Hola! Buenas noches
Sé que les había prometido subir el capítulo en domingo, y juro que era mi intención, pero tuve algunos inconvenientes, a parte de que me puse un poquito mal de salud, nada grave afortunadamente. Pero aquí vengo a dejarles el capítulo 8, que espero sea de su agrado.
Quiero agradecerles a cada uno de ustedes por sus palabras de aliento: Karii Taisho, Rocío K. Echeverría, Shikon Z, , Carli89, Cbt1996, Eline HiguTaisho. Fue muy difícil de superar, pero gracias a Dios, logré salir de esa dura prueba. Ahora estoy feliz con mi familia, amigos, mi trabajo, y ahora con mi nuevo hobbie que es escribir para ustedes.
Espero que este nuevo capítulo no les decepcione.
CAPÍTULO 8: CONFESIONES
Narra Kagome
Desperté con una sensación extraña, como si mi cabeza estuviera flotando en una nube de algodón. La cama era sorprendentemente cómoda, y las sábanas suaves me envolvían con ternura. Mantuve los ojos cerrados, sumergiéndome en esa placidez. El aire llevaba consigo un sutil aroma a café, creando una atmósfera acogedora que contrastaba con el habitual olor a lavanda de mi habitación.
Abrí los ojos lentamente, parpadeando contra la luz que se filtraba por las cortinas. Para mi sorpresa, no reconocí la habitación y un escalofrío recorrió mi espalda al darme cuenta de que no estaba en mi casa. Observé a mi alrededor en busca de detalles que pudieran darme indicios de mi ubicación, pero no encontré nada concreto. Solo percibía un ambiente acogedor, con las paredes pintadas en tonos cálidos que ofrecían una sensación de calma.
Mis recuerdos empezaron a regresar lentamente, recordando la confesión con Inuyasha, la mezcla de emociones, el beso y las caricias apasionadas. Fue en ese momento que la realidad de la situación me golpeó como una ola; estaba en la habitación de Inuyasha Taisho. Me incorporé de golpe, y la ansiedad se apoderó de mí: estaba en ropa interior ¿Dónde estaba el resto de mi ropa? Y, ¿Cómo había llegado a su habitación?
Con cautela, me levanté de la cama. Mis pasos eran silenciosos mientras recorría la habitación en busca de mi vestido, y lo encontré tirado al pie de la cama, y la angustia creció en mi pecho mientras la incertidumbre se intensificaba. Intenté recordar los eventos de la noche anterior, pero mis recuerdos eran fragmentados, como piezas de un rompecabezas que se resistían a encajar.
Flash Back
-No quiero estar sola esta noche -confesé tímidamente aun acostada sobre la alfombra. Inuyasha me acarició el cabello con ternura y asintió.
-Entonces, no estarás sola. Permaneceré contigo toda la noche.
Inuyasha me cargó entre sus brazos en forma nupcial y me llevó hacia su habitación. Me recostó suavemente en su cama y se acomodó a mi lado.
Fin Flash Back
Me puse el vestido y me senté a un lado de la cama intentado controlar mi ansiedad, pero por más que quisiera, no lograba tranquilizarme y mucho menos podía recordar; difícilmente pude visualizar un beso entre Inuyasha y yo.
-¿Por qué no puedo recordar? ¿Qué pasó anoche? -dije con gran preocupación
Apreté mis sienes, como si al hacerlo pudiera exprimir la verdad de mi memoria. Las imágenes seguían siendo borrosas, y la incertidumbre se aferraba a mi mente. El corazón latía con fuerza, una mezcla de ansiedad y confusión que nublaba mi capacidad de entender lo que había sucedido. La habitación, que antes irradiaba calidez, ahora parecía contener preguntas sin respuestas. De pronto, otras imágenes un poco más claras lograron llegar a mi mente.
Flash Back
-Inuyasha
-Dime -me miró a los ojos y me perdí en el dorado de su mirada
-Hazme mujer -solté de golpe.
-¿Qué? -dijo incrédulo
No podía creer lo que le estaba pidiendo, sólo se quedó en silencio por un momento, procesando mis palabras. La sorpresa y la incredulidad se reflejaban en su rostro.
-Kagome, ¿entiendes lo que me estás diciendo? -preguntó finalmente, con cautela.
Sin pensarlo dos veces, me abalancé hacia él y lo besé. Fue un impulso, una manera de desafiar la confusión que se había apoderado de mí. Inuyasha respondió al beso con sorpresa inicial, pero luego se dejó llevar por el momento.
Fin Flash Back
-¿Qué? -Susurré asustada. Me negaba a aceptar aquél fugaz recuerdo- No le pude haber dicho eso. -Lo siguiente que vino a mí mente fue a Inuyasha y yo en la cama; y él me estaba abrazando.- No. No. No. Yo no sería capaz de…
En mi mente se desató un torbellino de emociones: confusión, vergüenza y miedo. ¿Realmente le había pedido eso a Inuyasha? ¿Cómo pude ser tan impulsiva? En ese momento, lamenté profundamente haber tomado tanto; siempre me limitaba a una o dos copas, pero la situación de anoche me hizo perder los estribos y olvidar todas mis restricciones.
Necesitaba salir urgentemente de ahí, pero ¿cómo hacerlo sin tener que cruzarme con él? Sería imposible, después de todo estaba en su departamento; además, no tendría el valor de mirarlo a los ojos después de lo que le pedí. Sin embargo, también necesitaba respuestas sobre lo ocurrido entre nosotros. Tenía dos opciones: Reunir el coraje para mirarlo a la cara y preguntar si él recordaba algo, o buscar una salida sin tener que cruzar palabra con él.
Me decidí por la segunda opción. Busqué mi bolso por toda la habitación, pero no la encontré; luego recordé que la había dejado en el sofá. Salí con cautela, y a llegar al pasillo, pude ver a Inuyasha en la cocina preparando lo que suponía era el desayuno. El delicioso aroma que emanaba de la cocina me estaba abriendo el apetito, a pesar de la confusión y la tensión que flotaban en el aire.
Seguí en mi misión de salir sin ser descubierta; mis pasos eran sigilosos, cada uno de ellos en un esfuerzo para evitar ser notada. Inuyasha, sumido en la tarea de cocinar, no parecía percatarse de mi presencia. Tomé una bocanada de aire, intentando calmarme mientras me dirigía hacia el sofá para recuperar mi bolso. Justo cuando estaba a punto de alcanzarlo, Inuyasha volteó, y nuestros ojos se encontraron.
-Kag, ¿te encuentras bien? -Preguntó, mientras sus ojos dorados curiosos buscaban alguna señal en mi expresión.
-Sí -Asentí con rapidez, tratando de disimular mi incomodidad-. Solo estaba buscando mi bolso.
-Ok. -Expresó sin darle tanta importancia.
Me quedé inmóvil frente al sofá. La actitud despreocupada de Inuyasha me hizo sentir, de cierta forma, un poco más relajada; quizás él tampoco recordaba lo que había sucedido, o simplemente no había pasado nada. Lo vi dejar en la mesa dos tazones ramen, se veía delicioso y su aroma se mezclaba con el olor del café recién hecho.
-Ven, -extendió su mano hacia mí- Vamos a desayunar. Después te llevo a tu casa.
-No te preocupes -dije intentando buscar algún pretexto- No tengo hambre. -Justo en ese momento, mi estómago me traicionó con un sonido audible, desmintiendo mis palabras.
-Tú estómago me dice otra cosa. -dijo entre risas.
Inuyasha se acercó a mí, tomó mi mano y me llevó hasta la mesa; me invitó a sentarme, y acepté sin quitar la mirada del desayuno, y no pude evitar que mi estómago protestara de nuevo, esta vez más audible y vergonzoso. De inmediato, mis mejillas se sonrojaron.
-Vamos, Kag, no sientas vergüenza. A todos nos traiciona el estómago de vez en cuando.
Su comentario alivió un poco mi incomodidad; sin embargo, el verdadero motivo de mi vergüenza eran esos vagos recuerdos que no dejaban de dar vueltas en mi mente. De nueva cuenta, mi estómago reclamó por el desayuno, así que tomé un primer bocado, disfrutando del delicioso sabor de la comida. Desayunamos sin decir ni una sola palabra; solamente se podía escuchar el tenue murmullo de los cubiertos contra los platos y el suave tintineo de las cucharas al revolver el café.
A medida que avanzábamos con el desayuno, la necesidad de esclarecer lo que había ocurrido era más insistente. Reuní el suficiente valor y, con la mirada en mi plato ya vacío, decidí romper el silencio.
-I-Inuyasha -mi voz apenas era audible- Hay algo que necesito saber. -Levantó su mirada, sus ojos dorados se encontraron con los míos, pero no pude sostener su mirada, la vergüenza me carcomía por dentro, pero ya no había vuelta atrás.- ¿Recuerdas lo que pasó anoche?
Inuyasha mantuvo la mirada fija en mí por un momento, sus ojos dorados parecían examinar mis pensamientos. Movió su plato hacia un lado, acomodó sus brazos en la mesa y con una expresión tranquila, asintió levemente.
-Sí, lo recuerdo. -respondió, y sentí que mi corazón daba un vuelco.
-¿Q-qué es lo que… -suspiré tomando valor para terminar de formular la pregunta- ¿Qué es lo que recuerdas?
-Recuerdo que me pediste que te hiciera mujer. -Mi corazón parecía detenerse por un instante, y la incredulidad se reflejó en mi rostro. ¿Había dicho eso realmente?- Después me besaste, te correspondí, y terminamos en mi habitación
-¿QUÉ? -lo interrumpí. No daba crédito a lo que me estaba diciendo. Lo miré fijamente en busca de algún indicio de que fuera mentira, pero su rostro serio me decía lo contrario.
Narra Inuyasha
El impacto de mis palabras se reflejó en el rostro de Kagome, quien me interrumpió con un contundente "¿QUÉ?". Kagome no había tomado mucho, pero era claro que no tenía buena tolerancia al alcohol. Sus ojos reflejaban una mezcla de preocupación y miedo.
-¿No recuerdas nada de lo que pasó entre nosotros?
-Mi memoria está un poco borrosa. -dijo apoyando sus codos en la mesa mientras apretaba su sien cómo si tratara de reconstruir los recuerdos de la noche anterior.- Solo tengo pequeños fragmentos, pero todo es muy confuso.
-Es una lástima -dije con un toque de decepción en mi voz. Kagome me miró sorprendida.- La pasamos demasiado bien anoche.
-¿A q-qué te refieres? -preguntó con gran incertidumbre
-Ambos habíamos tomado demasiado
-Eso ya lo sé -me interrumpió. Su voz comenzaba a sonar con molestia.- Dime que pasó después de que te dije… -apretó los puños buscando valor para terminar su pregunta. Sin embargo, yo la ayudé a finalizar su pregunta
-¿Quieres saber qué pasó después de lo que me pediste? -ella solo asintió tímidamente. -Bien, resulta que…
Flash Back
-Inuyasha
-Dime -la miré a los ojos y me perdí en su tierna mirada
-Hazme mujer -solté de golpe
-¿Qué? -pregunté sorprendido
No podía creer lo que ella me estaba pidiendo. Lo más seguro era que el alcohol junto a lo que acaba de vivir en el parque al encontrase con su ex, no le permitían entender la magnitud de lo que estaba diciendo.
-Kagome, ¿entiendes lo que me estás diciendo? -pregunté con cautela.
Ella asintió con determinación, como si estuviera dispuesta a enfrentar las consecuencias de sus palabras. Sin pensarlo dos veces, me abrazó y me besó con desesperación. La sorpresa se apoderó de mí; la suavidad de sus labios y la calidez de su boca me hicieron responder a ese beso de manera instintiva. Un torbellino de emociones se desató en ese momento, y por un instante, me dejé llevar.
El beso fue apasionado, cargado de la urgencia que Kagome había expresado con sus palabras. Mis manos se aferraron a su cintura, mientras la intensidad del momento nos envolvía por completo. Nos separamos cuando sentimos que el aire nos faltaba, nos vimos nuevamente a los ojos y volvimos a besarnos con mucha más pasión. Coloqué una de mis manos en su cuello buscando profundizar más el beso, y con delicadeza la fui recostando en la alfombra. Nos estábamos perdiendo entre las caricias del momento, pero la poca cordura que aún me quedaba me hizo comprender que el alcohol estaba provocando toda aquella pasión desbordada. Separé mis labios de los suyos y la miré con seriedad mientras ella me miraba con el ceño fruncido.
-Kag, esto no está bien. No podemos dejar que el alcohol nos lleve a hacer algo de lo que luego nos podamos arrepentir. -Expresé con voz firme, a pesar de que mi deseo clamaba por continuar.
-¿Acaso no te gusto? -preguntó con un toque de tristeza en su voz
-Claro que me encantas, pero en este momento no estás en tus cinco sentidos. -Acaricié suavemente su mejilla.- Y mañana despertarás lamentándote por lo sucedido. -Añadí, tratando de transmitirle mi perspectiva mientras resistía la atracción que nos envolvía.
La ayudé a levantarse y nos quedamos sentados en la alfombra. Kagome miraba al suelo y su silencio me estaba preocupando. Soltó profundo suspiró, me miró con ojos llorosos y apoyó su cabeza en mi hombro.
-No quiero estar sola esta noche -dijo tímidamente en medio de un susurro. Acaricié su cabello con ternura y asentí.
-Entonces, no estarás sola. Permaneceré contigo toda la noche.
Volvió a mirarme a los ojos y me regaló una dulce sonrisa. Correspondí con un beso suave en la frente. Después, con cuidado, me puse de pie, la cargué entre mis brazos en forma nupcial y la llevé a mi habitación. Con suavidad, la recosté en la cama y me acomodé a su lado. Kagome se acurrucó entre mis brazos, y comencé a darle pequeños golpecitos reconfortantes en la espalda, buscando brindarle consuelo y tranquilidad. Así continué hasta que, finalmente, se quedó profundamente dormida.
Luego de asegurarme de que Kagome descansara plácidamente en la cama, me levanté con mucho cuidado para no despertarla y me fui a dormir al sillón de la sala.
Fin Flash Back
-Eso es lo que pasó. -dije mientras encogía los hombros.
La escuché suspirar aliviada, y cuando me miró a los ojos, pude ver una mezcla de emociones reflejadas en su mirada. Había alivio, pero también incertidumbre y quizás un atisbo de vergüenza.
-No puedo con la vergüenza -se animó a decir mientras se cubría el rostro con las manos- ni siquiera puedo mirarte a los ojos. Te juro que no era yo, el alcohol me hizo decir y hacer cosas que no debería.
-Kag, mírame por favor. -Ella se limitó a negar con la cabeza- Por favor, mírame a los ojos. -supliqué. Muy en contra de su voluntad, bajó sus manos y pude ver en su mirada cómo estaba aguantando las ganas de llorar.- No te avergüences por lo que pasó, todo fue culpa del alcohol. Además, yo no sería tan imbécil para propasarme contigo estando en ese estado.
-Te agradezco que anoche me hayas cuidado -por fin una sonrisa se dibujó en su rostro.- Eres un hombre increíble, y cualquier mujer estaría feliz de estar contigo.
En ese instante, mi corazón empezó a latir con fuerza. Dentro de mí, se libraba una lucha interna sobre si debía o no revelarle lo que ella estaba generando en mi interior. Parecía irónico sentir miedo de hablar, especialmente considerando mi historial de conquistas, pero esto era diferente. Aunque me costaba aceptarlo, definitivamente estaba experimentando una atracción inexplicable hacia Kagome. No sabría decir si se trataba de amor, pero podía asegurar que era algo demasiado fuerte.
-Kag, tú me… -ella me interrumpió
-Inuyasha, entre mis prioridades no está enamorarme, y solo puedo verte como amigo. -esa afirmación me mató por dentro. Aún ni siquiera había intentado algo con ella y ya sentía cómo mi corazón se encogía por el rechazo anticipado.- Tal vez si nos hubiéramos conocido en otras circunstancias…-estás vez fui yo quien la interrumpió.
-Relájate, por favor, Kag -fingí una sonrisa- Solo somos amigos, eso me queda claro.
-Gracias, Inuyasha. -dijo con melancolía.
Y con esas palabras estaba enterrando la posibilidad de entrar en el corazón de Kagome Higurashi. La línea entre la amistad y la atracción había quedado trazada con claridad, aunque no de la manera que hubiera deseado. Suspiré profundamente, tratando de ocultar la decepción que me embargaba.
-Antes de irme, te ayudaré con los platos.
-No te preocupes, yo me encargo -dije, sosteniendo los trastes.
-Déjame hacerlo, por favor. Tú preparaste el desayuno -insistió Kagome, tomando los platos de mis manos y comenzando a lavarlos-. Esto es lo menos que puedo hacer.
Agradecí su gesto. Cuando Kagome terminó de lavar los platos, me ocupé de limpiar la mesa. Una vez que finalizamos, insistí en acompañarla hasta su casa. Aunque en un principio se negó, finalmente terminó aceptando que la acompañara. Desafortunadamente, el camino estuvo lleno de un incómodo silencio. Las palabras de Kagome resonaban en mi mente: "solo puedo verte como amigo". A pesar de que me sentía decepcionado, comprendía que era su miedo quien hablaba por ella.
Llegamos a su casa, y aunque quería decir algo, no sabía exactamente qué palabras elegir. Además, mi preocupación de que Koga apareciera, me hacía enfocarme más en apretar el volante con las manos que en encontrar las palabras adecuadas.
-¿Sucede algo? Te veo muy serio -preguntó al notar mi expresión.
-No. Si. Bueno. -suspiré luchando con las palabras que se atascaban en mi garganta. -Kag, cuídate por favor, si algo pasa o ves algo extraño, llámame de inmediato.
-¿P-por qué lo dices? -me miró extrañada
-Me preocupa que tu ex vuelva a aparecer e intente hacerte daño. -Esperaba una reacción de sorpresa en su rostro, pero en su lugar, me mostró un gesto de agradecimiento
-Gracias por preocuparte por mí. -dijo con una sonrisa en su bello rostro.- Pero no es necesario que lo hagas, él no se atrevería a hacerme más daño del que ya me hizo una vez.
-Se que ha estado merodeando por aquí y… -en ese instante, Kagome me interrumpió
-También lo sé. -la miré sorprendido- Una ocasión lo vi, aunque no estaba segura de que fuera él. Sin embargo, su aparición en el parque confirmó mis sospechas. Lo conozco, y sé que, por su hija, no haría una locura. –
A pesar de sus palabras, mi preocupación no disminuía.
-Aún así Kag, no puedo evitar preocuparme. Por favor, ten mucho cuidado, ¿sí? -Mis palabras salieron con sinceridad, reflejando mi preocupación genuina.
-Está bien, si algo no va bien, te llamaré. -asentí más tranquilo- Gracias por todo, Inuyasha.
Se acercó a mí y depositó un beso en mi mejilla. Mis ojos se cerraron automáticamente, luchando por contener el impulso de besarla en los labios. Bajó del auto y la seguí con la mirada hasta que entró al edificio. Con un suspiro profundo, encendí el auto, mientras mi corazón continuaba agitado por ese beso inocente, pero que despertó una serie de emociones contradictorias en mi interior. Conduje hacia casa sumido en pensamientos, sin tener claro qué camino tomaría a partir de ahora.
XXXXXXXXXX
Un mes después
Las cosas entre Miroku y Sango habían mejorado bastante; para mi sorpresa, Miroku había reconocido que comenzaba a sentir cosas por Sango, lo cual lo asustó demasiado, especialmente cuando la chica de cabello castaño le confesó que estaba enamorada de él. Aunque sigue renuente a abandonar su vida de casanova, me divertía ver cómo poco a poco va cayendo en las redes del amor.
Si tan sólo pudiera pensar lo mismo de mí y Kagome. Desde aquella noche, las cosas entre nosotros cambiaron un poco; no porque yo quisiera, sino que ella volvió a comportarse distante y estar a la defensiva. Intenté por todos los cielos comprenderla, pero ya estaba llegando al punto que la incertidumbre comenzaba a minar mi paciencia. A pesar de sus acciones, no podía ignorar la chispa que se había encendido entre nosotros. Cada encuentro, cada mirada, estaba cargado de una tensión palpable. Me preguntaba si Kagome también era consciente de esa conexión que persistía entre ambos o si estaba decidida a ignorarla y seguir considerándome solamente un amigo.
Por otro lado, los comentarios de Miroku y Sango sobre mi situación con Kagome me incomodaban. Aunque trataba de restarle importancia, la verdad era que cada burla o insinuación tocaba una fibra sensible. Estaba claro que mi reputación de conquistador y la idea de enamorarme no encajaban bien con mi imagen ante ellos. Sin embargo, la verdadera lucha estaba ocurriendo dentro de mí, mientras intentaba entender mis propios sentimientos y decidir qué camino tomar con Kagome.
Pensar en aquello estaba provocando que me distraje del trabajo, y mis amigos lo notaron.
-Inuyasha ¿Estás escuchando? -preguntó Sango un poco molesta
-Perdón, no, me perdí en mis pensamientos.
-Muy bien, coqueto. -exclamó Miroku- Nos puedes decir ¿Qué demonios te pasa?
-Lo que le pasa tiene seis letras; K - A - G - O - M - E
-Agh, ya déjenme en paz. -Dije molesto-. Concentrémonos en los planos de las nuevas computadoras.
Tomé mi Tablet y comencé a revisar los detalles de los diseños. La tensión en la sala de reuniones era palpable, y mis amigos no dejaban de lanzarme miradas cómplices y sonrisas burlonas, lo que solo aumentaba mi frustración.
- ¿Ahora que les pasa a ustedes? -pregunté al ver cómo me observaban con curiosidad.
-Eso es lo que queremos saber. -expresó Sango- ¿Qué pasó con Kagome? Últimamente ya no hablas de ella, además de que estás de un humor de perros.
-Creo que la respuesta es obvia, Sango -continuó Miroku- La chica lo mandó a volar.
-¡Cállense! -repliqué molesto sin quitar la mirada de la Tablet.
-Inuyasha, ¿de verdad estás bien? -preguntó Sango con preocupación- No tienes que contarnos, pero... ya sabes que estamos aquí para ti.
Dejé todo en el escritorio y suspiré frustrado.
-No, no estoy bien. -solté de repente. Me recargué en la silla y miré fijamente el techo, como buscando respuestas en algún lugar invisible.- Kagome me está volviendo loco.
-Es increíble que tú, el gran Inuyasha Taisho, el sueño de toda chica, aún no hayas logrado conquistarla -Miroku me miraba con actitud burlona. Sango asintió en acuerdo, mostrando comprensión en sus ojos.
-Te dije que ella es diferente. -expresé frustrado-. Ya había logrado ganar su confianza, pero apareció su ex y todo se fue a la carajo.
-¿Qué? ¿Eso qué tiene que ver? -Sango preguntó confundida.
-Digamos que es el causante de que Kagome sea demasiado arisca y desconfiada. Su ex, es un tipo de mierda que le hizo mucho daño, y ahora que apareció, ella está más cerrada que nunca. -expliqué, tratando de omitir el triste pasado que Kagome me confesó.
-Oh, vamos amigo, no te dejarás vencer por el clásico "Los ex arruinan todo", o ¿sí? -Miroku preguntó sarcásticamente
-Ya cierra la boca, Miroku. -Sango lo reprendió, lo cual agradecí. En esta situación, no podía soportar las bromas de mi amigo.- Inuyasha, la paciencia es clave, pero también lo es la sinceridad.
-Trato de ser lo más sincero y compresivo con ella… -En ese momento, Sango me interrumpió.
-A lo que me refiero es que, si realmente sientes algo por Kagome, no tengas miedo de decírselo. A veces, las cosas no se resuelven solas. -Afirmó con gran seguridad.
-No lo sé Sango, siempre que intento hablar del tema, ella me evade. Ya me estoy rindiendo.
-No te puedes rendir tan fácilmente, Inuyasha. -intervino Miroku lo que nos tomo por sorpresa a Sango y a mí.- Se que soy el primero en ponerme en contra de las relaciones monógamas, pero si esto te hace feliz, si la chica te hace feliz, tienes que ir por ella. No puedes dejar que las complicaciones te detengan.
Las palabras de ambos me dejaron pensando; tal vez era hora de enfrentar mis propios temores y hablar con Kagome de manera honesta y directa, por lo que decidí hacerlo al terminar nuestra pequeña reunión. Les agradecí que me hayan escuchado, eso era lo que me faltaba y gracias a ellos había podido aclarar mis ideas. Continuamos trabajando, y ya con la mente más clara, logramos avanzar con éxito.
Al llegar a casa, me preparé mentalmente para lo que vendría. No podía dejar que el miedo al rechazo o la incertidumbre me impidieran seguir adelante. Kagome merecía saber lo que sentía, y yo merecía la oportunidad de intentar construir algo significativo con ella. Tomé una ducha rápida, me vestí y me dirigí hacia su departamento.
Por primera vez, el trayecto se me hizo de lo más largo. Cuando por fin llegué a su edificio, estacioné el auto y bajé con dirección a la puerta principal, donde el intendente me saludo amablemente.
-Buenas tardes joven Taisho, ¿viene a visitar a la Señorita Higurashi? -preguntó con una sonrisa amable
-Buenas tardes, Musso. -respondí también con amabilidad. -Si, vengo a ver a Kagome, ¿puedo subir?
-Claro joven, adelante.
Asentí en señal de agradecimiento. Entré al elevador y me dirigí al tercer piso; al llegar, caminé unos cuantos pasos hasta el departamento número 510. Me quedé ahí con la mano a punto de tocar la puerta, cuando ésta se abrió de repente, encontrándome con Kagome, quien se mostró sorprendida al verme.
-Inuyasha, ¿Qué haces aquí? -preguntó con curiosidad.
Respiré profundamente y le respondí con sinceridad.
-Necesito hablar contigo, Kagome. Hay algo importante que quiero decirte.
Narra Kagome
Ya había pasado un mes desde que le había confesado a Inuyasha mi triste pasado. Aunque sentí una liberación al poder soltar todo aquello que me lastimaba, mi actitud cerrada se había vuelto más fuerte. Además, las palabras de Inuyasha aún resonaban con fuerza en mi interior. No se por qué llegué a pensar que podía darme una oportunidad de amar nuevamente, si él únicamente me veía como amiga; tal vez el que me haya dicho que era alguien especial me hizo confundir las cosas; tal vez solo se refería a que era una amiga especial; tal vez nunca llegó a pensar en mi con amor; tal vez… solo tal vez… confundí todo por mi necesidad de sanar mis heridas.
Necesitaba despejar mi mente, así que decidí salir a caminar un rato. Tomé mis llaves, mi celular y una pequeño monedero. Cuando abrí la puerta, me llevé una enorme sorpresa al encontrarme a Inuyasha.
-Inuyasha, ¿Qué haces aquí? -pregunté con curiosidad.
Lo vi respirar profundamente y tomó mi mano.
-Necesito hablar contigo, Kagome. Hay algo importante que quiero decirte.
-¿Qué sucede? -su tono serio me estaba alarmando, desde que nos conocimos, nunca lo había visto de esa manera.
-Kag… yo… -lo vi suspirar profundamente
-Me estás asustando Inuyasha
-No es nada grave -dijo en un intento de tranquilizarme.
-Entonces, ¿por qué estás tan serio? -volví a preguntar con algo de preocupación
-Me gustas demasiado, Kag. Y, creo que me estoy enamorando de ti.
Mis ojos se abrieron de par en par, reflejando sorpresa e incredulidad. Un silencio tenso se instaló entre nosotros mientras procesaba sus palabras. Lo menos que esperaba era que me dijera aquello, especialmente después de haber afirmado anteriormente que solo éramos amigos. Me sentí confundida y nerviosa, sin saber cómo reaccionar o qué decir. Inuyasha seguía mirándome fijamente, quizás esperando una respuesta.
-Kag, sé que en estos momentos…
No estaba segura de lo que quería decirme, pero, sin darme cuenta, tomé su rostro entre mis manos y lo besé. Un beso que selló la confusión, el nerviosismo y la tensión acumulada en ese momento. Fue un acto impulsivo, pero al mismo tiempo, liberador.
Al separarnos, nuestras miradas se encontraron, y pude ver en sus ojos la sorpresa y, tal vez, la alegría. Ninguno de los dos dijo una palabra, pero no hizo falta. La conexión entre nosotros se había transformado en algo más profundo, más intenso.
Inuyasha rompió el silencio con una suave risa, como si se hubiera quitado un peso de encima.
-Eso no fue lo que esperaba, pero definitivamente no me quejo- dijo con una sonrisa sincera. Tomó mis manos entre las suyas y me miró con un poco de preocupación.- Kagome, ¿estás segura de esto? -preguntó con voz suave, pero llena de preocupación, mientras que con su mirada buscaba respuestas en los míos.
Mi pulso se calmó un poco, y una sonrisa jugueteó en mis labios. Aunque no tenía todas las respuestas, sabía que quería enfrentar lo desconocido junto a él.
-No sé lo que estoy haciendo, Inuyasha, pero sea lo que sea, quiero descubrirlo contigo -respondí con sinceridad, dejando que mis palabras fluyeran con la misma naturalidad con la que había surgido el beso.
Lo siento, se que algunas esperaban Lemon, pero en ese estado no era prudente, después vendrían los arrepentimientos y tal vez la cosas no terminarían bien entre nuestra parejita consentida.
Por otra parte, por fin nuestra querida Kag aceptó a Inuyasha. Solo esperemos que de aquí en adelante todo sea felicidad, o tal vez no (imaginen mi risa cruel en esta parte).
Nos leemos en el siguiente capítulo, y no olviden comentarme que les pareció esta historia.
P.D.1 Les prometo que el Lemon ya está por llegar, solo ténganme un poquito de paciencia.
P.D. 2 El capítulo anterior me di cuenta que tenía ciertos errores, así que ya está corregido.
