Siento que falta algo a mi lado. Me falta tu presencia, me faltas tú. Y aun habiendo estado cuatro años separado de ti, sigo sin acostumbrarme a tu ausencia, echo en falta tus sonrisas, tus reproches y tu calor. Porque a pesar de que seas de cuerpo frío, eres mi sol. Calientas mi gris existencia y me traes luz y paz, aunque el mundo trate día tras día de hacerme añicos. Has sido mi salvación, mi fuerza y mi razón. Entonces… ¿Por qué te has ido? Te han arrebatado de mí otra vez. ¿Cuál es el pecado que cometí para no ser capaz de mantenerte a mi lado? ¿Es esto mi castigo? Quisiera saberlo, pues entonces vendería mi cuerpo y mi alma para remediarlo. Porque necesito un vida contigo. Hasta el final, hasta que nuestros huesos se vuelvan polvo. Y si esto no es un castigo, ¿acaso será nuestro destino? Si es así luchare contra él. Luchare para tenerte de nuevo a mi lado, para cumplir ese deseo que nació desde el momento en el que te colaste en mi corazón. Golpeando fuerte en mi pecho, nació un sentimiento que se siente nostálgico. Aunque no recuerdo cuando, creo que no es la primera vez que lo siento. Y desde aquel entonces tengo muy claro que prefiero perderme a mí mismo, antes que a ti.

Porque te necesito.

Porque me faltas.

Porque tu sonrisa es un mar en el que no me importaría ahogarme.

Porque eres mi sol, mi vida y mi todo.

Por esa razón no me pienso rendir, viviremos juntos aquella vida que nos merecemos.

Así que espérame, porque pase lo que pase, estés donde estés… Te salvaré.

Ah… Y yo también te amo, Mika.