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En casa, Lola y Sara no sabían cómo reaccionar, aparte de llorar juntas en el sofá, desesperadas, con el corazón en un puño más prieto que el de Scarlett O'Hara, el estómago más estrujado que una bayeta Ballerina, y la garganta con más nudos que un atrapasueños de macramé.
Lo que estaban viendo era horrible, e iba a dejar terroríficas imágenes de la tortura de su padre y abuelo grabadas en sus retinas para siempre, pero ninguna de las dos podía apartar la vista de esa tablet, como cuando en una película de terror el psicópata de turno está a punto de cargarse al más pringao, o cuando el malo descarrila un tren en una secuencia de acción y todos van a morir. Estaban como hipnotizadas por la pantalla, y no podían dejar de mirar.
"Pero, ¿cómo va y le pone ahora esa canción tan bonita? ¿A qué fin?" dijo Lola entre sollozos e hipos cuando el carnicero empezó a menear a su padre del brazo.
"Nunca me gustó Marta Sánchez," dijo Sara. "¡Y ahora, me va a gustar incluso menos!"
"Pero suéltale, cacho de… ¡Arghh! ¡Si lo cojo lo mato a ese desgraciao!"
Justo antes de que don Lorenzo volviera a desmayarse mientras daba vueltas, llamaron a la puerta. Las dos agradecieron esa oportunidad de apartar los ojos de la tablet, mirando hacia la entrada. A través del cristal de la puerta, pudieron distinguir la silueta de varias personas en la balconada.
"¿Quién puede ser?" dijo Sara, dejando la tablet en la mesa.
Lola se acercó a la puerta mientras se secaba las lágrimas con un kleenex, arrastrando su maquillaje en largos churretones negros. Descompuesta y moqueando, abrió la puerta solo para arrepentirse inmediatamente, porque fue asaltada por una jauría de periodistas que le soltaron un montón de preguntas estúpidas a bocajarro sin dejar tiempo a que contestara ninguna, arrimándole micrófonos y cámaras sin ningún pudor.
"Señora Castro, ¿qué puede decirnos del secuestro de su padre, el comisario Castro? ¿Cómo lo está viviendo?"
"¿Cree que va a salir vivo de allí?"
"¿Qué opina de que todo el mundo esté siguiendo el vídeo de la tortura en vivo?"
"¿Cree que el carnicero descuartizará a su padre en directo?"
Ante semejante falta de consideración y de tacto, la vena agresiva de la familia Castro, que Lola siempre procuraba mantener bajo control, afloró sin restricciones.
"Pero, ¿qué clase de preguntas son esas? ¡Anormales! ¡Váyanse de aquí inmediatamente antes de que llame a la policía! ¡Indecentes! ¡Mamarrachos!"
Intentó cerrarles la puerta en las narices mientras seguían preguntando sandeces de prensa rosa sensacionalista y perogrulladas, pero chocó con el pie de uno de ellos.
"¡Sara, ayúdame!"
Entre las dos patearon y empujaron ese pie hasta conseguir cerrar la puerta, que Lola aseguró con todos los pestillos, pero la insistente jauría continuó aporreando los cristales de la puerta y de las ventanas.
Tras echar todas las cortinas, madre e hija volvieron a refugiarse en el sofá.
"¡Si agarraba yo ese palo, se lo metía a ese anormal por donde amargan los pepinos!" gritó Lola al coger otra vez la tablet y ver como el carnicero apaleaba a su padre como a una piñata.
"El abuelo no se mueve. Ya no grita," dijo Sara, cogiendo a su madre de la mano. "¿Crees que estará…?"
"No, eso no, mi vida. Se ha debido de desmayar otra vez, el pobre. Aunque casi mejor, que así mientras tanto, no sufre, aunque solo sea por un rato."
Poco después, las dos se quedaron heladas cuando el psicópata le bajó los pantalones y los calzoncillos. Sabiendo lo humillado que se sentiría su padre si estuviese consciente, la rabia y la frustración se apoderó de Lola otra vez mientras los periodistas seguían aporreando los cristales, e hizo que le faltara un tris para que también cogiera un mango de escoba y la emprendiese a palos con ellos.
"¡No, mamá, no salgas ahí otra vez! ¡Llama a papá y que nos mande a alguien!"
Lola dejó de mirar la escoba con deseo para coger el teléfono. Marcó, pero estaba comunicando.
"No lo coge. Está ocupado."
"Ya llamo yo a Lucas."
"Sí, corre."
"¡Lucas!" gritó Sara cuando contestó. "¡Mandadnos una patrulla, por favor! Tenemos a la prensa acosándonos en casa, aporreando puertas y ventanas….. Sí, con las cámaras y todo, los muy desalmados….. Lo hemos visto todo, sí. Es horrible. Ahí se ha quedao mi abuelo colgando, y encima ese desgraciado le ha dejado en pelotas….. Sí, por lo menos ya no grita… ¿Sabéis algo más? ¿Cuándo le vais a encontrar?"
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"Nuestros expertos en la unidad de delitos informáticos también han sido incapaces de rastrear la señal de la web y fijarla en un IP concreto," dijo Gutiérrez desde la central, al teléfono con Montoya. "Y tampoco han encontrado nada útil en el tratamiento digital de la imagen y el audio del vídeo. El análisis detallado de las cámaras de vigilancia de la red de carreteras nos permitió reconstruir el trayecto del Opel Corsa desde la M-30 hasta el polígono de Colmenar, que hizo usando vías secundarias para eludir todos los controles, pero ha sido un esfuerzo inútil y tardío. El coche en sí, fue sustraído esta mañana solo unas horas antes del secuestro, y no ha arrojado ningún otro dato de valor para la investigación. Estaba aparcado en la calle, como siempre, y el dueño ni se había dado cuenta del robo para denunciarlo."
"Ya. ¿Y qué hay de ese Ford Mondeo gris, que podría ser el siguiente vehículo, si el relato de ese testigo que llamó a la línea de colaboraciones ciudadanas es cierto?"
"Estamos en ello. Además, tenemos hombres analizando los quince años de reclusión del preso fugado, y estamos vigilando a sus contactos en el exterior, porque alguien le ha tenido que ayudar con la logística. Estamos presionando a familiares, amigos, conocidos, y a cualquiera que tuviese relación con Luis Arrabal. En fin, que estamos en ello. Todo el mundo está en ello. Es solo cuestión de tiempo que demos con algún hilo del que tirar."
"¿Tiempo? ¡Tiempo es lo que no tiene mi padre!" dijo Silvia cuando Montoya colgó.
"Ya le has oído: todo el mundo está en ello."
"Necesitamos la matrícula de ese Mondeo. No había cámaras en el punto exacto del polígono donde encontraron el Corsa, pero de alguna manera ha tenido que llegar hasta allí el otro coche, y también ha tenido que salir. Tiraremos de ese hilo."
"Pondré a Paco y a los demás a trabajar con esto, ya que analizar el vídeo no está sirviendo de nada," dijo Montoya, volviendo a la Sala Briefing.
Silvia continuó visionando las grabaciones de las cámaras de seguridad de los accesos al polígono, empezando desde el momento en que encontraron el Corsa azul.
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Don Lorenzo seguía inconsciente colgado de ese gancho cuando llegó la hora del telediario de la noche. Al oír la música de la cabecera, los hombres de Paco dejaron los múltiples monitores con los que trabajaban con las imágenes de las cámaras de seguridad, y volvieron a arremolinarse alrededor de la silla del inspector, en frente de la tele.
"Abrimos el informativo con la noticia local del día, que se ha convertido rápidamente en un drama de repercusión mundial. Por supuesto, nos referimos al secuestro y tortura del comisario don Lorenzo Castro," dijo Pedro Piqueras en el informativo de Telecinco. "Millones de personas en todo el mundo están siguiendo en directo los acontecimientos de este secuestro, mientras el comisario está siendo torturado en tiempo real. Ese vídeo, subido a internet por el secuestrador, el asesino fugado Luis Arrabal, ha batido todos los récords de audiencia absolutos en la web. En unos momentos les ofreceremos algunos fragmentos de dicho vídeo, pero advertimos que contiene imágenes muy duras que pueden herir la sensibilidad del espectador, y no son aptas para menores."
El presentador continuó entonces dando todos los detalles del secuestrado y del secuestrador, incluyendo la fallida entrevista a Lola, y también las imágenes del accidente y de Paco cabeza abajo.
"Pero, ¿por qué sacan eso? ¿Por qué acosan a Lola de esa manera?," dijo Paco cuando la vio a la puerta de su casa, tan demacrada, con los ojos llorosos y rastros de maquillaje corriendo a churretones por las mejillas.
"Tranquilo Paco, que ya mandé una patrulla a tu casa a desalojar a esos periodistas," dijo Lucas. "Sara llamó hace un rato, mientras hablabais con tu psiquiatra. No te lo dije para no preocuparte aún más."
"¡Una denuncia le voy a poner al Piqueras ese, que se le va a caer el pelo!"
"Tranquilo, inspector," dijo su psiquiatra, Félix Montejo, dándole una palmadita en el brazo. "Respire, respire…"
"Pues total, inspector, con lo que le está clareando ya el cuero cabelludo al Chucky, cualquier día va a tener que plantearse ir a Turquía," dijo Kike. "Aunque, con ese cabezón y con tanta superficie que poblar, se iba a dejar una pasta gansa incluso allí."
A continuación, como ya habían hecho antes en el avance, en el telediario incluyeron todas las escenas destacadas de la tortura, con la mayoría de los insultos proferidos por don Lorenzo, hasta que llegaron a la bajada de pantalones, donde mostraron su área genital pixelada, aunque solo fuera por un mínimo de decoro y vergüenza.
"Menos mal que han tenido la decencia de difuminarle sus santas partes," dijo Rita. "Pobre don Lorenzo, qué vergüenza más grande, to'l mundo mundial contemplándole los cataplines."
Luego ofrecieron ejemplos de cómo se había desarrollado la cobertura de esta noticia por todas las cadenas de televisión del mundo, desde la FOX, CNN, y la BBC, a Al Jazeera. Pero no solo los principales medios de comunicación y cadenas de televisión se habían hecho eco de la noticia.
"El secuestro del comisario Castro también se ha convertido en Trending Topic a nivel mundial en redes sociales. Además, el singular arrojo confrontacional de don Lorenzo y su manera de encararse con el secuestrador, ha sido la fuente de inspiración de todo tipo de memes, vídeos e imitaciones de sus fans, que ya se cuentan por cientos de miles," aseguró Piqueras.
"No me lo puedo creer," dijo Curtis cuando en la pantalla se sucedieron los vídeos que destalentaos de todos los países y de todas las etnias estaban colgando en redes. "¿Cómo han podido caer tan bajo y montar este show a costa de don Lorenzo? Hay que joderse cómo está el patio."
"Anolmal de calito!" dijeron dos adolescentes chinas, entre risas en un video selfie.
"Mamalacho! Imbécil!" dijeron otros dos asiáticos.
"Por mis… san-tos cohones... Hell, yeah!" dijo un estadounidense mascachicle de la América profunda, gorra y rifle incluidos, agitando su arma y su lata de cerveza.
"Metéte… agua… amagan… pipinos," dijo otro atontao de tez oscura, probablemente indio o pakistaní.
"¡Hijoputa! ¡Hijoputa! ¡Hijoputa!" dijo un guacamayo desquiciado desde su jaula. "¡Anormal de carrito! ¡Guaargghh! ¡De carriiiito!"
"Peaso de capullo, os podés meter ese ganchito en el orto… ¡pero en el de su puta madre!" dijo un argentino.
"Lorenzo, my man! Respect!" dijo un rapero negrotón de los de chándal y cadenas de oro, golpeándose el corazón con el puño. "Fuck da motherfucka'! Cohones!"
"¡Anorrrrmal de karrrrito!" dijeron dos rusos desde la Plaza Roja. "¡Mamarrrracho!"
"¡Comisario, carajo, dale lo suyo a ese pinche huevón!" dijo un mexicano. "¡Con dos cojones, güey!"
"Gilipollas. Anormal," dijo una hermosa mulata brasileña desde Río. "Hijoputa de papito mamonasssoooo."
"¡Anolmal de calito!" dijeron otros dos chinos.
"Es pa' darles de hostias a todos con la mano abierta… Pero tienen su gracia estos jodíos chinos, ¿eh?" dijo Mariano con la risa floja.
"¿Gracia, Mariano?" dijo Paco, fulminándole con la mirada. "¡No tienen ninguna gracia, leche'! ¡Ninguna!"
"Y de forma colateral," continuó Pedro Piqueras, "otra cosa que también se ha convertido en Trending Topic hoy ha sido la canción "Colgando en tus manos" de Carlos Baute y Marta Sánchez, que ha batido el récord de ventas y descargas en la última hora."
A continuación, sacaron a Marta Sánchez en una entrevista fugaz a la puerta de su casa.
"Yo lo siento mucho por ese pobre hombre, de verdad, claro que sí, pero a la vez agradezco a todos nuestros fans el apoyo y la difusión que se le está dando a nuestra canción. Carlos y yo estamos encantados."
"¡Desgraciada! ¡Rubia de bote!" dijo Rita. "¿Cómo puede tener tanta caradura y ser tan insensible, por Dios?!"
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"Mira, este tiene que ser el coche," dijo Silvia, señalando a un Ford Mondeo gris en la pantalla, ampliando la imagen. "La cámara lo captó saliendo de ese polígono casi dos horas antes de que encontraran el Corsa azul."
"Comprueba la matrícula," dijo Montoya.
"Es alquilado," dijo Silvia al cabo de un rato de teclear furioso. "Lo alquiló hace dos días un tal… No. ¡No me lo puedo creer! ¿Será cabrón?"
"¿Quién lo alquiló?"
"Pues mira: un tal… Lorenzo Castro Arrabal, que pagó en metálico un alquiler de tres días, y que dio la dirección de mi padre, y un carnet de conducir falso."
"Qué hijo de puta… ¡Lo tenía todo planeado al milímetro!"
"Pásale los datos a Gutiérrez. Alguna cámara tiene que haber registrado esa matrícula en algún sitio."
Mientras Montoya hablaba con Gutiérrez, Silvia continuó metiendo datos al sistema, hasta que arrojó un resultado: el registro de esa matrícula por una cámara de velocidad en la N-110.
"¡Lo tenemos! En la nacional 110 de Soria-Palencia, a las 15:47."
"¿Quieres que vayamos hacia allí?"
"Sí, no perdamos más tiempo. Vamos para allá mientras consigo más datos, que lo puedo hacer desde el coche. El vídeo comenzó a emitirse poco antes de las 6, y eso nos deja un margen de dos horas. Si se desvió por carreteras secundarias y comarcales, no puede haber ido muchísimo más lejos. ¡Vamos!"
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Tras más de una hora colgando inconsciente, Don Lorenzo empezó a sentir un molesto frescor por los bajos, que su abotargada y confusa mente no logró identificar. Al final, no saber la procedencia de esa extraña impresión de frío en sus santísimos cojones le resultó tan irritante a su psique, que fue el principal pretexto de su consciencia para traerle de vuelta al aquí y ahora.
Al despertar, aparte del intenso dolor en el hombro y por todo el cuerpo, y la inquietante sensación de ahogo debido a que le costaba bastante respirar mientras colgaba de ese gancho, también registró una anormal percepción de frío. Pero solo se dio cuenta de que estaba en pelotas cuando el carnicero le pegó un palmetazo en el culo.
"¡Mira quién está otra vez despierto!"
"Pero, ¿qué me has hecho, anormal?" dijo don Lorenzo con dificultad, arrastrando las palabras. Ahora, tras la cantidad de sangre que había perdido, estaba ya muy deshidratado, y tenía la boca muy seca. Miró hacia abajo y reparó en sus piernas desnudas, aunque todavía llevaba puestos los calcetines.
"Tranquilo. No te he hecho nada… todavía," dijo el carnicero, cogiendo una fusta de azuzar caballos. Pero antes, por favor, dime: ¿dónde está?"
"Prueba en el orto de puta madre," le espetó automáticamente don Lorenzo, sin pensar, cabreado y humillado como estaba al verse desnudo delante de esa puñetera cámara.
El carnicero le arreó un fustazo en las nalgas que le dejó una intensa marca rojiza cruzando de lado a lado.
"¡Hijo de puta! ¡Cabrón!"
"¿Dónde está?" siguió preguntándole varias veces mientras le azotaba la retaguardia como una Dominatrix del tres al cuarto, hasta que don Lorenzo se hartó de contestarle con insultos, y le dijo la verdad.
"¡Estaba en una bolsa, en el maletero de mi coche, gilipollas! ¡Que lo podías haber cogido mientras me arrastrabas, pedazo de imbécil!"
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"¡No me lo puedo creer! Ahora le está arreando fustazos como una Dominatrix sadomasoquista," dijo Silvia en el coche K de camino a la N-110, desde dónde volvían a seguir la emisión del vídeo de el carnicero en el móvil de Montoya, montado en un soporte en el salpicadero.
"¿Dónde está?" siguió preguntando el psicópata mientras azotaba a su padre.
"¡Estaba en una bolsa, en el maletero de mi coche, gilipollas!" gritó al final don Lorenzo, harto de la tortura. "¡Que lo podías haber cogido mientras me arrastrabas, pedazo de imbécil!"
"¿Has oído eso? Yo tenía razón. Esto es lo que quiere," dijo Silvia, sacando el extraño objeto del bolsillo. "Pero aún no tengo ni idea de lo que es."
"Ya sabía yo que te lo habrías llevado de la caja de pruebas," continuó el carnicero. "No te pudiste resistir, ¿eh?"
"¡Jamás lo vas a volver a tener en tus sucias manos! ¡Y jamás vas a volver a usarlo!"
"Si ahora lo tiene otra vez la policía, como prueba, claro que lo volveré a tener yo, tontín. Ya sabes que sí, que por eso te lo llevaste, ¿no?"
Don Lorenzo no negó esa extraña afirmación. Entonces, el carnicero le subió la camisa y le arreó un último fustazo con tan mala hostia que le abrió la piel en un profundo surco hasta el glúteo, arrancándole un aullido desesperado. Después, tiró la fusta y volvió a la mesa a coger un amenazador cuchillo táctico negro, que le enseñó a su víctima casi a la altura de los ojos.
"¿Ves esto, madero? Te acuerdas de lo que te dije, ¿verdad?"
Montoya, al volante, tragó saliva, visiblemente incómodo antes de preguntar:
"¿Lo apago?"
Pero Silvia, con el gesto torcido por la aprensión, y los ojos como platos, negó con la cabeza en silencio. Al igual que el resto del mundo, no podía apartar los ojos de la imagen, por horrible que fuese la experiencia.
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"Pero cómo se está cebando ahora el sádico este, venga a darle con la fusta," dijo Aitor. "¡Que pares ya, cabrón!"
"¿Dónde está?" repetía el carnicero una y otra vez mientras se ensañaba, fustazo va, fustazo viene.
"Inspector, usted tranquilo. Respire," volvió a recomendar Félix cuando Paco empezó a hiperventilar otra vez.
"¡Ya respiro, leche'! ¡Pero lo que me gustaría hacer es meterle la fusta a ese desgraciao por el ojete, hasta el fondo!"
"Yo creo que ya es hora, doctor," dijo Mariano. "Que le va a dar algo." Pero Félix negó con la cabeza. Todavía no era el momento.
"Pero, ¿de qué están hablando, Paco?" dijo Lucas cuando el comisario contestó a la pregunta. "¿Qué llevaba don Lorenzo en su bolsa?"
"¿Qué sé yo? Gayumbos, un pijama…"
"¿No le viste coger nada más?"
"No. Pero la bolsa la tiene Silvia en el laboratorio, que la trajo Montoya."
"Voy a buscarla."
"Hostias, esa ha dolido," dijo Kike tras el último fustazo que arrancó un grito desesperado al comisario. Entonces, el carnicero fue a la mesa a coger un cuchillo.
"¿Ves esto, madero? Te acuerdas de lo que te dije, ¿verdad?"
"¡No jodas! Que ahora le ha sacado un cuchillo, el hijoputa," dijo Curtis.
"¡Ay, Dios, no, los huevos no!" lloriqueó Paco, iniciando un ataque de ansiedad. Entonces, su psiquiatra sacó una jeringuilla y le pinchó en el hombro, sin darle tiempo ni a pestañear.
"¡Arghh! ¿Pero qué hace?"
"Lo siento, inspector, es por su bien," dijo Félix, cogiéndole la muñeca para tomarle el pulso.
"Pero, ¿qué coño por mi bien…?" protestó Paco, pero pronto se encontró medio sedado, y sin ganas de hablar ni de protestar, aunque siguió mirando la pantalla todo embobado.
"Oiga, esa sedación es una mierda," dijo Mariano. "Está todavía despierto. Para eso, hubiese sido mejor narcotizarle con el frus-frús."
"No, hombre, no sea usted exagerado. Con esto que le he puesto bastará para bajarle las constantes, que tenía el pulso disparado. Y para calmarle, que es lo que queremos, ¿no?"
"Aquí está la bolsa," dijo Lucas, de vuelta en la Sala Briefing. La abrió y empezó a sacar la ropa y los objetos personales de don Lorenzo, aventándolos por ahí sin ningún cuidado mientras revolvía todo. Los calzoncillos cayeron en la cara de Kike, que estaba detrás de él.
"Hombre, gracias," dijo Kike, haciendo pinza con el índice y el pulgar para retirarlos, con cara de asco.
"Venga, hombre, que están limpios," dijo Curtis. "No seas tan tiquismiquis, que peores cosas te habrás llevado tú a la cara." Kike se encogió de hombros.
"También es verdad."
"Pues aquí no hay nada," dijo Lucas, volcando la bolsa, sacudiéndola a ver si caía algo.
"Pues sí, ha llegado el momento: ¡te voy a cortar los huevos!" dijo el carnicero entonces, deleitándose en la amenaza. "Y luego, te los vas a comer, cabrón. Como las criadillas de cerdo, pero crudos."
"Y dale con el ganado porcino, qué fijación tiene todo el mundo con los pobres tocinillos," dijo Povedilla.
Paco, incapaz de hablar, dejó escapar un sonido quejumbroso y muy lastimero, revolviéndose en la silla.
"¿Ve? Hubiera sido mejor narcotizarle con el frus-frús," dijo Mariano. "Y mucho más humano, también. Pa' que no sufra."
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