Hola preciosuras

Ranma 1/2 y sus personajes no me pertenecen, son absoluta propiedad de la extraordinaria y cruel Rumiko Takahashi.

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En esta vida y en las siguientes

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Capítulo 2

"El jefe de la guardería"

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¿No era tan malo? Claro, si le quitaba la parte de no poderse moverse con libertad, de tener que hacer sus necesidades en pañales, tomar del seno de su ahora madre y sentirse como un pervertido cada que lo hacía, que cuando intentaba hablar solo salía un bua awa y pensaban que estaba llorando. En realidad sí era muy malo y quedaría traumado de por vida.

Intentaba mantenerse despierto pero esa cosa encima de su cuna, giraba y la música que producía, se lo ponían difícil. Era una clase de brujería para bebés, tal vez sus hijos estén pasando por lo mismo que él. Entre tanto dormir, comer y volver a dormir, no le daba tiempo a pensar en lo que haría después. Resistió lo más que pudo, pero finalmente sus ojos cedieron y el sueño lo venció.

- ¿Listo para su baño? ¿Pequeño amo?

Ah no mira, te dire claro que no amigo, este mayordomo siempre me dice lo mismo. Cómo si pudiera responderle algo.

- Listo, está perfecto. That's very good.

Como un gusano enrollado, algún día me las pagarás Roderick, tu y tu extraño idioma.

- Roderick ¿Está listo Raiden? - preguntó al mayordomo mientras se acercaba.

- En efecto, Lady Kisue - le entregó al bebé mientras hacía una reverencia.

- Que guapo estás mi vida - lo reviso mientras lo acomodaba mejor en sus brazos.

Bueno no lo puedo negar, es una buena madre. Siempre es cariñosa y cuidadosa, pero estoy muy incómoda con esta ropa. Tal vez, me ponga a llorar.

- Te portarás bien hoy mi pequeño, nada de ponerte a llorar - dijo mientras lo miraba.

A veces me asusta como sabe todo antes de que lo haga

Se resignó mientras observaba a mucha más gente de lo normal, presentes en esa enorme casa. No había visto en su totalidad la casa de su ahora familia, pero por lo que vio hasta el momento, se había dado cuenta de eso. En esta vida era hijo de un matrimonio de millonarios, es como dicen, la vida da vueltas y ahora su vida es totalmente opuesta a lo que vivió antes con su padre.

- Déjame cargarlo - mencionó mientras extendía sus brazos en dirección a su esposa.

- Está casi toda la familia presente - murmuró recorriendo con la mira toda la estancia.

- Si, todos quieren conocer a nuestro pequeño. ¿No es así, Raiden? - le hacía cosquillas al bebé intentando hacerlo reír.

A los minutos fueron rodeados. Haciéndoles un sin fin de preguntas, hasta sentía algo de calor por tanta gente queriendo verlo y tocarlo.

¿Acaso nunca habrán visto a un bebé? Son un grupo de locos. Según familiares, familiares sus pepinos. Los pondría sin duda en su lista negra. Ya verían todos esos cuando él creciera.

De pronto noto a otro bebé, tenía un peculiar mechón amarillo en la cabeza, mientras estaba calvo. Eso le causó mucha risa, al menos él sí tenía cabello.

- Se está riendo, míralo - mencionó alguien cerca.

- Aww que lindo - respondió otra persona.

- Está feliz por verme - contestó otra voz medio chillona.

Su padre caminó con él en brazos hasta la mitad de la sala, apartándose de las personas que lo rodeaban y se aclaró la voz antes de hablar.

- Bueno familia, es de mi agrado presentarles a Raiden Saejima, mi hijo y futuro heredero. - dijo fuertemente mientras sonreía.

Se escucharon aplausos y una que otra felicitación. Luego disfrutaron de un banquete entre risas y conversaciones, la velada llegó a su fin. Sin mencionar que fue cargado por muchas personas como si fuera un trofeo.

- Ahora duerme mi amor - dijo mientras lo ponía en la cuna y le daba un beso en la frente.

Se encontraba muy cansado, ver tanta gente lo agotó. Sin duda su energía de bebe era demasiado limitada. Lo último que vio antes de dormirse fue como su ahora mamá le sonreía antes de irse.

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Bueno si algo no entendía bien, era la razón para mandarlo a una guardería ¿Acaso no tenían una casa llena de sirvientes?. Lo único que dijo su mamá era que debía convivir con más niños, pero si estos niños solo estaban llorando y se metían cosas a la boca. Esperaba que Akane no mandará a sus hijos a un lugar así, porque pobre de ellos, si tenían que aguantar a tanto niño chillón. Sintió como le tiraban un juguete, no dolía pero si le molestaba.

Recuerda Ranma, tú también tienes hijos. Estos niños podrían ser los tuyos. Así que ten paciencia.

Respiro profundamente y agarro el juguete que le tiraron mientras se ponía de pie. Busco al dueño del mismo y se acercó a entregárselo. Noto como dos niños se peleaban por un juguete, entonces se acercó a ellos dándole a cada uno un juguete distinto y estos dejaron de pelear. No tenía mucho que hacer en ese sitio, así que se dedicaría a vigilar lo que hacían esos niños.

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- Roderick viniste - mencionó cuando lo vio en la puerta. Nunca había sentido tanta felicidad de verlo, al fin lo sacaría de ese lugar.

- Pequeño amo, he venido a buscarlo - cuando llegó hasta él, lo levantó en brazos.

- Habla bastante bien ¿Cuántos años tiene? - preguntó curiosa una de la chicas de la guardería.

- El pequeño amo tiene apenas 2 años - mencionó orgulloso.

- Increíble, es muy inteligente - respondió mirándolo.

- Así es, se ha desarrollado muy rápido. Hasta comenzó a caminar a los 7 meses y al año ya caminaba perfectamente.

- En verdad es un niño sorprendente, se porta muy bien y no llora como los demás. - comento mientras le entrega la pequeña maleta del niño.

- Siempre ha sido así el pequeño amo y ahora si me disculpa, nos retiramos my lady - dijo con mucha caballerosidad el mayordomo.

Ranma se despidió con la mano de la amable chica de la guardería, le había caído muy bien. Aunque deseaba volver a su casa más que nada.

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Miro para todas las direcciones, mientras se subía en el enorme sofá con el control remoto en la mano. Cuando estuvo seguro que no había nadie cerca la prendió y puso las noticias, le interesaba saber lo que pasaba a diario y por ese motivo debía ser cuidadoso de que nadie lo viera. ¿Sería muy raro que un niño de 2 años vea las noticias? Podría ser, pero tampoco sería el fin del mundo. Lo complicado era que cuándo tenía meses y comenzó a gatear, comenzó con ese hábito y si alguien veía siempre esa conducta recurrente, estaba seguro sería sospechoso. Varias veces Roderick lo pillo en esa acción, así que de quién más se cuidaba era de él.

- ¿Pequeño amo? ¿Qué está haciendo? - pregunto ingresando a la sala.

Hablando del diablo, me ha descubierto otra vez. Déjame respirar Roderick.

Se puso a jugar con el control intentando disimular que todo había ocurrido por error y el solo jugaba.

- ¿Pequeño amo? - volvió a preguntarle mientras lo observaba.

- Nada - dijo sin prestar atención.

- ¿Seguro?

- Si, me voy - se bajó del mueble dejando el control tirado y corrió por la casa.

Tenía que mantener sus diálogos en pocas palabras. Tampoco es normal que un niño de su edad hable tan fluido.

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Está jugando en el cuarto con su papá, bueno en realidad fingiendo que le interesaba jugar. Que aburrido eran esos juegos, igual debía hacerlo y aparentar ser un niño normal. Su padre se llamaba Zen Saejima, tenía 33 años, era el dueño y presidente de la compañía automotriz Infiniti, una reconocida marca japonesa, según lo que escucho, su padre desde muy joven luchó por levantar su compañía y luego de años logró su objetivo. Se casó a temprana edad con su madre Kisue Saejima, fue como decir amor a primera vista, eso le contaba su mamá siempre. Bueno también estaban intentando tener un hijo hace años, pero no lo habían conseguido, por lo que su nacimiento fue considerado todo un milagro por parte de ambos. Lo último lo escuchó por parte de algunos sirvientes, que en ocasiones cuchicheaban cerca de él, mientras hacían sus labores. Su madre también le había dicho que él era una bendición que llegó a sus vidas, por eso entendía la razón de sus palabras.

En ocasiones también se preguntaba que paso con él alma destinada a ese cuerpo, debería sentirse culpable, se arrepentía de no haber pedido más explicaciones en ese tiempo a esa parca. Solo esperaba no haberle arrebatado la vida destinada a alguien más, no podía estar seguro de eso y era tarde para esperar respuestas sobre el asunto.

- Cariño ¿Estás listo?

- Si, voy amor - se levantó acomodando su ropa. - Papá y mamá volverán pronto Raiden, no hagas travesuras y obedece a Roderick - dijo mientras lo miraba.

Su madre lo agarró mientras lo llenaba de besos.

- No tardaremos mi bebé - lo acurrucaba en sus brazos. Luego se lo entregó al mayordomo que se encontraba cerca de la puerta.

- Ya sabes Roderick, nos llamas sin importar la hora, si algo llega a suceder. - indicó el señor Saejima.

- ¿Enserio debo ir? - preguntó la mujer, mirándolo dudosa.

- Es necesario amor, es un evento sumamente importante y te necesito conmigo.

No preguntó más, agarró su maleta y se volvió a despedir del bebé antes de salir. Seguida de su esposo que también se despidió de su hijo.

Estarían fuera 3 días, cerraron un convenio con una compañía automotriz china y habría un evento de gala en celebración del acuerdo, por ese motivo era necesario la presencia de ambos. Los observó irse, mientras Roderick lo llevaba a su cuarto nuevamente.

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Había intentado por todos los medios, llegar dónde se ubicaba el teléfono. Pero le resultaba imposible, el problema no era la altura, era muy ágil debido a su pequeño entrenamiento, el cual hacía en secreto antes de dormir, el problema real era la ubicación, en esa zona siempre había gente y lo cual no le permitía moverse con tranquilidad, ni poder acceder al aparato como quería. Durante el tiempo que llevaba en esa vida, repetía a diario el número de teléfono de su casa para no olvidarlo y nada deseaba más que escuchar a su esposa nuevamente. Se rindió mientras se sentaba en el mueble cruzando de brazos, tendría que buscar otra manera.

Tal vez si le digo Roderick que me deje llamar. No, no funcionará el mismo marcará pensado que quiero hablar con mis padres. ¿Qué otras opciones tengo? Debo idear algo que me sirva.

- Pequeño Raiden - murmuró la dama de servicio.

- Mei - dijo en forma de saludo. Y le prestó atención.

- ¿Qué hace aquí? - pregunto.

- Aburrido - contestó acomodándose en el mueble.

- ¿Qué tal si viene a jugar con Anko? - lo miró interrogante mientras lo agarraba en brazos.

Asistió mientras se agarraba a ella, la pequeña Anko era hija de Mei. Era una niña un poco mayor que él y era bastante tranquila, hasta agradable, para ser una niña de esa edad. Cómo le caía bien, le gustaba hacerle juego y seguirle la corriente.

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Luego de días tenía listo su plan. El plan consistía en ganarse la amistad de todos esos niños de la guardería y poder convencerlos para que le ayudarán a realizar la llamada que tanto quería anhelaba. Decidido se puso de pie y se propuso poner en marcha su plan.

Durante los días siguientes se dedicó a cuidar a todos los niños, desde darle juguetes y hasta llevarlos al baño a los que ya iban solos. Notaba como algunos de los niños se le acercaban y lo llamaban para que los ayudara. Era bastante difícil hacerlos comprender lo que él decía, pero con el pasar de los días noto como le comenzaban a entender frases simples o señales. Todo iba por buen rumbo, en este momento se encontraba enseñándoles cómo armar legos. Asistió orgulloso viendo los avances que tenía su pequeño escuadrón.

- Súbete así - le mostraba como subir encima del bloque que había en la sala de juegos.

- assi, asii - repetía el niño imitándolo. Pero al intentarlo casi se cae, él rápidamente lo logró agarrar para que se equilibrara.

Vio a más niños acercándose a ellos interesados en realizar la misma acción, durante lo que quedaba de sus horas en la guardería, se dedicó a enseñarles a todos cómo se podían subir en el bloque.

- ¿No crees que ese niño es demasiado listo? - preguntó a su amiga. Mientras observaba cómo los niños se reunían alrededor de Raiden.

- A mí me parece super raro - comentó mientras comía de su sándwich.

- Pienso que es más lo otro, pareciera como si los demás niños lo entendieran.

- Solo son niños, aparte si se entretienen con ese - dijo señalando al mencionado. - Menos trabajo para nosotras, hace días que no lloran tanto como antes y déjame decirte amiga que es un alivio para mí. Solo acepté este trabajo por necesidad, no es totalmente de mi agrado estar rodeada de tanto niño. - explicó mientras se lavaba las manos.

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Estaba preparado, era hoy el día en que el plan se llevaría acabo. Enseño todo lo necesario a los niños para que todo funcione como quería. Los reunió a todos en el centro del área de juegos y los observó sentados prestando atención. Se aseguró que las chicas estuvieran distraídas, sabía que a esa hora ellas lavaban algunos juguetes y otros implementos.

- Escuadrón el día de hoy haremos lo que hemos venido planificando. Recuerden que luego de esto, les daré dulces a todos. - noto cómo aplaudían y golpeaban en el suelo en celebración.

- Sota - el mencionado se puso de pie mientras perdía un poco el equilibrio. - lleva a tus chicos a la zona X y esperen la señal.

- Sii - respondió mientras más niños lo seguían.

- Amelie, ve con las niñas a la zona de legos y prepárense - la pequeña niña rubia caminó junto a las demás.

Amelie Jones, era hija de un empresario británico. Quien llegó hace años a Japón, para realizar una alianza importante con la empresa de sus padres. Le conocía ya que la había visto algunas veces, recordaba haberse reído de ella cuando la vio de bebé. Ahora ya tenía cabello al menos, a la guardería no solo asistía alguien como Amelie sino también algunos hijos de personas importantes. Si destacaba algo de ella, es que sin contarlo a él, era la niña más lista en ese lugar.

Se preparó observando todo a su alrededor, 3 niños se habían quedado junto a él y el resto estaba en sus posiciones. Sin perder tiempo dió la señal.

Sota se subió encima del bloque que habían llevado cerca de la entrada y apretó el botón para abrir la puerta. Segundos después la puerta se abrió y los niños comenzaron a salir uno a uno. Cuando la puerta se abrió produjo un ruido sonoro, al poco tiempo las encargadas de la guardería salieron corriendo para verificar qué sucedía y notaron como los niños se escapaban. Despavoridas salieron detrás de ellos queriendo atraparlos.

Ranma hizo la señal para arrastrar otro bloque cerca de donde estaba colgado el teléfono. Y se subió en este, estiró su brazo y lo logró descolgar, sin perder tiempo marcó rápido los números y espero impaciente que alguien respondiera. Mientras fijó su vista en Amelie y le hizo la señal para que comenzara, las niñas comenzaron a tirar los legos en dirección a la entrada impidiendo que pudieran ingresar las encargadas que venían con los niños en brazos.

- ¿Hola?

Sintió como su pequeño corazón comenzaba a bombear acelerado, una enorme emoción lo envolvió por completo. Era su Akane, luego de tanto tiempo podía escuchar su voz nuevamente, tenía tanto por decirle y en verdad quería hacerlo, pero no podía, aún no.

- ¿Hay alguien? ¿Hola?

Solo le quedaba disfrutar de ese pequeño instante, amaba poderla escuchar aunque fuera solo de esa forma.

- ¿Hola?

La escucho volver a insistir antes de colgar, luego colgó el teléfono mientras se bajaba del bloque y lo arrastraba nuevamente a su sitio con ayuda de los niños. Estaba muy feliz y se daba por satisfecho por ese día al menos.

Dió nuevamente la señal para que las niñas se detuvieran y noto como al rato ingresaban las encargadas de la guardería con los niños que habían escapado. Se tuvo que contener para no reírse, porque lucían terribles, estaban todas despeinadas, sus ropas todas sucias, hasta el maquillaje se les había corrido.

Observó a las chicas sentadas hablando muy molestas sobre lo sucedido.

- ¿Pero qué fue eso? - preguntó mientras se intentaba desenredar el cabello sin éxito, luego se tiró sobre la mesa intentando no llorar.

- Dios, parecía un pandemonium de niños - comentó otra lavándose como podía los brazos.

- Eso no fue casualidad, ellos lo planearon - pego un grito enojada observando su ropa. - Los niños normales no se comportan así ¿Cómo supieron abrir la puerta? - pregunto a todas las demás.

- Cierto fue muy raro.

- Demasiado y ese niño es el culpable - señaló sin reparo a Raiden. - Es la mente detrás de todo esto, estoy segura. - comentó mirándolo con enojo.

Ranma que había estado al pendiente de todo, vio como lo señalaban y estaba seguro que lo estaban culpando a él. Le sonrió a la chica y siguió bebiendo su jugo sin darle importancia.

- Vieron cómo me sonrió, ese mocoso entiende todo. No hay duda que él causó esto - dijo muy segura.

Todas las demás chicas lo observaron sin creerse que todo eso fuera cierto.

- Hace días dijiste que solo eran niños - trato de quítale importancia. - Solo fue una travesura.

- ¿Travesura? ¿A esto le llamas travesura? - se señaló así misma. - Lo que soy yo, renunció en este momento. Ni loca me quedo aquí rodeada de esos niños un minutos más, la próxima vez no tendremos idea que harán.

Algunas asistieron dándole la razón.

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- Roderick ¿Sabes porque renunciaron tantas chicas de la guardería?

- No lo sé, My lady - respondió mientras continuaba arreglando el cuarto.

- Es muy raro, ayer cuando fui a dejar a Raiden. Me tope con esa sorpresa y nadie sabe la razón. ¿Y tú cariño sabes la razón? - miro al niño que tenía en brazos.

De saber si se mamá, pero no estás lista para esa conversación.

- Peluche - dijo señalando al perrito de felpa que le regalaron hace unos días. Tratando que su mamá lo deje de mirar así y hacerse el desentendido.

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Cómo lo prometido es deuda, cuando llegó ese día a la guardería comenzó a entregarle a todos los niños los dulces que prometió. Miró atentamente a las nuevas encargadas, no sabía si sentirse culpable, después de todo él no hizo que las despidieran. Fueron ellas que asustadas se fueron solas, tampoco era para tanto.

La chica que siempre le agrado desde el primer día que llegó a ese lugar, venía en su dirección.

- Hola, Raiden ¿Que tienes ahí? - preguntó mientras observaba como aún llevaba consigo algunos de los dulces que estaba repartiendo.

Decidió darle algunos y ella gustosa los acepto.

- No tuviste culpa de lo que pasó ¿Verdad? - le pregunto mientras lo observaba.

- Pájaro - respondió señalando la ventana, dónde un lindo pajarito amarillo estaba caminando. En esa ocasión era mejor hacer como sino entendía nada.

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Descripción de los personajes

Zen Saejima: Padre actual de Ranma, es un hombre alto con una contextura delgada, cabello negro y ojos color verde jade. Su personalidad es comúnmente sería y fría, solo se nota distinto con su familia.

Kisue Saejima: Madre actual de Ranma, es una dama en toda la expresión. Cuida mucho su figura y es una persona sumamente amorosa. Su cabello es color marron claro, sus ojos color negro y sus expresiones son sumamente delicadas.

Raiden Saejima (Ranma): Heredero el cabello de su madre y los ojos de su padre.

Roderick Clive: Mayordomo de origen britanico, llevaba años trabajando para los Saejima. Cabello de color amarillo, ojos de color cafe claro. Su personalidad es amigable el mayor tiempo, es muy caballeroso y servicial.

Mei: Dama de servicio, especialmente al cuidado de Raiden (Ranma).

Anko: Hija de Mei, amiga de Raiden (Ranma).

Sota Haruko: Hijo de un magnate de una marca deportiva, amigo de la guardería de Radien (Ranma).

Amelie Jones: Hija del socio y vicepresidente de la compañía automotriz Infiniti, amiga de la guardería de Radien (Ranma).

Hana: Empleada de guardería a la que asiste Radien (Ranma) con la cual él se lleva bien.

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Gracias por leer preciosuras

Se que son muchos personajes sacados del contexto de la historia, pero claro que se irán introduciendo los personajes habituales pero en roles distintos.

Puedo decir que la historia avanzará de manera suave, donde planeo contar todo lo que vive Ranma con el pasar de los años. Este fanfic estará lleno de momentos divertidos y así mismo sentimentales como a mi me gusta.

Un muy enorme agradecimiento a todos los que leen mi historia, a los que me dejan esos hermosos comentarios y a quienes miran secretamente.

Nos vemos pronto