Capítulo 8. La Oruga Azul I.

La vida en el hospital continuó con normalidad tras lo acontecido en las últimas semanas. En la sala de reuniones estaban reunidos el Profesor Li, Sakura, un médico residente llamado Tanaka, un paciente y su esposa.

–Doctor, ¿cómo han salido los resultados? –preguntó el paciente.

–Pues..., –comenzó a decir el médico, que aborrecía dar malas noticias. El Profesor Li se miró el reloj de pulsera impacientándose.

–Tanaka. –le apremió el Profesor Li. Pero ante la indecisión de Tanaka, decidió continuar él. –Tiene cáncer de hígado.

–¿Qué? –dijo el paciente, que no sabía si había escuchado bien.

–Cáncer de hígado. –repitió el Profesor Li sin delicadeza alguna. –Y se ha extendido hacia los pulmones.

–Entonces, hagan algo. ¿No lo pueden operar? –preguntó la mujer.

–La cirugía no tiene sentido en esta fase. –dijo Hien.

Ante la fría respuesta de Hien, la mujer se llevó la mano a la boca intentando contener el llanto, pero le fue imposible.

–No llores. –intentó tranquilizarla su marido. –Todo irá bien.

–¿Hay algo que quieran saber? –preguntó Hien. –Puede irse a casa a descansar o a un hospital para enfermos terminales.

–Espere un momento. –dijo el paciente, que no había tenido tiempo para asumir la gravedad de su enfermedad.

–Los cuidados paliativos están fuera del alcance de nuestra especialidad. –dijo Hien.

–¿Van a abandonarme?

–Este es un lugar para tratar pacientes que tienen posibilidad de cura, para los que no, existen los hospicios. –dijo Li.

Aunque Sakura se mantuvo en silencio e impasible, no podía creer la frialdad y la poca delicadeza que Hien tenía con sus pacientes. Era como un témpano de hielo. Además, su humor pareció agravarse desde que Eriol diera aquella rueda de prensa.

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–A pesar de ser un hombre callado y de los rumores ocasionados por el alboroto generado por Eriol Hiragizawa, el Profesor Li ha mantenido una postura inamovible y se ha convertido en un líder de opinión dentro del Departamento de Cirugía Digestiva y del Hospital Universitario de Tomoeda. Su templanza y su gran experiencia le han valido para convertirse en el Presidente del Comité de Dirección del Hospital Universitario de Tomoeda. –leía un periodista, que sostenía una revista médica.

Gracias a ese ascenso, el exterior del despacho del Profesor Li estaba lleno de periodistas, que iban entrando uno a uno para sus entrevistas. Cuando fue su turno, Yue entró al despacho.

–Enhorabuena por el ascenso. –felicitó Yue.

–¿Estás satisfecho ahora que has vendido a Eriol? –preguntó Li obviando la felicitación.

–Eso fue por lo que dijo en la conferencia de prensa. No podía creer que dijera todo aquello. Gracias a él, me acusan de haber escrito un artículo con noticias falsas por algo que ocurrió hace quince años. –dijo Yue sentándose frente a Hien.

–¿Cuál es el verdadero motivo por el que has venido? –preguntó Hien, sabiendo que no era por su ascenso.

–La cuestión es, que antes de que ocurriera todo aquello, Eriol me contó algo perturbador sobre Fujitaka Kinomoto. Me dijo que su muerte fue provocada por una negligencia médica. –mintió Yue, que le lanzó un órdago para ver la reacción de Hien. –¿Es eso cierto?

El Profesor Li sólo mantuvo la mirada sin decir nada ni mover ni un músculo.

–Intuyo que sabes algo. –insistió Yue.

–Y si supiera, ¿tienes alguna prueba? –preguntó Hien manteniendo el duelo de miradas. –Si no tienes pruebas, la verdad no existe.

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Yue y Sakura cenaban en el restaurante de Kero para hablar de las novedades. Esta vez no estaban en la barra, sino en una mesa más alejada donde pudieran hablar con más tranquilidad sin las interrupciones de Kero.

–Estoy seguro de que el Profesor Li sabe algo. –dijo Yue. –Hace quince años Li hizo que sus subordinados utilizaran tecnología nueva a sabiendas de los peligros. Para tener éxito en la cirugía de la que todo el mundo hablaba y apuntarse el tanto, eligió a la Dra. Madoushi y al Dr. Terada. Pero con el nuevo procedimiento la operación se complicó y fracasaron. Y Li ordenó que se ocultara la negligencia. Y lo que es más, para eludirte a ti y a la opinión pública señaló a Fujitaka como un delincuente. Hien Li es el cerebro detrás de todo el caso y que acabó con la vida de tu padre.

Mientras Yue le exponía sus suposiciones, Sakura se movía incómoda en la silla por todo lo que estaba escuchando.

–Aquí tenéis. –dijo Chiharu llevándoles un plato.

–No hemos pedido nada. –dijo Yue. Chicharu señaló a la barra, donde Kero los saludó, haciéndoles saber que aquel plato era cortesía de la casa.

–Probadlo. –dijo Kero.

–Gracias. –dijo Yue. Cuando Chiharu se marchó, Yue continuó hablando. –Comprobaré si hay alguien entre los empleados que pudiera saber algo sobre lo que ocurrió hace quince años. ¿Qué vas a hacer tú?

–Le sacaré información al hijo de Li. –dijo Sakura.

–Oye Kero, ¿desde cuándo esos dos son amigos? –preguntó Chiharu en la barra en voz baja para no ser escuchada. Kero estaba muy contento de que por fin Sakura hablara con alguien.

–Qué bonita es la juventud, ¿verdad? –dijo Kero respondiendo algo que no tenía nada que ver con lo que preguntó su camarera.

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Al día siguiente, el hospital se llenó de comerciales de farmacéuticas intentando colocar sus productos. En cuanto vieron al Profesor Li se pegaron a él como lapas intentando que el prestigiado médico les hiciera algo de caso.

–Profesor Li, soy de la Farmacéutica Okita. ¿Podría dedicarme un poco de su tiempo? –preguntó el comercial.

–¿Puede dedicarme cinco minutos? –preguntó otro.

Pero Li hacía caso omiso de los comerciales, hasta que una mujer llamada Maki Matsumoto se colocó a su lado con una sonrisa de lo más segura, porque sabía que a ella sí que la atendería.

–Profesor, ¿podemos hablar un momento sobre la temporalización del ensayo clínico? –preguntó Maki.

–Por supuesto. –dijo Li mientras entraba a su despacho.

–Lo siento, chicos, pero el Profesor Li tiene una relación de larga duración con la Farmacéutica Tezuka. –dijo Maki orgullosa.

–A saber cuánto dinero han apilado con la Farmacéutica Tezuka. –comentaron los comerciales ignorados.

–Muchas gracias por atenderme, Hien. Estamos muy orgullosos de que hayas accedido a participar en el ensayo clínico. Además, si el ensayo tiene éxito, puede contribuir al progreso de tu investigación. Sería un gran honor que nuestra compañía sirviera como trampolín para las elecciones a director del hospital. –dijo Maki. –Por cierto, he oído que llevas el tratamiento médico del famoso alpinista Koichi Hagiwara.

–¿Tienes oídos en las paredes? –preguntó Li levantándose.

–Por favor, déjalo participar en el ensayo clínico. Sería una gran oportunidad de publicidad tanto para el hospital como para nuestra empresa.

–Eso no hace falta ni que lo digas. –dijo Li.

–Hien, aquí tienes yokan. –dijo Maki regalándole una bolsa con yokan, un postre típico japonés hecho de gelatina. –Hoy he traído tres.

Pero en realidad, la bolsa no sólo contenía el postre típico japonés hecho de gelatina, sino también tres fajos de billetes de diez mil yenes.

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Tras el encuentro de Maki en el despacho de Hien, ésta se dirigió a la sala de juntas donde habían convocado una reunión informativa sobre el ensayo clínico que la farmacéutica Tezuka quería llevar a cabo conjuntamente con el hospital. Mientras un colega realizaba la presentación, Maki comenzó a repartir yokan a los asistentes a modo de detalle y ganarse así a todos los médicos que pudieran.

–Hola a todos, soy Yoshida, del Departamento de Investigación y Desarrollo de la Farmacéutica Tezuka. Por favor, echen un vistazo a la documentación que les hemos entregado. Queremos presentarles la investigación de un nuevo fármaco: el RX-1. Este fármaco reduce significativamente el riesgo postoperatorio del cáncer de estómago. Nos gustaría que hicieran una lista lo más larga posible de los pacientes sometidos a una cirugía por cáncer estomacal que reúnan las condiciones para el estudio de este ensayo clínico. –dijo Yoshida.

A continuación entró el Profesor Li, que había sido entretenido con otros quehaceres.

–Continuad, por favor. –dijo Hien.

–Gracias al Profesor Li, dirigiremos este ensayo clínico. Gracias de antemano por su colaboración. –dijo Maki.

Entonces Sakura se percató de que Hien miraba a Yamazaki, que asintió con la cabeza varias veces. Sakura no sabía qué se llevaban esos dos entre manos, pero le pareció que Yamazaki entendió a Hien con una simple mirada.

–Vayan a la página 7, por favor. –continuó Yoshida.

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Al salir de la reunión, Li y Yamazaki se reunieron en el pasillo. Sakura, escondida en un cruce de pasillo, se puso a escuchar toda la conversación.

–Quiero que Koichi Hagiwara participe. –dijo Li entregándole una lista y refiriéndose al famoso montañero propuesto por Maki en su despacho.

–Pero Profesor, Hagiwara tiene antígenos Lewis Le a y Le b. No tenemos suficiente información como para administrarle ese fármaco. –dijo Yamazaki.

–Antes de administrárselo a Hagiwara, prueba primero con Masaru Yamane. También tiene esos antígenos. –indicó Hien.

–¿Quiere que lo pruebe con él primero para ver si es compatible con Hagiwara? –preguntó Yamazaki, que no lo veía claro.

–El hospital tiene dos tipos de pacientes: los pacientes que hay que salvar a toda costa, y el resto. –dijo Hien.

–Pero si hubiera efectos secundarios…

–Es un paciente con cáncer de estómago continuado que ya ha sido operado. Su cáncer no remite. Aunque le pasara algo, no sería antinatural. –interrumpió Hien, dando por zanjada la conversación.

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–Eso es terrible. –dijo Yue cuando Sakura le contó lo que había escuchado. –No puedo creer que experimente con otro paciente.

–Supongo que Hagiwara es un paciente especial para él. –dijo Sakura.

–¿Qué piensa que son las vidas humanas? –dijo Yue.

Entonces, Sakura recordó lo que le dijo Hien en el funeral de su padre. Lo acusó de lucrarse y lo llamó escoria delante de su hija, que ni siquiera había pasado el duelo. Yue vio la mirada decidida de Sakura.

–Voy a acabar con él.

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Sr. Hagiwara. ¿Qué hace levantado? Se supone que no debería realizar sobreesfuerzos. –dijo Naoko, llamando la atención al montañero, que daba un paseo por los pasillos en compañía de su gotero.

–Ya puedo ir al baño. No subestimes a un hombre de montaña. –dijo Hagiwara.

–Buenos días. –saludó Masaru Yamane con una gran sonrisa desde la silla de ruedas a su pequeña hija, que había ido a ver a su padre.

–Buenos días, Papá. –saludó la niña.

–Sr. Yamane, ¿cuántos días han pasado desde la operación? –preguntó Hagiwara.

–Cinco. –respondió Yamane.

–Entonces, llevas un día más que yo. –Dijo Hagiwara. –Hola, ¿has venido a visitar a tu padre?

–Hola, sí. –dijo la niña.

–¿Cuántos años tienes?

–Siete.

Sakura, que pasó por allí en aquel momento se dirigió a una zona donde sólo podía entrar el personal. Desde su móvil, buscó información sobre Koichi Hagiwara.

–Hola, Sakura. –dijo Meiling, que salió de una sala.

–Hola. –saludó Sakura guardándose el teléfono en el bolsillo. Entonces Meiling sacó un folio.

–¿Sabías que algunos compañeros van a celebrar una barbacoa? –preguntó Meiling mostrándole el anuncio, que indicaba el día 26.

–No.

–Es sólo para los médicos y enfermeros más jóvenes. Para hacer piña. –dijo Meiling. –Pero no estoy segura de si nosotras encajamos en la categoría de "más jóvenes". ¿Vamos juntas?

–Lo siento, pero ya tengo planes para ese día. –dijo Sakura, entrando a la sala de médicos.

–Es como un muro, ¿verdad? –dijo Naoko desde el control de enfermería refiriéndose a Sakura. –Me pregunto si se habrá adaptado bien al hospital.

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–Pensé que habíamos encontrado una doctora con moral, pero parece que también hay algo sospechoso con Sakura Kinomoto. –dijo Yuna D. Kaito al médico que le consiguió la fotografía de Sakura hablando con Tomoyo a las puertas de su casa.

–Sí. –dijo el médico al que mandó para que espiara a Sakura.

–Dime. ¿Está incluida en el equipo médico que va a llevar a cabo el ensayo clínico? –preguntó Kaito.

–Sí.

–Sigue vigilándola todo lo que puedas. –ordenó Kaito.

–Lo haré.

–Espero estar preocupándome por nada. –deseó Kaito.

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Cuando Sakura salió del hospital iba a paso lento mientras pensaba en el montañero cuando escuchó que Meiling la llamaba dirigiéndose hacia ella en un trote para alcanzarla.

–¡Sakura!

–Hola.

–¿Tienes hambre? –preguntó Meiling. –Ayer en casa hicimos demasiado curry.

–Es que…

–Vente conmigo. Sería una pena desperdiciarlo. –la interrumpió Meiling antes de que la castaña se buscara alguna excusa. Sin darle la menor oportunidad, la cogió de la mano y Sakura se vio arrastrada por ella. –¿Qué tipo curry te gusta? Lo digo porque en el nuestro nunca echamos patatas.

Cuando llegaron, Sakura vio que la familia de Meiling regentaba una floristería y que eran una familia numerosa.

–Qué bien huele. –dijo Meiling destapando la cazuela. La madre de Meiling estaba en la cocina, uno de sus hermanos pequeños hacía los deberes mientras otro veía la televisión. Después entró una niña de catorce años. No parecía una casa silenciosa.

–Daiki, ¿cuántas horas de tele llevas hoy? –preguntó la madre. –¡Todos a la mesa!

–Sírvete todo lo que quieras. –le dijo la madre de Meiling a Sakura, que no sabía cómo se había visto "secuestrada" en aquella casa de locos. No estaba muy acostumbrada a todo ese ajetreo. Por fin todos se sentaron y comenzaron a cenar. –No puedo creerme que haya una doctora tan guapa en esta mesa.

–Daiki, dile que te enseñe a ser más inteligente. –dijo el padre al menor de los hijos.

–Eso es una pérdida de tiempo. Después de todo soy tu hijo. –dijo el niño.

–Daiki no necesita estudiar mucho. De todas formas cuando crezca se hará cargo de la floristería. –dijo el hermano mayor, de dieciséis años.

–¿De verdad?¿Te vas a hacer cargo de la floristería? –preguntó su padre ilusionado.

–Eso es sólo porque no quiere estudiar. –dijo Meiling.

–¡Claro que no! –dijo Daiki haciéndole la contra a Meiling. Entonces, el cabeza de familia se levantó e intentó ocultar su cara poniéndose de espaldas a la familia.

–Fijaos, Papá se ha emocionado. –dijo la madre.

–Ya está llorando otra vez. –dijo Meiling. –Esa reacción es de la era Showa.

–Idiotas. ¿Quién está llorando? –dijo el padre dándose la vuelta e intentando mantener la compostura y disimulando integridad, lo que hizo reír a toda la familia.

Sakura sonrió por esa dinámica familiar. Eran humildes, pero parecían muy felices. No pudo evitar recordar a su padre, que también era muy risueño y siempre la hacía reír.

Una vez finalizada la cena, Meiling acompañó a Sakura hasta la puerta.

–Toma, para ti. –dijo Meiling entregándole una bolsa con una maceta con flores antes de despedirse. –¿Verdad que son bonitas? Incluso cuando estás estresada, las flores te calman al mirarlas.

–Muchas gracias. –agradeció Sakura tomando el detalle.

–Perdóname, somos una familia de tontos. –dijo Meiling.

–En absoluto. Sois muy animados y transmitís mucha alegría. –dijo Sakura sonriendo. –Me dais envidia.

–En realidad, le estoy muy agradecida a mis padres por sacarnos adelante sólo con esta tienda. Por eso en cuanto pueda, me gustaría casarme e irme para que puedan vivir más cómodos y que tengan una boca menos que alimentar. –dijo Meiling. –Me gustaría casarme con alguien que me diera estabilidad, que cuide de su familia y que tenga un gran corazón.

–¿Te gusta alguien? –preguntó Sakura.

–Bueno, más o menos. –dijo Meiling dando un pequeño saltito de ilusión. –Por cierto, sé que las cosas no han sido fáciles para ti en el hospital, por eso quiero ofrecerte mi amistad. Si necesitas desahogarte o cualquier cosa, no dudes en acudir a mí.

Sakura sólo le sonrió. Aunque anhelaba y agradecía su amistad y también le caía muy bien, Sakura no podía contarle nada sobre su pasado ni de su plan de venganza. Tenía una vida demasiado complicada como para complicársela también a ella, aunque evidentemente, debía disimular. Por eso, cuando llegó a su apartamento, tiró la maceta a la basura. Necesitaba deshacerse de cualquier vínculo que pudiera afectar a su mente fría para la venganza.

Después, revisó toda la información que tenía sobre Hien. Se dirigió a la pared de objetivos y clavó una foto del alpinista que había impreso de un artículo de internet junto a la de Hien. Después, revisó toda la información que tenía sobre el Profesor Li. Y seguidamente, señaló la foto de Shaoran.

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Al día siguiente, Sakura buscó a Shaoran Li para hablar con él. Para estar más tranquilos decidieron salir a una terraza que había junto a un pasillo del hospital.

–¿La relación entre mi padre y Koichi Hagiwara? –preguntó Shaoran, extrañado cuando Sakura le preguntó por ellos.

–Sí. ¿Sabes si tienen algún tipo de relación especial?

–Creo que fue su médico de familia durante algún tiempo. Pero, ¿por qué quieres saberlo? –preguntó Shaoran para saciar su curiosidad.

–Bueno, no sé si sabes que no me gradué por la universidad asociada a este hospital. Entonces hay muchas cosas que no sé. Y a veces también me siento fuera de lugar dentro del equipo médico. Pero nada cambiará si mantengo una actitud pasiva. Por eso había pensado en informarme todo lo que pueda sobre el hospital y el Profesor Li. –dijo Sakura a modo de excusa, aunque para Shaoran le sonó muy creíble.

–Eres muy fuerte. –la alabó el joven médico. Entonces Meiling, que pasaba por allí llevando unos documentos, vio a los dos castaños. –Hagiwara es el paciente que mi padre más valora. Incluso ha modificado su agenda para operarlo.

–Entiendo.

–Por cierto, ¿qué haces este fin de semana? –preguntó Shaoran cambiando de tema. Ante la mirada extrañada de Sakura, Shaoran sacó un papel que ella ya conocía, porque Meiling ya la había invitado. –Es que han organizado una barbacoa. ¿Quieres venir?

–Lo pensaré. –respondió Sakura.

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–Así que el Hagiwara del que me hablaste es Koichi Hagiwara. –dijo Yue cuando Sakura le contó las novedades en una plaza en la que quedaron.

–¿Lo conoces? –preguntó la ojiverde.

–Por supuesto que lo conozco. Los medios han puesto el foco en su hospitalización. Probablemente el Profesor Li lo esté utilizando a modo de publicidad. Si tiene éxito con el tratamiento de un famoso, podrá darse a conocer mucho más, y no sólo en el ámbito hospitalario. Eso es algo que Hien Li haría. –dijo Yue.

–Voy a aprovecharme de eso. –dijo Sakura.

–¿Aprovecharte?

–Si consigo que su tratamiento fracase, podría detonar su caída. –caviló Sakura.

–No puedes implicar a un paciente. –dijo Yue, que no veía claro ese plan. –Pensemos otra manera.

–¿Cómo cual? –preguntó Sakura.

–Como esta. –dijo Yue sacando su tablet de su porta documentos. Cuando encontró lo que buscaba, se lo mostró a Sakura. –Hien Li y Maki Matsumoto, de la Farmacéutica Tezuka han estado trabajando codo con codo durante quince años. Quizás esta mujer sepa algo de lo que ocurrió con tu padre.

Sakura no supo qué decir. Quizás Yue tuviera razón, pero todavía no quería descartar ninguna posibilidad.

–Tengo hambre. ¿Quieres ir al restaurante de tu padre? –sugirió Yue.

–Voy a volver al hospital. –dijo Sakura.

–Pero aún así tendrás que comer. –insistió Yue. –Si no quieres comer sola, puedo comer contigo en cualquier sitio.

–No te preocupes. Siempre como sola. –dijo Sakura.

–¿Qué quieres decir con siempre? Algunos amigos tendrás. –dijo Yue.

–Ninguno.

–¿Ni siquiera uno? –preguntó Yue. Sakura recordó entonces que Meiling le ofreció su amistad.

–No hay ni una sola persona a la que pueda hablar sin mentirle. –explicó Sakura antes de marcharse.

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–Aquí tienes: pastel de cordero. –dijo Kero sirviendo a Yue con su alegría habitual.

–Estoy seguro de que no he pedido esto. –dijo Yue, al que el contenido del plato no le parecía lo que había dicho Kero.

–No importa. –dijo Kero.

–Kero, ¿alguna vez Sakura ha traído a alguien aquí? –preguntó Yue con curiosidad. –Me da la impresión de que siempre está sola.

–Sakura ha sufrido mucho desde la muerte de su padre. Lo cierto es que su padre me habló mucho sobre el día en el que enterraron a Nadeshiko, su esposa. Fujitaka y Sakura volvían juntos a casa sobrepasados por un sentimiento de inseguridad por el futuro. Entonces, cuando miró al cielo por casualidad, vio un enorme arcoíris.

Flashback.

Aquel fue un día triste. Fujitaka vestía con un traje y corbata negra y su hija Sakura, de trece años, vestía un vestido gris con mangas negras demasiado triste para su edad. Era una ropa que indicaba el luto que ambos atravesaban por la muerte de Nadeshiko, la esposa de Fujitaka y madre de Sakura.

Ambos andaban a paso lento provocado por la tristeza que arrastraban, cuando Fujitaka alzó la mirada y vio la imagen más hermosa de aquel triste día.

Mira, Sakura. Un arcoíris. Estoy seguro de que es Mamá intentando animarnos. –dijo Fujitaka intentando animar a su hija. –Si en el futuro estamos tristes, recuerda ese arcoíris.

Fin del flashback.

Cuando Kero acabó de contarle aquella historia, Yue sonrió.

–Sí. Eso suena a algo que diría Fujitaka. –dijo Yue reconociendo la personalidad de Fujitaka Kinomoto en aquellas palabras.

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Cuando Sakura volvió a casa, abrió el libro que le regaló su padre.

Flashback.

Mira, Sakura. Un arcoíris. Estoy seguro de que es Mamá intentando animarnos. –dijo Fujitaka intentando animar a su hija. –Si en el futuro estamos tristes, recuerda ese arcoíris.

A pesar de decir aquello, Sakura no podía evitar llorar.

Sakura. Quiero que sonrías todo el tiempo. La sonrisa te queda mucho mejor. –dijo Fujitaka.

Sakura, todavía con lágrimas en los ojos, hizo el esfuerzo de sonreír mientras ambos admiraban aquel hermoso arcoíris.

Fin del flashback.

A pesar de que su padre le pidió que sonriera, a la castaña le costaba cada vez más sonreír desde que perdiera a su padre. Sentía que había perdido esa capacidad, y que cuando sonreía, no era una sonrisa del todo sincera, sino que estaba enmarcada dentro del papel que debía interpretar para llevar a cabo su venganza.

Tras pensar en aquel recuerdo, miró la pared de objetivos. Entonces, su cabeza comenzó a realizar conexiones.

–Nuevo fármaco, ensayo clínico y antígenos Lewis. –dijo Sakura pensativa. Después miró a la fotografía del Profesor Li. Por último, dirigió su mirada al libro de Alicia, donde tenía la ilustración de la Oruga Azul, un personaje que al igual que el Profesor Li, era un gran fumador, aunque éste no lo hacía en pipa, como el personaje del cuento, sino con cigarros. Pero para Sakura aquel no era el paralelismo más importante entre los dos, sino la falta de comprensión, la distancia y la frialdad.

Continuará…