SAKURA
Durante la próxima semana, Sasuke me envía mensajes lindos intercalados con algunos sucios. La diferencia horaria hace que sea difícil hablar por teléfono. Nuestros horarios no encajan; entre vuelos y estar en la carretera, nuestras conversaciones no son privadas y resultan breves.
Naruto no ha enviado ningún mensaje enojado acerca de mi cita con Sasuke, así que supongo que no lo sabe o no le importa. Mi madre es una historia diferente. Intenta reunir toda la información que pueda sobre la cita-convertida-en-fiesta-de-pijamas. Incluso pregunta si los rumores son ciertos. Me niego a contestar porque esos no son detalles que voy a compartir con mi madre. Sin embargo, mi incapacidad para permanecer sentada sin hacer una mueca de dolor durante el primer par de días después, es bastante revelador.
A pesar de la falta de oportunidad para hablar, Sasuke me envía flores y dulces sin cesar. El tipo de las flores ha aparecido dos veces en la primera semana con nuevos ramos. Entre las entregas, el tipo de FedEx deja paquetes. La mayoría de las veces, los consigo antes de que mi mamá los intercepte. A veces no tengo tanta suerte. A pesar de las flores y las atenciones de Sasuke, la ansiedad ha logrado escabullirse e instalarse. Tener sexo con él, aunque fue divertido, podría no haber sido la idea más inteligente ahora que va a estar fuera por un período prolongado de tiempo.
El lapsus de tiempo entre nuestra última cita y la siguiente está demasiado lejos. Dejando de lado las flores, mensajes de texto y correos electrónicos, todo lo que necesita es demasiadas cervezas después de la victoria y una conejita cachonda para arruinarlo todo.
Temari y yo vamos por un trago después del trabajo a fines de la primera semana sin Sasuke. La pared de televisores junto a la barra muestra el juego de hockey. Chicago no juega, así que no estoy tan interesada en verlo. Anoche fue una historia diferente. Chicago derribó a Los Ángeles en un espectáculo impresionante de habilidad y dominio.
El único mensaje de texto que he recibido de Sasuke desde entonces, es un mensaje borracho sin sentido. Como resultado, he estado al borde todo el día. Una revista sensacionalista y un periódico muy leído se burlan de mí en la mesa vacía junto a nosotras.
Solía ser una de esas personas que se encontraban en la fila del supermercado y se burlaban de todas las personas que gastaban su dinero duramente ganado en esas porquerías. Ahora soy la persona que hojea febrilmente, revisando para ver si la bonita cara de Sasuke se encuentra en algún lugar dentro. Está ausente de las páginas más a menudo de las que no, pero los sitios web de fans se encuentran llenos de sus imágenes. También, hoy evité buscar activamente en mis sitios web favoritos por miedo a lo que podría encontrar.
El teléfono de Temari suena por millonésima vez desde que nos sentamos. Recientemente se creó un perfil en un sitio de citas online. Disminuyó el campo al limitarlo a fanáticos del hockey. Su teléfono ha sonado todo el día; a un montón de chicos les gusta el hockey, la mayoría de los cuales no consideraría material viable de citas.
Incapaz de contenerme, realizo una búsqueda de imágenes de Sasuke en mi teléfono. Una serie de nuevas imágenes aparecen. A menudo envío las fotos a mi correo electrónico y las guardo en mi carpeta "Botón de Castor". Éstas no son de ese tipo.
Sasuke se ve hermoso como siempre, excepto por el brazo que envuelve alrededor del hombro de una chica. Ella besa su mejilla. Él sonríe, mostrando sus hoyuelos. Es probable que sólo sea una fanática. Me desplazo para encontrar más fotos de ellos. La chica se esconde en su costado con su brazo protectoramente a su alrededor.
Quiero darle un rodillazo en las bolas y golpear su polla monstruosa hasta sacársela. La puta de hockey en mí quiere patearle el culo a ella y sacarle todos los dientes por besarlo en cualquier lugar. La realidad me golpea en la teta, he empezado a pensar en Sasuke como mi novio. Sólo hemos estado en una cita real. Las flores y los regalos no significan que somos exclusivos; es exagerado con los regalos. Me siento tan tonta.
—¿Sakura? ¿Por qué respiras así?
Deslizo mi teléfono sobre la mesa. —Lo está besando, y la está tocando. —Como si no pudiera ver lo que se encuentra delante de ella.
—Estoy segura que hay una explicación razonable.
—Claro que la hay. Es un mujeriego, y yo una estúpida. Debí imaginármelo. —Agarro el teléfono y cierro el navegador. No puedo mirarlo más. Esta situación resulta perjudicial para mi bienestar emocional.
—Deberías llamarlo. Tiene que haber una buena razón para esto. Si no está enviándote mensajes, correos o llamándote, te envía regalos. No tiene sentido —dice Temari en su tono más racional y suave.
—Lo tiene si es un jugador. Estoy segura que esa línea que me dio de no-soy-un-mujeriego es la que le da a todas sus habituales, o lo que demonios sea yo. Probablemente es una artimaña elaborada. Mira a Naruto; tiene a todas esas chicas envueltas alrededor de su gigante dedo yeti, fingiendo ser agradable cuando en realidad es un perro. Sasuke probablemente es igual, solo que más encantador.
Debo sonar como una lunática. He estado paranoica toda la semana, y ahora hay una justificación.
—Saku…
—Te veré mañana.
Necesito hacer algo más que sentarme en un bar con hockey en el fondo. Me levanto de la mesa, casi derramando mi cerveza. Temari no trata de detenerme. Estoy demasiado profundo en uno de mis episodios neuróticos para ser racional.
Escucho rap enojado de camino a casa. Me siento demasiado molesta para quedarme con los brazos cruzados, así que decido hacer algo productivo. Trotar parece una forma inteligente de quemar un poco de esta energía negativa y conseguir perspectiva. La primera señal de que mi idea es defectuosa ocurre cuando me toma cuarenta y cinco minutos encontrar mis malditas zapatillas para correr. Armada con ritmos más enojados, ajusto mis auriculares, y salgo a la acera.
Hace frío, así que comienzo con un trote ligero. A los dos minutos ya me encuentro sin aliento, pero también decidida a terminar este ejercicio. Necesito hacer algo más allá de llorar o llamar a Sasuke. Sigo, y para el momento en que he corrido una cuadra, tengo una punzada en mi costado y respiro como un asmático. Por el lado positivo, puedo ver el cartel de comida rápida brillando a la distancia. Reviso todos mis bolsillos y encuentro un mágico billete de diez dólares en el pequeño bolsillo destinado para un lápiz labial o llaves. Los Arcos de la Indigestión no se hallan demasiado lejos. Puedo lograrlo. Más que este trote, necesito un batido.
Jadeo y resoplo cuando llego a la puerta. El olor familiar a comida frita me saluda cuando entro. Es como volver a casa, excepto que no tengo que cocinar nada por mi cuenta. Ordeno papas fritas y un batido, me siento en una esquina. Sacando la tapa, cubro cuidadosamente cada fritura con el producto lácteo congelado con sabor a vainilla. Joder con Sasuke, literalmente, es la razón por la que lleno mi cara con esta mierda. Mañana estaré hinchada gracias a la leche falsa y la grasa.
El azúcar y las grasas-trans son destruidos en la fría caminata a casa. Evito revisar mis correos o mensajes en el teléfono. No quiero hablar con Sasuke esta noche. No lo conozco lo suficiente para discernir si me miente o no. Hablar con él podría confirmar su condición de bastardo mentiroso, y estaré deprimida. Es demasiado para manejar. Una pastilla es mi ayuda elegida para dormir, de otro modo nunca callaré mi mente.
El castor Uchiha me mira desde mi almohada. Lo empujo fuera de la cama y me meto bajo las sábanas. Debo haberlo buscado en medio de la noche porque me despierto aferrándome al peluche.
Temari se encuentra sentada en mi escritorio cuando llego al trabajo a la mañana siguiente. Se está convirtiendo en un accesorio allí.
—Todavía no lo llamas, ¿verdad?
—Buenos días para ti también.
Me pasa una carpeta. —Tienes que ver esto.
—¿Qué es? —La volteo para abrirla; hay un sinfín de imágenes de Sasuke con la misma mujer rubia. El gran volumen es inquietante.
—Es su hermana.
—¿Qué dijiste? —Tengo un vago recuerdo de Sasuke mencionando una hermana menor mientras estábamos en nuestra cita.
—Su nombre es Naori. Tiene veintiún años. Según este artículo — levanta una revista de chismes—, voló para llegar al juego en Los Ángeles la semana pasada porque allá en Canadá está más frío que las bolas de un muñeco de nieve.
—No tenía idea.
—Él me llamó para explicarlo. Al parecer son cercanos. —Empuja su teléfono y me muestra el número del celular de Sasuke.
—¿Cómo consiguió tu número?
—Buena pregunta. Tal vez deberías regresarle una de sus llamadas y averiguarlo.
Ignoro la indirecta. —¿Qué explicó, exactamente?
—Las imágenes. Se preocupó. No pudo ponerse en contacto contigo y se imaginó que esa podría ser la razón. Podrías haber evitado todo esto si lo hubieras llamado o hecho algo de investigación.
Me siento demasiado avergonzada para admitir que he rastreado imágenes como un adicto en busca de drogas, pero no realicé una búsqueda de esta información vital anoche. Hice una suposición terriblemente ignorante basada en expectativas personales.
Realmente es un buen tipo. Se tomó el tiempo para buscar a mi mejor amiga y transmitir un mensaje a través de ella, lo cual me dice más sobre él que las flores o los regalos.
Reviso el teléfono para encontrar mi buzón de voz completo, y tengo veinte mensajes. Temo su contenido. Los dos primeros correos de Sasuke simplemente me piden que le regrese la llamada. El tercero es de varios minutos de duración y la razón de que mi correo de voz esté lleno. Me siento horrible. Ha intentado explicar la situación y lo he ignorado.
Le mando un mensaje inmediatamente. No escucho de él en todo el día. Tiene juego esta noche, así que es probable que esté en la práctica o que no tenga el teléfono.
El karma dicta que pase por lo mismo que él pasó las últimas veinticuatro horas. Después del trabajo, me pongo ropa cómoda, agarro una bolsa de pretzels de la despensa y un par de cervezas de la nevera, y camino por la calzada hacia la casa de mis padres. La enorme televisión en la sala de estar es el mejor lugar para ver el juego.
Los equipos se hallan muy igualados en habilidad. Observo con gran atención como Sasuke anota un gol y logra dos pases en el tercer período, dejando al otro equipo incapaz de recuperarse. Después de eso, el locutor deportivo entrevista a Sasuke. Está en lo alto de la victoria; me preocupa que mi respuesta tardía vaya a resultar en una profecía auto- cumplida.
Estoy agotada para el momento en que termina la repetición de lo más destacado. El juego terminó hace más de una hora, y todavía no hay mensaje de Sasuke. Regreso a la casa de la piscina y me preparo para ir a la cama. Apretando el castor Uchiha en mi pecho, termino en un sueño inquieto.
Soy despertada un poco más tarde por el sonido de mi teléfono. Lo alcanzo en una confusión frenética, presionando botones equivocados hasta que finalmente respondo a la llamada.
—Hola. ¿Hola? —Estoy tan desorientada. Estuve teniendo sueños sobre Sasuke acariciando mis pechos.
—Hola. —Su voz es una manta borrosa de calidez.
—Hola —exhalo, al estilo estrella porno.
—Lo siento por despertarte. Traté de llamarte antes pero mi teléfono murió y tuve que esperar que se cargara. ¿Cómo estás?
Dios, lo amo. Espera, ¿qué? No, no, no lo amo. Amo su dulzura.
—Estoy bien. Lo siento por no llamarte hasta hoy...—Me siento culpable por evitarlo, asustada de que estuviera en el castor de alguien más.
—Debí advertirte. Sé cómo se ven las fotos. El vuelo de Naori no fue planeado.
El remordimiento anula mi capacidad para censurar mi respuesta. —Me gustas. No esperaba verte con alguien más. Pensé que tal vez mi marca de locura fue un poco demasiado para manejar. —Maldita sea, hacía un... trabajo mediocre en parecer poco afectada. Ahora he disparado toda la mediocridad hasta la mierda.
—Te gusto, ¿eh?
Si pudiera derretirme en un charco, lo haría. Esos modismos canadienses me derriten cada vez.
—Mm-hmm. —Prácticamente sale como un suspiro.
—También me gustas —dice en voz baja—. ¿Puedes tomarte libre el viernes? Me encantaría que viajaras a Toronto. Puedes venir al juego, y podemos pasar el rato por algunos días. Te llevaré a Guelph.
Es difícil no ponerse toda sensible con Sasuke ofreciéndome viajar a un país extranjero. Está bien, no es extranjero, pero los canadienses hablan francés y tienen acentos. Tengo días de vacaciones. El tiempo a solas con Sasuke sería fantástico.
—¿Sakura?
Mierda. Me he quedado en silencio otra vez.
—Por favor, di que sí, nena. Quiero que vengas. —Su voz es baja, ronca.
Debe saber que me vuelve loca de la mejor manera cuando me llama nena. —Quiero ir.
—Podemos conseguir una habitación de hotel la primera noche, luego quedarnos en mi apartamento en la ciudad por el resto del fin de semana. Solo nosotros dos.
—¿Tienes un apartamento?
—Lo tengo. Mis padres se quedan allí cuando tengo juegos en Toronto.
—Cierto. Por supuesto.
La idea de pasar un fin de semana a solas con Sasuke hace que mis muslos se aprieten. Han pasado días desde que me masturbé, y ahora estoy caliente, húmeda y excitada.
—Tendré que consultarlo en el trabajo para ver si puedo conseguir el tiempo libre. Los boletos de última hora son caros.
Deslizo la mano por mi estómago hasta mis muslos entreabiertos, ahogando un gemido. Mi respiración ya es pesada, así que mantengo el teléfono lejos de mi boca.
—No te preocupes por... ¿qué haces?
—Uh, yo... uh... —¿Debería o no? Antes de descubrir la foto con su hermana, estuvo enviándome mensajes sucios durante toda la semana, citando las cosas que no podía esperar para hacerme cuando llegara a casa. En uno mencionó pasar una tarde con su rostro entre mis muslos. Excepto que no utilizó esa expresión en particular. Gimo. Una vez que el sonido sale de mi boca, no puedo retirarlo.
—¿Te estás tocando?
—Tal vez. —Deslizo mis dedos en el pequeño bolsillo en la parte delantera. La ropa interior de chico es tan conveniente.
—¿Sí o no, Sakura?
—Sí.
—Ah, mierda. ¿Acaricias mi coño?
Oh dulce bebé Jesús, lo llamó suyo. —Ajá.
Me muerdo el labio para no gemir demasiado alto.
—No te reprimas. Dime lo que haces. Dios, ojalá pudiera verte.
—Yo... yo...
—¿Te pondrás tímida conmigo ahora? Sólo somos tú y yo. No hay nadie más que nosotros. Dame algo para sobrevivir los próximos días. — Su voz es suave, alentadora.
—Sasuke. Yo... —Es apenas un susurro.
—¿Desearías que fuera yo? ¿Mis dedos tocándote?
—Oh, Dios. —Nunca he tenido sexo telefónico. No soy una habladora de sexo consciente. La basura que vomito no es intencional— . Sí, desearía que fueras tú.
—También yo, nena. También yo. ¿Dónde están tus dedos?
Dudo por una fracción de segundo. —Mi clítoris.
—¿Estás tan mojada como lo estuviste para mí?
Debato los méritos de decir la verdad o embellecerla por el bien del sexo telefónico. —No.
—¿No?
—Ni de cerca tan mojada como me puse por ti.—Jadeo y gimo.
Esto es una mierda total. Soy una de esas personas naturalmente lubricadas. Es una maldita bendición. Sin embargo, decido acariciar el ego de Sasuke mientras nos acariciamos a nosotros mismos.
—No puedo esperar para tener mi boca sobre ti de nuevo. Voy a comerte como si estuviera muerto de hambre y tú fueras mi última maldita comida.
Gimo, porque, ¿qué otra respuesta se da a una declaración así de directa? Sasuke es realmente bueno en el sexo telefónico.
Me froto con ganas cuando Sasuke me susurra cosas sucias al oído, acerca de cómo desearía que fueran sus dedos y su boca, lo bueno que será cuando finalmente vuelva a estar en mi interior, y lo mucho que desea que sea mi mano en su polla en este momento.
—Extraño tu polla —susurro.
—Lo haces, ¿eh? —Sigue ese pedacito de ternura canadiense con— : Dime cómo te sientes por mi polla.
Dios mío, la cabeza de este hombre está a punto de explotar junto con su polla. —Me encanta tu polla, Sasuke.
Toma una respiración aguda.
—Estoy tan cerca. No te detengas. —No hablo con mi propia mano; hablo con Sasuke y su boca sucia. Es la fuerza impulsora detrás de mi orgasmo inminente.
Gimo su nombre y algunas maldiciones cuando el calor se forma en el centro de mi cuerpo. El teléfono cae de mi oreja mientras el orgasmo me golpea. Es como dejar caer una menta en una botella de refresco.
La voz de Sasuke es suave y distante mientras canta desde el otro lado junto a mi almohada. —Eso es, déjame escuchar cómo te vienes. Dios, desearía estar dentro de ti... ah mierda, voy a...
Busco el teléfono. De ninguna manera me perderé esto. Sasuke gruñe mi nombre de la manera más sexy imaginable. Cierro los ojos y lo imagino desnudo, empuñando su polla, viniéndose en sus perfectos abdominales.
Le doy un momento para recuperar el aliento antes de intentar una conversación. Es una defectuosa.
—Entooonces...
—Dios, eso fue caliente. ¿Qué llevas puesto? Te imaginé sin camiseta y con bóxers.
—Tienes razón en la mitad inferior. Visto una camiseta sin mangas. Es blanca, así que serías capaz de ver mis pezones a través de ella si estuvieras aquí. —Me parece interesante que Sasuke me pregunte por mi atuendo después del sexo telefónico.
—¿Tomarías una foto para enviármela?
—¿Y si pierdes tu teléfono y se filtra en internet? —También luzco terrible en la mayoría de las fotografías, especialmente en las que salgo sola.
—Hm. Buen punto. No quiero que nadie más te vea desnuda. O parcialmente desnuda. Puedo esperar si tengo que hacerlo. ¿Así que vendrás a Toronto? Te enviaré el boleto mañana.
—Déjame comprobarlo con mi jefe primero. Dame hasta mañana por la noche para ver si puedo solucionarlo. Si Minato y mi mamá quieren ir, él cubrirá el costo así no tienes que hacerlo tú.
—Quiero comprar el boleto.
Me preocupa la reacción de Naruto. No me importa lo que piense, pero Sasuke tiene que jugar con él por el resto de la temporada. Si las cosas no salen bien entre nosotros, podría arruinar su juego. No puedo imaginar a Naruto siendo amistoso con Sasuke si descubre que está metiendo su polla monstruosa en mi guarida de castor.
—Cuando estés en los desempates, puedes hacerme volar a uno de esos juegos. —Falta mucho tiempo para esos. ¿Quién sabe lo que ocurrirá entre nosotros hasta entonces?
—¿Me dejarás hacer eso?
—Sí.
—¿Te quedarás conmigo en Toronto incluso si vuelas con tu familia este fin de semana?
—Definitivamente. —Ahogo un bostezo.
—De acuerdo. Probablemente debería dejarte; es tarde allí, ¿no?
—Lo es. Pero vale la pena ser despertada en medio de la noche por una llamada sexual.
—Te llamaré mañana, chica sexy. —Su voz es suave, como plumas flotando sobre mi piel.
—Buenas noches, Sasuke.
—Buenas noches, nena.
