Nota: El diseño que he tenido en mente a la hora de escribir sobre Azerbaiyán era el de senjekai en Tumblr. El de Macedonia viene de BrinaFlautist, en Pinterest.
Ya habían ensayado el desfile de banderas, ahora tocaba darle los últimos retoques a sus atuendos. Turquía se enamoró de su propio reflejo.
— ¿Qué le parece, señor Turquía?—le preguntó la sastra.
Se parecía mucho a la forma en que solía vestir durante el Renacimiento, solo que con un toque moderno. Su cara se hallaba oculta tras un antifaz blanco y una máscara negra, y eso, junto con los guantes y el abrigo de cuero de los mismos colores, no dejaba una porción de piel al descubierto.
— Me casaría conmigo mismo si fuera legal—respondió.
La señorita rió.
— Tienes un gusto horrible—Azerbayán meneó la cabeza con una sonrisita.
Turquía la miró sonriendo también.
— Vaya, vaya, estás deslumbrante, muñeca—la elogió mientras los de vestuario marcaban con alfileres las correcciones que había que hacer a su vestido.
— Zalamero...
España se les acercó.
— Estoy haciendo una pequeña encuesta: ¿creéis que estos pantalones me hacen el culo gordo?
Turquía asintió.
— Un poco, sí—respondió Azerbaiyán.
— Genial. Gracias—dijo España, y se fue.
Turquía y Azerbaiyán se quedaron cada uno a sus cosas, en silencio durante unos momentos. Turquía la miró desde el rabillo del ojo.
— ¿Sabes, Azerbaiyán?...La mayoría de la gente no sabría situarte en el mapa...Si tuvieran que decir una cosa sobre ti, una sola cosa, las pasarían canutas...
— ¿Qué quieres, Turquía? Ve al grano—ella frunció el ceño.
— Es que he estado pensando...Los dos sabemos que Eurovisión no se gana cantando bien, sino teniendo muchos amigos...
— ¿Quieres ser mi amigo?
— Bueno, si tú me rascas la espalda, yo te la rascaré a ti. A más puntos, más posibilidades de ganar; y ganar es una oportunidad muy buena para hacerse conocido...
Azerbaiyán no pudo seguir fingiendo que no estaba interesada. Volvió sus ojos color avellana hacia él.
— Hermana...
Ucrania se encontraba respondiendo a las preguntas de un par de chicos que tenían un blog cuando se le acercó Bielorrusia. Frunció un poco el ceño y pasó a ignorarla.
— ¿Puedo hablar contigo un momento?—insistió Bielorrusia.
— Espera un momento, estoy hablando sobre lo de mañana con Jonas y Stefan—dijo Ucrania.
— Entonces, señorita Ucrania, ¿tiene algún favorito?—le preguntó uno de los muchachos, que era el entrevistador.
No pudo responder. Bielorrusia fue hacia el que sujetaba el móvil, lo agarró, lo tiró con una técnica que habría asegurado su plaza en cualquier equipo de béisbol, y luego lanzó una mirada asesina a los chicos. Ellos gimieron asustados y salieron corriendo. Bielorrusia luego se volvió hacia su hermana.
— No puede esperar.
Ucrania suspiró y posó sus manos sobre sus caderas.
— Se trata de nuestro hermano.
— Bielorrusia, he venido a pasarlo bien. No quiero empezar otra vez con Rusia. ¿Es de lo único de lo que sabes hablar?
Calló para mirar a su hermana de cerca.
— ¿...Has estado llorando?
— Pues claro que sí. Si tú supieras...
Polonia ya le había avisado de que esto podría pasar. Ella y Rusia lo habían hecho antes: hacerla bajar la guardia y tragar con lo que fuera con lágrimas de cocodrilo...
— Pues...Tú no estabas allí cuando la que lloraba era yo—a Ucrania no le gustaba ponerse dura, y menos con su hermana pequeña, pero debía ser firme. Debía ser firme...
— Mira...
— Si me disculpas, tengo cosas que hacer. Quiero hacer una buena actuación, para que luego no vayáis por ahí diciendo que gano las cosas por pena.
Bielorrusia trató de detener a Ucrania, pero ella se fue antes de que le salieran las palabras adecuadas.
¡Pero debía decírselo! ¡Debía decirle que nada de eso importaba ahora!
Inglaterra tenía bajada la guardia, puesto que se encontraba leyendo el periódico mientras bebía café y se comía unos cruasanes en la cafetería del hotel. No se dio cuenta de que alguien se le acercó desde atrás hasta que le dieron un abrazo de oso que lo levantó por los aires.
— ¡Hola, hola! ¡Ni siquiera te dignaste a mirarme ayer, viejo; tú estás en tu mundo y a los demás, que nos zurzan, jajaja!—exclamó Australia.
¡Uf!, fue todo lo que pudo responder Inglaterra, si es que eso era una respuesta, porque todo el aire en sus pulmones se le escapaba como si fuera una gaita. El entusiasmo de Australia hizo que la taza saliera volando de su mano y fuera a estrellarse al suelo.
— ¡Australia! ¡No seas niño! ¡Mira la que has montado!—lo regañó Inglaterra, igual que cuando era una pequeña colonia suya.
— Lo siento, compi. ¡Perdonen ustedes, caballeros!—se disculpó Australia, no sólo con él, sino con los camareros y con los otros clientes—. ¿Has visto el orden de actuación, has visto?
— Sí, claro.
— Yo canto en el medio, doce canciones después de ti. Espero hacerlo bien. La gente en redes sociales dice que estuviste increíble durante los ensayos. Qué lástima no haber podido verlo por mí mismo.
Sus palabras hicieron que el pecho de Inglaterra se hinchara de orgullo.
— Bueno, ya sabes que no me gusta presumir, pero sí, creo que este año me he superado...
— Te deseo toda la suerte del mundo, pase lo que pase, tú ya sabes que siempre...
— ¡MÉTETE EN LA BOLSA DE TU MAMÁ CANGURO Y BRINCA A TU CASA, INTRUSO!
Australia e Inglaterra (y prácticamente todos en la cafetería) volvieron las cabezas hacia la barra del bar, justo donde se encontraba Polonia. Polonia se apresuró a concentrarse en su bebida y actuó como si ese alarido no hubiera salido de su garganta, aunque todo el mundo lo sabía y él no se avergonzaba en lo más mínimo. Australia incluso creyó haber oído uno o dos comentarios a su favor.
— Crickey, Eurovisión sí que sabe sacar lo mejor de la gente...—Australia sacudió la cabeza.
— Acepta el consejo de tu hermano: ya te has divertido, vete a casa y no vuelvas jamás. Aún no es tarde para ti—dijo Inglaterra. Y a Australia le dio la sensación de que no lo decía para quitarse un competidor de encima, sino que hablaba completamente en serio.
Finlandia y Noruega se quedaron en casa de Suecia para comer. Suecia había cocinado pyttipanna para ellos, Sealand y Ladonia.
Sealand apenas probó bocado, sino que más bien se puso a jugar con su comida, con la cabeza apoyada en la mano.
Suecia lo habría regañado en circunstancias normales, le habría ordenado quitar el codo de la mesa y que comiera de una vez, pero no se atrevía a hacerlo. Sealand estaba decepcionado y enfadado, y era por su culpa. Bueno, no suya. Fueron los de la EBU quienes escribieron las reglas. Pero él tenía que ejecutarlas. Debía ser firme, aunque no le gustara.
Aun así, le resultaba duro ser el malo.
— He oído que no te dejan cantar—Ladonia tenía que meter el dedo en la llaga.
Sealand soltó un gruñido afirmativo.
— Un día conquistaremos a esta panda de imbéciles y haremos lo que queramos—dijo Ladonia, sacudiendo la cabeza orgulloso.
— Mientras tanto...—dijo Noruega con una ceja alzada con malicia.
— No te pongas así, Sealand, tampoco te pierdes nada—dijo Finlandia con una sonrisa amable—. Es sólo un pasatiempo. Nada importante. Es casi más divertido verlo, que participar, ¿verdad, Noruega?
— Oh, sí. La presión, el miedo escénico...Terminar el último, eso no mola nada...¿No es cierto, Finlandia?
No era fácil discernir si ese comentario fue malintencionado o tan sólo desafortunado. Noruega era tan difícil de leer que uno no podía saber si estaba de broma. Aun así, hasta Sealand alzó la cabeza del plato para mirar cómo Finlandia se quedaba muy callado durante un momento y su sonrisa parecía imposible de mantener. Suecia estaba a punto de beber y se quedó inmóvil, con el vaso tocando sus labios.
Finlandia miró a su alrededor y soltó una risita.
— ...Ciertamente...—rió nerviosamente, tornando los ojos hacia su pyttipanna, como si las patatas fueran a saltar del plato si él no las mantenía a raya—. A nadie le gusta que su trabajo duro se vaya a la porra por culpa de la...política...del interés de unos...críticos que no saben un carajo...Amigos que resulta que son una panda de víboras ponzoñosas...Es extremadamente humillante y eso...Jeje, sí...Sé cómo se siente, es verdad...Me ha pasado...once veces...Gracias por recordármelo, Noruega, amigo mío...
Sus ojos se volvieron hacia Suecia y él trató de sostener su mirada, pero terminó viéndose forzado a apartarla.
Dándose cuenta de que todos habían dejado de comer y lo miraban de forma rara, Finlandia hizo un esfuerzo por recobrar la sonrisa.
— ¡Pase lo que pase, nos lo pasaremos bien! ¡Todos! ¿Verdad?
— Sí—musitó Suecia.
— Claro—asintió Noruega, volviendo a comer.
Finlandia le sonrió.
— Ten cuidado con esos cubitos de hielo, Norja, mi buen amigo...no querrás dañar tus cuerdas vocales...
Suecia sintió que el estómago se le encogía y ya no podía aceptar más comida. Al darse cuenta de ello, Ladonia dio una patada a Sealand debajo de la mesa para llamar su atención a ese respecto; Sealand se encogió de hombros. No podía explicar su comportamiento. Los adultos se ponían muy raros en Eurovisión.
Macedonia aprovechó que el jacuzzi estaba desocupado para relajarse, lejos de los periodistas, directores artísticos, de las otras naciones, de todos y de todo...Ronroneando de gusto, sintió cómo las burbujas masajeaban su cuerpo. Cerró los ojos y se sumergió por un segundo para emerger nuevamente con el cabello mojado. Respiró hondo y permaneció con los ojos cerrados durante un rato, hasta que tuvo la sensación de que alguien se acercaba. Los abrió y descubrió que alguien se había unido a ella.
— Ah, Prusia, eres tú— murmuró.
— ¿Molesto?—preguntó él. Llevaba un bañador con estampado de pollitos y ella no podía decirle que la dejara en paz. Después de todo, el jacuzzi no le pertenecía.
— Cómo no, adelante.
Murmurando un gracias, Prusia se metió en la bañera.
— ¡Demonios, qué rica está! ¡Mmm!—murmuró, mordiéndose el labio inferior con placer. Después de un momento de silencio, se volvió hacia Macedonia—. Un momento de relax antes de lo de mañana, ¿eh?
— Sí. Un buen descanso también es necesario para un buen desempeño.
— Eso mismo. Estoy seguro de que te saldrá genial. Te he visto en las semifinales. Los demás no tienen nada que hacer contra ti.
— Uuuy, tú sólo eres adulador cuando quieres algo, ¿qué pasa? ¿Alemania ha vuelto a quitarte la paga? ¿Austria ya no deja que le asaltes la nevera? —sonrió Macedonia.
— No, nada de eso. Estoy siendo sincero. Te mueves bien, tienes una canción pegadiza... y un bonito vestigo que realza tu belleza natural, si no te importa que te lo diga...
— Vaya, gracias. Pero ahora en serio: no te voy a prestar dinero.
— ¡No es eso! ¿Qué pasa? ¿No puedo felicitar a la gente cuando se lo merece?
— Todos conocemos tus trucos sucios del pasado.
— Eso fue cuando yo era un imperio. El tiempo me ha puesto en mi sitio, te lo aseguro. Eurovisión no es una guerra, es un rato que tengo para divertirme con los colegas. Ojalá pudiera unirme a vosotros, pero, en fin, no me pasará nada por limitarme a mirar.
Macedonia sonrió al ver su cara.
— Estoy seguro de que ganarás. De hecho, he apostado una bonita suma por ti—prosiguió Prusia.
— Pues vaya hermano más malo que eres. Si tuviera un hermano, apostaría por él—comentó Macedonia.
— Todos sabemos que Alemania tiene un gusto musical muy particular.
— No quiero ser mezquina, pero sí. La canción que ha traido este año. Simplemente...¡no le pega! Alguien tan fortote y serio...
— Lo sé... Oye, probablemente cerrarán el jacuzzi pronto, así que tengo una idea: ¿por qué no salimos y soltamos más mierda con unas copas?
— Gracias, pero no creo que beber le haga ningún favor a mi garganta...
— Vamos, solo una, y no tiene por qué llevar alcohol. ¿Un refresco, o un zumo de naranja, un vaso de agua? Dijiste que te vendría bien un buen descanso...
Macedonia puso los ojos en blanco y sonrió.
— Bueno, está bien. ¿Por qué no? Siempre y cuando regresemos temprano al hotel, para descansar lo suficiente...
— Por supuesto, una copa y a dormir.
Los dos salieron chorreando del jacuzzi, se secaron, se vistieron bien y se quitaron todo estrés de encima. Prusia tenía razón, pensó Macedonia, ¿qué mal podría hacerle una bebida?
Una bebida. Dos. Tres. Cinco. Siete.
Macedonia no recordaba el nombre del pub ni de lo que estaba bebiendo, y de milagro se acordó del suyo. Bajo el efecto del alcohol, las anécdotas y los terribles juegos de palabras de Prusia le parecían desternillantes. Incluso la cara del camarero tenía algo de lo que no podía dejar de reírse.
— Como te lo cuento, lo que deben hacer es meterle un cohete por el culo al Ratoncito Pérez, ¡y todos seremos mucho más felices! ¡Los niños no necesitan ese tipo de chorradas! Dora la Exploradora, ratones... ¡bah!—decía Macedonia, y apuró el vaso.
— ¡Buena idea, buena idea! ¡A nosotros se nos da bien la ingeniería, construiremos los cohetes!—asintió Prusia, riendo tan fuerte como ella.
— ¿Qué hora es? Ni siquiera puedo leer...—Macedonia se afanó por leer la hora en la pantalla de su teléfono—. ¡Mira esto! ¡Con razón el camarero nos está mirando mal! ¡Tengo que volver al hotel ya mismo!
— Te acompaño, princesa—se ofreció Prusia.
Lo cual era halagador, porque la 'princesa' no podía ver tres en un burro y necesitaba su ayuda para no caerse de bruces al suelo. Parecía que había olvidado de cómo se caminaba con tacones. 'Es como en Bambi', pensó Prusia, sujetándola. Al tenerla tan cerca, percibió que apestaba a alcohol. Él también habría salido ardiendo si alguien le hubiera arrojado una cerilla. Pero había un detalle crucial: él aguantaba muy bien el alcohol porque su consumo habitual era elevado. Parecía que Macedonia era mucho más comedida. Se había desmelenado, hablando de cosas muy íntimas, de sus verdaderas opiniones sobre la gente. Aunque le seguía la corriente en todo, Prusia a veces se reía con sinceridad al ver el pedo que llevaba encima.
— Mi habitación era la… la… la…—Macedonia arrastraba las palabras.
—124—le dijo Prusia, dándole la llave.
—¡Bingo!—y ella se echó a reír tan fuerte que un hombre salió de su habitación.
— ¿Podrían callarse, por favor? ¡Hay gente que intenta dormir!
— ¡Aaaaah, ya dormirá todo lo que quiera cuando esté muerto!—le respondió Prusia, y Macedonia mostró su asentimiento chillando más que antes. El hombre gruñó algo sobre llamar al personal del hotel.
Juntos dieron tumbos por el pasillo hasta que encontraron la habitación de Macedonia. Prusia tuvo que ayudar a Macedonia a atinar con la tarjeta de acceso para abrir la puerta.
— ¡Ahora vete a dormir, te espera un gran día!—dijo Prusia, quitándole los tacones.
— ¡Sí, voy a...!—fue todo lo que Macedonia tuvo tiempo de decir antes de caer desplomada sobre la cama, y dejó de hacer ruido alguno.
Prusia, después de asegurarse de que dormía de veras, sonrió y salió de la habitación sin hacer ruido, como una sombra.
Macedonia ya estaba apañada, por el momento. Le quedaba una lista bastante larga. Era el turno de San Marino, el primero en actuar al día siguiente.
Bajó a recepción. Una señora estaba a cargo de ella durante el turno de noche y parecía pasarlas canutas para evitar quedarse dormida. La despertó cuando se acercó diciéndole:
— ¡Señorita! ¡Señorita! ¡Estoy oyendo unos ruidos que vienen del ascensor! ¡Creo que hay alguien atrapado!
—¿Q-qué? ¿Dónde?—exclamó, poniéndose en pie de un brinco.
— ¡Entre el segundo y el tercer piso!
La recepcionista agarró un manojo de llaves y salió corriendo. Prusia fingió salir corriendo detrás de ella, pero se detuvo y dio media vuelta. Rebuscó en el escritorio hasta encontrar las llaves de las habitaciones. 72. San Marino.
Luego fue corriendo donde se encontraba la señora, que había logrado abrir las puertas y estaba mirando el hueco oscuro, y disculpó su demora diciendo que se le habían desatado los cordones de los zapatos con las prisas.
— ...Yo no oigo a nadie, señor—dijo.
— Ah, sería mi imaginación, o el viento que soplaba; ¡buenas noches!—dijo Prusia, y con esas se largó con viento fresco.
El pasillo estaba vacío y él guardaba todo el silencio que podía. Se sentía como volver a los viejos tiempos de la guerra, cuando tenía que infiltrarse entre las filas enemigas y sabotearlas, pillarlas por sorpresa...
San Marino se había acostado temprano. Se encontraba profundamente dormido. Qué mono, pensó Prusia, viéndolo acostado boca arriba, con las manos en alto y la boca abierta como un túnel, que cada vez que respiraba hacía que sus rizos se abrieran y cerraran. Angelito...
Una lástima. Aquella ricura no iba a interponerse en el camino de Alemania al día siguiente...
