Hola preciosuras
Ranma 1/2 y sus personajes no me pertenecen, son absoluta propiedad de la extraordinaria y cruel Rumiko Takahashi.
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En esta vida y en las siguientes
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Capítulo 10
"Serendipia"
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Una pesadilla lo obligó a levantarse, su respiración era agitada, fijó su vista en el reloj de su habitación. Vio reflejado los rayos del sol, sobre sus sábanas. Sabía que aunque quisiera, no podría volver a dormir, decidió levantarse. Entró al baño para lavar su cara, buscaba terminar de despertarse, se miró al espejo y notó como su cabello había crecido bastante. Posiblemente, pronto iría a cortarlo, le molestaba al momento de entrenar y esa era la principal razón, por la que siempre lo llevaba corto.
Realizó los estiramientos antes de comenzar a practicar algunas katas, el entrenar siempre le ayudaba a tranquilizarse. Se consideraba un hombre valiente y pocas veces en su vida le había temido a algo, quizás era porque en sus venas corría la sangre de un guerrero, su abuelo siempre le había contado, que su familia descendía de un linaje antiguo de artistas marciales. Hasta los guerreros tienen debilidades, y él las tenía, justo esa debilidad era su familia. Recordaba tanto ese día, se levantó al no poder conciliar el sueño y se encontró con una imagen que nunca olvidaría, aunque era un niño entendía lo que era el dolor y ver a su madre llorar sin consuelo, fue un duro golpe, ver tan débil e indefensa a la persona que siempre parecía alegre y hasta ese momento, él creía que nada le podía hacer daño, admiraba enormemente a su mamá y la amaba por igual. La escuchó mencionar tantas veces el nombre de su padre y lo mucho que lo extrañaba, es verdad que él no conoció a su padre, pero sabía lo mucho que los había querido a su hermano y a él. No le odiaba, ni le culpaba, se sentía orgulloso de que su padre fuera un héroe, su madre siempre se lo decía, que él dió su propia vida para salvar a unos niños iguales a ellos. No podía quitarle los ojos de encima a su mamá, se sintió igual de triste que ella y no sabía que podía hacer. Trató de irse sin hacer ruido y fue al dojo donde vio el altar de su padre, no entendía del todo los sentimientos de las personas. Lo que sí tenía seguro, es que no quería ver esas lágrimas en el rostro de su mamá, quería protegerla y cuidarla siempre. Su papá no podía ¿Entonces de quién era la responsabilidad? Claramente era de él, como hijo de su padre y como el mayor, su deber y obligaciones era protegerlos tanto a su mamá, como a su hermano. Juró ese día ante el altar de su padre, que desde ese momento él se encargaría de eso y si le tocaba crecer rápido, lo haría, solo para cumplir con su promesa.
Sacudió la cabeza intentando sacar de su mente esos recuerdos, había cumplido con su juramento. Por más que una pesadilla lo llevará de regreso a ese día, era solo un mal sueño. El siempre protegería a su familia de lo que sea y de quién sea, porque un Saotome nunca rompe sus promesas.
Caminó de regreso a la casa, mucho más relajado y con la mente más lúcida. Cuando pasó por la cocina escuchó a su mamá, ¿Tarareando? Eso nunca lo había escuchado y sin salir del asombro se asomó para constatarlo. La observó un rato moverse de un lado para el otro, siguiendo el ritmo de su canción. Sin evitarlo sonrió, le hacía feliz verla así.
— ¿Mamá? — llamó antes de ingresar a la cocina.
— Buenos días, cariño. ¿Por qué te levantaste tan temprano? — posó su mirada en él.
— No podía dormir — se sentó en la mesa sin dejar de observarla —. Pareces muy contenta hoy. ¿Pasó algo bueno? — preguntó.
— Lo de siempre, salí a correr temprano — se giró para sentarse con él.
— ¿Así que correr te hace feliz? — cuestionó con diversión. Le producía cierto regocijo, notar ese estado de ánimo y quería ver más seguido esa sonrisa en el rostro de su mamá.
— Me relaja mucho. Además, sería mejor, si me acompañaran. Luego recuerdo que tengo dos hijos, que odian madrugar.
— Conmigo tienes más esperanzas, mamá. Pero si hablamos de Kai, ese no se levanta antes de las 10 am, ni así se acabara el mundo — trató de excusarse.
— En eso debo darte la razón - comentó sonriendo —. Tu hermano es como un osito perezoso.
— Ese apodo le queda perfecto — soltó una carcajada, pensando que su hermano se molestaría por ese apodo.
— Nada de bromas así, sabes que tú hermano pierde la paciencia con facilidad y no quiero que destruyan nada, y menos por sus peleas — regañó al saber las intenciones de su hijo.
Ella mejor que nadie sabía que sus hijos disfrutaban de hacerse bromas y terminaban en alguna que otra pelea por ese motivo. Ese temperamento lo habían heredado de su padre. Y claramente eso no era bueno para la estructura de la casa.
— ¿Qué hay de desayunar? — se encogió de hombros y trató de cambiar de tema.
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— ¿Me prestas un bolígrafo?
— Ten, solo tengo de ese color — dijo sin mirar a la persona que tenía a su lado. Aunque no mentía en esa pequeña maleta que cargaba solo llevaba un cuaderno y un bolígrafo. En esta ocasión también algunas sombrillas. Cuando salió de su casa percibió el cambio del ambiente, como la humedad aumentaba, estaba seguro que no estaban previstas lluvias para ese día, aún así él estaba seguro que iba a llover.
Cuando terminó la aburrida clase, caminó despacio por los pasillos revisando un mensaje de Kenji. Puede que la mayor parte del tiempo estuviera molestando junto a Roderick, pero si algo no le podía negar a Kenji, es que era alguien muy inteligente, se había graduado con honores en administración de empresas y hoy en día, ejercía como su mano derecha en todo lo relacionado a sus negocios, confiaba mucho en sus capacidades.
Se detuvo al ver a sus hijos discutiendo con un grupo de muchachos. Se percató de cómo Kai apretaba su puño intentando controlarse y como un tipo de contextura pronunciada y bastante alto, se burlaba de él.
Nunca faltan estos buscapleitos
Entendía que ellos no eran para nada débiles y podían defenderse, aunque había un gran pero "Akane" trabajaba en ese lugar y se lo pensarían dos veces antes de meterse en problemas, debido a las repercusiones que sus acciones pudieran causar. En otro caso él no tenía nada que lo detuviera.
— ¿Todo en orden? — consultó llegando junto a ellos.
— Si, todo está bien. Vámonos, Kai — lo jaló para que caminara.
— Las nenitas Saotome, cómo siempre huyendo — dijo en voz alta cuando les notó girarse.
— Y tú Godo, tan imbécil como siempre — comentó Ryota regresando a verle.
— Imbécil, voy a cobrar todas las que me tienen pendientes, ustedes dos. — gruñó avanzando en dirección a ellos.
— Oye — lo detuvo del hombro haciéndolo girarse —. Es mejor que te vayas — advirtió.
— ¡No te metas! ¡Payaso! — gritó intentando golpearle. Gruñó molesto cuando él esquivó su golpe y su pequeño grupo venía acercándose en su ayuda. — ¿Quién diablos eres?
Ranma vio como Kai y Ryota volvían en su dirección, le hizo un gesto con la mano para que no vinieran y se detuvieran en el lugar que estaban.
— Soy alguien que no quisieras haber conocido — incrementó la fuerza del agarre y lo hizo arrodillarse retorciéndose del dolor —. Ahora escúchame — lo hizo ponerse de pie —. En lo que resta de tu vida tienes prohibido acercarte a cualquiera de nosotros. Sino obedeces, te arrepentirás de haber nacido — le murmuró cerca del oído mientras liberaba su aura de combate y aterraba al grupo cercano a él.
Lo notó temblar y asintir repetidas veces. Cuando le soltó este se alejó deprisa junto a su grupo. Sonrió satisfecho, luego caminó en dirección a sus hijos.
— Ahora sí, vámonos.
— ¿Qué fue eso? — preguntó Kai todavía sorprendido.
— Es hacer notoria tú presencia, mediante la liberación de tu aura de combate. ¿Nunca lo han hecho?
— Yo he practicado, pero es bastante difícil. Aún no encuentro forma de controlarlo, no de la forma que tú lo haces, eso es totalmente otro nivel — admitió Ryota pensativo.
— Tampoco puedo hacerlo, cuando intento concentrar mi poder, simplemente se esfuma y queda solo en eso. Eres increíble amigo — comentó agarrándolo del hombro —. ¿Nos enseñas? — preguntó Kai ilusionado.
— Cuando quieran. De hecho pienso inscribirme en el dojo el fin de semana, así podemos practicar.
— Eso es genial, ¿También tienes técnicas especiales? — indagó Ryota.
— Tengo muchas y en este momento verán una. La técnica de la desaparición — corrió a esconderse detrás de una pared y les llamaba para que se escondieran también.
— ¿Quién es? - preguntó Kai hablando despacio.
— No sé cómo se llama, creo que comparto una clase con ella y ahora me anda siguiendo. Cuando me encuentra comienza a hablar sin parar.
— Ya la enamoraste — se burló Ryota.
— Nunca me han gustado las mujeres intensas. ¿Quieres que te la presente? — dijo señalando por dónde venía.
— Tampoco me gustan las mujeres así. Creo que no la aguantaría — aseguró mirando de reojo como la chica miraba en todas las direcciones.
— A ti te gustan las mujeres complicadas, Ryota. Así como — se quedó pensando —. ¿Cómo se llamaba la chica de la trenza?
— Maron. Era una chica muy bonita e interesante — lo miró arrugando las cejas.
— Está bien, está bien. Pero no me mires así.
— Ni que tuvieras mejores gustos. Mira que te ha gustado la misma chica, desde la escuela. Y nunca le dijiste nada. — acusó cruzándose de brazos.
— Es difícil con ella...
Miraba divertido la pequeña discusión que tenían ambos.
— ¿Y por qué no se lo dices? — cuestionó al verlo dudoso.
— Bueno es que ella. Siempre tiene muchos pretendientes. Así es complicado, Raiden.
— No podrás saber lo que pasará, sino se lo dices. A veces es complicado ser sincero y decir lo que se siente, creo que a todos nos da miedo el rechazo — comentó mientras recordaba cuánto le costó decirle sus sentimientos a Akane.
Ambos asintieron dándole la razón.
— ¿Y a ti qué clase de chicas te gustan? — Ryota señaló a la chica que aún le seguía buscando.
Notó cómo ambos se reían al verlo hacer una mueca de desagrado.
— Me gustan las mujeres con carácter fuerte, con una linda sonrisa y sus ojos deben ser muy expresivos. Y debe gustarle discutir conmigo, también que cuando se moleste haga caras raras — sonrió al mencionar lo último.
— ¿Eres una especie de masoquista? — preguntó Kai riéndose de su amigo.
— Un poco. Solo soy un hombre enamorado — aceptó mirándolos.
— El amor te vuelve tonto — comentó Ryota.
— Eso y más. Cuando lo experimentes me darás la razón — le dió una palmada en la espalda.
— Ya se fue — mencionó Kai quien estaba vigilando.
— ¿Cómo se llama la chica? — preguntó observando a Kai.
— Meilin. Estudia aquí también.
— Entonces, vamos a verla. Tal vez, pueda darte algún consejo.
Kai solo asintió comenzando a caminar.
— Agáchense — comentó bajo escondiéndose entre los arbustos.
— ¿Cuál es? — consultó al ver un grupo de chicas.
— La de cabello morado — dijo Ryota mirando por encima.
Así que la hija de Shampoo, yo no caí con su madre y mi hijo va a caer con su hija. Que irónico.
— ¿Y qué piensas? — le preguntó.
— Creo que tienes oportunidad. ¿Nunca te ha rechazado de algún modo?
— Nos llevamos bastante bien, así que podría decir que no.
— Primero hay que comprobar, sino le eres indiferente. Y luego creo que deberías decirle y probar suerte.
— Es que eres lento, Kai. — mencionó Ryota.
— Habla más despacio, están mirand...
Se agacharon enseguida al ver cómo las chicas miraban en esa dirección.
— Te dije — murmuró despacio aún en el suelo.
Esperando que ellas se volvieran a entretener en su plática, para volver a levantarse.
— Yo pienso que si tienes posibilidades — después de todo el encanto Saotome es irresistible.
— Eso le he dicho por años, pero nunca me hace caso — respondió Ryota negando con la cabeza.
— Es tan perfecta... — no le quitaba la mirada de encima.
Ranma y Kai se hacían señas al verlo perdido en su mundo.
— ¡Así que aquí están! — gritó alguien a sus espaldas.
Brincaron del susto y al ver cómo volvían a llamar la atención, se tiraron al suelo arrastrando consigo a las dos personas frente a ellos.
— Que diablos, no hagan bulla — mencionó tapando la boca de Hideki.
Kai hacía lo mismo con Yuki. Y Ranma los agarraba a ambos impidiendo que se levanten.
— Los soltaremos, pero no hagan ruido. Vámonos — comentó Kai en un tono muy bajo.
Se arrastraban por el piso y llegaron a la pared.
— Esperen — llamó la atención de ambos, antes de que se fueran a sus respectivas asignaturas del día —.Tomen esto — les entregó una sombrilla a cada uno —. Hoy va a llover, así que les servirá.
— No parece nublado — comentó Kai mirando al cielo.
— Les aseguro que lloverá — dijo confiado.
— ¿Y para mí? — Hideki extendió la mano esperando recibir su sombrilla.
— Solo queda una más. Te tocará compartirla con Yuki.
— Oye eso se llama favoritismo. ¡Traición! — dijo en tono ofendido.
Los cinco se echaron a reír. Luego se despidieron quedando a reunirse a la hora de salida.
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Llevaba rato buscándola, sin duda ella caminaba muy rápido. Le tocó hacer una carrera olímpica, solo para darle alcance. Sonrió al verla caminar con sus típicos tacones, iba concentrada leyendo unos papeles. Que ni siquiera notó cuando él se colocó a su lado y tuvo algunos segundos para poder apreciar sus expresiones, desde una mueca de molestia, hasta un chillido muy gracioso. Luego ella giró su rostro al percibirlo.
— ¿Cuándo llegaste?
— Hola, hace un momento. Pero no me hacías caso — mencionó.
— No te vi, me asusta esa manera tuya de aparecer de la nada — lo acusó mientras ingresaba al aula y se sentaba en el escritorio —. ¿Qué necesitabas? — preguntó al notarlo arrastrar una silla para sentarse frente a ella.
— Necesito una razón, ¿Para ver a mi maestra favorita? — consultó levantando la ceja.
— Creo que ya nos vemos mucho, sino te parece suficiente. Quizás te deje más tarea, así podrás pensar que tan conveniente es verme tan seguido — comentó arreglando una pila de hojas que tenía en el escritorio.
— Que malvada eres. Voy a reconsiderar lo de maestra favorita y te buscaré un lugar en mi lista negra — resopló poniendo los pies sobre el escritorio.
— Baja los pies — lo regañó. Sonrió al ver el berrinche que intentaba hacer.
— Lo haré, si prometes que no habrá más tarea.
— ¿Crees que estás en posición de negociar?
— Lo estoy, solo dí que sí — comenzó a balancearse en la silla.
— Harás caer los papeles. No seas berrinchudo. Tu mamá te consintió mucho. — comentó mirándolo.
— Eso es porque me quiere mucho y soy un excelente hijo — aseguró. Sacó una bolsita de maní y le dió algunos a ella.
— Tampoco me convences dándome comida — dijo mientras comía.
— ¿Segura? — movió la bolsita frente a ella.
— Segura — respondió arrebatándole la bolsita.
— Ya ves — sonrió mirándola —. Eres muy tramposa, Akane.
— Bueno lo acepto, me gusta mucho el maní.
— ¿Entonces tenemos un trato?
— Solo por hoy — aceptó terminando de comer. Carraspeó un poco, su garganta se había secado.
— Ten — le ofreció una botella de agua.
— A veces creo que tienes todo planeado — lo miró con desconfianza.
— Es mi día a día. Me ves aquí sentado con los pies en la mesa. Pero de noche soy una mente maestra.
— Impresionante — llevó su mano a su boca fingiendo estar impresionada.
— La actuación no es lo tuyo.
— Aunque no lo creas actué como Julieta en la preparatoria. Me fue bastante bien — sonrió orgullosa.
— Creo que la actuación debe haber sido un éxito, gracias a quien interpretó el papel de Romeo — sonrió de medio lado.
— Para nada, ese Romeo no sabía ni qué hacer en la obra — aseguró levantándose.
— Tengo mis dudas aún — la siguió con la mirada viéndola escribir algo en la pizarra.
— No deberías tenerlas. Yo no miento — dijo volteándose —. ¿No tienes clases?
— En unos minutos. No me estés corriendo — se quejó.
— Ve a clases, si llegas tarde luego quieres culparme — señaló con el marcador la salida.
— Mandona — se levantó —. Para que veas que soy muy amable, ten — le entregó una sombrilla.
— No soy mandona. No ví en el reporte del clima que llovería.
— Pero lloverá. Tienes que confiar más en mí. — caminó hacia la salida.
— ¿Y las razones? — comentó a manera de burla.
— Porque yo lo digo.
— Que convincente eres.
Tuvo que intentar no reírse al verlo gruñir.
— Bueno ya me voy — dijo de mala gana — Nos vemos luego, mandona.
Es un niño.
Negó con la cabeza al verlo irse enojado, solo porque ella no le dió la razón.
Tenía una larga jornada por delante. Se preparó mentalmente para comenzar con la clase. En pocos minutos sus estudiantes llegarían.
No puede ser verdad.
Miró al cielo que literalmente se caía a pedazos, era una tormenta bastante fuerte y estaba todo nublado. Trató de fijar su vista en lo que tenía delante, sacó la sombrilla que le había entregado Raiden y trató de no resbalarse. Comenzó a caminar al estacionamiento. Cuando ya iba a mitad del camino se topó con alguien parado delante de ella.
Trató de identificar quién era, este fue poco a poco levantando la sombrilla. Él estaba ahí parado en medio de la nada, sonriendo de manera arrogante.
Así que disfrutas saber que tienes la razón.
Lo fulminó con la mirada. El hizo un gesto de susto, para luego reírse.
Es bastante insoportable.
Vio cómo movía sus labios diciendo algo y se concentró intentando adivinar qué era lo que decía.
¿Te? lo demás no lo entendí.
Ranma se dió la vuelta y a los segundos desapareció.
Quien lo entiende.
Su regreso a casa fue bastante complicado, el tráfico era terrible. Estaba segura que hubiera llegado más rápido caminando, no era tan lejos. No podía dejar simplemente su auto tirado en el estacionamiento de la universidad. Bajó del auto abriendo nuevamente la sombrilla.
— Tardaste mucho — habló detrás de ella.
Akane automáticamente pegó un gritillo retrocediendo.
— Deja de hacer eso — dijo enojada.
— Te asustas porque no estás en guardia.
— Claro, solo que no espero que alguien aparezca de la nada, justo cuando llego a mi propia casa — mencionó cerrando el auto.
— Solo venía a saludar — comentó mientras hacía girar la sombrilla en su mano.
— ¿Solo eso? — cuestionó sabiendo sus intenciones.
— Y a decirte que siempre tengo la razón — asintió feliz.
— No siempre. Pero gracias por la sombrilla — abrió la puerta para ingresar a la casa.
— Al menos un gracias. Vamos progresando.
— Siempre soy amable, ahora ve a casa, puedes enfermarte. ¿Y qué era lo que me decías a la salida? — preguntó al recordarlo.
— No me enfermo fácilmente. No era nada. Nos vemos, Akane.
— ¿Así que no me dirás? — volvió a preguntar.
— No, no te diré — se despidió subiendo a su auto.
Dije que te amaba, tonta.
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A diferencia de las últimas semanas, el día de hoy estaba bastante alerta, no quería ser nuevamente sorprendida.
— ¡Akane! — gritó tocando su hombro.
— ¡Que dejes de hacer eso! — le ponía de mal humor que siempre se saliera con la suya.
Se limpiaba una lagrimita producto de su ataque de risa al verla tan enojada.
— Pensé que estabas alerta está vez — negó con la cabeza.
— Lo estaba, no entiendo cómo consigues aparecer de esa forma.
— Entrenamiento — aseguró — Bueno, hoy haremos algo diferente. Vamos a desayunar.
— Estoy corriendo, no vine a desayunar — concluyó ignorándolo.
— Pero encontré un sitio muy bueno. Ven, vamos — la agarró de la mano haciendo que lo siguiera.
— Está bien, pero suéltame.
Caminaron un poco, hasta que se detuvieron frente a una pequeña cafetería.
Ambos ingresaron y él pidió un menú. Se lo entregó a ella para que eligiera.
— ¿Ya decidiste? — preguntó al verla dudar.
— Hay cosas que no conozco y no se que sean — comentó dejando el menú en la mesa.
— Está cafetería es de estilo francés, tiene platillos propios de esa gastronomía. Te recomiendo pedir un Pain aux raisins y un Café noisette.
— ¿Sabes francés? — consultó al escucharlo pronunciar con facilidad los nombres de los platillos.
— Un poco, tampoco es tan avanzado mi francés.
— Te daré un voto de confianza.
Levantó la mano, esperando que vengan a tomarles el pedido.
— ¿Y? ¿Qué tal está? — observaba con atención sus expresiones.
— Está muy rico todo — aceptó mientras bebía el café.
— Te lo dije — sonrió —. Ahora pediremos el postre.
— ¿No es muy temprano para comer dulces?
— Este cuerpo — se señaló a sí mismo —. Necesita calorías para mantenerse en forma.
— Eres demasiado pretencioso — dijo mirándolo. Luego se fijó que está vez estaba vestido con una camiseta sin mangas y notó una cicatriz en su hombro.
Se miró a sí mismo al notar como ella lo observaba.
— Te interesa saber sobre ¿Esta cicatriz? — la tocó con su dedo.
— Se ve bastante pronunciada, debió doler mucho.
— No tanto. Me la hice a los 12 años. Mis padres iban a realizar una donación a un orfanato, así que fuimos los tres. Todo iba bien, mi papá y yo, estábamos reunidos con el director del lugar, quien nos explicaba en que sería usado el dinero y cosas por el estilo. A mí mamá nunca le han gustado esos tipos de asuntos, pero ella ama a los niños, así que fue a pasar tiempo con los niños de ese lugar. La estructura del lugar era casi en su totalidad de madera, no sabemos el motivo, pero de la nada se produjo un incendio, que se expandió a gran velocidad, nosotros pudimos salir rápido. El problema era el edificio principal, el viento empeoró todo y estaba totalmente en llamas, los bomberos tardarían mucho en llegar y sería tarde para cuando llegaran. No podía simplemente quedarme sin hacer nada, mi mamá estaba ahí dentro, mi papá intentó detenerme para que no vaya, pude razonar con él y me dejó ir. Cuando ingresé al lugar era un infierno, el humo apenas me dejaba ver. Tardé algunos segundos en llegar dónde estaban, los encontré en una habitación lejana, eran muchos niños y mi mamá los había llevado ahí, en un intento de escapar, la estructura comenzaba a caerse a pedazos. No tenía muchas opciones, así que tuve que concentrar mi poder y lanzar un ataque volando la pared del frente, estábamos sacando a los niños, cuando el techo se nos cayó encima y tuve que colocarme sobre ellos, recibiendo algunos trozos de madera en llama viva sobre mi cuerpo y por eso tengo esta cicatriz justo aquí. Creo que este lado recibió la peor parte.
— Lo que hiciste fue extraordinario igual me aterra el hecho que pudiste morir por eso.
La notó pensativa.
— Estoy aquí ahora, eso es lo importante.
— Lo es — le sonrió.
Iban de regreso, llevando un trote suave. La observaba aún pensativa.
— Una carrera — propuso adelantándose un poco.
— No me parece que sea justa. Tu eres más joven.
— Te quejas mucho.
— Adiós, lento — corrió adelantandolo varios metros.
— ¡Tramposa! — gritó al verla desaparecer en la esquina.
— Para la próxima corre más rápido — sonrió victoriosa.
— Ganaste porque hiciste trampa — se cruzó de brazos.
— Todo fue legal — se defendió tratando de recobrar el aliento.
— ¿Si? — caminó directo a ella que estaba cerca de la pared.
— Que sí, debes aprender a perder — dijo tranquilamente.
Ella se pegó a la pared al verlo acercarse y lo miró desafiante. Le gustaba tanto esa actitud, no importaba cuántos años pasaran, siempre sería ella, su Akane. Se sintió hipnotizado en su mirada, el verla así tan indefensa y desafiante. Se moría por besarla, se acercó más invadiendo su espacio personal. ¿Estaría bien si lo hacía? no tenía idea, pero era lo que quería. Resistió con todas sus fuerzas sus instintos, si quería hacerlo, aunque sabía que era muy pronto y lo que menos quería era arruinarlo todo. Se separó como pudo y le pinchó la frente con un dedo.
— Eres muy pequeña para ser tan desafiante.
Ella todavía no reaccionaba, así que no respondió de inmediato.
— Y tú, un malcriado y un irrespetuoso. Debes respetar a tus mayores — dijo dándose la vuelta.
Caminó deprisa entrando en la casa. No sabía qué cara tenía, pero eso había sido demasiado vergonzoso. ¿Qué diablos fue eso? se preguntaba totalmente confundida. Se había quedado sin reacción al verlo acercarse a ella de ese modo.
— Estoy enloqueciendo. ¿Acaso esperaba que me besara? ¡Dios! es solo un niño. Debes centrarte Akane.
Se regañó así misma. Sería un largo día, donde tendría mucho que pensar.
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Bueno ella se había enojado "por el altercado" llevaba como 3 días evitándolo. Eso le ponía de muy mal humor, todavía que él hizo el esfuerzo para que no pasara a mayores. Ni durante las clases le hacía caso.
Tonta Akane.
Pero que ni creyera que se iba a librar de él. Sonrió mientras agarraba su teléfono listo para su plan del día.
— Que tal, Ryota.
Llevaba una pequeña mochila y la metió al auto.
— Todo bien, amigo.
— Voy camino a tu casa, para lo que hablamos ayer.
— Dale, te estaré esperando.
Mientras conducía pensaba en la cara que pondría Akane cuando le viera llegar. Sus esfuerzos por ignorarlo quedarían reducidos a nada.
Estaba un poco emocionado, después de tantos años volvería a recorrer su casa. Está vez, sin tener que esconderse, como hizo tantas veces durante los últimos años.
— ¡Raiden! — Kai corrió a recibirlo.
— Hola, Kai — caminó junto a él.
— Ryota, me dijo que venías. Así que al fin vamos a entrenar juntos. — comentó abriendo la puerta de la casa.
Al escuchar unos conocidos ladridos se volteó.
— Hey, Koyimaru — se acercó a saludarlo — . Saluda — le extendió la mano y este le puso la pata encima.
— Ni a mi me hace caso. ¿Cómo hiciste que te diera la pata? — consultó mirando al perro.
— Soy bueno con los animales.
— ¿Y cómo sabes su nombre? — volvió a preguntarle.
— Ryota me comentó algo — mintió al darse cuenta que cometió otro error.
— Con razón. Ven, no perdamos el tiempo — dijo mientras lo guiaba al dojo.
Estaba por ingresar al lugar, pero le tocó esquivar un golpe que venía directo a su cara.
— Gracias por el recibimiento — comentó mientras volvía a erguirse.
— Al fin llegaste — mencionó Ryota pegado a la pared —. Lo siento, hoy mamá está de mal humor.
— No estoy de mal humor — respondió —. No te distraigas, sigamos.
— Hagamos el registro — Kai le indicó que lo siguiera.
Observaba a Akane practicando con Ryota. Estaba molesta, sus movimientos lo decían claramente. Aún así, había mejorado mucho, por algo era una maestra en el arte.
— Puedes cambiarte allá — señaló una especie de vestidor.
Esto es nuevo.
— Oye ese Gi está increíble — Ryota camino hacia él.
Su Gi era totalmente blanco, pero los detalles que tenía, eran un dragón negro en la parte de atrás. En la parte delantera simulaban las garras del mismo. También el cinturón era color negro con detalles dorados, con el mismo representativo del dragón.
— El diseño representa mi apodo en el mundo de las artes marciales. Cuando era más joven gané algunos torneos — explicó apretando su cinturón.
— Estás lleno de sorpresas — aseguró Kai.
— Quiero ver en qué nivel estás. Tengamos un pequeño duelo de práctica — Akane le miró con molestia.
Quieres golpearme porque estás molesta.
— Bueno, maestra — dijo de forma sarcástica.
— Ataca — ordenó poniéndose en posición de combate.
Resopló caminando hacia ella y haciendo un amago de lanzar un golpe.
— ¿Cuándo dejarás de evitarme? — preguntó cuando estaba muy cerca de ella.
— No te evitó, concéntrate — regañó en un tono muy bajo.
Ella tiró dos golpes veloces, él sonrió sorprendido de su velocidad. Intentó dar un golpe, pero ella ya estaba en posición de defensa nuevamente.
Rápida y muy ágil.
— Entonces, ¿Por qué cada vez que me veías huías?
Saltó al momento que ella intentó realizar una barrida.
— Estuve ocupada.
Desvió el golpe y detuvo el rodillazo con su otra mano.
— ¿Durante tres días?
Ella comenzó a incrementar su velocidad al momento de lanzar golpes.
— Si.
— No seas cortante.
Igualó su velocidad mientras se defendía.
— No lo soy.
Vio la concentración en su mirada y supo que venía algo.
Mierda.
Lo agarró llevándolo al suelo intentando aplicar una llave. Era una buena llave, pero sabía cómo librarse. Se levantó sonriendo al verla enojada.
— Muy cerca, aunque no lo suficiente.
— Presumido.
Comenzó a atacar nuevamente y no se esperaba lo que vería. Ella estaba usando la técnica de las castañas. Abrió los ojos con asombro, no solo usaba esa técnica, también estaba concentrando su energía en sus puños. Akane tenía un gran nivel, había mejorado muchísimo durante todos esos años. Estaba sumamente orgulloso, sin duda ella era toda una experta. Decidió tratarla como un igual y pelear a su nivel.
La veía sonreír al tiempo que combatían, era una buena pelea ambos estaban atacando de magnífica manera. Y se notaba toda la experiencia a través de sus movimientos. Ella no solo era una experta en artes marciales, había criado sola a dos niños, tenía su maestría y había llevado por sí sola el dojo familiar por años.
— Sin duda eres increíble — notó cómo lo miraba con sorpresa —. Pero te descuidaste — la tiró al suelo de un movimiento y la atrapó en una llave hasta que ella se rindió.
— Ahora tu eres el tramposo — comentó levantándose.
— Estamos a mano — le dedicó una sonrisa.
— ¡Otra vez! — gritó Kai emocionado por el combate que presenció.
— Fue un gran combate — afirmó Ryota.
— No podría seguir ese ritmo tanto tiempo — dijo limpiando el sudor con su toalla —. Creo que en vez de ser un alumno, te quedaría el puesto de maestro. Con tu nivel actual estás por encima de muchos — aseguró al mirarlo.
— Necesito seguir entrenando. Además, tengo una promesa que cumplir — agarró a ambos muchachos —. Vamos a entrenar.
Akane se retiró dejándolos solos. Debía descansar un poco antes de que su clase del día comenzara. Le había extenuado ese combate de práctica, fue bastante intenso.
— Ese tonto, como puede decir algo de esa manera y mirarme de esa forma. No sé por qué me sentí así.
Puso su mano en el pecho, se había emocionado al escucharlo. Quizás solo lo había extrañado, era alguien bastante molestoso. Aunque no negaba que su presencia le alegraba de alguna manera y se había acostumbrado a tenerlo revoloteando cerca de ella. Caminó de regreso al dojo, cuando iba a ingresar, escuchó cómo sus hijos reían sonoramente. Se asomó viendo lo que hacían, los observó parados de cabeza sostenidos solos por sus manos. Tanto Kai y Ryota, parecían estar intentando dejar el equilibrio solo sobre sus dedos, fallaron en eso y a la final terminaron cayendo hacia delante, Raiden se movió rápido agarrando a ambos, antes de que terminaran de caer. Luego se echaron a reír nuevamente.
No solo era ella. También sus hijos parecían más felices últimamente. La llegada de ese chico era algo que estaba cambiando la vida de ellos. Era algo tan casual que ni lo había pensado a profundidad, pero notaba lo valioso que podía ser alguien en la vida de las personas.
Quizás no debería enojarme de más con él. Después de todo, no pasó nada ese día.
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Gracias a todos los que dejaron esos hermosos comentarios. Los leí todos y yo también me emocioné escribiendo ese reencuentro.
Una anécdota que tenemos en la mayoría de los casos, quienes hemos terminado o quienes cruzan actualmente la universidad. Es que es innecesario llevar más de un cuaderno, recuerdo que yo acabé toda mi carrera solo con un cuaderno y las plumas, bueno si compré muchas, siempre las prestaba y nunca me las devolvían. Y un rezo para quienes cursan el colegio y le toca llevar aún una maleta de 100 libras.
También debo agradecer infinitamente a esa personita que siempre me escribe al interno, dándome consejos de como mejorar. Cómo lo dije anteriormente no soy una experta en esto, he comenzado hace realmente poco en este mundo. Antes era una lectora que miraba en secreto.
Nos vemos pronto preciosuras.
