Disclamer: Todo pertenece a JK. Lo único que yo tengo es mil historias Drarry en mi cabeza y de vez en cuando una se escapa.
Notas de la autora: todavía no es jueves, pero su servidora no trabaja mañana, así que decidí que mejor antes y no después. Que disfruten el cap.
Capítulo 4. Tercera fase: conseguir un acercamiento.
«Been here before and it just feels right
No, this ain't the first time for you and I, we ain't strangers»
(He estado aquí antes y se siente muy bien
No, esta no es la primera vez para ti y para mí, no somos extraños)
-Strangers, Jonas Brothers
¿Desearías haber hecho algo distinto? Algo que cambiara por completo cómo resultaron las cosas.
Draco intentó calmar sus caóticos pensamientos una vez más, dando largas respiraciones antes de volver a ver de soslayo a su acompañante. Harry seguía con la vista fija en el paisaje que pasaba fuera de la ventana. Habían hablado muy poco desde que salieron de la estación de Londres, con el moreno respondiendo en voz baja y frases cortas cuando intentó hacerle conversación. ¿Acaso ya se arrepentía de haber accedido a ir a ese viaje con él? ¿Estaba molesto o preocupado por algo? O… quizás cuando dijo que quería hacerlo no se refería a que quería pasar tiempo con él, sino a complacer el capricho de su hija y aprovechar la oportunidad para descansar. Diablos, había sido iluso de su parte considerar que podría…
-Ya no me dijiste, ¿hablaste con James? –Preguntó de improviso, tras un ligero bostezo. Ah. Así que tal vez su humor solo se debiera a que no había dormido bien.
-Cenamos juntos ayer. Se disculpó y… no dijo mucho más.
-Umm. Es un avance, ¿no? –Intentó animar, con una apretada sonrisa.
-Supongo.
Y eso fue todo. Harry volvió a ignorarlo como si no tuvieran nada más que hablar. Draco sabía que era su culpa. Él mismo había dicho que no necesitaban convivir, y tampoco es que esperase que fuera a ser diferente. Era cierto, habían compartido un momento de honestidad y cercanía luego de años, pero no debía significar más que… Inevitablemente, a su mente acudió lo que había sentido al estar cerca de él después de tanto tiempo. Sabía que no podía haber sido el único en sentirlo. Los remanentes del vínculo eran tan reales para él como para el otro involucrado. Aunque obviamente no había hecho mención al respecto, él también lo había sentido.
Cerró los ojos, rememorando cómo solía ser. El vínculo completo era aún más abrumador, abatiéndolo como olas de magia pura y dejándole un hormigueo en el cuerpo incluso cuando estaban lejos. Jamás había experimentado nada semejante. Nada que lo hiciera temblar hasta los huesos y desear con locura el contacto con alguien. Algo que con solo ver sus ojos le hiciera mierda la cabeza porque sabía que jamás alguien lo anhelaría de esa forma, que podía darle tres vueltas al mundo y no encontraría a nadie que pudiera sostenerlo de la misma manera, que pudiera destruirlo y amarlo con igual intensidad, que…
Se vio obligado a abrir los ojos cuando Harry se acercó más a él. Por un instante temió que hubiese vislumbrado algo de sus cuestionables divagaciones, o de alguna forma haber activado los remanentes del vínculo, pero la respuesta era mucho más simple. El moreno evidentemente estaba cansado o privado de sueño, y el bamboleo del tren había sido suficiente para cobrarle factura. Supuso que una respuesta razonable habría sido empujarlo para despertarlo o tratar de acomodarlo hacia el lado de la ventana. Pero algo estaba quedando de manifiesto y es que Draco no tenía planeado ser razonable durante ese viaje. Por eso movió su cabeza con delicadeza, cuidando que reposara correctamente sobre su hombro. Harry emitió un sonidillo de conformidad, apoyándose en él hasta donde permitían sus asientos. Tomó toda su voluntad no hundir la nariz en la suave espesura de sus cabellos azabache, o hacer algo igual de imprudente como abrazarlo o darle un beso en la despeinada coronilla. Lo único que pudo hacer fue cerrar los ojos y tratar de mantener la mente serena.
¿Eres más feliz de lo que eras con papá?
Pero cómo no, fragmentos de la conversación con su hija volvieron a atormentar su mente. Sabía que decir que era distinto o que era muy pronto solo eran pobres excusas. La respuesta era no. Salir esporádicamente con alguien podía ser divertido y excitante, pero nada se comparaba a la seguridad y naturalidad que sentía con Harry. Nadie había estado a la altura incluso cuando creyó hacer un esfuerzo consciente para conseguirlo. Y ese era el problema. Que siempre se quedaba en un esfuerzo, en algo que con el tiempo le confirmaba que nunca volvería a tener ni la mitad de lo que alguna vez llenó su corazón. El hombre se quejó en sueños, moviendo la cabeza de forma que podía sentir el tibio vaho de su respiración. Eso debió desconectar su último lazo de autocontrol, porque lo siguiente que pensó…
¿Y si Lily tuviera razón? ¿Y si existiera aunque fuese una mínima oportunidad de sanar las heridas y cambiar por completo el cómo resultaron las cosas? ¿Tendría el valor para hacerlo? Porque sabía que estaba en sus manos. Él había sido quien tomó la decisión, quien alejó de su vida a la persona que más lo amaba y lo dejó solo cuando más se necesitaban. Fue él quien traicionó su confianza y cerró su corazón. Incluso si Harry seguía queriéndolo, sabía que no volvería a ser quien diera el primer paso. Al contrario, lo más probable sería que rechazara por completo cualquier tipo de avance. Si iba a reconquistarlo, tendría que… sintió que su corazón se saltaba un latido, no solo por lo que acababa de transitar su mente, sino porque su acompañante gruñó, levantándose despacio y estirándose un poco.
-Debiste despertarme –comentó, flexionando los brazos y moviendo la cabeza de un lado a otro, haciendo crujir su cuello. Al parecer no había estado tan cómodo como parecía.
-Te veías cansado.
-Uhmm. Me quedé despierto hasta tarde preparando lecciones.
-¿El curso escolar no comienza en siete semanas?
-Nunca es demasiado pronto –asintió, aceptando esa explicación. Porque el hombre que había sido su esposo solo se quedaba trabajando hasta tarde cuando algo lo obsesionaba o cuando quería evitar pensar en algo. Y considerando que su vida como profesor era menos ajetreada que sus años como auror, debía suponer que se debía a lo segundo–. ¿Cómo te fue a ti en tu viaje? Dijiste que tenías a varios tiburones que alimentar –Draco sonrió, de alguna forma complacido de que hiciera mención a su comunicación por correspondencia.
-Así fue. Pero obtuve algo de apoyo de comerciantes de la zona, así que fue una semana provechosa.
-¿Tu novio es representante en el ministerio alemán? –La pregunta lo tomó desprevenido, por lo que buscó su mirada para determinar sus intenciones. No obstante, Harry seguía viendo por la ventana mientras limpiaba sus lentes con el dobladillo de la camiseta. No parecía tener algún propósito oculto, como si fuera cualquier conversación casual.
-Te dije que no es mi novio –respondió sin querer evitarlo, nada más para calibrar su reacción. El moreno volvió a ponerse los lentes, encogiéndose de hombros antes de contestar.
-Claro, olvidaba los términos grises de las relaciones actuales.
-¿Términos grises?
-Hermione dijo algo sobre eso. Sobre salir con alguien pero que aún no sea tu pareja. Sinceramente no presté mucha atención, me pareció una pérdida de tiempo.
-Cualquiera hubiese pensado que yo, como sangre pura, sería más rígido sobre eso. Pero eres tú el anticuado con estos temas –provocó, aunque fue inevitable admitir para sí mismo que esa era una de las cosas que más le había gustado de él desde el inicio. La forma correcta y directa al invitarlo a salir, el acompañarlo a su casa al final de la velada, e incluso los recatados besos que le daba al despedirse.
-Es que simplemente no lo entiendo. ¿Cómo pueden ir por ahí sin ningún tipo de compromiso o lealtad al respecto? Yo no puedo dar solo una parte de mí, es todo o nada.
-Lo sé, nada es a medias contigo –Harry le dio una mirada indescifrable en ese instante, por lo que añadió:- Esto… sí, él es uno de los representantes en el consejo del Ministerio. Nos encontramos sobre todo en convenciones y reuniones anuales.
-Qué romántico –ironizó, aunque se corrigió al segundo siguiente–. Lo siento, es solo mi percepción. Supongo que estás bien con eso.
-Uhmm. ¿Sabes cuál fue la respuesta de Lily cuando se lo comenté?
-¿Cuál?
-Me dijo que te arreglaría una cita con alguien. Que sería alto, guapo y más joven que yo –como esperaba, Harry se echó a reír, sacudiendo la cabeza.
-Eso último debió doler, ¿no?
-Oh, cállate.
-Es obvio que lo hizo para incordiarte y le funcionó perfectamente.
-Ah, ¿así que no has salido con ningún treintañero alto y guapo en estos días?
-No en estos días –frunció el ceño por esa forma de contestar, considerando la perspectiva de que hubiese sucedido durante esos años–. Creo que es la próxima estación, ¿no? Mira, ya se alcanza a ver el océano –Draco se cernió un poco sobre él con excusa de ver lo que señalaba. Harry pareció contener la respiración hasta que se alejó, por lo que sonrió de lado.
-Creo que Lily no tuvo una mala idea después de todo –comentó ambiguamente, sin perderse el cálido destello en los ojos esmeraldas.
-Debimos suponer que esto sería parte de su plan –dijo Harry con voz cansada, rascándose la nuca mientras ambos evaluaban con discreción la única cama de la habitación. Al menos no era algo bochornoso con forma de corazón o sábanas de terciopelo.
-Pudo ser peor.
-¿Sí? ¿Cómo?
-Podría haber pétalos de rosa y una cubeta con champaña.
-Es obvio que aún no has visto el jacuzzi, ¿verdad? –Draco dio media vuelta hasta encontrar los elementos mencionados. Y sip, ahí estaban. Una cubeta de champaña, velas aromáticas y popurri en una bandeja dorada–. ¿Valdría la pena castigarla? –Meditó Harry distraídamente, dejando caer su equipaje sobre la cama y empezando a rebuscar en los bolsillos externos–. Creo que al menos se ganó una reprimenda verbal. Como sea, creí que…
-¿Qué buscas?
-Ah, aquí está –entonces le mostró una elegante billetera de piel de Erumpent. Sonrió a medias recordando cuando la había elegido para él. Gesto que desapareció a medida que el hombre siguió hablando:- Iré a la recepción a conseguir otra habitación –abrió la boca para detenerlo, pero Harry ya estaba cruzando la puerta. Suspiró derrotado, sentándose en la cama y sacándose los zapatos con una patada.
Era obvio y razonable, ¿no? Llevaban ocho años divorciados, se suponía que Draco salía con alguien. Dormir juntos sería algo que probablemente cruzaba una línea muy delgada entre la amistad que compartían y todo lo que habían vivido juntos. A pesar de entenderlo, se sentía… ¿rechazado? Porque Harry ni siquiera había dudado, o pedido su opinión sobre si le molestaba compartir la cama por un par de noches. Simplemente decidió que no quería hacerlo. Eso hería más que su orgullo. Porque parecía dar una respuesta negativa a todo lo que se había planteado en el tren. No había posibilidad de acercarse más a él. Sería mejor reconciliarse con eso y tomar el viaje como tiempo de descanso.
Suspiró de nuevo, dejándose caer de espaldas y mirando las molduras del techo. El lugar que alquilaron la primera vez que visitaron Cornualles era muy distinto. De un solo ambiente, con la minúscula cocina dando paso a la habitación y un metro cuadrado de terraza. Harry había estado preocupado de que no cumpliera con sus estándares. Pero él estaba encantado, porque era el primer viaje que hacían juntos y por cinco días no tendrían que preocuparse de la prensa, sus amigos, ni su familia. Se tenían el uno al otro, el mundo entero podía irse al carajo y no lo haría parpadear. Cerró los ojos, respirando despacio. Recordó la sensación del sol en su rostro, la arena entre los dedos de sus pies, la forma en que había aferrado su mano mientras corrían entre las olas. Los besos salados y sus interminables regaños porque Harry nunca usaba suficiente filtro solar. Aunque siempre terminaría aplicándole una poción humectante para las quemaduras. Misma que yacía en su bolso, empacada por pura costumbre como si fuera a tener ocasión de masajearlo como solía hacerlo.
La puerta de la habitación se abrió, pero permaneció quieto, sin querer ver cómo sacaba su equipaje y lo dejaba solo. No obstante, Harry se aclaró la garganta. Ante su falta de respuesta, el colchón se hundió a su lado y una mano dubitativa le movió el hombro.
-Hey.
-Ah, volviste –dijo, fingiendo desperezarse y parpadeando un par de veces para enfocarlo. Harry tenía una arruguita en la frente y le dio un concienzudo repaso antes de asentir.
-Ajá.
-¿Qué tal te fue consiguiendo la habitación? –Indagó, aunque por su gesto podía intuir que había fracasado en la misión. Un calorcito de esperanza renació en su estómago ante esa perspectiva.
-Al parecer no quedan habitaciones disponibles. No puedo creer que Lily…
-Eh, que no puedes culparla por el flujo de turismo durante el verano –interrumpió, sentándose despacio y pasándose los dedos por el cabello para peinar los mechones que habían escapado de su coleta. Harry se quedó absorto durante algunos segundos, antes de sacudir la cabeza y apartar la mirada. Eso era por demás interesante.
-Como sea, me dijeron que hay varios resort en la zona. Más de alguno todavía debe tener…
-También podrías, ya sabes, solo quedarte aquí –comentó casualmente, soltándose el cabello para peinarse mejor. El moreno volvió a tomarse su tiempo para contestar.
-Eh… ¿Estarías bien con eso?
-Claro. Serán solo un par de noches –al menos de momento, añadió para sí mismo.
-Bueno… El sofá cama parece cómodo –eso sí colmó su paciencia. Aunque fue consciente hasta que se escuchó contestar:
-No seas ridículo, la cama es lo suficientemente grande para los dos.
-¿Y crees que tu novio esté conforme sabiendo que dormirás al lado de tu… ex? –Draco resopló, desestimando su preocupación.
-¿Cuántas veces debo decirte que no es mi novio?
-Da igual. A mí me molestaría.
-Porque siempre has sido celoso –Harry jadeó indignado, haciéndolo reír. No le dio ocasión a defenderse, sino que aprovechó el rumbo de la conversación para averiguar si sus nacientes ilusiones tendrían oportunidad–. De todas formas, no es como si algo más fuera a pasar. ¿O acaso planeas seducirme a media noche?
-¡Por supuesto que no! –Exclamó con demasiado entusiasmo. El rubio se siguió riendo por su gesto pudoroso. Se conocían hace más de treinta años y Harry seguía creyendo que podía engañarlo.
-Entonces está decidido.
-Uhmm.
-Bueno… Creo que si me quedo aquí me voy a dormir, así que mejor me cambiaré e iré a la playa. ¿Vienes conmigo?
-Ah. Me vendría bien dormir, honestamente –rechazó, pasándose una mano en la cabeza y alborotándose el cabello.
-Claro. Pero iremos a cenar juntos, ¿no? Se lo prometimos a Lily –recalcó. No pensó que tendría que usar a su hija para persuadirlo, pero es que le parecía muy pronto para exponer sus cartas. Primero debía terminar de discernir los sentimientos de Harry y después actuar en consecuencia.
-Sí, está bien.
-Bien –repitió, dejando la comodidad de la cama para ponerse en marcha.
Debía estar soñando. Eso, o había muerto y su alma consiguió ascender al paraíso. Solo eso podría explicar que Harry estuviera inclinado sobre él, con el sol del atardecer a su espalda, las mejillas sonrojadas y su oscuro cabello húmedo goteando sobre su rostro.
-Ah, despertaste –Draco gruñó cuando el hombre se apartó y el sol volvió a darle de lleno en la cara–. Tendrás una quemadura solar si sigues durmiendo ahí.
-No estaba expuesto al sol cuando me dormí –justificó, incorporándose dignamente en la tumbona. Entonces tuvo la mala idea de volver a enfocarlo. Si su cabello no era suficiente indicativo, el resto de su cuerpo delataba que Harry había estado disfrutando del mar veraniego. Su pecho desnudo estaba perlado con gotitas de agua y tenía rastros de arena de la cintura para abajo. Por supuesto que iba descalzo. Se echó el cabello hacia atrás en un deliberado (y no podían decirle lo contrario) intento por hacerlo perder la cabeza, mientras entrecerraba los ojos hacia las olas que llegaban a la orilla–. ¿Te pusiste suficiente filtro solar? –Preguntó inconscientemente, comprendiéndolo cuando el moreno le dio una mirada afectada antes de responder.
-Define suficiente –Draco se encontró sonriendo, sin poder estar enojado o avergonzado por su propio comportamiento.
-Creí que ibas a dormir.
-Iba a hacerlo, pero no tiene sentido venir a la playa solo a dormir.
-¿Te metes conmigo?
-Solo fue un comentario –pero sonreía con picardía al decirlo.
-Sabes que siempre he odiado la arena en lugares innombrables.
-No es lo que recuerdo de todas las veces que vinimos aquí –sonrió conmovido, notando por su gesto que temía haber hablado más de la cuenta.
-¿Recuerdas que vinimos a medio invierno cuando estabas embarazado de James porque estabas en una total crisis prenatal? Y te pusiste en plan "oh, Merlín, mi vida no volverá a ser igual y no sé cuándo volveré a ver el mar, o el sol, o tendré libertad" –rió abiertamente, acompañando la carcajada de Harry.
-¡Pero tenía razón! La vida jamás volvió a ser igual. Fue mucho mejor –apuntó, observándolo con aire nostálgico–. Aunque visto en retrospectiva, debiste mandarme al diablo. Era medio invierno, joder. Incluso te resfriaste y ni siquiera pude cuidarte.
-Sí, bueno… "No le lleves la contraria a alguien que está esperando", fue el consejo de mi madre.
-Uhmm. Y yo creí que lo habías hecho solo porque me amabas –su expresión se tornó súbitamente seria, por lo que replicó antes de que pudiera retirar lo dicho:
-Una cosa no contradice a la otra –Harry le sostuvo la mirada durante varios segundos, sus ojos esmeraldas reflejaban melancolía, pero también cierto toque de anhelo. Se felicitó por haber hecho mención a ello y tomó nota mental de lo útil que podía resultar aprovechar esa clase de intercambios.
-Supongo que hoy no podré convencerte de que me acompañes a chapotear un rato.
-Podría ser persuadido –indicó, lo que incluso a sus propios oídos sonó como un ligero coqueteo. El moreno arqueó una ceja delicadamente, sonriendo de lado con cierto cariz de curiosidad.
-Creí que dirías algo sobre la arena atentando contra tu perfecto cabello –se echó a reír, aunque aprovechó para sacudir su melena con la brisa veraniega.
-Sabía que siempre has sentido debilidad por mi cabello largo –el aludido bufó, pero el sonrojo en sus pómulos oscureció un tono más.
-Mi única debilidad es la torta de melaza y los cócteles tropicales.
-Podemos ir por unos, debe haber iniciado la hora feliz –Harry calibró su propuesta por algunos segundos, antes de responder con una deslumbrante sonrisa.
-Iré a darme una ducha rápida y te veo en el bar. ¿En media hora?
-Suena bien. Voy a caminar un rato para terminar de despertar –el moreno asintió, despidiéndose con un rápido vistazo sobre su hombro. Draco se quedó viendo la ancha espalda hasta que desapareció dentro del resort. Entonces pudo suspirar y sonreír con desenvoltura. Probablemente era ridículo, pero que Harry hubiese llegado a despertarlo para que no tuviera una quemadura solar lo hacía jodidamente feliz. Qué decir, el simple hecho de que lo hubiese buscado en primer lugar. Y ahora irían de copas juntos. Debía medirse y tomar solo un par de tragos, no quería arruinar sus planes por algún comportamiento impropio de su yo borracho. Y conociendo su historial al respecto, era mejor evitarlo.
James nació a finales del invierno, cuando ya se había recuperado del resfriado que le dejó su imprudente visita a Cornualles. Había nevado durante todo ese día, se sentía un frío que calaba los huesos incluso dentro de las habitaciones de San Mungo, donde los aprendices de medimago reforzaban los hechizos calentadores cada tanto. Ese había sido el escenario en que conocieron a su hijo mayor. Todavía recordaba con precisión el primer vistazo que tuvo de él. El pequeño rostro regordete y manchado por la placenta. Y nunca había visto nada más hermoso. Qué decir de cuando la enfermera se los entregó aseado y enrollado en una manta color verde lima. Su carita sonrosada y el inconfundible cabello azabache. Su madre lo había prevenido sobre que era imposible discernir a quién se iba a parecer durante sus primeros días, incluso semanas. Pero de alguna forma lo supo. Su esposo había sido tan oportuno y egoísta que había parido a su propio clon. Y él los amaba con locura. Amaba la forma en que su pequeño arrugaba la nariz y se quejaba en voz baja hasta que conseguía sacar una manito de entre las mantas que lo envolvían. Draco tomaría esos pequeños dedos, examinando cada uña, cada ligera arruga, sintiendo que podría echarse a llorar de pura dicha. Quizás lo había hecho un poco. Y entonces vería a Harry, todavía cansado e hinchado, y juraría cuidarlos a ambos con su vida.
Más de veinte años después, James le había echado en cara sus fallos como padre para culminar diciendo que le alegraba no parecerse en nada a él. Si tan solo supiera que cuando estaba molesto era cuando más asemejaba a sus facciones. Y qué decir de Harry, que también había pasado años resintiendo sus acciones y las decisiones que tomó impulsado por el dolor. Les había fallado a ambos. Tragó el nudo en su garganta, tratando de ubicar el momento en que todo se desvió tan estrepitosamente. Claro que podía precisar cuándo había sido. La muerte de Scorpius. De alguna forma se centró tanto en lo que había perdido, que descuidó lo que todavía tenía. Y esas fueron las consecuencias. Un hijo que le guardaba rencor y un ex esposo del que no se había podido olvidar incluso cuando intentó hacerlo.
Dio un suspiro tembloroso, deteniendo sus pasos y centrándose en el atardecer. Si tan solo pudiera encontrar las palabras. Si pudiera abrirles su mente y su corazón para que supieran que pese a sus acciones y sus fallos, el amor que sentía por ellos seguía intacto y más ardiente que nunca. Sonrió desconcertado, porque… ¿Acaso acababa de admitir que seguía enamorado de Harry? Bueno, debía ser obvio después de todo su soliloquio en el tren y sus nacientes planes para reconquistarlo. Pero ser capaz de admitirlo de forma tan natural y determinada… se sentía increíblemente correcto. Como si una parte de él pudiera respirar en paz y dijera "al fin". Sacudió la cabeza, entrando al bar del hotel. Y deteniéndose de inmediato. Por algún motivo, Harry se había quedado sentado frente a la barra. Aunque no estaba solo. Junto a él estaba un animado hombre de rostro anguloso y cabello rubio ceniza. Tenía unos marcados hoyuelos en las mejillas que se acentuaban cuando reía. Y estaba riendo. Mucho. También inclinándose demasiado cerca del moreno, que no hacía nada por evitarlo. Frunció el entrecejo, cuadrando los hombros y aproximándose sin demorar un segundo más.
-Siento la tardanza. Pasé antes a la habitación pensando que te encontraría ahí, pero ya no estabas –dijo por saludo, ocupando el taburete del otro lado y hablando en voz alta para hacerse escuchar. Harry, que ya había girado a medias en su dirección, alzó sutilmente una ceja, mientras que el tipo con el que conversaba lo contempló con curiosidad.
-Oh, estás acompañado –comentó, lo que casi lo hizo rechinar los dientes porque significaba que él no se lo había dicho.
-Eh, algo así –masculló, volviendo a enfrentarlo con una sonrisa insegura.
¡¿Algo así?! Su orgullo definitivamente recibió esas palabras como si le hubiera dado un bofetón. No, de hecho, eso habría dolido menos. El innecesario invitado aguardó por algunos segundos, pero cuando notó que Harry no tenía intención de presentarlo, lo hizo por su cuenta:
-Soy Emmett, Harry es maestro de mi hijo mayor –el rubio respondió con una sonrisa apretada y un cabezazo más bien rígido.
-Draco. Soy… el padre de sus hijos –supo que esa presentación le acarrearía problemas cuando notó la ligera tensión en la mano con que su ex esposo sostenía su bebida. Pero fue inevitable. La forma en que ese tipo le hablaba distaba de ser una cordial interacción entre un profesor y el padre de un alumno. Comprendió que había adivinado cuando Emmett le dio una elocuente mirada de soslayo a Harry, que aparentemente había decidido ser un espectador de ese tirante intercambio. No obstante, el sujeto volvió a dirigirse hacia él:
-Oh. Debiste decirme que estaban de vacaciones familiares. Puedes descartar mi invitación, es más importante que convivas con tus chicos.
-Es un viaje de pareja, de hecho –aclaró con calma. Tras esa información, el sobrante se giró de nuevo hacia Harry, probablemente buscando algún tipo de validación. Pero el moreno lo estaba viendo a él, como si dudara de lo que acababa de escuchar.
-Creí que… Uhmm. Enhorabuena, supongo –el Gryffindor por fin reaccionó, dándole una sonrisa tensa al tipo sin contestar nada más–. En ese caso, no interrumpo más. Que disfruten su velada.
-Qué amable. Gracias a ti por pasar a saludar –despidió con su mejor sonrisa, como si realmente le hubiese encantado conocerlo.
-Claro. No vemos luego, Harry.
-Hasta luego, Emm –masculló finalmente, con la sonrisa contenida que indicaba que estaba por perder los estribos. Por supuesto que eso sucedió en cuanto el tipejo ya se había alejado varios metros. Entonces los orbes esmeraldas refulgieron acusadores–. ¿Se puede saber qué diablos fue eso?
-¿Uhmm? –Cuestionó distraído mientras le hacía gestos al barman para pedir un mojito.
-Te estoy hablando.
-Y yo te estoy escuchando –aseguró, volviendo a centrar su atención en él. Estaba furioso.
-¿Por qué le dijiste que era un viaje de pareja? –Demandó, siseando un poco.
-Somos dos personas y estamos de viaje. Eso lo convierte en un viaje de pareja.
-Sabes que no lo entendió así. Más bien, no lo hiciste sonar así.
-Muchas gracias –dijo con una amplia sonrisa al chico tras la barra, bebiendo medio mojito de un solo trago.
-Draco.
-De todas formas, no es prudente que salgas con los padres de tus alumnos –comentó sin poder evitarlo, ganándose una mirada exasperada.
-No salgo con él.
-¿En serio? ¿Dirás que así es como le hablas a todos los padres de tus alumnos?
-Eso no es… –Harry exhaló, pasándose una mano por el cabello–. Tuvimos algo. Pero antes de que su hijo fuera mi alumno. Como sea, no entiendo qué hacemos hablando de eso cuando lo que importa es que le hiciste entender que hay algo entre nosotros.
-Sigo sin ver el problema –se empeñó, tras terminar de vaciar su mojito. De todas formas, será cierto para el final de este viaje, se prometió para sus adentros, mientras seguía contestando en tono ligero–. Tampoco es como que va a ir corriendo a El Profeta a decirles, ¿no?
-No, pero…
-Entonces no hay nada de qué preocuparse.
-Draco.
-Harry –replicó, imitando su tono grave.
-A veces eres imposible.
-Eso siempre lo has sabido y aun así te casaste conmigo –señaló. Harry se congeló en su lugar antes de poder responder a su osado comentario.
-Lo dices como si… –Sacudió la cabeza, vaciando su propio vaso de piña colada. Como si siguiéramos casados, completó en su mente.
-Lo digo porque es un hecho.
-Un hecho del que pareces demasiado orgulloso. Aunque no sé si por la parte de ser imposible o por el haber conseguido que me casara contigo a pesar de ello –percibió una inusitada calidez al escucharlo bromear con eso, por lo que le dio una amplia sonrisa.
-Tal vez sea por ambas –el moreno lo contempló en silencio antes de sonreír de lado.
-Había olvidado lo mal bebedor que eres. Solo llevas uno y ya se te soltó la lengua.
-Uhmm, parece que tendrás que cuidarme por el resto de la noche –insinuó, aunque ambos sabían que un solo trago no lo hacía hablar más de la cuenta.
-O puedo solo sentarme y observar –Draco clavó en él una mirada con toda intención, arqueando una ceja con deliberada coquetería.
-Así que te sigue gustando observarme –Harry se atragantó con su propia saliva, como si estuviese por soltar alguna indignada defensiva, pero Draco terminó de escandalizarlo al agregar:- Descuida, a mí me sigue gustando que lo hagas –tras eso volvió a llamar al barman, necesitaba un poco más de valor líquido. Aunque lo encendido de sus ojos le permitía intuir que estaba haciendo un buen trabajo en su cruzada por reconquistarlo, sabía que coquetear con él no sería suficiente. Debía demostrarle que seguía pensando en ambos y atesorando todo lo que vivieron juntos. Y nunca había sido particularmente bueno para hablar de sus sentimientos.
-Deberías tomarlo con calma –aconsejó, cuando volvió a vaciar la mayor parte de su bebida de una vez.
-Puedo lidiar con un par de mojitos.
-No es lo que recuerdo de nuestras vacaciones en el caribe –Draco se echó a reír, meneando la cabeza.
-En mi defensa, era la primera vez que me podía embriagar en casi dos años –puntualizó. Había ocurrido pocos meses después del primer cumpleaños de Scorpius. De hecho…– También fue la primera vez que lo dejábamos por varios días, ¿no? De alguna forma me afectó la ansiedad por la separación.
-Lo sé, lo dijiste unas quinientas veces –comentó con una ligera sonrisa. El rubio dio un suspiro tenue, terminando su segundo trago y contemplándolo con contundencia.
-Me gusta.
-Te dejaré pedir solo un par más o mañana no podrás comer nada en todo el día.
-No hablaba del mojito –rechazó, aunque rió por lo bajo ante el hecho de que recordase su comportamiento durante una resaca.
-¿Entonces?
-Me refería a lo que dijiste. Me gusta que ya no te sientas presionado a evadir todo lo relacionado a Scorpius –su nombre todavía le salía como una especie de suspiro melancólico, pero se sentía bien volver a decirlo. Algo en la expresión de Harry se tornó mucho más cercano tras escucharlo.
-Fue lo que acordamos, ¿no?
-Sí, así es.
-Oye… estoy seguro de que James y tú podrán resolver lo que tengan pendiente. Solo dale tiempo y podrás acercarte a él –aseguró, con una sonrisa de ánimos a la que correspondió sin pensar siquiera en ello.
-Gracias. De verdad aprecio que lo digas, aunque…
-¿Sí? –Draco se mordisqueó ligeramente el labio, pero un sorbo más de mojito terminó de empujar las palabras por su boca:
-No quiero que lo malinterpretes, pero ¿no te parece que hace tiempo que solo hablamos de los chicos?
-Uhmm, bueno…
-Y no es que esté mal, pero… tal vez por un par de días podríamos ser solo nosotros dos –como antes, quiso agregar, pero se acobardó en el último segundo. Harry lo observó con evidente asombro, murmurando:
-Solo los dos…
-Ajá. Solo los dos, compartiendo una copa como en los viejos tiempos –propuso, alzando su vaso casi vacío en un solitario brindis. Él lo seguía viendo con cierto aire dubitativo, por lo que decidió aligerar un poco el ambiente–. Y ya que estamos en esas, podrías decirme qué viste en Emmett en primer lugar. ¿En serio, Harry? ¿Desde cuándo te gustan los rubios falsos?
-¡Ah! Así que de eso se trataba –bufó, finalmente suavizando esa mirada penetrante que empezaba a ponerlo nervioso.
-No me puedes culpar por tener curiosidad.
-Y para que lo sepas, no es rubio falso. Además, puede ser muy encantador cuando se lo propone –Draco hizo una mueca, maldiciendo internamente por haber traído ese tema a colación.
-Sí, no todos son naturalmente encantadores como yo –comentó comprensivo, consiguiendo una breve risa de su acompañante.
-Ya que quieres hablar de esto, ¿cómo es tu novio? Ah, perdón. El tipo con el que sales, pero que no es tu novio –el rubio trató de contener una sonrisa de alegría. Pese al tono casual empleado, el ligero movimiento en su nariz indicó desagrado por hacer mención a ello.
-Uhmm, es alguien… correcto –Harry lo observó por varios segundos antes de resoplar, una leve risa precediendo su siguiente pregunta.
-¿Qué clase de descripción es esa?
-Pues… no está mal. Es bueno en los negocios, atento y sabe guardar su distancia.
-Sí, eso suena correcto –coincidió. Draco sonrió de lado, exhalando audiblemente.
-Ya, dilo.
-¿Qué?
-Vamos, sé que quieres hacer un comentario muy sarcástico y posiblemente desalmado sobre esto. Adelante, sácalo de tu sistema –autorizó. Harry dio una risotada tan auténtica que sólo pudo mantenerse sonriendo pese al cariz aparentemente serio de su conversación.
-No sé qué tan desalmado sea decirlo, es solo que pienso que no es así como deberías expresarte sobre alguien con quien casi tienes una relación.
-Supongo que tienes razón.
-¿Entonces por qué lo haces? –A Harry sí debían estarle afectado ese par de tragos tropicales, porque fue capaz de sostenerle la mirada sin titubear. Draco respondió primero con un sonidito dubitativo, porque esa realmente era una buena pregunta.
-¿Por qué salgo con alguien de quien no estoy enamorado? –Se cuestionó, aunque supo que lo había dicho en voz alta por la forma en que las cejas del hombre se dispararon hacia arriba. Claro que podía retractarse o salir de eso con una broma, pero…–. Creo que… cuando ya has conocido al amor de tu vida, cualquier otro tipo de amor será… insuficiente.
-Tú… ya no necesitas este mojito –determinó, deteniendo su mano sobre la bebida que acababa de ser depositada frente a él.
-Traje poción para diluir el alcohol.
-Sí, ese no es el punto –Draco contempló sus manos unidas sintiendo un calor interno que no tenía nada que ver con los tragos que había ingerido. Harry debió seguir su mirada, porque apartó la mano en el acto y se aclaró la garganta–. Como sea, yo sí tuve suficiente. Me vendría bien una siesta antes de la cena. Deberías venir conmigo para tomar un poco de esa poción y después ir a caminar para aclararte las ideas.
-Mis ideas están bastante claras –aseguró con dignidad, aunque se maldijo cuando se puso en pie y se tambaleó en su lugar.
-Igual que el Támesis, seguro –masculló, pero se apresuró a incorporarse para sostenerlo de un brazo.
-Idiota –gruñó, aunque cuando lo soltó a su suerte fue él quién lo tomó del brazo–. Pero está bien, dejaré que me escoltes.
-Qué honor –bufó, sin embargo, permitió que caminara muy cerca de su costado. Draco no volteó para no resultar obvio, pero deseaba que Emmett estuviera viendo desde algún lugar de la habitación.
-También te daré algo de poción para quemaduras solares. Tienes la cara muy roja, y no creo que sea por el alcohol o por mi elocuente conversación.
-Ya no hacen la poción de filtro solar como antes.
-Solo admite que sigues sin usar suficiente.
-Mmm. Iba a pedirte algo para las quemaduras pero no sabía si tendrías.
-¿Sabiendo que venías conmigo? Era algo obvio que la respuesta sería afirmativa –Harry no replicó más que con un sonido indeterminado–. Oye…
-¿Sí?
-¿Nos quedamos a ver el atardecer un rato? –El Gryffindor trastabilló ligeramente, deteniéndose para darle una intrigada mirada de soslayo antes de reparar en el paisaje marítimo. El sol ya estaba bastante bajo, pintando el cielo con una mezcla de naranja y rosa que empezaba a ser engullido por el azul profundo de una noche de verano.
-Un rato –convino, dejándose guiar hasta un banco de piedra a la orilla del camino. La playa se extendía ante ellos con sus sosegadas olas y su rumor constante.
-¿Recuerdas cuando nos comprometimos? Ese día también caminamos junto al mar, aunque parecía que llovería en cualquier momento.
-Y llovió.
-Pero no nos importó, seguimos caminando hasta que fue una completa tormenta y tuvimos que correr para regresar al hotel. Cuando volvimos estábamos muertos de frío, pero no podíamos dejar de reír –rememoró, sonriendo mientras seguía los tenues patrones con que el día daba paso a la noche–. Brindamos con las botellitas del minibar y pedimos servicio a la habitación que tardó casi dos horas en llegar. Estabas fascinado con los ravioles que nos sirvieron y yo te prometí llevarte al sur de Italia, porque de ninguna forma se comparaban a…
-¿Qué haces?
-¿Uhmm? Hablo contigo –Harry suspiró, fijando su insistente mirada en él.
-Draco.
-Mira, en esta época se empieza a ver la constelación de Lyra. ¿Puedes ver el punto más brillante? Esa es Vega, su estrella principal. Es lo que la hace tan identificable pese a ser un circuito pequeño –señaló, apuntando hacia el cielo y dibujando las estrellas que eran visibles pese a los débiles rayos solares que todavía pintaban el cielo. Sabía que siempre le había gustado escucharlo hablar sobre astronomía. El hombre respiró hondo, siguiendo el movimiento de su dedo y también perdiéndose en el cielo nocturno–. En la antigüedad, las bodas y los nacimientos se planeaban conforme al mapa del cosmos. Se creía que la alineación de los planetas y las estrellas que fueran visibles tendrían influencia en las relaciones y la vida de las personas. El día que nos comprometimos hubo tormenta y no pude ver las estrellas, pero cuando nos casamos era visible venus, el planeta de la diosa del amor. También brillaba Orion, la constelación más antigua documentada por el hombre. Pensé que eran muy buenos augurios –Draco aguardó por segundos, hasta que se convirtieron en minutos, pero no obtuvo respuesta alguna. Los ojos esmeraldas estaban ausentes contemplando el firmamento, haciéndolo cuestionarse en qué momento se había abstraído y si es que realmente escuchó algo de todo lo que había dicho. Por supuesto que había sido ingenuo de su parte pensar que un poco de cháchara sobre astronomía los acercaría luego de tantos años, cuando había heridas que apenas empezaban a sanar. No debía subestimar su situación, pero tampoco rendirse o claudicar tan pronto. Si era necesario, iba a…
-Nunca lo habías dicho.
-¿No? Supongo que lo había guardado solo para mí –Harry respiró hondo, finalmente apartando la mirada del cielo para darle un concienzudo escrutinio.
-¿Podríamos… retomar el camino? Me empieza a arder la cara y prometiste darme algo de poción.
-Seguro –convino, sonriéndole afectado. No podía culparlo por no responder del todo a sus avances, era lo esperado. Pero tampoco estaba siendo desalentado, y eso era suficiente para aferrarse a la esperanza cual navegante que atisba un resquicio de tierra luego de meses yendo a la deriva.
Notas finales: esa frase de "cuando ya has conocido al amor de tu vida" es probablemente de mis favoritas de todo el fic. Y qué decir de Draco en modo conquista, fue hermoso escribirlo, jaja. Además, pasa algo curioso y es que este es uno de los pocos caps que recuerdo el día exacto en que lo escribí. Fue el 18 de noviembre, mientras esperaba mi vuelo en el aeropuerto de Argentina. Era de madrugada y simplemente no podía parar de escribir. Fue una de esas veces en que las ideas vienen tan poderosas que incluso afectaron mi horario de sueño y mis días de vacación, jaja. Anyway, muchas gracias por su apoyo y nos leemos el jueves que viene.
Allyselle.
