Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada y toda su banda.


—Erda, ¿estás lista? No olvides calentar.

Al escuchar a su tía, Erda se enderezó inmediatamente y comenzó a calentar, como siempre lo hacía cuando estaba a punto de iniciar una competencia. Viniendo de una familia de deportistas consumados, Erda ya se sabía la rutina de memoria, conocía a la perfección cada detalle, cada paso, cada procedimiento; probablemente estaba en competencias deportivas desde antes de que aprendiera a hablar, y debido a esto no había razón para sentir algo que no fuera confianza y deseos porque los eventos iniciaran.

Sin embargo, en esos momentos se encontraba sumamente nerviosa.

Mientras comenzaba a hacer algunos estiramientos, Erda sentía que sus manos comenzaban a sudar, algo que nunca antes le había pasado.

—Erda… —apareciendo de nuevo a su lado, Rebecca miró a su sobrina con una ceja levantada, nunca antes había visto a la joven así— ¿Estás bien?

—Por supuesto —respondió Erda, con un sonrisa algo forzada—. Sólo… no lo sé, probablemente no dormí mucho anoche.

Al escuchar el tono dubitativo de su sobrina, Rebecca alzó una ceja. Siempre, antes de cualquier competencia, Erda se mostraba confiada, desesperada porque las competencia iniciara; era una deportista aguerrida, valiente, aventada, tanto que Rebecca no podía entender por qué ahora parecía tan nerviosa, algo paniqueada incluso.

—¿Estás segura? —volvió a preguntar Rebecca, acercándose a su sobrina.

—Por supuesto —aseguró la joven, guiñando un ojo, como si con eso convenciera a su tía.

Rebecca entrecerró los ojos, sin creerle del todo.

—De acuerdo —dijo Rebecca, sabiendo que no lograría sacarle más información a su sobrina—. No te tardes mucho, algunos chicos ya te están esperando.

Al escuchar a su tía, Erda tragó saliva, sintiendo que un leve temblor se apoderaba de todo su cuerpo.

Ese día iniciaban las eliminatorias de las competencias de uno de los eventos más importantes del año para Erda, para el que estuvo esperando meses, preparándose, entrenando sin descanso cuando podía.

Desde que sus amigas habían decidido comenzar a juntarse con otro grupo de amigos, la vida de Erda había pasado de dedicarse en lo absoluto al deporte a convertirse en la niñera de un grupo de niños. Era complejo, pero extrañamente lo disfrutaba, incluso las tontas peleas con Deathmask que terminaban en alguna broma pesada entre ambos.

Después de que su tía se fuera, Erda se tomó un par de segundos para mentalizarse; y posterior a eso, Erda al fin salió. Caminó a paso lento por los pasillos del deportivo hasta que llegó a la zona para correr.

Todo se veía normal. Los atletas con los que competiría, los jueces, algunas personas más que no tenían nada que ver con la competencia, el calor de la primavera… y al mirar hacia las gradas los vió, un enorme grupo de gente que comenzó a aplaudir cuando ella volteó en su dirección.

Era una tradición entre ella y sus amigas más cercanas (Katya, Shoko, Kyoko y Xiaoling cuando tenia tiempo), que las jóvenes fueran a apoyarla en cada una de sus competencias. Y ahí estaban, todas sosteniendo sus carteles, saltando y gritando emocionadas. Sólo que en esa ocasión no eran las únicas, ese día no serían sólo ellas.

Sintiendo que los nervios volvían, Erda levantó la mano para saludar a sus amigos, esperando que eso la relajara.

Las gradas estaban casi llenas; además de sus amigas estaban los demás. Al lado de Katya estaban Kanon, Saga y Aldebarán; Shoko estaba entre Camus y su amiga Shinato, acompañados por Mū; Kyoko estaba al lado de Dysnomia, quien a su vez estaba al lado de Shaka, quien parecía más ocupado hablando Aioros, Hilda y un chico pelirrosa que no conocía, pero no importaba; Xiaoling, sosteniendo un enorme cartel en apoyo a Erda, estaba con Afrodita, Helena y Deathmask, este último con los brazos cruzados y usando una gorra.

Al verlo con su ridícula gorra y su expresión de exasperación, Erda sonrió al recordar la fiesta de hacía unas semanas atrás, el nuevo corte de cabello de Deathmask y lo molesto que estuvo el hombre a lo largo de los días. Ese pequeño momento de felicidad fue suficiente para hacerla sentir más relajada, hasta el punto de avanzar hacia donde estaban el resto de los participantes, quienes estaban ocupados en sus propios asuntos.

Decidiendo que lo mejor era continuar calentando, Erda saludó brevemente hacia las gradas y les dió la espalda, fingiendo que estaba ocupada en sus asuntos deportivos. Después de varios minutos, Erda se detuvo cuando sintió que alguien la sostenía del hombro, su tía, quien la miraba con una sonrisa ladeada.

—¿Ya se te quitaron los nervios? —preguntó Rebecca, ahora usando un par de lentes oscuros para protegerse de la luz del poderoso Sol.

—¡Yo no estaba nerviosa! —argumentó Erda, molesta y avergonzada por el comentario, puesto que varios de sus contrincantes las estaban escuchando.

—Erda, cuando tenía tu edad también me ponía nerviosa, no tienes nada de qué avergonzarte.

—Tía, ya te dije que yo no…

Antes de que Erda pudiera seguir negando, ambas vieron que más gente se acerca al lugar, los encargados de oficializar las competencias.

—Voy a estar con los demás, apoyándote —dijo Rebecca antes de que la echaran. Con un apretón en el hombro, la mujer le sonrió—. Y después nos iremos a comer.

Erda sonrió, sabiendo que esa era la tradición de todos los años, salir a comer, sin importar si había ganado o no, todas siempre despejaban sus agendas para poder reunirse un par de horas a simplemente divertirse entre ellas.

Al voltearse para despedirse de su tía, notó que la mujer se acercaba a la zona baja de las gradas, donde estaba acompañada su pareja actual, Mania y varios amigos de ellas, quienes no se veían muy entusiasmados por la actividad, probablemente debido al intenso Sol que les daba de lleno.

Y Erda no se equivocaba; sentado al lado de Caín, Écarlate se removía de un lado al otro, por completo fastidiado.

—¿Quieres dejar de retorcerte? —preguntó Caín con fastidio— Si no querías venir no lo hubieras hecho. Cardinale dijo que estaría en el parque botánico hasta la tarde.

—No, sí quería venir —murmuró Écarlate, bufando—. Me encantan las competencias deportivas, pero hace demasiado calor, ¡y ni siquiera es la época de calor!

—Me molesta decirlo pero Écarlate tiene razón —intervino Mystoria, soltando un suspiro de agotamiento.

—¡Oye! —al escuchar a su compañero de vivienda, Écarlate cruzo los brazos— Ahh… estoy demasiado acalorado como para discutir.

—¡Vaya! Al fin conocimos tu kriptonita —observó Gestalt con una sonrisa.

Al escuchar a su amigo, Caín emitió un gruñido de concordancia y continuó con la mirada al frente, donde estaba Rebecca hablando con algunos de los organizadores de las competencias. La mujer reía y sonreía, feliz de estar en el evento, y Caín sentía que su corazón se aceleraba al verla siendo tan ella, tan perfecta.

Para su desgracia, sus pensamientos románticos se interrumpieron cuando su teléfono celular comenzó a sonar, llamando la atención de todos los que estaban a su alrededor.

—Dime, Ox —dijo al contestar la llamada, serio.

Sólo dos minutos después, mientras Rebecca se acercaba, Caín se levantó de su lugar, alarmando a la mujer.

—¿Qué ocurre? —preguntó con una expresión de sorpresa.

—Ox tiene una emergencia —explicó Caín mientras sacaba del bolsillo de su playera su placa, para colgarla en su cinturón—. Necesita ayuda, es justo aquí afuera.

—Pero la competencia ya va a empezar —protestó Rebecca, poniendo las manos en su cintura.

—Lo sé —dijo Caín, acercándose a ella para poner una mano sobre su hombro—. Lo lamento, pero te prometo que regresaré pronto, ¿de acuerdo? — aseguró justo antes de darle un pequeño beso en la frente a la mujer.

Rebecca apenas y pudo murmurar que estaba bien, era el trabajo de él después de todo, su voz murió bajo los múltiples vitoreos y aplausos de sus amigos por la acción de Caín.

—Hay un hotel casi aquí enfrente —bromeó Écarlate, logrando un poco más de burlas.

—Maduren, mocosos —gruñó Cain, optando por dar la vuelta e irse para apoyar a Ox.

Al quedarse sola, Rebecca se tomó su tiempo para sonrojarse, sólo un par de segundos para después voltear a ver a todos sus amigos y fulminarlos con la mirada.

—¡Mania! —se quejó cuando notó que incluso su amiga se estaba riendo.

—... Lo siento… —se disculpó la bibliotecaria entre risas— Nunca había visto que te sonrojaras así.

Al escucharla, Rebecca sólo frunció el ceño, aún más avergonzada y se sentó al lado de su amiga. Con una expresión de molestia, volteó a ver a Shijima, quien estaba al lado de Mania, a punto de abrir la boca.

—Y tú, será mejor que no digas nada.

Ante la advertencia de Rebecca, Shijima cerró la boca y alzó los hombros, resignado. Sin decir nada, pasó un brazo sobre los hombros de Mania y la acercó a él, justo en el momento en que una sombrilla se abría sobre su cabeza y lograba cubrir a Mania del abrasador Sol.

Al verlos desde la distancia, Helena frunció levemente el ceño y se removió incómoda. A su lado, Deathmask no lo notó, estaba demasiado ocupado quejándose por su presencia en el aburrido evento a favor de la loca que le rapó toda la cabeza.

—Por favor, Deathmask, no fue toda la cabeza…

A pesar de que Afrodita y los demás dijeran lo contrario.

—Y eso que por lo usual Erda es la primera en caer cuando vamos a beber.

El comentario de Xiaoling hizo reír a Afrodita, mientras Deathmask sólo rodó los ojos y bufó con fastidio.

—Ya tranquilo, de seguro no tardan en traerte tu paleta de hielo —dijo Afrodita con humor—. Y después podrás pensar en cómo vengarte.

Ante el comentario jocoso, Deathmask borró su expresión de molestia y sonrió con malicia. Primero, esperaba que por fin le llegara su paleta de hielo, después esperaba que Erda ganara, porque si perdía entonces él habría desperdiciado toda su mañana en nada, y para el final, esperaba que a Erda le gustara su próximo corte de cabello.

Mientras planeaba, y de su interior comenzaba a salir una malvada risa, Deathmask vió que, por fin, Aioria, Milo y Shura se acercaban, todos cargando un montón de cosas.

—¡Ya era hora!

Gritó Kanon en cuanto los vió llegar, él estaba esperando su juguito de granada desde hacía media hora, y estaba a punto de levantarse e ir a ver él mismo por qué se tardaban tanto.

—Lo siento, había un chingo de gente —explicó Milo, comenzando a subir las gradas.

—La fila para los jugos era como de veinte personas —dijo Aioria, siguiendo a Milo.

—Me dió sed —comentó Shura, levantando la mano derecha para darle a Kanon un vaso lleno de jugo de granada justo a la mitad.

—¿Qué? ¡Casi te lo acabas! —se quejó el abogado, mientras Shura le pasaba sus galletas saladas a Saga, sus papitas con chile a Aldebarán y un helado en vaso a Katya—¿Cómo piensas retribuir esta afrenta?

Por respuesta, Shura le dió la mitad de su barra de chocolate en lo que se sentaba a su lado.

—Lo voy a tomar, pero me ofende muchísimo.

Viendo toda la acción, Hilda aprovechó para agarrar la mano de Valentine, llamando la atención del chico.

—Esto es algo importante, Valentine —explicó—. Sólo en caso de que te moleste, y como una nota aparte, ellos no conocen el concepto del beso indirecto.

Valentine frunció el ceño ante el comentario de Hilda, antes de que pudiera preguntar por lo que se refería vió que Milo lamía los dos helados que sostenía antes de darle uno de ellos a Camus, quien lo recibió como si nada.

—Está medio derretido —o casi, sólo quejándose de la consistencia suave de su producto lácteo.

—Hace un chingo de calor —se justificó Milo—. Mira, prueba el mío.

Sin esperar una respuesta de parte de Camus, Milo le acercó su helado justo a la cara, lo que dejó sin opciones a Camus.

—Ya, Milo, dale sus helados y haste a un lado, ya va a comenzar la carrera —al lado de Camus, Shoko comenzó a mover la mano derecha varias veces, diciéndole al griego con eso que se moviera.

Milo trató de protestar, sin embargo no pudo hacer nada, puesto que se escuchó mucho ruido en la zona frente a las gradas; efectivamente, la competencia estaba por iniciar. Apresurandose en tomar asiento, Milo se metió entre Camus y Shoko para subir a la grada de arriba, dónde Valentine y Hilda lo miraban con una expresión de diversión con algo de confusión, mientras que Aioria se sentaba al lado de Camus y comenzaba a aplaudir emocionado, como el resto.

Desde la pista, Erda se acomodó en su carril y miró hacia las gradas, notando que sus amigos se levantaron y comenzaron a gritar y aplaudir en favor de ella. Incluso su tía y amigos estaban comenzando a apoyar. Aunque Erda estaba acostumbrada a los apoyos en forma de gritos, nunca había recibido tantos, y de manera tan visible, puesto que por lo normal Xiaoling y Shoko eran las más escandalosas.

Al ver a tanta gente estando ahí por ella, Erda sintió como si se hubiera tomado un shot de energía. Mientras se ponía en posición, una confianza pocas veces sentida la invadió por completo, hasta que en medio de los gritos de apoyo escuchó el silbato que indicaba que la carrera había dado inicio.

Y ella sólo corrió.

—Eso fue emocionante…

Y después de la carrera, mientras la gente comenzaba a irse, Aioria se llevó un puño de cacahuates a la boca mientras ponía su pierna derecha sobre el hombro de Shura, quien agarró su pie por el tobillo.

—... Pero duró bien poquito.

—¿Hubiera estado mejor que durada una hora y media? —preguntó Camus con una ceja levantada, terminándose lo que Milo le había dejado de helado.

—Pues tal vez —se sinceró Aioria—. Creo que tardé más en venir que en lo que duró.

—Tardamos más en la fila de helados—señaló Shura, intercambiando una mirada con Kanon.

—Y en el proceso te tomaste mi jugo —observó el gemelo, con una expresión de molestia.

—Oh, no se preocupen, las carreras son rápidas pero después nos vamos a comer —con una actitud positiva, Kyoko, que estaba sentada en las gradas arriba de Aioria, se agachó para estar a la altura del griego—. Y como Erda clasificó ahora nos toca pagar a nosotros.

—¿A "nosotros" o a Shaka? —con una sonrisa ladeada, Kanon miró a todos sus amigos antes de decidir levantarse y buscar la manera de convencer a su amigo de pagar por la comida de ese momento.

Justo estaba por subir las gradas cuando comenzó a escuchar varios gritos y escándalo proveniente de una de las entradas del lugar. En cualquier otro momento Kanon lo habría ignorado, no le gustaba meterse en cosas que no lo involucraban, pero al sentir que Saga le sostenía la pierna para evitar que se fuera, frunció el ceño y miró a su gemelo.

—¿Reconoces esa voz? —preguntó Saga, también levantándose pero para ver de mejor manera la entrada.

Kanon frunció el ceño y prestó más atención, notando que Milo también se había levantado y miraba hacia esa entrada, mientras que los demás poco a poco notaban el escándalo.

De vuelta a los vestidores, Erda mantuvo una enorme sonrisa mientras su tía le contaba que en esa ocasión ella había corrido con mucha más energía que antes, tanto que había ganado pro varios segundos. Al igual que Rebecca, Erda se sentía sumamente orgullosa de su desempeño. Y lo mejor de todo era que ahora tenía más gente con la que podía compartir sus victorias y derrotas.

Al menos esa era la premisa. Cuando Erda y Rebecca salieron de nuevo a dónde estaba la pista, ambas se detuvieron para mirar con confusión la escena frente a ellas: en el centro de la pista, algunos de los chicos, Caín y Ox trataban de controlar lo que parecía una pelea. Entre dos hombres. Dos adultos mayores, en realidad.

Intercambiando una mirada, Erda y Rebecca se acercaron, preguntándose qué era lo que había ocurrido en los escasos cinco minutos que pasaron desde que entraron a los vestidores y salieron.

Parecía que el almuerzo se había atrasado.