Mitsuha caminaba en silencio a paso apresurado de la mano de Taki, alejándose del edificio de su trabajo. Taki le seguía el paso, aún algo mareado por todo el incidente anterior, pero en especial por el inesperado y apasionado beso que Mitsuha le acababa de dar en frente de sus compañeras de trabajo.

Mitsuha sin pensarlo había tomado la misma ruta que habían seguido el viernes de la semana pasada, cuando ellos escapaban de los guardias del edificio.

Taki había ido caminando casi en piloto automático siguiéndola, pero al reconocer el lugar por donde iban sintió un fuerte déjà vu.

—Mitsuha… ¿estás bien? ¿De qué vamos escapando esta vez? —preguntó Taki, intentando recomponerse.

La chica bajó el ritmo del paso hasta detenerse, se giró hacia Taki y lo miró directo a los ojos.

—¿Es verdad que fueron ellas las que se te acercaron?

—Sí, así fue. Y me asustaron mucho, pues me preguntaron si esperaba a alguien, luego me llamaron por mi nombre, me dijeron que te conocían y que tú les habías contado de mí ¿Qué les dijiste? ¿Les contaste algo… de nuestro pasado?

Mitsuha se tapó la cara en confusión, entre avergonzada y molesta, todo en uno.

—Aggh, ¡a esa Jessica la voy a matar!

—Espera… ¿esas mujeres eran de verdad tus amigas?

—No… o sea, una de ellas, Kana-san, la de pelo negro, ella es compañera de mi área, es ejecutiva como yo. Jessica-san, la rubia extrajera, es amiga de ella, no es mi amiga…

—Entonces ustedes no son amigas —repitió Taki sintiéndose aliviado de haberse alejado de ese lugar.

—Bueno, a Kana-san la conozco y nos llevamos bien. Ella se junta con Jessica, suelen salir todas las semanas a algún lugar después del trabajo. A Jessica solo la había visto de lejos, pero hoy ellas me hablaron en la oficina, cuando yo estaba esperando saber de ti y estaba preocupada, y Jessica llegó con un chisme, ¡acerca de nosotros!

—¿Cómo? Te vino a contar un chisme a ti… ¿acerca de ti? Eso no tiene mucho sentido ¿sabes?

—Es que ella no sabía que era yo. Ella es secretaria de la oficina de gerencia, y ¡me contó la historia de una chica loca de la empresa que estaba secuestrada y que vino a la oficina el fin de semana con su novio yakuza!

A Taki le tomó un segundo entender de qué estaba hablando Mitsuha, y luego estalló en risa.

—¿Qué? ¿Ahora eres una chica loca? —dijo Taki riendo.

Mitsuha levanto la cabeza y miró enojada a Taki. Esperaba que él se enojara o incomodara con ser acusado de pandillero, pero no que comenzara a reírse de ella.

—Claro, para ti es fácil reír porque no tienes que ir ahí todos los días. ¡Somos el comidillo de la oficina! Y no me había dado cuenta hasta ahora —dijo Mitsuha soltando la mano de Taki y cruzándose de brazos, mirando hacia un costado molesta.

—Ya, eso está mal, lo sé —dijo Taki poniendo una mano en el hombro de la chica—. Pero solo tu jefa o los guardias lo saben, que somos tú y yo. Para los demás es solo un rumor anónimo, así que estamos seguros ¿verdad?

Mitsuha miró a Taki sintiéndose como una tonta. Era cierto, antes Jessica no lo sabía, y no lo hubiera descubierto si no fuera porque ella misma lo había revelado.

—Yo… me enojé porque dijeron que eras un delincuente, un yakuza… y te quise defender, y les dije que habíamos sido nosotros pero que todo estaba bien… —dijo Mitsuha mirando a Taki con ojos de pánico—. ¡Pero ahora lo va a saber toda la oficina!

Taki abrió la boca para responder, pero quedó en blanco, sin poder decir nada.

—¡Ahora no podré volver a la oficina! —continuó Mitsuha—. Todos… todos… me van a criticar, van a hablar mal de mí a mis espaldas…

Mitsuha se puso a mirar el suelo, con la vista perdida, mientras trataba de abrazarse a sí misma…

—No, eso... ¡eso no va a pasar! —dijo Taki. Se acercó a Mitsuha y la tomo por los hombros.

Ella lo miró asustada. Un segundo después Taki la abrazó con fuerza.

—Ya no estás sola. Y pase lo que pase, digan lo que digan, tú sabes… nosotros sabemos que lo que hicimos estuvo bien ¿Acaso tu propia jefa no nos dijo eso? Esa es la verdad, y eso es lo que tienes que recordar.

Taki se separó un poco de Mitsuha y tomo su cara con ambas manos. La chica lo miró atemorizada aún, intentando recomponerse.

—Recuerda que hemos pasado por cosas aún más difíciles —continuó Taki—. Y las superamos. ¡Las superaste, Mitsuha! No dejes que las habladurías de la gente te arruinen la vida. En Itomori eras apenas una chiquilla, y yo hice lo que pude por ponerlos en su lugar. Pero ahora ya eres una mujer, una… una gran mujer, y siento que ahora tú puedes enfrentar eso y mucho más ¿Puedo contar contigo, que lo harás?

Mitsuha cerró los ojos y tomó una de las manos de Taki con las suyas, y comenzó a frotar su cara en ella.

—Ah, Taki, tú… tú… tú no sabes muchas cosas que he pasado, donde fui débil, donde flaqueé. Pero ahora, contigo, siento que sí puedo…

Mitsuha sintió que la presión que hacía Taki con sus manos en su cara cedió. Abrió los ojos apenas para ver cómo Taki se había acercado a su cara y le dio un bran beso en la boca, por largos segundos.

Cuando se separaron, Mitsuha sintió como que todo era diferente. Como si estuviera sobre nubes.

—Yo también siento lo mismo —dijo Taki, sonriendo.

Ambos comenzaron a reír, y se abrazaron.

—Oye, deberíamos dejar de hacer estas cosas en la calle —dijo Mitsuha, de pronto siendo consciente de dónde estaban y qué estaban haciendo.

—Eh, entonces… ¿qué pasa entonces con el beso que me diste tú recién, frente a tu oficina? —dijo Taki, riendo—. ¿Es que estabas… celosa?

Mitsuha se empujó un poco separándose de él.

—Yo… ¡no fue eso! —protestó Mitsuha.

—Pero ¡cuando te vi acercarte echabas chispas por los ojos! Creo que hasta asustaste a tus colegas.

—Es que cuando te vi, y ellas estaban ahí contigo, yo no pude, yo no quería… —Mitsuha, se envaró, sin saber cómo continuar.

—¿No querías… que me fuera a ir con ellas? De hecho, esa rubia es, uhm, bastante osada. Me estaba invitando a beber con ellas.

Mitsuha sintió como la sola idea le comenzó a hacer hervir la sangre.

—Tú… tú… no estarías pensando irte con ellas ¿verdad? —dijo Mitsuha sintiendo una rabia que no conocía subir por sus entrañas.

—¡No! ¿Cómo puedes pensar eso? —dijo Taki, mirando a la chica con ternura—. Me sentí aliviado de verte llegar, aunque tu cara no era para nada de buenos amigos…

Mitsuha se acercó a Taki, y se apoyó sus dos brazos en su pecho, con las manos en puño, golpeándolo con suavidad.

—Yo… yo no quiero… que te alejes. Perdóname si soy egoísta, pero… —Mitsuha no pudo mirar hacia Taki, sintiendo que se sonrojaba—. Te quiero… solo para mí.

Taki tomó a la chica por la nuca y le dio un suave beso en la frente, y luego la abrazó.

—Yo tampoco me voy a alejar, ni dejarte sola. Ahora que te encontré, estaría loco si lo hiciera.

—¿Lo prometes?

—Lo prometo.

Siguieron así abrazados, por incontables segundos, en donde Mitsuha sintió que su mente se perdía en la tibieza del cuerpo de Taki, pero de pronto Taki reaccionó y la alejó con cuidado de él.

—Eh, Mitsuha, creo que deberíamos irnos, se nos hace tarde…

—¿Ah? —dijo Mitsuha en forma remolona, haciendo un puchero al perder de pronto el abrazo de Taki—. ¿Por qué…?

—Porque tenemos que llegar a un lugar al que quiero llevarte, y cerrarán si nos demoramos más.

—Oh… ¡es cierto! —dijo Mitsuha, recordando que Taki le había prometido llevarla a un lugar especial esa tarde—. Pero ¿dónde es?

—Shhhh, es una sorpresa —le respondió Taki guiñándole un ojo sonriendo. La tomó de la mano y se puso a caminar—. Sigamos, estamos justo a medio camino de la estación.

Mitsuha comenzó a caminar detrás de Taki, tomada de su mano. Era cálida y grande, y sentía como la fuerza del chico se transmitía a su propia mano, más pequeña y más débil. Y de pronto, al verlo por la espalda, le trajo una sensación de añoranza. Como cuando era niña y caminaba de la mano de su padre camino al colegio, en tiempos en donde ella se sentía segura y amada.

«Taki, gracias por encontrarme» pensó Mitsuha, dejándose llevar confiada a medida que iban acercándose a la estación de trenes, cada vez atiborrada de personas que volvían a sus casas, mientras las luces nocturnas comenzaban a prenderse alrededor de ellos.


§

Yotsuha escuchó unos suaves y lentos pasos afuera de su habitación. Dio un vistazo rápido a reloj de la pared. Debía haber anochecido hacía poco rato, calculó. Se arropó con la cobija, ocultándose en su cama.

Unos suaves golpes en su puerta confirmaron su percepción.

—¿Yotsuha? ¿Estás ocupada? —dijo la voz de Hitoha desde fuera de la habitación.

Yotsuha cerró los ojos, pensando en hacerse la dormida, y no respondió.

El sonido de la puerta desplazándose acusó que su abuela no quería así de simple ceder por su falta de respuesta. La luz de la habitación se encendió, lo que hizo encogerse aún más a Yotsuha bajo la cobija.

—¿Yotsuha? ¿Ya estás dormida? —preguntó extrañada su abuela.

Un suave tirón en la ropa de cama alertó a Yotsuha que su abuela no estaba creyendo su actuación. Así que de pronto se encontró cara a cara con su abuela, que la miraba con una extraña mezcla de preocupación y duda.

—Veo que no estás durmiendo. ¿Estás enferma? —dijo Hitoha, acercando su mano a la frente de Yotsuha para revisar si tenía fiebre o algo.

—No, abuela, ya te lo dije, déjame sola —replicó Yotsuha, quien se acomodó dándole la espalda en cuanto su abuela terminó de comprobar que no había rastros de fiebre.

Hitoha solo pudo suspirar ante la grosera respuesta de su nieta.

—No has comido nada ¿cierto?

—Ya que importa ¡déjame!

—Yotsuha, no sé qué pasó el fin de semana con tu hermana. Pensé que estabas… enferma el lunes y martes, y consentí que te quedaras en casa. Me alegro que al menos estés yendo ahora al instituto, pero esto que estás haciendo no es sano. Por favor dime ¿qué te hizo o qué te dijo Mitsuha?

—¡Ya te lo dije, nada, no es… nada!

—¿Entonces qué te pasa, Yotsuha?

—No lo entenderías…

—Ya tengo muchos más años que tú, jovencita, y he vivido más cosas que tú, visto más cosas que tú y sé más cosas que tú, así que no hay nada que me digas que no pueda entender…

—¡Esto va más allá de tu propia vida, abuela! ¡No sabes nada!

Yotsuha tomó la cobija, y se arropó con fuerza, como escondiéndose de Hitoha, y comenzó a sollozar.

Hitoha abrió la boca para hablar, pero no supo que decir. Se puso de pie con dificultad, suspirando cuando lo logró. Los años ya pesaban mucho en ella, y cada día le costaba más moverse. Sin saber qué más hacer, se encaminó a la salida de la habitación, pero dejó la luz encendida. Pero se detuvo antes de salir, y se volvió hacia su nieta.

—Yotsuha, puede que no tenga respuesta a lo que sea que les pasó el fin de semana, pero voy a preparar la cena. Y vas a levantarte y cenarás ¿Entiendes? Si no lo haces, tendré que llamar a tu padre, o a Mitsuha y…

—¡No! —gritó Yotsuha incorporándose de golpe y enfrentando a su abuela—. ¡No llames a nadie!

—¡Pues entonces vístete y ven a cenar! —dijo Hitoha, perdiendo la paciencia y cerrando la puerta con más fuerza de la necesaria.

Yotsuha se quedó apretando los dientes en la habitación, sentada en el futón. No sabía cómo explicar a su abuela la angustia existencial que la había estado consumiendo durante toda esta semana. Y había prometido a Mitsuha no contar nada a su abuela de lo que había pasado el fin de semana, pero el saber lo que sabía ahora la hacía sentir vacía. ¿Para qué estaba yendo a diario al instituto, sufriendo y esforzándose en completar su vida, una vida que podía ser solo una ilusión, un sueño donde podía despertar en cualquier momento o, peor, donde no había un lugar donde despertar para ella?

Hitoha se alejó con lentitud de la habitación de Yotsuha, caminando por la pequeña casa de una planta en donde vivían. Se encaminó a la cocina para terminar de preparar la cena. Al pasar frente al teléfono que estaba al final del pasillo, se detuvo pensativa.

Desde que Mitsuha había comenzado a vivir sola en Tokio, mientras trabajaba a tiempo parcial y completaba sus estudios, Hitoha había albergado la esperanza que su nieta mayor, la principal heredera de la tradición de los Miyamizu, al final volvería con ella para retomar su verdadera responsabilidad con la familia. Aunque Mitsuha insistía una y otra vez que ya no había un santuario que cuidar. Pero después Mitsuha había terminado sus estudios y ahora estaba trabajando en una compañía de Tokio, viviendo una vida por completo alejada de las tradiciones Shinto. A ojos de Hitoha, su nieta había rechazado la tradición para terminar trabajando como una vulgar oficinista. Y para peor, Mitsuha no mostraba siquiera atisbos de querer buscar pareja y así dar a la familia herederos y, en especial, herederas que pudieran continuar la tradición familiar. Hitoha sentía que su tiempo se acababa, y ya no podría transmitir el legado familiar de cientos de generaciones, y eso la agobiaba.

La anciana suspiró, y miró con ansiedad al teléfono. Hacía mucho tiempo que no hablaba por teléfono con Mitsuha. Toda la comunicación con ella solía ser a través de Yotsuha, pero ahora estaba claro que esa no era una alternativa. No tenía más remedio que llamarla ella misma.

Tomó la libreta telefónica que estaba al lado del aparato. Miró los números y pensó que, si llamaba a Mitsuha directo a su teléfono móvil, la conversación terminaría mal tal como había terminado ocurriendo más de una vez en el pasado. Miró la hora en el reloj de la cocina, y pensó que tal vez su nieta aún no habría llegado a su departamento. De ser así, ella podría dejarle el mensaje grabado en su contestadora, sin oposición ni discusiones.

Con manos algo temblorosas, marcó los números y el teléfono comenzó a llamar. Después de unos 15 segundos sin respuesta, una grabación con la voz de Mitsuha invitando a dejar grabado un mensaje la hizo sentir aliviada. Mitsuha aún no había llegado, tal como ella había previsto.

Después del bip, Hitoha tomó aire, y comenzó a hablar.

—Hola Mitsuha. Hace tiempo que no hablamos. No sé qué pasó entre Yotsuha y tú, pero ella está muy rara, nunca la había visto así y no quiere hablar conmigo. Necesito que tú hables con ella cuanto antes y arregles lo que sea que pasó entre ustedes. Y… sería bueno… que vengas este fin de semana a vernos. Nosotras tenemos cosas que hablar. Ven sin falta, te espero…

Hitoha se detuvo un segundo, dudando. Pero tomó aire y juntó fuerzas para continuar.

—¡Y no me hagas tener que llamarte de nuevo! Te esperaré este fin de semana, Mitsuha. Más te vale que te aparezcas.

Hitoha alejó el aparato de su cara, lo miró un segundo, y apretó el botón que terminaba la llamada. Un suspiro de cansancio salió inconsciente de su garganta.

—Ah, Futaba. ¡Ya no sé qué hacer con tus hijas! ¿Qué habrías hecho tú con ellas en mi lugar…? —se quejó con amargura, mientras miraba al cielo a través de la ventana de la cocina, deseando por una señal que nunca llegó.


§

Mitsuha miraba a Taki de reojo. Él intentaba hacerse el desentendido, mirando su teléfono como si la chica no estuviera de pie a su lado. Eran los únicos que estaban en una solitaria parada de buses cerca de la estación Kuji de Kawasaki. La parada era apenas un cartel que indicaba la información de viaje, y un gran rectángulo pintado en el pavimento con un texto que decía "BUS".

Ya eran las siete y media y la noche avanzaba. La calle estaba iluminada solo por los pequeños focos de los postes de alumbrado público.

—Taki… —dijo nerviosa Mitsuha—. En serio… ¿dónde me estás llevando?

El chico siguió mirando el celular por otro par de segundos. Asintió brevemente sonriendo, aliviado al comprobar que su plan de viaje estaba aún a tiempo, y guardó su celular.

—Tranquila, es una sorpresa, pero ya estamos muy cerca.

Mitsuha lo miró con los ojos entrecerrados, sopesando esas palabras.

—Muy cerca… ¿pero de qué?

—Ya lo vas a ver, confía en mí —dijo Taki, volviéndose a la chica al mismo momento que los iluminó las luces de un bus que se acercaba.

—¡Mira! Ahí viene nuestro último transporte.

Ambos se apegaron a la pared. El pequeño bus se detuvo cerca de ellos y abrió sus puertas. Una mujer de mediana edad con un niño de unos cuatro años bajo primero, y luego ellos subieron y se acomodaron en un asiento cerca de la puerta.

—Este viaje será corto, son solo unas pocas cuadras —le dijo Taki, intentando tranquilizar a la chica.

—Nunca había venido a esta parte de Tokio —dijo Mitsuha pensativa, mirando por la ventana mientras el bus comenzaba a moverse—. ¿Por qué me traes a este lugar?

Taki sonrió ante la sutil trampa que intentaba tenderle Mitsuha.

—No te lo voy a decir, porque arruinaría la sorpresa. Pero te puedo decir que he venido muchas veces a este lugar… por culpa tuya.

—¿Eh? —Mitsuha se volvió a Taki con el ceño fruncido—. ¿De qué estás hablan…?

Taki le puso un dedo en los labios, y la silenció.

—Tal vez para ti va a ser un lugar corriente, pero para mí se tornó un lugar especial gracias a ti. Cuando lleguemos te diré por qué.

Mitsuha se rindió, y con un suspiro siguió mirando por la ventana. El bus corría por un camino que bordeaba un estrecho canal. De pronto hizo un giro cerrado a la izquierda, comenzando a subir la pendiente de una colina, hasta comenzar a correr por un estrecho camino curvado que seguía las curvas de la colina.

Apenas un par de minutos después Taki se puso de pie y le hizo una seña a Mitsuha para que lo siguiera. El bus se detuvo y bajaron frente a un pequeño puente peatonal que pasaba elevado por sobre una autopista de 6 carriles. Al cruzar al otro lado, un cartel anunciaba su destino:

«Parque Forestal Higashi-Takane»

—¿Me traes a un parque? ¿A esta hora? —preguntó intrigada Mitsuha.

—Eh… pues, sí —respondió Taki encogiéndose de hombros.

—Pero… ¿está aún abierto a esta hora?

—Este parque está siempre abierto. Las 24 horas.

—¿Y tú cómo sabes eso?

—Te lo dije. He venido muchas veces.

Taki tomó la mano de la chica y comenzó a caminar. La entrada del parque tenía algunas lámparas encendidas cada decena de metros. A ratos el camino se tornaba oscuro, pero se podía distinguir con facilidad. Por la hora y la oscuridad, eran casi los únicos caminando por el lugar, excepto por algunas pocas personas que se cruzaban con ellos, paseando tarde, caminando con alguna mascota o corriendo en trajes deportivos.

—¿Por qué estamos aquí? —solo pudo preguntar por última vez la chica, cada vez más extrañada.

—Este parque está al lado del cementerio Midorigaoka. Ahí está mamá.

La chica abrió los ojos, impresionada.

—Me traes… ¿a ver a…?

—No, no, no es eso —dijo Taki, algo azorado por la confusión de la chica—. Es por esa razón que he estado allá muchas veces, y así es que descubrí el lugar al que vamos. Desde hace unos 8 años, por "alguna" razón, me comencé a sentir más atraído por ese lugar…

—Pero… ¿es en el cementerio? —dijo Mitsuha, de pronto atemorizada ante la idea de entrar de noche a un lugar así.

—Tranquila, no es en el cementerio, aunque… —Taki se detuvo y encaró a la chica con una sonrisa malévola— ¿Quieres ir después a dar una vuel-

—¡Por ningún motivo! —lo interrumpió Mitsuha exaltada, soltando la mano de Taki y reiniciando la caminata. Se detuvo a los pocos pasos.

—Entonces ¿¡A dónde vamos!? —volvió a preguntar a Taki, cada vez más nerviosa e impaciente.

—Ven, ya falta poco —dijo Taki, tomando la mano de la chica de nuevo.

Mitsuha lo comenzó a seguir a regañadientes, pero al poco rato ella comenzó a poner atención al paisaje alrededor. La senda estaba tenuemente iluminada pero rodeada por completo de árboles, hasta que el camino se comenzó a abrir, y de pronto se encontraron frente a un gran claro cubierto de pasto, con dos pequeños grupos de árboles al centro del área de pastizal, y alrededor del claro se veía un denso círculo de árboles en todas direcciones.

Mitsuha de pronto comenzó a sentir una presión extraña. En efecto, ese lugar tenía algo que no supo definir. Asombrada, comenzó a caminar hacia el centro del claro, seguida de Taki.

—¿Qué piensas? —preguntó Taki una vez que Mitsuha se detuvo, y se giró mirando en todas direcciones.

—Yo… no lo sé. Este lugar… ¿por qué…? —dijo la chica, sintiendo que su pecho se estrechaba.

Taki se acercó por detrás de ella y la abrazó. Y entonces se dio cuenta que Mitsuha tiritaba.

—¿Tienes frío? —preguntó preocupado Taki.

—No… no lo sé.

—Espera, tengo una idea, ven.

Taki dio un par de pasos mirando con cuidado el pastizal, buscando un lugar que se viera plano. Después de unos segundos se detuvo. Sacó de su espalda la pequeña mochila que traía consigo, la abrió y sacó una manta que desplegó en el suelo.

—Ven Mitsuha, siéntate conmigo.

Taki se acomodó, y Mitsuha se sentó a su lado, sacándose los zapatos. El chico siguió buscando en su mochila y sacó un pequeño termo, dos pequeñas tazas plásticas y una pequeña caja de pasteles dulces. La abrió y le entregó uno a Mitsuha.

—Creo que es algo humilde, pero en la tarde tuve poco tiempo para preparar un picnic más elaborado —dijo Taki mientras servía en la taza una porción de líquido caliente, que comenzó a esparcir el aroma del café.

—¡Gracias! —dijo Mitsuha al recibir el café. Le dio un gran sorbo. El calor del café y el sabor dulce del pastel la hicieron sentirse reconfortada.

—Supongo que a ti este lugar no te dice nada… —dijo Taki, mientras soplaba su taza y tomaba también un sorbo de su café—. Pero, a finales de 2016, un fin de semana que vine a visitar la tumba de mi madre, sentí que quería caminar un poco y terminé llegando a este parque. Y di con este lugar. En ese momento no sabía por qué, pero sentí que… me recordaba un lugar que había visitado antes, pero no podía recordar dónde… ni cuándo…

Mitsuha lo miró extrañada por un segundo, y luego un rayo de comprensión cruzó su cara. Volvió a mirar alrededor, y luego al cielo, cerrando los ojos.

—¡Claro! —dijo Mitsuha, que se quedó escuchando por unos segundos el ruido de los árboles suavemente mecidos por la brisa. Luego abrió los ojos, y miró a Taki intensamente.

—Este lugar… se parece mucho a los claros que estaban cerca de la parada de buses… en Itomori —dijo Mitsuha con una gran sonrisa, sintiendo que había resuelto el misterio.

Taki asintió y sonrió de vuelta a la chica. Con el pulgar de la mano derecha limpió suavemente una lágrima de la mejilla de Mitsuha, que ni la chica notó que estaba ahí. Y luego con su mano siguió acariciando su cara.

—Así es. Yo no lo sabía, pero me recordaban a ese lugar. Sentía que estar aquí me hacía añorar algo, sin saber qué era. Cuando venía aquí, sentía que estaba de nuevo en un lugar que me había importado mucho. Esta semana, recordé este lugar y entonces supe por qué había sentido eso todos estos años…

—¡Gracias! —dijo Mitsuha, tomando la mano de Taki sobre su mejilla—. Este lugar es precioso, aunque…

El rostro de Mitsuha se opacó, y sin darse cuenta, separó su mano de la de Taki

—Pero… —continuó Mitsuha—. Para mí, también me trae recuerdos que…

Un escalofrío recorrió el cuerpo de Mitsuha, que se crispó visiblemente.

—¿Qué sucede? ¿Era algo malo? —preguntó preocupado Taki.

Mitsuha lo miró, y con la boca en un rictus apretado, quiso sonreír a Taki para tranquilizarlo, pero, sintió que esa opresión que había sentido en el pecho volvió de golpe, haciendo que su expresión se tornara agridulce.

—Es que… en un claro como este fue donde yo estuve esa noche, cuando cayó el cometa y yo…

Taki abrió los ojos asombrados. Por su mente nunca había pasado la idea de que ese lugar de su recuerdo fuera también ese lugar para Mitsuha. Dejó la taza sobre la manta, se puso de rodillas y abrazó a la chica llevando la cabeza de Mitsuha sobre su pecho.

—Oh… yo ¡no lo sabía! No quería traerte esos recuerdos… ¡perdóname!

Mitsuha se apretó contra su pecho y lo abrazó por la cintura.

—¡Está bien! Ahora… eso… ya está atrás… ya no importa ¿verdad? —dijo Mitsuha, intentando recomponer sus propias emociones y además tranquilizar a Taki, que se sentía agobiado por la repentina culpa.

Taki se separó de ella, se sentó sobre sus piernas y quedó con su cabeza a la altura de la de ella. La tomo por la cara y le habló con energía y convicción.

—Todo eso ya pasó. Ya pasó. Volviste, y estamos juntos. Ese recuerdo es algo que… ocurrió, pero ya no existe. No existe en esta nueva realidad, en esta nueva vida que tenemos. Es solo un mal sueño ¿verdad?

Mitsuha asintió. Se incorporó un poco acercándose a Taki, y le dio un suave beso en la boca, y luego se alejó, viendo divertida a Taki sonrojarse.

—Sí, tenemos ahora una nueva vida.

La chica se separó de Taki y volvió a sentarse. Tomó otro pastel de la caja y comenzó a comerlo con los ojos cerrados.

—Ahora sé que debo disfrutar mi vida mientras pueda —dijo, mientras masticaba el dulce con placer.

Taki la miró embobado algunos segundos, y luego se sentó con los brazos rectos y apoyados atrás de su espalda, la cabeza echada hacia atrás, y los ojos cerrados, sintiendo la briza.

—Cuando ahora escucho el sonido del viento en los árboles, no puedo dejar de recordar tu hogar. Fui privilegiado por poder vivir en Itomori.

—¿De verdad lo extrañas? —preguntó intrigada Mitsuha.

—Sí. Antes yo solo conocía Tokio. Pero ver Itomori a través de tus ojos me abrió un mundo. Ahora que soy arquitecto paisajista, creo que sé dónde nació esa ansia.

—Y… entonces ¿Cómo te fue en la entrevista hoy? Me dijiste que estuvo bien pero no me contaste mucho más.

—Oh… cierto, es que, Tesshi hizo de la suyas esta vez, ese bribón…

—¿Eh? ¿Tesshi te jugó alguna broma? ¿Pero que no era una entrevista de verdad?

—Sí, lo era. Era una entrevista 100% real. Pero era para una empresa muy pequeña, de amigos de Tesshi. ¡Era gente de Itomori!

Mitsuha abrió los ojos embargada por la sorpresa.

—¿En serio? ¿Cómo supiste…?

—Los reconocí. Eran dos antiguos empleados de la Constructora Teshigawara. Yo los vi una vez cuando ellos llevaron los materiales y herramientas a la parada de buses de Itomori, esa donde construimos nuestro café de troncos ¿la recuerdas? Y ahora cuando los vi supe que eran ellos: Gondō-san y Ouzumi-san. ¿Tú los conociste?

—Debo haberlos visto cuando iba a buscar a Tesshi al trabajo de su padre, pero no los recuerdo por sus nombres. Y entonces ¿qué te dijeron? ¿Te van a contratar?

—Ah, sobre eso…

Taki tomó un gran sorbo de café hasta vaciar la taza, la dejó a un lado y se acomodó recostándose sobre la manta, con la vista mirando las estrellas.

—…les mostré todos mis trabajos y les gustaron. Y me hicieron varias preguntas que creo que respondí bien. Uno de ellos es ahora ingeniero civil. Pero la entrevista fue en el departamento de uno de ellos, no en una oficina. Al principio pensé que me había equivocado. Y la empresa misma es muy pequeña, no sé si puedan contratarme.

—Oh, ya veo —dijo Mitsuha, también recostándose sobre la manta en forma perpendicular a Taki, apoyando su cabeza sobre el pecho del chico.

—Entonces… —continuó Mitsuha— ¿para qué te llamaron, si no pueden contratarte?

—Hay un proyecto, un concurso público al que quieren postular. Si lo ganan, tendrían trabajo asegurado por 10 años. Para postular necesitan un arquitecto. Es para mantener y modernizar parques como este, por todo Japón.

—Eso suena a algo bastante grande —dijo Mitsuha, mentalmente imaginando la envergadura de la tarea.

—Sí, y con lo pequeña que es su empresa, es imposible que lo pudieran hacer hoy. Pero el contrato a 10 años partirá con un proyecto piloto en Nagoya. Me mostraron algunos diagramas de 4 parques, y el trabajo de un arquitecto sería diseñar los cambios y mejoras en ellos. Ahí es donde entraría alguien como yo.

—¿En Nagoya? ¡Eso está lejos! —se quejó Mitsuha, incorporándose sobre un codo y mirando a Taki mientras hacía un puchero.

—Bueno, sí, está a algunas horas de Tokio. Pero como arquitecto gran parte de mi trabajo sería desde acá en Tokio, supongo. Las visitas a terreno son cortas, y una vez que tienes los levantamientos, fotografías y el material necesario, puedes trabajar en los diseños de arquitectura desde cualquier lugar.

—Ah… —respondió con cierto alivio Mitsuha—. ¿Pero y qué pasa si ganan y tienen que tomar trabajos de todo Japón?

—Bueno… ahí el equipo de arquitectos tendría que viajar con alguna frecuencia a todos esos lugares…

—¡No quiero que te alejes de mí! —protestó Mitsuha, pellizcando las costillas de Taki de puro despecho.

—¡Oye! ¿qué haces? —dijo Taki riendo, moviéndose como una serpiente intentando esquivar el sorpresivo ataque de Mitsuha.

Después de unos interminables segundos de lucha cuerpo a cuerpo, entre risas, contorsiones y contra ataques, Taki logró neutralizar a Mitsuha al atrapar sus dos manos por las muñecas, dejando a la chica de espaldas sobre la manta con sus brazos atrapados sobre su pecho, y él semi apoyado sobre ella, con sus caras a apenas unos 20 centímetros de la de ella, ambos jadeando por el esfuerzo de la lucha.

—Taki… ¡Taki-kun! ¡Detente! Me rindo. Yo… no… —protestó débilmente Mitsuha, sonrojándose ante lo incómodo de su posición, y al mismo tiempo, sintiendo una extraña sensación de abandono, al sentir el cuerpo de Taki tan cerca suyo. Como si su voluntad de rechazarlo de pronto desapareciera.

Taki sintió la respiración agitada de Mitsuha en su cara, y su consciencia comenzara a oscilar. Le tomó un par de segundos darse cuenta de la posición en que estaba, y ver la mirada asustada y al mismo tiempo expectante de Mitsuha, la soltó y se alejó un poco de ella algo avergonzado.

—Discúlpame, yo no quería… no quería incomodarte.

Mitsuha se sentó a su lado, arreglándose el cabello, y mirando sus propias piernas. Un mar de sentimientos contradictorios la embargaron.

—Yo… yo inicié esto, así que está bien, Taki-kun. Esto fue mi culpa.

Taki vio las tazas vacías que estaban aún sobre la manta, y sin saber qué más hacer, las tomó para guardarlas. Mitsuha se dio cuenta y lo tomó el antebrazo para detenerlo.

—Espera. Sé que para ti este lugar es importante. Quiero estar un poco más, contigo… ¿Queda aún café? —dijo para cambiar de tema y pasar el momento incómodo.

Taki asintió, y buscó nuevamente el termo que estaba en su mochila. Sirvió las dos tazas, y se sentó frente a Mitsuha. Mientras tomaba un sorbo del café la miró a la cara, e iba a comenzar a hablar, pero no pudo hacerlo mirándola directamente. Se concentró en su taza.

—Yo, lo lamento, pero es que cuando estoy cerca tuyo… hay algo que… siento que hay algo que me atrae hacia ti. No es solo que… en algún momento, bueno, yo fui tú. Pero ahora, siendo yo mismo, verte frente a mí, escucharte, sentirte cerca mío… es como que quisiera acercarme aún más a ti, pero… lo sé… no es apropiado…

Taki la miró, intentando buscar una respuesta en ella. Mitsuha lo miró con ternura.

—Sé que no es apropiado, y lo que recién pasó fue… peligroso porque, porque… —Mitsuha sintió como la sangre se le iba a la cara, y tampoco pudo mirar a Taki a la cara— porque… yo también siento lo mismo.

Taki la miró sorprendido, y estalló en una risa mezcla de alegría y de alivio.

—Entonces ¿no estás enojada conmigo?

—¿Cómo podría? ¡Tonto! —respondió Mitsuha, enterrando su cara en la taza mientras tomaba de su contenido, avergonzada.

—Prométeme que me dirás si… si hago algo que te incomode.

—Te prometo que te lo diré.

Ambos siguieron en silencio por un rato. El sonido de pisadas de un corredor solitario que trotaba por el camino que corría al borde del claro, a unos 30 metros, llamó la atención de la pareja. El corredor pareció observarlos por unos segundos y luego siguió corriendo sin hacer ninguna indicación de detenerse o de prestarles más atención.

Mitsuha siguió mirando pensativa a su alrededor, con la vista perdida en los árboles mecidos por la brisa.

—¿De verdad te irás de Tokio?

—¿Eh? O sea, es una posibilidad, pero esta entrevista de hoy puede que no signifique nada.

—Pero, algún día… ¿te irás?

—No lo sé. Pero no me iría a ningún lugar si no estás tú ahí. O si tú no vienes conmigo —respondió Taki con firmeza.

La brisa arreció por unos segundos un poco más intensamente, lo que hizo sentir escalofríos a Mitsuha. Taki lo notó.

—Creo que se está haciendo tarde, debemos volver.

—Sí, es una buena idea, además, quisiera invitarte a comer algo en el camino, Taki.

—¿Eh? No, pero se supone que hoy yo te iba a invitar…

—¿Tienes algún otro lugar planeado cerca de aquí? ¿O tal vez otra sorpresa? —preguntó Mitsuha acercándose a Taki para ver su cara de cerca.

Taki en realidad no había pensado demasiado hasta este punto, así que se envaró, esquivando la mirada de la chica.

—Esto… no, no tengo nada planeado…

La cara de Mitsuha se encendió de entusiasmo.

—Eso es perfecto. Pasaremos de nuevo por la estación Noborito ¿Verdad? —dijo la chica con los ojos brillando.

—Claro, podemos tomar de nuevo la línea Odakyu.

—Entonces déjame revisar algo…

Mitsuha sacó su celular, murmurando algunas frases inconexas, intentando recordar cierto lugar, hasta que al final dio un gritillo de victoria. Puso la pantalla frente a la cara de Taki.

—¡Mira! Tenemos que ir aquí.

Taki miró por un par de segundos la pantalla, y luego miró a la chica.

—¿Yakiniku? ¿Quieres comer carne?

—¡Sí! Recuerdo haber visto este lugar en la televisión un tiempo atrás, es muy bueno y… me gustaría conocerlo contigo, y probar cosas nuevas contigo —dijo, Mitsuha, con una sonrisa de niña exploradora excitada.

—Pero, parece un lugar caro…

—Descuida, yo te invitaré. Cuando encuentres trabajo, tu podrás invitarme a otro lugar así.

Taki dio un suspiro de rendición, y levantó las manos en son de paz.

—¡Bien! Tú ganas, pero yo te llevaré a un lugar mejor que ese en cuanto tenga dinero.

—¡Vamos, vamos! —dijo Mitsuha, poniéndose de pie y tomando la manta para guardar el improvisado lugar de picnic.


§

Taki y Mitsuha decidieron hacer el viaje hacia el restaurant a pie. Retrocedieron parte del camino que habían hecho en el bus, para luego cruzar el canal que habían visto en el camino. Premunidos solo de la guía del mapa en sus teléfonos, fueron avanzando por entre los barrios residenciales de la prefectura de Kanagawa, en Kawasaki.

Mientras caminaban, Taki comenzó a explicarle a Mitsuha detalles arquitectónicos de las casas y edificios que iban encontrando, lo que sorprendió y admiró mucho a la chica, que nunca había imaginado que tales conceptos siquiera existieran o que fueran importantes al punto de ser enseñados y estudiados por los arquitectos.

Después de poco más de cuarenta minutos que pasaron para ellos como un parpadeo, se encontraron frente a la puerta del restaurant. Un par de minutos después estaban ya sentados en una mesa revisando la carta del restaurant de carne y parrilla.

—Vaya, tiene cortes de carne que no se ven en todas partes —exclamó sorprendido Taki.

—Sí, a eso me refería, ¿quieres probar algo nuevo? —dijo Mitsuha dándole un guiño—. Mira, tienen una selección de diferentes carnes para probar. Pidamos dos.

Taki cambió la página del menú para revisar los platos que indicaba Mitsuha, y palideció al ver el precio.

—Mitsuha, pero esto es carísim-

—¡Taki-kun! —lo hizo callar con severidad la chica—. Dijiste que aceptarías mi invitación ¿verdad? Y dijiste que en el futuro tú me invitarás a otro lugar así ¿O me mentiste?

El chico decidió que no podría ganarle este gallito a Mitsuha, así que asumió la total derrota.

—No, no te mentí. Pero no puedo prometerte cuándo va a ocurrir eso.

—Tendré paciencia. Porque lo nuestro no es algo temporal ¿verdad?

El chico le sonrió y asintió. Sí, ahora ellos tenían el futuro por delante. Él sentía que de verdad tenía un futuro con la chica que buscó por tanto tiempo.

Mitsuha hizo un gesto a la camarera, que llegó rápidamente donde ellos. A la orden además ella le agregó una botella de sake para compartir con Taki.

Mientras esperaban la comida, Mitsuha tomó las manos de Taki por sobre la mesa, y se puso seria de golpe.

—Taki, respecto de lo de hoy… gracias por llevarme a ese lugar.

—Sí, pero creo que será mejor venir alguna otra vez, pero con más luz, y más tiempo. Te gustará aún más.

—Es posible. De verdad pude recordar la sensación de… de mi antiguo hogar. Y eso me hizo pensar…

La chica apretó fuerte las manos de Taki, dándose ánimos para hacer una pregunta difícil.

—¿Qué hubiera pasado si… si el cometa no hubiera caído? ¿Estaríamos hoy juntos?

Taki quedó sorprendido con la pregunta. Nunca había pensado en esa posibilidad. Su mundo había circulado por años alrededor del incidente de Itomori. Así que ¿si no hubiera ocurrido? Se sintió confundido de solo pensarlo.

—Yo… no lo sé. Todo sin duda sería diferente. Pero, pero nosotros intercambiamos justo hasta antes de que eso pasara. ¿Hubiera seguido ocurriendo?

—No lo creo. Creo que nuestros intercambios estaban conectados con el cometa, después de todo. Y cuando tú me rechazaste ese día en el tren… tal vez nunca más te habría buscado, y tú tampoco lo ibas a hacer, supongo.

—¡Claro que no podía! Aún no te conocía. Pero en 2016, sí te hubiera buscado, de hecho, te fui a ver ¿lo acuerdas?

—Cierto, pero, sin el cometa hubieras encontrado… me hubieras encontrado tres años más vieja, y tú tenías apenas diecisiete.

—Eso es cierto, me hubiera sorprendido mucho. Aunque… yo creo que… para mí eso no hubiera sido un problema, yo quería encontrarte a como diera lugar, pero ¿y para ti hubiera sido un problema?

Mitsuha se quedó en silencio, imaginando a un Taki juvenil llegando a las puertas de santuario. La idea le pareció una fantasía alocada, y se puso a reír.

—Oye ¿eso te parece gracioso? —reclamó Taki.

—No, perdona, no es gracioso. O sea, sí lo es… ¿te imaginas lo que tendría que decirles, a la abuela y a Yotsuha, para explicarles por qué estarías tú ahí?

—Bueno… ya le contamos a Yotsuha lo que pasó. Y fue… muy difícil. Y a propósito, ¿ya le has dicho algo acerca de nosotros a tu abuela?

—Uh, no. No he hablado con ella. De hecho, hablamos poco. Casi siempre es Yotsuha la que se comunica conmigo. Y ahora que lo pienso, esta semana no he sabido nada de ellas… —comentó pensativa Mitsuha, recién dándose cuenta de ese extraño detalle.

—Pues, tendremos que pensar en algo para hablar con tu abuela, entonces.

—¿Irías conmigo a verlas? —preguntó entusiasmada Mitsuha.

—Eso no me lo perdería. Y de verdad me gustaría volver a ver a abuela Hitoha. Ella fue siempre muy buena conmigo ¿sabes? —dijo Taki.

Mitsuha suspiró. Se dio cuenta que el chico no conocía los cambios que habían ocurrido en su relación familiar los últimos años.

—Lo poco que la conociste tal vez fue bueno. Pero ella es muy exigente. Y es, o era, muy exigente con la tradición del santuario. Ahora ya no tenemos uno, y pude venir a Tokio a cumplir mis sueños. Si ese cometa no hubiera caído, de verdad me hubieras encontrado ahí. Una chica de 20 años viviendo en el santuario Miyamizu, porque ese era el único destino que me esperaba.

—Y hubiera sido feliz encontrándote.

—Pero mi abuela no te habría aceptado como un pretendiente. ¿Un chiquillo de 17 cortejando a una chica de 20? Eso no hubiera calado jamás en ese pueblo, y mucho menos a mi abuela.

—Bueno, pero aún soy tres años menor que tú. ¿Tu abuela me aceptará ahora?

—Ella ya no es conmigo como era antes. Antes era su nieta mayor, la heredera del santuario Miyamizu. Ahora ya no hay santuario, ni soy heredera de nada, pero abuela quería que siguiera apegada a las viejas tradiciones. Yo me negué, y estoy haciendo mi vida en Tokio como siempre soñé, pero ella no acepta eso. Cuando hablamos, solemos terminar discutiendo.

—Oh… lamento escuchar eso. Pero entonces ¿crees que vaya a aceptar…me? —preguntó preocupado Taki.

—Ahora que sabemos quiénes somos, qué nos pasó y que sabemos por todo lo que vivimos, créeme que ella te tiene que aceptar. Y si mi abuela no te acepta, eso caerá sobre su cabeza porque no es ella quien te va a elegir y aceptar ¡Soy yo!

Taki sonrió, sintiendo que su pecho se encendía al escuchar esas palabras.

—¿Vas a elegirme, aunque tu familia me rechace?

—Voy a elegirte a ti por sobre cualquier tradición familiar. Es una promesa.

El ruido de vasos y vajilla los distrajo. La camarera dejó una botella de sake, dos vasos, y los platos que habían ordenado.

—Si necesitan algo más, no duden en llamarme. ¡Que lo disfruten! —dijo la camarera, y se retiró.

Mitsuha tomó la botella de sake, sirvió los dos vasos y ofreció uno a Taki. Tomó el otro y lo levantó frente a ella.

—Esta semana ha sido maravillosa, y me ha llenado de vida. Encontrarte me ha llenado de vida. Ahora solo falta que tú encuentres el trabajo que sueñas. Y así podamos… caminar juntos.

—Entonces, ¡por nuestro futuro! —dijo Taki, golpeando con su vaso suavemente el de Mitsuha.

—¡Por nuestro futuro, juntos!


§

Después de cenar volvieron a Shinjuku, y tuvieron que despedirse en la estación, cada uno tomando el camino a sus respectivos hogares. Ninguno de los dos tenía deseos de separarse. Ella quería estar con él más tiempo, pero el día siguiente era viernes y tenía que trabajar, así que con poco disimulada amargura tuvo que dejarlo ir, no sin darle primero un largo beso de despedida.

Pasadas las 11 de la noche Mitsuha entró a su departamento. cansada por el largo viaje, pero satisfecha y feliz, sintiéndose aún algo embriagada por la generosa botella de sake que había compartido con Taki.

Dejó su bolso sobre el sillón, y fue a buscar un vaso a la cocina para beber algo de agua. Mientras bebía vio como la luz de la contestadora automática avisaba de mensajes grabados. Se acercó al aparato, operó los botones para revisar, y vio que solo había una llamada, desde la casa de su abuela. Supuso que finalmente Yotsuha estaba dando señales de vida. Operó el aparato, y tomó el auricular para escuchar el mensaje.

Cuarenta segundos después Mitsuha sintió como si la temperatura del departamento hubiera caído de golpe al menos 5 grados. Volvió a colocar la grabación, y la escuchó esta vez con los ojos cerrados, intentando entender qué estaba pasando.

Cuando terminó de escucharla de nuevo, dejó el aparato y tomó su celular. Vio la hora y supo que era demasiado tarde para llamar a Yotsuha, que ya debía estar durmiendo para ir al instituto al día siguiente. Se debatió varios segundos de si llamarla o no, pero al final desistió, abrió la aplicación de mensajería, buscó el contacto de su hermana y le escribió un mensaje.

«¿Cómo estás? ¿Qué te ocurre y porque estás peleada con la abuela? Me dijo que vaya a verlas este fin de semana»

Para su sorpresa, el indicador de "conectado" indicó que su hermana sí había recibido el mensaje, y el indicador de «escribiendo» de Yotsuha comenzó a parpadear.

Después de segundos que le parecieron interminables, un mensaje de Yotsuha apareció.

«¿Qué te importa? Preocúpate de ser feliz con tu nuevo novio»

Mitsuha sintió como la cara se le ponía roja de rabia, y el estómago se le apretó. ¿Qué estaba pasando con su hermana? Sin titubear buscó el número del celular de Yotsuha en el directorio, y la llamó directo, solo para recibir una grabación automática de "Móvil apagado o sin cobertura". Después de 4 intentos con igual resultado, volvió a la aplicación de mensajería, y vio que ahora la cuenta de Yotsuha aparecía fuera de línea. Entonces comprendió que su hermana simplemente había apagado su teléfono.

Sin saber qué más hacer, pensó en llamar al número fijo de la casa de su abuela, pero estaba claro que Yotsuha no iba a contestarle, y que probablemente lo haría su abuela, que no solo iba a estar malhumorada por la hora, sino que además después del mensaje que le había dejado, lo más probable es que todo terminara en una pelea aún peor.

Se sentó en una silla del comedor, y se tomó la cabeza intentando pensar qué hacer. Lo siguiente que se le vino a la cabeza fue llamar a Taki. Imaginó que de seguro el chico debía estar recién llegando a su departamento, y al pensarlo de nuevo se dio cuenta que no había nada que él pudiera hacer al respecto tampoco. Así que prefirió no preocuparlo por un problema de la familia Miyamizu del cuál él no era responsable.

Sintiéndose derrotada, Mitsuha se convenció que no tenía más remedio que seguir el camino más simple: no hacer nada por ahora. No tenía sentido hacer más llamadas y sería mejor pensarlo durante la noche, y tal vez llamar a su abuela el viernes por la mañana.

Esa noche Mitsuha durmió en forma agitada, sintiendo que su semana de felicidad se empañaba por unas nubes de tormenta que ni siquiera había imaginado que ya estuvieran ahí.


Próximo capítulo: tentativamente el 1 de noviembre. Mes difícil ^_^