SAKURA
Nuestra relación no es mágicamente perfecta después de que Sasuke se disculpara e intercambiáramos nuestros "te amo". Estamos entendiendo las cosas y divirtiéndonos mientras lo hacemos.
Fuera de temporada, entrena casi a diario, y gran parte de su tiempo libre es absorbido por anuncios promocionales. Al parecer, ponerse a sí mismo en el ojo del huracán con una declaración pública de amor, tiene un impacto increíble en la mercadotecnia. Las compañías piden a gritos utilizarlo para diversas campañas. En lo personal, mi favorita es la promoción a los condones. Los extragrandes, por supuesto. Tengo una silueta suya de dos metros en la esquina de mi dormitorio. Viste sólo bóxer. Es la mejor inspiración que tengo para masturbarme. Sasuke lo voltea de cara a la pared cada vez que duerme en mi apartamento.
No me he ido a vivir con él, aún. Sólo han pasado un par de meses desde que volvimos, y trato de no apresurar las cosas. Sasuke es como un príncipe de cuento de hadas. No como uno que viene montando como un caballero de blanca armadura para salvarme, sino más como uno que se sumerge en grandes decisiones de vida sin ninguna precaución. Me pide que me mude cada semana. He decidido que si las cosas van bien para el otoño, diré que sí.
Sería fácil caer en una rutina donde todo lo que hago es ir a su casa, comer su increíble comida y dormir en su enorme y cómoda cama. Hago eso no más de dos veces por semana; está bien, tres veces. Lo equilibramos con pasar la noche ocasionalmente en mi apartamento. Eso no le gusta. No es tanto por el apartamento, es la falta de lujo. Siento que es importante saber lo que es no tener millones de dólares y trescientos setenta y dos metros cuadrados de espacio habitable.
Esta noche, Sasuke se encuentra en la austeridad de mi casa. Arreglamos que se quede aquí los miércoles en la noche. Esto es totalmente a propósito de mi parte. Kiba, mi apestoso vecino amante del metal pesado, sale hacia su club de juego de rol cada miércoles. Siempre se va vestido como mago.
Eso no quiere decir que trato de ocultar el enamoramiento que tiene Kiba por mí. Sasuke sabe sobre eso. Aunque ignora que Kiba aún me visita regularmente para ver si quiero jugar Guitar Hero.
Lo que trato de ocultar es el hábito de Kiba de escuchar música obscenamente alta todas las noches entre las siete y las once. No quiero darle más munición para convencerme de mudarme con él. No me encuentro lista. No lo creo. Aún no.
Se encuentra sentado en mi sofá, bebiendo una cerveza ligera, no puede beber la regular debido a los entrenamientos de pretemporada. Rara vez se toma un descanso de toda la alimentación saludable. Ve Netflix, debido a que no pagaré por cable, y no dejaré que lo pague, tampoco. Kiba debía salir esta noche con sus amigos. En cambio, nos da serenata con su música. Puedo cantarla si quiero. O gritarla, para tal caso.
—¿Qué diablos hay de malo con ese tipo? —Mira la pared que nos separa del sonido apenas amortiguado.
—Tal vez tiene discapacidad auditiva.
La audición de Kiba está bien. Creo que la pone a este volumen para encubrir la frecuencia con la que se masturba. La única razón por la que puede salirse con la suya es porque el vecino del otro lado es un anciano prácticamente sordo. También es el ligue de la señora Chiyo, el anciano, no Kiba. Descubrí eso cuando lo atrapé dejando el apartamento de la señora Chiyo con su bata de baño demasiado corta y con estampado de cebra, con sus flácidas bolas viejas colgando por la parte de abajo.
—¿Cuánto tiempo dura esto? —Se mueve como si estuviera incómodo, lo cual es absurdo. Me quedo dormida en este sofá todo el tiempo; es como estar sentada en una nube.
Me encojo de hombros. No quiero decirle que es casi constante.
—¿Sakura? —Alza su ceja sexy, su tono exige una respuesta.
—No es tan malo.
—No te creo. Tendré una plática con ese imbécil.
Se pone de pie, listo para decirle a Kiba que apague la música. No puedo permitir que esto suceda. Si Sasuke ve a Kiba y éste dice mi nombre de la forma en que normalmente lo hace, como si quisiera follarme, pateará su apestoso trasero. No quiero que me echen de mi apartamento, ni quiero que Sasuke sea acusado de agresión.
—No lo hagas. Me encuentro bien con eso. Me gusta esa música.—Tarareo durante unos segundos, marcando el ritmo. Realmente odio esta mierda.
—¿Por qué no quieres que hable con él? —Es demasiado rápido, demasiado inteligente y demasiado perspicaz para su propio bien.
—Mmm, eh...
Cruza sus brazos sobre el pecho. Eso hace que sus músculos se hinchen de manera distractora.
—¿Sigue intentando conseguir que salgas con él?
—No. —Lo digo todo agudo. Tengo que aprender a mentir mejor.
—Oh, por el amor de Dios. —Me toma de la cintura y me lleva a la pared que comparto con Kiba, donde me clava con su cuerpo.
—Qué…
—Haremos un poco de nuestros ruidos. —Sonríe, pero sus ojos son oscuros y posesivos. Ooooh, Sasuke muy enojado, oscuro y posesivo es sexy.
—Oh. Buen plan. —La polla monstruosa se ha elevado para la ocasión. Mis partes correspondientes responden en consecuencia.
Me hallo desnuda en un instante. Mi ropa literalmente se incinera dejando mi cuerpo gracias a su mirada ardiente. En realidad no, simplemente tiene dedos ágiles. Sólo se molesta en quitarse la camisa y en desabrocharse los pantalones. Siendo el amante considerado que es, todavía utiliza los dedos por un minuto, para prepararme para la PM.
Una vez que me encuentro lo suficientemente preparada, me levanta y me baja sobre sí. Golpea su mano contra la pared cada vez que empuja. Es duro, rápido y ruidoso, que es lo que intenta. En un punto, la música se detiene completamente, justo en medio de una de mis épicas declaraciones de amor a su polla.
La música regresa inmediatamente, esta vez más fuerte. Eso lo enoja aún más; canaliza su ira en mi placer, ruidoso. Haciéndome la destinataria de dos orgasmos estelares.
Cuando por fin se viene, deja un hueco en los paneles de yeso con el costado de su puño.
No puedo estar de pie por mi cuenta después de que me baja. Al principio, le preocupa haberme herido, y luego comprende que me folló hasta que no puedo caminar de nuevo.
—Ven, cariño, deja que te ayude. —Me lleva hasta el sofá, su sonrisa irritantemente arrogante fija en su lugar. Me siento como un fideo blando como para hacer más que mirar desde una posición semi acostada.
Sasuke es un gran fan de la comida después del sexo. No tengo un cocinero personal que prepare este tipo de cosas para mí, así que tenemos que salir para conseguir algo. Me encuentro demasiado atontada después del orgasmo como para discutir en contra de eso, así que trato de averiguar cómo usar mis piernas de nuevo y vestirme, con su ayuda.
Camino de puntillas rápidamente al pasar la puerta de Kiba. Sasuke tiene otras ideas; golpea con la fuerza suficiente para hacer que la luz por encima de nosotros tiemble. Kiba se asoma con la cadena de la cerradura aun puesta. Su ojo, el único que puedo ver, se mueve hacia mí y luego hacia otro lado. Su rostro se vuelve rojo como un tomate.
Sasuke arruga la nariz cuando le llega el apestoso olor que emana del apartamento. Su sonrisa es oscura, y mantiene un brazo envuelto protectoramente en mí. —Oye, amigo. ¿Te importaría mantener la música baja en el futuro? Sakura es demasiado educada para pedirlo. Esto hace que le sea difícil funcionar.
—Oh, sí, sí, claro. —Kiba asiente, mirándolo con los ojos abiertos.
—Gracias, hombre. —Sasuke me guía por el pasillo con la mano en mi trasero. Protesto, pero en realidad es algo divertido.
Dos semanas terriblemente embarazosas después del fiasco del sexo contra la pared, durante la cual Kiba me evita y la señora Chiyo da guiños conocedores, las tuberías en mi cocina explotan e inundan mi apartamento. El casero me dice que tomará una semana arreglarlo.
Sasuke reacciona de forma exagerada y le dice que eso es inaceptable. La actitud del casero de "no es mi problema" lo enoja. Después de un encuentro a gritos, donde Sasuke, cuestionablemente, amenaza con golpearle el trasero con su palo de hockey, el casero dice que hará su mejor esfuerzo para arreglar las tuberías lo más rápido posible. Sasuke no parece terriblemente preocupado por las tuberías, para ser honesta.
Me apresuro a tirar un montón de cosas en una bolsa de viaje, y nos dirigimos a su casa.
Frota mi nuca. —Puedes quedarte conmigo hasta que arreglen las tuberías.
—De acuerdo. —Realmente no consideré ninguna otra opción, aunque la casa de la piscina de mis padres siempre está abierta, si no me importa que mi mamá entre sin previo aviso.
—Tal vez deberías pensar en buscar otro apartamento.
—¿Por qué querría hacer eso?
—No lo sé; tal vez porque el casero es un imbécil y tu vecino se masturba a la pared contigua mientras duermes.
Ese es un pensamiento escalofriante. —Sin embargo, se encuentra tan cerca de mi trabajo. Lo de la música no es malo.
Se estaciona en su entrada. —Sakura.
—Bueno. Es malo. Todavía puedo manejarlo, y realmente no quiero empacar de nuevo todas mis cosas. Es un dolor en el trasero.
—Cierto. Está bien. —Su rostro cae.
Coloco mi mano en su brazo. —Sasuke, Kiba es inofensivo. Huele peor que la bolsa de hockey de Naruto. No es una amenaza.
—Lo sé, nena. Entremos para que te instales.
Me sorprende que no sugiera que me mude con él; tal vez he evitado darle una respuesta tantas veces que tiene miedo de preguntar de nuevo. Llevo mi bolsa de viaje arriba. Sasuke yace sobre su cama y me observa mientras cuelgo algunos atuendos en su armario. Luego me muevo a la cómoda; tengo un cajón reservado. Mayormente contiene una variedad de ropa interior, algunas sexy, algunas inspiradas en historietas.
Se quita la camiseta y desabrocha sus pantalones. —Oye, ¿quieres ir a nadar? Puse la piscina a treinta grados hoy.
—Eso es para congelarse. —Lo cual es técnicamente imposible, ya que es julio y nos hallamos en medio de una ola de calor.
—Centígrados, no Fahrenheit.
—No tengo traje de baño conmigo.
—¿Y? ¿Para qué necesitas un traje de baño? —Su sonrisa se encuentra llena de sexo y promesa.
—Buen punto. —Me desnudo mientras me observa desde su cama. Desnuda, corro por las escaleras y salgo por la puerta al patio trasero. Echo un vistazo por encima del hombro para encontrarlo persiguiéndome, sacándose los pantalones cortos y casi cayendo de cara en el proceso. Me encuentro casi por atravesar el patio cuando envuelve un brazo alrededor de mi cintura y me levanta del suelo. No reduce la velocidad mientras corre hacia el borde de la piscina. Grito cuando tomamos vuelo, y aterrizo en el agua templada con un chapoteo enorme.
Mantiene sus manos en mi cintura, impulsándonos hacia arriba. Salgo a la superficie con un jadeo, riendo. —Casi te gano.
Levanta la ceja izquierda. —Ni siquiera estuviste cerca.
—Estuve totalmente cerca. —Me sostengo de sus hombros, para no tener que flotar.
—Probablemente hubieras tenido una oportunidad si no te hubieses encontrado desnuda. Es una gran motivación para capturarte.
—Sus manos se hallan en mi cintura y migran hacia el norte.
—Ahora sabemos lo que aumentaría tu velocidad durante la práctica.
—¿Sabes lo que debes practicar? Flotar sobre tu espalda —dice.
—Lo que deseas es ver mis pechos brillar a la luz de la luna. — Pongo mi pie contra su pecho, intentando usar su sólido cuerpo para impulsarme. Agarra mi tobillo y me jala hacia él.
Nos movemos hasta el borde de la piscina, donde me fija contra un lado con su cuerpo. Su sonrisa es suave, dulce, como dulces de azúcar de maple derretidos en mi lengua. —Me conoces tan bien.
Envuelve mis piernas alrededor de su cintura, pero me mantiene en alto, así que nos hallamos cara a cara y la PM no toca al castor.
—Pronto volveré a empezar a entrenar.
—¿Eso significa pasar menos noches juntos? —Es algo bueno que mis tuberías se rompieran; puedo abastecerme de tiempo juntos.
—Espero que no. Pero tendré menos tiempo libre. Estaré en el gimnasio y en la pista mucho más.
He estado en el gimnasio mientras Sasuke se halla ocupado en una sesión de entrenamiento ligero. Verlo correr, sudar y levantar pesas es casi pornográfico.
—¿Te preocupa el cómo lidiaré con eso?
—No. —Frota su nariz contra la mía—. Me preocupa la forma en que yo lidiaré con eso. —Me encanta que sea duro por fuera y un completo bombón por dentro.
También sé a dónde va con esto. —¿Me pedirás que me mude contigo de nuevo?
—No. —Sus labios se hallan en mi cuello, sus dientes muerden mi piel.
Bueno, eso es una sorpresa. —¿No?
Reajusta su agarre, esta vez alinea las cosas. —Nop. Es una invitación abierta. Cuando te halles lista para mudarte, me lo dices.
No es la respuesta que esperaba. Trato de desafiarlo, pero me besa y no hay más palabras.
Toma más de una semana arreglar las tuberías. Después de nueve días en casa de Sasuke por fin soy capaz de regresar a mi apartamento. No me siento del todo entusiasmada con tener mi propio espacio de nuevo, y no es porque su casa sea mucho mejor que mi apartamento mediocre. Me acostumbré a verlo todos los días. Incluso le cociné, concedo que todo lo que tuve que hacer fue programar el temporizador en el horno. Hice una ensalada para acompañar. Y elegí una botella de vino. Estoy totalmente domesticada.
Al segundo en que abro la puerta de mi apartamento, soy golpeada en mi sentido olfativo. Huele como a calcetín de gimnasio cubierto de huevos podridos. También se encuentra muy caliente. Descubro que el olor nauseabundo es, en realidad, la basura. Para cuando he terminado de sacarla, me encuentro muerta de sed y chorreando sudor. No es una apariencia sexy. Me doy una ducha tibia y debato mis opciones.
Sasuke será más que feliz de tenerme de vuelta en su casa, y me siento feliz de estar ahí. También me encuentro segura de que si regreso, no es probable que quiera regresar a mi apartamento. Me he contenido, pensando que si espero hasta el final del verano, habremos estado juntos el tiempo suficiente para que sea razonable. Poner una línea de tiempo no cambia si me encuentro lista o no para ese paso.
Empaco una maleta llena de ropa y lanzo algunos objetos esenciales, como mi set de depilación con cera y maquinillas de afeitar, en una caja. Dice mucho que nunca terminé de desempacar. Seis cajas permanecen en el fondo de mi armario, contiene elementos que deben ir en los armarios o estanterías. No me he tomado el tiempo para que eso ocurra. Este apartamento siempre ha sido provisional, una parada de camino a otro destino.
Son más de las nueve cuando llevo todas las cosas al coche y conduzco hacia la casa de Sasuke. No me molesté en llamar. Aparco tan cerca de la puerta principal como puedo y ruedo mi maleta por las escaleras. Tengo el código para entrar, pero imagino que es más impactante si toco el timbre.
Abre la puerta vistiendo sólo un par de pantalones cortos de baloncesto. Es bueno en casi todos los deportes que incluyen balones o discos.
Mira hacia mi maleta. —Hola. ¿Olvidaste el código?
—Mis manos se encontraban llenas. Algo está mal con el aire acondicionado en mi departamento —digo a modo de explicación.
La emoción en sus ojos se atenúa, pero toma mi maleta igual. —Oh. ¿Así que quieres quedarte aquí por un par de días más?
—En realidad, no llamé al casero al respecto.
—Tendrá que hacer algo, Sakura. No puedes estar sin aire en el piso veinte.
—Ese es el asunto —digo mientras lo sigo dentro de la casa—. No creo que quiera quedarme allí durante el verano.
Se gira, con los ojos muy abiertos del tipo asociado con sorpresa y esperanza. —¿Vas a mudarte conmigo?
Asiento, y su sonrisa ilumina mi mundo.
—Me encanta estar aquí.
—¿Sí? —Aún sonríe mientras me jala para un beso.
—Por supuesto. —Su amor es el mejor regalo, llena mi corazón, da vida a un futuro que no puedo esperar a empezar a vivir—. Mi cosa favorita en el mundo se encuentra aquí.
—¿Yo?
—Tú.
