SAKURA

La expresión de Sasuke no refleja para nada la serenidad dichosa que me ha estado estremeciendo hasta ahora. Confundida, me toco el cuello, tanteando para encontrar el chupetón. Es una acción inútil; no se pueden sentir los chupetones, solo puedes verlos. Además, si tengo uno, él lo puso allí.

Su mirada está dirigida hacia abajo. Reviso mi pecho. Sin manchas allí aparte del usual enrojecimiento que es un resultado de estar excitada.

Su agarre se aprieta en mis muslos. Gimo, y el sonido lleva la atención de Sasuke a mi cara. Mierda. Está absolutamente furioso. Su furia, parecida a lo que presencié anteriormente solo cuando derriba a alguien en la pista de hielo, alimenta a la puta de hockey en mí. Estoy goteando sobre su mesa de hockey de aire.

La niebla de mi euforia inducida por el orgasmo comienza a aclararse. Es mi coño desnudo lo que está mirando con rabia. En mi bruma inducida por la lujuria, olvidé la contusión causada por la sesión improvisada de depilación con cera de ayer por la noche. Me doy cuenta de que podría confundirlo con un chupetón.

Señalo la marca horrible en un modo maníaco. —No es lo que parece. —Al decir esto, he hecho que parezca exactamente eso.

El cuerpo de Sasuke se encuentra rígido excepto por el temblor en la comisura de su boca y la presión de sus pulgares en la unión de mis muslos. Se encuentra a dos centímetros de mi clítoris. Aunque me está matando que se quede quieto, es necesario una explicación.

—No tuve tiempo de hacer una cita con mi depiladora porque me sorprendiste con la cita. Mi coño se puso rebelde, y no estaba segura de cómo iba a resultar esta noche. Quería estar preparada en caso de que esto ocurriera... —Hago un gesto hacia sus manos.

Sasuke sigue el movimiento con sus ojos. Su pulgar se mueve sobre la mancha púrpura. Lamentablemente, eso significa que también se aleja de mi clítoris.

—Creí que podía hacerlo por mi cuenta. Ya sabes, ¿depilar mi castor? —Las cejas de Sasuke bajan. Por supuesto, no lo sabe—. A veces lo hago con mis piernas, y me imaginé que iba a ser fácil. A juzgar por el resultado, me equivoqué. —Termino con un golpecito en mi moretón. Me estremezco; duele.

Ladea la cabeza, con una expresión dudosa. —¿Te depilaste?

—Sólo tú, tus dedos y tu boca, y tu gigante polla, y mis dedos, y mi colección de vibradores han estado cerca de mí en los últimos seis meses. Ah, y el ginecólogo...

Jesús, ¿por qué no puedo callarme?

—¿El ginecólogo?

Asiento vigorosamente. —Uh, sí, es mujer, así que no te preocupes. —No pregunta por qué fui al ginecólogo. No quiero decirle la verdad. Después de acostarme con él desarrollé una paranoia aguda, asustada de haber contraído una enfermedad contagiosa del mujeriego del hockey.

Por suerte, Sasuke se centra en la otra parte de información que se escapó en medio de mi vómito verbal.

—¿Tienes una colección de vibradores?

Sus pulgares se acercan un poquito más. En realidad, es algo así como un milímetro más cerca. Hago esa maldita cosa de gemir seguido de un extraño sollozo, deseando poder mentirle.

—No es una colección, unos pocos... uno para viajes que pedí a través de uno de esos sitios pervertidos, otro lo compré en una tienda de pornografía, y otro me lo compró Charlene. Creo que se suponía que fuera una broma. Es de un aspecto y textura extraño. ¿Como todas esas bolas fusionadas? No es muy eficaz para un orgasmo, a menos que lo esté usando mal.

Sasuke se ve alterado y excitado a la vez. Parpadea un par de veces y se lame los labios como si estuviera tratando de decidir qué hacer o decir.

No responde con palabras, pero sus labios regresan a los míos y su lengua está en mi boca. Al mismo tiempo, roza mi clítoris con los pulgares, provocándome otro sonido extraño que parece gustarle. De repente nos ponemos en marcha. Sasuke agarra mi culo y me levanta de la mesa.

—Dios, eres sexy —dice y me lleva hasta el sofá de cuero de aspecto caro.

Tengo que preguntarme si realmente escuchó mis divagaciones sobre mi depilación mal hecha y mi colección de penes de plástico.

Me pone en el sofá; ubica una de sus rodillas entre la mías y la otra golpea el suelo. Llevando una mano detrás de mí, agarra un cojín y lo mete debajo de mi cabeza. Es tan considerado.

Paso mis manos por su pecho hasta la cintura de sus pantalones. Desabrochando el cinturón y el botón, deslizo mis dedos entre el material y la piel. Va sin ropa interior, lo que me parece interesante ya que tiene mucho para contener.

Envuelvo los dedos alrededor del eje duro y húmedo de su polla monstruosa. Los dos estamos haciendo ruidos similares a la banda sonora de una película porno; están saliendo de mí, porque por fin estoy tocando de nuevo su ridículamente enorme polla; y supongo que probablemente también se siente bien para Sasuke.

Besa un camino hasta mi boca. —No puedo esperar para estar dentro de ti.

No puedo y no quiero decir que no. Una partecita de mí se aferra a la creencia de que tengo que hacerle esperar para tener sexo. Como tal vez hasta la próxima cita. Sin embargo, dos semanas a partir de ahora es mucho tiempo, y ya ha pasado un mes desde que estuvimos juntos y desnudos. Si me abstengo, mi castor podría explotar por falta de uso.

Sasuke flexiona los brazos. Consigo una vista impresionante de su ancho pecho y el rastro del tesoro que conduce a la tierra de la polla monstruosa. Parece inseguro. —Lo siento. Lo siento. No tenemos que tener sexo. No quiero que hagas nada que de lo que te arrepientas más tarde.

Cuando dice ese tipo de cosas, a la par con su comentario anterior, quiero ser su esclava del amor. Se me viene a la cabeza una imagen de mí en un corsé negro y un collar con una correa. Tal vez la estúpida Lydia tuvo razón al cortar las obscenidades en el club de lectura por un tiempo.

—No voy a arrepentirme. —En realidad, estoy bastante segura de que voy a sentirme bien.

—¿Estás segura? —Sasuke arrastra los dedos por mi costado.

—Sí. —Sigo sosteniendo su polla; que sigue estando enormemente dura.

—Debería llevarte arriba.

No tengo ningún deseo de dejar de tocarlo el tiempo suficiente para hacer el viaje hasta arriba. —Estoy bien aquí. Me gusta tu sofá. —Parecen amuletos de buena suerte cuando se trata de Sasuke.

—Mi cama es más cómoda, y hay más espacio.—Pone su cabeza en el hueco de mi garganta, tocando mi piel con sus labios.

—Segura que tienes razón, pero entonces tendríamos que dejar de hacer lo que estamos haciendo.

—Muy buen argumento.

Sasuke lleva la mano detrás de mí, y con un movimiento rápido, abre el broche y arroja mi sujetador al suelo. Le siguen mis bragas.

Deslizo sus vaqueros por sus caderas. Su pene sale, casi abofeteándome la cara. Me inclino a un lado para evitar ser golpeada en el ojo por su balanceante polla. Mi falta de coordinación es un asunto lamentable, y le doy un golpe sin quererlo.

Sasuke se inclina, maldiciendo. Agarro su pene para evitar contratiempos adicionales y le pido disculpas por golpearlo. Está a la altura de mis pechos. Tengo una idea. Parece tener una fascinación extrema con mi pecho. Manteniendo mis ojos en los suyos, rodeo un pezón con la punta.

Un segundo, es suave y tierno y "¿esto está bien?" y "¿estás segura?", pero al siguiente tiene mi cabello envuelto en su puño. Su cuerpo se tensa más que una serpiente enroscada y lista para atacar, lo cual es apropiado ya que estoy frotando su "serpiente" en mis tetas.

—No puedes...

Llevo la cabeza de su polla a través del valle hasta el pezón opuesto. Ladea mi cabeza y toma mi boca mientras lo acaricio. Sasuke profundiza el beso hasta que estoy mareada, y la respiración parece una función poco importante. Bajando, cubre mi cuerpo con el suyo. Incapaz de mantener el contacto mano-con-polla, uso mis pies para empujar sus pantalones hasta las pantorrillas. Hay unos cuantos momentos torpes donde lucha por sacárselos, y yo intento ayudar ineficazmente con los dedos de mis pies.

Impaciente, Sasuke usa su mano libre para quitarlos por completo. Ambos suspiramos con alivio cuando se instala de nuevo entre mis piernas. Se encuentra justo ahí, caliente y grueso, provocando uno de mis gemidos porno. Eso es antes de que comience con los movimientos controlados.

Rozando la longitud de su brazo, tiro suavemente de su muñeca. Ha estado apretando mi cabello como riendas.

—Lo siento. —Masajea mi cuero cabelludo.

—Está bien. Últimamente he estado leyendo un montón de cosas de dominio y sumisión en mi club de lectura.

Tirar del cabello ni siquiera se le acerca a eso. No es como si me hubiese atado y me obligara a llamarlo señor o amo.

—Lo siento, ¿qué?

—Nada. Olvídalo. No es importante.

Le manoseo el culo para distraerlo; de lo contrario, estoy obligada a terminar las oraciones con señor Uchiha.

Parece funcionar. Los ojos de Sasuke revolotean hasta cerrarse y su boca se abre al tiempo que nos rozamos entre sí. Dirijo mis manos por su espalda, apreciando todos los músculos tensos y duros.

Sus labios están cerca de mi oído, su voz es suave.

—Te sientes muy bien.

Recuerdo hacerlo con mi primer novio en la secundaria. La progresión de follar en seco a follar desnudos ocurrió en etapas.

Nos desvestíamos en gran parte, los pantalones podían quitarse y las camisas se quedaban puestas, y alineábamos nuestros cuerpos. Luego nos deslizábamos uno contra el otro sin tener ni puta idea de cómo llegar al orgasmo. Entre todo el manoseo descoordinado y húmedo, el roce podía pasar. Todo se detendría. Nos mirábamos el uno al otro y hacíamos la pregunta: "¿Sólo la punta?". Eso casi siempre llevaba a todo el maldito asunto.

Esto es lo que sucede. Excepto que la punta de Sasuke es tan amplia como la lata de una cerveza. Está bien, no es tan gruesa, pero está cerca. La sensación es una provocación, como una de esas cucharaditas de helado que te dan antes de entregarte todo un cono. Ya he comido el cono de Sasuke, así que sé exactamente lo bueno que va a estar.

Lo qué hago a continuación es muy irresponsable en muchos niveles. Mi justificación es la siguiente: he estado tomando la píldora desde la secundaria, Sasuke no es el mujeriego que asumí, y los resultados del ginecólogo regresaron limpios.

Todas las objeciones que puedo tener se mueren en mi lengua al tiempo que clavo mis uñas en su culo sólido y lo impulso con mis talones. Está a mitad de camino, más o menos a un par de centímetros. Su cabeza se levanta de golpe y su rostro muestra una señal de alarma nublada por el deseo. —¡No tengo condón!

Nos miramos el uno al otro, el conflicto mutuo es claro en nuestra falta de acción. ¿Debería Sasuke usar un condón? Por supuesto. Sin embargo, ya se encuentra casi dentro de mí y se siente increíble. Este es un ejemplo de pérdida de juicio. Parece ser frecuente cuando se trata de Sasuke.

Me aclaro la garganta. —Estoy tomando la píldora, y siempre he sido responsable hasta ahora. —Genial. He admitido que lo que estamos haciendo es exactamente lo contrario a la responsabilidad.

No retira la polla monstruosa ni me da nada más. —Debería ponerme un condón. —Se supone que es una declaración, pero su voz se eleva al final, convirtiéndolo en una pregunta. Mira sus pantalones en el suelo—. Mierda. Mi billetera está en la encimera de la cocina.

Baja la frente a mi hombro. Toma respiraciones largas y lentas. Hago algo más que no debo cuando aprieto mis muslos contra sus caderas. Tenso al castor.

—Sakura... —Es un lamento—. Debería...

—Podríamos...

Levanta la cabeza. —¿Estás segura?

—¿Y tú?

Creo que es seguro decir que ninguno de nosotros está seguro. Estamos comprometidos a llevar a cabo esta mala decisión en nombre de lo bien que se siente. Su respuesta viene en la forma en que sus caderas se hunden contra las mías. Santo infierno, estoy llena. De su polla monstruosa sin filtro. Gimo como una loca y entierro mi cara en su cuello.

Al mismo tiempo, Sasuke une un montón de palabras que no tienen ningún sentido. Suena como—: jodrohmierdaquívamos.

—¿Qué? —pregunto cuando hace círculos con sus caderas.

Sasuke presiona sus labios contra mi cuello, rozando mi piel con sus dientes. —Esto es increíble.

—Mmm. Es fantástico.

Su rostro se encuentra sonrojado cuando levanta la cabeza para mirarme con ojos intensos y vidriosos. Una sonrisa perezosa curva la esquina de su boca.

—Fantástico no es la palabra. Si el cielo se parece a esto, quiero quedarme para siempre.

Ser comparada con el cielo parece un gran cumplido. —Gracias. También te sientes increíble.

Tiene que reajustar su posición antes de comenzar con las embestidas. Ahora veo por qué la cama hubiera sido mejor. Toda la fricción hace que me sude la espalda y el cuero debajo de mí ha empezado a chirriar. El piso de madera no es una opción, a menos que quiera un coxis magullado. Empujo el pecho de Sasuke.

—¿Debo parar? —Sus palabras salen ahogadas por la decepción.

Niego con la cabeza y sigo empujándolo. —Siéntate, por favor.

No hace más preguntas. En cambio, se pone de rodillas, llevándome con él para no perder la conexión. Nos acomodamos torpemente, bueno, yo soy torpe, Sasuke no. Hay un poco menos de elegancia en mis movimientos. Finalmente, estamos en posición vertical, y me pongo a horcajadas sobre sus piernas. Esto me da una vista fantástica de todo. Ambos miramos hacia abajo para verlo salirse casi por completo.

—¿Qué tan bien se ve eso?

No estoy segura de si necesita una respuesta, pero se la doy. —Muy bien. —Excepto por el gigante chupetón-moretón púrpura que estoy fingiendo que Sasuke puso allí con la boca.

Me baja lentamente, llenándome de nuevo. —Lo sé, ¿verdad?

Sus párpados están caídos, y lleva una dichosa sonrisa sexy. Me aferro a sus hombros, debatiéndome si quiero ver su bonita cara o lo que está pasando de la cintura para abajo. Me libra de cualquiera de las opciones cuando entierra su rostro entre mis tetas en la próxima embestida ascendente.

—No puedo creer lo bien que se siente esto —dice, su voz un poco amortiguada.

—Estoy bastante segura de que yo sí puedo.

—Nunca he tenido sexo sin condón.

—¿Nunca?

—Ni una sola vez.

—Guau. Esto debe sentirse muy bien, entonces.

—No puedo describir... —Besa uno de mis pezones—. ¿Tú sí?

—¿Qué? —Golpea el lugar que me hace ver estrellas y constelaciones.

—¿Tuviste sexo sin condón?

Cambia las cosas e inicia un movimiento de balanceo muy estimulante. Si deja de hacerme preguntas sobre mis experiencias sexuales pasadas, me vendré pronto.

¿Cómo diablos voy a contestar? Sí, con un novio anterior. Salimos durante un año, y fue mi última relación seria antes del idiota de hockey. Nadie quiere escuchar eso mientras lo está haciendo. La charla sexual debe consistir principalmente en frases tales como: más, fóllame, ve más duro, allí mismo, por favor, sí, y me voy a venir.

Le pongo fin a la conversación de sexo y, en su lugar, lo hago sexo con gemidos. Respondo con una de las frases pre-aprobadas. —Se siente increíble. Ve más duro. Por favor, Sasuke. —Es bastante genuino, a pesar de que suena cliché.

Tiene el efecto deseado. Un gruñido viene de lo profundo de su pecho y me levanta, hasta que estoy casi vacía y vuelve a bajarme. Es increíble. Incluso espectacular.

—¿Cómo está eso, nena? ¿También lo quieres más rápido?

—Ajá.

Este ritmo nuevo, intenso y duro me envía directamente al abismo. Me aferro a su cabello, haciéndolo aumentar su velocidad y vigor. Entonces, como el antiguo jugador semental de hockey y amante de los pechos que es, tiene que ir a chupar mi pezón. Lo suelta en la siguiente embestida descendente. Es todo lo que puedo soportar. El mundo se convierte en un estallido estelar de blanco y negro mientras trato de meter mi cara en su cuello y ahogar mis sonidos amorosos.

—Los ojos en mí, bebé. Por favor. —Sus labios presionan mi sien— . Quiero ver tu preciosa cara cuando te vengas por mí.

A pesar del borrón de los fuegos artificiales monocromáticos que nublan mi visión, no puedo negárselo, no cuando está siendo tan educado.

Estoy atrapada en el fuego de su mirada. Sus dedos se aprietan en mis caderas mientras embiste con fuerza. No hay ruptura en la espiral de sensaciones. Es una bendición y una maldición; una vez que me corro, soy como un grifo con fugas; me sigo viniendo. El orgasmo menguante se reaviva, volviendo a iniciar con toda su fuerza.

—Sakura, vas a hacerme...

Estoy tan fuera de sí que grito—: Te amo —pero al final añado apresuradamente—, polla monstruosa

Mierda. ¿Dónde diablos está mi filtro cuando más lo necesito?