¡Hola una vez más! Espero hayan tenido un lindo domingo. Aquí les comparto un capítulo más. ¡Bendiciones!

"UNA VISIÓN DE AMOR"

CAPÍTULO XLVIII

"Un golpe maestro, en realidad, Anthony. - ¡Incluso para ti! -" comentaba el inglés recostado en una columna labrada que decoraba la lujosa habitación donde se encontraban en la Mansión Brower. "Con ese mal techo que tienes en el segundo piso, Brower, sin mayor esfuerzo, ¡ZAS! Te quedabas con Hope, y al mismo tiempo te convertías en el Patriarca de los Andley instantáneamente. ¡Dos pájaros de un solo tiro!", comentó, mientras todos eran atendidos por el doctor Miller y la enfermera Mallory en el lugar.

"¡Cállate ya, Terry! ¡¿quieres?!", dijo molesto Archie, harto de escucharlo, con su mano ya vendada, al habérsela lastimado al levantar el peso del inglés esa misma madrugada, durante el accidente sobre el techo de su cuarto en la mansión de su primo.

Anthony simplemente lo ignoraba, mientras su pecosa curaba unas cuantas cortaduras en su brazo, hechas al arrastrarse sobre las vigas rotas, y le colocaba nuevamente el cabestrillo.

"Doctor Miller", se volvió Archie al médico que atendía al patriarca junto con la enfermera en aquel momento - el rubio mayor se había lastimado el hombro y se lo estaban inmovilizando en ese momento, mientras todos los involucrados en el accidente permanecían en una de las habitaciones libres de la Mansión Brower para ser curados -. "Disculpe, doctor," continuó Archie, "¿No podría inyectarle algo para callarlo de una buena vez y que deje de decir estupideces?", inquirió molesto.

"¡Como si fuera eso posible, Cornwell!", rebatió Terry de inmediato - el único miembro ileso del grupo, para molestia de su elegante interlocutor -.

"¿A qué cosa te refieres?, Grandchester", preguntó entonces Archie. "¿A la imposibilidad de callarte? - ¿O a que dejes de decir estupideces? -", le preguntó alzando su ceja también, con una sonrisa mordaz.

Terry hizo como si fuera a ir hacia él, "¡Déjame explicártelo personalmente para que lo entiendas!", le dijo molesto.

"¡BASTA YA ustedes dos!", dijo Anthony finalmente, enérgico. "¡Mi tío está adolorido aún! ¡Respeten ambos, por favor, y quédense quietos!", dijo el joven Brower en regaño.

Tanto Archie como Terry miraron al rubio menor y viéndose luego entre ellos, Archie se volvió a sentar en su sillón, y Terry fue y se sentó también en uno de los otros sillones en la habitación. Ambos se callaron.

William Albert sonrió ante la escena de los dos castaños. El patriarca los veía sentado desde la cama principal de la habitación debido a que, por el esfuerzo de levantar y balancear a Terry en el aire para que Archie y Anthony lo recibieran, se le había dislocado el hombro, y el doctor Miller había tenido que, dolorosamente, volver a encajárselo media hora atrás. Ahora estaba terminando de inmovilizarle el brazo. William se quejó al colocárselo en un cabestrillo.

"Lo siento, Albert", dijo Terry al escucharle quejarse. El valiente patriarca había aguantado el doloroso procedimiento sin gritar.

El doctor Miller pedía a Candy le alcanzara un analgésico de los que había traído para su esposo.

"Sí, doctor Miller, de inmediato", dijo la joven ataviada en su ropa de cama y bata, como estaban ataviados también su esposo y Archie.

"Descuida, Terry." Le dijo William Albert recostado en la cama. "Solo no vuelvas a escalar tan alto.", sonrió.

Candy se aproximó y le ofreció una pastilla al patriarca, ayudándolo ella misma a tomarla con un vaso con agua que le diera la enfermera Mallory, junto a ella.

"Gracias, Candy", le dijo William con una sonrisa tras tomar el analgésico, sosteniendo su otro brazo en el cabestrillo.

"No hay de qué, William. Espero te sientas mejor pronto." Le dijo la pecosa con cariño. "Pero también, por favor, no vuelvan a subir tan alto la próxima vez para conversar", les regañó a los tres, viendo a Terry y a Archie también.

El inglés la vio y asintió un tanto apenado. Archie hizo lo mismo. "Descuida, Candy.", le dijo.

"¡Ouch!", dijo Anthony para distraerla.

"¿Te duele, amor?", preguntó entonces Candy a su esposo al verlo hacer una breve mueca al ajustar su brazo en el cabestrillo, mientras se retiraba el mayordomo de hablarle. "¿No quieres tomar también tú un analgésico?", le ofreció.

"No, amor. Así estoy bien.", le sonrió el rubio menor viendo que había dejado de regañar a los demás. "Gracias por atendernos, cariño, pero creo que sería mejor que te fueras a dormir. Ya es muy tarde y no has descansado nada. Haré que una de las mucamas te acompañe, y yo te alcanzaré en unos minutos", le dijo cariñoso.

Candy asintió, sonriéndole. "Como tú digas, amor". Anthony le sonrió y la besó levemente en los labios en despedida. Candy lo abrazó brevemente, dejándose abrazar por él, reconfortada de saberlo bien y a salvo.

Terry los miraba interactuar desde lejos, sintiéndose intrigado y ligeramente incómodo de verlos tan cariñosos entre sí. - ¿Qué no les había bastado con esa escenita romántica de horas antes, en la habitación de Hope? -, pensó fastidiado.

Inmediatamente Anthony le habló a una de las dos mucamas que recogían los implementos usados por el doctor para que acompañara a Candy y se asegurara de que estuviera bien, hasta que él llegara de vuelta. Candy y él se besaron nuevamente en los labios suavemente y la joven esposa se despidió de los presentes, deseándoles una buena noche.

"Feliz noche, Candy.", dijeron todos en respuesta.

Los ojos verdes de ella se cruzaron brevemente con los ojos azul zafiro del rebelde al pasar junto a él, pero apartando su mirada inmediatamente, salió de la habitación, acompañada de la mucama.

En la Mansión Brower, tras el incidente, todos se habían levantado en la madrugada con el estruendo de la caída del techo. Con pena, Annie Brighton no había podido quedarse con Archie mientras lo atendían, porque su madre había insistido en que no era digno de una dama presentarse ante su prometido en ropa de cama, así que tanto ella como Patty, habían tenido que regresar a sus habitaciones, tras intercambiar solo unas cuantas palabras de explicación con sus prometidos, confirmándoles ellos que estaban bien.

Los padres de las jóvenes Brighton y O'Brien también se habían retirado tras confirmarles el señor Britter de que era seguro volver a sus habitaciones y que los jóvenes Andley estarían bien atendidos por el doctor.

Para no asustar a Candy, Anthony había pedido antes a su tío, Terry y primos, dijeran que él se había lastimado al quitar un madero caído en la habitación de Archie, para que no supiera su pecosa que él había subido al tejado. Los demás comprendieron su preocupación, por el estado de la rubia, y ellos confirmaron, al llegar todos a preguntar qué había pasado, que solo ellos tres estaban arriba a la hora del percance, cuando contaron la historia oficial, aduciendo querer ver la luna con un telescopio de Anthony desde el tejado, que lamentablemente se había vencido - y no la discusión que en realidad había acontecido -. Candy igual se preocupó, sabiendo que esa no podía ser la explicación real, pero justo como pensaba el rubio, al verlo con menos polvo que los demás, tras asearse un poco antes, y solo aduciendo unas cuatas cortaduras en el antebrazo por mover imprudentemente un madero al entrar con Stear a ver el desastre en la habitación de Archie, la joven se mostró más tranquila.

Eran todavía las 3:30 de la mañana y la mayoría de los habitantes de la casa finalmente había regresado ya a sus habitaciones a tratar de conciliar el sueño por lo que quedaba aún de la madrugada. A petición de Candy, sus padres, Robert y Caroline Britter, se habían quedado con la pequeña Hope esa noche, y ella y Anthony estaban ya de vuelta en su habitación tras asegurarse Anthony de que todos ya se habían retirado, habiendo dejado instrucciones a la servidumbre para el día siguiente.

"¿Seguro que estás bien, Anthony?", dijo la pecosa preocupada, ya sentada entre sus almohadones para dormir, como cada noche, por su embarazo.

"Estoy bien, Candy.", le dijo Anthony sentándose de su lado de la cama, y apagando la luz de la lámpara de su lado, entró bajo las cobijas y se acostó, acomodándose en su espacio.

Hubo un breve silencio en la penumbra de la habitación.

"Lamento que escucharas todas las impertinencias que dijo Terry esta noche", le dijo la rubia. "Él no acostumbra a quedarse callado cuando no le parece algo o cuando está nervioso", comentó Candy, recordando todo lo que alegó el inglés mientras atendían a los demás.

Anthony rió suavemente. "Descuida, pecosa. Creo que tienes razón, pienso que estaba nervioso y por eso no podía callarse. Pero no te preocupes, hasta me estoy acostumbrando ya a ignorar sus comentarios impertinentes." Le dijo, recostado a su lado, tomando su mano en la oscuridad, para sentirla más cerca de él. "Mira que tuvo la suerte de que Archie y mi tío lo salvaran hoy de esa caída", le dijo. "Eso ha de significar algo. Les ha de caer bien de alguna forma para que se hayan tomado la molestia y el riesgo de ayudarlo", sonrió a su pecosa, aunque no le podía ver con claridad.

Ella rió divertida de escucharlo. "Es verdad. ¡Qué salvada la que tuvieron todos! Gracias a Dios.", dijo.

"Ya callado, no cae tan mal", admitió el rubio.

Candy rió. "Es que Terry, después de conocerlo por un tiempo, se convierte en un gusto adquirido, mi amor", le dijo la rubia, sorprendiéndolo. Ambos rieron en la oscuridad por su ocurrencia.

"Pues qué bueno que no te impresionó más de la cuenta a ti, en su oportunidad, cuando lo conociste en Londres, amor", le dijo Anthony, confiado, llevando la mano de su esposa a sus labios y besándola cariñoso, en la oscuridad.

Candy sonrió. "Me impresionó su tristeza cuando lo conocí, es verdad, pero mi corazón estaba ya destinado solo para ti, mi príncipe", le dijo segura.

"Y mi corazón era tuyo ya, pecosa, aún sin conocerte.", le dijo su esposo de vuelta, sonriente. "Aunque no me creas", le dijo.

Ahora fue Candy quien haló la mano de su esposo en la oscuridad hasta sus labios y la besó, como lo hiciera él con la suya, pocos momentos atrás. "Te creo", le dijo feliz.

"¡Candy…!" rió el rubio por su ocurrencia de besar su mano así. Candy rió de vuelta divertida.

"Es que no me puedo agachar para besarte en los labios.", protestó.

"Eso se puede arreglar, pecosa.", le dijo el rubio animado y encendiendo su lámpara otra vez, se incorporó y acercándose a su querido rostro, le sonrió.

"Como te decía," continuó Anthony, "ya te amaba yo sin verte, pecosa.", le dijo. "Aunque no me creas", repitió.

Candy con una sonrisa, alcanzó con su mano su apuesto rostro y tras acariciarlo, le dijo, "Te creo." y fácilmente se acercó a sus labios, besándolo con emoción.

Ambos sonrieron enamorados al sentirse. Había sido un día tan difícil para ellos, pero en el silencio de su habitación, eran momentos como este los que los hacían recobrar su alegría, su entusiasmo y su fe en el futuro, al sentirse nuevamente amados y unidos como pareja.

La ternura y el sentimiento de ambos, poco a poco se fue convirtiendo irrevocablemente en pasión y caricias atrevidas de parte de ambos. Y en pocos minutos, envueltos en la magia y el frenesí de sus besos, Anthony creyó perder el control por completo al buscar un contacto más serio con su pecosa, pero de pronto el raciocinio volvió a su consciencia, separándose de su abrazo de inmediato, mirándola con una respiración acelerada y con un corazón agitado, a su pesar.

Candy lo miró con igual agitación y tremor en su cuerpo. Lo necesitaba tanto, pero estaban en período de abstinencia, por la creencia de la época, y debían respetarlo. Apenas si podía recordarlo cuando él la besaba.

Con un suspiro, Anthony se le acercó y la besó suavemente en los labios, y luego juntó su frente con la suya, cerrando ambos sus ojos, resignados, mientras sus respiraciones se normalizaban.

"Será mejor que durmamos.", dijo Anthony finalmente. Y ayudándola a ponerse cómoda otra vez, los cubrió a ambos con las sábanas y apagó su luz nuevamente.

Hubo un silencio tenso por unos momentos en la habitación de los Brower, antes de que Anthony, inquieto, decidiera levantarse nuevamente, y envuelto en la penumbra de la noche, caminara descalzo hacia el otro extremo de la habitación.

"Amor", dijo Candy suavemente, "¿a dónde vas?", le dijo somnolienta.

"A tomar un baño", le dijo. "Olvidé que me cayó todo ese polvo cuando revisamos la habitación de Archie. No te preocupes, duérmete, amor.", le dijo.

Candy asintió en la oscuridad. "Buenas noches, amor.", le dijo.

"Buenas noches, Candy", le dijo el rubio, antes de entrar al cuarto de baño y cerrar la puerta tras de sí.

La pecosa se acomodó nuevamente, y recordando que ya hacía varios meses que su esposo había adquirido la extraña costumbre de bañarse de madrugada sin motivo, sin preocuparse mucho por eso, vencida por el cansancio, finalmente se durmió.

Anthony la observaba en silencio, tras su ducha, con el cabello todavía húmedo, una hora después. Estaba completamente dormida. Se alegró por su pecosa porque ella casi no dormía últimamente. Y ya sintiéndose más relajado tras liberar su tensión, viendo la claridad del alba vislumbrarse tras las cortinas del ventanal, finalmente el joven Brower entró bajo las cobijas de su lecho matrimonial y recostándose, buscó descansar un poco antes de enfrentar lo que el amanecer traería para él y para su pequeña familia.

Toda la rutina se había trastornado un poco por lo ocurrido la noche anterior, y la actividad en la Casa Brower comenzaba más tarde de lo acostumbrado esa mañana.

Los que despertaban, conforme iban llegando al comedor, iban siendo atendidos por la amable servidumbre. William notó que Terry solo entró para que le sirvieran una taza de café y tras tomar un muffin de arándano de la mesa, deseándole buenos días a todos, salió del lugar otra vez.

William Albert terminó tranquilo su desayuno - despacio, por contar con solo un brazo libre al estar usando cabestrillo -, y al terminar, se disculpó con los presentes y también se retiró.

Tal como lo había supuesto, encontró a Terry, con expresión pensativa, desayunando solo en una de las bancas de los jardines de la propiedad.

William se sentó junto a él. "Bueno," dijo, "al menos esta vez estás en un lugar accesible."

Terry se volvió a verlo. "Demasiado accesible, si me lo preguntas", comentó el inglés fingiendo molestia. Su ayuda para salvarlo la noche anterior había bajado su antagonismo hacia él.

William sonrió mirándole, y el inglés viéndole también, sonrió terminando de beber su café.

"Con que al fin tomas café, ¿eh?", le dijo divertido William, ya que antes siempre lo criticaba porque despreciaba el preciado té inglés.

"No te des demasiado crédito, americano", le dijo. "En el teatro donde trabajo es lo único que ponen para los recesos de los ensayos que es gratis."

William rió por su comentario.

"Un día que llegues a visitarme a Nueva York, te mostraré lo que es un verdadero té inglés."

"Hecho", acordó William.

Silencio.

"Y… ¿qué planes tienes ahora, Terry?", inquirió el patriarca curioso.

"¿Qué si ya me voy, preguntas?", le dijo el joven con seriedad.

"Sabes que no es a lo que me refiero", le dijo William Albert.

"Pues si quieres saber, creo que me marcharé."

"¿Te vas?", preguntó sorprendido William Albert.

"Así es.", dijo el serio actor inglés, tomando otro sorbo de su café.

Silencio.

"Está bien.", dijo William. "Talvez sea lo mejor.", reflexionó.

"No creas que estoy olvidando a Hope, porque no es así.", le aseguró, mirándole con seguridad. "Pero puedo ver bien ahora que no conseguiré nada peleando así con tu familia."

"¿Regresarás a Nueva York entonces?", William Albert preguntó.

"Sí. Además, como te lo dije antes, tengo que conseguir un abogado.", le dijo.

"Estás en tu derecho."

Terry se volvió y le sonrió, "¿Qué? ¿No intentarás convencerme de no hacerlo?"

William lo miró con seriedad. "¿En verdad quieres recuperar a Susana y al bebé?"

Terry se extrañó. "¿Por qué hablas así de Susana?, ella falleció.", le dijo molesto.

"Solo la de Lakewood.", le respondió. "Pero si nos equivocamos y está viva…"

"Si ella está viva, Albert, cuando la encuentre será un asunto privado entre ella y yo", le dijo con convicción.

"Como quieras.", dijo William, no queriendo entrar en otra discusión con él. William tocó su brazo lastimado, sintiendo un poco de incomodidad con el cabestrillo.

"En verdad lamento lo sucedido en el techo ayer", le dijo el actor entonces. "Y te agradezco que me hayas ayudado."

"Anthony, más que todo, y Archie fueron quienes te salvaron. Nos salvaron.", recalcó.

"Cierto. Pero te dejo que hagas extensiva mi gratitud hacia ellos cuando ya me haya marchado", dijo sonriendo.

William sacudió su cabeza con una sonrisa.

"Aunque debes admitir que, esta vez, no fue enteramente mi culpa.", dijo también.

"Esta vez… En esta ocasión… no.", le dijo Albert de acuerdo con él. "Pero igual, por si acaso, te advierto que no intentes lo mismo en la otra mansión. Es una casa antigua, y no he revisado los techos en los últimos cuatro años. No me dejaré demandar por ti, si te caes, te advierto", le dijo, alzando su ceja, con una sonrisa.

"Y tu sobrino ¿sí?", preguntó el castaño interesado. "Porque, de ser así, de allí podría sacar yo el dinero que necesito para pagarle a mi abogado."

"¡Terry!", se enfadó el patriarca de sugerir semejante cosa.

El joven Grandchester se carcajeó al ver la molestia del rubio. "Descuida, Albert." Le aseguró. "Solo llegaré a tomar mi equipaje a tu casa y me iré. Sin demandas a tu sobrino - por ahora, al menos. -", le dijo, más serio.

"Sabes que no tienes que irte tan intempestivamente", le dijo, obviando su comentario final.

"Candy…", comenzó el inglés entonces, "se ve muy feliz con él.", le dijo, mirando hacia la gran y elegante casa, al fondo en los jardines.

William Albert se sorprendió por su comentario, y vio hacia la casa también. Algunas personas ya se veían trabajando en el techo de la mansión, donde estaba el daño.

"Anthony la ama mucho, es verdad, y ella a él", dijo Albert. "Son muy unidos, y son unos padres maravillosos con Hope", agregó.

"Eso vi.", dijo Terry sin mostrar tensión al reconocerlo. "Sabes, Albert…", continuó el castaño, "no sé si en algún punto yo habría podido darle a Candy lo que veo que ella tiene aquí. Apuesto que sus padres me habrían odiado muchísimo por mis giras y ensayos a altas horas de la noche, dejándola sola – más aún de lo que ya lo hacen hoy, creo -," dijo divertido, recordando sus fijas miradas en el comedor, al verlo entrar para el desayuno esa mañana.

William rió suave, habiéndolo notado también.

"Por más que parezca cursi que yo lo diga," continuó el inglés en su reflexión, "debo admitir que ambos tienen un buen hogar aquí", dijo. "Bueno, obviando el detalle del pésimo estado de los techos de su casa, claro.", agregó.

William Albert sonrió, pero guardó silencio, asintiendo.

Una mucama salió en ese momento de la mansión, y ubicándolos desde lejos a los dos sentados, se aproximó a ellos por una de las veredas bien cuidadas del jardín.

William esperaba que se dirigiera a él al llegar, pero la joven los sorprendió a los dos.

"Señor Grandchester", le dijo la joven tras hacer una leve reverencia, "La señora Brower solicita unos minutos de su tiempo para hablar con usted."

Ambos se sorprendieron de escucharlo.

"¿En serio?", dijo el joven actor, no creyendo lo escuchado.

"Si fuera tan gentil de acompañarme, por favor", le dijo la joven mucama.

Terry se volvió a William Albert para ver si él sabía de qué se trataba. El patriarca leyó su pregunta en su mirada, y negó con la cabeza. "No sé nada al respecto.", le dijo sincero.

"Bien", dijo entonces, poniéndose de pie. "Te veré después entonces. Solo no te vayas sin mí, ¿quieres?" Le dijo.

William sonrió, "Descuida.", le respondió de vuelta el patriarca, y luego vio como el alto inglés seguía a la joven mucama de vuelta hacia la casa principal.

La mucama lo guió por la casa y finalmente se detuvo, tocando en una puerta en el primer nivel, en el otro extremo de la mansión.

"Adelante." Se escuchó la voz conocida de la pecosa desde dentro.

La mucama abrió la puerta e hizo una breve reverencia, "El señor Grandchester, señora", le dijo.

"Gracias, Margaret. Puedes retirarte.", le dijo gentil la rubia.

Y haciendo otra reverencia, la mucama se retiró.

Terry, quedándose solo en el pasillo, entró entonces en el salón, sorprendiéndose de encontrar a la joven rubia, sola, de pie en medio del recinto, esperándolo.

Terry lo consideró un momento, y preguntó. "¿Quieres que deje la puerta abierta?", preguntó.

Candy sonrió, "No es necesario, Terry. Puedes cerrar." Le dijo.

Extrañado, Terry cerró la puerta de aquella sala veraniega tras él, mirando a todas partes, con desconfianza.

"¿Y tu esposo?", preguntó entonces, mirándola a ella ir a uno de los sillones en el salón.

"Toma asiento, por favor.", le dijo cortés. Terry se aproximó y tomó asiento - solo porque se lo pedía, ya que él hubiese preferido permanecer de pie -. Ella se sentó también en una silla alta labrada, muy ornamentada, frente al sillón a donde le había convidado a sentarse.

"¿Y Anthony?", volvió a preguntar Terry.

"Vendrá en unos momentos.", le dijo la rubia. "Quería tener unos momentos antes a solas contigo, para que hablemos."

"No creo que sea muy del agrado de tu posesivo esposo que estemos tú y yo solos conversando.", le dijo medio en broma, medio en serio.

"Anthony no es posesivo, Terry.", frunció el ceño la joven premamá, pero sin enfadarse. "Se preocupa por nosotros, eso es todo.", dijo apoyando su mano en su pancita. "Pero no te preocupes. Él lo sabe, yo le pedí estos minutos a solas para hablar contigo", le dijo.

"¡Wow! ¡Qué generoso de su parte concedértelos!", le dijo, sintiéndose molesto.

"Terry, por favor…", rogó la joven.

"Está bien, está bien…", dijo entonces, alzando sus manos en disculpa. "Perdón. ¿De qué quieres que hablemos?"

"De Hope.", le dijo Candy.

Incluso ahora, con su protuberante pancita y sus zapatos bajos en aquel vestido color crema de premamá, y su cabello semi suelto, la pecosa le parecía totalmente adorable, con esa expresión de seriedad.

"Mi hija", le aclaró Terry.

"Mi hija", le recalcó Candy.

Ambos guardaron silencio.

"Está bien. Nuestra hija.", concedió el castaño. Ojalá fuera tal como sonaba, pensó él sin querer.

"Terry… comprendo perfectamente tu deseo de conocer el paradero de tu posible hijo…"

"Lo conozco bien. Está aquí.", le dijo seguro.

Candy lo vio con seriedad. "Y si fuera así, Terry", le dijo entonces, "¿Qué harías?"

Terry se le quedó viendo, sin contestar.

"Yo la amo…" le dijo la rubia con sentimiento al ver que no le respondía. "Pero… estaría dispuesta a dejarla ir", le dijo entonces llenándose sus bellos ojos de lágrimas, "si supiera que tú la vas a cuidar y a hacerla feliz.", le dijo sorprendiéndolo de pronto.

"Candy…", dijo Terry, viéndola ahora sin aliento.

"Te conozco, Terry.", le dijo la pecosa. "Eres una buena persona - aunque a veces seas un poco cabeza dura -", sonrió levemente la pecosa al decírselo. "Sé cuánto anhelas el hogar que por diferentes circunstancias talvez no pudiste disfrutar en tu niñez. Pero también sé que tu vida ahora ha cambiado. Que tu carrera en el teatro es lo más importante para ti y que te ha absorbido por completo. Estás aquí solo porque estás de descanso entre temporadas, ¿verdad?", preguntó.

El castaño guardó silencio otra vez.

"Terry…"

El inglés asintió finalmente. "Así es.", respondió. "Pero sin importar lo que parezca," continuó, "el teatro no es lo más importante en mi vida, Candy.", le dijo. "De hecho, nunca lo fue. Siempre hubo algo en mi vida que siempre me importó más", le dijo, viéndola significativamente.

Candy le sostuvo la mirada igual, sabiendo a lo que se refería, luego bajó su mirada.

"Pues nunca me lo pareció", le dijo suavemente, hablando del tema por primera vez con él desde su adolescencia. "Siempre actuaste como si cumplir tu sueño de ser actor y seguir los pasos de tu madre, fuera lo más importante para ti."

"Te equivocas…"

"De hecho, cuando nos separamos en Escocia - tras aceptar tú la invitación de ella para visitarla en Broadway -, te marchaste del San Pablo al nomás regresar a Londres, sin despedirte de nadie…", le dijo sin reproche, viéndole nuevamente.

"¡Candy!", se desesperó el castaño, levantándose e hincándose frente a ella, alcanzando con su mano para tomar la de ella. "¡Lo siento!", le dijo sincero. "¡Era un tonto entonces, mi tarzán pecoso, perdóname!" suplicó. "Lo que sucede es que no quería que mi padre me detuviera, si se enteraba. ¡Y como tú me habías rechazado aquella vez…! ¡Perdóname!", le dijo él.

"Eso ya no importa, Terry.", le dijo la rubia, apartando su mano de entre la suya discretamente, un tanto afectada, a su pesar. Luego, recomponiéndose, ella le sonrió. "Nuestros caminos nunca han sido los mismos, Terry", le dijo. "Al menos, no, hasta hoy.", admitió, con una expresión más sombría.

Terry se le quedó viendo y luego se puso de pie.

Viéndolo hacia arriba, ella continuó. "Y por eso, quiero pedirte que seas sincero contigo mismo y conmigo hoy, Terry. Por el bien de Hope." Le dijo. "De resultar ser ciertas las sospechas de William, y ella fuera tu hija - ¿la convertirías en la prioridad en tu vida ahora? -." Le preguntó la pecosa, dejando la pregunta en el aire.

Terry la miró en total silencio.

"Porque ella se lo merece, Terry", agregó la rubia. Su expresión, una de total convicción. "¡Ella es tan pequeñita!", le dijo sonriente entonces. "Y le gusta tanto que la carguen y que le platiquen.", le dijo, con sus ojos verdes cargados de amor, como jamás los había visto brillar ante él. "Hope merece un buen padre, Terry. Y con el tiempo, una buena madre también. Una que la quiera, sin importarle que no sea suya", le dijo, sin poder evitar sentir que se le partía el corazón de solo pensarlo, derramando una lágrima y un sollozo involuntario. "Perdón.", dijo, limpiando una lágrima con un pequeño pañuelo que sacaba del bolsillo de su vestido. Se recompuso. "En concreto, eso era lo que quería decirte", concluyó.

Terry se le quedó viendo unos momentos más, y suspirando, caminó al ventanal tras ella, mirando hacia los jardines, con expresión sombría.

"No tienes que contestarme ahora.", dijo la joven, sabiéndolo de pie tras ella. "Solo… quería que lo supieras.", le dijo, retirando sus lágrimas delicadamente.

Silencio.

De pronto alguien tocó a la puerta, y Candy habló otra vez. "Adelante.", dijo, poniéndose de pie y guardando su pañuelo.

Terry se volvió y al abrirse la puerta, vio a Anthony entrar con la carriola de Hope, y deteniéndose junto a su esposa, le miró con seriedad.

"Terry.", le dijo Anthony a modo de saludo.

"Anthony.", respondió el castaño, con igual seriedad.

Entonces él estaba de acuerdo con lo dicho por Candy. Le sorprendía ver hasta dónde estaba dispuesto él a llegar por amor a su esposa.

"Ahora,", dijo Candy entonces poniéndose más contenta. "Anthony y yo creemos que es justo que conozcas a Hope", le dijo la rubia, agachándose sobre la carriola para tomarla.

Un sereno Anthony miraba la escena, con expresión distante. Candy levantó a la bebé con familiaridad y luego, volviéndose, le pidió a Terry que se aproximara.

Sorprendido el actor, obedeció, y al hacerlo y llegar junto a la joven pareja, el joven Grandchester se maravilló de la belleza de la pequeña en los brazos de la rubia. El cabello rubio lacio y los grandes ojos azules de la pequeña, le impresionaron. Sin saber cómo, Candy ya la había colocado hábilmente en sus inexpertos brazos.

"Terry…" le dijo entonces, "te presentamos a nuestra querida Hope", dijo Candy, con sentimientos encontrados, pero sonriendo. Y al bajar la vista el castaño a la bebé, y contemplarla por primera vez tan cerca de él, tan viva y tan real en sus brazos, mirándole de vuelta con sus pequeños ojos azulados, su sorprendida mente se perdió de pronto en un mundo desconocido hasta entonces para él.

Candy, junto al maravillado actor, dio un paso atrás, dándole su espacio con la pequeña, y se acercó entonces a Anthony, quien comprensivo, la recibió protector - besando su dorada coronilla al abrazarla -, sosteniéndola y protegiéndola del dolor entre sus brazos, como solo él lo podía hacer.

Continuará…

¡Gracias por leer!

Gracias por comentar queridas Sharick, Anguie, Mayely león y Julie-Andley-00.

El sistema volvió a fallar y ya no registra vistas ni visitas en mis historias. Comprendo que los comentarios no son del gusto de muchas, pero uno que otro comentario saludando de vez en cuando me ayudará a saber que aún están por allí.

Gracias por su apoyo al leer en silencio de todas formas.

¡Bendiciones a cada una!

lemh2001

14 de abril de 2024.

P.D. Se publicará la continuación el miércoles 17 de abril. ¡Hgs!