Chapitre 4

And a Happy New Year!

We'll take a cup of kindness yet,

for auld lang syne.

La noche anterior de volver a casa, la ansiedad y tristeza le atacó como no lo había hecho desde el día en que dio por terminado con Lila. En autobús por toda la ciudad, tras varitas mágicas y sándwiches de pavo desde el veinticinco de diciembre, se sintió tan lleno y reconfortado que la realidad no le tocó. Pero ya era hora de enfrentarla, de volver a su vida de siempre.

O lo que sería su vida.

Estuvo tentado en pedir a sus mamás que le dejaran quedarse en Londres. Podría estudiar en la misma escuela de Félix y Kagami, sus dos mejores amigos; mejorar su inglés y estudiar más japonés al lado de Kagami. Tener un año de intercambio cultural. Era cobarde, si, pero no una mala idea, hasta a Félix le sonaba lógica y con probabilidades de que le aceptaran la repentina idea.

Solo que nunca pudo decirlo, no tuvo el valor de separarse de sus mamás, de sus amigos, de los cuales ni se había despedido (no quiso hablar con ellos durante las vacaciones para no romper sus noches de paz, noches de amor); no podía imaginarse fuera de París el resto del año.

Al volver a casa, Adrien le contó a sus madres sobre su rompimiento con Lila. Toda la historia. Emilie era quien más cariño le tenía a Lila, no quería que albergara la esperanza de que volverían, no quería que le preguntara por ella, por su bienestar ni ninguna palabra de que era una buena chica, porque su corazón herido no le volvería a ver de ese modo, ni aunque salvara a todos los gatitos hambrientos del mundo.

No quería odiarla, no quería ser ese chico que dice "Esa perra" "Esa loca tóxica". En verdad deseaba no tener rencores ni malos sentimientos por su primera novia, pero tampoco quería que la gente le diera falsas alabanzas en su presencia.

Quería justamente, que le abrazaran y que le dijeran que todo estaría bien. Que Lila se equivocó en hacerle daño, que no le perdonarían por haber roto su corazón, que no la volverían a recibir con los brazos abiertos, que estaba bien estar enojado y sentirse triste. Quería que Natalie le siguiera dando palmaditas en la espalda y Emilie dejarle quedarse en su hombro.

— No quiero volver a la escuela— no soltó todo su plan de estudios en el extranjero, pero sí una pequeña parte de su mayor deseo.

— Lo sé cariño— Emilie le acarició el cabello—. Pero debes ir. Me duele decirte que este no será tu único desamor. Debes ir, estudiar, ver a tus amigos, salir con ellos, disfrutar de los demás qué te quieren y quieres.

— Pero, puedes volver a casa y sentirte triste, encerrarte en tu cuarto, pasar tiempo con nosotras hasta que sientas que ya no lo necesitas.

Pourquoi s'acharner ? Tu recommences

Je ne suis qu'un être sans importance

Adrien nunca se sintió un extraño. Siempre perteneció, estaba a gusto dónde llegará. Admite que mucho tiene que ver que sus compañeros de colegio han sido en su mayoría los mismos desde el jardín de niños. Desde pequeños y hasta ahora han estado juntos, acompañándose en cada paso, siendo incondicionales en los juegos y los castigos.

Adrien se abrazó a las piernas de Emilie al llegar al jardín de niños, su cabecita rubia apenas le estaba llegando a las rodillas. Era la primera vez que le dejaban con extraños, en otro lugar que no fuera su casa o la de sus parientes.

Nino Lahiffe, su mejor amigo, fue el primero que le habló, desde que su mamá le soltó la mano para dejarlo en su asiento y se fue deseándole un hermoso día.

— Todos son aburridos aquí— dijo Nino, en ese momento el niño moreno de lentes enormes, enfurruñado al sentarse. Nino estaba de mal humor, a diferencia del montón de niños atemorizados que lloraban por ser la primera vez lejos de sus padres.

— ¿Cómo lo sabes?— preguntó Adrien, asustado. Sus mamás le dijeron que se iba a divertir, ¿le mintieron?

— ¡Por que todos son unos llorones!— pegó con sus dos manos al mesabanco— Me lo dijo mi primo que ya estuvo aquí el año pasado. Todos son llorones y eso es aburrido— volteó a Adrien, que parecía más asustado que al punto del llanto— ¿No eres un llorón?

— No…— lloró en la mañana al ponerse el uniforme, pero no se lo iba a decir.

— Ah, bien. Entonces quédate conmigo.

Algo tan infantil, tan pequeño que para ellos era el problemas más grande del mundo, los hizo mantenerse fuertes para enfrentar a todos.

Resultó que el jardín de niños no era aburrido. Los niños con el paso de los días dejaron de llorar y empezaron a jugar más y más. Pronto Adrien y Nino, inseparables y juguetones, tuvieron su grupito de amigos y continuó hasta la actualidad.

Nino, Ivan, Mylene, Max, Sabrina, Nathaniel,Alya y Alix, todos fueron llegando poco a poco. Los amigos con los que ha contado por años y siempre han estado en el mismo salón. Algunos se habían ido, otros iban llegando, otros hacen grupitos en otro lado y de vez en cuando hablaban con ellos, pero Adrien siempre encajó. Podía sonreír, jugar, platicar, trabajar y salir con ellos. La escuela era una extensión natural de su hábitat.

Nunca creyó que un día, al bajar del auto, el edificio y las personas se convertirían en un teatro. Un escenario dónde él estaba en las butacas, viendo cómo había llegado tarde a la obra, sin un papel que le tocara. La obra: "El regreso a clases", llena de personas abrazándose, deseando buenos deseos y dándose regalos atrasados de Navidad o el recuerdito de las vacaciones. Mochilas, celulares, uno que otro con una consuela nueva y demás cosas que habían sido sus regalos por las fiestas. Todos parecían felices, en su lugar indicado, y Adrien seguía en la acera, viendo la función.

— Dude, ¿qué haces aquí?— Nino le rodeó los hombros con su brazo. Llevaba unos audífonos de diadema nuevos.

Adrien solo sonrió y le saludó como siempre, chocando los puños con el agregado de "Feliz Año atrasado".

— ¿Cómo fueron tus vacaciones con el súper increíble Félix?

Se rió. Nino y Felix nunca se llevaron bien, se caían tan mal que estuvieron al punto de odiarse, pero ambos se sentían tan superiores en sus respectivos mundos que pensaron que sería gasto de energía odiarse. Tenían el trato cordial más sarcástico del mundo.

Fueron contando sus vacaciones en lo que caminaban y subían las escaleras, apenas un minuto entre los regalos. Nino notó el poco entusiasmo de su amigo. Adrien solía volver de Londres como si le cargan las baterías y ahora parecía drenado. La pregunta de cómo te encuentras quedó relegada ante la presencia de Alya.

— ¡Bebé!

— ¡Wow, bebé!

Alya apareció en sus vidas en primer año de secundaria. Se hizo no solo amiga de todos al instante, sino que también la voz de la razón que muchas veces les fue haciendo falta en el camino; la mamá del grupo. Fue extraño el momento en que Niño y Alya comenzaron a gustarse, coquetearse y declararse, pero pasando eso, todo fue natural, lo que siempre debió ser.

— Te ves increíble.

— ¿En serio?— Alya se sonrojó con la sonrisa más emocionada que le habían visto. Su largó cabello oscuro tenía reflejos rojizos, hasta Adrian le alzó los pulgares de que se veía genial y no era solo su tonto novio embobado.

— Si, me encanta.

Se tomaron de la mano y continuaron todos el camino. El corazón de Adrien se desbocó, el miedo le estaba ganando ahora que había presenciado a sus amigos juntarse y ponerse melosos.

— Ah, cierto Adrien— Alya le llamó y le mostró la pantalla de su celular—. Lila pregunta sobre qué tiene tu celular que no te llegan sus mensajes.

— ¿Ah? Que raro, hablé con él durante vacaciones.

—Pues…no sé. El punto es que dice que no volverá hasta mañana, apenas salió su avión hoy. Dice que te extraña y ya quiere verte.

Algo jaló a Adrien hasta el subsuelo, un fuerte empujón que le lastimó cada parte de su cuerpo. Lila no era nada tonta, era el segundo lugar en la clase (aventajada solo por Max, que era un cerebrito por gusto y oficio), la chica más lista que ha conocido, ella debía saber perfectamente que le había bloqueado en vacaciones para no tentarse en hablarle y sufrir más los días con su familia.

Con razón Alya y Nino no estaban haciendo preguntas sobre el rompimiento, no se dio cuenta hasta ese momento.¿Por qué le estaba haciendo esto de engañar a los demás de que seguían juntos? Había sido complicado pensar en cómo iba a contarles todo, que debía y no debía decir. Los escenarios tristes y de lástima en su cabeza dónde todos se enteraban le habían carcomido la cabeza toda la noche hasta el punto de dormir unas tres horas.

¿Debía decirle a sus amigos lo que había pasado?

Alya entregó a todos souvenirs de su viaje a Universal Studios y Disney World, todo era referente a superhéroes, la obsesión de ella. A Adrien le trajó un llavero de Mickey de los colores de Capitán América, le trajo el mismo a Lila pero de Minnie, para que hicieran pareja.

Adrien lo meditó durante ese almuerzo. No sentía que le debiera algo exactamente a Lila, pero si a sus años de relación y los bonitos recuerdos que compartieron juntos, ellos merecían que terminarán bien para que en el futuro no fueran recuerdos dolorosos ni de rencor. Hablaría con Lila al otro día, harían las cosas bien.

Nino le invitó a su casa al terminar las clases, pero se negó diciendo que tenía pendientes en casa. La verdad es que quería pasar tiempo con su mejor amigo, pero no quería tiempo para decirle lo que había pasado. No tomó el camino a casa, se fue por otras calles a perderse un rato antes de enclaustrarse en casa.

Sus pasos le llevaron hasta entre calles que no conocía y ya era tarde. Se encontró con una colorida cafetería, llena de estudiantes igual de llamativos, riendo y tomando café mientras dibujaban y tocaban instrumentos. Se sentó en el único lugar disponible, una mesa para uno al lado de una ventana y pidió un pain au chocolat y un café caliente. A su pesar mandó su ubicación al chofer para que fuera por él.

—Gracias— sonrió a la mesera.

El café era delicioso, pero el pan Oh mon Dieu !, al estar caliente el chocolate se esparcía en su boca en una explosión de chocolate amargo en una suave cama dulce y esponjosa. Adrien sabe que el pan francés es una maravilla, pero este rebasaba todos. Era el mejor que había comido por lejos. No tardó en pedir más para llevarlos a casa.

No solo era el fabuloso pan lo que le tenía atrapado. La cafetería era un lugar diferente a lo que estaba acostumbrado. Los chicos llevaban lienzos y de sus bolsos salían brochas con costras de pinturas por el largo, pero las puntas estaban impecables; los mismos chicos que estaban ahí sus ropas tenían manchas de pinturas por todos lados, pero se veían orgullosos de ellos. Los que llevaban instrumentos parecían tener un silencioso acuerdo para no tocar al mismo tiempo e interrumpirse. Cuando pasaba, de extremo a extremo se sincronizaban para tocar melodías que armonizaran y todos tarareaban. Se arrepintió de haber mandado tan rápido el mensaje de que fuera por él, le hubiera gustado quedarse un rato más.

— Hola, Gorila, gracias por venir— dijo al subir al auto y extenderle un pain au chocolat. Se acomodó el cinturón de seguridad y volteó a aquella cafetería a la que sonrió con la promesa de volver.

Al terminar de ponerse el cinturón de seguridad, levantó la vista y vio de reojo nuevamente a la cafetería. Azuladas coletas despeinadas llamaron su atención. Sólo pudo verle mientras se iba el auto, pero la figura de la chica corriendo a la cafetería la reconocía con gran precisión que hasta le sorprendió.

Une dernière danse

Pour oublier ma peine immense

Desbloqueó a Lila al subir al auto para partir al colegio. No había abierto en semanas las ventanas de conversación que compartía con ella, que ahora estaban en blanco por haberlas borrado. "Estaré en la biblioteca esperando", un lugar dónde nadie estaría en la mañana, tendrían privacidad y podrían hacerlo rápido.

Adrien se sentó y diez minutos después llegó Lila. Demonios, había olvidado lo hermosa que era. Ese día no llevaba coletas, todo su largo cabello cobrizo lo llevaba suelto y los recuerdos de sus dedos enredándose en cada mechón le llegaron de golpe, era un reflejo el querer tenerla a un lado y hacerlo. Sus grandes ojos verdes le atacaron y sus labios le hicieron un puchero. El perfume que llevaba puesto fue el que le regaló en su cumpleaños.

El tintineó de los pines de su mochila contra la mesa fue lo que le sacó de su hechizo.

— ¿Me terminaste por mensaje? ¿En serio?

— Buenos días, Lila— dijo Adrien, conteniendo el mal humor que ahora le causaba hablar con ella. Dios, ¿cómo podía pasar de querer abrazarla a querer alejarse de ella?—. Sé que no está bien terminar por mensaje, pero ya no quería ser tu novio mientras paseabas con otro.

—Malinterpretaste…

—No— le interrumpió, la voz le falló me hagas eso, Lila. Lo vi todo. Fuiste no sólo cruel en engañarme, sino que fuiste malvada al descuidarte y olvidar tu tablet en mi casa y dejar que pudiera enterarme.

Lila se mordió el labio y bajó la vista, no podía contra la de Adrien.

— Te quise, Lila, mucho. Por eso, es que ayer no dije nada a nadie sobre ti mintiendo que aun seguíamos juntos, porque tienes razón, nuestra relación no merece terminar por mensaje.

— ¡Pero no quiero terminar, Adrien!— le pegó a la mesa—. Yo…estaba confundida, quería saber si lo quería a él o a ti. Todos estos días solo pensaba en ti y en pedirte perdón.

— Me llamaste aburrido. Lo llamaste bebé…—la voz se le fue en los recuerdos de aquellos mensajes—. No quiero seguir contigo.

— Adrien…

— Terminamos, Lila.

Adrien se paró de la mesa, tomó su mochila y fue yendo hacia la salida. Lila corrió y le jaló del brazo en intentos de que siguieran hablando, que no quería acabar.

— ¡Ya, Lila!— levantó la voz y se soltó de ella— ¿Por qué estás haciendo esto? ¡No quiero seguir contigo!

Lila rompió a llorar, se tapó la cara con las manos. La puerta se abrió de golpe y como fieras entraron Mylene y Alya a abrazar a su amiga para consolarla.

¿Desde cuando estaban fuera de la biblioteca?

— ¿Estás bien?— Mylene sostuvo a Lila, la cual negó con la cabeza—. Ven, vamos por agua antes de entrar a clases— ni voltearon a ver a Adrien a salir.

— No le vuelvas a gritar a Lila— Alya sacó su lado de mamá leona— ¿Qué te sucede, Adrien? Revisas sus cosas, terminas con ella, la tratas mal…

— ¿Perdón?— quedó boquiabierto— ¿Reviso sus cosas?

—Revisaste su tablet. ¿Solo porque alguien olvidó algo en tu casa puedes revisar sus cosas?

— Mira, no sè que…

— Sé que eres un irrespetuoso y que Lila estará mejor sin ti.

Dicho eso, le empujó con el hombro y se fue.

Fue la clase más incomoda de toda su vida, nunca la había pasado tan mal en la escuela, ni siquiera el día en quinto año que se comió 105 gomitas en un reto contra Nino e Iván para ver quién comía más y todos terminaron vomitando en colores al volver al salón.

El salón estaba callado, las chicas le volteaban a ver con desprecio y los sollozos de Lila se escuchaban de vez en cuando. Los chicos solo le lanzaban de miradas de disculpas, Nino era el único que se atrevía a hablarle, pese a las miradas furiosas de Alya.

Adrien supo lo que tenía que hacer cuando sonó la campana para el receso. Tomó a Nino de la muñeca y se llevó antes de que Alya le hiciera tomar partido a favor de Lila.

— Dude…—exclamó Nino, nunca iban a las canchas del colegio y ahora estaban ahí, escondidos debajo de las gradas. Nadie les buscaría ahí—. ¿Qué pasó? ¿Por qué no me dijiste nada ayer?

— Iba a hacerlo, pero Alya llegó diciendo que Lila quería hablar conmigo y quise hablar con ella antes de anunciar a todos que habíamos terminado, porque creía que era lo que Lila quería. No debí esperar nada.

— Pero ¿por qué?— Adrien, sentado en el pasto y recargado de un poste, le devolvió la mirada de no entender que quería saber— ¿Por qué le revisaste la tablet?

Adrien le explicó todo, el mensaje en pantalla que vio, las conversaciones, las fotos, las burlas. Nino estaba boquiabierto.

— Eso no fue lo que Alya me dijo. No exactamente.

En la versión de Lila, Adrien era el malo.

Et dans le bruit, je cours et j'ai peur

Est-ce mon tour ?

Todo empezaba desde que Lila se fue de la casa Agreste dejando la tablet, ahí es cuando Adrien le reviso todo lo que tenía, abusando de la confianza de haberle dado la contraseña. Encontró la conversación dónde un amigo de ella le estaba coqueteando y ella intentaba que le dejará de insistir porque tenía novio. Adrien lo mal entendió todo; lo terminó por mensaje y le borró la cuenta de Instagram.

Adrien no sabía que no tenía cuenta de Instagram, nadie le dijo nada porque Lila creó otra cuenta para aparentar durante las vacaciones, esperando que todo se solucionara al volver a clases y verse.

Nino se quitó la gorra, acalorado con todo lo que estaba ocurriendo.

— Es que…dude, es Lila. No me lo creo.

— Ni yo tampoco.

— Alya está furiosa.

— Y no le van a creer — agregó una tercera voz.

Del otro lado, asomando su cabeza por el espacio de los asientos de las gradas, estaba Nathaniel, otro que aprovechó las vacaciones para teñirse el cabello de rojo en el estilo nuevo que estaba adoptando.

— ¿Desde cuándo estás ahí?

— Desde que escuché decir a todos que era lo mejor terminar contigo porque podrías volverte peligroso.

— ¿Qué?— corearon los chicos.

Lila ahora contaba lo que había pasado antes, porque seguro le revisó la tablet. Se había enojado porque se iba a ver con Sabrina.

— Yo le dije desde un día antes mis planes, él estuvo de acuerdo. Pero me dijo mentirosa, que no era cierto, que siempre hacía lo mismo para no estar con él. Ustedes saben que siempre estaba con él, que siempre quería estar con él…

Adrien la jaló del brazo e intentó cerrar la puerta de su casa para no dejarla ir; ella le tiró la llave y por eso pudo salir.

— No sé qué le pasó.

Adrien estaba pálido, sudaba frió. Nathaniel se deslizó con ayuda de Nino para estar con ellos. Se sentaron por dos minutos en silenció, esperando que Adrien reaccionara, pero estaba sumido en un aro de miseria y desesperanza.

— Entonces ¿Estabas espiando?— Nino no pudo quedarse callado por más.

— Por supuesto. Todos salieron corriendo con la pobrecita Lila a darle apoyo.

Nathaniel fue el segundo amigo que hizo Adrien en el jardín de niños. Se le habían olvidado los crayones y nadie quería prestarle nada. A punto de ponerse a llorar porque no iba a poder dibujar, Adrien y Nino partieron a la mitad sus crayones y se los pasaron.

Ellos no lo saben, pero Nathaniel aún tiene esos crayones. Están chiquitos y deformes, pero están en su lapicera de ese entonces, en una caja de recuerdos.

Es indudable que todos han cambiado, han crecido. Ya no eran niños que peleaban por cual color favorito tendría cada quien, ni se compartían sus cartas de Santa Claus. Nathaniel no era crédulo para creer que las personas siempre seguirán siendo buenas, que no hay momentos de ira, que todos pueden cambiar, pero sencillamente con ellos dos no puede ser imparcial, antes deberá ver sangre en manos de Adrien y Nino. Y duda que tendrá buen juicio aún así.

De todos modos, Lila nunca le agradó del todo…

— Sé…sé que no terminamos como se supone uno debería terminar. Y…no debí leer nada de su tablet, que estuvo mal…
— Si, está mal y tal vez no debiste-concordó Nathaniel— . Pero eso no justifica que te esté tratando así.

— Dude— Nino tenía una mano en el celular y la otra en el hombro de Adrien—. La maestra se enteró, te están buscando.

El mensaje de Alya era un "Deja de esconderte con Adrien. La maestra quiere hablar con él y con el director".

Nino marcó rápidamente a Alya para saber que estaba ocurriendo.

— ¿Por qué quiere el director hablar con Adrien?

— ¿Cómo por qué? ¡Porque la agredió! ¿Se te hace poco?

— Eso no es cierto y lo sabes. ¿Cuándo y dónde le pegó?

— Ok, estuvo a punto de hacerlo.

— ¡Alya!-le reclamó.

— ¿Lo estás defendiendo?

— Sé razonable, por Dios.

— Dejen de esconderse y vengan ya.

Alya colgó y los tres chicos se miraron pasmados. No podían hacer más nada.

Dans tout Paris, je m'abandonne

Cuando Adrien llegó a la puerta de la oficina del director, sus mamás ya estaban ahí, esperando antes de entrar. Lo abrazaron con fuerza al verlo como un gato malherido bajo la lluvia.

— Adrien, antes de entrar debes decirnos si pasó algo más ese día— Nathalie le tomó por los hombros.

— Para ayudarte debes decirnos todo.

— Les dije todo, se los juro. ¿Me creen?

— Te creemos.

El director y la maestra estaban juntos en el escritorio, Lila estaba abrazada a su madre y ella les dio a la familia Agreste una furiosa mirada. Hablaron de todo lo ocurrido, tuvieron que contener a las mamás porque sobre todo la de Lila alzaba la voz y amenazaba a Adrien.

— Jamás la agredí.

— ¿Lila?-El director le habló a ella.

Ella se mordió el labio y reprimió un suspiro.

— Es cierto, ya se los dije, nunca me pegó. Pero tuve mucho miedo. Nunca se había puesto así… Adrien me dio mucho miedo.

Volvieron a discutir las mamás, costaba trabajo que los chicos tomaran la palabra.

— Si, leí esa única conversación con ese chico, pero no le borré nada. La tablet se la envíe desde Londres.

— ¡Si la borró! ¿Por qué borraría todas mis fotos?

— Tal vez porque eres una mentirosa.

— ¡No le digas mentirosa a mi hija, maleducado!

— ¡No le grité a mi hijo!— Nathalie lo defendió.

El director y la maestra llamaron al orden varias veces más, el ambiente se ponía cada vez más denso, no se iba a poder llegar al orden.

— Ya tomé una decisión— el director golpeó a la mesa, todos se callaron—. Señora Rossi, señoras Graham y Sancoeur, no hay pruebas en concreto de nada, no puedo dudar de las palabras de sus hijos más que ver que están en una etapa de duelo—alzó la mano para evitar que la señora Rossi hablara—. Ambos son chicos modelo, con conducta intachable, no me queda duda de eso. Pero me tomaré las palabras, sentimientos e inquietudes de la señorita Rossi muy en serio.

Adrien temió lo peor. Sus mamás le tomaron de las manos.

— Lila y Adrien, desde ahora no pueden tener contacto dentro de la escuela, a menos que sea estrictamente escolar y será con supervisión de su profesora —la mujer asintió—. No puedo prohibirlo fuera del colegio, no tengo autoridad más allá del recinto, pero espero se mantengan como en la escuela y sus madres les vigilen. Adrien, estarás bajo supervisión mía y de todos los profesores, tú sobre todo no puedes acercarte a Lila.

No sabía cómo sentirse, no le estaban castigando ni expulsando, el cual era su mayor temor, pero que le tuvieran en la mira, como si hubiera hecho algo malo, le enerva la sangre.

— Además, ambos irán, por separado, con el psicólogo escolar.

— ¿Qué?— ambos se alteraron.

— Esto no es una pelea de quien no entregó la tarea, ni de quien terminó con quién. Estamos hablando de agresiones entre pareja, no está a discusión. La psicóloga les dará sus citas y asistirán, sin ningún pero. ¿Han entendido todos?

Todos asintieron.

— Por el día de hoy retírense. Regresen a clase mañana.

Se fueron primero Lila y su mamá, sin voltear a nadie y directo a la salida. Unos minutos después, para no toparlas en el camino, se fueron Adrien y sus madres al auto.

Adrien gritó dentro del auto, enterrando la cara en la mochila.

— ¡Yo no le hice nada!

— Lo sabemos.

— ¿Por qué me está pasando esto? ¿Por qué me hace esto? ¡Yo la quería!

Sus mamás no tenían respuestas a ese dolor, a esas lágrimas.

— No quiero ir al psicólogo.

— Adrien, no es mala idea.

—¿Qué?— levantó la vista a Emilie— ¿Estás de acuerdo? ¿Le crees?

— No, yo te creo a ti—le acarició la espalda—. Pero no solo estás pasando por terminar con tu primera novia. Ella te engaño y te está acusando de maltrato, es mucho para ti. Hablar con alguien que te oriente no te hará daño.

— Nosotras podemos escucharte y darte amor, pero no tenemos la información ni herramientas para algo tan grave. Tu mamá y yo también nos informaremos, platicaremos con especialistas.

Sabía que sus mamás eran las mejores y le amaban más que a nada, pero era la primera vez que se daba cuenta cuán lejos llegaban por él. Los malos sentimientos, el vacío que sintió en todo el día se fueron con la protección de ellas.


Coucou:

Después de un tiempo, ya pude publicar este cap. Espero no tardar mucho con el siguiente, dado que tengo bastante adelantado lo que le sigue. À plus *Inserte corazoncito aquí*