Se entrelazaron en una lucha silenciosa, una en la que el sonido de las hojas de sus espadas fueron protagonistas en todo momento. Rin se mostraba visiblemente más ágil que en su primer entrenamiento, algo que lo sorprendió gratamente, sin embargo, no se fiaba del alma que residía dentro de Tsuki, no después de aquella noche en la que Gekko se había apoderado de la mente de la joven.

- ¿Siempre se muestra así de serio? - bromeó, alejándose de él.

- Hm... ¿siempre sonries cuando peleas?

- De hecho... usted es mi primer oponente.

- Tienes suerte de eso. - voló en su dirección, desplegando sus garras.

- ¿Qué? - murmuró, colocando su espada al frente, generando un campo de energía.

El sonido de las afiladas cuchillas que sobresalían de sus dedos, provocó que cerrara los ojos, frunciendo el ceño.

- ¡No puedes sentir miedo cuando estés en combate! - intensificó los golpes. - Si sigues de esa manera... te asesinarán antes de que puedas darte cuenta.

Debes conectarte con tu espada...

Las palabras que su padre le había profesado al heredar s Tsuki, pasaron por su mente, sin embargo, en ese momento, no sabía si lograría hacerlo, después de todo, el alma de su tío abuelo habitaba en ella, por lo que también podía ser un riesgo.

- Tsuki... confió en ti. - cerró sus ojos, dejando que la energía que había comenzado a emanar de la espada atravesara su cuerpo.

¿Qué?

Se alejó en el mismo momento en que un rayo de luz blanco salió disparado del arma de la joven, destruyendo su propio campo de energía y perdiéndose en la inmensidad el cielo celeste. Cuando el polvo se disipó, Rin cayó al suelo, visiblemente agotada. Sesshomaru se acercó, deteniéndose a unos centímetros de ella y, casi por un acto reflejo, se colocó de cuclillas, observándo su rostro.

¿Cómo es posible que esta niña tan débil sea la nueva dueña de una espada manchada de sangre y rencor?

Entrecerró su mirada, notando los bellos y delicados rasgos de su rostro, el cuál le daba un aire puro y angelical, aún cuando estaba en una posición vulnerable. Alzó su mano, con la intención de acariciar su mejilla con el dorso de su dedo, sin embargo, un pequeño gesto de ella, hizo que retrocediera al instante.

Sus ojos se abrieron lentamente, acompañados de un pequeño gemido de dolor. Elevó su mirada, encontrándose con sus orbes dorados, los que la miraban de una altura bastante superior.

- Lo siento. - pronunció con cierta verguenza.

Extendió su mano sin responder, en un gesto que la sorprendió, sin embargo, decidió tomarla. Abrió ligeramente sus ojos ante aquella sensación que la atravesó mientras se ponía de pie y se quedaba observándolo.

- ¿Estas bien?

- ¿He? - comenzó a sonrojarse, mientras él desviaba su mirada a sus manos, las cuales seguían unidas. - ¡Si! - se soltó de repente. - Si... si, es decir... fue... fue un poco fuerte aquella energía.

- ¿Sentiste algo en especial? ¿Algo que no era propio del arma?

- No... no, la verdad que no. - miró por sobre su hombro, enfocando sus ojos en Jaken, quién se mantenía al margen. - Usted conoce la historia, ¿verdad?

- ¿Qué? - se sorpendió.

- La historias de las espada... Tsuki y Tenseiga. - hizo una pausa. - Gekko y Jinsei.

- Bu... bueno, si, por supuesto que la se, pero...

- ¿Puede contarnosla? Al menos yo... - miró al demonio. - Necesito saber porque estamos unidos a través de ellas y... cuáles pueden ser nuestros destinos.

El pequeño yokai posó su mirada sobre el demonio mayor, quién asintió.

- Estemm, bueno... - aclaró su garganta.

Como ya sabes, Rin, el joven Gekko era hermano de tu abuela y Jinsei era hermana de su abuelo, señor Sesshomaru... bueno, al pertenecer a clanes rivales, se supone que debían mantener una relación estrictamente ligada a la batalla con Yashin y sus hijos, Kiyomeru e Inu no Goku cumplieron firmemente su promesa.

- Pero ellos no, ¿verdad? - intervino la castaña, provocando el suspiro de Jaken.

Inicio del flashback.

- No podemos hacerle esto a nuestros clanes, Gekko. - pronunció, observando la intensa lluvia que caía fuera de la cueva. - Ellos nos expulsarían para siempre.

- Tonterías, Jinsei. - respondió, desviando la mirada. - Nuestros hermanos jamás harían eso.

- Porque nos comprenden... sólo que ellos jamás se atreverían a desafiar a nuestros padres.

- Hm... - sonrió, cerrando sus ojos. - Mi hermano va a casarse con esa mujer... mientras su corazón pide a gritos a su amada Kikyomeru.

- Yo no podría soportarlo. - ella volteó, encontrándose con los ojos castaños del moreno. - No puedo estar sin ti, Jinsei... yo te amo.

- Gekko... - sus ojos se humedecieron, al mismo tiempo en que los labios de ambos se unían en un tierno y triste beso.

Fin del flashback.

- Sin embargo... la señorita Jinsei traicionó a sus compañeros, incluyéndolo a él.

- ¿Nunca supieron por qué?

- Me temo que eso ha sido un misterio durante muchos años, al menos para quienes no formamos parte de la familia. - se encogió de hombros. - Supongo que sus padres deben tener la respuesta.

- Entonces, creo que deberíamos hablar con ellos, ¿no le parece?

- Yo sólo vine a entrenarte. - respondió tajante. - No me interesa lidiar con los estúpidos sentimientos de dos almas aferradas a unas tontas espadas.

- Pero... - desvió su mirada, sonrojándose levemente. - Si nos escogieron a nosotros como sus dueños, por algo será, ¿verdad?

Su comentario lo sorprendió, sin embargo, mantuvo su postura inmutable.

Ay, me pregunto, ¿Cómo reaccionará el señor Sesshomaru al saber que deberá casarse con esta jovencita?

Pensó Jaken, observando aquella escena.

Entrenamiento de dos

- ¡Keh! Todavía no comprendo porque tenemos que hacer esto.

- Porque tenemos que entrenar. - sonrió, divertida con su mal humor.

- No deberías estar haciendo esto. - colocó sus manos en sus mangas, sonrojandose levemente. - ¿Tus heridas estan mejor?

- Soy una yokai, ¿lo olvidaste? Sólo me llevó un par de días el estar recuperada.

- Lo se, pero... estabas muy lastimada, Kagome, yo creo que lo mejor...

- ¿Me tienes miedo?

- ¡¿Qué?! ¡¿Lo estás diciendo de verdad?!

- Entonces... desenvaina, Inuyasha. - empuñó a Sakura. - Esto es una prueba para los dos.

Después de todo... yo necesito saber si Kiyomeru volverá a tomar el control de mi cuerpo.

- ¿Recuerdas lo que dijo tu padre?

- Si... - respondió de mala gana.

Lo primero que debes hacer, es aprender a leer el viento cortante, ya que es el primer nivel de Tessaiga.

- ¿Y? ¿Lo ves?

- ¿Qué? - murmuró. - No me digas que puedes verlo.

- De hecho, si. - rio. - Y algo me dice, que es muy sencillo de realizar.

- Pero... ¿cómo...?

- No lo sé. - se encogió de hombros. - Supongo que Sakura tiene algo que ver, ¿verdad, bonita? - miró su arma.

- Bien, veamos que tan bien lo haces. - tomó su espada y se la lanzó.

- ¿De verdad? - se sorprendió, tomándola, mientras él asentía. - De acuerdo.

Volteó, dándole la espalda, al mismo tiempo en que cerraba sus ojos y dejaba que su olfato la guiara, amén de la energía que desprendía la espada. Abrió su mirada, encontrándose con aquel remolino que envolvía la hoja y, sin más, la agitó en una dirección segura.

No puede ser.

Los ojos del hanyo se dilataron al observar la intensidad de aquella energía brillante que salió desprendida, aniquilando un par de árboles en su paso.

- El viento cortante. - lo miró, sin perder la sonrisa.

- Bah... eres una presumida. - se aceró, tomando su arma nuevamente.

- ¿Ah si? Bien, señor celoso, déjame ver que tan bueno eres para hacer eso.

- ¡Feh! Lo haré... pero lo haré cuando yo quiera, no cuando tú me lo digas.

- Ya veo... - en un rápido movimiento, utilizó la hoja de Sakura para desestabilizarlo, con sumo cuidado de no cortarlo, y lo envió al suelo, al mismo tiempo en que reía y comenzaba a correr al bosque. - ¡Te comportas como un niño!

- ¡Oid! ¡Kagome! - se puso de pie, siguiéndola. - ¡Ven aquí y pelea!

Sus risas resonaban entre los árboles mientras jugaban como aquellos niños que, alguna vez, habían pasado tardes enteras en aquel lugar, divirtiéndose en la compañía del otro.