El aire nocturno era muy fresco a la salida del restaurant de la zona de Nishiki, en Nagoya. Ya cerca de las 9:30 de la noche, la humedad de las lluvias del día hacía que el frío de la noche se sintiera aún más intenso.

Taki Tachibana esperaba a sus compañeros de viaje afuera de la puerta del restaurant. Cerró más la chaqueta en torno a su cuello, y se giró para ver a sus dos compañeros. A través de la mampara del local vio como Ozamu Gondō aún estaba junto con Tsuyoshi Watanabe pagando la cuenta y conversando con el dependiente de la recepción.

Aprovechando el instante de soledad, Taki sacó el teléfono y le envió un mensaje a Mitsuha.

«La comida de Nagoya es deliciosa. Gondō-san nos trajo a un lugar que le recomendaron. Me gustaría estar contigo para que la probaras», y adjuntó la imagen del plato que acababa de comer.

A los segundos recibió de vuelta un sticker de un erizo llorando, y varios mensajes en rápida sucesión:

«Recuerda que debes invitarme a un lugar delicioso»

«Podría ser ése»

«Ahora tienes trabajo»

Y finalmente Mitsuha agregó un sticker de un erizo abrazando un trozo de pastel.

Taki solo pudo sonreír y sentirse aliviado. Por fin sentía que Mitsuha estaba siendo de nuevo ella misma.

Levantó la cabeza y vio que sus colegas estaban saliendo del restaurant. Miró la hora en el celular. Ahora eran ya las nueve treinta.

«Ahora regresaremos al hotel. Te llamaré cuando llegue a mi habitación», le escribió Taki, agregando un corazón. Envió el mensaje y guardó el teléfono.

Ozamu y Tsuyoshi también sintieron el impacto del cambio de temperatura al salir.

Tsuyoshi, un hombre de unos cincuenta años, de pelo corto y lentes, había mostrado ser muy locuaz en el tren. Durante el viaje Ozamu los presentó y le explicó a Taki que Tsuyoshi era uno de los lugartenientes de la antigua constructora Teshigawara, y ahora era el encargado de cuadrillas de trabajo en faenas. "Si hay alguien capaz de saber de un vistazo el esfuerzo y cantidad de gente necesaria para un trabajo, ese es Watanabe-san", había explicado Ozamu.

—Hey, ¡está realmente frío aquí afuera! —se quejó Tsuyoshi—. Perdona por hacerte esperar en un témpano, Tachibana-san.

Taki movió la mano intentando desestimar la preocupación de Tsuyoshi.

—No hay problema, con esta chaqueta no siento realmente frío —respondió Taki, con una sonrisa.

—Vaya, veo que ahora estás más relajado. Estabas muy callado y nervioso en el tren, muchacho —le dijo Tsuyoshi, dando una palmada en el hombro al pasar al lado de Taki—. Mejor pongámonos en camino al hotel antes que se haga más tarde.

Los tres hombres caminaron en silencio por entre los edificios de la zona de Nishiki de Nagoya, mirando alrededor. Las calles ya estaban bastante solitarias, dejando claras vistas de los lujosos y modernos edificios comerciales de la zona.

—Ugh, mataría por fumar ahora —dijo de pronto Tsuyoshi, mirando en todas direcciones alrededor—. ¿Les molestaría si nos detenemos un segundo en algún área de fumadores en el camino? No quiero que me multen…

—Eso te va a terminar matando, Tsuyoshi… —Ozamu miró a Taki, quién se encogió de hombros. Miró de vuelta a Tsuyoshi, moviendo la cabeza de lado a lado y dejo escapar un suspiro algo cansado—. Ok, podemos esperarte.

—Te prometo que lo estoy dejando. Ahora solo estoy fumando media cajetilla al día.

—¿Fumaba mucho más antes, Watanabe-san? —preguntó Taki con curiosidad.

—Eh… bueno, llegué a fumar tres cajetillas al día. El trabajo en construcción puede ser estresante ¿sabes?

—¿Tres? —exclamó con incredulidad Taki—. Bueno… eso suena como que es demasiado, creo.

Tsuyoshi rio entre dientes.

—Definitivamente no te voy a presentar a mi esposa, o harás equipo con ella. Ah, muchacho, ¿te parece bien si me llamas simplemente Tsuyoshi, y yo te llamo Taki? Vamos a trabajar juntos, y tantos honoríficos me ponen nervioso.

—Oh, claro, claro… Tsuyoshi-san.

—Sólo Tsuyoshi…

—Ok… Tsuyoshi —dijo Taki algo azorado, sintiendo que le estaba hablando a alguien de la edad de su padre como un igual.

Los dos hombres rieron al ver la expresión de complicación en la cara de Taki. Y Ozamu le palmeó amistosamente el hombro.

—Creo que sería bueno que me trataras también así, llamándome Ozamu. Y yo también puedo tratarte como Taki, si me lo permites. Pero mañana con la persona del ayuntamiento debemos usar nuestros apellidos en forma formal, para causar buena impresión. No olviden eso.

A la siguiente cuadra encontraron un área de fumadores. Tsuyoshi sacó un cigarrillo con avidez y lo comenzó a fumar, casi aliviado.

Taki sintió su teléfono vibrar, lo sacó y miró que Mitsuha había respondido a su mensaje de que la llamaría con un «Esperaré con ansias tu llamada» y muchos corazones. Sin darse cuentas comenzó a sonreír como un chiquillo.

—Definitivamente veo que se arreglaron tus problemas de la tarde, Taki ¿Está todo bien ahora? —dijo Tsuyoshi, dando otro pitido a su cigarrillo y mirando a Taki con una sonrisa pícara.

—Oh… este… sí, las cosas están mucho mejor…

—Supongo que lo repentino de este viaje no es de ayuda a tus temas personales —intervino Ozamu, mirando a Taki con un dejo de culpabilidad—. Lamento si eso te trajo algunas complicaciones, y te agradezco que hayas venido a pesar de eso.

—Ah, claro. No es nada tan grave, creo —dijo Taki—. Supongo que tenía planes de… de ver a mi novia este fin de semana, y ella resintió la noticia de que vendría a Nagoya. Pero creo que ahora ella está de mejor ánimo.

—Ha, ha, no hay nada mejor para el buen ánimo de un hombre que tener a su mujer de buen ánimo también —dijo Tsuyoshi, dando un último pitido al cigarrillo y apagándolo en el cenicero—. Me alegro que ella sea comprensiva. Este trabajo ya es duro sin tener además problemas en casa. ¿Llevas mucho tiempo con ella?

—Oh, bueno, no… comenzamos a salir hace una semana —dijo Taki, algo complicado. Aún no se acostumbraba a hablar de ese tema en forma pública.

—Ah, entonces están recién partiendo —dijo Tsuyoshi, sonriendo—. Creo que te interrumpimos en el mejor momento. Aprovecha la magia del comienzo. Pero este es un viaje corto, no te preocupes. ¿Tienes una foto de tu chica? Si no te molesta, claro.

—Sí, está bien, tengo algunas…

Taki sacó el teléfono y se puso a buscar en la galería de imágenes, y después de un par de selecciones, eligió una imagen de ellos en una selfie. Extendió su teléfono hacia los dos hombres que acercaron su cabeza con atención para mirar.

Ambos miraron el teléfono con una sonrisa de padres preocupados, hasta que ambos comenzaron a cambiar su cara a una extrañeza que luego pasó a un ceño fruncido.

—Oye… he visto a esa chica antes —dijo Ozamu, primero mirando a Taki, luego a Tsuyoshi.

—Sí, pienso lo mismo. Me recuerda mucho a alguien… del pasado —dijo Tsuyoshi, intentando recordar—. ¿Cómo se llama ella?

—Este… bueno, ella es Miyamizu Mitsuha.

Los dos hombres levantaron la mirada y quedaron mirando a Taki estupefactos.

—¿Dijiste… Miyamizu? —preguntó boquiabierto Tsuyoshi.

—Eh… sí.

—Entonces ella es la hija de Miyamizu Futaba, de Itomori ¿Verdad? —preguntó Tsuyoshi con una mirada ansiosa.

Taki asintió, algo preocupado por la súbita curiosidad.

—Entonces… ¡esa es la amiga de Natori-san, la prometida de Teshigawara-san! ¿Verdad? —replicó Ozamu, asombrado.

—S-sí, efectivamente es ella… —dijo Taki.

—Pues… ¡Qué pequeño es el mundo! —dijo Tsuyoshi de forma animada, palmeando el hombro de Taki—. ¿Y cómo la conociste? ¿Te la presentó Teshigawara-san?

—Uh, no, yo la conocí primero a ella, eh… la encontré acá… o sea, allá, en Tokio. Y luego ella me presentó a Tesshi- a Teshigawara-san, de hecho, fue el fin de semana pasado.

—Podrías… ¿podrías mostrarme su foto un poco más, por favor? —preguntó Tsuyoshi, con los ojos algo húmedos.

—Claro… —Taki retiró el celular, y cambió a otra imagen que había tomado a Mitsuha, en formato de retrato. Y le entregó el celular a Tsuyoshi.

Tsuyoshi tomó el teléfono, miró la cara de Mitsuha, y se tapó la boca, afectado.

—Esta chica… ella… se parece tanto a su madre…

—¿Tú la conociste, Tsuyoshi? —preguntó Ozamu algo extrañado por la repentina reacción de su colega.

Tsuyoshi levantó la vista y sonrió con un rictus extraño.

—Claro que la conocí. Fuimos a la escuela y a la secundaria juntos, en Itomori. Éramos amigos. Incluso un tiempo fuimos novios… claro, era la secundaria —explicó a Taki que lo miraba atónito—. No te preocupes, solo fue un juego de niños, no hubo posibilidad de que hoy fuera tu suegro.

Tsuyoshi volvió a concentrarse en la imagen. Una sonrisa llena de añoranza apareció en su cara.

—Verla a ella es ver a Futaba. El parecido es notable. Es… como ver un fantasma del pasado.

Tsuyoshi devolvió el teléfono a Taki.

—Tú… sabes lo de Itomori, lo del cometa ¿verdad? —preguntó Tsuyoshi a Taki.

—Sí, lo sé muy bien.

—La casa de mis padres… mi casa… quedaba cerca del Santuario Miyamizu, el lugar donde cayó el cometa. Esa maldita piedra se llevó todo lo que teníamos. Todo. Mis recuerdos, álbumes de fotos, todo. Por eso, la cara de Futaba es algo que jamás pensé que volvería a ver, más porque ella… ya no está con nosotros.

—Mitsuha me contó lo de su madre… bueno… lo siento. Veo que ustedes eran cercanos.

—Yo… la quise mucho. Pero el premio mayor se lo llevó ese alcalde, claro. Luego, su muerte fue algo inesperado.

—¿Cómo era ella, Futaba-san, como persona? —preguntó de pronto Taki, pensando en compartir eso con Mitsuha.

—Era una mujer muy bella. Y tenía algo, no lo sé, especial. Todo el mundo la quería. Siempre que había un conflicto, o un problema, sin importar qué fuera, si ella mediaba, las cosas se resolvían.

—Yo no la conocí personalmente —dijo Ozamu—, pero fuimos con mi familia muchas veces al Santuario por los festivales. Y recuerdo haberla visto danzar. Era un espectáculo magnífico. Tienes razón, Tsuyoshi, era una mujer preciosa.

—Como su hija —dijo Tsuyoshi, dando un paso hacia Taki y poniendo una mano sobre su hombro—. Si apenas llevas una semana con ella, tal vez te parezca una chica cualquiera, pero si ella se parece a su madre no solo en lo físico, créeme que debe ser una gran mujer. Más te vale que la aprecies y la cuides.

—Eh… gracias, de verdad es lo que más quiero hacer —dijo Taki, algo azorado—. Además, parece gracioso, pero es la segunda persona que me lo dice en menos de una semana.

—¿Conociste a su familia ya? —preguntó Tsuyoshi.

—Conocí a su hermana menor. Pero aún no he visitado a su abuela, formalmente. Quisiera hacerlo pronto. Pero no fue su familia quien me lo dijo, fue su jefa, en su trabajo. Tuve la oportunidad de conocerla, y me dijo casi lo mismo.

Tsuyoshi rio y dio algunas palmadas en el hombro a Taki, con la cara llena de felicidad, y luego miró a Ozamu.

—Cuando dijiste que este chico era alguien conocido de Teshigawara-san, no pensé que fuera a ser alguien tan cercano a nosotros. Fue una excelente decisión, Ozamu, digo, traerlo a la empresa ¡Es un buen augurio! Parece que además de ser una empresa familiar, seremos una gran familia, como éramos antes en Itomori —dijo Tsuyoshi sonriendo.

—¡Espero que así sea! —dijo Ozamu, también sonriendo—. Pero mañana tenemos que reunirnos temprano con nuestro contacto del ayuntamiento para visitar los parques a intervenir. Vámonos pronto al hotel o no lograremos despertar.

Los tres hombres se fueron conversando alegremente por las calles de Nagoya. Mientras lo hacían, Taki de pronto sintió que este no iba a ser un simple trabajo, pero algo que significaría más en su vida de lo que él podía prever.


§

Esa noche Mitsuha se sentía realmente agotada. Después de despedirse de Sayaka tomó inmediatamente el tren de regreso a su departamento. Tuvo que concentrarse en mantenerse despierta para no perder la bajada en su estación.

Ya camino a su departamento, el aire fresco a ayudo a estar más alerta. Pensó en su conversación con su amiga Sayaka, y la resolución de visitar a su familia el fin de semana comenzó a cementarse en su voluntad. «Puedo hacerlo. Hablaré con mi abuela. Ella lo va a entender…».

Cuando llegó a su departamento se dio cuenta que ella aún no había cenado, pero no tenía energías para cocinar. Decidió preparar ramen instantáneo y luego tomar un baño para relajarse.

Al poco rato ya había vertido el agua hirviendo en el vaso de ramen y se sentó en la mesa a esperar que estuviera listo. Entonces su teléfono sonó. Era el mensaje de Taki.

«La comida de Nagoya es deliciosa…»

Mitsuha se alegró de ver que Taki estaba bien. Iba a responder cuando la imagen de un apetitoso plato apareció en el chat. Miró su vaso de ramen, y era insatisfactorio en comparación. Mitsuha dio un suspiro de resignación, y pensó en cuando le gustaría estar cenando algo así con Taki en ese preciso momento. Con eso en mente, supo que responder a su novio.

«Recuerda que debes invitarme a un lugar delicioso…»

A los segundos recibió una respuesta de Taki.

«… Te llamaré cuando llegue a mi habitación»

Mitsuha miró la hora. Calculó que a Taki debería tomarle un largo rato llegar a su hotel y llamarla, así que comió su ramen rápido y fue de inmediato a tomar un baño. Quería esperar la llamada desde su cama.

«Esperaré con ansias tu llamada», le escribió como último mensaje. Agregó un sticker con corazones, y dejó el teléfono en el mueble del lavamanos.

Animada por la idea de tomar un baño caliente, Mitsuha dejó la bañera llenándose. Se desvistió y se sentó en un pequeño piso plástico al lado de la tina, y comenzó a lavarse el cuerpo. El agua caliente de rociador comenzó a relajarla, así que casi no se dio cuenta cuando la bañera ya estaba lista.

Mitsuha se sumergió en la tina lentamente, hasta quedar casi acostada con su cuello apoyado en el borde de la bañera. Cerró los ojos y dejó a su cuerpo flotar en el agua tibia y relajarse.

—Ah, esto es vida —exclamó con una exhalación de placer.

El agua estaba tan agradable, que pronto comenzó a sentirse adormilada. Recordó que Taki la llamaría pronto, pero el agua caliente era tan agradable que decidió darse unos minutos más de indulgencia… hasta que perdió la noción del tiempo.

Su mente comenzó a divagar. Los eventos del día entraban y salían de su mente. Cada vez más relajada, de pronto recordó a Taki. Al pensar en él, Mitsuha se dio cuenta de cuánto o extrañaba. Pensó que justo hacía una semana atrás, a esa misma hora, ellos estaban juntos en una plaza de Shinjuku, recuperando sus recuerdos. A partir de ahí todo había sido tan extraño que los últimos siete días los sentía como si hubieran sido un mes.

Su mente comenzó a recordar los eventos de ese día viernes afortunado, y sus recuerdos la llevaron a rememorar los sucesos, hasta llegar al punto en que ellos habían estado a apenas unos centímetros, durmiendo en la misma cama…

Mitsuha sintió que la sola idea de estar así de cerca de Taki la emborrachaba.

«¿Cómo sería estar realmente con él…?» se preguntó Mitsuha.

Su mente comenzó a imaginar a Taki abrazándola, y ella sintiendo el cuerpo de Taki, pero esta vez desde su propio cuerpo de mujer.

Sin darse cuenta, sus manos primero tomaron sus codos, y luego sus hombros. Imaginó a Taki haciéndolo. Asombrada, por primera vez sintió que las barreras del pudor que la hubieran hecho rechazar tal pensamiento se desvanecían ante la idea de que fuera él quien la tocaba.

Mientras fantaseaba con esa posibilidad, sus manos fueron desplazando por el costado de su cuerpo, llegando suavemente a su vientre, masajeando, y luego sus muslos. Su corazón comenzó a latir más fuerte. Una de sus manos volvió a subir y tocó su pecho desnudo, apretándolo suavemente. Su corazón comenzó a agitarse aún más. «¿Así sería como lo hacía él…?», pensó.

La idea la estremeció, y sus brazos se apretaron más fuertemente contra su propio cuerpo, haciéndola emitir un pequeño pero incontrolable quejido. El escuchar su propia voz en un tono tan extraño rompió de golpe el hechizo.

Mitsuha abrió los ojos y se miró a sí misma en una postura que de pronto le pareció tan absurda que sintió que ahora su cara se puso roja de pura vergüenza…, mientras sentía que su corazón latía desbocado.

—¿Q-qué… qué estoy haciendo…? —se preguntó a si misma sintiéndose como una tonta.

A pesar de estar sola, la vergüenza sobrecogió a Mitsuha. Se dio cuenta que su cuerpo había sucumbido a un deseo que ella misma desconocía, y se había dejado llevar, perdiendo el control de su voluntad como jamás le había ocurrido antes… y eso solo por pensar en él, en Taki…

Su mente lo imaginó mirándola en ese estado, y ya no pudo más. Se sumergió de golpe bajo el agua, aguantando la respiración, cerrando los ojos fuertemente mientras cubría su cara con sus manos

«¡Qué vergüenza, que vergüenza, que vergüenza…!» comenzó a repetirse a sí misma.

Y mientras estaba bajo el agua, un lejano sonido interrumpió su letanía de culpabilidad… se detuvo un segundo y reconoció que era su celular recibiendo una llamada.

«¡No justo ahora!», se lamentó Mitsuha sentándose y sacando la cabeza fuera del agua, tomando una fuerte bocanada de aire para recuperar la respiración mientras intentaba sacarse el agua de la cara con las manos. Apenas si lo logró y miró desesperada al teléfono que estaba a apenas dos metros de ella, pero fuera de su alcance…

—Taki, ¡no vayas a cortar ahora! —gritó, pues supuso que era él llamando, y lo retó como si hubiera estado ahí, en persona.

Se puso de pie atolondradamente, tomó la toalla que había dejado a un costado de la tina, y se incorporó saliendo de la tina con cuidado para no resbalar y mientras se secaba a todas prisas.

Cuando al final alcanzó el teléfono, el teléfono se había acallado y vuelto a negro.

—¡No! —se quejó Mitsuha, buscando de inmediato en el registro de llamadas. Confirmó que era Taki, así que devolvió la llamada de inmediato. Y al segundo tono, la llamada conectó.

—¡Hola! ¿Mitsuha?

—¡Taki- Taki-kun, por- por fin! —exclamó ella, aliviada de poder escucharlo.

El teléfono se quedó mudo un par de segundo, y la voz de Taki sonó de pronto extrañada y preocupada.

—¿Estás bien? Te escuchas rara.

—¿Sí? ¿A… a qué te refieres?

—¿En serio estás bien? Suena como si te faltara el aire…

Mitsuha se tapó la boca sorprendida, como intentando ocultar su propia respiración. Recién en ese momento se dio cuenta que estaba jadeando suavemente.

—No es… no es nada, es… es que estaba tomando un baño, y… tuve que correr para contestar la llamada… —se excusó, sintiendo que nuevamente la cara se le calentaba. Tomó aire, intentando recomponer su respiración, de la forma más disimulada que pudo.

—Oh… entonces… disculpa, no sabía que estabas ocupada, si quieres te llamo más tarde y-…

—¡No, no! Está bien, ¡no cortes! —exclamó ella alarmada.

—Bueno, pero… espera ¿estás aún en el baño?

Mitsuha se dio cuenta que ella había revelado más de lo necesario a Taki. Se cubrió con la toalla como si el chico hubiera entrado y la estuviera mirando en persona.

—Pues… claro que estoy… ¡Oye! ¡No comiences a imaginarte cosas!

—¿Por qué? ¿Qué acaso… estás sin rop-?

—¡Taki-kun! —lo reconvino en forma enérgica.

—¿Eh? Oye, yo no estaba pensando en nada hasta que tú me diste ideas, ha, ha… —dijo Taki, riendo.

—Entonces, ¡c-controla tu imaginación!

—Acaso… ¿no quieres que te imagine? —dijo Taki, intentando bromear, y calmar a la chica.

Mitsuha iba a responder con un rotundo no, casi por reflejo, pero se quedó callada. No pudo hacerlo. Se dio cuenta que ella misma había estado haciendo exactamente eso apenas unos segundos atrás, y de pronto se sintió hipócrita criticándolo porque a él se le ocurriera hacer algo parecido.

—¿Hola? ¿Mitsuha? ¿Me escuchas? —preguntó Taki, extrañado por el inesperado silencio.

—S-sí, estoy aquí… es que… tú… ¿tú has hecho eso antes?

—¿Eh? ¿Qué cosa?

—Pues, eso… imaginarme…

Ahora Taki quedó perplejo por la pregunta, y demoró un par de segundos en responder.

—Uhm… bueno, sí, lo he hecho…

—¿Eh? ¿Me imaginaste… cómo?

—Esta semana, cada vez que despierto, quisiera… pues, tenerte cerca de mí, y entonces, bueno, te he imaginado… cerca de mí, que estabas conmigo… así como estuvimos el sábado pasado.

—Yo… también… he pensado en ti así —dijo Mitsuha, sintiéndose ruborizada como nunca.

—Ahora estoy en la habitación del hotel, tirado en la cama. Y si cierro los ojos, podría imaginar que estás aquí, conmigo…

Un repentino silencio se hizo en la llamada. Mitsuha comenzó a sentirse ansiosa de saber qué estaba pensando Taki. Al final, ella habló.

—Y… en tu imaginación… ¿qué estoy haciendo?

—Te imagino recostada a mi lado, durmiendo. Y yo, mirándote de cerca. Sintiendo como respiras…

—Eso no es algo… ¿aburrido?

—¿Eh? Sí, tal vez lo sea. Pero entonces, tú cierra los ojos ahora.

—¿Para qué?

—Vamos, hazlo —insistió Taki.

Mitsuha dudó, pero después de un par de segundos lo hizo.

—Está bien, los cerré.

—Ahora imagina que estoy cerca de ti.

—¿Ahora?

—Claro, ahora…

Mitsuha frunció el ceño, pero decidió intentarlo. Imaginó a Taki ahí, en el cuarto de baño, simplemente parado…

Mirándola.

Y de pronto, ella se hizo consciente de que estaba hablando por teléfono parcialmente tapada por una toalla, semidesnuda, y sintió como un flujo de adrenalina circuló por su cuerpo. Por un lado, la idea de un chico mirando su cuerpo la perturbó, pero… ¡era Taki! Aún si era en su imaginación, sentir que él la miraba de pronto le hizo sentir de nuevo ese vértigo...

—¡No! —exclamó Mitsuha, abriendo los ojos de golpe—. Ya no me gusta este juego.

—¿Eh? ¿Qué pasa?

—Es que… mejor no sigamos esto.

—¿Por qué? ¿Qué imaginaste?

—Yo… tú… me estabas mirando.

—¿Ya? ¿Y qué más?

—Pues, ¡eso!

—Ha, ha ¿Y eso no te pareció aburrido? —dijo Taki, riendo.

—Sí… ¡muy aburrido! —dijo Mitsuha, con un tono taimado.

—Ok, prometo que cuando vuelva, haré algo más que solo mirarte y…

—¡Taki-kun! —dijo con voz sorprendida Mitsuha.

De pronto Taki se dio cuenta de lo osado que sonaba su comentario, y se sintió avergonzado.

—Oh, no… o sea, algo más interesante… me refiero, te llevaré a comer algo delicioso, esa es nuestra promesa ¿verdad? —dijo en forma algo atolondrada Taki, recordando el mensaje de Mitsuha.

—Mmm… ¿De verdad era eso lo que estabas pensando? —dijo Mitsuha abrazando la toalla frente a ella, como protegiéndose.

—¡Claro! ¿Qué más podría ser? —dijo Taki, intentando zafar del tema.

Mitsuha tragó saliva, y no supo cómo responder. La sola idea de tener que verbalizar ese "que más" que ella misma tenía en la mente le hizo molestar, más que nada consigo misma, y al final respondió de forma airada.

—¡Agradece que estás ahora en Nagoya, porque si no…! —pero Mitsuha se detuvo, y quedó en silencio.

—¿Qué pasa?... ¿Aló, Mitsuha, me oyes? —respondió Taki, extrañado ante el súbito silencio.

—Sí… perdóname. Creo que a veces me haces perder la cabeza. Yo… yo solo quiero que vuelvas pronto. Aún si me enloqueces…

—Tranquila, será poco tiempo. Piensa que nos veremos la próxima semana. Yo también ya te extraño, ¿sabes? Y, además el viaje está saliendo bien. Somos tres. Estoy viajando con otro colega, además de Gondō-san. Es uno de los trabajadores antiguos de constructora Teshigawara. Debe ser unos años mayor que mi padre. Se llama Watanabe Tsuyoshi. ¿tú lo conociste?

—¿Tsuyoshi? Yo no lo recuerdo. No al menos por su nombre.

—Pues… recién, cuando volvíamos del restaurant, conversábamos y les conté a ellos que… bueno, que tengo novia.

—¿Se los dijiste o te lo preguntaron?

—Estaban algo preocupados porque me vieron nervioso esta tarde, en el tren. Luego me vieron escribiéndote mensajes esta noche, bueno, más relajado. Y les dije que, que estaba hablando contigo, con mi novia.

—¿No te avergüenza decirlo? —preguntó, asombrada Mitsuha.

—Bueno, es un poco raro, siento que aún no logro asimilar del todo lo que está pasando, pero… ¡estoy feliz que esto sea cierto! De que estemos juntos después de tantos años ¿Por qué debería darme vergüenza, después de todo? Es lo que más quiero.

Mitsuha sintió una pulsión de remordimiento.

—Es que… bueno, además de Noriko, hasta anoche nadie lo sabía en mi oficina. Y hoy… pasó algo en la oficina.

—¿Tuviste problemas de nuevo? —preguntó alarmado Taki.

—¡No! O sea, no con mis jefes o con seguridad. Pero en cuanto llegué hoy, unas compañeras de mi piso me llamaron, y… ¡me mostraron un video de seguridad de edificio, de ayer en la tarde!

—¿De seguridad? Uhm… te ¿te refieres de afuera de tu edificio, ayer cuando saliste y…?

—¡Sí!

—Oh… ¿en serio tienen un video de eso? ¿Y de dónde lo sacaron?

—Ellas tienen contactos con uno de los guardias… bueno, el punto es que… yo no le había contado a nadie de ti. Hoy se los dije. Con eso… lo nuestro acá es, básicamente es público.

—Y… ¿eso… te avergüenza?

—¡No! Pero… todo esto, también es nuevo para mí ¿no lo entiendes? Yo nunca… nunca he estado con nadie…

—¿Nunca… ni siquiera en la universidad?

—No. Salí muchas veces en grupos con amigos, o amigas, a un karaoke, o a comer o beber algo… pero, nunca, nunca salí con un chico antes… —dijo Mitsuha, sintiéndose como una tonta.

—Bueno… yo era algo popular en mi facultad, ¿sabías?

—¿En serio? —dijo Mitsuha, sintiéndose súbitamente preocupada.

—Sí, o sea… tenía un grupo de amigos y amigas con el que hacíamos trabajos, y siempre tenía compañeras que me buscaban para los trabajos, para las maquetas, presentaciones y cosas por el estilo…

—Y… ¿salías con ellas? —dijo Mitsuha sintiéndose sin darse cuenta celosa.

—Eh… no, nunca salí con ninguna de ellas. Aunque hubo una que me lo pidió, pero… la rechacé.

—¿Por qué?

—Honestamente, la chica era preciosa, pero… no eras tú.

—¿Taki, en serio no lo estás diciendo para hacerme sentir bien?

—No… es la verdad. Yo en ese momento no lo entendía. Mis amigos de la facultad incluso me reprendieron cuando les conté que la había rechazado. Pero yo no sabía porque la rechacé. Solo fue… solo sentí que no era correcto, que no era ella con quien yo quería estar… que no era a quien… a quien yo realmente buscaba.

—Taki…

—Sí, Mitsuha. Aunque no lo sabía, te buscaba a ti. Ahora lo sé. Ahora lo siento y estoy totalmente seguro. Es contigo con quien yo quería estar. Con quien siempre quise estar.

—Taki… perdóname —dijo Mitsuha, sintiendo que de pronto su voz se entrecortaba.

—¿Eh? ¿Por qué… dices eso?

—Es que, a veces soy muy tonta. Tengo dudas. Tengo miedo, y esta semana… ha sido… tan maravillosa, pero tan extraña, que… me siento, a ratos me siento como desorientada.

—Te… ¿te arrepientes de estar conmigo?

—¡No! No es eso… es que… hay muchas cosas pasando por mi vida, y ahora apareciste tú. Estoy feliz, pero… hay cosas que tengo que arreglar, que debo enfrentar. Y hoy fui muy débil…

—Mitsuha… hoy, hoy pensé que estabas molesta conmigo por tener que viajar, por alejarme de ti, pero… siento que hay algo más pasando, pero no sé qué es… ¿está pasando algo más?

Mitsuha supo que no podía ocultarlo más. Recordó lo que había hablado con Saya. Tomó aire profundamente, antes de hablar.

—Es… es mi familia. Anoche… anoche mi abuela dejó un mensaje en mi contestadora. Me dice que Yotsuha ha estado mal, faltando a la preparatoria, y ha estado muy rara, no quiere hablar con ella…

—¿Está enferma?

—No, pero mi abuela dice que está así desde que llegó de Tokio, después de que nos vio.

—¿Y has podido hablar con ella?

—No. Le envié mensajes, pero… Yotsuha no quiere hablar conmigo tampoco. Y no responde mis llamadas.

—¿Por qué no me dijiste antes? ¿Irás a verlas?

—Eso… no pude decírtelo antes. Esta mañana tú… tú estabas tan contento… que me sentí… culpable de arruinar tu día, de arruinar tu oportunidad de trabajo. No quiero arruinar tu viaje con preocupaciones que no corresponden, ¡que no son tu responsabilidad! Y fui débil. Siento que… no soy como antes. Antes lo hubiera hecho sola, lo hubiera encarado sola. Mi abuela me pidió… diría que me exigió que las vaya a ver este fin de semana. Antes simplemente hubiera ido. Ahora, dudé, y tú… no estás… pero, ahora debo ser fuerte.

—No… no entiendo, Mitsuha… ¿qué me quieres decir?

—He estado todo el día dudando de qué hacer. Pero esta tarde me junté con Saya. Conversamos. Y hay cosas pasando. Me dijo que ella y Tesshi estaban… no sé cómo decirlo… están preocupados. Cuestionándose incluso si debían casarse. Si debían casarse en esta realidad que… nosotros les revelamos.

—Espera ¿qué? ¿Nos se van a casar por culpa nuestra?

—No, no, ellos sí se van a casar. Pero Tesshi es sensible a cosas de tipo místicas, sobrenaturales, y creo que lo que le contamos sí que lo afectó. Y le dijo a Saya que no entendía si, ahora, el mundo en que estamos viviendo es… es real ¿estamos todos realmente vivos después de todo?

—Pues claro que sí… tú estás viva, todos ustedes lo están.

—Y ¿puedes asegurarme que la realidad no puede… volver a cambiar?

Un largo silencio pasó antes que Taki pudiera responder. En su cabeza, una sucesión de pensamientos pasó por su mente, pero sin llegar a ninguna respuesta.

—No, no sé cómo podría —dijo finalmente Taki, sintiéndose derrotado.

—Yo tampoco. Lo único que pude decirle a Saya-chin es que, todo este tiempo, lo que sentía por ti es real. Desde antes de vernos de nuevo, y ahora aún más. Así que, aunque todo cambiara mañana… viviré cada día sabiendo que lo que siento es de lo único que estoy segura, y que viviré cada día desde esa convicción.

—Yo… no sé qué decirte… solo que… ahora no puedo concebir un mundo sin ti.

—Yo tampoco. Pero… aunque en mi mundo ahora estás tú, tengo que volver a ser yo misma, y tengo que encarar este problema con mi familia. Iré a ver a mi abuela y a Yotsuha mañana sábado por la tarde. Pienso que Yotsuha está sufriendo los mismos pensamientos que Tesshi y Saya, pero… sola, sin nadie con quien hablarlo. Está sufriendo…

—Espera… pero… si todo es nuestra culpa, ¡quisiera acompañarte!

—No. Esto es algo que yo debo hacer. Y hay muchas cosas que debo hablar con mi abuela. Ahora concéntrate en tu trabajo, Taki ¿acaso no tienes unas reuniones y cosas así, mañana?

—Sí, bueno, a eso vinimos. Mañana por la mañana nos reuniremos temprano con un contacto del ayuntamiento, e iremos a terreno, a los parques, pero… pero… ¿de verdad tienes que este fin de semana tú sola?

—Tranquilo, Taki, tú solo debes concentrarte en lo tuyo ahora. Tal vez no debería haberte dicho nada…

—¡No, Mitsuha! Gracias por contarme… quiero ser parte de tu vida ¿entiendes? No quiero que me dejes a un lado, y quiero apoyarte, aún si eres tú la que haga las cosas.

Mitsuha sintió su pecho apretarse. No quería afectar para mal la vida de Taki.

—Lo sé, Taki. Gracias. Y que solo me escuches ya es para mí una gran ayuda. Te prometo que te contaré lo que pase. Pero tú debes prometerme que harás tu trabajo bien, ¿ok? No quiero que tengas problemas, que tengas problemas en tu nuevo trabajo por mi culpa ¿está bien?

—Mitsuha, tú eres más importante para mí que-

—¡Prométeme que harás bien tu trabajo, Taki! —lo interrumpió Mitsuha, en forma vehemente, sintiendo que su pecho dolía.

Un silencio se hizo en la llamada.

—¿Me lo prometes, por favor…? —insistió la chica, sintiendo que iba a sollozar.

—Está… está bien, Mitsuha. Te lo prometo. Pero tú prométeme que, si hay problemas con tu abuela, o con Yotsuha, me lo dirás, que no me ocultaras nada ¿Lo harás?

—Lo haré… lo haré. Te lo prometo. Y ahora… debes ir a descansar, tienes trabajo que hacer mañana, Taki.

—Sí… tienes razón. Pero… para mí tú eres más importante que cualquier trabajo. Por favor no olvides eso.

—No lo haré. Te quiero, Taki. Descansa… buenas noches.

—También te quiero, y ya te extraño, Mitsuha… buenas noches.

Mitsuha alejó el teléfono, y casi con dolor, oprimió el botón rojo para cortar la llamada. Dejó el teléfono de nuevo en el mueble, y miró la bañera. Dudó de si volver a ella, o ir a dormir. Finalmente decidió aprovechar el agua de la bañera. Lentamente se metió en ella, pero el agua ya estaba más fría. Abrió de nuevo la llave de agua caliente, para entibiarla.

Se recostó en la bañera, tal como al principio, con los ojos cerrados, intentando despejar su mente de todo pensamiento. Y de pronto sintió la comisura de su boca extrañamente salada. Abrió los ojos y se dio cuenta que el mundo se veía distorsionado de forma acuosa. Estaba llorando.

—Ah, Taki… de verdad te necesito cerca de mí —se quejó Mitsuha, sentándose en la bañera y abrazando sus rodillas.


§

Yotsuha logró terminar su día de preparatoria en base a ocultarse. Estuvo escondida en la biblioteca gran parte del día, y así logró evitar a sus compañeros de clase y, en especial, a la profesora de matemáticas.

Al final del día logró escabullirse de todos e ir caminando a casa. Cuando llegó, entró en forma silenciosa y mecánica, casi sin pensar, y sin buscar a su abuela siquiera para saludarla. Estaba cansada de pensar. Después de una semana de cuestionamientos, quería únicamente dejarse llevar como una hoja en un río. Entró a su habitación, tiró el bolso al suelo y sentó en el piso, con las piernas tomadas entre sus brazos y la cabeza escondida entre sus rodillas.

Perdió la noción del tiempo, cuando de pronto sintió la puerta de su habitación abrirse suavemente. Levantó la cabeza, y solo en ese instante se dio cuenta que ya estaba oscuro.

La mano temblorosa de Hitoha buscó por el interruptor eléctrico de la habitación, y prendió las luces.

—¡Ay, Yotsuha, no me des esos sustos! —exclamó Hitoha, sorprendida de ver a su nieta ahí—. ¿Qué haces ahí sentada? ¿Por qué no me dijiste que habías llegado?

—Hola abuela —respondió desganada Yotsuha, aun parpadeando molesta por el repentino cambio de luz.

—¿Hace cuánto llegaste?

—No lo sé —dijo Yotsuha encogiéndose de hombros y volviendo a colocar su cara entre sus rodillas.

Hitoha dio un cansado suspiro, y entró a la habitación. Con lentitud se arrodilló a un metro de su nieta, quejándose un poco hasta alcanzar una posición algo cómoda.

—Yotsuha ¿me puedes decir qué pasa contigo?

Yotsuha se encogió de hombros, sin decir nada.

—Yotsuha, necesito que me hables —insistió la anciana—. Hoy en la tarde… llamó una profesora. Dijo estar muy preocupada por ti. Dijo que te citó a hablar con ella, pero no te presentaste ¿Qué pasa contigo?

—¿Para qué iría con ella? No tengo nada que decirle. Ella no puede responder lo que no sabe.

—Yotsuha, ella me dijo que te fuiste de su clase de forma brusca, y que luego no asististe a ninguna de las siguientes clases y que nadie te pudo encontrar en el instituto en todo el día ¿Dónde estuviste?

—Si tanto importa, estaba en el instituto. Pero no quería ver a nadie. ¡No quiero ver a nadie!

—Yotsuha… por favor… ¡dime qué te ocurre!

—¡No puedo, abuela!

—¿Pero por qué? ¿Alguien te hizo algo? ¿Tu hermana te hizo algo?

Yotsuha sintió como una risa comenzó a brotar de su garganta, que luego se transformó en sollozos que comenzaron a salir sin control.

—Ella… ella me… me mostró… que… tal vez… nada de esto… nada… importa —respondió entre sollozos—. Tal vez… ni siquiera… importa que esté… ¡que yo esté viva!

Hitoha quedó boquiabierta por la sorpresa. Sintió como sus manos temblaban sin control, sin poder dar crédito ante lo que acababa de escuchar.

Casi como un reflejo la anciana se incorporó y se acercó a su nieta, que la miraba inmóvil con los ojos llenos de lágrimas, mientras continuaba sollozando sin control, desvalida.

Hitoha se puso de rodillas al lado de su nieta y la abrazó contra su cuerpo.

—Yotsuha ¡No vuelvas a decir eso! —le dijo, apretando la cabeza de la chica contra su pecho y acariciando su pelo—. No importa qué cosas te haya dicho tu hermana, ¡Escúchame a mí! La familia Miyamizu ha sobrevivido por más de un milenio, y ¡aún estamos aquí! Musubi nunca nos ha abandonado, y tu vida es ahora más valiosa que nunca. Porque somos las últimas, no puedes… tú no puedes…

Hitoha no pudo continuar. Las palabras se le atoraron en la garganta. Solo consiguió seguir acariciando la cabeza de su nieta. Entonces elevó en su mente una plegaria desesperada a Musubi, pidiendo la sabiduría necesaria para hacer ver a Yotsuha el inconmensurable valor que su vida tenía para la familia Miyamizu.

Mientras lo hacía, un pensamiento angustioso vino a la mente de la anciana. «Mitsuha… Mitsuha ¿qué has hecho? ¿Qué le hiciste a Yotsuha?» pensó, temblando de impotencia.

La anciana sintió que la rabia subía rápidamente por sus entrañas. Hitoha pensó que su nieta mayor no solo había abandonado la tradición de la familia, se había alejado de ellas y había elegido vivir la vida de una citadina cualquiera de Tokio. Mitsuha además había traicionado todas sus enseñanzas con una última gota que había rebalsado el vaso: había subvertido la última esperanza de Hitoha para la familia Miyamizu, una esperanza desesperada que ella había depositado en Yotsuha.

El pecho de la anciana le dolió ante esa revelación. Su cabeza comenzó a latir con fuerza, como si fuera a explotar en cualquier momento.

Entonces una repentina sensación surgió de la nada, una que le hizo erizar los cabellos: ella tuvo la completa seguridad que algo, o alguien, estaba detrás suyo, a sus espaldas.

Pero la anciana sabía eso era imposible. La casa estaba completamente cerrada, y ella misma había revisado las puertas y ventanas justo antes de venir a la habitación de Yotsuha.

Hitoha sintió la necesidad apremiante de girarse y mirar. Con dificultad se disponía a hacerlo cuando un tenue aroma a flores llegó a su nariz, deteniéndola.

El aroma floral le resultó dolorosamente familiar. Era un aroma que ella no había sentido desde hacía tantos años. Un aroma que sólo había experimentado en su antiguo hogar, en Itomori.

Sus ojos se abrieron por la sorpresa. Desbordantes recuerdos se agolparon en su memoria, porque… ¡Ese era el aroma del perfume favorito de su hija, de Futaba Miyamizu!

Hitoha quiso abrir la boca, pero se sintió paralizada. Aunque sentía el cuerpo de su nieta temblar y sollozar entre sus brazos, su cuerpo se negó a moverse.

En forma inesperada su nieta comenzó a tranquilizarse, como si la adolescente fuera un bebé respondiendo al arrullo de su madre. Yotsuha pasó de los sollozos a un suave hipo, y luego a una respiración profunda, de tranquilidad, hundiendo su cabeza en el pecho de su abuela, apoyándose en ella como si fuera una niña pequeña, como hacía años que la muchacha no lo hacía con su abuela.

Junto con la repentina tranquilidad de Yotsuha, la anciana sintió que la rabia y el miedo que la habían inundado se desvanecían.

Y entonces una voz vino a la mente de Hitoha de forma casi sonora, pero sin que ella sintiera que provenía de sus propios oídos.

Era la voz de su hija Futaba.

«No desesperes… escucha a Mitsuha... ella tiene muchas respuestas».

Y tan de improviso como había aparecido, el aroma floral desapareció. Y junto con él, la parálisis, la rabia y el dolor se desvanecieron como un sueño, dejándole a Hitoha una extraña y agradable sensación de tibieza en el cuerpo.

La anciana tuvo la convicción de que, después de muchos años de intentarlo, su plegaria había sido finalmente respondida por Musubi, en la voz de su propia hija.

La emoción la hizo temblar de felicidad y agradecimiento. Abrazó suavemente a su nieta, que ahora yacía tranquila, dormida entre sus brazos.

«Alabado seas, oh, Shitori-no-Kami. Gracias por enviar a tu sierva, gracias por enviar a Futaba, ante esta anciana tonta y lenta para entender tus caminos. Gracias, gracias, gracias, gracias…», dijo Hitoha en su mente mientras seguía abrazando tiernamente a Yotsuha.

La mujer sintió su corazón reverberar de esperanza. Se convenció de que lo que fuera que estuviera sucediendo, con ella, con sus nietas y con todo su mundo, eso no podía ser sino la voluntad de Musubi, de Shitori-no-Kami, el dios que su familia había venerado y servido por generaciones.

Hitoha sintió que ahora todo estaba claro. Todo estaba conectado. Siempre lo había estado.