SAKURA
A la mañana siguiente, encuentro un enorme arreglo de frutas cubiertas de chocolate con forma de flores.
El mensaje en la tarjeta dice:
Te quiero de regreso.
Sasuke
Me siento tentada a tirarlo a la basura, pero sería un desperdicio, y las frutas se ven increíbles. Además, está cubierto de chocolate. Así que lo pongo en el refrigerador. Más tarde lo compartiré con la señora Chiyo.
Cuando llego al trabajo, Temari ya se encuentra en mi escritorio con un rollo de canela y un café. Le cuento sobre la visita de Sasuke y del arreglo de frutas. Incluso me las arreglo para no llorar, lo cual es un avance. Decide que necesitamos una noche de chicas, y estoy de acuerdo. En parte porque tengo miedo que él aparezca de nuevo en mi apartamento y que esta vez no tenga el control necesario para no dejarlo entrar.
El taxi se detiene frente al edificio de mi apartamento. Ninguna manejará ya que el plan es emborracharnos. Subo en el asiento trasero y me sigue, dándole al taxista la dirección.
―Creo que deberías hablar con él.
No le respondo.
Mi mamá estuvo soltando indirectas, no muy sutiles, de que debería volver a pensar en mi alejamiento de Sasuke Uchiha. No estoy de acuerdo. No sobreviviré si me rompe otra vez el corazón.
De acuerdo, sobreviviré, pero lloraré mucho, y terminaré ganando nueve kilos por el consumo excesivo de comida rápida. Entonces me despecharé y tendré sexo sin sentido con algún otro imbécil. Como Sai. O incluso con Kiba. Pensará que es más que sexo de rebote por la depresión y querrá una relación.
―Vamos, Sakura. Ha intentado verte por semanas. Vino a tu apartamento. Estuvo dispuesto a hablar contigo a través de la puerta. Consiguió ser golpeado por una anciana. No puedes darle el tratamiento del silencio por siempre. Además, Shikamaru dice que todo esto tuvo que ver con su anterior representante.
No puedo creer lo que estoy escuchando. ―¿Ahora estás de su lado?
―¡Por supuesto que no! ―La expresión de Temari se suaviza―. Honestamente, Saku, nunca te he visto tan rota por un chico. Quizás vale la pena hablarle. Si no pasa nada más, consigues algún cierre.
Eso no me hace sentir mejor. Me lastimó peor que mi primer novio, el retardado, lo hizo. Aun así, una gran parte de mí, la que odio, por cierto, no quiere un cierre. Mi estúpido corazón aún lo ama, incluso si mi cabeza sabe que no debería.
―¿Podemos no hablar sobre Sasuke esta noche? Quiero emborracharme y olvidarlo por un rato ―digo mientras salimos del taxi.
Temari aprieta mi hombro. ―Lo que quieras, Saku.
Agarramos una mesa y ordenamos una jarra de margaritas. Hay una banda de covers de mierda tocando, lo que hace difícil la conversación. Al menos no tengo que hablar de Sasuke, incluso si no puedo dejar de pensar en él.
―¿Sakura?
La esencia dominante de loción barata quema los vellos de mi nariz.
Mierda. Es el chico repartidor de flores. ―Hola, Lee.
―¡Recuerdas mi nombre! Pensé que eras tú. No te he visto en un tiempo. ―Se queda ahí con sus manos en los bolsillos, asintiendo. Es un tipo raro.
―Sí. Me mudé recientemente. ―Le doy vueltas a mi bebida en el vaso, esperando que no haga preguntas sobre la razón de mi mudanza.
El movimiento de cabeza es contagioso. Tengo la urgencia de mirar a Temari para ver si también la está moviendo.
―Entonces, yo, eh, leí que el jugador de hockey y tú ya no son pareja o algo así… ―Golpea la pata de mi silla mientras mira fijamente la mesa.
Es lo que todo el mundo me pregunta por estos días. Estoy harta de eso y cansada de extrañar a Sasuke. ―Nop. Parece que solo éramos amigos a pesar de que he tenido su polla en mi boca.
No es hasta que Temari se ahoga con su bebida y los glóbulos oculares de Lee lucen como si fueran a salirse y rodar por el suelo, que me doy cuenta de lo inapropiado que es mi comentario.
―Bien. Eh. ―Lee asiente un poco más y parpadea como si estuviera creando su propia luz estroboscópica―. Así que, eh, ya que no están saliendo, ¿tal vez quieras ir a ver una película o algo así?
Lo miro fijamente porque, ¿qué demonios se supone que haga? Por semanas, llevó los regalos de Sasuke a mi casa. Probablemente le he dado más de cien dólares en propina. Seguro piensa que las propinas significan que estoy interesada en él. Una cita para ir a ver una película cruza la línea cliente-repartidor. Además, me ahogaré hasta morir si tengo que tratar con su loción durante toda una noche.
Sé que mi silencio se ha estirado demasiado cuando se aclara la garganta. ―Eh… yo… eh…
―Mira, Lee. Es agradable de tu parte, um… querer animarme. No estoy en un estado para ir a ver películas con nadie, además de Temari, aquí. ―Señalo con mi pulgar al otro lado de la mesa a mi mejor amiga―. Es la única persona que puede manejar razonablemente mi trasero emo. Sin embargo, gracias por la oferta.
―Oh, bien. De acuerdo. ―Asiente―. Bueno, nos vemos por ahí.
Me siento mal por rechazarlo, pero es lo mejor. Además, me pidió salir inmediatamente después de que mencioné que la polla de Sasuke ha estado en mi boca. Estoy segura que piensa que si me lleva al cine, le daré una mamada. Si habló con Sasuke, sabría que se necesita mucho menos para conseguir eso de mí. O se necesitaba. Le doy vuelta a la hoja, una que no incluye mamadas sin un compromiso definitivo.
―El chico utiliza mucha loción. ―Temari sacude su mano frente a su cara―. Eso es muy malo ya que es caliente.
―Lo hace y lo es.
―¿No te dije que tenía una cosa por ti?
―Seguro. Podrías comenzar un negocio como psíquica. Todo lo que necesitas es una bola de cristal.
Un día tendré que salir de nuevo, pero Lee no es el chico y ahora no es el momento. Puede que Temari tenga un punto sobre hablar con Sasuke, si voy a superarlo y seguir adelante. No importa cómo termine la conversación, es probable que sea doloroso.
El sábado por la mañana me doy cuenta que se me acabó la ropa limpia. Una de las desventajas de vivir en un apartamento es el inconveniente de usar las instalaciones de una lavandería común. Llevo todo al elevador y me dirijo hacia allá. Todas las máquinas se encuentran en uso. La habitación huele como a cebollas y a detergente gracias a un chico fornido en un pantalón de chándal rasgado que se está comiendo un sándwich. No me siento con ganas de esperar o de socializar, así que guardo mis cosas y voy a casa de mi mamá. También me hallo baja de comida, entonces planeo robar la suya.
Estoy doblando mi tercer montón de ropa, comiendo mi segundo sándwich de pavo y queso, y viendo lo más destacado del hockey cuando mi mamá se deja caer a mi lado. Sostiene una revista en una mano y un martini en la otra. La deja de golpe sobre la mesa con un ademán dramático. El rostro desaliñado y con barba tupida de Sasuke se halla plasmado en la portada. Por estos días su cara se encuentra en todas partes.
―Mañana en la noche irás al juego ―dice rotundamente. Mi mamá nunca usa ese tono, así que debe hablar en serio.
―¿Qué juego? ―Mantengo una expresión neutral. Creo.
Sabe que sé de lo que habla. Los Hawks han llegado a las finales de la Copa Stanley. He visto cada partido hasta este punto, a menudo abrazando el castor Uchiha. Mañana los Hawks jugarán lo que podría ser el juego por el título.
―Ésta es la primera vez que Naruto ha estado en las finales.
―Pero…
―Sin peros, Sakura. Vas a venir con nosotros. Igual que Temari.―Me da la mirada molesta de mamá. Sería divertido si los sándwiches de pavo en mi estómago no estuvieran pensando en preparar una rebelión.
―Bien. ―Hasta este momento he evitado cada juego local de eliminatorias. No puedo esquivar a Sasuke para siempre y debería estar allí para apoyar a Naruto. Éste podría ser un hecho positivo en su carrera. Hago un gesto hacia la revista―. ¿Qué es eso?
―Ahí hay un artículo que deberías leer. Creo que lo encontrarás muy entretenido e informativo.
La miro mientras sale de la habitación. Cree que si la deja allí después de decir algo como eso, me tentará a leerla. Es difícil no caer, pero me las arreglo para no mirar.
Cuando regreso a mi apartamento, encuentro una caja gigante de dulces de azúcar maple frente a mi puerta. Sasuke ha venido de nuevo. Mi estómago se mueve con ansiosa anticipación.
La señora Chiyo debió haber estado esperando a que llegara a casa porque asoma su cabeza por la puerta, el cigarrillo colgando de sus labios como un ardiente pene semi flácido. Sosteniéndolo entre dos dedos nudosos, lo esconde en su espalda así está más en su apartamento que en el pasillo.
―Tu amigo pasó de nuevo.
―Eso veo. ¿Cuándo estuvo aquí?
―Se fue hace unos minutos. Se quedó por unas buenas tres horas, lo hizo. La única razón por la que se marchó fue porque tuvo una llamada y sonaba importante. También me trajo un pequeño regalo.
Tres horas es demasiado maldito tiempo para esperar. Su perseverancia hace que mi corazón duela más. Desaparece por la puerta y regresa un minuto después con su propia caja de dulces de maple. Maldito Sasuke por ser un bastardo con labia.
―¿Dijo algo?
―Oh, sí. Tenía mucho qué decir sobre ti. También muchas preguntas. Ese chico la está pasando mal por ti.
―Eso no lo sé. ―Recojo la caja de dulces. Debajo se encuentra la misma revista que mi madre intentó hacer que leyera junto a un dispositivo USB y una nota.
Sakura,
Sé que estás herida y enojada, pero por favor mira la entrevista que se encuentra en el USB.
Se transmite esta noche a las ocho. Te extraño.
Con amor, Sasuke.
Dice "amor". En todas las notas y correos electrónicos que envió, ni una vez utilizó la palabra. Si busca llamar mi atención, funcionó. Lanzo la revista a la caja de reciclaje sin mirarla, pero no puedo encontrar en mí la fuerza para botar el USB. Después de cinco minutos, cedo bajo la presión, inserto el USB en el puerto de mi pantalla plana y abro el archivo de la película. Mi estómago se siente como si un pez moribundo estuviera saltando dentro mientras espero que el video cargue.
El rostro de Sasuke me saluda cuando una entrevista con un programa popular de noticias de entretenimiento aparece en la pantalla. Lleva puesta una camisa de botones y unos pantalones casuales, y todavía tiene la barba. Se ve incómodo e incierto a la vez que responde a las preguntas invasivas. Cuelgo de cada palabra y casi me caigo del sofá cuando dice―:Estoy enamorado de Sakura.
Lo pauso y repito varias veces, procesando sus palabras. Habla de mí. En un programa visto por millones de personas. Esto es algo grande para llamar mi atención. Hubiera preferido escuchar esas palabras cara a cara, pero entonces, no le he dado la oportunidad para decírmelas con todas mis técnicas de evasión. Después que salgo de la conmoción inicial, escucho el resto de la entrevista.
Cuando termino, me encuentro segura de dos cosas. Una: Sasuke me ama. Dos: Sasuke se ve adorable cuando está nervioso, y su ex agente es un imbécil. De acuerdo, esas son técnicamente tres cosas de las que me encuentro segura. Lo que sea. El punto está ahí.
Saco la revista de la cima de la caja de reciclaje y la abro en la página señalada. Ahí se halla impreso:
"Estoy enamorado de Sakura"
Mi corazón se encuentra todo efusivo por su declaración pública. Casi quiero perdonarlo. Casi. Solo porque dijo que me ama no significa que sea cierto. Mientras que el artículo definitivamente hace una declaración, podría ser fácilmente otro truco publicitario destinado a ayudarle a redimirse ante los ojos de los fanáticos. No quiero que tenga la advertencia de que iré al juego. Es justo, ya que no tuve ninguna advertencia cuando tiró nuestra relación debajo del autobús y le pasó por encima.
Llamo a Temari y enloquezco. Parece ya saber lo que pasa, por lo que no hay necesidad de una explicación.
—¿Debería llamarlo antes del juego de mañana? Creo que no debería. No se merece la llamada.
—¿Quieres llamarlo?
—Sí. No. No lo sé.
—Ésta es probablemente una conversión de persona a persona —dice Temari.
—Cierto. De acuerdo. ¿Puedes venir? Creo que mi cabeza explotará.
Temari pasa el resto del día conmigo. Hago una lista de pros y contras, lo que termina siendo una lista de todas las cosas que extraño de Sasuke. Sorprendentemente, su PM ni siquiera ocupa los primeros cinco lugares. Después, hago que Temari vea la entrevista conmigo cuatro mil veces. Debería hacer yoga, meditar o tomar terapia de arte, así podría dejar de ser una idiota.
Yaciendo en la cama más tarde, mi mente sigue girando durante varias horas antes de finalmente dormirme. Tengo el sueño más extraño de la historia. La polla monstruosa de Sasuke es un superhéroe. Me salva de un gigante seno rodando a través de las calles y aplastando gente. Súper Pene tiene ojos saltones, y habla por el agujero por el que se viene. Sus bolas son sus pies y lleva una capa roja con un PM estampado en ella. Oh, y tiene un poco de bigote y un acento francés. Como dije, es un sueño extraño.
Al día siguiente, hago algo que normalmente trato de evitar: voy al spa con Temari y mamá. Todas nos hacemos pedicuras y manicuras, mientras bebemos mimosas. Luego vamos a que nos arreglen el cabello y compramos ropa nueva.
Mi estómago está hecho nudos cuando llegamos a la arena. Me encuentro muy ansiosa, y la tranquilidad de Temari es la única cosa capaz de evitar que huya. Tenemos los mismos asientos impresionantes que tuvimos la primera vez que vi un juego de Sasuke. Aparte de mirarlo por mi mirilla, ha pasado un mes sin verlo en persona.
—Oh. Aquí. —Mamá alcanza una bolsa a sus pies y saca tres almohadas negras. Le da una a Temari y otra a mí.
—¿Qué es esto?
—Se le llama Disco Trasero.
—Lo siento, ¿qué? —Esto se encuentra demasiado cerca de otras cosas que no quiero cerca de mi trasero.
—Evitará que tu trasero se congele en estos asientos y —gira el disco—, ¡es una almohada de porristas!
En el frente de la almohada están las palabras "¡VAMOS Uzumaki!", el de Temari dice "¡VAMOS Nara!" Y el mío dice "¡VAMOS Uchiha!" Tras una inspección más cercana, encuentro un bolsillo en forma de mano en la parte trasera, por lo cual soy capaz de agitar mi Disco Trasero en el aire con poco esfuerzo.
Me siento en la almohada, todavía riéndome ante el nombre pervertido. La plática cesa cuando los Hawks entran a la pista. Temari agarra mi brazo, y mi madre silba con los dedos. Ansiedad intensa me mantiene en silencio e inmóvil, lo cual es muy poco frecuente.
Cuando Sasuke patina hacia el hielo, inhalo una respiración aguda a la vez que mi pecho se oprime. Por un segundo, creo que estoy teniendo un ataque al corazón, pero me doy cuenta que solo estoy enamorada de este hombre. No lo he visto en semanas, todavía sigo en conflicto sobre el artículo y la entrevista. Se encuentra tan cerca, lo único separándonos es la barrera de plexiglás.
Incluso poco desaliñado, es caliente. Su barba está perfectamente arreglada, a diferencia de algunos de los otros chicos quienes parecen haber salido de un callejón y decididos a jugar hockey profesional.
—Oh Dios. Shikamaru es sexo en patines. No puedo esperar a que acabe el juego. ¡Ni siquiera importa si ganan o pierden! —grita Temari sobre los vítores de la multitud.
—¿Cómo puedes decir eso? Claro que importa.
—Piensa en ello, si ganan, tengo sexo caliente de victoria. Si pierden, tengo sexo para-hacer-sentir-mejor-a-Shikamaru.
Asiento lentamente, absorbiendo la información. Tiene toda la razón. No importa si ganan o pierden; gana sexo por defecto. Envidio su certeza respecto al sexo de victoria o de consuelo. Ya desearía saber que me deparará el día de hoy y si me reuniré con la polla monstruosa. Mi castor no parece darse cuenta que la reunión no es inminente, considerando la forma en que se moja en preparación para lo que tal vez nunca llegue a pasar. Espero poder controlar mi mierda lo suficiente para tener una verdadera conversación con Sasuke. Una cosa a la vez, lo primero es el juego.
Las cejas de Sasuke se hallan fruncidas profundamente, y sus labios carnosos forman una línea recta. Ni siquiera mira alrededor; simplemente ondea su mano ante la multitud que vitorea mientras patina hacia la banca. Quiero que me note aquí sentada, pero no quiero llamar innecesariamente la atención. Por lo que miro fijamente.
A medida que termina el primer periodo, Chicago empata con Filadelfia uno a uno. Tengo que hacer pis, pero no quiero dejar mi asiento, preocupada de que alguien me vaya a reconocer. Sasuke está matando allá afuera, pero parece que no puede conseguir meter el disco en la portería. Prácticamente puedo saborear su frustración. El disco es un borrón negro a través del hielo cuando Filadelfia toma el control. Estiro el cuello para ver qué pasa cuando un cuerpo se estrella contra el plexiglás y me asusta.
Es un déjà vu. Esos hermosos y bonitos ojos se clavaron en los míos como lo hicieron la primera vez que lo vi jugar. Contienen pánico, sorpresa, y un montón de lujuria mientras su boca se abre. Lo saludo tímidamente. Se encuentra tan cerca, si no fuera por el maldito plexiglás, sería capaz de tocar su confuso rostro sudoroso.
Nos miramos por un breve instante antes de que se aleje del vidrio y se precipite en el hielo tras el disco. Por el resto del periodo, siento la mirada de Sasuke sobre mí y la encuentro a veces cuando se halla en la banca. Se ve tan esperanzado, preocupado, desesperado y determinado al mismo tiempo. Curiosamente, es un reflejo de mis propias emociones. No me puedo quedar quieta, retorciendo las manos con nervios cada vez que hacemos contacto visual.
Es un juego intenso, con una puntuación cerrada. Para el tercer periodo, me encuentro en modo de celebración. Eso es hasta que Filadelfia anota un gol a tan solo dos minutos, empatando el juego. La multitud se vuelve loca. Los fanáticos le gritan al portero de los Hawks y se vuelven locos con la defensa. Incapaz de recuperarse, se van a tiempo extra. Me hallo en el borde del asiento, mi disco trasero ya no más debajo de mí, sino presionado contra el vidrio mientras grito el nombre de Sasuke.
Roba el disco del centro de Filadelfia y vuela por el suelo. Puedo ver diez años de patinaje artístico entrar al juego mientras maniobra alrededor de sus oponentes con increíble gracia. Danza con el disco, acercándose a la red solo para hacerle un paso a Shikamaru y patinar detrás de ella.
El portero de Filadelfia se centra en Shikamaru, por lo que no nota a Sasuke que viene por el otro lado. En lugar de tomar el tiro, Shikamaru regresa el pase. Para el momento en que Filadelfia se da cuenta qué sucede, es demasiado tarde. Sasuke golpea ligeramente el disco, pasa del palo del portero y rebota en la red.
Y solo así, Sasuke anota el gol para ganar la Copa.
La multitud se vuelve absolutamente salvaje y yo también. Es una adrenalina como nunca experimenté antes. Los Hawks se mueven en manada en el hielo, chocando uno contra otro en agresivos abrazos entusiastas. Esposas e hijos se encuentran con sus emocionados esposos y padres sudorosos en el centro de la pista, donde los medios de comunicación graban la acción y la difunden en las enormes pantallas.
La Copa, en toda su majestuosa gloria, es pasada entre el equipo. Sasuke la eleva por encima de su cabeza y patina alrededor del centro de la pista, su sonrisa triunfante dirigida hacia mí. De repente, una cámara está enfocada en mí, mi cara se encuentra plasmada en la enorme pantalla para que toda la arena la vea. Levanto el disco trasero, cubriendo mi cara, y le regreso la sonrisa emocionada.
Finalmente hacemos nuestro camino fuera de la arena y Minato nos arrastra a las tres hacia los vestuarios. Quiero estar aquí, pero mi estómago está hecho nudos. Mamá y Temari me cubren intentando protegerme del acoso de los medios. Se hallan tan ocupados entrevistando al equipo que no me notan. Todavía no, de todos modos.
Un millón de micrófonos apuntan al equipo, con Sasuke en frente y al centro. Todos sonríen, agarrando el masivo trofeo. Un reportero empuja el micrófono en la cara de Sasuke.
—¿Cómo se siente marcar el gol de la victoria?
—Se siente bien ser capaz de ayudar a mi equipo en tan importante noche. Trabajamos juntos para que esto ocurra. —Sasuke laza un brazo alrededor de Shikamaru, quien se encuentra de pie a su lado—. Estoy orgulloso de mis compañeros por traer la Copa a casa.
Esta es la versión del Sasuke que pensé que conocía, la que comparte la victoria. Su elocuencia y humildad son sexys. Quiero que éste sea el verdadero él, el hombre del que me enamoré.
Revisa la multitud y me encuentra, su sonrisa se ensancha, esos hoyuelos profundizándose. Le pasa el trofeo a Shikamaru y agarra el micrófono del periodista deportivo más cercano. Para su crédito, ella trata de aferrarse a éste. Es cómica la forma en que su brazo se extiende cuando Sasuke da un tirón, alejándolo de su alcance.
—Necesito decir una cosa. —La tranquiliza, luego vuelve a mirarme—. Sakura Haruno. Soy un idiota por no decir esto antes. Estoy enamorado de ti.
Una fracción de segundo de silencio sigue su declaración. El rugido posterior de la multitud es ensordecedor. Las preguntas de los periodistas se mezclan con las porras y gritos. Cámaras destellan continuamente, cegándome y haciendo imposible que vea más allá del lugar. Micrófonos son empujados en mi cara. No puedo escuchar sus preguntas. Además, me encuentro demasiado aturdida como para hablar.
Sasuke Uchiha robó su propio protagonismo frente a toda la nación de deportes observando.
