SAKURA

Para el momento en que dejamos el café, son casi las ocho. Sasuke insiste en llevarme hasta mi auto. No me opongo. A pesar de que durante el día se oye el bullicio de los negocios, por la noche se vuelve el sitio principal de clubes. La universidad de Illinois está a sólo unas cuantas manzanas de distancia, haciendo que el aparcamiento pésimamente iluminado sea el lugar de encuentro perfecto para los delincuentes. A veces me topo con colillas de porros a medio fumar y latas de cervezas vacías los lunes por la mañana.

Sasuke mantiene una mano en mi cintura mientras caminamos hacia el coche. El contacto me hace consciente de lo mucho que me gustaría que tocara otras partes. Tengo que recordarme que no sucederá esta noche. Aunque mañana es una historia totalmente distinta.

Mi camioneta está aparcada en una de las pocas áreas bien iluminadas en medio del estacionamiento.

—¿Esta cosa es segura? —pregunta Sasuke mientras coloco la llave en la cerradura. Se requieren unas cuantas sacudidas antes de que se abra. Los seguros automáticos dejaron de funcionar hace seis meses.

—Pasó la inspección de seguridad el año pasado.

Toca el área oxidada en el tablero. —No puedo imaginarme cómo.

—¡Detente! ¡Lo empeorarás! —Pongo una mano sobre la parte corroída—. Hago que lo revisen regularmente.

—¿Quién lo hace?

—Minato conoce a un tipo. Es manejable. —Esto es, en su mayoría, verdad. Hay un sonido metálico que mi mecánico parece no poder identificar y algunos problemas con el eje trasero. No se me permite llevarlo en carreteras con baches o la autopista.

Sasuke frunce el ceño mientras continúa inspeccionando mi vehículo.

—¿Estás segura de que es confiable?

—Sí, estoy segura.

Mi camioneta ha estado en su última etapa por un buen año. La compré con mi propio dinero, y soy sentimental, por lo que no voy a deshacerme de ella. Me niego ante la repetida oferta de Minato para comprarme un coche nuevo. Es un gasto demasiado extravagante.

—Por lo menos es grande —murmura Sasuke.

—Más grande no siempre es mejor. El tanque de esta bestia no tiene fondo.

—¿Ah, sí?

Me toma unos pocos segundos entender el doble sentido. Tal vez piensa que estoy insultando su hombría. Considero su hombría, y lo mucho que odio la palabra hombría. En el caso de Sasuke, más grande es impresionante. El único inconveniente es lo difícil que es caminar al día siguiente de que dicha hombría haya saqueado mi feminidad. Tengo que cortar con las referencias históricas románticas.

—En algunos casos, más grande no es mejor. Como en este. — Acaricio mi SUV—. Es un verdadero consumidor de gasolina. Intento limitar mi conducción al trabajo y a la tienda de comestibles para no arruinar el medio ambiente. Invertiría en un híbrido si no fueran tan feos y costosos.

Sasuke lleva una divertida sonrisa sexy-como-el infierno mientras me escucha divagar. Apoya una mano en el vehículo, y se está inclinando. Si se moviera uno o dos centímetros más cerca, podría sentirse como si estuviera pensando besarme. Quiero que me bese. Mi cerebro ha dejado de funcionar, y continúo con el balbuceo sin sentido.

—En cuanto a ti —señalo en dirección a su ingle—, más grande es una especie de mejor. Quiero decir, enorme es agradable, también. Tienes enorme bien cubierto. Me gusta. —Me muerdo el labio para detener las palabras.

—¿Así que lo que estás diciendo es que más grande no es más que una especie de mejor en mi caso?

—¿Qué? No, no. Es fantástico, duro en el... —Hago un gesto a mi entrepierna. Maldita sea. Estoy haciendo que suene mal. No quiero ofenderlo—. Estoy segura de que podría acostumbrarme a él después de un tiempo... con un poco de práctica.

—Soy bueno en la práctica.

Se acerca. Huele a chocolate y madera de sándalo o con lo que sea que lave su caliente y firme cuerpo. Lleva unos de esos gorritos tejidos, como una gorra de esquí, con un logotipo de una banda en él. The Tragically Hip, tal vez. Su cabello ha crecido en el último mes, se enrosca alrededor de los bordes. Quiero presionar mis labios contra los suyos y tocar esas hebras errantes. Él. Yo. Lo quiero.

—¿Puedo besarte? —Su palma está en mi mejilla, sus dedos se deslizan en mi cabello—. Quisiera besarte. Si eso está bien.

Y lee mentes, también. —Está bien.

Se encuentra a un centímetro de mis labios. —He estado muriendo por probarte desde…

Espero a que termine su oración o sigua adelante y me bese ya.

Espera, ¿dijo probar? Infiernos, voy a dejar que me devore.

Traza mi labio inferior con su pulgar. Sus dedos están fríos. Me estremezco e inhalo una respiración asmática. Nuestros ojos se bloquean. No puedo apartar la mirada.

Hago esa cosa extraña que la gente hace cuando alguien con quien quieren follar coloca uno de sus dedos, a excepción de los dedos del pie, cerca de su boca. Dejo que mi lengua se asome y saboree su piel. Es delicioso, probablemente gracias al residuo de la bebida de chocolate con azúcar en la que lo metió antes. Tengo la tentación de morderlo. Así que lo hago.

Murmura una maldición. Entonces el pulgar se ha ido y su boca está en la mía. Nuestros cuerpos están al ras, me presiona fuertemente en el marco de mi pedazo de mierda. Si no llevara un abrigo de lana gruesa, podría ser capaz de sentir si está duro o no.

Ladea mi cabeza y chupa mi labio inferior. El beso se hace más profundo y frenético. Bueno, estoy desesperada. Agarro su cabello, pero su gorro está en el camino y mis dedos se congelan, cortesía del frío a mediados de marzo. Es muy molesto e incómodo.

Mientras tanto, Sasuke se convirtió en el MacGyver de las chaquetas. Se las arregla para desabrochar dos botones. Ahora puedo sentirlo y él a mí. Abuso sexualmente de sus labios con mi lengua y descaradamente me restriego en su contra, follándolo con ropa, con todo lo que tengo.

Es fabuloso hasta que alguien grita—: ¡Wuju! ¡Dáselo bien!

Nuestras bocas follando se detienen de inmediato. Sasuke se gira para enfrentar al aspirante a voyeur. Tomando una postura protectora, me bloquea de la vista. Me escondo detrás de su chaqueta para tener cobertura extra. Follar en público con ropa no es algo por lo que quiero ser reconocida.

Me asomo alrededor de su hombro. Dos chicos, tal vez un año o dos más jóvenes que yo, están de pie a no más de tres metros de distancia.

—¿Qué dijiste? —Su voz es extrañamente tranquila.

Uno de ellos pierde lo engreído. Codea al otro en las costillas. Supongo que esto puede tener algo que ver con ellos siendo flacos y torpes y Sasuke amplio y enojado. El amigo del chico nervioso no recibe la indirecta. En su lugar, levanta la mano como si estuviera esperando un choque de manos.

—Difunde el amor, hombre. —Debe estar borracho. Es la única explicación para su nivel de estupidez.

—Uh, es mejor irnos. —El chico flaco mira a Sasuke nerviosamente.

—Espera. —el chico sostiene un dedo en la cara de su amigo mucho más inteligente—. No puede ser. ¡De ninguna manera! —Mira de reojo y empuja sus gafas de montura negra sobre su nariz—. Oh, amigo, totalmente lo es. ¡Sasuke Uchiha!

Para futuras oportunidades, alguien de la Liga Nacional de Hockey no debería pasar el rato cerca de universidades.

—¿No tienes otro lugar en donde estar? —La irritación de Sasuke es evidente.

—Lo… lo siento. —El tipo que no es un idiota lo arrastra lejos.

Una vez que se van, Sasuke mete las manos en los bolsillos y se gira hacia mí. —Lo siento. No quería dejarme llevar. Es sólo... que ha pasado un tiempo desde que te vi, y sabes muy bien, y me dan ganas... sí, de todos modos... lo siento.

—Oh, eh... está bien. —Agito mi mano como si no fuera gran cosa.

Disfruté el roce tanto como él. Tal vez más.

—¿Así que todavía nos veremos mañana por la noche?

La pregunta me confunde al principio. No es como si fuera su culpa que un par de niños borrachos pasaran mientras nos besábamos. Contra el costado de mi camioneta.

Sasuke se precipita. —Por favor, no cambies de opinión sobre mí. Prometo que seré un perfecto caballero.

Nunca pasó por mi mente, ni siquiera por medio segundo, cancelar repentinamente la cita. —No lo haré, siempre y cuando acabes con esa mierda del perfecto caballero. Eso es un motivo de ruptura. Mis pechos no lo tolerarían.

—Me encantan tus pechos, son tan divertidos. —Su sonrisa es moja-bragas—. ¿Las recogeré a las siete?

Somos tan raros. Me gusta. —A las siete es genial.

—Perfecto.

—Perfecto. —Le devuelvo la sonrisa. Estaré contando las horas hasta que podamos reanudar nuestra sesión de besuqueo.

—Debería dejarte ir a casa.

Sasuke mantiene mi puerta abierta mientras subo. Si hubiera estado pensando, la hubiera encendido mientras nos besábamos. Sin embargo, eso podría haber dado lugar a una invitación al asiento trasero, donde demostraría lo mejor que es más grande. Esos chicos ebrios hubieran conseguido el espectáculo gratuito de su vida.

Enciendo el motor. Sasuke espera pacientemente en el congelante frío a que baje manualmente la ventana.

—Gracias por el latte y la torta.

—En cualquier momento.

Me muevo más cerca y lo beso en la mejilla, justo donde vive su hoyuelo. Éste sale ante la invitación, y si no estuviera tan oscuro, juraría que se sonrojó. Es tan dulce como el postre que comí en la cafetería. — Hasta mañana.

—Lo espero con ansias.

La camioneta hace un chirrido horrible cuando muevo la caja de cambios. Debería llevarla a revisar.

Más tarde, Sasuke me envía un lindo texto para asegurarse de que mi SUV no ha explotado dejándome varada en medio de la carretera. Después de cuarenta y cinco minutos de mensajes de texto, le digo buenas noches y apago mi teléfono, de lo contrario estaré tentada de enviarle mensajes toda la noche. Si voy a salir con él mañana, tengo trabajo que hacer. Por trabajo, me refiero a rasurar al castor.

Ha pasado un mes desde que visité a mi depiladora. Actualmente estoy a la altura del apodo peludo por debajo del cinturón. Debo devolverlo a su estado mayormente desnudo en caso de que Sasuke desee acariciarlo, o besarlo, o enterrar su madera en él.

Revuelvo mi gabinete de baño buscando mi kit de depilación con cera. Por lo general, sólo lo utilizo en mis piernas, pero esto constituye una emergencia. La cita es de último minuto como para programar una cita de depilación con cera.

La caliento en el microondas. Dado que estoy acostumbrada a ponerla en mis piernas en lugar de en mis partes de chica, no sé cómo de malditamente caliente tiene que estar. Tengo que esperar veinte minutos para que se enfríe, y poder trabajar en arrancar el pelaje del castor sin quemarme.

Imito las acciones de mi depiladora, me acuesto en la alfombrilla, aplico la cera, y doy un firme y rápido tirón. Duele como un hijo de puta.

Normalmente mi depiladora deja un pequeño triángulo que recorto cada semana, excepto que ahora está todo raro, así que me veo obligada a rasgar eso también. En la franja final, lo arruino y repito el mismo lugar, lo que resulta en una mancha de color púrpura moteada. Parece como si le hubiera dado un puñetazo al castor. Veredicto: Rasurar al castor es peligroso.

El café es mi mejor amigo por la mañana. Dormí como la mierda, demasiado ansiosa e irritada debido a mi entusiasmo por la inminente cita. Recluto a Temari para que venga conmigo a Victoria's Secret en el almuerzo. No planeo tener sexo con Sasuke de nuevo. Simplemente quiero estar preparada con un nuevo sujetador y bragas a juego en caso de que una loca tormenta de viento vuele toda mi ropa.

Temari se dirige a los ligueros y corsés. Me niego a comprar cualquier cosa que requiera extrañas cosas atrevidas o que deba atarse con cordones. Necesito algo fácil. Dependiendo de lo mucho que haya en la tarjeta de regalo, podría derrochar y comprar un nuevo par de pijamas, algo más maduro que el Hombre Araña.

Pierdo veinte minutos del tiempo de las compras debatiendo sobre los méritos del acolchado adicional con Temari. Es publicidad engañosa. Sasuke ya está familiarizado con mis pechos, así que ¿por qué fingir que han crecido desde la última vez que los vio? Me decido por un sujetador de color rojo con acolchado mínimo y bragas con volantes a juego.

En mi camino a la caja registradora, tomo un pequeño y lindo conjunto para dormir. Temari no lo aprueba. Argumento que no todo lo que compre tiene que ser sexy.

La cajera registra mis compras. Son más de cien dólares, lo que parece excesivo para unos trozos de encaje. Le doy la tarjeta de regalo, con la esperanza de que cubra la mayor parte.

—Usted tiene ochocientos setenta y nueve dólares con cuarenta y tres centavos restantes en su tarjeta. —La sostiene hacia mí y espera que la tome.

—¿Perdón?

Lo repite para sí misma y me muestra el recibo con la balanza.

Temari lo agarra. —¿Sasuke te dio una tarjeta de regalo de mil dólares para Victoria's Secret?

—Um, eh...

—Está loco por ti.

—Corrección. —Arrebato el recibo y la bolsa de la cajera, cuya sonrisa no ha vacilado. Se ve como si estuviera hecha de plástico—. Está loco por mis pechos. Los invitó a salir en una cita, no a mí.

—Eres tan extraña, Sakura.

Me encojo de hombros. Tiene razón.

El resto del día transcurre en una neblina distraída. A las cinco salgo corriendo de la oficina. Necesito elegir un vestido para complementar mis nuevas compras.

El coche de mamá está en el camino de entrada cuando llego a casa. Tengo la esperanza de poder evitarla. Aún no le he dicho que estoy saliendo con Sasuke, y no estoy interesada en su consejo. Me ha estado preguntando acerca de él últimamente, en referencia a los regalos y las flores. Me vuelve loca. La bolsa de Victoria's Secret encaja debajo de mi abrigo, así que la meto de contrabando y voy corriendo al baño para prepararme.

Cuando estoy vistiéndome, oigo a mi mamá. Reviso mi teléfono, faltan cinco minutos para las siete. Estar lista me ha tomado más tiempo de lo que esperaba. El delineador líquido no es fácil de aplicar.

Me lanzo fuera del baño, con la esperanza de deshacerme de ella antes de la llegada de Sasuke. Si no hubiera estado tan cachonda cuando me invitó a salir, hubiera sugerido encontrarme con él en el restaurante y no dejar que me recogiera. Llevo tacones, comprometiendo mi, ya cuestionable, coordinación. Al rodear la esquina, derrapo en la dura madera y pierdo el equilibrio aterrizando sobre mi trasero en el medio de la sala de estar. No sería tan malo si Sasuke no estuviera de pie en mi cocina para presenciar la humillante exhibición.

Salto y le resto importancia a la caída mientras se apresura a ayudarme.

—¿Estás bien? —Pasa las manos por mis brazos, en busca de heridas.

Aparte de mi culo y mi ego, estoy bien.

—¡Es una buena cosa que Sakura sea tan voluptuosa! ¡El acolchado extra viene muy bien!

Cierro los ojos y tomo una respiración profunda, deseando que mis manos se queden a mis costados y no se envuelvan alrededor de su garganta. Es un milagro que no tenga problemas psicológicos más profundos. —Gracias, mamá. —Agarro mi bolso y el brazo de Sasuke—. Deberíamos irnos.

Estoy segura de que puedo atravesar esta superficie en particular sin caer de nuevo. Aferrarme al bien definido antebrazo de Sasuke definitivamente ayuda.

—¿No quieres ver lo que te trajo Sasuke? ¡Es un muñeco! —Mi mamá hace mímicas agitadas con las manos entre Sasuke y las flores.

El ramo es aún más extravagante que el que envío previamente. Estoy desgarrada. No quiero que piense que no me gustan o no las aprecio. También tengo que correr lo más lejos posible de mi madre. Si se le da la oportunidad de una mayor mortificación, va a sacar mis trofeos de la escuela secundaria de matematleta. Cojo el ramo y doy una aspiración rápida.

—Son hermosas. Gracias. —Sonríe brillantemente como un reflector ante el cumplido.

—¿Puedes poner éstas en agua, por favor? —le pregunto a mi mamá.

—¿No quieres invitarle un trago a Sasuke? Minato está haciéndome un Manhattan. ¡Es hora de cócteles!

Su cálida respuesta anula mi maliciosa respuesta. —Gracias por la invitación, pero tenemos reservaciones para la cena. Tal vez en otro momento.

—¡Oh! ¡Por supuesto! Que se diviertan. ¡Estoy segura que Minato estará más que feliz de tenerme todo para él esta noche!

—¡De acuerdo, bueno, no queremos llegar tarde! —Jalo la manga de Sasuke, rogando que mi madre no diga nada más para aumentar mi humillación. Esto es exactamente porque necesito mudarme a un apartamento lejos de ella.

Sasuke me ayuda a ponerme el saco y mi madre nos dice adiós con la mano.

—Lo siento por ella —digo mientras recorro el camino de entrada. Está congelado, así que sostengo su brazo—. Las presentaciones de padres no se suponían que sucedieran hasta la cita cincuenta y siete o algo así.

—No te preocupes. Creo que le gusto.

—Es bochornosa.

—¿No lo son todos los padres?

Abre la puerta del pasajero y me ayuda a subir. Me siento como una idiota. Aquí estoy, un mujer madura, todavía viviendo en la casa de la piscina de mis padres. Otro motivo por el que debería haber sugerido encontrarlo en el restaurante. Pone el auto en marcha y nos dirigimos al centro de la ciudad.

—¿Estás bien? Esa caída pareció dolorosa. —Coloca la palma de su mano en mi nuca.

—Mi gigante culo amortiguó la caída.

—Sucede que me gusta tu culo… casi tanto como me gustan tus otros atributos.

—Hablando de eso, el certificado de regalo para Victoria´s Secret es excesivo.

—¿Lo usaste?

—Tal vez, pe…

—¿Qué conseguiste? —Sus ojos se dirigen a mi pecho. El cual está cubierto con mi chaqueta—. ¿Gastaste todo?

—¿Quieres saber si compré algo para mis tetas?

—Tal vez. ¿Compraste algo? —Golpetea el volante con su dedo.

—Tal vez.

Tararea y asiente, una vez más su atención en la carretera.

No toma mucho tiempo llegar a nuestro destino, lo cual es bueno porque discutir de compras de lencería me pone nerviosa por lo que podría suceder después. Sasuke gira en el estacionamiento de un restaurante pomposo y estaciona en un lugar cerca de la puerta.

—Si compraste algo para tus tetas, no espero verlo esta noche.

—¿No quieres verlo?

Acaricia mi nuca con su pulgar. —No dije eso. No tengo ninguna expectativa más allá de la cena. Me doy cuenta de que la tarjeta de regalo hace dar la impresión de que lo espero.

Es por eso que me gusta. Bueno, una de las razones. Me acerco. Sasuke imita el movimiento hasta que nuestros labios están a menos de un centímetro de distancia.

—¿Qué estás esperando?

Reduce el espacio. No estoy interesada en besos castos. Tengo que sentarme frente a él durante la cena. Podríamos estar en el restaurante por horas. No se ve como la clase de lugar donde podamos escabullirnos al baño para un rapidito. No es que lo considere como una opción. Ya que el sexo no es una expectativa, de repente quiero que lo sea. Agarro la parte delantera de su chaqueta y la jalo hasta acercarlo. Tal vez así es cómo la psicología inversa se suponía que funcionara.

Con un gruñido bajo, me libera. —Tanto como me gustaría que esto continúe, llegaremos tarde para nuestra reservación si seguimos aquí por más tiempo.

Viene por un último beso. Estoy muy interesada en este asunto del cortejo. Si la cena va bien, siempre podemos retomar donde lo dejamos.

Sasuke es muy caballeroso. Abre la puerta y me ayuda a quitarme el saco una vez dentro del restaurante. —Te ves preciosa. Me encanta este vestido.

Es rojo y apretado con un escote bajo. Temari me hizo comprarlo el verano pasado. Nunca tuve una razón para usarlo hasta ahora.

Sasuke se quita la chaqueta. Se ve sofisticado y sexy en su camisa de vestir negra abrochada y pantalones gris oscuro. Su corbata combina con mi vestido. Casi como si lo hubiéramos planeado.

El maître nos lleva a una mesa privada en un pequeño cuarto, lejos de los otros comensales. Sasuke me pasa la lista de vinos una vez que nos sentamos.

—No hay ningún precio —susurro después de que el camarero llena de agua nuestras copas.

—Sólo elige lo que te guste. —Su sonrisa hace que la fuente del castor se encienda. Mejor no empapo mis malditas bragas.

Elijo tinto. No me gusta tanto como el blanco, así que beberé más lento. El vino tiende a golpearme duro y rápido, y no quiero actuar como una tonta en un restaurante lindo. Bares y juegos de hockey son una historia totalmente diferente.

No hay precios en mi menú de cena, tampoco. Tengo la sensación de que es a propósito. Ordeno medallón de lomo envuelto en tocino, termino medio. No hay nada mejor que un corte agradable de carne abrazado a un producto porcino. Optó por una ensalada verde en lugar de una César para evitar el aliento a ajo. Sasuke ordena mariscos-no-sé- qué, y luego estamos solos.

Tomando mi mano en la suya, la levanta a sus labios. Es gracioso cómo puede ser tan suave a veces y otras dar tropezones aquí y allá como yo. —Estoy contento de que estés aquí.

—Yo también.

—No pensé que alguna vez conseguiría que aceptaras salir en una cita conmigo.

—Yo tampoco.

Se ríe.

Cuando el camarero trae mi ensalada y su sopa, Sasuke coloca su silla más cerca para quedar a mi lado, como en la cafetería.

—Desearía no tener que irme de nuevo mañana.

—¿Te irás por un par de semanas?

—Tenemos una serie de seis juegos. Por lo general, los períodos largos no son tan cercanos. Los juegos están extendidos, así que estamos en la carretera por más tiempo del que me gustaría.

—Habitualmente solo juegas un par de juegos como visitantes a la vez, ¿verdad? En realidad, nunca he prestado mucha atención al itinerario de Naruto. Aparece en mi sofá un par de veces al mes para jugar Xbox y comer mi comida. Últimamente, me he vuelto más familiar sobre contra quién y cuándo está jugando.

—La mayor parte del tiempo. Hay un par de períodos largos en cada temporada, y tenemos algunos juegos difíciles viniendo contra equipos sólidos.

—Minato ha estado en el teléfono con Naruto últimamente, discutiendo estrategias.

—Ustedes dos parecen llevarse bastante bien. —Hay algo en la forma en que lo dice… casi como si estuviera celoso, lo que parece tonto.

—¿Te refieres a Naruto? Supongo. Tiene una vida muy ocupada. Mayormente se detiene si necesita una comida. Tiene a sus putas del hockey para llenar su tiempo.

—¿Putas del hockey? —Sasuke sonríe inquisitivamente, pero sus ojos se ven preocupados.

—Ya sabes, conejitas del hockey.

Sus hoyuelos permanecen, pero el tic debajo de su ojo izquierdo revela su inquietud.

Por suerte, nuestra cena llega y me pongo a comer, feliz de abandonar el tema. Mi filete se corta como mantequilla y sabe incluso mejor. Entre mordiscos decadentes, le pregunto a Sasuke sobre Canadá.

—Crecí en una ciudad llamada Guelph. Está en Ontario.

—Es un nombre interesante para una ciudad. —Suena como un personaje de una novela de Tolkien.

—Está a una hora de Toronto.

Asiento como si la localización geográfica ayudara a situar el nombre.

—¿Alguna vez has estado en Canadá?

Sacudo la cabeza, incapaz de responder mientras estoy masticando.

—Deberías venir cuando juguemos en Toronto la próxima vez. Te llevaré a Guelph. Te encantará.

Mi estómago da una voltereta. Estamos a mitad de la cena y ya me está invitando a futuros juegos. Sólo soy capaz de asistir a los juegos locales porque la compañía de Minato paga los vuelos y el alojamiento, pero el pensamiento es lindo.

La conversación con Sasuke es cómoda. Mi vida no es ni de cerca tan excitante como la suya, pero se interesa en cada palabra como si fuera la única con la vida de alto perfil, no él.

Comparte cuán difícil es estar lejos de casa todo el tiempo y cómo eso dificulta las relaciones. No estoy segura si es su forma de decirme que esto es algo casual. Tampoco tengo las agallas para preguntarle.

Cuando ordena el postre, traen dos cucharas. Solo usamos una.

Es tarde para el momento en que terminamos. Caballeroso como siempre, Sasuke me ayuda a ponerme el abrigo en la puerta. Levanta mi cabello y roza con sus labios mi cuello.

Tan pronto estoy segura dentro del auto, mis palmas comienzan a sudar. Tengo el impulso de salir huyendo o arrojarme encima de él. Ninguna parece una buena opción. La última es mejor que la primera.

Sasuke se desliza en el asiento del conductor y se gira hacia mí. —Mi vuelo no sale hasta mañana por la tarde. Si quieres, puedes venir a mi casa.

—¿Tu casa?

—O puedo llevarte a la tuya, si lo prefieres.

—No quiero ir a mi casa.

—¿No?

Sacudo la cabeza.

—Bueno. Particularmente no quiero llevarte a tu casa, tampoco. — Su voz se vuelve más baja.

Dejo de respirar y espero que me bese mientras se inclina. No me decepciona.

Ninguno de nosotros tiene puesto el cinturón de seguridad, así que nos encontramos a la mitad de la consola y comenzamos a besuquearnos. Vamos de besarnos a follarnos con la boca casi en un instante.

Tengo el sentimiento distintivo de que Sasuke puede muy bien llegar a ver mi compra de Victoria's Secret incluso sin un maldito huracán.