Estaba enamorado de su mejor amigo, la única persona que le quedaba en este mundo.

Alguien terco, cabeza hueca, impulsivo, despreocupado, algo egoísta a veces e infantil. Pero amable, cariñoso con quienes quiere, dispuesto a sacrificarse por lo demás, valiente, luchador, vivaz y con mucha determinación.

Y aparte de todo eso, Yuichiro era la única persona capaz de hacerle sentir vivo. Era el único que no le trataba como lo que era, un sucio vampiro.

Por eso le amaba, con cada fibra de su ser. Toda su existencia le pertenecía a esos preciosos ojos verdes.

Mika no era nada, y Yuu lo era todo. Así es como se sentía. Como una mota de polvo molesta en la vida de su amigo. Pero no era capaz de apartarse, no ahora que lo tenía de nuevo. Utilizaría su despreciable cuerpo inmortal para protegerlo. En vez de ser polvo seria el escudo. Y también sería su amante, quien buscaría darle calor con sus dedos fríos, entre sabanas tibias y suspiros calientes.

Yuichiro era su mundo, su razón de ser.