SAKURA
Sasori se queda boquiabierto mientras Sasuke camina por el pasillo. —Ese era Sasuke Uchiha.
—Sí.
Las manos de Sasuke se encuentran en sus bolsillos y su cabeza está inclinada. Sus hombros son tan amplios que prácticamente ocupa todo el pasillo. Es un hombre al cual es difícil decir que no. Tomar café en un lugar público parece seguro.
Sasori espera hasta que Sasuke dobla la esquina. —¿Estaba aquí para verte?
—Sí.
—Es aún más caliente en persona de lo que era en esas fotos de ustedes dos besándose.
—¿Qué?
—Uh, uh… Yo, eh… lo siento. No quise decir… te ves caliente, también. —Sasori se ocupa de reordenar las carpetas en la mesa de conferencias.
—¿Por qué está todo el mundo tan caliente por Sasuke Uchiha? —Me quejo. Estoy molesta por la facilidad con la que he caído en esta trampa.
Se lo atribuyo a lo bien que se ve cuando está bien afeitado y nervioso. Quiero, de una manera muy desesperada, creer que no es un idiota despistado súper mujeriego. Todavía estoy contenta de haber mantenido mi cita con el ginecólogo la semana pasada. Protegido o no, quería asegurarme de no haber contraído alguna enfermedad por masticar madera podrida. Por lo que he leído y visto, me he acostado con un hombre que ha estado con el equivalente de un burdel o dos en mujeres. Estoy agradecida de que todos los resultados fueran negativos.
—Por favor, dime que lo vas a follar.
Me ahogo con una tos. —Vamos a tomar un café.
—Eso es casi una cita. Puedes totalmente tener sexo con él después. —Sasori asiente enérgicamente, rebotando sobre las puntas de sus pies.
Temari y Deidara se presentan y me salvan de la inanidad de Sasori.
—¡Temari reprendió a Sasuke Uchiha! —dice Deidara, gesticulando a la sala vacía.
Me quedo boquiabierta con incredulidad. —¿Temari hizo qué?
—No lo reprendí. Le sugerí gentilmente que cuidara su culo o tendría que lidiar conmigo.
—No lo hiciste. —Me llevo las manos a mi cara, mortificada.
—Parecía muy agradable. Todo lo que hizo fue asentir y disculparse. También le pregunté si podía presentarme a Shikamaru cuando ustedes terminaran de reconciliarse. Se ofreció a enviar entradas para el próximo partido local, siempre que tú vayas. —Temari es toda sonrisas.
No puedo creer que Temari me vendiera por entradas para un partido. Vio la entrevista de la tripleta Uchiha, le hablé del sexo, su monstruosa polla, el vómito, los implacables correos electrónicos, mensajes y llamadas telefónicas, así como la montaña de regalos que he recibido por cortesía de Sasuke Uchiha.
—No puedes estar hablando en serio.
—Oh, totalmente en serio. No voy a dejar pasar la oportunidad de ver a Shikamaru Nara jugar.
—Temari, ¿qué pasa si no quiero ir a un juego? ¿Qué pasa si no quiero hablar con Sasuke nunca más?
Temari gira mi portátil hacia ella y comprueba la entrevista de nuevo. Probablemente la hice ver eso media docena de veces, discerniendo contenidos o falta de ello. Parece mucho menos ofendida por su falta de respuesta. Con toda justicia, no ha dormido con él.
Apoya la barbilla en su puño, mirándome especulativamente. —Me dijo que acordaste tomar café con él, por lo que debes querer verlo.
—¿Quién dice que lo veré otra vez después de eso?
—Entiendo que la prensa te molesta, pero parece estar sinceramente interesado en ti. Quiero decir, han pasado semanas y está trabajando activamente en eso a pesar de que lo sigues rechazando. — Una sonrisa de suficiencia está pegada en su cara—. Ah, y en ninguna parte de esta entrevista dice que ha hecho esa cosa de la tripleta. Todo lo que hace es dar respuestas evasivas.
—No refuta la afirmación.
—Probablemente estaba entrenado.
—Como si eso fuera mejor.
Hasta mi mejor amiga está del lado de Uchiha. Culpo a su maldita sonrisa.
Hoy hace que cualquier otro día parezca corto en comparación. Las reuniones se alargan. El almuerzo tarda una eternidad. Estoy distraída toda la tarde trabajando en una de las nuevas cuentas. Sigo soñando con la unidad de Sasuke, comparándolo con artículos para el hogar.
A las cinco, me refresco en mi baño personal. Uso mi enjuague bucal de emergencia y le doy a mis dientes una cepillada rápida. Es una mala idea ir a una reunión con aliento a café, o aliento a ajo, o cualquier tipo de aliento ofensivo. Estoy aplicando la misma lógica a las citas de café. Aunque voy a perder el aliento fresco tan pronto como pida un café. En cualquier caso, no tengo ninguna intención de besar a Sasuke. Creo.
Llego al vestíbulo a las cinco y cuarto. Sasuke está sentado en el brazo de una silla, mirando el ascensor. Se pone de pie, alisando con sus manos la parte delantera de sus pantalones. Sigo el movimiento y, por supuesto, mis ojos van justo adonde no se supone que vayan, a su ingle. No puedo ver nada interesante sucediendo allí. Se ha cambiado desde esta mañana y ahora lleva un par de pantalones de mezclilla oscuros y una camisa de botones. El material se ajusta a su cuerpo caliente, mostrando cada delicioso centímetro de pecho, bíceps y hombros. ¿Por qué tiene que verse tan bien? Estoy tan jodida.
—Pensé que nos encontraríamos en la cafetería.
—Pensé que podíamos caminar juntos.
—¿Y no quieres que te deje plantado?
Su sonrisa es ladeada, uno hoyuelo aparece. —Algo así.
—Todavía puedo correr.
—Podrías intentarlo. Soy bastante rápido si estoy persiguiendo algo que quiero.
Las mariposas revoloteando en mi estómago se revuelven al nivel de un tornado. Imágenes de él moviéndose a través del hielo, con potencia y velocidad impulsándolo hacia adelante, vienen a mi mente. Sasuke persiguiéndome con el mismo tipo de enfoque singular e intenso es excitante.
Extiende su mano. —No es más que una bebida y un poco de conversación, Sakura. Eso es todo lo que pido.
La forma en que lo dice me recuerda la noche en su habitación de hotel cuando me dijo que sólo quería pasar el rato y luego tuve sexo con él. Aparto de golpe esos pensamientos. Tengo que recordarme a mí misma la mala fama que aún tiene que refutar adecuadamente. No quiero ser una de sus putas de hockey.
Está oscuro afuera. Gordos copos de nieve caen perezosamente desde el cielo mientras cruzamos la calle a la pequeña cafetería. Solía venir aquí cuando era estudiante universitaria. Es hora de máxima audiencia para los chicos entre los cursos de tarde y noche. Sigue siendo mi lugar favorito para ir a tomar un café y bocadillos.
Un fuego crepita en la chimenea de leña. La mesa en frente de ella está vacía, con un cartel de reservado. Es el lugar más cómodo en la cafetería y romántico con el fuego y la iluminación baja. Estoy casi contenta de que no esté disponible.
—¿Por qué no te sientas y puedo pedir algo para ti? —Sasuke extiende su mano hacia la mesa junto a la chimenea.
—Está reservada.
Se inclina y susurra—: Yo la reservé.
Por supuesto que sí. Lo sigo al mostrador para revisar mis opciones. Ya sé lo que quiero.
Sasuke envuelve sus dedos alrededor de mi muñeca cuando voy a buscar mi billetera. —Lo tengo.
—Puedo comprar mi propia bebida. —Suena más duro de lo que quiero. Está siendo tan atento y considerado. Me pone nerviosa, pero me gusta.
—Te invité. Por favor, déjame esto.
La forma en que me mira me rompe el maldito corazón. —Bueno. Está bien.
Un atisbo de sonrisa tira de la esquina de su boca. Su palma se ubica bajo en mi espalda, y me acaricia. Es una distracción. —¿Qué te gustaría, Sakura?
—Un latte de té verde, sin grasa, sin lactosa, con crema batida extra, por favor.
—Sin lactosa con crema batida, ¿eh? —pregunta Sasuke.
—Equilibra la lactosa.
—Claro. ¿Algo más?
Evalúo la amplia selección de postres. Incluyendo comida que podría abrir las puertas para la cena y hacer de esta una cita oficial. No estoy preparada para hacer frente a una comida completa.
—Estoy bien. —Observo con nostalgia a la tarta crujiente de caramelo.
—¿Estás segura? Estos pasteles son demasiado buenos para dejarlos pasar. Voy a sentirme mal ordenando uno si no tienes nada delante de ti.
El pastel no es lo mismo que comida real, así que accedo. Sasuke ordena, y la chica detrás del mostrador es irritante, prácticamente follándolo con su simpatía. Dos pueden jugar a ese juego. Acercándome más, mi seno se presiona contra su brazo. —Gracias —le susurro al oído.
Sus cejas se levantan por la sorpresa, seguida por una pequeña sonrisa. —Es todo un placer. Me alegro de que estés aquí.
Sasuke insiste en que tome asiento mientras esperamos por nuestras bebidas y postres. Incluso me ayuda a sacarme mi abrigo y lo cuelga en el estante cerca del fuego. Me hundo en el sillón de felpa y suspiro, pasando mis manos sobre los apoyabrazos cubiertos de terciopelo. Me quedo mirando su culo mientras espera pacientemente en el mostrador nuestra orden. También trago un par de pastillas de lactosa.
No soy la única persona en la cafetería mirándolo. Su presencia es tan grande como lo es él. Los chicos parecen tan interesados en él como las mujeres. Mucha gente parece reconocerlo. Tal vez un lugar de reunión de universitarios no es el mejor lugar para tomar un café con un famoso jugador de hockey.
Trae las tortas a la mesa. Su postre es una especie de mezcla de mantequilla de maní y chocolate. El mío consiste en merengue entre capas de crema batida, cubierto con caramelo.
Esperar hasta que Sasuke regrese con nuestras bebidas sería lo educado para hacer, pero me estoy muriendo de hambre y se ve delicioso. Corto una parte con el borde de mi tenedor y recojo una fina capa de crema batida y trozos de merengue. Es la combinación perfecta de cremoso y crujiente, disolviéndose en cuanto toca mi lengua. Suspiro en éxtasis sensorial.
—¿Está bueno?
Sasuke me sobresalta mientras deja mi latte de té verde en la mesa. Está tan cerca que puedo ver una pequeña cortada en la barbilla de su maquinilla de afeitar y las manchas de verde y oro en sus ojos color avellana.
Mueve su silla junto a la mía, así estamos al lado del otro en vez de frente a frente, y se sienta en el suave terciopelo.
—Es el cielo.
—¿Puedo tener una probada del cielo?
No creo que quiera que suene sugerente. Se muerde el labio mientras entierro mi tenedor en el pastel y se lo paso. En lugar de tomarlo de mí, agarra mi mano y levanta el tenedor a su boca. Separa los labios y cierra los dientes. Dios mío, quiero follar su boca con mi lengua de nuevo.
Saborea la mordida, su expresión pensativa mientras traga. —¿Quieres cambiar?
—No, gracias.
—¿Estás segura? ¿Tal vez quieras cambiar mitades? ¿Por qué no pruebas el mío? —Mete el tenedor en el pastel, listo para darme un bocado.
—No voy a separarme de mi pastel.
—Has lo que quieras. —Separa una rebanada de pastel de la gran pieza. Es denso, goteando con jarabe de chocolate. Sus ojos se juntan, y hace un sonido bajo en su garganta. Es casi un gruñido—. Si lo tuyo es el cielo, entonces esto es un bocasmo.
—¿Bocasmo?
Se inclina, acercándose y baja su voz a un susurro. —Es un orgasmo en mi boca.
En medio de un sorbo de mi latte, levanto mi mano a tiempo para prevenir escupirlo sobre él y la mesa. Cae sobre mi palma y mi manga en su lugar. Toma una servilleta y limpia el lio.
Sus mejillas se enrojecen y niega con la cabeza. —Lo siento. No debería haber dicho eso.
—Está bien. Estoy bien. Fue inesperado. —Recuerdo vívidamente como fue tener un orgasmo en su boca. Fue bastante genial.
Mezcla su cosa de chocolate. Está cubierta con crema batida y rociado con más jarabe de chocolate. Veo una tendencia aquí. —Estoy realmente contento de que accedieras a verme. —Un segundo es todo coqueto y al siguiente es sincero y vulnerable. No sé en qué lado confiar, o ninguno en absoluto.
—Querías la oportunidad de explicarte.
Mi estómago se revuelve, así que dejo el pastel y me enfoco en mi bebida. Se aclara la garganta, mirando su chocolate caliente. La mesa vibra por el zapateo inquieto de su pie contra el suelo. Es un enigma. Quiero que estos destellos de dulzura y torpeza sean auténticos, no una máscara que usa para conseguir que las mujeres se metan a la cama con él. Toma una profunda respiración y levanta la mirada.
—La manera en que los medios me retratan es incorrecta.
—Ajá. —Por supuesto que diría eso.
—Eh, perdón.
La interrupción rompe la tensión. Dos chicos se detienen al frente de nuestra mesa.
—¿Eres Sasuke Uchiha?
—Hola. —La frustración se esconde bajo la sonrisa de Sasuke.
—¡Te dije, hombre! —Golpea a su amigo en el brazo, su emoción ganando impulso y volumen—. ¡Le dije que eras tú! Esto es tan genial. Eres el mejor jugador de la liga, ¡incuestionablemente!
—Gracias, hombre. Escucha...
—¿Puedo tener tu autógrafo, hombre? ¡Nadie creerá esto!
—Sí, seguro. —Sasuke me da una mirada de disculpa.
Está genuinamente tratando de ser simpático con este chico cuyas habilidades sociales han caducado en el rostro de la idolatría. El chico saca una pedazo de papel arrugado, balbuceando sobre como juega de defensa en una liga junior y como quiere ser profesional. Es un chico delgado y pequeño y claramente en primer año de la universidad. Sasuke los deja continuar por unos minutos, tomando selfies y preguntando cosas. Les da el discurso "sigan trabajando duro y alcanzarán sus metas". Entiendo porque es el capitán de su equipo. Una vez que han terminado de adularlo, Sasuke me da una sonrisa de disculpa.
—Lo siento. —Sumerge el pulgar en la crema batida y desliza el dedo entre sus labios llenos y suaves... y estoy mojada. Quiero saltarme la sesión de besuqueo e ir directo a los desnudos. Chuparé la crema batida de cualquier cosa que sumerja ahí. Incluyendo la polla monstruosa.
—Está bien. —Aclaro mi garganta y me muevo, tratando de ponerme cómoda. Necesito tomar el control de mis hormonas. Se supone que tengamos una conversación, y mi mente está en la alcantarilla.
—¿De qué hablábamos? —Toma un pequeño sorbo de su bebida.
La crema deja un bigote que lame rápidamente.
—No eres la persona que los medios dicen que eres. Aun así, pareces jugar tu parte. —Le doy mi cara de perra esperando: ojos entrecerrados con labios fruncidos. Hace que Naruto corra a esconderse, y Minato generalmente encuentra otro lugar para estar si aparece. Sasuke se hunde en su silla.
—Cuando comencé a jugar para la NHL, los rumores eran algo justificados. A los medios les gusta agrandar las cosas. No negaré que había algo de cierto. Tenía dieciocho años y era un novato. Había muchas chicas...
Supongo que puedo entender eso. Si eres un jugador hockey profesional soltero y caliente, las mujeres van a tirársete. Yo soy un ejemplo de ello, a pesar de que su atractivo era solo físico antes del comentario Fielding.
—De todos modos, el rumor de la tripleta es un montón de mierda. Di una fiesta cuando compré mi casa, y mi prima vino porque quería que le presentara a alguno de mis compañeros de equipos. Si hubiese sabido entonces lo que sé ahora, nunca me hubiese entretenido con la idea, por cierto. Otra chica estaba interesada en mí, pero... —se encoje de hombros—, solo digamos que no era mi tipo. Como sea, la tercera chica con la que me acusan de haber dormido era mi hermana. Era menor de edad y llegó a la fiesta. Trataba de tenerla bajo control. Algún idiota tomó fotografías tergiversadas y las subió, y el mito de la tripleta Uchiha nació.
—Nunca lo negaste en la entrevista. —De todos modos, son rumores. Puede decirme todo lo quiera; no puedo desmentirlo de cualquier manera.
—No. No lo hice. —Deja caer su cabeza con un suspiro—. Fue un mal movimiento de mi parte. Todo lo hecho me hace quedar como un completo idiota. —Su susurro es tranquilo—. No tienes idea de cómo es, Sakura.
—Tienes razón, no la tengo. No puedo entender por qué quieres ser conocido como un mujeriego.
—¿Sabías que Naruto tomó clases de patinaje artístico?
El abrupto cambio de tema me saca de onda. Supe de eso después de que Naruto se convirtiera en mi hermanastro. Encontré la idea de Naruto en licra hilarante y desconcertante. —¿Qué tiene eso que ver?
—Es algo normal, en realidad. La mayoría de los chicos que juegan profesionalmente toman patinaje artístico para mejorar sus habilidades en el hielo.
—Usualmente es un año o dos, ¿verdad?
Baja la voz para asegurarse que nadie escuche. —Usualmente. Yo estuve en patinaje artístico por diez años.
Casi me ahogo con mi latte. —¿Perdón?
—Comencé cuando tenía siete. Mi madre quería que fuera patinador artístico. Escogí hockey cuando tenía nueve. No quería defraudarla, así que hice ambos por un largo tiempo. Creo que ella pensaba que cambiaría de opinión y lo escogería sobre el hockey. Hasta que me reclutaron en las menores, tuvo la esperanza de que lograría estar en los Juegos Olímpicos.
Me siento mal por Sasuke. ¿Por qué su madre lo obligaría a hacer algo que no ama por tanto tiempo?
—Me molestaron mucho por eso, especialmente en la secundaria. Los adolescentes no son siempre tolerantes. Los estereotipos eran absurdos.
—Y aun así eliges perpetuar uno totalmente diferente. No veo como eso sea mejor.
—Lo sé. —Sus ojos están en la servilleta que está doblando en un origami. Puedo decir que esto ha causado un montón de frustración innecesaria. Aunque tira de mis fibras sensibles, no entiendo su motivación por el perfil de playboy.
—En cuestión de meses me reclutaron para las mayores, y la prensa me notó. Mis años en patinaje artístico salieron a la luz. Había preguntas sobre si podría aguantar las demandas. Los tabloides consiguieron algunas grabaciones y fotografías de mí en competiciones de patinaje. Tuve que trabajar para probarme a mí mismo dentro y fuera del hielo. No fue sencillo. —Sasuke levanta la mirada de la pequeña ave que ha hecho con su servilleta. Sus ojos son suaves, rogándome que entendiera.
Trato de imaginar cómo hubiese sido, pero no soy un jugador de hockey o un patinador artístico, así que no puedo identificarme.
—Comencé a jugar para los Flames... lo que me llevó a más bromas malas. —Rueda sus ojos—. Así que hice la única cosa que garantizaba disipar cualquier malentendido, y funcionó. Pasé un montón de tiempo en bares durante las fiestas después de los partidos, rodeado de mujeres. Los medios se lo tragaron, y mi agente incluso me animó. Me consiguió mucha cobertura. En el momento fue beneficioso, incluso si me hacía ver como un jugador.
No está mintiendo; he visto las fotografías.
—La reputación me siguió incluso después de ser transferido a Chicago. Por un largo tiempo, no me importó. Los rumores eran más fáciles de manejar que otra mierda. Hasta ahora, no he tenido una razón para querer cambiar la reputación. —Sasuke pasa los dedos por su despeinado y descuidado cabello—. No es una excusa, ¿pero puedes entender de dónde vengo?
Puedo. Juzgando por su expresión atormentada y la manera en que no puede mantenerse quieto, hay más de esta historia, estoy segura. Se hizo a sí mismo vulnerable al dejar al descubierto su corazón en el medio de una cafetería llena de gente. Es más, le creo. Los adolescentes son crueles, y los hombres son implacables con los demás. He visto a Naruto en acción con sus amigos. Puedo imaginar las bromas que tuvo que tomar Sasuke como un novato. Para sus compañeros pudo haber sido puro entretenimiento, pero a los dieciocho sería difícil de aceptar, especialmente con los medios atacándolo también.
—Tiene sentido.—Empujo mi pastel con el tenedor, cautelosamente—. No explica lo que le dijiste a Naruto sobre las habituales.
—¿"Habituales"?
—Sí. Cuando estabas en mi lugar y Naruto olvidó su billetera.
Los ojos de Sasuke se agrandan y el color abandona su cara. —Oh, Dios. Esto explica qué pasó en el bar después del juego la semana pasada. —Deja salir una larga respiración—. No me encontraba seguro de qué sabía Naruto, o si nada en absoluto, y no hemos tenido la oportunidad para hablar de verdad. Así que estamos claros... —Se acerca más hasta que su rodilla toca la mía—. No hay habituales. Nunca ha habido. No me importa si Uzumaki sabe qué ha pasado entre nosotros. Tomaré encantado una patada de su parte si sales en una cita conmigo.
—Oh.
Toca mi mejilla con sus cálidos dedos. Eso inmediatamente desconecta mi cerebro de mi cuerpo. Todo lo que quiero hacer es inclinarme y sentir sus labios en los míos.
—¿Es "oh" un código para sí?
—Um... —Se ve genuino. Era más fácil hacer caso omiso de sus avances cuando creía que era un jugador. Si resulta ser un mentiroso, estaré devastada.
—Si vas a decir que no, podría preguntarle a tus pechos. Ya has dicho que podría llevarlos a ellos en una cita, y ya les conseguí un certificado de regalo de Victoria's Secret. Probablemente estarían contentos de salir conmigo. —Su sonrisa es traviesa.
Es difícil no responderle. Su sentido del humor es tan loco e inapropiado como el mío.
—Probablemente aceptarían. —Mis pezones se aprietan a su mención. Pechos estúpidos
—Por favor, di que sí —susurra Sasuke.
—Mis pechos están dispuestos; el resto de mí también irá. No estoy tan convencida sobre ti como ellos parecen estar.
No puedo creer que esté actuando como si mis pechos tienen algo que decir en el asunto.
—Eso es justo. —Los ojos de Sasuke bajan—. Estoy encantado de que tus pechos estén convencidos de mí. Soy su admirador.
Ruedo los ojos. —Creo que el sentimiento es correspondido.
—¿Estás ocupada la noche de mañana?
—¿Mañana?
—Me marcho el miércoles por casi dos semanas. Me gustaría verte antes de irme si estás disponible. ¿Podemos ir a cenar? Entiendo si es un aviso con muy poca antelación.
—Puedo revisar mi calendario. —No tengo planes para la noche de mañana. Incluso aunque tuviese, los cancelaría. Sasuke bebe de su chocolate caliente mientras finjo revisar mi agenda—. Parece que estoy libre.
—Genial. —Reclina su asiento, con una gran sonrisa.
Esto no es lo que esperaba en absoluto. Asumí que Sasuke me diría un montón de tonterías, y justificaría mi desprecio por los jugadores de hockey. En lugar de eso estoy revisando mentalmente mis opciones de ropa interior y juzgando si tengo algo apropiado para una cita. Un viaje a Victoria's Secret es esencial. Mis pechos quieren lucir bien. Así como el resto de mí.
