SAKURA

Sasuke tiene un feo corte sobre su ojo derecho con una de esas banditas con alas manteniendo junta la piel. Parece que no se hubiera afeitado desde la última vez que lo vi. Mi mente, inmediatamente, divaga a como se sentiría entre mis muslos. Combinado con la leve caída de sus hombros, parece agotado. Quiero abrazarlo y besar su ceja buena. Me las arreglo para controlarme.

—Mmm, hola. ¿Qué le pasó a tu rostro?

—Hola. —Toca la herida, luciendo incómodo—. No es nada. Una pequeña pelea en el hielo.

—No te metiste en una pelea en el último juego.

Una pequeña sonrisa aparece. —¿Así que lo viste?

Maldición. Ahora pensará que veo el juego por él. Asiento y me encojo de hombros. —Sí, veo la mayoría de los juegos. Eso luce muy mal.

—Luce peor de lo que es. —Su mirada va hacia mi cuello.

Cruzo mis brazos sobre mi pecho. Hace frío, y no uso sujetador. — Naruto se fue hace unos minutos.

—Vi que Hidan lo recogió. Se supone que discutiremos la estrategia esta noche. Pensé que sería buen momento para devolverte tus lentes. Llamé anoche, después del juego, ¿recibiste mi mensaje?

No me encuentro segura de que se supone que diga. Sí, sexy y loco acosador, debo ser una especie de estrella de rock en la cama, y me enciende que parezcas un poco obsesionado, no parece apropiado. En su lugar, digo la verdad.

—Me encontraba en casa de una amiga. No recibí el mensaje hasta que llegué a casa, y era tarde.

Su ceño se frunce. —¿Una amiga?

—Mi mejor amiga, Temari. Vimos el juego en su casa.

—Oh, eso es bueno. —Inclina la cabeza y echa un vistazo—. ¿Puedo entrar?

Es difícil creer que es un mujeriego con lo dulce que está siendo.

—Sí, a menos que planees atarme y amordazarme para poder llevarme a tu guarida. Si es lo que tenías en mente, preferiría que te quedes afuera mientras llamo a la policía y, posiblemente, a un centro de salud mental.—Y ahí va mi boca, lanzando estupideces de nuevo.

—Uh… —Me mira por unos largos segundos.

Baja la mirada a mi pecho, otra vez, incluso aunque cubro a mis chicas. —No es muy tranquilizador, Sasuke.

—¿Qué? —Sacude la cabeza, levanta la mirada, luego la vuelve a bajar—. Oh, oh bien, no. No planeo amordazarte y llevarte a mi guarida. Ni siquiera tengo una guarida.

—Es bueno saberlo. —Medio sonrío y lo invito a pasar—. Entra antes de que se me congelen los pezones.

Luce momentáneamente avergonzado. No lo puedo culpar ya que, otra vez, me encuentro sin sujetador. Esto es raro, va a pensar que nunca uso uno. Una ráfaga de aire frío lo sigue dentro, haciéndome temblar. Puede verse como si hubiera dormido en su auto el último par de días, pero huele fantástico.

Sasuke se quita su chaqueta. Su camiseta de manga corta se ajusta a su pecho y abraza sus brazos perfectamente esculpidos. Está tan bien construido. Pude haber soltado un silbido mientras admiro abiertamente su cuerpo.

—Te ves caliente. —Los ojos de Sasuke se abren—. Mierda, lo siento. Por favor no me pidas que me vaya.

Me río, somos tal para cual en cuanto a torpeza. —¿Puedo ofrecerte algo de beber? Tengo cerveza; agua; leche y juego de naranja.

—Una cerveza sería genial.

Agarro dos botellas del refrigerador, las destapo y le paso una, luego le hago una seña para que me siga a la sala de estar. Sasuke se sienta en centro del sofá, obligándome a acercarme más. Los sofás no son seguros en lo que a él respecta. Allí es donde pasamos de conversar a enrollarnos medio desnudos. Aun quiero subirme a horcajadas y frotarme en su polla.

—Estás escuchando a The Hip. —Su sonrisa desaliñada es adorable.

Me toma un par de segundos darme cuenta que se refiere a la música. —En realidad, encontré un canal dedicado a ellos. Loco, ¿verdad? —Me encuentro muy nerviosa, como una estudiante de secundaria con un flechazo. Con un tipo con la polla del tamaño de Canadá.

—Los escucho todo el tiempo. He visto a The Hip en concierto treinta y siete veces —dice orgullosamente.

—¿Treinta y siete veces? En serio debes amarlos.

Asiente como si fuera normal ver a la misma banda tantas veces. Su mirada se arrastra sobre mí. —¿Sin pijama del hombre araña esta noche?

—Se encuentran en la lavandería.

—Que mal. Me gustan mucho. —Mira mi pecho, otra vez—. Me gusta ésta, también.

—Te gustó sacarme de ellos. —Muerdo el interior de mi mejilla para evitar sonreír.

No debería coquetear con él después de toda la mierda de los medios que he visto, pero se encuentra en mi sala de estar, oliendo asombroso, luciendo caliente y mi castor está excitado.

Saca la lengua para mojar su labio inferior. El corte ha sanado. — Me gustó esa parte, también.

El silencio se alarga entre nosotros como si un recuerdo de desnudarme con Sasuke apareciera. hallarnos a solas es imprudente. Mi castor se encuentra muy interesado en repetir aquellos eventos. La semana pasada, recibí más regalos suyos que de todos mis novios anteriores juntos. Sasuke tiene dinero y lo gasta, así que tal vez es su comportamiento típico. Me encontraría menos conflictiva si la prensa amarilla no lo hiciera ver tan mal.

—¿Es por eso que viniste? —Espero que no sea la única razón. No creo estar hecha para el sexo casual.

—¿Para quitarte la ropa? No. —Me distrae con sus hoyuelos—. Quería una excusa para verte.

—Oh. Bien, eso es… bueno.

—Pensé que era obvio.

Hace la cosa que los chicos hacen cuando se encuentran listos para hacer un movimiento. Su mirada cae a mi boca, y luego se inclina hacia adelante. Después mete unas hebras errantes de cabello detrás de mí oreja. Mis manos parecen tener mente propia. Se mueven a lo largo de sus brazos, manoseando sus bíceps.

Olvido mi confusión interior y dejo claro que me encuentro bien con más contacto al subir a su regazo. Sus dedos callosos se enroscan en mi nuca, y nuestras bocas conectan. Amo su boca.

Su gran erección se acuna entre mis piernas, y querido Dios, se siente mejor que nunca. Podría romper la cremallera al ser tan grande. Me la imagino con pequeños puños, empujando para salir, y me río.

Sasuke muerde mi labio. —¿Estás riéndote?

—No. —Reprimo una risa.

—¿No? —Sus labios viajan por el lado de mi mandíbula, su barba suave hace cosquillas en mi piel. Coge mi trasero mientras levanta sus caderas. Se encuentra tan duro. En todas partes.

—¿Qué es tan gracioso?

Gimo, fuerte y desesperada. Me encuentro tan caliente, esto no es para nada divertido. Me envuelvo a su alrededor como un koala, acercándome más. Furtivamente, meto una mano entre nosotros y lo palpo a través de los pantalones, excitándolo, por el sonido bajo y primitivo que hace. Bajo la cremallera, lista para meter un dedo, o toda mi mano, en la abertura.

Mientras me hallo ocupada haciendo un camino hasta sus bóxers, su palma se mueve bajo mi camiseta. Me alegra no tener sujetador.

Me congelo ante el repentino golpe en la puerta. Solo Naruto suena como si estuviera martillándola. A regañadientes, termino el beso. —Vete. ¡Estoy viendo la televisión desnuda!

Sasuke abre la boca para hablar, su mano sigue en mi teta. Lo callo poniendo mi palma sobre su boca. —¡Mentira! —grita Naruto—. Eso es raro incluso para ti, Saku. Abre la puerta. Olvidé mi billetera en tu baño.

—¡Tienes que esconderte! —Bajo de un salto de su regazo y jalo su brazo, pero no se mueve.

Frunce el ceño. —Mi auto se encuentra en la entrada.

—Naruto no es lo suficientemente observador como para darse cuenta.

Para demostrar que me equivoco, desde el otro lado de la puerta, Naruto pregunta—: ¿De quién es el auto aparcado al lado de tu auto de mierda, de todos modos?

Sasuke arquea su ceja lastimada. Maldito sea él y su rostro sexy. —Maldición. ¿Qué vamos a hacer? —susurro con pánico.

—No te preocupes. Puedo manejarlo. —Se levanta. Acomoda su monstruosa erección en sus pantalones, sube su cremallera y pasa una mano por su cabello. Totalmente tranquilo.

—Necesito cubrir estos. —Señalo mis pezones duros como rocas.

—Probablemente es buena idea. —Me acaricia uno con su nudillo a través de mi camiseta.

—¡Oye! —Quito su mano de un manotazo, agarrando mi sudadera con capucha del brazo del sofá y poniéndomela. Corriendo hacia la puerta, ajusto mis lentes y tomo una respiración profunda. Me encuentro tan jodida. Naruto va a averiguar que dormí con Sasuke, y se pelearán en mi sala de estar. Mis muebles se arruinarán. Por lo menos, la mayoría es propiedad de mis padres, no mía.

Abro la puerta de par en par, no tiene caso esconder al jugador de hockey de metro noventa y dos y de noventa y nueve libras parado detrás de mí. Sostengo una mano en mi cadera y me burlo.

—¿Dejaste tu aro para el pene?

—Ja, ja. No necesito esa mierda. Mi billetera se encuentra en tu baño. ¿Temari tiene un auto nuevo? —Naruto mira más allá de mí, su expresión cambia de divertida a confundida—. ¿Qué haces aquí?

—Hola, hombre. No recibí el mensaje de Hidan hasta hace unos segundos. Pensé que se suponía que te recoja. —La sonrisa de Sasuke es relajada—. Imaginé que mientras me hallaba aquí, podría preguntarle a Minato sobre el chico que ha estado vigilando. Matar dos pájaros de un tiro.

Por un segundo, me pregunto si Naruto le creerá. Afortunadamente, no es el más inteligente del mundo. —¿Te refieres al chico Evans? ¿El que rompió todos los récords?

Sasuke asiente. —Es excelente. Seguro será reclutado este año.

—Seguro. Creo que mi papá va a ir a verlo jugar mañana en la noche.

—Traeré tu billetera —murmuro, ya que no soy parte de la conversación, me dirijo al baño. Mi corazón retumba con adrenalina después de casi ser atrapada por Naruto. También se me ocurre que Sasuke es parte del grupo para el que Naruto llamó a sus conejitas.

La billetera se encuentra sobre el tanque del inodoro. Para evitar el contacto directo, uso un pañuelo de papel para agarrarla. No quiero tocar nada que resida cerca del trasero de Naruto.

Cuando vuelvo a la sala de estar, el tema ha cambiado significativamente. Sasuke se halla de espaldas a mí, y Naruto se ríe. —Esta chica se encuentra dispuesta a casi cualquier cosa, así que espero que sus amigas también.

Ninguno me notó. Aguanto la respiración, esperando la respuesta de Sasuke.

Su risa es fuerte, su tono arrogante. —Hay que amar a las salvajes,n¿eh? Especialmente cuando vienen por más.

Quiero vomitar. Nos enrollábamos y ahora conversa de las "habituales" de Naruto. Probablemente soy una parada de camino a su siguiente conejita.

Sostengo la billetera de Naruto. —¿Olvidaste algo más? ¿Tu traje de riesgos biológicos?

Sasuke se da la vuelta. Estoy segura de que mi expresión le dice lo mucho que escuché. No puedo ni mirarlo.

Naruto sonríe ampliamente, esperando el insulto. Espero su réplica no tan ingeniosa, pero debe haber estado esperando la oportunidad de utilizarlo porque ni siquiera duda.

—Solo estás celosa, Saku. Eres tan seca como el desierto. También podrías inscribirte en un convento por toda la acción que tienes.

No es una réplica del todo mala. Por desgracia, la dijo delante de Sasuke, que puede estar mirando para añadirme a su lista de "habituales".

—¡Vete a la mierda, puta bolsa yeti! —Lanzo la billetera a su cabeza y fallo. Golpea a Sasuke en el hombro en su lugar. La agarra en el aire—. ¡Espero que consigas ladillas y que te pique la polla hasta que se te caiga! Ahora salgan, los dos. Tengo cosas que hacer, y su prostitución está apestando mi sala de estar. —Me giro sobre mis talones y me alejo hacia mi dormitorio.

—¡Fue una broma, Saku! —me dice Naruto.

Azoto mi puerta y la bloqueo. Subiendo el volumen en mi equipo de música, hago estallar la música, pero es The Tragically Hip, por lo que no es lo suficientemente enojado o agresivo.

Elijo un álbum con un montón de fuertes solos de guitarra y ruidosos golpes de batería. Pisando fuerte a través de mi habitación, lanzo el castor Uchiha, que golpea la pared. Entonces me lanzo sobre mi cama y grito en mi almohada como una irritada preadolescente. Me siento mejor, independientemente de cuan juvenil soy.

Dos minutos más tarde, comienza un insistente golpeteo. Grito—: ¡Vete a la mierda! —pero es Naruto y es demasiado estúpido para dejarme en paz.

Abro la puerta. —¿Por qué estás aquí? ¿No tienes una prostituta a la que follar?

Patea el marco de la puerta, sus hombros caídos. —No pago por sexo.

No me importa si herí sus sentimientos. Estoy tan enojada conmigo misma, y con Naruto, y Sasuke por mi situación actual. Estoy enojada y más confundida de lo que me encontraba antes de que Sasuke se presentara en mi puerta. Fue tan dulce hasta ahora y contrariamente a la representación mediática de él. Tal vez eso es lo suyo. Tal vez le encanta jugar con las mujeres.

—¿Quieres que te lance confeti? —Naruto mantiene la puerta abierta. Me apoyo en ella y me quedo atascada. Odio a Naruto y a sus enormes brazos peludos y músculos abultados.

—Creo que a Uchiha le gustas.

Una flor inútil de esperanza se forma en mi pecho. Aplasto ese pensamiento con imágenes sensacionalistas de otras chicas envueltas alrededor de Sasuke y su comentario sin censura a Naruto.

—No estoy interesada en tus repugnantes amigos. —Ya no, de todos modos—. Si no te importa, me gustaría que me dejes sola. Tengo trabajo que hacer. —Empujo la puerta. Esta vez la deja ir y grita cuando la golpeo en su cara.

Tan pronto como Naruto se va, Sasuke me llama repetidamente. Debe tenerme en remarcado.

Molesta, apago el teléfono y lo lanzo a mi cama. No estoy interesada en nada que Sasuke tenga que decir.

En los próximos días, evito todo contacto con Sasuke. Hago planes en las tardes y borro mensajes de voz sin escuchar y textos y correos electrónicos sin leer. Sin embargo, no vacío los eliminados del correo electrónico. Mi falta de acción es un problema porque significa que puedo leerlos si quiero.

Los Hawks están jugando un partido en casa esta noche. He intentado todo lo posible para librarme de ir. Bueno, estoy mintiendo. Dije que no quería ir. Naruto y mi mamá trajeron a colación al perro cachorro y al gigante pie grande en un viaje de culpabilidad, así que cedí. No tomó mucho tiempo.

Pongo verdadero esfuerzo en estar lista, algo que normalmente no hago. Me pongo mis más viejos pantalones y mi sudadera con capucha más manchada. Mi madre se niega a dejarme entrar en el coche.

—Te dije que me siento como una mierda. Si tengo que ir, quiero estar cómoda.

—No me importa si tienes Ébola. No irás al juego en esto. — Gesticula a mi atuendo.

—Que estricta. No hay nada malo con lo que llevo puesto.

—No, si estás sin hogar. —Me agarra del brazo y me lleva a la casa de la piscina. Entonces me tiende una plancha alisadora de cabello hasta que me maquillo y cambio a algo agradable. Mi madre es muy consciente de todos los regalos que he recibido de Sasuke. Es lo suficientemente perspicaz para suponer que esto tiene que ver con él.

Considero preguntarle a Minato que se detenga en la farmacia de camino hacia el juego para poder comprar jarabe para inducir el vómito como respaldo de emergencia. Con la forma en que mi estómago está rodando, dudo que lo necesite.

Nuestros asientos están cerca del hielo de nuevo, sólo a un par de filas de distancia de la banca de los Hawks. No puedo decidir si estoy emocionada o no. Afortunadamente, la cerveza ayuda a calmar los nervios. Las conejitas del hockey cacarean como pollos detrás de nosotros, pero son difíciles de escuchar con mi mamá parloteando a mi lado. Insiste que Sasuke es un joven encantador y me informa que no debería creer a la prensa sensacionalista, porque están llenos de mierda. Resoplo en mi cerveza y le recuerdo que todo lo que dicen acerca de Naruto es cierto. Eso la calla.

Las mariposas en mi estómago crecen exponencialmente cuando los Hawks aparecen en el hielo. Me encorvo en mi asiento cuando Sasuke se sienta en el banquillo, con el rostro fijo en una mueca. Es un reto prestar atención al juego tratando de no mirarlo. Se afeitó desde la última vez que lo vi, y no luce tan golpeado. Mi castor babea en mi ropa interior.

Algo de drama tomó lugar mientras estuve mirando; todos en el estadio están de pie, la gente ya está animando o gritando. El silbato suena, y Sasuke salta al juego. Moviéndose con feroz gracia, arrebata el disco de su oponente, girándose y saliendo disparado a través del hielo.

Una nube de polvo sigue a Sasuke mientras hace una parada brusca. Levanta su palo y lo lleva adelante con rapidez garantizada. Todo se desacelera a medida que el disco se precipita hacia el portero. Mi aliento se congela mis pulmones, agarro los reposabrazos, esperando. Como cualquier otra fan incondicional, salto de mi asiento, gritando con entusiasmo mientras el disco pasa rápidamente al arquero en la portería. Sasuke anota un montón de goles.

El juego está lleno de acción. En un momento dado, el equipo contrario anota, subiendo su puntuación brevemente. Los Hawks toman la delantera de nuevo al final del segundo período con otro gol increíble. Esta vez, Sasuke se las arregla para permanecer fuera del lugar de descanso y los Hawks ganan.

Soy un desastre absoluto de nervios a medida que nos dirigimos fuera del estadio al coche. Toma una eternidad llegar al bar, gracias a la celebración de los aficionados de los Hawks. En el momento en que llegamos, mi vejiga está a punto de estallar. Salgo corriendo al baño y me quedo atascada en la lamentable fila de mujeres que necesitan utilizar las instalaciones también.

Tres conejitas inapropiadamente vestidas se arreglan delante de los espejos, charlando mientras doy rienda suelta a las Cataratas del Niágara. ¿Cómo sé que son conejitas? Están hablando de los Hawks y de con quien lo harían. Una de ellas menciona a Sasuke. Me tenso, deteniendo el flujo de orina.

Escucho el término tripleta de nuevo. Tal vez determinan quien quiere que anote basadas en las estadísticas de los miembros del equipo. El secador de manos interrumpe la conversación de las conejitas. Tan pronto como termino, abotono mis pantalones y salgo de la cabina para poder espiar de nuevo.

—Bueno, prefiero estar primera en la fila que tercera. ¿Quién no querría estar en primer lugar? —pregunta la rubia falsa. Hay una raya de color marrón zorrillo en sus raíces. Ahueca su cabello y pone mala cara a su reflejo.

La morena junto a ella contonea su cabeza de lado a lado. —Lo que sea. Primera, segunda, tercera, si consigo agarrar el palo de Sasuke Uchiha, me da igual dónde me encuentre en la fila. —Sus ojos se deslizan a mí y permanecen fijos en mi cara.

—¡Oh Dios mío! Te reconozco. ¿No eres tú la que estaba, como, liándose con Sasuke Uchiha, como, hace tres semanas? —grita.

Nunca esperé que nadie me reconozca de esas imágenes. Supuse que el enfoque estuvo en mi lengua en su boca. Horrorizada por lo que he escuchado, niego. —Debo ser la doble de esa chica porque no eres la primera persona en preguntar. —Bajo mi voz—. Leí en alguna parte que dijo que era un besador de mierda.

Si voy a mentir, también podría hacer algo bueno. Sus ojos se abren. —¿En serio?

—Y la tiene pequeña. —Señalo a mi entrepierna.

—¡No! —Su mandíbula cae, su expresión una de consternación.

—Ese es el rumor.

Limpio mi mano en mis pantalones en lugar de esperar al secador de manos y dejo a las conejitas con sus chismes. Lo que he hecho es vergonzosamente infantil y vengativo, pero estoy bien con ello.

En mi camino a la barra, me encuentro con uno de los compañeros de equipo de Sasuke. No lo recuerdo, aunque él me recuerda. —Oye, ¿no eres la hermana de Uzumaki?

—Hermanastra, pero sí. —Escaneo la multitud, buscando a Minato o a Naruto. Deberían ser fáciles de detectar, siendo ambos de más de metro ochenta.

—Soy Hidan. Juego de defensa para los Hawks. Tu nombre es una flor o algo así, ¿verdad? —La forma en que me mira es desconcertante.

—Es Sakura.

—Cierto. ¿Vas a venir a pasar tiempo con nosotros?

—Tengo que hacer una llamada rápida primero. —Sostengo mi teléfono como una excusa para alejarme de este tipo. Tiene que ser unos diez años mayor que yo, y es un adulón.

—Te guardaré un asiento. Tal vez podamos llegar a conocernos mejor.

—Uh, tal vez. —Ruedo los ojos mientras se aleja. No puedo creer que las mujeres se enamoren de tal mierda, pero una vez más, mira lo que pasó con Sasuke. Después de oír los chismes del baño, todo lo que quiero es ir a casa.

Espero hasta que Hidan el imbécil desaparece entre la multitud antes de guardar mi teléfono y reanudar mi búsqueda de Naruto. Un gorila levanta una mano para detenerme, controlando el flujo de tráfico en la sección que los Hawks ocupan.

—Ella está conmigo. —La palma de Sasuke se detiene en la parte baja de mi espalda a medida que avanzamos. Su voz es baja, ardiendo como repelente sobre mi piel—. Quiero hablar contigo.

Todas mis ingeniosas réplicas se pegan a mi garganta. No hay escapatoria; está justo detrás de mí, no dejando espacio.

Con mucho estilo de caballero de mierda, me lleva a la mesa, saca una silla, y toma el asiento a mi derecha.

Mi nuevo amigo Hidan está en el lado opuesto de la mesa, con el brazo colgando casualmente en un asiento libre. —Hola, hermanastra. Te guardé una silla.

Sasuke le dispara una mirada. —Está bien en donde está.

Una mirada lasciva distorsiona la sonrisa de Hidan. Puedo ver un espacio donde un diente debería estar. —Sabe Uzumaki que son… — Una camarera con escote excesivo se detiene para tomar su orden, distrayéndolo.

Sasuke parece aliviado. No digo nada. Naruto está en el otro extremo de la mesa, demasiado ocupado charlando con una conejita para darse cuenta de mi llegada. La forma en que estas mujeres se lanzan a estos chicos es vergonzosa. Lo peor es saber que yo también caí en los encantos de un jugador de hockey más de una vez.

Sasuke me ordena una bebida de la camarera "pechos deliciosos". Lo dejo porque voy a necesitar alcohol si tengo que sentarme a su lado. Trata de establecer una conversación conmigo, pero está muy ruidoso y estoy demasiado distraída para una pequeña charla.

Finalmente no puedo contenerme por más tiempo. Quiero que desmienta lo que escuché en el baño de mujeres. —Entonces, ¿qué pasa con toda la charla sobre ti siendo mágico?

Su maldita sonrisa aparece. —Lo siento, ¿qué?

—Algunas chicas en el baño hacían referencia a una tripleta.

Sasuke palidece. El hombre a su lado, que ha estado relativamente tranquilo hasta ahora, se atraganta con su cerveza, y Hidan se ríe. Sasuke traga, con los ojos en la mesa. Un par de los chicos más cercanos a nosotros parecen divertidos. El único tranquilo junto a él sacude la cabeza.

—No sonaba como si estuvieran hablando sobre puntajes de hockey. Así que tengo curiosidad, ¿qué significa eso exactamente?

No responde de inmediato, dando a Hidan la oportunidad de interponerse. —Es cuando Uchiha folla a tres conejitas diferentes en una noche.

Las palabras son lentas para filtrar. Me giro hacia Sasuke para determinar si esto posiblemente pueda ser verdad. Su silencio es una sirena explotando en confirmación.

Lo tapo con una sonrisa.

—Oh. No eres especial.

No necesito jarabe para inducir el vómito para salvarme de la película de terror en que esta noche se ha convertido. Mi estómago se revuelve con esta información. Tuve sexo con un súper puto. Salgo de la mesa. Creo que en realidad podría estar enferma.