Y nació un deseo dentro de él. Un deseo que traspasa siglos, vidas y cuerpos. Un deseo que prevalece por encima de todo. Un deseo que la da una razón de ser y existir. Incluso sin memorias, casi como si fuera un instinto primitivo, alojado en lo más profundo de su ser.Aquel deseo le mueve a proteger algo que desconoce, algo que le provoca un sentimiento lleno de calidez y añoranza. Siente amor cuando los ve. Y es que ellos dos se sienten como un hogar… Quizás, su hogar.
Y tiene claro que son el tesoro más preciado que posee, algo que debe proteger a toda costa. Sin haber sido dirigido por nadie, sabe que velar por aquellos dos que sonríen felizmente es lo que debe hacer. Y no le importan ni su verdadero destino ni sus cometidos, razones de su existencia ni aquello por lo que realmente fue creado. Incluso la vida de los demás es algo que le resulta indiferente. Solo tiene un deseo. Un único y preciado deseo. Nacido del amor más puro y dulce que jamás ha presenciado (y sentido).
