Disclaimer: Algunos personajes de la historia no me pertenecen, son propiedad del Mundo de Harry Potter y su creadora, J.K. Rowling, los de más, son de mi creatividad, incluyendo la trama.

T/H, AU, y OoC

1.-

Entré al restaurante respirando para tranquilizarme mientras me ponía el delantar y comenzaba a recibir ordenes de qué se debía hacer.

Debo decir que tuve mucha suerte (pese a la mentira que le había dicho a mi madre), pero me tocó hacer que se volviera verdad, ya que ella no paraba de hablar de otra cosa cada vez que regresaba a casa del trabajo, diciéndome una cantidades de cosas que tenían que ver con la responsabilidad y que, para conservar el empleo, ya que era un privilegio tenerlo, se debía ser lo más obediente que se pudiera.

Yo no decía nada y me quedaba callada, pensado en ver cómo hacía para conseguir trabajo y que, sumisa podía ser, si era bajo mi conveniencia, pero si era por unos centavos que no me iban a alcanzar para nada más que para ayudarla a ella con el arriendo y la comida, no me apetecía bajar la cabeza ante una orden.

Sin ambargo, al día siguiente de la conversación con mi madre, le hablé a Jhoana como si no me hubiera molestado con ella por lo que me dijo, y ella no insistió en ello porque le convenía.

—¿Estás loca? ¿Por qué le dijiste eso? —dijo ella, pero continuó para mitigar el hecho de que otra vez me estaba llamando demente—. Digo, es que sabes muy bien que yo no tengo hermanos.

—Pero ella no —dije, con cansancio, refiriéndome a mi mamá—. Y te estoy contando para que me ayudes a conseguir algo. Quizá se me ocurrió la idea porque por tu casa queda uno. Solo te pido que vayas hoy y averigües si están buscando empleados, si es así, avísame por un mensaje y faltaré mañana para solicitar una entrevista.

—Está bien —dijo Jhoana y yo asentí—. Hoy tampoco está Ronald. —agregó, mirando hacia el pupitre vacío de él, el cual ni yo misma había notado esto, preocupada por mis problemas—. Cuando terminé iré para su casa a ver qué pasó, sabes que me queda en la vía.

Yo junté las cejas.

—¿Estás segura? —pregunté, extrañada por el gesto.

—Claro. Él y yo no nos llevamos bien... Bueno, más bien él es quien me tiene manía —se corrigió—, pero no le guardo ningún rencor por esto, porque respeto las opiniones de todos. Solo me defiendo, con comentarios insicivos, porque tampoco soy un objeto inanimado que no puede devolver el golpe y, aún así, se han documentado casos en donde la pera de boxeo lo hace a veces... —meditó—. Quizá, él está apenado por lo que pasó, tal vez hasta confundido, no entendiendo porque reaccionó así con mi comentario... Debe creer que le gustan los hombres. —se llevó la mano al mentón y pensó un poco más—. Solo iré a explicarle que la reacción de su cerebro es independiente de la decisión de en qué plato decide él comer. —concluyó.

Yo no estaba muy convencida de que debiera ir porque temía que Ronald se tomara mal la visita de mi amiga y terminara haciéndole algo peor que insultarla. Y yo no podía acompañarla para evitarlo, ya que debía de estar de regreso en la casa para hacer la cena y no había pedido permiso para ausentarme, algo que tenía que hacer con anticipación para que mi mamá pudiera arreglárselas.

—Vale. Pero ten cuidado. —le dije y Jhoana rodó los ojos.

—Tranquila, no pasará nada. —aseguró y, después, continuamos poniendo atención a la clase.

2.-

Era más que evidente que sí estaban buscando una mesera..., el problema había sido que, si quería el empleo, debía comenzar al día siguiente si no lo perdería porque no iba a rechazar a otro que lo solocitara, en tanto terminaban las clases.

El otro problema fue que la mentira que le dije a mi madre, había sido muy específica, así que también tuve que resolver esto, haciendo como si iba a la prepa cuando en realidad iba a mi nuevo empleo. No pasaba nada porque no era mal estudiante. Con las notas que había estado acumulando durante todo el resto del año, bastaba para no perderlo y, para que no llamaran a mamá por mi ausencia, me tocó falsificar su firma, en una carta donde informaba que ella se había enfermado y debía quedarme en casa con ella durante ese tiempo porque no podía ni levantarse de la cama.

Así que todo había salido bien. Pero iba a extrañar a Jhoana y, curiosamente, estaba comenzando también a extrañar el aula de clases. Sólo esperaba que mi amiga viniera de vez en cuando a visitarme para que habláramos un poco y me contara como le iba ahora que yo no estaba con ella. Además de que quería saber si por fin había hablado con Ronald, ya que no me dijo nada anoche, y yo tampoco le pregunté, una, porque la cabeza no me dio ni si quiera para repasar el último capítulo de Hipérbola (Algo que acostumbrada hacer para aguantar la espera), por estar nerviosa y ansiosa por no cagarla en el trabajo.

—Hermione, pon atención —dijo... ¿Ruperto? Miré su gafete, era Roberto; el otro mesero, que seguía explicándome mientras yo estaba distraída en mis pensamientos—. Y... No te comas las uñas —agregó, medio avergonzado por decirme esto último. Yo retiré mi mano de la boca y él se rascó la cabeza—. Es que no es bueno que los clientes te vean haciendo eso, y menos, si Domiguez —el dueño del restaurante— te ve haciéndolo. —explicó y yo asentí, sabiendo que tenía razón.

Roberto siguió instruyendome y yo me puse abusada; poniendo en práctica la observación que había aprendido después de leer tantos libros, y esto me ayudó a no estar tan nerviosa, además de que parecía ser muy fácil el trabajo: atender mesas, limpiar y sonreír, algo que ya hacía en casa. Al menos aquí no tenía que cocinar y la sonrisa no tenía que ser fingida.