailarina principal te ve como rival, dicen que si entras tomarás su lugar.

-Dejen de bromear chicos! – los golpeó en el brazo.

Mientras los jóvenes y Candy reían, Annie pensó en lo que escuchaba, si eso era verdad, ella no tendría oportunidad para destacar. Debía convertirse en la mejor, incluso ser mejor que su amiga.

-Nos vamos? – la voz de su novio llamó su atención nuevamente.

-Eh? A-a dónde?

-Te invité a cenar – sonrió ante lo distraída que estaba la morena - no puedes?

-Ah! Sí, claro. – se puso de pie. – Candy… - susurró cuando se acercó a la rubia para despedirse.

-No te preocupes, yo me hago cargo – le dijo muy bajito.

-Quieres que te lleve a casa?

-No, tengo algo que hacer primero.

-Te acompaño. – Anthony era muy insistente, unos días después de la fiesta de Stear le había hablado a Candy sobre su interés afectuoso; aunque la rubia lo rechazó inmediatamente, el rubio decidió seguir intentándolo.

-No es necesario. – no podía decirle nada sobre la fiesta sorpresa para Archie, pues temía que en alguna conversación con su primo, el rubio se lo contara, ya que no era secreto que él no sabía mentir. – mejor ya vete, dijiste que hoy verás a tu abuela.

-Rayos, no debí mencionarlo. – se quejó – bueno, te veo en la academia mañana – se despidió con un beso cerca de la comisura de los labios.

-Sí… nos vemos. – se despidió desconcertada.

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Desde la barra Terry había presenciado todo aquello y los celos lo estaban atacando. Sí, estaba molesto con la rubia; pero eso no quitaba la atracción que sentía por ella.

-Ve a recoger los vasos de aquella mesa.

-Como digas jefe. – se alejó de mala gana, lo último que quería era ver la sonrisa que seguro tenía después de ser besada por aquel rubio.

-Puedo levantar esto?

-Eh… sí… gracias. - de repente se puso nerviosa. – disculpa Terry.

-Sí?

-Sería posible hablar con tu jefa?

-Con Dorothy? – la miró interrogante – pues será imposible, está de viaje y regresa en un mes.

-Un mes!?

-Sí, se casó el día sábado y está de luna de miel; pero si tienes alguna queja, Tom está a cargo.

-No, no es porque tenga una queja.

-Entonces quieres trabajo?

-No, es que… quiero saber si puede hacer otro pastel para…

-Tu novio? – no pudo evitar preguntar aquello.

-Mi novio? – repitió – yo no tengo novio. - aclaró rápidamente.

-Y qué me dices de ese chico rubio, acaso no te besó y…

-Anthony es mi amigo, nada más – se molestó – además a ti que te importa si es mi novio o no?

-Sí, tienes razón, no me importa en absoluto.

-Así es, mejor ocúpate de cuidar y atender a tu novia.

-Mi novia? Ah! Karen? – sonrió de lado - no te preocupes, ella está bien.

-No sé qué hago aquí hablando contigo de cosas que no me importan! – llamó la atención de los clientes, sin darse cuenta había levantado la voz.

-Disculpen…

-Qué!? – estaba realmente molesta.

-Qué quieres Tom? – dijo Terry con fastidió.

-Así que tú eres Tom… – miró al joven frente a ella - estás a cargo. Verdad?

-Sí, puedo servirle en algo?

-Pues tengo una queja de su empleado. – miró a Terry, quien esperaba escuchar lo que diría.

-Muy bien, por qué no me acompaña a la oficina. – le hizo un ademan de que caminara – Terry ven con nosotros.

Candy seguía a Tom y detrás de ella iba Terry sin haber perdido aquella sonrisa de lado, le gustaba ver la figura de la rubia y ser testigo del contoneo de sus caderas, aunque su sonrisa también se debía a que deseaba escuchar lo que diría de él.

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Estaban en la oficina de Dorothy, Candy se quejó sobre la conducta de Terry y la manera en cómo le había hablado y se había metido en sus asuntos.

-Ok, creo que Terry cometió una falta muy grave al haber estado de chismoso con la vida personal de un cliente. – Candy sólo asintió – bueno… lo lamento Terry, pero estás despedido.

-Qué!? – la rubia estaba sorprendida – no… no es para tanto.

-Lo es señorita, lo que Terry hizo…

-Bueno… no es tan grave, además yo lo provoqué al haberle gritado primero, no quiero que pierda su empleo…

-Al menos podrían pagarme lo que trabajé hasta hoy? – lo escuchó hablar de manera tranquila - sabes que necesito el dinero para pagar la renta.

-Lo lamento Terry; pero conoces las reglas, esa será tu amonestación.

-No puede hacer eso! – intervino la rubia – él trabajó casi todo el mes y va a quitarle su salario, solo por una tontería!?

-Hace un momento no parecía una tontería para usted señorita.

-Sí bueno… es que estaba molesta, eso es todo.

-De acuerdo… Terry, ya que la cliente está abogando por ti, qué te parece si cambio tu castigo? – lo miró atentamente – ella necesita un pastel y fue ahí donde te excediste, serás tú quien lo prepare.

-Yo!? – se señaló.

-Él!? - lo señaló

-Así es, fuiste tú quien le enseñó a Dorothy a preparar ese pastel, cierto? – sonrió internamente – así que como retribución al cliente lo prepararás para ella, sin cobrar ni un centavo.

-No quiero molestar… - dijo bajito – además es capaz de poner algo raro en venganza – pensó lo último para sí misma.

-Está bien. – aceptó el castaño.

-Muy bien! – dijo Tom – ya que todos están conformes, podrían ponerse de acuerdo sobre eso ahora mismo.

Tom salió de la oficina dejándolos en un ambiente algo incómodo. Candy estaba con la cabeza baja y siendo sincera se sentía algo avergonzada por haber causado todo aquello. Terry, por otro lado, estaba algo molesto con su amigo por haberlo comprometido para preparar el pastel para el novio de la chica que le gustaba.

-Yo… - la escuchó hablar – en verdad lo lamento.

-Por qué? Tom tiene razón, me excedí en mi comportamiento, además fue mejor que ser despedido.

-No debí haber exagerado – estaba sonrojada – pero tú tienes la culpa!

-Yo? – se sorprendió al ver el cambio de humor de la joven - Por qué?

-Porque dijiste que Anthony es mi novio y que me había besado!

-Y eso qué tiene? fue lo que vi.

-Pero viste mal!

-No creo haber visto mal – la miraba fijamente - además, acaso eso importa?

-Claro que importa! – nuevamente se había exaltado – no quiero que pienses que eso pasó!

-Por qué… – se calmó. – por qué no quieres que piense eso? – se acercó peligrosamente a ella.

-Porque no…

-Por qué? – bajó el volumen de su voz – acaso quieres que sea un secreto entre ustedes?

-Claro que no! – miró a un lado – es porque ya no te gustaría y… - dijo bajito, y más bajito aún dijo – te perdería…

Candy sintió como el castaño, de manera arrebatada, tomó su rostro entre sus manos y la acercó a él. Al principio no supo que hacer, sólo sintió sus labios sobre los suyos; instintivamente, ella rodeó su cuello con sus delgados brazos y le correspondió con la misma desesperación e intensidad.

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Hubo beso! Qué les pareció?

Lamento mucho la demora, sé que esperaban este capítulo el sábado, el siguiente capítulo trataré de publicarlo el viernes. Tengan muy buena semana.

Gracias por sus mensajes, son muy alentadores y motivadores. Muchas gracias, realmente los aprecio.