Disclamer: Todo pertenece a JK. Lo único que yo tengo es mil historias Drarry en mi cabeza y de vez en cuando una se escapa.


Capítulo 6. Cuarta fase: ...e inevitablemente se reconcilien. (Parte II)

«Deep inside I always knew

It was you, you and me, two hearts drawn together

Bound by destiny»

(Dentro de mí siempre lo supe

Eras tú, tú y yo, dos corazones unidos

Unidos por el destino)

-Will you still love me?, Chicago

Quería arrepentirse. Poder retractarse de todo lo que había dicho y de la forma en que había expuesto su corazón. Pero no podía hacerlo. No después de tantos años callando, después de tantos años mintiéndose a sí mismo y al hombre a su lado. Decirle a Harry que lo seguía amando… había sido lo más temerario y potencialmente desastroso que hiciera en mucho tiempo. Pero también un acto necesario, algo que les debía a ambos. Pese a que seguía aterrado, a que nunca había sido su estilo exponerse de esa forma y a que tenía todavía un par de asuntos pendientes. Fue esa la dosis de realidad que recibió después de un relajante masaje, cuando volvieron a la habitación para ducharse antes de la cena. Entonces encontró a una lechuza esperándolo y supo muy bien de quien era el mensaje. Trató de mantener una expresión impertérrita, pero fue consciente de la incisiva mirada que le dirigieron los ojos esmeraldas.

-Esto… si quieres ve a ducharte primero, tengo que encargarme de algo.

-Uhmm –fue su escueta respuesta, mientras lo veía dirigirse al ave y después a la mesa del hotel para conseguir algo de papel. No tenía idea de lo que decía la nota, pero independientemente de ello, sabía que tenía que enviar una respuesta. Esperó a que Harry estuviera en el cuarto de baño para desplegar la carta que acababa de recibir.

Estimado Draco,

Sé que no hace ni una semana que nos vimos y que dijiste que me escribirías al volver, pero debo suponer que tus tareas como padre lo han impedido, así que me tomo la libertad de escribir primero. Déjame empezar diciendo que deseo que hayas vuelto a salvo y que estés disfrutando de los días de dispersión que decidiste tomar. Yo sigo rodeado de torres de papeles que hablan de convenios, productos y mil responsabilidades más. Segundo, debo admitir que pienso mucho en ti, en lo sencillo que es hablar contigo y como siempre sabes qué decir. Y eso me lleva a… sé que quieres ser discreto, pero ha surgido la oportunidad de visitar Inglaterra el próximo mes, y me gustaría que tuviéramos esa cita en la ópera de la que hablamos. Estaré esperando verte de nuevo.

Tuyo, Ludwig.

-Mierda –exclamó, masajeándose la sien. Era peor de lo que esperaba. Si esa misiva hubiese llegado hacía un par de días, le habría ofrecido una respuesta tibia pero ligeramente entusiasta. En cambio, en ese instante… escuchó que el agua dejó de correr en la ducha, por lo que se apresuró a redactar su respuesta.

Ludwig,

Lamento no haberme comunicado antes como dije que lo haría. Tienes razón, en parte ha sido debido a mis tareas como padre. Sin embargo, creo que mereces mi honestidad. Y en ese sentido debo admitir que han pasado más cosas que… han sido inesperadas, pero también muy significativas e imposibles de ignorar. Por eso debo continuar esta carta ofreciéndote una disculpa. No creo poder acompañarte a la Ópera. Y aunque preferiría decir esto de frente, no es justo permitir que esperes por algo que no sucederá. Y debes intuir que no me refiero solo a esa cita. Realmente disfruté de tu compañía, pero no puedo ofrecerte lo que esperas de mí. Sabes que fui sincero sobre eso, pero ahora soy más consciente sobre ello. Gracias por haberme permitido conocerte mejor, y espero que podamos seguir trabajando juntos como hasta hoy. Cuídate.

Draco M.

-Lo siento, será un viaje largo –dijo con simpatía a la lechuza, lamentando no tener algo de comer que ofrecerle–. Vuelve con Lud –el ave graznó, llevándose con ella su insensible respuesta. Porque, aunque se había esforzado por expresarse con tacto, seguía siendo una misiva de rechazo. Sabía que podría haber sido menos directo, después de todo temía que Harry también lo rechazaría. Pero no era correcto. Conservar ese lazo con Ludwig como especie de plan de respaldo no era justo para nadie. Suspiró, finalmente doblando la carta recibida y levantándose para regresar a la habitación. Harry estaba en la cama, secándose el cabello. Era obvio que lo había estado observando mientras escribía en la terraza–. Debiste avisarme que habías terminado.

-Parecías ocupado.

-Trataré de ducharme rápido para que vayamos a cenar –comentó, yendo a escoger la ropa que usaría y empujando la carta hasta el fondo de su maleta.

-No hay prisa, el bufet cierra a las 10.

-Oh, pero es que… Hoy temprano hice una reservación en un bistró –reveló, comprendiendo hasta ese momento que no lo había comentado con él. Harry se detuvo en su labor por varios segundos, con esa mirada que indicaba que intentaba calibrar sus intenciones–. Quiero decir, sé que hemos compartido mucho tiempo juntos. Pero todavía no tenemos esa cena que le prometimos a Lily.

-Literalmente cenamos solos ayer.

-Lo sé, pero fue algo informal. Sabes que no estará conforme si le decimos eso.

-Claro, todo esto es por Lily –puntualizó, con un medio resoplido que resultó muy curioso.

-Podemos fingir que sí –contestó osadamente, notando con satisfacción que los ojos esmeraldas lo observaban centelleantes–. Como sea, salgo en un rato. Espero que hayas empacado algo de ropa formal, sino tienes tiempo para aparecer algo apropiado.

-Me las arreglaré –Draco sonrió ante ese comentario aparentemente despreocupado, tomando lo que había sacado de su maleta y dirigiéndose hacia el cuarto de baño.

Lucir atractivo era algo que podría allanarle el camino, pero tendría que esforzarse en otros frentes. Debía decirle a Harry sobre el contenido de su misiva, para que comprendiera que sus intenciones eran auténticas y que sus palabras no habían sido simple emoción del momento. No sería una tarea fácil. Se enfrentaba a una barrera reforzada durante años. El escudo que Harry había puesto entre ambos luego de haber sido echado a un lado sin compasión. Comprendía con certeza que tomaría más que una cena para demostrarle que estaba listo para entregarse a él y amarlo tal como había dicho. Qué decir, era probable que tuviera que esperar mucho tiempo antes de que le permitiera acercarse lo suficiente, pero estaba dispuesto a hacerlo. Mientras esos remanentes del vínculo siguieran vivos, él tendría razones para luchar. No iba a renunciar a Harry, era una verdad que ahora abrazaba con determinación. Así le tomara un año o diez, no iba a contenerse para demostrarle su amor, para transmitirle que estar juntos era el único desenlace posible para ambos.

Por ello se esforzó después de haberse duchado, secándose el cabello con un hechizo y dejándolo suelto sobre sus hombros. Escogió un pantalón blanco que le quedaba muy bien y que combinaba a la perfección con su camisa azul cobalto. Era un estilo un poco cursi para un paisaje marino, pero sabía que jugaría a su favor.

Efectivamente, se felicitó por ello cuando volvió a la habitación y fue objeto de una prolongada mirada de parte de su futuro ex-exesposo. Y aunque se propuso ser discreto, tampoco fue inmune ante la permanente apariencia relajada pero encantadora del hombre. Se preguntó ociosamente si en algún momento había dejado de parecerle tan atractivo. Supuso que no. Solo se había esforzado por desviar la mirada, porque si se permitía verlo más allá de lo necesario, terminaría mezclándole las ideas. Justo como le estaba sucediendo en ese mismo instante.

-Veo que estás listo.

-Después de tanto tiempo, sé muy bien que no hay que hacerte esperar –bromeó, mostrándole una sonrisa perfectamente impertinente y cercana. Cómo le encantaba.

-Es cierto. Aunque no me importa esperar si se trata de ti –su atrevido comentario le costó varios segundos de concienzudo escrutinio.

-Creo recordar algo muy diferente.

-Bueno, es una verdad ahora.

-Tendré que poner eso a prueba.

-Adelante, estaré encantado de mostrarte que lo que digo es cierto –Harry meneó la cabeza, todavía con ese gesto de estar ponderando cada una de sus palabras. Sonrió afectado, conteniendo el deseo de ofrecerle su mano y señalando hacia la puerta–. Vamos, no hay que perder más tiempo –el moreno respondió con una sonrisa irónica, pero atendió a su instrucción, sosteniéndole la puerta para que saliera y poder seguirlo. El perfecto caballero gryffindoriano del que se había enamorado hacía tantos años.


-Puedes preguntar –indicó, en cuanto estuvieron ubicados en la terraza que había reservado para su cita… eh, cena. Harry conservó su atención en el menú.

-¿Preguntar qué?

-Sobre la carta que recibí.

-¿Por qué tendría que preguntar sobre eso? –El aparentemente desalmado comentario fue como un certero golpe a su ego y a lo que esperaba conseguir. Algo debió transmitirle, porque el hombre suspiró, alzando la mirada y suavizando el tono–. Quiero decir, hace mucho que no nos preguntamos ese tipo de cosas.

-¿Dices que no te interesa?

-No, no fue lo que dije –replicó sin titubear.

-Yo… –Se debatió sobre decirle que Ludwig visitaría Inglaterra pronto u ofrecer una versión más resumida de su intercambio de correspondencia, pero decidió centrarse en lo importante–. Le dejé claro que en adelante solo podemos ser colegas, porque no me siento de la misma forma que él para tener algo más.

-Un tanto insensible hacerlo por carta, ¿no? –Apuntó, con tal sequedad que podría haber estado hablando del clima. Trató de esconder su decepción mientras asentía.

-Creí que era importante hacerlo lo más pronto posible.

-Uhmm.

-Harry…

-Oye, ¿ordenarías por mí? No sé si me dieron el menú equivocado, pero está en francés –indicó, por lo que dio un vistazo rápido al suyo, notando que efectivamente la mayor parte de los platillos carecía de una traducción.

-Claro. ¿Te apetece algo en particular?

-No, lo dejo en tus manos –afirmó. Draco se tomó su tiempo para leer la carta y escoger un par de platillos que pudieran compartir. Cuando el mesero llegó por su orden, también pidió un vino dulce que pudiera acompañarlos en una cena que empezaba a sentirse un poco tensa. Quizás había sido su error mencionar a Ludwig. Tal vez lo estaba presionando de alguna forma. Como fuera, no era eso lo que quería proyectar. Al contrario, necesitaba transmitirle que no le estaba pidiendo una respuesta inmediata. Le bastaba con que le permitiera quedarse a su lado.

-¿Estás cansado? –Fue lo que salió de sus labios, contemplando como Harry se quedaba ensimismado viendo hacia la playa bañada de luz de luna.

-Un poco. En parte son los efectos del masaje de hace rato.

-Oh, te dije que ayudaría.

-Sí, así fue.

-Harry… –Llamó, aunque él se limitó a contestar con una expresión interrogante–. ¿Hay algo que te esté molestando?

-No. Solo… pensaba en la última vez que tuvimos una cena de este tipo –Draco frunció el entrecejo, demorándose en ubicar ese recuerdo en su memoria. Hasta que… oh.

-Fue para tu cumpleaños, unos meses antes de… el accidente.

-Ajá. Recuerdo haber visto la vela sobre el pastel y pensar que no había nada que deseara, ya tenía todo cuanto quería –el rubio inhaló despacio, tratando (y fallando) de no imaginar cómo habría sido su siguiente cumpleaños. Estaba seguro de ni siquiera haberlo felicitado. Intentó buscar algo reconfortante o amable que decir, pero fue incapaz. De todas formas, el hombre siguió hablando, con la melancolía cada vez más evidente en sus ojos ausentes–. Creo que si eso sucediera hoy, habría un par de cosas que podría desear.

-¿Como cuáles? –Harry suspiró, volviendo a conectar con su mirada y sonriendo apesadumbrado.

-Supongo que puedes imaginar un par. Pero esa clase de deseos no se cumplen. La realidad es compleja, las personas cambian y hay cosas que son irreparables –el pinchazo doloroso en su pecho precedió a sus palabras, aunque no fue suficiente preparación para lo que diría–. Yo… quisiera ser ese joven aventurero que se lanzaba de cabeza al peligro sin medir del todo las consecuencias. Pero ya no puedo hacerlo. Y aunque te siga amando… no puedo entregarme y creer ciegamente que todo estará bien. No cuando me tomó tantos años recuperarme de lo que pasó.

El mesero escogió ese justo instante para volver a aparecer, cortando su valioso intercambio para servirles la comida y descorchar el vino. Draco le agradeció, como dictaba el protocolo, aunque estaba impaciente por quedarse a solas con Harry. Salvo que cuando eso sucedió, él forzó una sonrisa y lo distrajo preguntando sobre lo que había pedido, y bromeando al decir que jamás había aprendido a diferenciar un vino de otro, pero que apreciaba que hubiese tenido en cuenta su gusto por las cosas dulces. El rubio hizo su parte por participar en la conversación, como si no fuera consciente del dolor punzante en su pecho. Lo más desgarrador de todo, es que sabía que Harry tenía razón. Había hecho mucho daño. A ambos. Pedirle que volvieran era, indirectamente, pedirle ser vulnerable y arriesgarse una vez más con él. Si eso estuviera sucediendo al revés, habría ofrecido la misma respuesta. Se hubiera priorizado a sí mismo, a proteger su corazón y mantener la estabilidad conseguida con los años. Había demasiada incerteza, demasiados recuerdos dolorosos entre los dos. Sin embargo, le bastaba alzar la mirada para saber que no podía aceptar esa respuesta. ¿Qué fue lo que dijo Harry cuando hablaron de su separación?

No pude luchar por ti.

En ese entonces, había prevalecido la devastación y la aflicción por la pérdida que acababan de vivir. Era distinto en ese momento. Lo reconocía y usaría eso para persistir. Lucharía por los dos. Enmendaría el haberse rendido tan pronto y conseguiría que volviera a confiar en él. Aunque el precio fuera el tener que ser el primero en ser vulnerable y arriesgarlo todo.


-¿No quieres regresar a la habitación todavía? –Cuestionó, al notar que Draco se detenía algunos metros antes de entrar al resort.

-Es temprano. Y es nuestra última noche aquí, me gustaría disfrutar del paisaje. Tú… ¿Quisieras venir conmigo? –Ofreció, con una expresión aparentemente despreocupada. Pero sabía que no era así. De la misma forma que sabía que debía negarse, porque a cada minuto que pasaban juntos, se volvía más evidente la facilidad con que podía percibir sus emociones. Y eso no era correcto, en especial después de haberlo rechazado. No obstante, también estaba intrigado. Porque tras la apabullante angustia que trajo su respuesta, los remanentes del vínculo habían vuelto a sentirse… ¿cálidos? Como si Draco hubiese llegado a alguna especie de deliberación interna que transmitía seguridad y calma. Y aunque hubiese sido más apropiado dejarlo pasar e imponer distancia, una parte de él ansiaba saber por qué.

-Está bien –accedió, metiendo las manos en sus bolsillos e indicándole con la barbilla que lo seguía. Draco sonrió delicadamente, empezando a caminar hacia la sección de la playa donde estaban las tumbonas. Debido a la hora, la mayoría estaban desocupadas. Las blancas cortinas ondeaban con la brisa nocturna y las sábanas resultaban frías al tacto. Aun así, ocuparon la más lejana, que les permitía contemplar el suave oleaje que tornaba oscura la arena.

-Hay algo que no he podido dejar de pensar desde que venía en el tren. Y es algo que preguntó Lily hace unos días… ¿Desearías haber hecho algo distinto? –Harry suspiró, su hija realmente no había escatimado en esfuerzos para empujarlos a estar juntos de nuevo. Aunque solo Merlín podría haber previsto que eso funcionaría en Draco. Pese a que lo más probable era que no le hubiese dado una respuesta honesta a esa interrogante en particular. Sin embargo, el hombre lo sorprendió al añadir:- Seguro piensas que le di una evasiva o algo similar, pero lo cierto es que le contesté con honestidad.

-¿Cuál fue tu respuesta? –Indagó en voz suave, casi deseando que el rumor del viento le impidiera escucharlo.

-Que habría afrontado distinto los motivos de la separación –fue incapaz de contener una inhalación temblorosa, sintiendo que conseguía desarmarlo por milésima vez durante ese viaje–. Como es tu hija eso no le bastó y preguntó si alguna vez te había dicho eso, a lo que tuve que contestar que no. Entonces agregó que podría hacerte bien escucharlo, aunque no lo entendí de inmediato –sonrió por la osadía de Lily al enfrentar a su padre con ese tema en particular, aunque fue capaz de comprender su comentario. Y si debía ser honesto, sí le reconfortaba saberlo.

-Gracias por decirlo –Draco asintió, liberando una silenciosa bocanada antes de volver al ataque.

-También me gustaría confesar algo más. Y es que si ayer dije que casarme contigo fue la mejor decisión de mi vida… es justo que sepas que la peor fue alejarme de ti. Ahora parece que es algo que lamentaré por siempre.

-Draco…

-Pero aunque lo siga lamentando, también seguiré luchando –advirtió, con los ojos grises reflejando una férrea determinación que no dejaba espacio a dudas–. Porque no puedo aceptar dejar ir un amor que sigue vivo después de tanto sufrimiento, no puedo renunciar a ti. No mientras todavía pueda sentirte y peor aún, después de escucharte decir que todavía me amas.

-Lo que dije fue… –Intentó explicar con voz sofocada, pero Draco sonrió con entendimiento.

-Sé por qué lo dijiste y también sé que es mi culpa. Por eso debo decirte que no necesitas hacerlo. No creas ciegamente en mí, pero por favor dame la oportunidad de demostrarte todo el amor que siento por ti. Si después decides que aun así no me quieres a tu lado, te prometo que lo voy a respetar. Pero déjame luchar por ti, por nosotros.

-¿Sabes cuánto tiempo esperé para escucharte decir eso…? –Hasta que me resigné a que nunca pasaría, le hubiese gustado añadir. Pero sería una vil mentira. Porque su corazón golpeaba exaltado contra su pecho, como si finalmente hubiese sido liberado de lo que le impedía palpitar de esa manera.

-Lo lamento tanto –casi suspiró, con esa sonrisa dulce que siempre había sido su debilidad–. Puedes hacerme esperar cuanto quieras hasta que estemos a mano. Te aseguro que seré paciente y…

-Dioses, eres tan dramático –apuntó, riendo entre dientes.

-¡Lo digo en serio!

-Claro que lo sé. Pero eso no le quita el dramatismo.

-Oh, discúlpame por intentar ser romántico para ti –intentó quejarse, pero sus mejillas estaban completamente enrojecidas antes de terminar de hablar. Ah, ¿cómo es que siquiera pensó que sería capaz de rechazarlo seriamente?

-Aunque debo admitir que esta faceta de decir tus sentimientos es algo nuevo.

-Era lo menos que podía hacer –afirmó contundente. Harry sonrió, embebiéndose de su imagen a la luz de la luna. Las mejillas aún arreboladas, los ojos brillantes pese a que las lágrimas habían retrocedido, y el ligero mohín caprichoso en sus labios.

-Solo dejemos algo claro –estableció, tras aclararse la garganta.

-Dime.

-Sabes muy bien que esos términos grises en las relaciones no van conmigo. Como tú mismo dijiste cuando hablamos de eso, para mí es todo o nada.

-Estoy consciente de eso. Y elijo todo –aseguró, esbozando esa sonrisa cercana y entrañable que le desbarataba los pensamientos.

-Todo –repitió sin aliento, sosteniéndole la mirada para que entendiera la seriedad de lo que hablaban–. ¿Te das cuenta de lo que dices?

-Por supuesto.

-¿Entonces esperas que seamos… eh, novios? ¿A nuestra edad y con nuestro historial? –Draco pareció meditarlo por algunos segundos, hasta que volvió a contemplarlo con ese toque de picardía en su expresión.

-También puedes considerarme tu ex exesposo.

-Oh, Merlín –el hombre se echó a reír, tan hermoso y hechizante como el más tentador de sus sueños. Pero era real. Lo tenía frente a él, declarándole su amor y asegurándole que lucharía para que pudieran estar juntos. La tibieza en su pecho reafirmaba sus palabras y… una fría mano cubrió la suya con inusitada delicadeza, como si le diera ocasión a apartarse si así lo deseaba. Harry respiró despacio, dándole vuelta a su mano y permitiéndole enlazar los dedos con los suyos. Era un acto tan simple e inocente, pero al mismo tiempo tan significativo.

-¿Quiere decir que aceptas? ¿Me permitirás cortejarte?

-Ah, ¿así que vas a cortejarme?

-Por supuesto. Habrá flores, notas de amor, citas a la luz de la luna, muchos más viajes juntos, baile lento y… –Draco se acalló cuando se inclinó más cerca de él, dejando reposar la frente contra su hombro. Soltó su mano en ese instante, pero no se lo reclamó porque lo siguiente que hizo fue rodearlo con sus brazos. Contrario a la última vez que compartieron un gesto de ese tipo, en esa noche no había aflicción, pena ni desconsuelo. En su lugar, podía percibir seguridad, anhelo, esperanza y nada más que calidez. Había extrañado tanto el poder abandonarse en sus brazos, solo olvidarse del mundo por un rato–. Creo que siempre te voy a amar –murmuró contra su cabello, suspirando hondo y apretando el abrazo–. Y a partir de hoy pienso demostrarlo cada día de mi vida.

-¿No crees que es mucho compromiso? –Bromeó, provocando una risa que le alborotó los cabellos.

-No se siente así cuando es lo que tu corazón más anhela.

-Joder, se vuelve difícil mantenerme ecuanime cuando dices cosas así.

-Sabes que nunca me he caracterizado por ponerte las cosas fáciles.

-¿Y aun así me casé contigo? –Ironizó, recordando una conversación similar.

-Y volverás a hacerlo –Harry se incorporó de inmediato tras ese comentario. Draco no lucía arrepentido. No, de hecho, parecía orgulloso por su impactada reacción–. No me mires así, dije que elegía todo, ¿no?

-Sí, pero… –En esa ocasión fue el rubio quien se inclinó más cerca, juntando sus frentes y hablándole en susurros.

-¿Debería esperar más tiempo para hacer declaraciones tan escandalosas?

-Uhmm –Harry cerró los ojos, pero tras algunos segundos Draco volvió a alejarse.

-Todavía no respondes.

-¿Qué?

-¿Me permitirás quedarme a tu lado y entregarte todo el amor que siento por ti?

-Creí que la respuesta era obvia.

-Me gustaría escucharla –insistió. Harry trató de verlo con censura, pero sabía que sus ojos debían estar transmitiendo algo muy diferente, a juzgar por la sonrisa de su acompañante.

-Sí, quiero intentarlo.


-Ven –insistió Draco, tendiéndole la mano con elegancia.

-Dije que no.

-Harry –pronunció su nombre con tal cadencia y naturalidad que supo que estaba peligrosamente cerca de ceder.

-¿Por qué, de todas las cosas que dijiste que haríamos juntos, tiene que ser esta la primera? –Indagó, manteniéndose renuente un poco más. Draco no vaciló, con su mano aún extendida y una sonrisa cómplice.

-Porque sé que te gusta. Y no sé cuando volveremos a tener una oportunidad así.

-Mmm.

-¿Por favor? –Harry resopló, pero como parecía ser su destino, terminó aceptando su mano.

El rubio lo acercó con un fluido movimiento, rodeándolo con su brazo y guiandolo en un suave vaivén como había hecho tantas veces en el pasado. Y como cada vez, se rindió por completo, apoyándose contra él y dejándose envolver por su calor. De alguna forma, era como si el tiempo no hubiese pasado en absoluto. Recordaba a la perfección cada contorno de su cuerpo, el ritmo de su respiración, la manera en que tarareaba o cantaba partes de la canción. No lo haría al azar, siempre escogería alguna frase especial. Como en ese instante, cuando murmuró contra su oreja una pregunta que era imposible que pasara desapercibida.

¿Me seguirás amando por el resto de mi vida?

Harry suspiró, dejándose embriagar por esa aura de cercanía y felicidad que alguna vez pensó que jamás volvería a experimentar. Era muy conocido, pero no podía ignorar el hecho del tiempo que había transcurrido desde la última vez que bailaron así. Draco había pasado años sin sonreír, Harry pasó mucho tiempo sin siquiera poder verlo a los ojos. Por no mencionar lo desgarrador que fue tener que volver a Grimmauld Place después de más de una década viviendo en una casa llena de gritos infantiles, olor a comida recién hecha y flores frescas en el comedor.

-Lo siento tanto… –No fue consciente de que estaba llorando hasta que lo escuchó decir eso. La música seguía sonando, pero el rubio los detuvo para estrecharlo muy fuerte contra su pecho–. Perdóname, Harry… –Le hubiese gustado tener la oportunidad de negar los motivos tras su llanto, pero se volvía imposible con los remanentes del vínculo. Aun así, se esforzó para formar las palabras que necesitaba decir:

-No… no quiero que te pases la vida disculpándote.

-Debería. Por cada lágrima que derramaste y por cada día que te mantuve lejos de mí.

-Tampoco es que lleve la cuenta –Draco rió entrecortado, todavía acariciando su espalda y estampando un dulce beso en su coronilla.

-No cabe duda de que sigues siendo mejor persona que yo.

-No se trata de eso.

-¿Entonces?

-No tenía caso guardarte rencor, cuando sentía que merecía que… –El rubio se alejó bruscamente de él, interrumpiéndolo. Se alarmó por algunos segundos, hasta que tomó su rostro con suavidad reverente, sus ojos brillantes pero vehementes.

-Jamás vuelvas a decirlo, por favor. No merecías nada de eso, ni cómo te hice sentir ni cómo te traté. Soy yo… Soy yo quien no merece que me sigas amando después de todo lo que te hice pasar.

-No fui el único que la pasó mal, ¿no? –Recordó en voz baja, cerrando los ojos un instante cuando él acarició sus mejillas para limpiarle las lágrimas.

-Sabes que no.

-Así que no tiene caso buscar culpables.

-Mi Harry, sigues siendo tan malditamente considerado como siempre –se echó a reír ante semejante comentario, aunque también fue muy consciente del agradable escalofrío que le provocó escucharlo refiriéndose a él de manera tan cariñosa.

-Supongo que… una parte de mí todavía no puede creer que esto sea posible –admitió. La tibia esperanza que había mantenido por años no lo preparó para lo devastador que sería, para la avalancha de recuerdos y emociones que tenía su cabeza embotada. La expresión de Draco se tornó contundente.

-Oh, pero lo es. Seguiré convenciéndote de bailar conmigo aunque te avergüence y te abrazaré muy fuerte cada vez que los malos recuerdos te invadan –aseguró–. Ocho años te parecerán una tontería cuando tengamos ochenta y tengas que seguir aguantándome –Harry rió, dudando seriamente que algún día llegara a cansarse de él.

-Merlín, no sé si podré seguir soportando esta nueva faceta tuya –fingió quejarse, aunque no podía dejar de sonreír.

-Te encanta –denegó, sonriendo en una letal mezcla de dulzura y coquetería.

-Tú me encantas –murmuró, aprovechando su posición para ladear el rostro y darle un suave beso en la palma de la mano. Supo que había conseguido su cometido por la forma en que sus ojos se oscurecieron y su nariz se volvió escarlata.

-Demonios. ¿Cómo puedes afectarme así después de tanto tiempo?

-Podría acusarte de lo mismo. Después de todo, te has pasado todo el jodido viaje provocándome con tu estúpidamente perfecto cabello largo –Draco se regodeó de sus proezas con una carcajada, alejándose un paso para pasar una mano entre sus infames mechones rubios.

-Oh, pero fuiste tú quién inició, querido. Quitándote la camisa en cuanto tuviste oportunidad y presentándote ante mí escurriendo agua.

-¿Disculpa? ¡Eso no fue premeditado de ninguna manera! –Se defendió, aunque una sonrisa se instaló en su rostro al saber que no había sido el único pensando que no sobreviviría a ese viaje–. En cambio, tú con tus comentarios ambiguos y diciendo que no sería un problema dormir juntos –pinchó, aunque debió saber que no traería nada bueno recordarle eso en particular.

-Debo admitir que esta mañana estaba decepcionado –compartió, con un estudiado gesto desilusionado–. No solo fue verdad que no me sedujiste durante la noche, te atreviste a dejarme solo a merced del frío –acusó, con un mohín desamparado muy convincente.

-Pudiste haber hecho el primer movimiento.

-Mmm no. Ambos sabemos que me habrías rechazado –Harry se mordió el interior del labio, sin estar tan seguro de esa aseveración. La imagen de Draco acercándose en medio de la noche era algo demasiado tentador. Aunque probablemente se habría arrepentido al amanecer–. Primero debía ser la confesión de amor y luego la seducción.

-¿Así que estoy a punto de ser doblegado por tus encantos? –Cuestionó. Un tipo de calor muy distinto empezando a transitar por sus venas, en especial cuando el rubio se relamió los labios.

-La verdad, no creo que eso sea muy caballeroso de mi parte. Podrías pensar que mi apasionada confesión tenía un sórdido trasfondo, o que… –Pero no le dio oportunidad a seguir exponiendo esos hipotéticos escenarios.

Siempre le había gustado callarlo con un beso. Lo había hecho innumerables veces, aunque jamás durante una discusión seria. No, usualmente sería cuando estuviera metiéndose con él, tratando de convencerlo de algo o haciendo la lista del supermercado. Draco le devolvería el beso algunos segundos y luego lo empujaría, quejándose por su descortesía y siguiendo con su argumento. No fue así esa vez. Sus labios estaban resecos por la brisa marina, pero su boca seguía siendo tan cálida y demandante como lo recordaba. Soltó un leve suspiro y se rindió por completo, dejando de sostenerle el rostro para enredar los dedos en sus mechones oscuros. Su forma de aferrarlo era amable pero firme, transmitiendo lo entregado que estaba al momento. Los sonidos que dejaba escapar entre beso y beso iban desde lo dulce hasta lo obsceno, en especial cuando su mente quedó totalmente nublada por su arrebato y sus manos se movieron por voluntad propia. Draco dejó de besarlo cuando usó el agarre en su trasero para empujarlo más cerca. Si tuviera que describirlo de alguna forma, diría que los remanentes del vínculo habían enloquecido, actuando sobre ambos para amplificar las sensaciones, consiguiendo que cada roce fuera devastador.

-Dioses, tú… –Gimió el rubio, apretando sus hombros mientras Harry acariciaba su pálido cuello con la nariz–. Recuerda que… soy un hombre mayor, no puedes… Ay, joder, sí –se contradijo, rugiendo en aprobación cuando empezó a ascender con un reguero de besos húmedos desde la base de su cuello.

-Para ser un hombre mayor, sigues siendo muy sensible –bromeó, su voz tan ronca que sonó como un ronroneo.

-Idiota presumido –Harry se echó a reir, tomando una necesitada bocanada mientras imponía suficiente distancia para verlo a los ojos. Draco tenía los labios sonrosados y muy húmedos, su pecho subiendo y bajando en erráticas bocanadas. Su vidriosa mirada apasionada le indicó que ninguno de los dos sobreviviría esa noche. Y por primera vez eso no le pareció un problema.

-Nunca eres tan hermoso como cuando pierdes el control –informó, acariciando posesivamente su trasero sobre la ligera tela del pantalón. El hombre inhaló tembloroso, con los labios entreabiertos. Era la personificación de la invitación a la lujuria. La más prohibida de sus fantasías llegando gustosa a desquiciarlo.

-Y tú nunca eres tan hablador como cuando sabes que no te puedo dar una respuesta coherente –sonrió, volviendo a colocar ambas manos en su cintura y dándole un poco más de espacio. Después de todo, no era necesario apresurarse. Tenían el resto de la noche y el día siguiente solo para ambos. Sin embargo, Draco debía pensar diferente, porque respondió con un mohín y atrayéndolo de regreso–. ¿A dónde crees que vas?

-Oh, ¿así que ya no tengo permitido estar a más de un palmo de distancia de ti?

-Qué bien que lo entiendas –susurró, volviendo a capturar su labios. Fue muy distinto a su arrebato anterior, donde se dejaron llevar por la premura y descargaron años de separación. Lo besó con calma, con adoración y ternura; succionando su labio inferior y rozando su lengua con sensualidad. Maldita sea, que el mundo podría consumirse y él no se daría cuenta mientras lo siguiera besando de esa manera–. ¿Sería imprudente si…? –Inició, dejando la pregunta a medias con un suspiro.

-No, no lo sería.

-¿Por qué crees que sabes lo que iba a preguntar? –Cuestionó con una sonrisa, pese a que sus ojos brillaban con una emoción muy densa.

-Porque todavía reconozco tu forma de mirarme cuando quieres hacer el amor –Draco intentó bufar, pero terminó emitiendo algo más parecido a una exhalación entrecortada.

-Maldito engreído –acusó, aunque sin llegar a negarlo.

-¿Cómo quieres empezar? –Susurró contra sus labios, sintiéndolo temblar de anticipación. Siempre le habia fascinado esa faceta de su relación. A veces dominando al otro con total intención, a veces cediendo el control con abandono. Supuso que sería como el segundo escenario cuando lo escuchó responder:

-Necesito sentirte –suplicó, esparciendo besos desordenados en su mandíbula que le indicaban que estaba perdido–. No tienes idea de cuánto tiempo llevo deseándote.

-Joder, Draco –gimió cuando le dio un ligero mordisco en el lóbulo de la oreja.

-Eso es, que mi nombre sea lo único en tus labios. Recuérdame que jamás dejaré de ser tuyo –no estaba seguro de si eso se podía catalogar como una petición o una orden, pero no se detuvo a analizarlo. No podía distraerse con nimios detalles cuando tenía al hombre que amaba haciéndole una oferta tan tentadora.

Lo que había empezado como un ramalazo de fuego muy pronto se convirtió en un maldito infierno del que supo que no podría escapar. Menos mal que no quería hacerlo. Al contrario, quería quedarse ahí por siempre. Quería seguir acallando sus jadeos con la boca, quería ser quien descubriera sus zonas más sensibles una y otra vez, quería sonrojar su piel a fuerza de besos y palabras de amor dichas sin aliento mientras adoraba su cuerpo. Jamás se cansaría de la forma en que Draco se aferraba a él, de sus sonidos necesitados y peticiones descaradas cuando se dejaba llevar por la pasión del momento. Anhelaba fervientemente más noches así, en que pudieran compartir una plática ligera, pero también palabras de afecto y besos ansiosos mientras se perdían en el calor del otro. Porque no había espacio para dudas cuando decía su nombre con la voz sofocada, cuando repetía que lo amaba, con el rostro sonrojado y las uñas clavándose en su espalda. Su amado rubio tenía razón, no necesitaba creer ciegamente en él. Iba a creer en lo que podía ver, en lo que sentía con cada roce de piel, en cada respiración entrecortada e incluso en sus palabras incoherentes. Porque nunca el placer carnal se había sentido tan correcto y devastador como cuando estaba con Draco. Y es que no se trataba de mera satisfacción, era la materialización de aquello que los consumía y que al parecer los uniría por el resto de sus vidas. Algo mucho más primitivo, intrínseco y entrañable. Aquello que Draco había prometido atesorar y que él había temido nombrar durante tanto tiempo, pero que estaba más vivo que nunca. Y ambos se dejaron arrasar por completo, entregando tanto como su corazón les exigía. Recibiendo con deleite y codicia lo que las circunstancias y ellos mismos se negaron durante todos esos años.

Durante algún punto de la velada llegó a la conclusión de que el tiempo había dejado de importar. Tanto el pasado como el presente. No se podía permitir divagar sobre el pasado mientras recuperaba el aliento, y muy poco le importaba si la noche daba paso al día cuando toda su atención estaba centrada en los cabellos rubios que enmarcaban el extasiado rostro del hombre al que amaba. Había esperado demasiado por ello, incluso sin saber que lo hacía. Pero una nueva certeza se perfilaba cada vez con más claridad en su embotada cabeza, y es que no tendría que contenerse más. No tendría que volver a apartar la mirada, tratar de evadir sus propios pensamientos, o fingir que no le importaba si Draco salía con alguien. No, a partir de esa noche podía escribirle cuando le diera la maldita gana, podía perderse mirándolo sin sentirse culpable por ello y abrazarlo sin detenerse a pensar si eso podría ser malinterpretado. Podría hablar en susurros con él hasta que el sueño derribara a alguno de los dos, podría peinar con los dedos su ridículo cabello largo y besar esa estúpida sonrisa tan contagiosa que ponía después de hacer el amor. Es más, podía incluso dejarse abrazar sabiendo que seguiría ahí cuando despertara. Probablemente se quejaría sobre ser un hombre mayor que había sido explotado durante la noche y que necesitaría de sus mimos durante el resto del día. Y él lo haría encantado porque lo amaba y tenía el cerebro rebosante de endorfinas.

-¿Se puede saber en qué piensas? –Dijo el motivo de sus divagaciones al cabo de un rato.

-Nada en particular.

-¿En serio? ¿Acabas de dejarme destrozado e inservible por un par de días y no piensas en nada? –Rió al enfrentar su predecible dramatismo, dejando de usar su pecho como almohada para poder mirarlo a los ojos.

-Oh, así que empezarás desde ya con tu puesta en escena.

-No es una puesta en escena. No te quitaste de encima hasta que salió el sol.

-¿Disculpa? Según recuerdo, también te tuve encima por un buen rato. Y parecías muy entusiasta y enérgico –Draco esbozó una lenta sonrisa satisfecha que muy pronto había vuelto a ser su perdición.

-Te encantó, no te quejes.

-No es queja, solo probaba mi punto.

-No sé qué es más increíble –comentó, acariciándole el cabello con cariño–. Que realmente me tuvieras despierto toda la noche, o que sigas teniendo la maldita resistencia para hacerlo –Harry rió, esos comentarios nunca estaban de más para mantener sano a su ego.

-Te dije que seguimos siendo jóvenes. Y que como sangre pura siempre has sido más debilucho –recibió con una sonrisa una débil palmada reprobatoria, contemplando con adoración como los ojos se le estaban cerrando pese a que hacía esfuerzos por seguir hablando con él.

-Ahora que lo pienso… Tu cumpleaños se acerca.

-Uhmm. Así es.

-Si no tuvieras hijos, podríamos celebrarlo juntos. Solo los dos, en alguna cabaña lejana donde podamos bañarnos desnudos y hacer el amor frente a la chimenea sin temor a que algún advenedizo nos descubra –sabía que Draco estaba en el punto de sueño que lo ponía a decir esas cosas, pero fue inevitable desear que eso se hiciera realidad en algún momento. Aunque también rió suave, apuntando:

-Primero, recuerda que mis hijos también son los tuyos. Segundo… ya no son unos niños. Seguro podemos dejarlos un rato y hacer todo eso que propones.

-Uhmm –la mención a sus hijos le hizo notar que tendrían que discutir la forma en que les darían la noticia de su reconciliación, pero las pestañas rubias no habían vuelto a elevarse y su acompasada respiración le indicó que su amante se había dejado vencer por el sueño. La visión del hombre tan pacifico y cómodo entre sus brazos lo hizo sonreír, volviéndolo consciente de su propio cansancio. Qué más daba, bien podían dormir hasta mediodía y luego acordar ese tipo de detalles. Por eso también cerró los ojos, cayendo sin dificultad en un sueño reparador.


Notas finales: si hubiera tenido en mente hacer más caps, probablemente no habría escrito tan pronto la reconciliación, pero esto fue planeado como un fic corto, y aun así me parece que funcionó muy bien. La determinación de Draco fue lo que Harry necesitaba, y definitivamente es de mis escenas favoritas. Draco en mood "seguro querrá esperar" y Harry en mood "grrr" jajaja. Espero que hayan disfrutado el cap, y será hasta la siguiente entrega.

Allyselle.