Travesura del Catorce de Julio

Advertencia: Lemon explícito. Solo para +18


La enorme mansión actualmente se encontraba rodeada por edificios de diversos funcionarios del Gobierno. Aunque se llenaran la boca diciendo lo contrario, aquello solo era una excusa para mantenerla vigilada; prisionera en su propia casa. Por fortuna, tenía al Shinsengumi velando por su protección. Soyo se acercó a la ventana; afuera la lluvia propia de la época rompía con fuerza, mojando la madera, pero lo más importante, bañando los pétalos blancos del precioso ramo de flores.

Sintiéndose reconfortada por las gotas de lluvia, Soyo acarició el ramo con suavidad. Blanco pintado de rosa en el centro. El hermano de Kagura se había acercado a las flores que crecían cerca de la lápida de su familia, arrancó un generoso ramo y se lo entregó antes de retirarse esa vez en el cementerio. Había pasado ya una semana desde aquel encuentro y las flores seguían tan frescas como el primer día, tan frescas como el cosquilleo en su oreja. Sus mejillas se colorearon al recordar la atrevida mordida que el Yato le dio en su oreja antes de desaparecer por completo.

Salió de su letargo cuando escuchó el sonido de su teléfono. Era un mensaje de Kagura. La princesa sonrió emocionada, tomó un bolso y un paraguas y salió rumbo al encuentro con su amiga.

-¡Soyo-chan! - La voz enérgica de Kagura la recibió.

-Kagura-chan, no digas mi nombre tan alto. - Pidió. - Recuerda que iremos en secreto y Matsudaira-san me dio el permiso con la condición de que nadie me reconociera.

-Ah, tienes razón, lo siento.

Ambas se encaminaron al Barrio Rojo, específicamente a Yoshiwara. Luego de que Soyo se enteró de la triste historia de amor de Jiia con una cortesana, se fijó como meta mejorar las condiciones en que éstas ejercían su profesión. Con la ayuda de Hinowa, abrieron un hospital en la zona, limpiaron las calles de drogas y tráfico de personas, ahora, ser cortesana era por completo una elección libre para las mujeres; tenían seguro médico, guarderías y escuelas para aquellas que voluntariamente se convertían en madres, mejores salarios que les permitían ser más selectivas con sus clientes, entre muchas cosas más. Esto la convirtió en la segunda "Salvadora de Yoshiwara" después de Gintoki, así que por su día especial Hinowa le ofreció un día de relajación, aunque su plan era otro.

-Soyo-sama… Tenemos muchos clientes el día de hoy, temo que las chicas no podrán atenderla, pero todo está listo para que usted disfrute su estadía. - Se disculpó Hinowa.

Las chicas alcanzaron a escuchar detrás de la puerta del primer salón un gran bullicio, mientras que en el segundo, se escuchaban platos de comida ser lanzados.

-¿Está todo bien? - Preguntó Soyo temerosa de que fueran clientes agresivos.

-Si, no hay de qué preocuparse. Nuestros clientes están rebosantes de felicidad por el delicioso banquete que preparamos. Pagaron mucho dinero. - Finalizó Hinowa emocionada.

-Hinowa, si necesitas ayuda, Soyo-chan y yo podemos ayudarles. - Ofreció Kagura.

La mayor al principio se negó, sin embargo, minutos después, una concubina se acercó para informarle que dos clientes estaban pidiendo compañía para compartir privadamente.

-Si de verdad no les molesta, se los agradecería mucho. Saki las vestirá. - La Cortesana se inclinó y las guió hasta los vestidores. Hinowa sonrió divertida. Vaya que clientes tan particulares y observadores tenían esa noche; notaron la presencia de las invitadas y de inmediato procedieron a solicitarlas… Uno de ellos le recordó un poco a Housen; a la primera vez que el "Rey Yato" la pidió como cortesana específicamente, solo que esperaba que esta vez el final fuera diferente.

Además, no podía negarle a "ese" cliente en particular nada, después de todo, legalmente era el dueño de Yoshiwara según la Ley de Harusame* - que continuaba vigente en el distrito, pero modificada -, e incluso se ha convertido en su protector.

-¡Wow! Kagura-chan, te ves tan bonita y sexy- Exclamó Soyo emocionada. Claro, en Yoshiwara tenía esa clase de kimonos reveladores.

-Yo también quería verte a tí, pero supongo que será en otra ocasión. Ese estúpido cliente es muy insistente, no para de llamar. - Se quejó la joven.

-No te preocupes, nos veremos mañana al amanecer como acordamos. ¡Diviértete!

Cuando fue su turno, ella misma buscó y eligió el kimono. Era negro con hermosos detalles dorados bordados a mano. Resaltaba su busto, sus curvas y sus piernas. Si bien Soyo no era particularmente alta, el kimono estilizaba su figura. Se colocó unas sensuales medias de color negro semi transparentes con detalles de flores y cubrió su rostro con un velo sostenido por una corona dorada.

-Ese kimono… Únicamente ha sido usado por la difunta Suzuran-sama. Ella contó que con él encontró a su único amor y en usted luce hermoso, princesa. Ni a Suzuran-sama le quedó tan bello. - Halagó la cortesana con lágrimas en los ojos

-Je, je… Muchas gracias. Si ese es el caso, usaré este vestido con mucho honor, después de todo, siempre he admirado a las cortesanas y si no hubiese nacido como princesa estoy segura de que me habría convertido en una.

Soyo caminó detrás de la cortesana con emoción. Ese día, haría su primera travesura de adulto. La habitación era la más alejada de todas por ser la VIP, tenía su propio Onsen, baño e incluso un espacio exótico donde un enorme y suave futón sobresalía. Cuando Soyo ingresó, el cliente esperaba de espaldas. Se inclinó sin levantar la vista y su velo negro tocó grácilmente el suelo.

-Bienvenido, Danna, esta noche estoy encargada de su entretenimiento. - El saludo que Hinowa le enseñó le salió tan natural que cualquiera pensaría que tenía vasta experiencia.

-Le daré las gracias a Hinowa por enviarme a la cortesana más cara de Yoshiwara. - Al reparar en la conocida voz, Soyo levantó su rostro. El velo ocultaba el sonrojo que la cercanía con el rostro ajeno le generó. - Hola, Hime-sama.

Soyo tragó grueso por los nervios. ¿Qué hacía él ahí? No, no iba a rendirse con su objetivo. Estaba acostumbrada a controlar sus emociones, así que ésta noche no sería la excepción.

-Danna…

-¿Qué haces en este lugar? - Preguntó Kamui sin rodeos. Su tono de voz denotaba cierta molestia.

-Lo mismo le pregunto, Danna. - Imitó la castaña.

-Yo no soy una princesa, mucho menos una que aún conserva su virginidad.

Soyo se sonrojó. Ese muchacho tenía cero tacto.

-Esta princesa puede hacer con su virginidad lo que le plazca. Además, estoy haciendo una travesura. - Kamui la miró fijamente levantando una ceja.

-Bien, princesa traviesa, juguemos. - Ordenó mientras le señalaba la botella de don Perignon edición Golden de lujo que costaba un millón de yenes. Sin duda eran la pareja más cara que Yoshiwara había presenciado.

Soyo procedió a servir la copa de Kamui y la suya. El yato aprovechó esto para levantar el velo. Solo faltaba un estúpido monge y aquello parecería que se estaban casando. Bebió de golpe la copa sintiendo su garganta arder. No era partidario del licor, pero tenía buen aguante. Tomaron dos copas más en silencio y las mejillas de Soyo se tornaron rojizas. Kamui no pasó por alto esto, por lo que la detuvo de tomar su cuarta copa.

-¿En qué consiste tu travesura? - Preguntó para tratar de distraerla y que el licor no la afectara tan rápido. También le pidió unos dulces de arroz, dango y zetas.

-Bueno… Desde que era niña, quise ser cortesana, así que como mañana es mi cumpleaños, le mentí a Matsudaira-san. Le dije que dormiría en casa de una amiga, pero en realidad, le pedí a Hinowa ser cortesana por una noche. - contó con emoción.

-Qué extraño, tengo entendido que las princesas sueñan con príncipes azules, flores y cosas mágicas, no con ser prostitutas o políticas.

-¡No lo digas así! Mo… ¡Qué poco tacto tienes! - Se quejó. Kamui rió ante el gracioso gesto de berrinche en el rostro fenemino. - Además… Hay personas que quieren obligarme a casarme y no estoy segura de si podré evitarlo, por lo que al menos quiero tener la libertad de decidir voluntariamente cómo entregarme a un hombre. ¡Esta travesura es mi propio regalo de cumpleaños! - Confesó bebiendo su cuarta copa de un trago. Tosió en cuanto el ardor bajó por su garganta. - Esto… es realmente bueno…

-En ese caso… - Kamui se acercó al delicado rostro. - No me queda otra opción que complacer a la cumpleañera y hacer realidad su travesura.

-¿Me darás un pastel? - Preguntó emocionada.

-Si, un creampie.

-Suena delicioso. - Sonrió con inocencia sin saber exactamente el significado. - Pero antes, debemos jugar a los dados. Si sale par, ganas, si sale impar, pierdes y…

-Y el ganador tendrá derecho a quitarle al perdedor una prenda. - Finalizó Kamui cambiando las reglas del juego drásticamente. Antes de empezar, le dio de comer a Soyo varios dangos dulces. Esa noche no merecía que ambos estuvieran borrachos.

Jugaron piedra, papel o tijera para definir quién empezaría y la ganadora fue Soyo. Movió los dados y los lanzó en la mesita.

-¡Par! - Exclamó contenta. Ganó su primera ronda.

Kamui tomó los dados y la imitó, en su caso, le tocó impar. El yato sonrió. Tenía claro que él sería el dominante, pero admitía que le excitaba imaginar a la princesa tomando un poco el control.

-Adelante, Tayuu… - ofreció divertido extendiendo sus brazos dándole entender a Soyo que podía "servirse". Sus ojos celestes estaban ligeramente oscurecidos producto de la excitación que sentía. Incluso su miembro ya se marcaba poderosamente en su pantalón.

Kamui detalló lo bien que le quedaba el kimono y las medias sin duda alguna eran un toque erótico. La prenda más cara y sensual de Yoshiwara para la cortesana de más alto rango que ha existido.

Soyo se inclinó y lo primero que hizo fue desabrochar la camisa oriental con lentitud. Desde su encuentro en el cementerio no logró sacar de su cabeza la curiosidad que tenía por ver los brazos musculosos y la espalda marcada. Acarició con suavidad los cuadritos bien formados en el abdomen y de ahí, subió tocando la piel y llevándose de paso el resto de la camisa hasta que cayó al suelo por completo. Kamui apretó los puños para controlar sus impulsos primitivos… Ella olía a frutos rojos.

-E-Es mi turno. - Soyo se alejó para tomar los dados. Movió sus manos y lanzó los dados. - Impar… - Susurró.

Sin previo aviso, Kamui la sentó en sus regazos y con la misma lentitud con que ella lo torturó, le fue quitado las medias, acariciando sus muslos en el camino. Soyo soltó un pesado suspiro.

-No te levantes. Jugaremos en esta posición. - Ordenó Kamui afianzando su mano en la estrecha cintura. Lanzó los dados y el resultado fue par. Aprovechó ésto para acariciar sugerentemente las piernas de Soyo. Cuando fue el turno de la pelinegra, el resultado par también se hizo presente.

Kamui tomó nuevamente los dados maldiciendo el nuevo resultado par. No era momento para buena suerte. Gracias al cielo, en el turno de ella, sacó impar, por lo que Kamui no tardó en desamarrar el Obi dorado haciendo que el kimono se abriera, dejando expuestos los senos de Soyo.

-¡No puede tocarlos! S-Solo puedes quitar la prenda, son las reglas, Danna… - estaba roja. Sus pezones se pusieron duros al chocar con el clima fresco que la lluvia en el exterior generaba.

-Tks. ¿Dónde rayos los escondías? No se veían tan grandes en el cementerio. - Preguntó refiriéndose al tamaño de los senos. Observó su mano vendada y la tomó como referencia de medición; si, eran un poco más grandes.

Conforme fue creciendo, sus senos aumentaron de tamaño naturalmente, y actualmente era de una talla grande, sin embargo, ella optó por colocarse vendas para disminuir su proporción ya que dada su posición como Primer Ministro, quería que la atención se dirigiera a su cerebro, a sus políticas innovadoras y no a sus pechos que habían crecido mucho. El kimono se abrió lo suficiente para también dejar ver su cintura, su vientre y la lencería color negro a juego. Esta vez, Kamui la obligó a sentarse sobre su prominente erección que empezaba a doler y la acercó haciendo que sus senos chocaran contra propio torso desnudo. Soyo gimió ante el contacto.

-Esto no es contra las reglas.

Kamui sacó impar en su turno. Soyo dudó qué prenda quitarle ya que la posición lo hacía difícil, más levantarse no era una opción porque ella estaba tan deseosa como él. El bermellón le permitió desabrochar el pantalón y bajarlo hasta donde le era posible, lo que dejó expuesto su miembro. Soyo sintió la boca seca ante el tamaño… ¿D-Diez centímetros aproximadamente?

-...

-Los Yatos somos la raza mejor dotada del universo, ¿lo sabía Tayuu? - Informó orgulloso sobre el oído femenino dándole una nueva mordida. Soyo tomó los dados nerviosa y palideció cuando el resultado fue impar. Kamui rompió fácilmente la lencería y la detalló. Sonrió y la acercó a su rostro. - Estás empapada, Tayuu. - Afirmó antes de lamer la prenda.

Soyo se cubrió el rostro totalmente avergonzada, sin embargo, ella empezaba a perder su fuerza de voluntad. Sentía la punta del miembro de Kamui resbalar deliciosamente sobre su entrada gracias a sus jugos, lo que la hizo perder la cordura.

-Un último lanzamiento, el ganador decide todo.- Sus orbes chocolate estaban brillosos, suplicantes.

Cada uno tomó un dado y lo lanzó. La ganadora fue ella. Sin previo aviso, lo besó y se sentó de golpe, introduciendo el pene de Kamui por completo de una sola estocada que les robó el aliento. El exceso de lubricación en su vagina suavizó el impacto de perder su virginidad tan bruscamente, por lo que solo sintió un ligero ardor seguido de unas pequeñas gotas de sangre.

-No cualquiera soporta el tamaño de un Yato. Supongo que es mi turno… - Kamui observó el reloj, eran exactamente las 12 media noche. - Feliz cumpleaños, princesa, hora del pastel.

La acostó sobre el futón y empezó a moverse, dando tiempo a que ella se acostumbrara al tamaño. Se llevó ambos senos a la boca y los chupo por largo rato, haciendo que tan solo minutos después, ella gritara. Sus paredes internas lo apretaron tanto que Kamui sintió que la presión le partiría en dos su pene. Se mordió el labio evitando correrse también. Aún faltaba…

La colocó boca abajo, en cuatro y continuó penetrándola esta vez más fuerte. Soyo arqueó su espalda, dándole mayor facilidad para las embestidas. Se inclinó para besar su espalda, sin embargo un latido lo hizo detenerse abruptamente. Una corriente eléctrica por todo su cuerpo, su sangre burbujear y recorrer sus venas desenfrenadamente, sus sentidos agudizados; estaba a punto de perder el control y ceder a su instinto Yato. Era extraño, tal descontrol solo sintió cuando luchó contra Gintoki…

-¡No te muevas! - Advirtió en cuanto sintió a Soyo moverse.

-¿Estás bien? - preguntó preocupada. Soyo deshizo su unión y se acercó examinando su rostro. Estaba pálido.

-Será mejor que te vayas.

No comprendía muy bien lo que estaba pasando, pero algo dentro de ella la instó a abrazarlo con fuerza.

-Te aseguro… Que soy más fuerte de lo que parezco y tú… eres más gentil de lo que crees. - Acto seguido colocó la palma de su mano sobre el pecho de Kamui. - Seas lo que seas, quédate quieto en su interior, por favor. Este es mi regalo de cumpleaños, no permitiré que nada ni nadie lo arruine.

¿Un hechizo? ¿Esa princesa era una hechicera? ¿Por qué logró calmarlo con tan simples palabras? ¿Cómo hizo para que su sangre Yato cediera tan fácilmente? Kamui la besó nuevamente. La llevó al futón y una vez ahí, la colocó encima suyo, dándole a entender que ella tendría el control.

-Felicidades, princesa, has domado a un Yato. Ahora puedes reclamarme. - Autorizó más tranquilo.

Soyo sonrió dulcemente. Se irguió por completo en su posición, sintiendo como ésto aumentó la sensación. Podía sentir a la perfección como golpeaba lo más profundo de su vientre con cada movimiento. Una estocada en un punto específico la hizo perder el control nuevamente, se agachó para poder besar a su amante sin detener el movimiento. Kamui tomó su buen formado trasero y con maestría la colocó debajo suyo. Iba a venirse, era cuestión de segundos porque los movimientos de esa "inocente" princesa lo tenía a sus pies. Las paredes de ella lo apretaron con fuerza, lo que anunciaba su segundo orgasmo. A ello se le sumó un fuerte gemido que él mismo acompañó con un gruñido ronco para liberar su semen en su interior.

Continuaron haciéndolo hasta entrada la madrugada. Kamui despertó cuando sintió una presencia acercarse a la habitación.

-Capitán, es hora de irse. Es casi medio día. - Desde el otro lado de la puerta, Abuto se rascaba su incipiente barba. Rayos, ese capitán sí que disfrutaba meterse en problemas… Irse y pasar la noche con la princesa del país de los samurái a sabiendas de que se trataba de una mujer influyente era un suicidio, pero claro, ese idiota adoraba estar cerca de la muerte.

Cuando la puerta se abrió, lo recibió una sonrisa que auguraba una paliza.

-Agradecele a ella. Rogó por tu vida. No vuelvas a interrumpirme nunca más en tu vida, Abuto. - Amenazó el bermellón.

Abuto no se atrevió a mirar a través del espacio abierto. Simplemente se arrodilló con respeto y siguió a su Capitán.

-Abuto-san, por favor cuide de él. - pidió Soyo. En sus manos se encontraba una nueva flor que Kamui le entregó antes de despedirse.

-Descuide princesa. Le aseguro que con la correa que le acaba de poner, se portará muy bien de ahora en adelante.

Y así, su travesura de una noche, se hizo realidad. Con una mezcla de dolor y nostalgia, Soyo se convenció a sí misma de que aquello solo fue una aventura, su pequeña travesura y que la guardaría en su corazón para siempre ya que, era cuestión de tiempo para que algún alto mando la obligara a casarse. En la nave, Kamui observaba el espacio. Regresarían en unas semanas, pero por ahora, debía ir a cumplir con un encargo. En cuanto pisara la tierra nuevamente, iría por ella; la robaría para convertirla en su esposa.


¡Llegó la segunda parte!

Agradezco mucho los reviews que dejaron, también soy fan de esta parejita la verdad y debo decir que me encantan. Siento que de una u otra manera, ellos están representados en las historias de otros personajes de la serie, como lo son Housen y Hinowa e incluso el mismo Umibozu con Kouka, por ello me hubiese gustado que Sorachi los desarrollara, peeeero bueno, nada qué hacer, más que fanfics jaja.

Volviendo a ver la serie, noté que cuando Housen murió a Kamui se le entregó el dominio de Yoshiwara, pero éste nunca le dio pelota jaja, así que aquí quise mostrar un poquito de lo que pienso si pudo haber hecho después del final de la serie.

Shiawase Day a mi me encantan tus fic! Los sigo desde hace ya un buen rato, incluso desde antes de escribir, por lo que me hace feliz que disfrutes.

Espero que disfruten muchísimo el fic tanto como yo al escribirlo. ¡Nos leemos!