Hay un juego que a Yamato le gusta jugar, y se llama 'Adivina lo que Sora siente', en el cual Sora entra en la habitación de Yamato con una nueva expresión y él tenía que adivinar lo que pasaba. Ella no sabía que él había hecho de ello un juego – pero bueno, él hacía de todo un juego. Los necesitaba; evitaban que muriera de aburrimiento.
Por ello, hoy era el día del juego, y Sora entró con el mentón alzado y el ceño fruncido.
"¿Alguien te molestó?"
"Alguien necesita una muerte cruel y violenta," Sora corrigió, dejándose caer en la silla frente a Yamato. Aun cuando tratara de lucir enojada, todavía lograba lucir elegante. "¡Hiroki me hizo a un lado! He perdido a mi hámster."
"¿Te refieres a tu mascota?"
"Me refiero a mi hámster." Porque solo en el mundo de Sora, uno llamaría a Hiroki un hámster en lugar de un minion. "Se consiguió una 'novia', y pasa todo su tiempo siendo un idiota con esa pet."
"¿Hablas de Yuu? ¿De nuestra pet?" Yamato preguntó.
"Mi pet. Jueves a las 6 pm. Sí."
Sora tomaba clases extra de inglés durante el verano con otra estudiante de la misma preparatoria, Yuu.
"Y le cantó en una cita en la cafetería. ¿Qué tan cliché es eso? ¿Qué tan desesperada está ella? ¡Dios, par de idiotas!"
"Si estás insinuando que me acueste con tu ex mejor amigo, no. No soy gay." Yamato dijo.
"No con él. Con ella." Sora agitó las pestañas.
"¿Quieres que me acueste con Yuu?"
"Quiero que la destruyas." Sora dijo bastante calmada. "Pobre Hiroki, imagina lo descorazonado que estará cuando se entere que su dulce novia estuvo divirtiéndose con otro en el verano."
Yamato regresó su atención al sexting que estaba teniendo con alguien que conoció en internet.
"Estoy ocupado, ¿recuerdas? ¿La cosa con Mimi?"
"Oh, claro, porque eso está yendo tan bien. ¿Recuerdas la vez que la encontré vagando mojada con el traje de baño, solo para luego saber que ni siquiera la tocaste? Oh espera, eso fue ayer, ¿no?"
Yamato suspiró enojado. "¿Podrías solo…no sé, darle laxantes a Hiroki como la gente normal?"
"¡No me digas 'normal', idiota!" Sora lo miró asqueada. "Como sea, si el ataque va a Yuu en lugar de Hiroki, nadie me rastrearía. Todos me aman e intento que siga así. No soy…tú." Sora señaló a Yamato.
"¿No eres humana? Sí, ya lo sé." Yamato alzó la mirada y sonrió.
"No soy una libertina."
"Es gracioso viniendo de ti, o quizá me equivoqué y te esté confundiendo con otra presidenta estudiantil que le dio sexo oral al secretario del antiguo decano para poder 'corregir' sus B a A."
"Cuando me acuesto con alguien siempre hay un propósito. No doy mi cuerpo solo porque sí. Soy selectiva."
"Estoy seguro que las libertinas 'seleccionan' a los que se llevarán a la cama basándose en lo que conseguirán." Yamato terminó de enviar su mensaje a aquella persona antes de guardar su celular. "Lo hago por diversión. Deberías intentarlo, dejar salir la tensión. Tú siempre estás tensa." Yamato caminó tras Sora y apretó sus hombros.
Sora alejó sus manos y giró. "¿Con alguien que carece de la habilidad para llevarse a la cama a la gatita del campo, y que ni siquiera puede conseguir un reto simple como Yuu?" dijo arqueando la ceja. "No, gracias. Soy se-lec-ti-va." Sora sentenció antes de irse.
Persona selectiva, ¿huh?
Pues entonces Yamato también podría ser selectivo.
-.-
admitía que le gustaba ir de fiesta. Lo admitía, sí, pero no por la razón que todos creían. Él amaba ir porque le gustaba perderse en la música. Iba porque cuando la música fluía en él sentía que nada más en el mundo importaba, y a pesar de las miradas cargadas de envidia o lujuria, no podía sentirlos.
De cualquier modo, esta noche era diferente. Sora insistió en que fueran al mejor club en la ciudad para darle una apropiada bienvenida a Mimi.
Yamato estaba sentado en el bar, mirando a las personas. Ubicó a una bonita chica con labios gruesos, que había estado haciendo contacto visual con él toda la noche, y él no podía recordar la última vez que había tenido un encuentro sexual en el callejón. ¿Quizá cuando Sora tenía 17?
Le sonrió a la chica y alzó su vaso. Ella le devolvió la sonrisa y Yamato supo que ya había conseguido todo.
Mimi por otro lado, no estaba haciéndolo tan bien. Sora – quien los había llevado – había desaparecido, quizá a la sala VIP, y su otra invitada – Yuu, la pet – estaba bailando bastante cerca de su atractivo tutor de inglés. Eso significaba que Mimi estaba en algún lado entre el mar de gente, jalándose el incómodo outfit que Sora le había comprado.
Yamato la ubicó de pie entre dos chicos cuyas habilidades de baile estaban al nivel de un niño.
Mimi trataba de encajar, trataba de divertirse y…¡por todos los cielos! ¿Estaba bailando tecktonik?
"Maldición." Yamato gruñó, dando otro sorbo a su bebida. El líquido quemó su garganta y le dio la habilidad para perdonar a Mimi por bailar eso.
Pero solo un poco, porque de súbito las cosas empeoraron cuando Yamato vio a Mimi seguir con el baile.
Quiso salvarla al sacarla de ahí, pero por un lado estaba aquella chica a la que había estado mirando antes y que definitivamente prometía darle una noche divertida. Y por el otro lado, estaba Mimi, quien no era nada divertida, no bebía, y no bailaba tan bien.
Aun así, Yamato se decantó por lo último.
Terminó su cerveza y empezó a ir hacia Mimi, quien sonrió al verlo. Sonrió de verdad.
"¡Hola, Yamato!"
Él la tomó de la muñeca y la sacó del club, porque si seguía viéndola bailar por dos segundos más iba a tener un ataque – y los ataques eran más del estilo de Sora.
-.-
"¿Sabes que hemos pasado 10 de esos?"
Estaban en un café lejos del área de donde vivían. Habían estado ahí ya por media hora y Yamato aun miraba de derecha a izquierda cada 5 minutos. "Este es el más cercano donde puedo estar relativamente seguro de que no encontraré a nadie de la preparatoria. Además el café aquí es mejor."
"Te tomas muy en serio." Mimi rio.
"Hey, me debes una, ¿sí? Te traje a mi lugar de felicidad personal, y no hago eso con todos. Esta es la mesa en donde tengo mi dosis de calorías mensual, y siempre hago este ritual a solas, pero cielos, de verdad me dolió verte bailar."
Mimi estaba mirando su té mientras movía la cuchara.
"Fue…divertido. Tu hermanastra me dio ropa muy bonita."
"Eres muy amable, Mimi."
"¿Me veo mal?" Mimi se miró, alisando la camiseta rosada que dejaba al descubierto su abdomen.
"Te ves bien de hecho." Los labios de Yamato se curvaron mientras miraba la incomodidad de Mimi. "No te gusta, ¿no?"
Mimi se alzó de hombros. "Es un regalo."
"Eres demasiado amable." Yamato declaró. "Por cierto, escuché tu discurso aquel."
"¿En serio?"
"Sí. Es una reverenda porquería."
La cosa es, si no puedes ganar con comentarios bonitos, tienes que provocar al otro hasta que quieran empujarte al baño para 15 minutos de sexo movido por la ira. Y aun con todas las ondas inocentes que Mimi daba, parecía que sería buena con el sexo movido por la ira, en especial si usaba ese delineador de ojos que Sora le había puesto.
"Es raro." Mimi frunció el ceño. "A la mayoría le gustó."
"La mayoría de personas con las que hablas no viven en el mundo real. Es el nuevo siglo. Nadie se casa por amor."
"Yo lo haría."
"¿Alguna vez siquiera has tenido novio?"
Mimi asintió. "Uno. Pero ver a mi mejor amiga con la lengua en su garganta en mi fiesta de cumpleaños, no fue bonito."
"Oh, lo siento." Yamato dijo. Aun así, quería presionar hasta quebrarla. "¿Algún ligue casual?"
"Estoy segura de no poder sentir nada sin previa conexión, Yamato."
Sonrió. "Claro."
"Estoy hablando en serio."
"Podemos probar." Yamato trató de sonar lo más despreocupado posible. "Podría besarte. Si no sientes nada, entonces sí, no disfrutas los besos sin vínculo afectivo."
Mimi entrecerró los ojos al verlo.
"¿…qué? Es solo un inocente beso."
Mimi asintió lentamente, estando de acuerdo con Yamato. "¿…solo uno?"
"Solo uno, lo prometo. Aunque tienes razón en no confiar en mí, pero si de verdad quisiera llevarte a la cama, Mimi, te habría llevado a un lugar mejor."
Mimi asintió y se acercó a Yamato. Alzó la mirada y trató de sonreír como si no le importara.
El rubio la besó de inmediato porque si esperaba más, ella quizá cambiaría de opinión.
Mimi definitivamente besaba como niña de iglesia, pero al menos estaba devolviendo el beso. Apenas hubo lengua, lo cual fue un cambio agradable de los insaciables besos que había recibido de sus otros retos.
Yamato no se dio cuenta que su mano había subido por el muslo de Mimi hasta que la castaña se alejó de golpe. "Cielos, Yamato, ¿tenías que arruinarlo todo?"
Así es como Yamato terminó a solas en un café a la 1:34 am.
Sacó su celular para encontrar algo qué hacer. Decidió que un juego de sudoku estaría bien.
-.-
Pasaban de las 2 am, con cinco números bien colocados en la pantalla de juego, cuando alzó la mirada encontrándose con Mimi de pie al lado de la mesa. Los ojos de la castaña estuvieron fijos en sus zapatos.
"No te fuiste." Dijo.
"¿Y dejar que te perdieras en la ciudad a esta hora de la noche?" Yamato dejó dinero en la mesa y se puso de pie. "Vamos, te llevaré a casa." Caminó hacia la salida, pero los pies de Mimi seguían en el mismo sitio. Yamato alzó las manos en señal de rendición. "Mantendré mis manos en el volante, y mis ojos en el camino."
"De acuerdo." Mimi alcanzó a Yamato para poder caminar lado a lado hacia donde estaba el convertible del rubio – porque claro, Yamato no lo había aparcado ni en el club ni fuera del café. "Gracias por lo de esta noche. No había salido con un amigo desde que llegué."
"Sí, sí, solo no le digas a nadie que me gusta ir a un café al que solo irían las colegialas."
Cuando Tachikawa sonrió, Yamato tuvo dificultades para no besarla otra vez.
"Tu secreto está a salvo conmigo." Mimi dijo entrando al auto.
El camino fue silencioso. Yamato hizo lo que prometió y mantuvo sus manos en el volante. Casi lo dejó para cambiar de estación pero de alguna forma Mimi leyó su mente y lo hizo por él, presionando los botones hasta dejarlo en algo que le gustaba, y Yamato estuvo de acuerdo con su elección. Cuando llegaron, encontraron a una sonriente Sora sentada en la sala.
"Vaya, vaya…miren lo que trajo el gato…" Sora dijo poniéndose de pie. "Si me disculpas, Mimi, tengo algo urgente que discutir con Yamato."
Y con eso dicho, Sora jaló a Yamato a su habitación, dejando a una cansada castaña para lidiar consigo misma.
-.-
"¿Aun no te la has cogido?" Sora llevó sus manos alrededor de los hombros de Yamato después de cerrar la puerta de la habitación del chico.
"Aún no…" Yamato movió su cabeza recargándola en la curva del cuello de la chica, respirando hondo su perfume favorito. El rubio había memorizado todos los aromas de Sora y los repasaba en su mente. Hace unos años, había hecho un juego de adivinar qué perfume usaba Sora pero cuando los aprendió todos, ya no fue divertido.
"Bueno," Sora ladeó la cabeza dándole a Yamato más acceso a su cuello. "Cuando lo hagas…" lo acercó a ella. "…dímelo." Sentenció antes de susurrar en su oreja. "Estaré esperando."
Cuando la mente de Yamato se aclaró lo suficiente como para procesar lo que había pasado, Sora ya estaba yéndose.
-.-
En un juego, uno siempre tenía que anotar.
Yamato lo hacía en unas páginas cremas de un diario con cubierta de cuero; un regalo de la mamá de Sora cuando Yamato tenía 16 y había convencido a todos que era apegado a la literatura solo porque estaba aburrido – y porque el sexo oral en la biblioteca era un nuevo y divertido descubrimiento.
La tarde era algo fría y las nubes estaban grises amenazando con dejar caer la lluvia. Yamato decidió que era un día perfecto para abrir su cajón y sacar su diario. Se suponía que debía empezar una nueva página sobre su último y más grande reto: Mimi Tachikawa. De cualquier modo, no sabía por dónde empezar. No sabía si quería escribir sobre ello antes de ganar, y para ser honesto, ni siquiera sabía si podría ganar después de tantos giros equivocados. No quería desperdiciar hojas en una derrota y arruinar su éxito. O eso es lo que se decía a sí mismo.
Yamato pasó las hojas escritas: Leah, su última conquista femenina y a quien se había acercado solo porque la maldita de su madre cobraba demás. La consejera del campamento, una chica bastante sexy, Yui (porque había estado triste y Yamato aburrido y había habido cerveza y marihuana de por medio); la secretaria de la preparatoria, porque Yamato quería que le cambiara algunas notas; y Hitomi, porque no sería una preparatoria hasta haber recibido sexo oral de una de las porristas bajo las gradas mientras su novio deportista estaba en un juego al otro lado.
El rubio pensaba que Mimi sería una buena adición a todo. Acostarse con una chica de la ciudad hacía que las demás fueran más de lo mismo – además, no había agregado hojas nuevas por esa misma razón – pero con Mimi era una historia muy diferente.
Él nunca había enfrentado el obstáculo de los 'principios/virtudes' antes – hasta ahora solo había tenido que lidiar con ligues con mucha disposición, con o sin experiencia.
Siguió pasando las hojas llenas de rostros y nombres que no recordaba.
Entre todos los escritos había varias entradas sobre Sora – sus hábitos, conversaciones con Yamato, su poco esfuerzo nada honorable para entrar a la prestigiosa universidad al terminar la preparatoria, y los múltiples intentos de Yamato para seducirla.
Sora era lo único que le importaba de toda esta apuesta. Mientras que Mimi sería un bonito trofeo, y entrada en su diario, a Yamato le importaba un cuerno la chica en sí, es más, hasta olvidaría su nombre en unos meses.
Pero llevarse a Sora a la cama sería su más grande victoria.
La cadena de pensamientos fue interrumpida por un fuerte suspiro. "¿Cuándo me dejarás leerlo?"
"Nunca." Yamato dijo animado. "¿No es jueves?"
"Les dije que tenía laringitis." Sora movió impaciente su pie contra el suelo mientras veía a Yamato guardar con llave su diario. "Cuarto de vigilancia. Ahora."
Yamato arqueó la ceja. "Pervertida."
-.-
"Escucha, ya sé que el tipo es atractivo, pero si la cámara estuviera mejor ubicada entonces estaría impresionado."
"Shh," Sora lo calló. "Solo mira."
"Ese es un horrible fedora."
"Sí."
Giraron hacia la pantalla grande – la cual daba una mejor vista de todo. Yuu golpeó con los puños su mesa. "¡No entiendo! Al diablo los diferentes tiempos."
"Tranquila." El tutor le aseguró. "Iremos lento." Se sentó a su lado.
Sus rostros estaban peligrosamente cerca, aunque el tutor parecía ignorar eso y solo repasaba la lista de verbos y cómo cambiar de pasado a presente – todo mientras Yuu le prestaba mucha atención, solo que…no a lo que decía.
Medio minuto pasó antes de que el tutor se diera cuenta de ello. Sus ojos encontraron los de Yuu por un silencioso y tenso momento, y luego lentamente le quitó el fedora.
"¡Oh, gracias a Dios! ¡Pensé que esa horrible cosa no se iría!" Sora soltó un suspiro aliviado.
Yuu se acercó más al tutor, separando sus labios pero entonces su celular sonó. "Demonios, es mi mamá. Tengo que irme."
Sora apagó el monitor. "Esa mujer es una entrometida."
"Ya, pero no veo qué tengo que ver en esto." Dijo Yamato. "Aparte de que va a estar difícil hacer que tu tutor de inglés se fije en ti."
"El punto es que nuestra pet grita disposición por cada poro. Y por ello, va a ceder ante ti. ¿Por favor? ¿Por mí? Sabes que no pido favores a menos que sea importante."
Yamato casi dejó caer su silla de lo rápido que se puso de pie. "¿Ahora quieres ser misericordiosa? ¿Crees que aceptaría porque es algo fácil? ¿Quién crees que soy?"
"No es-"
Yamato la hizo retroceder antes de dirigirse a la puerta. "No lo haré. Estoy ocupado haciendo que Mimi me ruegue que la coja, y luego vendré por ti. Espero que te guste el bondage." Fue lo último que dijo antes de dar un portazo.
Se recargó en la puerta, respirando pesadamente. Estaba algo agitado.
Frente a él, el chico de seguridad a cargo del monitoreo estaba fumando. Lucía como si no fuera nada el que Yamato gritara sobre bondage.
"¿Todo bien ahí?"
"Sí. Y no puedes fumar aquí." Yamato le quitó el cigarro al irse, dando una gran calada cuando supo que el chico no podía verlo.
-.-
Las voces de algún grupo femenino salían del iPod en el área de la piscina. Mimi pasaba más tiempo ahí que Yamato esto días.
A través de la música, él tuvo que gritar su nombre unas cuantas veces antes de que la castaña saliera del agua.
"Hey, ¿qué pasa?"
"No quiero que pienses que todos aquí son unos bastardos insensibles que te harán usar cosas que no quieres, y te llevarán a lugares que no quieres. O…que cierto playboy trata de aprovecharse de ti," dijo. "¡No somos tan malos! ¡Puedo probarlo!"
Mimi ladeó la cabeza. "Sigue hablando."
"Hoy, haremos lo que quieras. Iremos a donde quieras, te seguiré y sonreiré y hablaré de cosas adorables y nada amenazadoras."
"¿…donde sea?"
"Donde sea."
Mimi sonrió.
-.-
"Oh, tienes que estar bromeando." Yamato gruñó cuando aparcó su Jaguar. "¿Un asilo? ¿Esta es tu idea de diversión?"
"No, pero si entras te enseñaré por qué estamos aquí." Mimi dijo saliendo del auto y esperando que Yamato la siguiera. "Oh, vamos, entrar no va a matarte."
Entraron al edificio de color crema y Mimi lo llevó hacia una esquina del salón principal.
"Esta, es mi idea de diversión," Mimi señaló el piano al lado del área de la sala. "Pero ayudar a las personas mayores es reconfortante. Este es el establecimiento hermano de uno que hay del lugar de donde vengo. Ahí, solía ir cuando menos una vez al mes."
"Encantador."
Yamato quería morir. El interior del lugar olía a pasta dental, y ambientador – y él ya se sentía alérgico. Además, no estaba vestido lo decente suficiente como para estar cerca de personas mayores.
Así que bueno…esto será interesante.
Casi tuvo un infarto ante la idea de pasar las siguientes horas escuchando a alguna mujer con Alzheimer contándole sobre su colorida juventud una y otra vez, y a menos que fuera jodidamente interesante y tuviera cuentos sobre persecuciones en auto, explosiones y eso…estaría así de cerca de hacer una matanza múltiple al final de su relato.
La enfermera lo llevó a una silla vacía en el área principal. Todos estaban allí; algunos le sonreían, otros tenían la mirada fija al frente. Yamato no tenía idea de que era arruga-fóbico hasta hoy.
Mimi estaba de pie frente a todos. "Hola, mi nombre es Mimi. Usualmente soy voluntaria en un asilo cerca del campo, pero mi papá y yo nos mudamos a Tokio este mes, así que espero que no les moleste verme más de una vez aquí. El que está en esa esquina, es mi amigo Yamato," agregó señalándolo. "Creo que le gustará estar aquí."
Yamato irguió más sus gafas de sol y sonrió sarcásticamente.
"De cualquier modo…esta canción es para ustedes."
Mimi había estado viviendo en la mansión por dos semanas ya, y Yamato no sabía que pudiera cantar así. Pero lo hacía, y era nuevo e increíble, porque claro, todos cantaban en algún punto en sus vidas, pero Mimi era diferente. La forma en la que cantaba…era arte.
Aparentemente, los mayores también lo creían, porque estaban sonriendo y algunos asentían. Estaban mirando a Mimi de la forma en la que Yamato siempre había querido que sus padres lo miraran. Excepto que cada vez que él se asomaba entre las cortinas durante algún recital, ellos nunca estaban.
"¡Gracias!" Mimi dijo recibiendo cálidos aplausos cuando la canción terminó. "Hey, ¿cuántos de ustedes quieren escuchar a Yamato cantar? Vamos, Yamato. La canción que quieras."
"¡Oh, no, soy tímido!" Yamato mintió, pero todos estaban mirándolo. Algunos incluso sonreían en una forma que le hacía querer llorar. "De acuerdo, una canción."
A regañadientes se unió a Mimi e hizo una reverencia a los demás – la audiencia era como orgullosos padres. Estaba este hombre de 75 años que vio la forma en la que Yamato y Mimi se miraban, y sonrió con sabiduría.
Mimi empezó a cantar con una sonrisa, uniéndose a Yamato.
Cantar fue la parte fácil; Yamato había estado haciéndolo desde que aprendió a hablar, y había estado haciendo algo bien si seguía ganando las competencias sin que sus padres le pagaran algún profesor de canto.
La parte difícil fue seguir cantando y no llorar mientras todas esas personas lo miraban como si fuera su hijo favorito.
Estaba en trance, y no estuvo seguro de lo que pasó después de que la canción terminó. Todo lo que sabía era que por alguna extraña razón estaba yendo hacia el sujeto que no había dejado de mirarlos mientras Mimi empezaba otra canción.
Yamato se sentó al lado de aquel hombre.
"¿Y qué excusa has estado diciéndote?" preguntó asintiendo hacia Yamato. "¿'Solo una fase'? o ¿'No es nada serio'?"
"¿Con quién, con Mimi? Nada. Ella me trajo por apoyo moral." Yamato alisó una inexistente arruga en su pantalón.
"No te había creído del tipo 'No soy de ese tipo'. Interesante."
"Lo digo en serio. Ella es…tan persignada, y no somos compatibles a ningún nivel."
"Claro. Ambos podemos fingir que creemos eso." Miró por la ventana. "Bonito clima tenemos hoy."
Yamato nunca había sido malo manteniendo conversaciones con extraños antes. Pero hoy revolvía sus dedos nerviosamente mientras escuchaba la voz de Mimi.
"Soy Tatsuya."
"Soy Yamato." Mordió su labio inferior. "Y, bueno, tengo una excusa. Soy del tipo 'nunca irá a ningún lado'."
Tatsuya palmeó su espalda. Yamato no podía recordar cuándo había sido la última vez que alguien hizo eso. "Pero podrías estar equivocado." Dijo ganándose una mirada incrédula por parte del adolescente. "Soy un viejo. Los viejos sabemos todo."
Yamato movió la cabeza. "Lo siento. Soy un idiota."
La enfermera lo llevó a una silla vacía en el área principal. Todos estaban allí; algunos le sonreían, otros tenían la mirada fija al frente. Yamato no tenía idea de que era arruga-fóbico hasta hoy.
Mimi estaba de pie frente a todos. "Hola, mi nombre es Mimi. Usualmente soy voluntaria en un asilo cerca del campo, pero mi papá y yo nos mudamos a Tokio este mes, así que espero que no les moleste verme más de una vez aquí. El que está en esa esquina, es mi amigo Yamato," agregó señalándolo. "Creo que le gustará estar aquí."
Yamato irguió más sus gafas de sol y sonrió sarcásticamente.
"De cualquier modo…esta canción es para ustedes."
Mimi había estado viviendo en la mansión por dos semanas ya, y Yamato no sabía que pudiera cantar así. Pero lo hacía, y era nuevo e increíble, porque claro, todos cantaban en algún punto en sus vidas, pero Mimi era diferente. La forma en la que cantaba…era arte.
Aparentemente, los mayores también lo creían, porque estaban sonriendo y algunos asentían. Estaban mirando a Mimi de la forma en la que Yamato siempre había querido que sus padres lo miraran. Excepto que cada vez que él se asomaba entre las cortinas durante algún recital, ellos nunca estaban.
"¡Gracias!" Mimi dijo recibiendo cálidos aplausos cuando la canción terminó. "Hey, ¿cuántos de ustedes quieren escuchar a Yamato cantar? Vamos, Yamato. La canción que quieras."
"¡Oh, no, soy tímido!" Yamato mintió, pero todos estaban mirándolo. Algunos incluso sonreían en una forma que le hacía querer llorar. "De acuerdo, una canción."
A regañadientes se unió a Mimi e hizo una reverencia a los demás – la audiencia era como orgullosos padres. Estaba este hombre de 75 años que vio la forma en la que Yamato y Mimi se miraban, y sonrió con sabiduría.
Mimi empezó a cantar con una sonrisa, uniéndose a Yamato.
Cantar fue la parte fácil; Yamato había estado haciéndolo desde que aprendió a hablar, y había estado haciendo algo bien si seguía ganando las competencias sin que sus padres le pagaran algún profesor de canto.
La parte difícil fue seguir cantando y no llorar mientras todas esas personas lo miraban como si fuera su hijo favorito.
Estaba en trance, y no estuvo seguro de lo que pasó después de que la canción terminó. Todo lo que sabía era que por alguna extraña razón estaba yendo hacia el sujeto que no había dejado de mirarlos mientras Mimi empezaba otra canción.
Yamato se sentó al lado de aquel hombre.
"¿Y qué excusa has estado diciéndote?" preguntó asintiendo hacia Yamato. "¿'Solo una fase'? o ¿'No es nada serio'?"
"¿Con quién, con Mimi? Nada. Ella me trajo por apoyo moral." Yamato alisó una inexistente arruga en su pantalón.
"No te había creído del tipo 'No soy de ese tipo'. Interesante."
"Lo digo en serio. Ella es…tan persignada, y no somos compatibles a ningún nivel."
"Claro. Ambos podemos fingir que creemos eso." Miró por la ventana. "Bonito clima tenemos hoy."
Yamato nunca había sido malo manteniendo conversaciones con extraños antes. Pero hoy revolvía sus dedos nerviosamente mientras escuchaba la voz de Mimi.
"Soy Tatsuya."
"Soy Yamato." Mordió su labio inferior. "Y, bueno, tengo una excusa. Soy del tipo 'nunca irá a ningún lado'."
Tatsuya palmeó su espalda. Yamato no podía recordar cuándo había sido la última vez que alguien hizo eso. "Pero podrías estar equivocado." Dijo ganándose una mirada incrédula por parte del adolescente. "Soy un viejo. Los viejos sabemos todo."
Yamato movió la cabeza. "Lo siento. Soy un idiota."
"Todos los somos, niño." Dijo con simpleza. "En el futuro estarás harto de escuchar la frase 'solía ser como tú'."
"La mayoría de adultos tendrían vergüenza de admitir que solían ser como yo."
"No has conocido suficientes adultos." Sonrió. "Bueno, solía ser como tú, y a pesar de mi mejor esfuerzo por ser un imbécil, terminé quedándome con la misma chica por 40 años."
"¿Cómo pasó?"
"Me harté de poner excusas. Si peleas contra algo y solo puedes defenderte con 'así es como soy' entonces quizá tendrías que volver a pensarlo."
Si todos los profesores de Yamato fueran como Tatsuya, quizá no odiaría ir a la preparatoria.
"Y espero que cuando tengas mi edad, mires tus fotografías y digas cosas como '¿en qué rayos pensaba para llevar el cabello así?'" rio.
Se hundieron en los aplausos. Mimi hizo una reverencia y luego fue hacia donde estaban Yamato y Tatsuya.
"¿Otro consejo para mí?" Yamato preguntó rápidamente, desesperado por un poco más de sabiduría antes de irse.
"No creo que necesites consejos, niño. Ya lo sabes. El problema real, es lo que hagas con ese conocimiento."
Yamato asintió y se puso de pie.
"Oh espera, una cosa más." Tatsuya dijo.
"¿Sí?"
"Usa condón."
Tatsuya apenas esquivó el intento de Yamato por golpear su brazo.
"¿Te diviertes?" Mimi preguntó cuando se acercó.
"¡Buen chico, Mimi!" Tatsuya dijo. "Me gusta tu amigo."
"A mí también." Mimi asintió. Yamato pensó que pudo ver sus mejillas sonrojándose.
"¡Yyyyyy ya nos vamos!" Yamato jaló a Mimi hacia la salida antes de que Tatsuya pudiera decir algo que lo delatara. Por encima de su hombro, lo vio diciéndole 'usa condón'. Yamato se aseguró que las enfermeras no vieran cuando le mostró el dedo medio.
"Eso fue genial. Me gustó."
Mimi rio, presionando su frente contra la ventana del auto. "Solo porque no soy de la ciudad no significa que soy tonta e inocente. Eso solo significa que no soy de la ciudad."
"¿Qué? ¡Me divertí! Las personas mayores son increíbles."
"Menciona a una sola persona que hayas conocido ahí, aparte de Tatsuya."
Yamato mordió su labio, "De acuerdo, aun odio el aroma de ambientador en la mañana." Suspiró. "Pero fue genial cantar frente a los fósiles."
"'Genial' es mi segundo nombre." Mimi sonrió. "Y más vale que no lo gastes." Miró de reojo a Yamato. "No sabía que podías cantar tan bien."
"Todos aman cantar."
"Sí, pero contigo es diferente. Es como que te vuelves una persona diferente. Lucías feliz."
Yamato apretó su agarre en el volante. "Soy alguien muy feliz."
"Sabes a lo que me refiero."
Y sí, pero no podía mirarla a los ojos. "Si sabes de la vida secreta de Yamato en el pequeño café, puede que también puedas saber todo." Suspiró, bajando el audio. "Canto competitivamente. Lo cual no es una gran revelación, ya que compito cada año e incluso participo en las actividades de la preparatoria, pero no creo que a alguien le importe lo suficiente saber que cantar es lo único que pienso cuando despierto y lo último antes de ir a dormir. Bueno, quizá no tanto lo segundo ya que usualmente tengo, uhm, compañía, pero quizá ya sabes eso para ahora."
"¿Por qué suenas tan triste cuando hablas de ello? Vives en la ciudad, tu familia se revuelca en dinero, eres increíble al cantar, tu voz es bonita, y eres atractivo. Eres el paquete completo."
"Excepto por el hecho de que tengo que terminar la preparatoria ir a la universidad, graduarme, y trabajar en el banco de mi padre. Claro, soy el paquete completo, pero no de ese modo. Aun si sigo una carrera en relación al canto, a nadie le importaría, ni siquiera a mis padres. Además, hay toneladas de chicos más jóvenes y más talentosos que yo. Esto es solo un hobby. Un hobby grande que me apasiona, pero eso es todo."
Mimi lo miró hasta que Yamato se obligó a mirarla. El tráfico en Tokio podía ser un inconveniente. "Si pudieras ver cómo luces – brillas…mientras cantábamos…no sé por qué querrías desperdiciar tu tiempo haciendo algo más."
"Bienvenida al mundo real," dijo Yamato. "Donde 'vivir tu sueño' solo existe en la TV."
"El mundo real da asco." Mimi dijo.
"Dímelo a mí…"
"Pero no esperaba que te apegaras tanto al mundo real." Mimi movió la cabeza. "Yamato Ishida, el conformista."
"Mimi Tachikawa, la santurrona."
"¡Hey! Lo que trato de decir es que tienes un sueño, Yamato, y a diferencia de los demás, tienes la suerte suficiente para tener todo lo que necesitas para hacer que suceda. Si quieres ignorar eso, pues bueno. Tú decides. Estoy segura que el mundo de la finanza es muy inspirador." Mimi giró y subió el audio.
El tráfico aminoró cuando pasaron la intersección. El camino fue silencioso, sin ningún sonido más que el del motor y un grupo americano cantando en la radio.
"Supongo que podría empezar de abajo." Yamato por dijo con voz baja y titubeante. "Como…no sé, ¿cantar en el asilo una vez al mes?"
Mimi asintió. "La próxima vez podemos cantar esa canción…¿cómo va? ¡Ah sí! It's my life, and it's now or never~"
Fue imposible que Yamato contuviera la risa. "¿Vas a hacerme cantar a Bon Jovi? Sí que sabes cómo llegar a mi corazón."
Mimi se movió mientras cantaba, sonriendo todo el tiempo.
