SASUKE

Sakura, que ya de por sí es pálida, a menos que estemos teniendo sexo, entonces tiene un sexy y grandioso tono rojo, luce tan blanca como un fantasma. Se tambalea y agarra el respaldo de la silla.

Siguiéndola, me pongo de pie y sujeto su codo. —¿Por qué no me dejas ayudarte?

—¡No me toques! —Abofetea mi mano—. No quiero tu ayuda.

Uzumaki pone en pausa su conversación con la rubia teñida. Entra en escena, evaluando la situación como lo haría con un partido.

Sus ojos se dirigen a mi mano cerca de su brazo. —¿Saku? ¿Estás bien?

No me importa si sospecha algo. Esta es la primera vez que veo a Sakura desde que pasé por su casa la semana pasada. Uzumaki lo arruinó todo entonces justo como Hidan lo hace ahora. Necesito hablar con ella sin audiencia. Nunca existió tal cosa como la tripleta Uchiha. Es una farsa, un rumor exagerado y sin fundamento, al igual que la mayoría de las cosas que los medios dicen sobre mí. Nada de lo que ha visto y oído es cierto. Si no aclaro las cosas, se arruinarán mis posibilidades con ella, si no lo han hecho ya.

Sakura se aclara la garganta y habla con esmero—: No me siento bien. Puede que haya contraído alguna enfermedad venérea trasmitida por el aire al estar tan cerca de Uchiha.

Algunos de los chicos en la mesa se ríen. Uzumaki va a patearme el culo si se entera de lo que pasó. Eso es genial. Aceptaré el castigo. Me acosté con su hermanastra. Si puedo dejar las cosas claras con Sakura, valdrá la pena.

—Si me disculpas. —Sakura se aleja de un empujón.

Aprovechando la oportunidad, la sigo, con la esperanza de poder explicarle. Es mucho más pequeña y rápida, por lo que se desliza entre la gente de una forma en la que yo no puedo, al menos no sin derribarlos.

Uzumaki agarra mi brazo. —¿Qué demonios hiciste?

—No hice nada. Hidan hablaba sin parar y de repente Sakura dijo que no se sentía bien.

—No sé lo que pasa o por qué estás tan condenadamente interesado en mi hermana, pero tienes que dejarla jodidamente en paz. — Uzumaki va detrás de ella.

Sakura se encuentra a mitad de camino del bar, dirigiéndose a la puerta. Si la hubiera llevado a un lado para hablar más temprano podríamos haber evitado todo esto.

Shikamaru me entrega mi chaqueta. —Vamos a dar un paseo.

Estoy seguro de que descubrió lo que pasó con Sakura, incluso aunque no se lo dijera.

Nos dirigimos a la salida. —¿Crees que él sabe?

—¿Qué estás murmurando?

Hay demasiado ruido en el bar, Shikamaru no puede oírme susurrando eso por un lado de mi boca. Fuera del bar, Uzumaki habla por teléfono en la acera. —No vomites en el taxi. Llámame cuando llegues a casa.

—¿Está todo bien? —Shikamaru me salva de hacer preguntas incriminatorias.

—Demonios, no. Todo no está bien. ¿Y qué le decía Hidan, de todas maneras?

—Su basura habitual. Nada fuera de lo común —contesta Shikamaru.

—Vomitó en la acera. —Señala un charco cerca de los arbustos—. Tuve que pagarle al taxi el triple para que la llevara a casa.

—Uno de nosotros podría haberla llevado. —Me molesta que la haya enviado en un taxi, sola.

Uzumaki chasquea los labios. —No confío en ti para nada. No creas que no te vi hablando con ella otra vez esta noche. Fuiste a su casa la semana pasada y ahora esto. Algo pasa. Sakura y yo somos cercanos, habla conmigo. No creas que no voy a averiguarlo.

Por suerte, no son tan cercanos. —No seas tan idiota, Uzumaki. Ella no está bien, y la enviaste a casa en un taxi cuando tenías otras opciones. Vomitó. No es como si alguno de nosotros fuera a coquetear con ella.

Para evitar que se agrave el problema, camino a mi auto al otro lado del estacionamiento. Shikamaru se sube en el asiento del pasajero y se abrocha el cinturón.

—Eso fue un desastre. —Enciendo el auto.

—Estoy de acuerdo.

—¿Crees que fui muy obvio?

—¿Es necesario preguntar? Ha salido con nosotros dos veces y estás pendiente de ella todo el tiempo. Si hombre, es malditamente obvio. ¿En qué demonios piensas?

—No lo sé. Estoy tan perdido.

—Te lo buscaste cuando te metiste en sus pantalones. —Giro a la derecha en vez de la izquierda, en dirección opuesta a mi casa—. ¿A dónde vamos?

—Quiero asegurarme de que Sakura llegue bien a su casa.

—¿Qué eres? ¿Su acosador?

—Sólo voy a pasar por ahí, no mirar por sus ventanas. Mira, no quiere hablar conmigo. Nunca he hecho esto.

—¿Qué cosa? ¿Acosar una chica con la que has tenido sexo?

—No estoy acosándola —digo en voz baja. Cualquier parecido con el acoso solo se debe a que quiero explicarme y no me da la oportunidad—. Necesito tu ayuda. No me escuchará si le digo que las historias que ha oído son mentiras.

—Que astuto de tu parte.

Nunca admití haber tenido sexo con tres chicas diferentes en una noche. Mi agente me enseñó que omitir obra a mi favor. Deja de lado los detalles, y la gente deducirá lo que quiera. Lo que pasó y lo que la gente cree que pasó son dos cosas muy distintas.

La noche en cuestión sucedió varios años atrás. Di una fiesta cuando me mudé a mi casa. Fue salvaje, como son todas las fiestas de hockey. Ya tenía un agente por ser un jugador, la mayor parte sin fundamento. Este evento me dejó firmemente en el estatus de playboy. En el momento, le di la bienvenida; ahora ya no tanto.

Podría haber desacreditado fácilmente el mito, pero al principio de mi carrera enfrenté algunos desafíos. Mi agente, Kisame, pensó que no haría daño dejar que la gente pensara lo que quería. La reputación de playboy, aunque injustificada, se mantuvo, y esa clase de cosas son difíciles de borrar.

Estacioné sobre la calle de la casa de Sakura, evitando los postes de luz. El único vehículo en la entrada es un viejo SUV. Las luces exteriores iluminan el camino desde el edificio central al patio cerrado. La casa de la piscina está más atrás, por encima una cubierta de árboles y arbustos.

—Ni siquiera pienses en salir del auto, Uchiha. —Shikamaru aprieta el botón de la consola central, bloqueando las puertas—. La última persona que quiere ver ahora eres tú.

Le doy una mirada asesina por tener razón. —Ella podría…

—¿Darte un puñetazo en la cara?

Pongo el auto en marcha, acelerando mientras me alejo del borde de la acera. Odio no obtener lo que quiero cuando quiero.

Todo lo que quiero es hablar con Sakura. Quizá también quiero ver sus senos otra vez y tener sexo con ella. Teniendo en cuenta como están yendo las cosas estos días, es muy improbable que eso suceda.

Shikamaru vive en un barrio residencial cerca de mi casa así que lo llevo hasta allí.

—No hagas otro paseo en auto esta noche. —Cierra la puerta, me mira mal, y camina hacia su entrada.

Ignoro su sugerencia. La casa central se halla oscura y el auto deportivo aún no está, así que estaciono cerca y apagó las luces. Un tenue resplandor proviene de la casa de la piscina. Agarro mi teléfono, le echo un vistazo a un correo electrónico de Kisame sobre una pequeña campaña publicitaria, nada tan prometedor como Sports Pro, y busco en mis contactos su número.

No contesta. Dudo en colgar hasta que suena su correo de voz.

—Hola. Soy Sasuke. No debes pensar muy bien de mí en este momento. Si me dieras la oportunidad de explicarme prometo… lo siento, Sakura. Si pudieras llamarme cuando no vomites más, sería genial. —Es un mensaje pobre. Ya presioné finalizar, así que se envía.

Sakura no me devuelve la llamada. No es una sorpresa. Puede ignorar correos electrónicos, mensajes y mensajes de voz, pero hay un lugar en el que puedo atraparla y tendrá que escucharme: su trabajo. No será capaz de gritarme o cerrar la puerta en mi cara sin llamar mucho la atención. Nos iremos para jugar una serie de partidos como visitantes el miércoles, y quiero verla antes de irme para arreglar las cosas.

El lunes por la mañana, me levanto temprano para poder interceptarla a primera hora. La chica de la recepción es increíblemente útil. Tomando el elevador al sexto piso, sigo las indicaciones hasta el cubículo de Sakura. Es agradable y público. También está vacío.

—¿Puedo ayudarte?

Me volteó para ver a un chico escuálido con una corbata de cachemir amarillo de pie detrás de mí.

—Estoy buscando a Sakura.

Pestañea un par de veces, respirando entrecortadamente. —Sasuke Uchiha.

—Ese soy yo.

Estira su mano, así que la tomo. —Deidara. Tú eres mi ídolo.

—Gracias Deidara. Ahora, ¿Sakura?

Sacude la cabeza. —Por supuesto, señor Uchiha. Se encuentra al final del pasillo en la sala de conferencias.

—¿Está en una reunión?

—Sí. No. Lo estará. No comenzará hasta dentro de otros quince minutos. Lo llevaré allí de inmediato. ¿Lo está esperando?

—Es una sorpresa.

—Oh. Claro. Por supuesto. Sígame.

Deidara me conduce a la sala de conferencias. Antes de que pueda anunciar mi llegada, me adelanto, guiñándole mientras cierro la puerta sin hacer ruido. Sakura enfrenta la mesa, así que no me ha visto todavía, que es precisamente el punto de mi entrada en silencio. Me tomo un momento para apreciar su atuendo. Lleva pantalones de vestir gris oscuros y una camisa color crema. El material tiene un ligero brillo. Su cabello rosado cae suelto y en ondas sobre sus hombros. Los zapatos son rojos con un poco de tacón. Es sexi pero profesional.

Le doy la vuelta a la cerradura, atrapándola en la habitación conmigo. Me tomo un momento para llegar a un acuerdo con mi comportamiento acosador, racionalizándolo con la necesidad de defender mi reputación de mierda.

Mi pene se emociona por estar solo en una habitación privada con ella. Sólo hay una pequeña ventana opaca en la derecha de la puerta, dejando la mayor parte de la habitación oculta a la vista. Sakura no quiere hacerlo conmigo, aunque mi pene parece no darse cuenta. También me permito darme el gusto con la fantasía sexual de la mesa de conferencias, un poco. O mucho.

Primero, tengo que hacer que me hable de nuevo, y posiblemente tener una cita antes de este tipo de eventos. Sakura se voltea y regreso a la realidad. Suelta un grito.

Su mano palpa delicadamente su garganta. —¿Qué haces aquí?

—Quería expli…

Se abalanza sobre mí y empuja un dedo sobre mi pecho. — ¿Explicar qué, exactamente? —Lanza uno de esos susurros furiosos a pesar de que la puerta está cerrada.

—La tripleta. La historia no es cierta. —Todavía está clavando su uña en mi pecho. El contacto es agradable incluso si es agresivo. Aunque existe la posibilidad de que sea el precursor de algo de violencia real.

—Vi la entrevista que hiciste. Está en YouTube.

—¿Cuál?

Me fulmina con la mirada. —¿Cuál crees?

Trato de no reaccionar. Sé de qué entrevista habla. Es atroz. De hecho, arruinó un montón de oportunidades de patrocinio, a menos que quisiera la campaña de herpes genital. El enfoque en ese vulgar chisme no le hizo ningún bien a mi carrera. —Nunca admití haber tenido sexo con tres mujeres en una noche. —No refuté la suposición, que es lo mismo que confirmarla a los ojos de la mayoría de la gente.

—Y un demonio que no lo hiciste. —Sakura se dirige a su ordenador pisando fuerte.

Le toma tres segundos abrir la entrevista y otros veinte encontrar la parte de la tripleta. Debe haberla visto más de una vez. No puedo decidir si es algo bueno o malo. Significa que ha estado pensando en mí, pero probablemente no de la forma en que yo he estado pensando en ella.

La entrevista se puso al aire un par de semanas después del incidente. Me acostumbré a omitir detalles, especialmente en lo referente a mi vida sexual. Al principio, la forma en que los medios malinterpretaban todo, era gracioso. Después de un tiempo, me rendí ante la molestia. Ahora desearía haber manejado las cosas de otra manera.

—Justo aquí. —Golpea la pantalla.

—Deberías escucharla de nuevo. —Sé exactamente lo que dije ya que me he arrepentido de eso tantas veces.

Sakura hace una mueca. Es sexy y aterrador. —De acuerdo.

Entrevistador: Se ha hablado mucho acerca de sus recientes hazañas sexuales. Me pregunto si desea darnos más detalles sobre la tripleta Uchiha.

Puedo sentir la furiosa mirada de Sakura.

Yo: Realmente no soy la clase de hombre que revela su vida privada.

Entrevistador: Se dice que algunas de las mujeres con las que has estado no son tan reservadas. He escuchado que la "tripleta" en realidad no tiene nada que ver con tus habilidades en el hielo, ¿es cierto?

Sakura se queda mirando la pared y mueve nerviosamente el cuello de su camisa. Quiero hacer lo mismo. La entrevista es terriblemente invasiva. Estaba conmocionado por las preguntas y que Dick las hubiera aprobado.

Yo: Ese es un gran rumor.

Entrevistador: ¿Te gustaría confirmarlo? Estoy seguro de que tus fans femeninas de allá afuera quieren saber.

Yo: Como dije. No hablo de mi vida privada.

Sakura pone pausa. —Justo ahí. —A pesar de su triunfo, puedo ver que es todo fanfarronada.

—Eso no es la confesión de nada.

—Claramente no es una negación. —Cruza los brazos sobre sus pechos. Nadie me desafía realmente a menos que esté en el hielo. Me hace querer seguir adelante con la fantasía de la mesa de conferencias, pero la entrevista está arruinando mis posibilidades de que siquiera suceda.

—Es una entrevista vieja.

—¿Qué tiene eso que ver? No has hecho ningún intento de corregirlos si se encontraban equivocados, lo que es difícil de creer.

—A los medios les gusta torcer las cosas.

—¿En serio? Eres el único que se presentó en mi habitación de hotel en medio de la noche para que pudiéramos "pasar el rato". Eres el único con la caja de condones preparada. A juzgar por toda la mierda circulando por internet, no creo que los medios estén muy lejos de la verdad. —Se voltea, señalando la pantalla, luego a mí, y luego otra vez a la pantalla.

—Estoy tratando de expli…

—¿Por qué molestarse? No lo entiendo. Sólo soy otra mujer en la que metiste tu monstruoso pene. No soy tu novia. No necesitas dar explicaciones sobre donde más lo has metido.

Sus ojos brillan, como los de mi hermana cuando se encuentra al borde de las lágrimas. Oh mierda. ¿Y si la hago llorar?

—Quiero una oportunidad para defenderme antes de que me agrupes con todos los demás imbéciles de allá afuera.

—Has hecho un buen trabajo por tu cuenta.

La puerta traquetea, seguido de un suave golpe. —¿Sakura? —Es una profunda voz masculina. No me gusta.

Su alivio no es lo que quiero ver. Trata de esquivarme, pero soy más grande y rápido. Una década de hacer patinaje artístico funciona. Sakura se tropieza con mi pie, dándome la excusa perfecta para tocarla.

Ocurre en una secuencia de cámara lenta. Mientras cae, envuelvo mis brazos alrededor de su cintura y atraigo su cuerpo hacia mí, enderezándola. Termina presionada contra mí, con la cara aplastada contra mi pecho. Es tan caliente, pequeña y suave en todos los lugares correctos. Huele fantástico, cómo suavizante de telas y champú dulce. Deja escapar un pequeño gemido, agarrando mis hombros en vez de apartarme. Por supuesto, el tipo al otro lado de la puerta arruina el momento golpeando de nuevo más vigorosamente.

—Tengo que dejar entrar a Sasori —dice suavemente, con los ojos fijos en mi barbilla.

—Quiero pedirte una cosa primero. —La sostengo con fuerza, luchando contra una inconveniente erección.

—Tengo que… —Me clavas las uñas profundo y siento el ligero movimiento de sus caderas. La última parte puede ser una ilusión.

—Toma un café conmigo. O té o cerveza, lo que quieras beber. Incluso podemos tomar leche chocolatada. Sólo quiero hablar.

Me mira detenidamente, su pecho roza mis costillas. Recuerdo con mucha claridad cómo se siente sus pezones en mi boca. Me pongo más duro por segundo. Si lo nota, estoy acabado. Dejarla ir no es una opción hasta que acepte salir conmigo. Es un problema.

—¿Por qué?

—¿Por qué, ¿qué?

—¿Por qué quieres tomar una bebida conmigo?

—Porque me gustas. Eres divertida. Porque quiero conocerte mejor. Y quiero que veas que no soy el tipo de chico que crees que soy.

Se queda en silencio mucho tiempo. —Una bebida.

—Sí.

Asiente.

—¿Estás libre esta tarde? —No quiero darle la oportunidad de cambiar de opinión.

—Debería estar libre hoy a las cinco.

—Podría llevarte a cenar…

—Nada de comida. Sólo un trago. —Su agarre en mi camisa se suelta, y sus dedos se deslizan por mis brazos—. Hay una cafetería al otro lado de la calle. Te veré allí.

Sasori golpea de nuevo. Desbloqueo la puerto, la abro cinco centímetros y levanto un dedo dirigiéndole una mirada de vete de aquí o te golpearé con mi palo de hockey. Luego la cierro de nuevo y me volteo hacia Sakura.

—¿No vas a deshacerte de mí, verdad?

—No veo el punto. Probablemente irrumpirás en mi casa y te encontraré escondido en mi armario o debajo de mi cama si lo hago — dice secamente, con la ceja levantada como desafiándome a discrepar.

—No creo que fuera tan lejos. —Aún tengo mis límites en el negocio del acoso.

—Me encerraste en una sala de conferencias contigo. ¿Quién conoce tus límites?

Antes de que Sasori tenga un infarto, desbloqueo la cerradura y abro la puerta de nuevo. Nos mira.

—¿Sasuke Uchiha?

—Lamento si atrasé su reunión.

—¿Puedo ofrecerte algo? ¿Café? ¿Agua? Jugo de naranja recién exprimido.

Juro que escucho una paja detrás de mí. Tal vez mi mente me está jugando un truco.

—Estoy bien. Ya conseguí lo que vine a buscar. —Me dirijo a Sakura, empujando un mechón de cabello detrás de su oreja. Incluso sus orejas son hermosas—. Te veré a las cinco.

—Está bien. —Se sonroja y toca su cabello, su sonrisa es de repente tímida.

Un punto para Uchiha.