6.2
Llegó el día de ir a King Cross a recoger a sus hijos por Navidad. Previamente había hablado con Ginny para ir él. Le dijo que pasaría las navidades en casa con ellos pero que dormiría en el sofá. Aquello le había costado una buena discusión por red flu.
Su mujer le había acusado de estar escondiendo algo, él lo había negado y ella había empezado a sacar trapos sucios de los últimos años: el abandono de él, la distancia, que no quisiera dormir más con ella… A lo cual él solo asintió sin entusiasmo. Tenía razón, ¿para qué molestarse en negarlo?
Aquellos días aislado le habían dado la claridad que necesitaba. No la echaba de menos tanto como esperaba, había disfrutado de su nueva paz y de su vida personal y profesional.
Definitivamente tenía que dejar a su mujer.
Incluso había trazado un plan de acción para llevar a cabo una vez que terminaran las vacaciones de Navidad y así perjudicar lo menos posible a los niños. Quería que tuvieran una última Navidad para recordar.
Hablarían las cosas, harían los trámites y se lo comunicarían a sus hijos en verano para que tuvieran tiempo de asimilarlo sin perjudicar al colegio.
Era un plan perfecto.
Pasó por su casa a dejar unas cuantas cosas para esos días y luego fue a la estación. Había llegado pronto y le apetecía tomar un café. Terminó inconscientemente en la cafetería a la que tantas veces había ido con Draco.
Se sorprendió genuinamente de encontrarle allí y de primeras no supo cómo reaccionar. Fue él quien le hizo un gesto para que se sentara a su lado. Bueno, al menos no seguía enfadado. Pidió un café y un trozo de tarta.
— ¿Puedes comer tarta? ¿No lo tienes prohibido por el entrenamiento?
— Si, pero ahora estamos de descanso y no hay partidos hasta dentro de dos semanas. La habré quemado para entonces — explicó sin una pizca de arrepentimiento. Últimamente todo le daba igual en mayor o menor medida.
La conversación se extendió durante más de media hora. Nada personal, la vida en general, el trabajo, planes de navidad y poco más. Más fría de lo habitual pero era su primera conversación en dos meses. Y ninguno parecía querer sacar el tema importante.
Menos era nada.
La conversación le sirvió para constatar que él no seguía enfadado, lo cual también era un alivio. Por fin empezaba a encarrilar las cosas.
Salieron de la cafetería, Draco se encaminó hacia la estación, pero Harry le tiró de la manga de la chaqueta, le sujetó la mano y Draco tiró de él hasta el callejón.
— Te he echado de menos, Draco.
— Eres un cursi, Potter — dijo antes de besarle profundamente. Esa iniciativa no le importaba tomarla.
El rubio le sujetaba por la espalda y podía sentir cómo le clavaba las uñas por encima del abrigo. Sintió cómo algo presionaba contra su propia ingle hipersensibilizada y necesitada tras meses de austeridad.
— Vamos a llegar tarde, Harry — susurró contra sus labios.
— Que les jodan a todos— soltó enganchándose a él de nuevo.
Metió las manos por la cinturilla del pantalón y agarró el culo del rubio con fuerza. Este soltó un grito de sorpresa con una sonrisa. Harry se pegó a sus labios para callarle, riendo también. Draco le agarró por los hombros y le puso contra la pared.
— Potter, suficiente.
Harry soltó una carcajada. Miró detrás de Malfoy y vio a alguien en la entrada del callejón. Se fijó mejor y vio entonces la larga melena pelirroja perfilada con la luz del sol. Se quedaron congelados en el sitio.
Harry salió del callejón inmediatamente para ir a buscarla, pero ella echó a correr. Estuvo tentado de sacar la varita para desmemorizarla pero se detuvo. Estaban en medio de una calle llena de muggles y ella se alejaba a toda velocidad. No quería más líos aún.
— Fantástico — dijo Harry caminando hacia la estación para recoger a Lily. — Mi plan perfecto a la mierda.
Le sudaban las manos cuando abrió la puerta de su casa. Lily había percibido que algo no estaba bien y sujetaba con fuerza la mano de Albus. Deseó con todas sus fuerzas tener la suerte de no encontrarla allí.
Pero su suerte a veces era nefasta.
— Sal de mi casa — dijo Ginny en tono amenazante sentada en el sofá del salón en cuanto entró por la puerta. — No quiero volver a verte. Lily, Albus, entrad en casa y meteos en vuestro cuarto.
Albus cogió a Lily y la llevó arriba.
— Ginny, por favor, no montes un espectáculo delante de los niños— pidió Harry.
La mujer se levantó echa una furia y se abalanzó contra él, le dio un empujón que le lanzó contra la puerta de la entrada. Sacó su varita y le amenazó con ella.
— Eres un hijo de puta. ¿Cuánto hace que estás con él? ¿Cuánto llevas engañándome, Harry? — Preguntó Ginny fuera de sí.
Harry no supo qué responder, aquello le había cogido por sorpresa. No pensaba que ella montaría un escándalo delante de sus hijos. No había tenido tiempo de pensar excusas. Aunque, ¿para qué?
Sus planes al garete otra vez.
— Ginny, guarda la varita — pidió levantando las manos.
— No te atrevas a darme órdenes, ¡responde! — gritó ella.
— No voy a responder a nada delante de mis hijos — dijo esforzándose por mantener un tono calmado.
Vio a Lily por el rabillo del ojo abrazada a Albus en medio de la escalera y llorando. James estaba detrás de su madre con cara de preocupación.
La maldición de Ginny le pilló por sorpresa. Impactó directamente contra su cara y le dejó aturdido.
— ¡No! ¡Mamá! — gritó Lily desde la escalera. Ginny ignoró el grito de su hija y se encaró de nuevo con Harry.
— No te atrevas a ponerte chulo encima. ¿¡Desde cuándo me engañas?! — Volvió a gritar apuntándole con la varita.
— ¡No lo sé, joder! — dijo Harry explotando también. — ¡No llevo la cuenta!
Ginny dio un grito de frustración, le estampó de nuevo la mano en la cara y rompió a llorar de repente de manera desconsolada. Dejó caer la varita y le fallaron las piernas, se sentó en el suelo con las manos en la cara. James se acercó a ella y le puso las manos en los hombros.
— Tranquila, mamá.
— ¿Tranquila? ¿Tú lo sabías? — preguntó a James girándose como una loca. Luego se giró hacia él de nuevo. — ¿¡Has metido a tu hijo en esto antes de decírmelo a mi?! ¡Te voy a matar! — dijo deshaciéndose de James y yendo de nuevo a por Harry.
— ¡Ginny, deja de decir cosas sin saber!¡Albus, lleva a Lily a tu cuarto!— Gritó Harry.
— ¡Mamá, para!— Pidió James forcejeando con ella para impedir que llegase hasta su padre pero no pudo sujetarla.
Volvió a lanzarse a por Harry con violencia pero esta vez estaba preparado, la sujetó de las manos y con un gesto la inmovilizó contra su cuerpo, rodeándola con sus propios brazos. Ella siguió llorando.
— No me toques… — pidió. — ¡No me toques!
James seguía a su lado intentando calmar las cosas.
— ¡James, déjanos solos! — pidió Harry.
— ¡No! — respondió el adolescente asustado. — Te va a dar una paliza.
"Gracias por la fe, hijo."
Con un movimiento brusco ella se zafó del agarre de Harry y le golpeó con el codo en el estómago. Le agarró del cuello de la camisa y le puso contra la pared.
— Vete de mi casa antes de que te mate con mis propias manos — amenazó totalmente enloquecida por la ira.
Ya por orgullo Harry usó la fuerza para sujetarla por las muñecas y hacerla retroceder. Ella forcejeaba para soltarse mientras él la obligaba a entrar en el salón.
— Esta casa también es mía, no puedes echarme. Estos también son mis hijos, no puedes quitármelo todo sin más — dijo encolerizado tras soltarla de malas maneras en el sofá.
— ¡Papá, no le hagas daño!— volvió a insistir James tirando de su túnica.
— ¡James, déjanos solos, joder! — gritó Harry.
— ¡No te atrevas a gritarle! — gritó Ginny poniéndose en pie de nuevo.
Harry maldijo en voz alta mientras una pequeña explosión de magia alejaba a su hijo y hacía retroceder a Ginny.
— Estás loco… — susurró Ginny sin dar crédito, con los puños cerrados.
Harry esperó, parecía que la ira de su mujer disminuía de intensidad. Parecía que ya no le mataría. Empezó a murmurar algo que no entendía, entonces ella levantó sus ojos hinchados, empapados en lágrimas y con la mirada más herida que le había visto nunca le habló:
— … Tú sí que puedes quitármelo, ¿verdad? Tú sí que puedes engañarme con un hombre… ¡Un hombre! Puedes destrozar mi vida, nuestra familia… Por supuesto. El héroe del mundo mágico tiene ciertos privilegios en esta vida. Se me había olvidado… — dedujo en voz alta.
— ¿De qué cojones estás hablando ahora? ¿Qué tendrá que ver una cosa con otra? — preguntó furioso.
— Claro, que tú siempre lo haces todo bien. Potter el perfecto. El que nunca se equivoca y siempre hace lo correcto — continuó ella ignorando su lógica.
— Mira, mejor cállate y deja de decir estupideces. Si tienes algo que decirme lo hablamos en privado cuando te hayas tranquilizado.
Entonces de imprevisto se levantó del sofá y se acercó a él.
— Como te cogiese en privado ahora mismo no lo contabas, cabrón — susurró muy cerca de su cara justo antes de darle otro sonoro bofetón. De un empujón le apartó de su camino, cogió su varita y se fue de casa dando un portazo.
James pasó por su lado dedicándole una mirada bastante desagradable y fue tras su madre. Vio que a su vez Albus cerraba la puerta de su cuarto lentamente, mirándole de forma críptica.
Se hizo entonces el silencio.
Harry estaba aturdido.
No se podía creer lo que acababa de pasar. Estaba temblando aún. Se sentó en el sofá y trató de calmarse y asimilarlo todo. Les había encontrado en ese puto callejón. Un descuido por su parte desde luego. Y ahora todo había saltado por los aires. Su propia mujer le había golpeado varias veces y se había ido de casa. Aún le ardía la cara del bofetón de despedida. Sus hijos estaban atrincherados en su cuarto, temerosos de su propio padre. Desde luego que esto no entraba en ninguno de sus planes de ruptura.
¿Y ahora qué? ¿Debía ir tras ella? Debía disculparse?
No. Esta era una magnífica oportunidad para aprovechar y terminar con este sinsentido.
Todo por un beso.
Se sintió mal. Aquel beso le había sabido como ningún otro antes. No solían hacer esas cosas en medio de la calle… Espera, ¿lo habría hecho Draco a propósito? ¿Le habría llevado allí sabiendo que su mujer estaría por ahí y había querido acelerar un poco las cosas harto de esperar?
Lo dudaba. Draco no era tan calculador, ¿no?
Se sacó el asunto de la cabeza. Estaba demasiado alterado para sacar conclusiones en ese momento.
En cualquier caso el daño ya estaba hecho. Sus planes desbaratados por completo. Quería evitar dañar a su familia y finalmente la había puesto en su contra. Recordó la mirada decepcionada de James y las lágrimas llegaron a sus ojos. De todas las opciones posibles había elegido la peor intentando hacerlo bien.
Se llevó las manos a la cabeza y se tiró de los mechones de pelo desordenado.
¿Cómo podía ser tan desastre?
¿Cómo había podido ser tan egoísta?
Debía haber actuado desde el principio. Tal vez así las cosas no se hubiesen ido a la mierda de esa manera. Ahora ninguno de sus hijos quería verle. Al menos James había ido con su madre, esperaba que ella no hiciera ninguna locura, aunque ya era tarde para preocuparse.
La había cagado de la peor manera posible.
— ¿Papá? — llamó Lily desde la puerta.
Era medianoche pero él no podía dormir. Pensaba que sus hijos se habrían dormido pero parecía que no.
— Pasa, cariño. ¿Te encuentras bien? — preguntó Harry temeroso. La niña negó con la cabeza.
— ¿Qué ha pasado, papá?
— Ven, siéntate conmigo. ¿Se ha dormido Albus?
— No, le he dicho que iba al baño — dijo sentándose en la cama.
— Bueno, pues verás, Lily, lo que ha pasado es el resultado de tomar malas decisiones.
Ella le miró sin entender.
— ¿Qué malas decisiones?
— Me enamoré de otra persona… — Lily se llevó las manos a la boca. — Y cuando eso pasa lo mejor es ser sincero con tu familia. Yo pensé que podría arreglarlo pero me equivoqué y he terminado tomando el peor de los caminos.
— ¿De quién te has enamorado, papá? — preguntó la niña ignorando todo lo que su padre había dicho después.
— De Malfoy — dijo de repente Albus desde la puerta.
— ¿¡En serio?!— preguntó Lily muy colorada.
— Gracias, Albus.
Él entró y se sentó al otro lado.
— No pensarás que érais discretos…
Harry no supo qué decir. La voz de Albus se había vuelto más grave y su altura parecía imponer más desde la altura de la cama.
— La única que no se daba cuenta era mamá. Bueno y Lily. Está demasiado enamorada del Señor Malfoy.
— Eh! — Protestó Lily dándole un manotazo al aire.
— Lily, más violencia por hoy no, por favor. — Pidió sujetando la mano de Lily para que no pegase a su hermano. — Albus, estás siendo un poco incisivo, ¿no?
— ¿No decías que lo mejor era la sinceridad?
— Si, pero la sinceridad despiadada es cruel.
— Ja! ¿Me dices a mi de crueldad después de la escena de antes?
Albus le taladraba con unos ojos iguales a los suyos. La madurez le estaba sentando bien. El verde de Slytherin quizá no tanto.
— Albus, estaré encantado de hablar contigo pero no digas esas cosas delante de tu hermana.
— No, quiero que las diga — afirmó ella entre lágrimas mirándose las manos. — Ya estoy harta de quedarme siempre de lado por ser la pequeña. Quiero saber.
Ya nada podía ir peor y si ella quería quedarse le dejaría. Su hija estaba a punto de cumplir los 15 años, ya no era ninguna niña pequeña. Tomó aire y se preparó para responder a las preguntas de sus hijos.
— Está bien. ¿Qué tienes que decir, Albus?
— ¿Por qué no hiciste nada antes? — preguntó él directamente.
— Me preocupaba perjudicaros a vosotros, romper la familia.
— ¿Acaso lo has evitado de esta manera?
— Pretendía que las cosas fueran diferentes, Albus. No salió como esperaba.
— ¿Y qué esperabas? ¿Que de repente te fueras de casa y todos fuésemos felices?
— ¡No puedo saberlo! Por desgracia no tengo todas las respuestas a mi alcance, pero te aseguro que siempre busqué lo mejor para vosotros.
Albus se quedó mirándole con rabia.
— Pues deberías tenerlas, eres un adulto.
— Exacto, soy un adulto, no un Dios. Lo más fácil hubiese sido dejarme llevar y hacer lo mejor para mi pero como padre no puedo hacer así las cosas. Tú mejor que nadie sabes que hay cosas que no son fáciles de afrontar.
El chico se giró con los ojos muy abiertos.
— No sé de qué estás hablando pero si es de lo que creo te aseguro que no se puede comparar con esto.
Se levantó de la cama y se fue de la habitación indignado. Harry suspiró.
— Papá, ¿tú ya no quieres a mamá? — preguntó Lily acomodándose en la cama junto a él.
— Si que la quiero, Lily, pero el amor que siento por ella ha cambiado un poco, solamente eso.
— ¿Y no puedes hacer que eso vuelva a cambiar?
— Lo intenté pero ya era tarde — dijo con sinceridad.
Ella se quedó en silencio, le miró y comentó:
— ¿Sabes qué? — preguntó tapándose un poquito más con las sábanas.
— Cuéntame, cariño.
— Como dijo antes Al, a mi también me gustaba el señor Malfoy, en secreto quería casarme con él de pequeña.
— Jajaja— La idea de ver a su niña de quince años casada con un hombre de casi cuarenta no le hizo ninguna ilusión. Y que ese hombre fuese Draco menos aún. Estas adolescentes y sus fantasías. — El señor Malfoy es una buena persona, te quiere mucho y ¿sabes qué? Él siempre había soñado con tener una hija.
— ¿Ah sí? Pero… ¿él está enamorado de ti?
— Pues espero que si — dijo divertido.
Estar hablando de enamoramientos le hacía sentir un adolescente de nuevo, era hasta agradable en ese preciso momento.
— Qué suerte… Pero si tú estás enamorado de él, ¿os vais a casar? ¿Pasaría a ser mi padre también?
— Eh… — Lily y sus ideas. — Ven aquí anda.
Harry abrazó a su hija, que se dejó abrazar devolviendo el abrazo efusiva a su padre. Parecía aliviada, casi tanto como él.
— Van a venir tiempos extraños, Lily. Y tanto tu madre, como yo vamos a necesitar vuestro apoyo. Sois lo más importante en nuestra vida y la mayor prioridad. Así que pase lo que pase, vamos a cuidar de vosotros. Sea con el señor Malfoy, o con otro nuevo papá que encuentre mamá.
— Solo tengo un padre y eres tú. Los demás me dan igual.
Harry se emocionó una vez más, abrazó a Lily y se tumbó a su lado.
— Aunque si tuviera que elegir elegiría al señor Malfoy como segundo papá sin dudarlo — dijo antes de quedarse dormida en sus brazos. Harry sonrió.
Ese gesto le hizo sentirse apoyado y acompañado en aquel momento tan duro.
Esa noche Lily durmió con él y al siguiente día James llegó con noticias.
— Mamá ha dicho que pasará las navidades en casa de los abuelos y que quiere que vayamos con ella— dijo empaquetando algunas de las cosas que le debía haber pedido ella.
Ginevra en su línea, imponiendo las cosas. No le gustaba que utilizase a James para estar mandando mensajes pero tenía que transigir y dejarla un poco de espacio.
— Bueno, me parece bien pero, ¿te apetece que pasemos un último día juntos, James?
— ¿Solo nosotros cuatro?
— Si Albus quiere si.
James asintió. — Iré a hablar con él — propuso su hijo.
— No te preocupes, James, yo hablaré con él.
Subió las escaleras y llamó a la puerta. El silencio le respondió. Insistió y escuchó entonces un gruñido leve. Harry lo interpretó como un permiso para pasar. Albus estaba de nuevo en su escritorio leyendo un enorme libro antiguo.
— Albus — dijo sentándose en su cama. — ¿Te gustaría venir a pasar un día juntos antes de iros con vuestra madre?
— Yo no voy a ir con ella.
Esa respuesta no se la esperaba.
— ¿Por qué no?
— Me voy a ir con Scorpius a pasar las navidades.
— ¿A la mansión Malfoy?
— No, nos iremos a su casa de campo.
Ah, que también tenía una casa en el campo. No iba a sermonearle ahora, Albus tenía diecisiete años, ya era capaz de cuidar de sí mismo.
— Me parece bien. ¿Entonces quieres venir con nosotros?
— Me voy esta misma tarde, lo siento. Además, si las cosas siguen por este camino voy a verte a menudo, ¿no? — comentó levantando la vista del libro un instante.
Albus y su lengua afilada.
— ¿Tienes algo en contra de mi decisión, Albus?
— Claro que lo tengo, papá. ¿Crees que convertir al señor Malfoy en mi padrastro me va a facilitar las cosas? ¡Scorpius se va a convertir en mi hermanastro!
— ¿Y qué problema hay? Deja de adelantar acontecimientos.
— ¡Pues que es muy raro todo!
Harry se quedó esperando un mejor argumento.
— ¿Te parece mal que esté viviendo una historia que creías era solo tuya? Aunque te suene extraño esto viene de cuando tenía exactamente tu edad — probó Harry.
— ¿Cómo? — preguntó Albus dejando lo que estaba haciendo y mirándole.
— Draco y yo estuvimos juntos en Hogwarts. Igual que vosotros — comenzó y esperó para ver su reacción. — Pero llegó la guerra y con ella la división de bandos, los buenos y los malos. Las afiliaciones familiares y los juicios. Y tuvimos que tomar caminos diferentes.
Al marcó la página y cerró el libro, dispuesto a escucharle.
— ¿Y qué pasó? ¿Por qué no hicisteis nada si ya había terminado todo?
— Pues… Por diferentes razones, perdimos el contacto durante años y al final seguimos con nuestras vidas por separado. No fue hasta que volví a verle en vuestro primer día en Hogwarts que recordé aquello, más de veinte años después.
Había captado la atención de Albus. Era curioso lo fáciles que se volvían las cosas cuando se sinceraba con sus hijos.
— ¿Por qué no te pusiste en contacto con él cuando se fue?
— Lo intenté pero él nunca respondió. Fueron siete años de enemistad, Albus. Tenía más sentido pensar que aquello había sido una aventura adolescente y que él prefería tener una vida normal.
— Sin embargo él siguió enamorado de ti…
— Eso parece.
— Veinte años… — dijo pensativo. — Son muchos años… Yo no creo que pudiese aguantarlo.
En ninguno de los casos habría pensado que la conversación iría por esos derroteros. Albus era mucho más sentimental que James pero también más discreto. Se había tenido que dar cuenta ahora que todo estaba hecho pedazos.
Quizá… Quizá ahí estaba la clave. Si en vez de haber hecho lo que ÉL creía mejor para sus hijos hubiese intentado averiguar qué era realmente lo que ellos necesitaban. Quizá con Ginny había pasado lo mismo. Quizá ella ya le había estado enviado señales de que algo no iba bien desde hacía mucho tiempo y él solo había pensado en sí mismo.
Se sintió abrumado por la culpa y el arrepentimiento.
Harry miró a Albus. Una conversación con él le había ayudado más que años de buscarse a sí mismo en la soledad. De verdad que los hijos eran una bendición. Se levantó de la cama, dando por terminada la conversación.
— Pásalo bien con Scorpius, Al. Si necesitas algo no dudes en llamarme — dijo apoyando una mano en su hombro con suavidad.
— Gracias, papá. — Albus parecía ligeramente consternado por su historia.
— Te quiero, hijo.
Harry fue hacia la puerta.
— Papá…
— ¿Si?
— Yo también te quiero.
Harry le sonrió y salió emocionado de la habitación, sintiendo que por fin había hecho algo bien en su vida.
Unos días mas tarde James, Stan, Lily y él recorrían el callejón Diagon comprando regalos y comiendo dulces. Pidieron deseos al árbol y colocaron sus figuras. Observó a James y Stan, de repente notaba más los intentos de Stan por acercarse a James pero su hijo no parecía darse cuenta de nada y le abrazaba como a un colega en cada ocasión. Sin darle importancia.
En el callejón encontraron también a dos de las compañeras de curso de Lily, no porque ella lo dijera sino porque una de las niñas hizo un comentario al pasar por su lado y empezó a reír con su hermana. Lily pasó de largo un poco colorada pero en silencio.
¿Estaban acosando a Lily? ¿Desde hacía cuánto? ¿Acaso tampoco se había dado cuenta por estar demasiado centrado en Malfoy?
Antes de que las niñas se alejasen mucho lanzó un hechizo hacia ellas y de pronto se cayeron de culo en medio de la calle. Lily lo vio y se tapó la boca pero no fue a ayudarlas. Miró a Harry y este le guiñó un ojo. Ella resplandeció y sonrió abiertamente. Su hija tenía una sonrisa más brillante que todas las estrellas del cielo juntas. Le dio un beso y siguieron caminando mientras las niñas se morían de vergüenza.
Y tan rápido como había llegado, terminó. Sus hijos hicieron la maleta y se fueron con su madre. Dejando a Harry solo en esa casa que ya no sentía como un hogar. Si sus hijos no iban a volver en todas las navidades él no quería quedarse allí rodeado de recuerdos que ya no significaban nada.
Por enésima vez en pocos meses recogió sus cosas y volvió a trasladarse a Grimmauld Place. Allí pasó el resto de las navidades.
Solo.
Pensó en avisar a alguien pero sus compañeros de Quidditch estarían con sus familias. Ron y Hermione se habían mudado a EEUU hacía muchos años y probablemente Ron solo quisiera matarle, así que tampoco eran una opción. Pensó en Malfoy.
Mucho.
Demasiado.
Quería hablar con él, llamarle, pero se dio cuenta de que en realidad no había hecho nada al respecto. Sólo había tenido una discusión con su mujer y se había vuelto a mudar a su piso de soltero. No volvería con él hasta que las cosas no estuviesen bien hechas.
Fue en nochevieja cuando decidió que no quería seguir solo. Salió de su casa y paseó por las calles solitarias, viendo las luces de Navidad, escuchando a las familias cenando en sus casas. Caminando llegó hasta un puente de piedra que pasaba sobre el Támesis. Se acercó a ver los barquitos pasar con la gente dentro disfrutando de la noche.
¿Qué estaría haciendo Draco? ¿Estaría sintiéndose tan solo como él?
Terminó llegando a un bar de cócteles y por primera vez celebró la llegada del año rodeado de desconocidos bailando medio desnudos. Nada le importaba, no tenía ganas de afrontar más la soledad esa noche. Dejó que se le insinuaran, que le sirvieran una copa tras otra, que le tocaran, hombres y mujeres. Todo se mezclaba en su cabeza junto con la dulzura del alcohol, la música y las luces.
Empezaba a amanecer cuando se arrastró hasta su casa y se metió en la cama. El amanecer sobre el Támesis era una vista preciosa.
Buenas!
Editando este capítulo he vuelto a pulir algunas cositas. Es un capítulo complicado pero ¿cuál no lo es ya en esta historia?
He tomado el camino de la paz porque creo que al final son dos personas que se quieren, y aunque Harry haya hecho las cosas fatal, sigue intentando hacer las cosas bien. En su cabeza sonaba maravilloso lo de tener una aventura a escondidas durante años y luego romper como amigos.
En fin.
Parece que ya están las cosas encaminadas, veremos qué va pasando en el año y medio que les queda.
Soy muy fan de Albus y James como podéis ver. Me encantan esos chicos. Ojalá encontrar la inspiración para escribir al menos la historia Scorbus paralela a esta.
Nos vemos la semana que viene!
Un abrazo!
Kanna
