C. 27

Se queda helado en el sitio.

¿Potter es su jefe?

¿Granger es su jefa?

Imposible, esos dos idiotas no serían capaces de hacer matar una mosca.

"Hola, estaba buscando al jefe de mi departamento."

Granger y Potter se miran.

"No está hoy" dice él.

"No, respalda Granger, ha tenido que salir."

Draco siente que hay algo raro en la actitud de estos dos pero no será él quien cuestione sus respuestas.

"¿Qué necesitas?" Pregunta Granger con amabilidad.

"Quiero saber dónde tengo que llevar estas muestras que me dieron arriba."

"Déjalas aquí, tu jefe se encargará de archivarlas cuando llegue" dice Potter señalando el escritorio.

Pero a Draco le resulta extraño que esos dos estén hurgando en el escritorio de su jefe. Tambien le parece extraña esa niebla que les cubre los pies de manera lenta. Sabe perfectamente que es un hechizo preparado para dejar fuera de combate al que intente cualquier cosa fuera de lugar. También sabe que ese hechizo solo responde a su creador, es decir, a su jefe. Si no está no debería hacerle nada. Se acerca a ellos y sube el par de escalones. Pero por culpa de la maldita niebla calcula mal y tropieza.

Consigue sujetar las mayoría de las muestras, pero un par de ellas salen volando y se rompen sobre el escritorio. El contenido de los viales se libera y se combinan para después tirarse al cuello de la Ministra.

"¡Draco, atrás!" Grita Harry cuando ve eso. Apunta a Hermione con la varita mientras ella parece luchar por respirar. Draco quiere alejarse pero la niebla se ha vuelto morada y le sujeta los pies. Las paredes de las puertas comienzan a girar con un estruendo. La puerta del despacho se abre de golpe y ve al pelirrojo entrar por ella, asustado.

"¡Hermione!" Grita intentando correr hacia ella pero la niebla también le atrapa. "¡¿Qué le has hecho, maldito hurón?!" Grita con desesperación.

Harry lucha con la maldición que trata de ahogar a la Ministra.

"¡Draco! ¡Prepárate para atraparla de nuevo!" Ordena Harry. El eco de su voz resuena por toda la sala.

Eso sabe hacerlo. Deja el resto de muestras en el suelo, saca la varita y apunta hacia los viales, los atrae y luego apunta a la chica.

"¡Adelante!" Le grita a Harry.

Él consigue extraer la maldición de su garganta y la lanza por los aires. Draco la reduce y la mete directamente en el tubo de cristal, que se calienta rápidamente. Lo sella y lo coloca con las demás muestras. La niebla vuelve a perder el color y le suelta los pies. Recoge su bandeja del suelo y siente pasar por su lado como una exhalación al pelirrojo.

De pronto se vuelve consciente de lo que acaba de ocurrir y la culpa cae como una losa sobre él. Solo quiere salir de allí.

Se acerca a la mesa negra, deja las muestras y ve que Harry le está mirando. No le gusta esa mirada pero por su culpa ha estado a punto de morir la mismísima Ministra. Si quisieran podrían despedirle ahora mismo, e incluso acusarle de intento de asesinato.

"Lo siento…" Dice apartando la mirada de su marido.

La culpabilidad le retuerce el estómago, el miedo a ser despedido pesa sobre sus hombros. Ha fracasado estrepitosamente en su primera semana por no saber levantar los pies como es debido.

Grande, Malfoy.