Hola a todos.

Lamento el sufrimiento por el que pasó Kag, y es que una persona drogada no entiende de razones. Y por lo que veo, Koga se ganó el odio de todos y con creces; es un tema fuerte que me dio miedo abordar por lo delicado que suele ser, pero afortunadamente logró el impacto que quería. Gracias a cada uno de ustedes por sus Reviews, es el mejor regalo que puedo recibir por esta historia.

Rocio K. Echeverria: Inuyasha ya estaba pensando en proponerle vivir juntos, pero las circunstancias lo obligaron a llevársela de una buena vez, ese lugar ya no es seguro para Kag, y más con la amenaza de Koga, esto es solo una probadita de lo que será capaz de hacer más adelante. Kikyo por su parte está tramando algo más, muy pronto sabremos de ella otra vez.

Rosa Taisho: Siii, hay que contárselo a Kikyo, morirá de rabia jajaja. Fue un capítulo fuerte, lo sé, además de que es lo más bajo que pudo hacer Koga, lo único que quiere es seguir arruinando la vida de Kag. Afortunadamente ella cuenta el apoyo y el amor de Inuyasha. Se que disfrutarás este capítulo.

Cbt1996: Gracias por tus palabras, es un capítulo complejo pero la escena fue fluyendo por si sola. Lamento el dolor y la desesperación que tuvo que pasar nuestra pobre Kag por culpa de Koga, él buscaba, o, mejor dicho, seguirá buscando hacerla caer en sus redes, necesita nuevamente que alguien lo saque de problemas, pero esta vez no le será tan fácil. Además, se vienen más cosas turbias. Por ahora dejaré que las aguas se calmen y que Kag descanse y recupere fuerzas.

Karii Taisho: Jajaja Siento haberles asustado, así que noooo, no mates a Sesshomaru, él solo quería molestar a su hermano, y lo logró. Lamento lo que tuvo que pasar Kag, y como dices, que bueno que Inuyasha llegó a tiempo para detener a Koga, de lo contrario, no se de qué hubiera sido capaz. Este capítulo tendrá un poco de tranquilidad para la parejita.

Shikon de OZ: Tranquilo que Inuyasha ya le dio su merecido, todo quedó en un "intento de…", aunque si fue traumante para Kag. Insúltalo todo lo que quieras, lo que hizo es una bajeza.

Joiscar: Que bueno leerte de nuevo, y me alegra que te esté gustando el avance de la historia. Fue un tema algo delicado y busqué la forma de abordarlo sin que fuera tan ofensivo. Y como dices, de no ser por el teléfono olvidado, hubiera sido una desgracia más grande. Pero hay que seguir en alerta porque efectivamente, Kikyo anda escondida entre las sombras esperando el momento para atacar. Gracias por seguir aquí.

Este capítulo traerá un poquito de tranquilidad al corazón de Kag, y digo un poquito porque habrá otro pequeño detalle del que hablará con sus amigas. Aquí está el capítulo y espero que lo disfruten tanto como yo lo hice al escribirlo.


CAPITULO 14: ENTRE SOMBRAS Y PROMESAS

Narra Kagome

Un ligero cosquilleo sobre mi mejilla me despertó; sonreí ligeramente y sin abrir los ojos me aferré a los brazos de Inuyasha. Sin embargo, algo no cuadraba. Sus dedos recorrieron mi espalda y sus caricias llegaron hasta mi pierna, pero se sentían totalmente extrañas, como si quemaran mi piel. Fue en ese momento que abrí los ojos y me encontré con una mirada helada, llena de odio; era Koga.

El azul intenso de su mirada ahora estaban llenos de malicia. Su mirada perforaba la mía, y su presencia se mezclaba con la oscuridad de la habitación. Su odio se reflejaba en cada gesto, y su presencia alteraba la paz que Inuyasha me proporcionaba.

-Hola, preciosa -murmuró dándome un beso en la raíz de mis cabellos-. Te dije que un día serías mía.

-Suéltame -supliqué, luchando contra su agarre.

-¿Pensaste que te librarías de mí tan fácilmente, Kagome? -susurró con voz ronca.

Se subió a horcajadas sobre mi y comenzó a besarme. Aunque intenté liberarme, la fuerza de Koga era abrumadora. Sentí sus labios llegar hasta mi oído y susurró

-Te haré gritar como nunca, y tu querido Inuyasha será testigo de cómo lo vas a disfrutar. -expresó con gran resentimiento.

Inuyasha estaba frente a la cama, atado a una silla, un pañuelo sobre la boca, su rostro marcado por golpes y sangre, con lágrimas de desesperación en sus ojos mientras luchaba por liberarse. Koga soltó una carcajada llena de malicia, rasgó mi ropa y besó mi cuerpo; sentí que se acercaba el fin de mi vida; por más que intenté alejarlo no podía. El peso de su cuerpo sobre el mío me impidió seguir moviéndome.

Lograba escuchar los quejidos de Inuyasha mientras fallaba en sus intento por liberarse de aquel amarre. Un golpe en seco se escuchó en la habitación, Koga volteó y se río al ver a Inuyasha tirado con la silla en el suelo.

-Espero que disfrutes de escuchar a tu novia gritar como una zorra. -comenzó a decir mientras se desabrochaba el pantalón.- La voy a follar tan duro que nunca más se atreverá a acostarse contigo.

Sus palabras me dieron mucho miedo y un escalofrío recorrió mi cuerpo. Abrió mis piernas bruscamente y de una sola estocada me penetró, haciéndome gritar de dolor y de indignación.

-¡INUYASHAAAAAA!


Narra Inuyasha

-¡INUYASHAAAAAA! -El grito horrorizado de Kagome me despertó de inmediato. Estaba teniendo una pesadilla, en su rostro se reflejaba el miedo y la desesperación.

-Kagome, tranquila. Estás a salvo. -susurré tratando de despertarla.

La abracé con fuerza, tratando de calmarla mientras sus ojos se abrían abruptamente. Su cuerpo temblaba y su respiración estaba totalmente agitada; cuando me miró, sus lágrimas comenzaron a caer descontroladamente.

-Era Koga. -dijo entre sollozos- te había golpeado y quiso…

-Pequeña, fue solo una pesadilla. -Besé su frente tratando de brindarle seguridad- Todo está bien, estás conmigo.

Asintió en silencio y ocultó su rostro entre mi pecho. El llanto gradualmente se calmó hasta que soltó un suspiro profundo. Kagome no había logrado conciliar el sueño en toda la noche, y cuando finalmente lo hizo, la maldita pesadilla con Koga la despertó atemorizada.

La rabia brotó en mí al recordar su pasado y cómo, en el presente, Koga se encargó de desmoronar su paz y tranquilidad, dejando cicatrices en su amor propio. La culpa me envolvió en ese momento.

-Perdóname, pequeña. -musité

-¿Por qué? -su mirada se encontró con la mía y el brillo que antes había en sus ojos se desvaneció.

-Por no poder protegerte. -Mi voz temblaba con un nudo en la garganta.

-No es tu culpa, Inuyasha. -susurró, y en ese gesto, sentí el peso de su confianza en mí.

-Si te hubiera acompañado hasta tu departamento, nada de esto habría ocurrido. -mencioné con pesar- Me prometí cuidarte, y no lo hice. -Una lágrima rodó por mi mejilla.

-Sí lo haces, Inuyasha. -una sonrisa tenue apareció en sus labios- Estar contigo es mi refugio, y sé que siempre estarás ahí para mí.

Me quedé en silencio, absorbido por sus palabras, pero la inquietud persistía. En su rostro aún se podía ver el color violáceo del golpe en su mejilla, y su labio roto comenzaba a cicatrizar. Sabía que Koga seguía siendo una amenaza, una sombra que acechaba en la oscuridad de su pasado, pero quería vengar cada uno de esos golpes.

-Inuyasha, ¿qué piensas? -me preguntó, notando mi expresión sombría.

-Quiero que Koga pague por lo que hizo. Me duele verte herida. -suspiré, sintiendo impotencia.

-Estoy bien, Inuyasha. Gracias a ti, estoy bien. -sonrió con gratitud.

Se acurrucó más en mis brazos, y coloqué mi mentón sobre su cabeza, disfrutando de la sensación de tenerla cerca. El silencio reconfortante nos envolvió por un momento antes de que Kagome rompiera el tranquilo momento con un suspiro.

-Inuyasha, ¿crees que Koga vendrá de nuevo? -La preocupación en su voz me hizo apretarla más fuerte.

-No te preocupes, Kag. Haré todo lo posible para que no vuelva a acercarse a ti. -dije con determinación acariciando su espalda.

La besé con mucha ternura, dejando que cada caricia expresara el amor que sentía por ella. De un momento a otro, el beso se fue tornando más apasionado; levanté su pierna sobre mí y comencé a acariciarla, agradecido de que llevase un pequeño short en su pijama, lo que me permitía sentir la suavidad de su piel. Sin embargo, me detuve al notar que su cuerpo se tensaba y percibí en su rostro un gesto de incomodidad.

-¿Pasa algo?

-No quiero recordar… los lugares que él tocó -dijo escondiendo su mirada. - Un torbellino de emociones invadió mi ser, incluyendo impotencia, rabia y tristeza.

-Tranquila, pequeña. Me aseguraré de borrar cada rastro que dejó sobre tu piel. -Besé suavemente su mejilla, justo donde Koga la había golpeado- Conmigo estás segura. -Besé la herida en su labio- Tu piel recordará solamente mis caricias.

-Inuyasha

La acomodé con ternura entre la cama y mi cuerpo, entrelacé mis manos con las suyas mientras depositaba besos delicados en su cuello y su rostro hasta perderme en sus labios sedosos.

-Amo tus suaves labios. -dije entre besos. Kagome curvó sus labios en una hermosa sonrisa.

Seguí besándola y bajé hasta sus piernas, acariciándola con la mayor delicadeza posible. Sin embargo, a pesar de mis intentos, la incomodidad seguía reflejada en su rostro y en todo su cuerpo. Me detuve por un momento para que se tranquilizara, y de pronto, recordé a Koga intentando sobrepasarse con ella y de inmediato el coraje y la tristeza inundaron mi ser.

-Perdóname, Kag -comencé a dejar pequeños besos sobre su pierna-. Prometo que te haré olvidar todos los malos momentos.

Besé cada rincón de su cuerpo por el que Koga pasó sus malditas manos. Acaricié por encima de su ropa, y poco a poco, la incomodidad que Kagome sentía se fue disipando. Le transmití todo el amor que siento por ella en cada beso y cada caricia. Lo que estaba haciendo iba más allá del deseo físico; era un momento lleno de amor y dulzura con el que buscaba hacerla olvidar todo lo malo.

Un leve gemido escapó de su boca lo que provocó un fuerte tirón en mi entrepierna, y aunque mi cuerpo clamaba por ser uno solo con ella, no podía forzarla; debía ser paciente y esperar a que ella se sintiera lista. Subí nuevamente hasta su boca para sellar nuestro momento con un último beso, tratando de ocultar toda la pasión que hervía en mi interior. Me acomodé a su lado y la abracé dulcemente.

-¡Oye! -se quejó Kagome.

-¿Qué pasa? -pregunté con curiosidad.

-No pensarás dejarme así, ¿verdad? -La miré sorprendido mientras ella se subía a horcajadas sobre mí- Mi amor, no puedes venir, seducirme de esa forma y dejarme con las ganas, cariño.

-Pequeña -exclamé sorprendido- ¿te estoy seduciendo? -Ella asintió, mientras la tomaba por la cintura. Su rostro se veía más relajado. -Kag, ¿estás segura de que quieres…? -Coloco su dedo índice en mis labios impidiéndome seguir

-Sólo ámame -Me besó apasionadamente. -No pienses más y ámame Inuyasha.

Y como si sus palabras fueran una orden, obedecí, perdiéndome en la danza erótica que mantenían nuestros labios.


Narra Kagome

El despertar había sido muy doloroso, aún en sueños podía sentir las manos de Koga sobre mi cuerpo. El miedo por su amenaza era fuerte, me aterraba la sola idea de que lograra su cometido: quería… ni siquiera tenía el valor de decirlo. De no ser porque Inuyasha llegó y lo detuvo, no se que habría sido de mi.

Ahora estoy segura en los brazos de Inuyasha, sintiendo en cada uno de sus besos todo el amor que me brinda. Sin embargo, cuando siento sus manos sobre mis piernas, mi cuerpo emite un pequeño rechazo en respuesta a los recuerdos de la noche anterior.

-Perdóname, Kag -la tristeza en su voz me hizo sentir peor. Seguramente seguía sintiendo una culpa que no tenía-. Prometo que te haré olvidar todos los malos momentos.

Inuyasha se estaba comportando muy tierno conmigo; y como si de un mapa se tratara comenzó a besar cada rincón de mi piel que había sido marcada por las asquerosas manos de Koga. Como por arte de magia, la incomodidad que sentía se fue transformando en una necesidad de sentirme amada por Inuyasha; lo supe cuando un leve gemido se escapó de mis labios. En ese instante, decidí dejar atrás las cicatrices del pasado y entregarme por completo a ese lugar donde Inuyasha era mi refugio y mi razón de ser; aunque creí que el reaccionaría como el excelente amante que es, me sorprendió que pudo contenerse y solamente selló aquel hermoso momento con un profundo beso.

-¡Oye! -me quejé.

-¿Qué pasa? -preguntó con curiosidad.

-No pensarás dejarme así, ¿verdad? -Me subí a horcajadas sobre él. Me miró sorprendido- Mi amor, no puedes venir, seducirme de esa forma y dejarme con las ganas, cariño.

-Pequeña -exclamó sorprendido- ¿te estoy seduciendo? -Asentí muy segura mientras él me tomaba por la cintura-. Kag, ¿estás segura de que quieres…? -Coloqué mi dedo sobre sus labios y lo miré con determinación. Entendí perfectamente que no quería obligarme a estar con él después del pequeño episodio traumático; sin embargo, sus besos y caricias me hicieron olvidar todo y solo pensaba en el presente.

-Sólo ámame -Le di un beso apasionado. -No pienses más y ámame.

Inuyasha me atrajo hacia él, sus labios buscaron los míos con suavidad, y la calidez de su abrazo me envolvía, brindándome seguridad y consuelo. En ese momento, no éramos solo dos cuerpos, éramos almas que se apoyaban mutuamente para superar las sombras del pasado. Gracias a su amor, ternura y comprensión, podía olvidarme de todas mis inseguridades, ser una nueva versión de mí; esta vez no permitiría que Koga arruinara la maravillosa vida que estaba comenzando a vivir.

Las manos de Inuyasha se deslizaron hábilmente por debajo de mi blusa, sus dedos acariciaron con suavidad mi piel, dejando un rastro de sensaciones que enviaban escalofríos por todo mi cuerpo; la necesidad de sentirme amada se convirtió en una llama ardiente que nos envolvía a ambos. Inuyasha se enderezó y quitó mi blusa y con gran habilidad desabrochó mi sostén dejando mis pechos totalmente expuestos ante él, se acercó y comenzó a lamerlos mientras acariciaba mi espalda. Enredé mis dedos en sus cabellos, explorando la textura sedosa mientras me dejaba llevar por las sensaciones intensas que él despertaba en mí.

El susurro del viento acariciaba nuestras pieles desnudas mientras la habitación se llenaba con la intensidad de nuestro amor. Bajé mis manos hasta sentir la orilla de su playera y la deslicé suavemente, revelando su torso esculpido. Sus músculos tensos y la calidez de su piel bajo mis dedos hicieron que el aire vibrara con una conexión eléctrica. Nuestro amor se expresaba en cada roce, cada caricia, como si el mundo exterior desapareciera y solo existiéramos él y yo, unidos por la pasión y el deseo mutuo.

Con gran maestría me recostó en la cama, fue bajando hasta mi vientre bajo y levantó la mirada para encontrarse con la mía, como si pidiera permiso para continuar. Asentí. Con delicadeza quitó el shorts y mis bragas; una sonrisa lujuriosa se dibujó en su rostro al tenerme completamente desnuda, sólo para él. Un pequeño grito de placer salió de mi garganta cuando sentí sus dedos acariciar mis pliegues con destreza y pasión. Cerré los ojos mientras arqueaba la espalda y mis manos se aferraron a las sábanas debido al torbellino de sensaciones que él despertaba en mí.

-Inuyasha -susurré al sentir sus dedos ingresar en mi

-Kagome, estás demasiado húmeda -gruñó mientras me penetraba- Eso me encanta, pequeña.

Sus movimientos me estaban llevando a la locura, ya no podía contener mis gemidos, mi cuerpo comenzaba a temblar por el placer que nos envolvía. Inuyasha aceleró el movimiento hasta que solté un grito extasiado derramándome sobre él. Lo vi lamer sus dedos sin quitar su mirada de la mía, lo que volvió a excitarme; y en un movimiento desesperado, me levanté para besarlo con una pasión desbordante.

-Kag… -dijo entre besos

-No digas nada, sólo quiero ser tuya.

Caímos nuevamente en la cama; mis manos se deslizaron por su espalda, sintiendo la tensión en sus músculos mientras se acomodaba entre mis piernas. El roce de su erección con mi entrada era una promesa de placer inminente. La conexión entre nosotros se intensificaba con cada instante, como si estuviéramos fusionándonos en una danza celestial.

-Quiero que cada caricia quede graba en tu mente, tu piel y tu corazón -repetía, mientras sus dedos acariciaban suavemente mi piel, marcando nuestro encuentro en mi ser de una manera que iba más allá de lo físico.

Cerré los ojos, y asentí con un susurro lleno de deseo. Sus palabras resonaron en mi interior como una promesa de amor eterno. Inuyasha continuó explorando cada centímetro de mi cuerpo con gran devoción. Giré para quedar sobre él, sintiendo su cuerpo fuerte y cálido bajo el mío. Nuestros labios se encontraron en un beso apasionado mientras me movía con gracia sobre él.

-No permitiré que nadie te vuelva a lastimar- musitó acariciando la cicatriz de mi labio.

Con sus manos firmes, acariciaba mi espalda y mis caderas, guiándome en un baile sensual. Nuestros sexos gritaban por unirse; el placer se entrelazaba con la complicidad, y los gemidos susurrados se convertían en la melodía de nuestra conexión íntima. Tomé su miembro entre mis manos y lo coloqué en mi entrada, y de una sola embestida, Inuyasha me penetró, y grité sintiendo toda su extensión dentro de mí. Nos quedamos inmóviles, deleitándonos con la emocionante fusión de nuestros cuerpos. Apoyé mi frente contra la suya, dejando que mi cabello cayera como una cortina, ocultándonos en nuestra intimidad compartida. Una sonrisa cómplice se formó en ambos rostros, sellando el momento con la dulce complicidad que solo el amor puede brindar.

-Eres mía -dijo entre jadeos.

-Por siempre tuya

Instintivamente me moví sobre su miembro, sintiendo su respuesta inmediata a cada uno de mis movimientos. La pasión entre nosotros se intensificaba con cada vaivén, como si nuestros cuerpos estuvieran sincronizados en una danza de placer compartido. El roce de nuestras pieles desnudas y la armonía de nuestros cuerpos creaban una sinfonía de placer que resonaba en la habitación. Cada movimiento era una celebración de la entrega mutua, y en esos momentos, éramos dos almas fusionadas en la pasión, dejando atrás cualquier sombra del pasado.

-Inuyasha… -apoyé mis manos sobre su pecho- siento que no podré contenerme más.

-No lo hagas, nena… termina conmigo.

Sin salir de mí, se sentó y me acomodó en su regazo, dejándome sentir su miembro con aún más profundidad. La sensación era embriagadora, y mis manos se aferraron a sus hombros; dio un par de embestidas más hasta que un grito de éxtasis escapó de mis labios mientras mi cuerpo se rendía al placer del orgasmo; segundos después sentí su miembro latir mientras se liberaba dentro de mí. Ambos sonreímos y apoyé mi cabeza sobre su hombro.

-Gracias por no abandonarme, Inuyasha -susurré cerca de su oído, mientras mi corazón latía al ritmo de nuestro amor compartido.

Él sonrió con ternura y acarició mi mejilla.

-Jamás lo haré, pequeña. Estamos juntos en esto, por siempre y para siempre. -besó mi frente.

Nos acostamos juntos, y suspiré profundamente cuando sintió su miembro retirarse de mi interior.

-Inu… -comencé a dibujar con mis dedos pequeños círculos sobre su pecho

-Mmmm -respondió con los ojos cerrados y una sonrisa en su rostro.

-Debemos ir a mi departamento por mis cosas

-¿Es necesario? -preguntó con un dejo de preocupación en su voz- Puedo comprarte nuevas cosas…

-Inuyasha -lo interrumpí

-En serio, Kag, no quiero que, al regresar a ese lugar, los recuerdos de lo que pasó te vuelvan a afectar.

-Estaré bien, lo prometo. -Me miró con gran preocupación- Por favor, Inuyasha

-De acuerdo, iremos por tus cosas.

-Gracias -repartí pequeños besos por todo su rostro.

Después de disfrutar de un momento de paz y conexión en la habitación, Inuyasha y yo decidimos bajar y preparar el desayuno juntos. La complicidad entre nosotros se mantenía, y compartimos risas y miradas cómplices mientras preparábamos la comida.

Una vez que terminamos de desayunar, salimos en dirección a mi departamento. No voy a negar que cuando estacionó frente al edificio, mi corazón dio un vuelco y una mezcla de emociones revoloteó en mi interior. Hice todo lo posible por controlarme, solamente subiríamos por mis cosas y no regresaría más a ese lugar.

-¡Kag! -Rin y Ayame estaban saliendo del edificio

-¿Dónde estabas? -preguntó Rin preocupada

-Te marcamos a tu celular y solo nos mandó a buzón de voz -expresó Ayame

-Es una larga historia chicas. -intervino Inuyasha- Solo venimos a recoger sus cosas. Desde ayer está viviendo conmigo

-¿Qué? -gritaron confundidas

-Subamos -les pedí- arriba les contaré todo.

Subimos con la chicas a mi departamento. Cuando entramos, ambas se asustaron al ver los cojines del sofá tirados y un florero roto en suelo hecho añicos. Entramos a mi habitación y comenzamos a guardar el resto de mi ropa en la maleta, mientras Inuyasha, guardaba en cajas libros y materiales de mi trabajo. Rin y Ayame no daban crédito a lo que había sucedido; ambas experimentaron muchas emociones conforme les relataba sobre la visita inesperada de Koga.

-¡Maldito! ¿Cómo se atrevió a intentar abusar de ti? -dijo Ayame con rabia en su voz.

-Afortunadamente, Inuyasha llegó a tiempo -Rin estaba a punto de llorar y me abrazó fuertemente- Pero te amenazó, Kag.

-Por eso decidí llevarla conmigo -dijo Inuyasha entrando a la habitación-. La protegeré con mi vida si es necesario. -las chicas asintieron agradecidas- Pequeña, iré a dejar las cajas a mi casa, no tardo. -depositó un beso en la raíz de mis cabellos.

-Está bien, aquí esperaremos. -respondí

-No te preocupes, Inuyasha, Rin y yo la cuidaremos -afirmó Ayame

-Gracias

Después de que Inuyasha dejara el departamento, Ayame me miró con seriedad, fijando sus ojos en mí de manera intensa.

-Kagome.

Rin y yo nos giramos hacia ella, confundidas. El tono serio y el uso de mi nombre completo indicaban que Ayame quería abordar un tema importante o estaba molesta.

-En el antro me evadiste, pero quiero que seas sincera con lo que te voy a preguntar.

-¿Qué pasa, Ayame? -preguntó Rin.

-Kagome, es obvio que ya estás follando con Inuyasha -mis mejillas se ruborizaron ante su afirmación- ¿Te estás cuidando?

-Ayame, eso es algo intimo que deben hablar en pareja -la reprendió Rin.

-Lo sé, Rin, lo sé. Pero imagina que Kagome quedara embarazada, ¿qué harían? No es que me moleste, al contrario, sería la más feliz de convertirme en tía, pero primero deben disfrutar de su vida en pareja; además con Koga rondando por ahí, metiéndose cuanta porquería en el cuerpo, podría poner en riesgo incluso a un bebé. -Rin no respondió.

Las palabras de Ayame resonaron en mi cabeza; tenía toda la razón, aún no estoy preparada para ser mamá, además Inuyasha está muy concentrado con su proyecto. Y si sumamos la preocupación por el acoso de Koga, la situación se volvía más compleja de lo que había imaginado.