SAKURA
Me permito estar deprimida un tiempo después de la épica humillación televisiva. Incluso tomo días libres en el trabajo y me visto con roñosas sudaderas con capuchas, comiendo grandes porciones de comida chatarra. Sin embargo, me niego a revolcarme mucho tiempo en la autocompasión. Tomé la decisión de estar con Sasuke incluso con la advertencia de Naruto y todas las señales ondeando justo enfrente de mi cara. Entre los episodios de llantos incontrolables y un poco de auto odio, busqué en los avisos clasificados un apartamento. Necesito hacer algunos cambios en mi vida, y empiezo con buscar mi propio lugar.
Minato me aseguró que una inmobiliaria encontró el edificio perfecto a sólo dos cuadras de mi trabajo. Es pequeño con un sólo dormitorio, apenas de cuarenta y seis metros cuadrados. El arriendo no me mata, y es un barrio decente. Hay un restaurante tailandés y una tienda de dulces dos edificios más abajo, así que me instalo. Se halla disponible inmediatamente, lo que es una ventaja.
Tan infeliz como mi madre es que me esté mudando de la casa de la piscina, igualmente me ayuda a empacar mis cosas. Tres semanas después de que me abandonaran públicamente, Naruto y Minato cargan el camión de mudanza mientras Temari, mi mamá y yo vamos a limpiar el nuevo departamento. Es exactamente el tipo de distracción que necesito. Por mucho que me duele el corazón, lo mejor que puedo hacer es moverme hacía delante. Cambié mi número de celular, bloqueé la dirección de correo de Sasuke, y me mantuve alejada de las redes sociales.
Sasuke me ha buscado en más de una ocasión, no sólo en mi casa sino que también en el trabajo. Hasta ahora todos han sido buenos manteniéndolo alejado de mí, y lo agradezco. No quiero verlo, porque no creo que todavía sea lo suficientemente fuerte para no llorar en frente de él.
—¿Qué quieres que haga con esta caja? —pregunta Temari. Se encuentra marcada con una calcomanía de riesgo biológico.
—Puedes dejarla en el closet del dormitorio. Más tarde averiguaré que haré con eso.
Ella y mi mamá intercambian una mirada.
—¿Qué hay dentro? —Temari revisa su interior.
—Todas las cosas de Sasuke. No me encuentro lista para deshacerme de ellas aún, ¿sí?
Mi mamá pone sus brazos alrededor de mí y me da un abrazo. — Está bien, Saku. Cuando estés lista, podemos emborracharnos y quemar todo.
Me río y sollozo. El corazón roto tiene el nombre bien puesto. El pensamiento de quemar al castor Uchiha hace un nudo en mi estómago. No sé si estaré lista para eso.
Mi mamá da un pequeño salto, como un pequeño terrier y aplaude.
—¡Conseguí algunas cosas nuevas para ti! —Abre una caja llena de cosas nuevas de vidrio. Es otra distracción, y me da gusto que lo haga. Pensar en Sasuke me pone sensible.
Resulta que fue de compras con la tarjeta de crédito de Minato, así que obtengo un montón de cosas nuevas que no esperaba. Incluyendo un televisor de pantalla plana y un impresionante sofá de cuero. Una vez que mi dormitorio y mi sala de estar se hallan ordenadas, y la mayoría de las cajas ya se encuentran desempacadas, nos reímos y abrimos algunas cervezas y pedimos una pizza.
Temari se queda mucho más tiempo después de que mamá se va a casa. Vemos comedias malas en mi televisor de alta definición hasta que sus ojos se comienzan a cerrar y decide irse. Tan pronto como lo hace, las lágrimas que he guardado durante todo el día comienzan a caer. Quiero que el dolor en mi pecho se detenga, pero sé que tomará tiempo. Me torturo viendo lo más destacado del hockey hasta que mis ojos están hinchados y me siento demasiado cansada para mantenerlos abiertos. En la cama, me muevo y doy vueltas, sin poder dormir.
Me quedo en la oscuridad mirando hacía el armario. Varios minutos más tarde, me levanto de la cama y abro la puerta. Enciendo la luz interior y me arrodillo en el frío suelo de parqué para abrir la caja. El castor Uchiha está encima de todo. Lo llevo conmigo de vuelta a la cama. Quiero odiar a Sasuke, pero mi corazón no se ha puesto al día con mi cabeza.
Vivir en un apartamento es algo para lo que necesito tiempo para acostumbrarme. Apesta cuando olvido algo y tengo que esperar el ascensor para volver y conseguirlo. Sin embargo, caminar al trabajo es agradable, y tener mi propio lugar me ofrece un poco de la independencia que tanto necesito.
Pocos días después de mudarme, Naruto viene a jugar un poco de videojuegos. Es su manera de asegurarse que me encuentro bien. También trae golosinas.
—No me encontraba seguro que te gustaría, así que traje opciones.
—Me entrega una bandeja con un batido y un helado de chocolate con cubierta de maní.
—Es una decisión difícil. Me voy por el helado.
Naruto me sigue a la sala de estar, que se encuentra a unos dos metros de la puerta, y nos sentamos en el sofá. Me sumerjo en mi helado mientras Naruto instala la Xbox.
—¿Cómo lo llevas estos días?
—Floja y Débil. —Ni siquiera trato de sonreír.
—Tan mal, ¿eh?
—Está bien. Me encuentro bien.
—Sigues diciendo eso, pero no te creo, Saku.
—Va a tomar un tiempo para que vuelva a estar bien, eso es todo.
—Mira, Sakura, sé que te sientes como la mierda, pero Uchiha es un gigante pene de goma. Lo puedes hacer mejor. —Su teléfono suena. Levanta un dedo mientras contesta—. Hola bebé… Estoy con Sakura… No, de ninguna manera. —Sacude la cabeza con vehemencia—. No le diré eso. Él es un idiota… perdón. Sé que es tu hermano… —Mastica su dedo mientras escucha por unos pocos segundos—. No voy… bien, Naori. También te extraño…
Hay otro minuto entre ida y vuelta, seguido de un beso lanzado al aire. —Adiós, Naori Sunshine.
Hago sonidos de arcadas mientras cuelga. No debería preguntar, pero no puedo evitarlo. —¿Qué dijo Naori?
—Nada importante. Vamos a jugar algo violento. —Sus manos me entregan un control y recoge uno para él.
No discuto o lo presiono para que me dé más información. Es mejor que no me diga nada.
—Sé que no ha pasado tanto tiempo, pero, quizás necesites ir a una cita o algo. Salir y pasar un buen rato. —Trata de ser útil; es agradable, pero no es realista.
—Esto es divertido. —Apunto a la pantalla donde Naruto mata a un peatón.
—Sabes lo que quiero decir. A veces es necesario volver al ring y pelear.
Levanto una ceja; una metáfora de boxeo para las relaciones es muy apropiada.
—Sé que has tenido algo de mala suerte, pero hay un chico, juega para Nueva York, quieren transferirlo…
—Naruto, no quiero salir con otro jugador de hockey. —Dejo caer mi control así puedo llevar helado a mi boca, sin importar el sufrimiento que vendrá después de este congelado cielo lácteo.
—No todos son mujeriegos, Sakura. Sai es un buen tipo.
—Su nombre es Sai. ¿Cómo puede ser impresionante?
Me rio hasta que me pongo a llorar, convirtiéndose en histéricos y desesperados sollozos. No quiero terminar como Sakura y el apellido de Sai. Quería ser Sakura Uchiha, eso suena tan romántico, y Sasuke arruinó todo.
Naruto no tiene idea de que hacer. Se ofrece a salir y conseguir más helado, pero mi estómago ya tiene calambres gracias a mi intolerancia a la lactosa.
—Lo siento, Sakura. No me di cuenta de que eran tan serios.
—No es tu culpa. —Limpio mis lágrimas, pero otras toman su lugar.
—Los presenté. Podría haberte detenido para que no lo conocieras.
—¿Cómo ibas a saber que iba a enganchar con Sasuke? Aparte, me avisaste acerca de él. Soy demasiado idiota por no haberte hecho caso, eso es todo. —Creía que era un mujeriego del hockey al principio, y todavía dormí con él.
Flexiona sus bíceps. —Puedo patear sus bolas, si eso quieres.
—Es agradable que lo ofrezcas, pero si alguna vez lo vuelvo a ver, quiero hacerlo yo.
Naruto acaricia mi hombro y me da un abrazo torpe mientras mi cara termina en su axila. Aguanto la respiración hasta que se aleja.
—Voy a dejar que me patees el trasero. —Apunta a la televisión.
Disfruto de unas cuantas rondas con Naruto, pero tiene que tratar duro para perder. Después de una hora de Xbox, se hace bastante obvio que no me encuentro pendiente del juego, y mi estómago comienza a retorcerse.
Naruto pone su gran mano en mi hombro. —¿Te encuentras bien?
—El helado no me hace bien.
—Mierda. ¿Vas a tener diarrea, verdad?
Hago una mueca cuando otro calambre atraviesa mi estómago. —Sí.
—Probablemente debería irme y dejarte en ello.
Sigo a Naruto a la puerta y lo miro mientras pone sus pies en sus enormes zapatos. Intercambiamos un rápido abrazo y abre la puerta. Somos inmediatamente asaltados por el hedor del aroma corporal. Kiba debe haber pasado por el pasillo recientemente.
Naruto frunce el ceño. —¿Qué demonios es ese olor?
—Es mi vecino de al lado, Kiba.
—¿Eso viene de una persona? Huele como perro húmedo.
—Lo sé. ¿Y rancio, cierto? Eso no es nada comparado con su gusto musical. —Como si fuera una señal, el metal pesado comienza a sonar.
—¿Este chico es real?
—La música no dura demasiado tiempo. —Solo unas dos o tres horas. No le digo a Naruto que Kiba también pasa por mi puerta casi todas las noches por si quiero pasar el rato con él.
—Hazme saber si quieres que le diga algo a este tipo —dice Naruto sacudiendo su cabeza.
—Me encuentro bien. Sin embargo, gracias. —Le doy otro abrazo, sobre todo porque estoy desesperada por un poco de afecto y lo veo irse al final del pasillo. Tropieza cuando pasa por la puerta de Kiba ya que el olor es más fuerte, y luego desaparece en el ascensor.
Después de un largo tiempo en el baño, me voy a la cama. El coma por ingerir helado no es ni relajante ni pacífico. Sueño con Sasuke y su mesa de hockey de aire, excepto que en mi sueño no soy yo a la que folla, es otra prostituta del hockey.
Dos días más tarde, hay un golpe en mi puerta. Supongo que es Kiba porque es la hora de la noche en la que viene y toca la puerta. Si ese es el caso, no puedo ni siquiera fingir que no me hallo en casa porque puede escuchar mi televisión a través de la pared al igual que yo puedo escuchar sus serenatas de metal. Veo por la mirilla y descubro que no es Kiba, sino Sasuke.
Todo tipo de cosas extrañas le suceden a mi cuerpo. Siento que mi estómago se va a salir por mi garganta. Mi corazón late con fuerza, como si hubiera tenido un orgasmo masivo. Mi castor está tan emocionado que muerde mi ropa interior, lo cual dicho sea de paso, es horrible, y vienen lágrimas a mis ojos. Después de casi un mes debería poder manejar mis emociones, pero no lo hago.
Se ve exhausto pero magnifico, como siempre, incluso con esa genial barba. Especialmente con esa maldita barba. Se ve todo hermoso.
Salto cuando golpea la puerta de nuevo y coloco una mano sobre mi boca.
—¿Sakura? —Su frente se apoya contra la puerta, así que sólo soy capaz de ver su mandíbula, y lo oigo suspirar—. Sé que te encuentras ahí. Vi tu auto estacionado y te oí haciendo ruido.
No digo nada, mis manos se aprietan contra la puerta de acero que nos separa. A pesar de que lo odio, lo amo, y malditamente duele tan mal. Sólo quiero que pare. Ojalá no nos hubiera hecho esto; quiero que se vaya, pero quiero que se quede. También quiero saber cómo diablos se las arregló para llegar hasta aquí.
Tengo que enterrar mi cara en el hueco de mi codo y morderme mi sudadera con capucha para ahogar un patético sollozo.
—Sé que la cagué, Sakura. Sólo quiero hablar contigo. Nena, ¿por favor? Te echo de menos. Cometí un error. Déjame explicarte, tal vez podamos resolver las cosas. Quiero arreglar esto.
Tomo dos o tres profundas respiraciones y aprieto mis puños, así no tomo la manilla de la puerta. Quiero hablar con él. Quiero que Sasuke tenga una razón para lo que hizo con nosotros. Pero no importa cuál sea, no va a hacer suficientemente buena. No hay justificación para ese tipo de humillación.
Aunque saber esto no impide que el dolor de mi corazón queme hasta niveles que no puedo soportar.
—Nena, abre la puerta. No tienes que dejarme entrar. Me quedaré en el pasillo. Incluso puedes dejar la cadena de la cerradura. Sólo quiero verte. —Hace una pausa y espera unos pocos segundos. Su cabeza golpea la puerta—. Todo es una mierda sin ti. Me hallaba bajo mucha presión. No quise decir lo que dije…
—¿Entonces porque lo dijiste? —grito y luego cubro mi boca con la mano, horrorizada por lo débil que soy por no mantenerme callada. Miro de nuevo por la mirilla para verlo levantar la cabeza, pegando sus manos a ambos lados.
—Porque soy un idiota. Por favor, Sakura. No me hagas hablar contigo de esta forma. Dame una oportunidad para explicarte.
—¿Para qué molestarse? De todos modos, todo lo que dices es una mierda.
Se queda mirando directamente a la mirilla como si supiera que me encuentro al otro lado, codiciando su hermoso rostro e irritablemente perfecto. —Sabes que no es cierto. La gente comete errores. Este es un grave error, y me gustaría poder volver atrás, pero no puedo. Lo siento mucho. No quería hacerte daño.
Cierro los ojos, el penetrante dolor dentro de mí saliendo. Realmente quiero creerle, pero he aprendido mi lección. —Pero lo hiciste, Sasuke, y tienes razón, no puedes volver atrás. Nada de lo que digas va a cambiar eso.
—Bebé, por favor. Escúchame. —La desesperación en su voz se refleja a sus ojos.
—Tienes que irte. —Mis palabras se hallaban en completo desacuerdo con lo que quiere mi corazón. Lo que más quiero, es abrir la puerta y hacer exactamente lo que me pide: quiero oír lo que tiene que decir. Si lo hago, hay una muy buena posibilidad que voy a estar tentada a darle la segunda o tercera oportunidad que busca, y mi pobre corazón no será capaz de aguantar eso en este momento.
—Todo lo que quiero es cinco minutos. ¿No puedes darme eso?
Tengo que darle eso; es tan persistente hasta el punto del cansancio.
Me hallo a punto de amenazarlo con llamar a Naruto y hacer que lo saque del edificio por sus bolas, cuando la puerta al otro lado del pasillo se abre. Es la señora Chiyo. Es una pequeña y enérgica viejita con cabello blanco llevando la permanente.
Mira a Sasuke con suspicacia. —Discúlpeme, joven. ¿Necesita ayuda con algo?
—¡Se está yendo! —grito detrás de la puerta.
—Por favor, Sakura. —Los ruegos podrían haber funcionado una vez, pero no lo harán ahora.
Descanso mi frente contra la puerta y me estremezco por cómo se rompe mi voz. —Sólo vete, Sasuke.
La señora Chiyo toma una larga calada de su cigarro y levanta una ceja dibujada hacia Sasuke. —Ya oíste a la joven. Es hora de que te vayas.
Sasuke frota una palma sobre su rostro y hace un gesto de dolor. —No voy a renunciar a nosotros.
La señora Chiyo vuelve a su departamento, pero deja la puerta abierta. Sasuke se da vuelva hacia la mirilla. —Entiendo si necesitas más tiempo, pero me importas demasiado como para irme.
—Estoy segura que tienes una manera de mierda de demostrarlo.
Mi mano se encuentra en la manilla de la puerta.
Afortunadamente, la señora Chiyo regresa con un palo de escoba. No le da la oportunidad a Sasuke de irse en paz. En cambio, comienza a golpearlo en los hombros.
—Cuando una mujer dice que te vayas, te vas, ¡maldita sea! —grita la señora Chiyo.
Dios bendiga su antiguo corazón violento.
Sasuke se cubre la cabeza con las manos. —¡Bien! ¡Bien! Me voy. — Sale de mi línea de visión—. No me voy a rendir, Sakura. Voy a encontrar la manera de solucionar este problema.
—Buena suerte con eso —murmuro mientras la señora Chiyo lo sigue por el pasillo, todavía golpeándolo.
Espero unos treinta segundos antes de girar la cerradura y abrir la puerta. La señora Chiyo todavía se encuentra en el pasillo, apuntando la escoba como una espada. Desde el pasillo, Kiba se asoma, el metal y su olor corporal se filtran por el pasillo.
—¿Se ha ido? —susurro.
Frunce los labios y sacude la cabeza rápidamente, casi imperceptible. Su cigarro se sostiene apenas en sus labios. Su brillante lápiz labial naranja se ha desparramado por encima de sus arrugas alrededor de sus labios, haciendo que parezca una desordenada explosión.
Oigo el sonido del ascensor al otro extremo del pasillo. Después de unos largos segundos, la señora Chiyo vuelve a colocar sus labios alrededor de su cigarro y aspira otra vez. Soplando el humo lentamente, finalmente me da un asentimiento. Mis hombros caen, y la tensión escapa de mi cuerpo.
Saco la cerradura con cadena y abro la puerta. —Gracias.
—Parecía como que no te interesaba hablar con él. Muy mal. Se veía como un buen muchacho. —Su cigarro rebota en sus labios mientras habla. La ceniza es de más de un centímetro de largo.
Todavía puedo oler un poco de su colonia, incluso a través del picante humo de cigarro y el olor corporal de Kiba. —No se deje engañar por lo bonito. Es malas noticias.
—Debe serlo si lo mantuviste en el pasillo en vez de invitarlo a tu cama.
Ahogo una risa. La señora Chiyo es probablemente mi persona favorita en el edificio.
Kiba saluda desde su puerta. —¿Todo bien, Sakura?
Saludo con mi mano desde la mía. —Todo bien, Kiba. Gracias por preguntar.
—¿Quieres jugar Guitar Hero?
—Tal vez en otra ocasión.
Su cara cae, pero asiente. —Si cambias de opinión, ya sabes dónde encontrarme. —La puerta se cierra haciendo un suave clic, pero su olor persiste en el pasillo.
—Ese sí es un buen chico. —Finalmente la ceniza cae, aterrizando en sus floreadas zapatillas—. Lástima que sólo se bañe cuando hay luna llena.
—¿En serio?
Se encoge de hombros. —Sin duda, huele como eso. Realmente es algo impresionante que decir debido a que mi sentido del olfato es casi inexistente gracias a estos. —Apunta al cigarro—. Bueno, querida, nos vemos después.
—Gracias de nuevo, señora Chiyo.
—En cualquier momento.
Me doy vuelta, considerando darme un atracón de comida chatarra para combatir el agotamiento emocional que esta horrible interacción me ha causado.
—Espero que le des una nueva oportunidad de decirte lo que siente por ti.
Trago saliva, luchando por contener las lágrimas. —Ya sé lo que siente por mí.
Asiente solemnemente. —Ah. Así que entonces es un caso de amor no correspondido.
—¿Es tan obvio? —Que patética soy si mi vieja vecina puede decirme que estoy enamorada y con el corazón destrozado.
—Pobre chico. Es como un perrito enfermo de amor.
Desaparece dentro de su apartamento antes de que tenga una oportunidad de corregirla. Sasuke no me ama. Era un juguete con el cual jugó hasta que se aburrió. Entonces rompió todas mis piezas y me tiró a la basura.
