Saludos preciosuras

Ranma 1/2 y sus personajes no me pertenecen, son absoluta propiedad de la extraordinaria y cruel Rumiko Takahashi.

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En esta vida y en las siguientes

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Capítulo 7

"Regalos"

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- En serio, ¿Ranma nunca te contó nada? - preguntó viendo a su hermana menor terminar de doblar la ropa.

- No, eso me sorprendió demasiado. Ranma siempre fue tan directo en ciertos asuntos y en otros... Bueno tu me entiendes, Kasumi. - comentó viendo a su hermana reír ante el comentario.

- Lo entiendo completamente, siempre era lento cuando se trataba de tí. - sonrió recordando tantas ocasiones, donde su cuñado era esquivo con todo lo referente a sus sentimientos.

- A mí me parece muy raro el asunto - mencionó Nabiki girando en la silla. - El dinero que te entregaron es una pequeña fortuna, sin contar el hecho que demoraron en encontrarte, ¿Siete años? - puso su dedo en su barbilla pensativa - Hasta yo contrataría un seguro de vida así y me haría pasar por muerta. Claro, si tuviera esa retribución - sonrió.

- Nabiki - regañó a su hermana menor.

- Solo bromeaba, Kasumi - dijo levantándose.

- Bueno, pero revisaste los papeles y tú misma estuviste de acuerdo, que no hay nada raro. - comentó fijando su mirada en su hermana.

- Y eso justamente, es lo que no me termina de convencer, me preocupa que fuera alguna clase de trampa. Mis sobrinos y tú, podrían meterse en problemas. - resopló arreglándose el cabello. - Igual seguiré investigando, solo para asegurarme.

- Estoy convencida que no hay nada malo, era la firma de Ranma y el asesor era un hombre muy amable.

- ¿Y qué piensas hacer con el dinero? - cuestionó la mayor de las Tendo.

- He pensado en hacer arreglos a la casa y al dojo. Enviar a los niños a una mejor escuela, también volver a retomar mi carrera, no puedo quedarme sin hacer nada, solo confiada del dinero que me entregaron, necesito conseguir un buen trabajo. - mencionó sentándose en la cama.

- ¿Continuarás dando clases en el dojo? - preguntó sentándose a su lado.

- Papá se podría sentir triste sino lo hago, además es algo que me gusta y también quiero comenzar a entrenar a los niños.

- Estarás muy atareada, deberías dejarlo, hermanita.

- No lo dejaré, es un legado de familia y es algo que me recuerda a él.

- Lo haces más por él - la miró negando con la cabeza. Entendía que aún para su hermana era difícil, habían pasado siete años, aunque ella lo negara también le entristecía estar en ese lugar y recordarlo de ese modo no ayudaba, a que pudiera superar la muerte de su cuñado. La podía ver muy feliz dando las clases, luego notaba esa tristeza en sus ojos, su mirada se perdía en la nada, envuelta en esos recuerdos del ayer.

- No puedo negarlo.

- No debes hacerlo, son tus sentimientos, Akane.

Kasumi la abrazó amorosamente, su hermana no había cambiado nada con el pasar de los años, seguía siendo su amorosa hermana mayor, en la que siempre podía buscar refugio y pedir algún consejo cuando lo necesitara.

Se escuchó el sonido de un teléfono.

- Lo siento debo irme - caminó en dirección a la puerta - Te estaré avisando cualquier cosa que averigüe, adiós hermanita. - comentó mientras respondía la llamada. Kasumi, nos veremos el domingo - dijo antes de salir, se despidió de ambas con la mano.

- ¿Nunca cambiara?

- Lo dudo, siempre será la Nabiki que conocemos. Ni siquiera piensa en formar una familia - comentó pensativa.

- No la veo como madre, sería muy extraño - murmuró divertida.

- Yo tampoco - apoyó compartiendo una sonrisa cómplice. - También debería irme, Tofu debe tener mucho trabajo y Hanako tampoco se lo deja fácil. ¿Vendrás el domingo?

- No faltaría por nada, los niños llevan semanas diciendo que quieren ir a jugar con su primo. - sonrió recordando la insistencia de sus hijos.

Siguió con la mirada a su hermana hasta que la vio desaparecer en la entrada, se dispuso a seguir arreglando la casa antes de que sus hijos volvieran.

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- Adelante, Señor Yamada - se hizo a un lado invitándolo a entrar y a seguirlo.

Guió al hombre hasta la sala de reuniones, sin perder el detalle que este parecía ansioso.

- En verdad agradezco mucho la oportunidad, mi empresa necesita de un inversionista confiable. - mencionó siguiéndole el paso.

Vio al hombre llegar y dejó aún lado los papeles para prestarle atención, lo notó observar a ambos lados buscando algo.

- ¿Pensé que su jefe estaría aquí? - preguntó dirigiendo la mirada al hombre detrás de él.

- Lo tiene frente a usted, si me permite los dejaré solos. Pequeño amo, me llama si necesita algo - dijo antes de irse.

- Espere - mencionó rápidamente - ¿Qué clase de broma es esta? - se preguntó a sí mismo. Luego volvió a mirar al niño sentado delante suyo.

- Tome asiento, por favor.

El también actuaría así, nadie se esperaría que el jefe fuera "un niño", no lo culpaba de creer que le estaban tomando el pelo. Igual esto era algo de lo que debía encargarse él personalmente.

- ¿Hay cámaras escondidas? Debo estar pareciendo un tonto, no se cómo me dejé engañar así. - movía la cabeza tratando de tranquilizarse.

- No es ninguna broma - notó cómo lo miraba nuevamente - Le explicaré, mi nombre es Raiden Sajemija. No lo cité hoy para hacerle perder su tiempo, vayamos directo a lo importante. - levantó los papeles nuevamente - Usted es el dueño de la compañía tecnológica Yamada, su empresa tiene altas posibilidades de crecimiento, aún así, no ha encontrado ningún inversor que apoye su causa, ni que tenga la suficiente confianza, para darle la inyección económica que necesita. Lo cual ha limitado el crecimiento de la empresa en los últimos 4 meses.

- ¿Es hijo de Zen Sajemija? - preguntó curioso prestándole atención.

- Si, pero aclaro, que este asunto no tiene que ver con la empresa de mi padre.

- Por un momento pensé que iba en serio, no estoy para perder el tiempo así, niño - se levantó dispuesto a irse.

- Siéntese, Señor Yamada. ¿Acaso no está interesado en que su empresa crezca?, nada de lo que se le dijo es una broma. Yo personalmente pienso invertir en su empresa. - se cruzó de piernas esperando la reacción del hombre. Sonrió abiertamente cuando lo vio sentarse nuevamente.

- ¿De cuánto sería la inversión? - cuestionó sin creerse que estaba preguntando eso a un niño, su desesperación estaba ganando la batalla a su razón.

- Todo el que necesite, investigué a su empresa detalladamente y creo completamente que tendrá el éxito que espera. Por ese motivo lo cité aquí. - le extendió los papeles dónde constaban los detalles del acuerdo, notó al hombre leerlo inmediatamente.

Volvió a examinar al niño otra vez y este parecía tan calmado, al mismo tiempo seguro. Ese contrato lo tenía maravillado, era todo lo que necesitaba ¿Estaba tan loco para creer en un niño?, ciertamente sí. No perdía nada y era lo único que tenía.

- Firmaré, ayúdeme por favor - mencionó haciendo una leve reverencia.

- Tenemos un trato, Señor Yamada. - sacó su chequera y su pluma.

- No se arrepentirá de su inversión, Señor Raiden. Le prometo posicionar la empresa entre las mejores del país y sus ganancias serán estupendas. - sonrió tomándolo de la mano en agradecimiento.

- Confío absolutamente que será de esa forma, un gusto hacer negocios con usted. - mencionó de manera cortés.

El hombre se despidió de él, agradeciendo nuevamente. Cuando lo vio salir, se tiró en el sofá y resopló cansado.

- Pequeño amo, en unos minutos llegará el siguiente.

- Es muy pesado esto.

- Le recuerdo, que es lo que usted planificó.

- La próxima vez, recuérdame que es cansado. - mencionó desperezándose.

- Se lo diré, sin embargo nunca me obedece en nada. Pienso que se está volviendo un rebelde sin causa. - afirmó mientras tomaba su té.

- Sabes, ¿Que ya pasé por esa etapa?

Roderick, podía ser muy dramático cuando se lo proponía.

- Sería su segunda vez, su mamá se pondrá muy triste cuando se entere.

Rodó los ojos, pensando que este le contaría alguna historia a su mamá, explicando su punto de vista, totalmente alterado como es costumbre. Y luego se ganaría una charla emotiva por parte de su madre.

- ¿Habrá llegado Kenji? - decidió cambiar de tema.

- Seguramente, pronto deberá contactarnos. Al menos que esté tirado en el aeropuerto aún mareado - soltó una carcajada al imaginarlo.

- Se pelean como perro y gato ustedes dos. Si siguen así los voy a dejar sin vacaciones.

- Sin duda, se está volviendo rebelde y cruel - comentó fingiendo estar ofendido.

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- ¿Enviaron todo? - preguntó al ver a Kenji.

- Si, todo lo que pidió fue enviado. Lo entregarán justo el 12 de junio al mediodía como indicó.

- Gracias, amigo - bostezó mientras se estiraba - Vamos a entrenar - dijo haciendo un gesto para que lo sugiera.

- Creo... que debo hacer algo - intentó darse media vuelta dispuesto a irse.

- Nada de algo - lo agarró de la camisa llevándolo con él.

- ¿Por qué debo entrenar? - trataba de realizar los estiramientos.

- Eres muy lento, además Akane puede notar tu presencia y no te gustaría que te descubriera, se podría poner muy agresiva. - comentó.

- No me han visto, se lo puedo asegurar - mencionó orgulloso del trabajo que realizaba. Llevaba semanas visitando la residencia Tendo, llevando informes de como va todo y de las actividades que realizaba la familia.

- Por ahora - lo miró - no te quejes tanto, el entrenamiento es bueno para tí.

- No me termina de convencer, además me está sobreexplotando laboralmente.

- No dicen lo mismo cuando se van de fiesta, sin contar los lujos que se dan siempre - recalcó, recordando haberlos descubierto tanto a Kenji, como a Roderick salir a fiestas y llegar a altas horas de la madrugada.

- Eso es idea de Roderick - trato de defenderse.

- ¿Y tú tan obediente? - soltó una carcajada. - Ahora no seas vago y entrenemos, solo será poco tiempo, para que te acostumbres.

- Espero, sino terminaré sin poder levantarme de la cama.

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El local estaba abarrotado, el ruido era incesante, el rechinar de los zapatos acompañaba la música de fondo y las personas corrían de un lado al otro, veía al personal de servicio trabajar bajo mucha presión. Sin duda la navidad era una época de locos.

- Le dije que no era buena idea - mencionó Roderick a su lado.

- Es algo que quiero hacer - miró nuevamente el lugar preparándose para buscar, los regalos de su familia.

Fue su insistencia de viajar a Nerima y elegir personalmente los regalos para esta navidad, le emocionaba volver, el solo recorrer las calles le llenaba de tantos recuerdos. Tampoco se esperaba que la zona comercial estuviera tan concurrida un 23 de diciembre.

- ¿Pensó que va a comprar? - cuestionó el mayordomo, tratando de pegarse a la pared, evitando así la muchedumbre que no tenía reparo en soltar uno que otro empujón, al momento de pasar.

- Quiero una pista de carreras de esas que salen en la televisión, creo que les gustará y más si es doble - mencionó intentando ubicarse.

- Debe ser ahí - señaló a la multitud de gente que parecía estar peleando por conseguir algo.

- Vamos - caminó en esa dirección tratando de ver cómo podía verificar, si era lo que buscaba. - ¿Roderick? - preguntó al no verlo cerca, luego se fijó que se estaba a unos metros de él.

A los segundos fue arrastrado por un grupo de personas, que no caían en cuenta que él se encontraba ahí. Trató de librarse pero esas personas no se detenían, cómo pudo pegó un salto y se mantuvo suspendido sobre un adorno colocado en el techo.

Vio a Roderick caminar en su dirección y dispuesto a decir algo.

- No lo vuelvas a repetir - comentó antes de que esté le repitiera que no era buena idea. Notó esa sonrisa burlona tan característica en él y le tiró una esfera que estaba en el piso.

- Pude comprobar que justamente ahí - dejó de reír y señaló nuevamente el lugar que antes mencionó. - Está lo que busca, le pregunté a una amable señorita, mientras usted jugaba. - volvió a reírse.

- Me encanta jugar, amo jugar a qué me arrastran en un tumulto - dijo sarcástico. - ¿Y ahora cómo nos acercamos? - preguntó mirándolo con desconfianza, la zona plagada de personas.

- Yo no voy a ir - volvió a esquivar a un grupo de personas.

Resopló cruzándose de brazos, miró nuevamente a esas personas. Tendría que ir, no tenía más opciones a menos que hubiera alguna otra forma. ¿Pero cuál? Cerró los ojos pensativo.

- ¿Cuánto dinero tienes? - preguntó sonriendo.

- ¿En efectivo? - consultó recibiendo un asentimiento. Buscó entre su ropa y le entregó lo que tenía. - ¿Para qué lo usará?

- Tú solo prepárate, cuando veas la oportunidad corre a buscar los juguetes - fijó su mirada en el techo nuevamente y se impulsó contra la pared. Estaba sujeto al techo y sacó todo el dinero. Le hizo señas a Roderick y pegó un fuerte chiflido, luego tiró todo el dinero que tenía al vacío. Inmediatamente las personas que se encontraban en la zona, se giraron intentando agarrar los billetes, que iban bajando de a poco.

Observó a Roderick quien corría de vuelta antes de quedar atrapado en el tumulto.

- Tuve miedo por mi vida, por un momento. Esas personas estaban regresando. - dijo respirando agitado.

- No te ocurrió nada, déjame verlos - los revisó y estaba complacido, era justo lo que buscaba.

Escuchó sonar su teléfono.

- ¿Dime, Kenji?

- Los lobos están fuera de la madriguera.

- ¿Qué lobos? - preguntó sin entenderlo.

- Los estaba siguiendo y van donde están ustedes. - dijo rápido.

- ¿A quién?

- ¡Su esposa! ¡Sus hijos!

- ¿Mi esposa... - se quedó con la palabra en la boca. La vio entrar acompañada de sus hijos, seguía siendo igual de hermosa, por más que la viera seguido, por medio de fotos que conseguía Kenji. Estar frente a frente le quitaba el aliento, trago saliva al verla acercarse y una fragancia tan conocida se hizo presente al pasar junto a él.

Aún usas el mismo perfume

Giró sobre sí, para no perderla de vista y luego vio a sus hijos, habían crecido tanto. Se sintió sumamente feliz, sin duda era un buen día.

Están tan cerca de mi y al mismo tiempo tan lejos.

- ¿Son ellos? - consultó Roderick, al ver qué no les despegaba la mirada de encima.

- Así es - sonrió al mencionarlo.

Se quedó simplemente observando que hacían, notaba a Akane realizar alguna que otra mueca de molestia.

- Parece un acosador.

- Déjame ser feliz, Roderick.

- Mire parece que tienen problemas - los señaló.

Le hizo un gesto a Roderick para que se acercarán un poco más.

- Lo siento, amores - trató de explicarles.

- Pero, queríamos esa pista de carreras - contestó Ryota haciendo un puchero.

- Todo fue porque te demoraste, Ryota - acusó a su hermano.

- No fue mi culpa - se defendió mirando enojado a su hermano menor.

- No es culpa de nadie. Así que no deben enojarse ninguno de los dos, buscaremos algo mejor - los agarró de la mano.

Ranma y Roderick se alejaron un poco de ellos.

- Sabía que era el regalo perfecto - mencionó orgulloso de su regalo.

- Igual están tristes ahora - habló mirando a los niños caminar cabizbajos.

También lo había notado, en verdad quería sorprenderlos con ese regalo. Aunque no valía la pena si ellos estaban así.

- Vamos - comentó yendo en su dirección.

- Hola… - saludó a los niños. Ambos se habían soltado de su mamá.

- Hola - respondió prestando atención.

- ¿Quién es? - consultó a su hermano.

- No lo conozco Kai - miró al niño frente a él.

- Tengan - les entregó un regalo a cada uno.

Los notó observar con mucha curiosidad, sin saber aún el contenido. Hizo el gesto que lo abrieran y luego notó como ambos sonreían.

- ¿En serio podemos quedarnos con esto? - preguntó ilusionado.

- Claro, me lo compró mi papá - señaló a Roderick que estaba a unos metros. - Pero no son de mi gusto, así que me permitió regalarlos - asintió sonriendo.

- ¡Es genial! - comenzaron a dar vueltas en círculos emocionados.

Se percató que Akane venía de regreso y supo que tenía que irse antes que ella llegara.

- Nos veremos pronto, Kai y Ryota - se despidió dándoles un abrazo grupal. Caminó rápido en dirección a la salida seguido de Roderick.

Se dió la vuelta antes de salir del local, para darle un último vistazo a su familia. En definitiva fue un gran día.

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Estaba en su oficina observando la transitada calle. Era pleno otoño, pronto las hojas se desprenderían de los árboles y serían reemplazadas por nuevas hojas llenas de vida, y de colores por igual. Le gustaba como se veía la ciudad en esa época, dónde vivía actualmente era muy diferente a Nerima. Había sido un provechoso año, sus negocios iban a toda marcha, su familia estaba bien, cada que podía los visitaba para observarlos al menos, él sabía que no era momento aún, para presentarse ante ellos, todo a su tiempo, se repetía constantemente.

- El señor Yamada y él nuevo socio tardarán un poco más en llegar, acabó de llamar para comunicarlo. - comentó leyendo los registros.

- En esta época el tráfico es terrible.

- Parece aburrido y pensativo - mencionó viéndolo caminar sin mucho que hacer.

- Antes mi vida era como decir "Divertida" , aunque ahora que lo pienso pasaba por demasiadas cosas en ese tiempo, ¿Te conté que tenía tres locas prometidas?

- No recuerdo que lo mencionara, pero déjeme decirle que era un promiscuo, me decepciona. Pequeño, amo.

- Tampoco era mi culpa, fue mi padre, digamos que su día a día era comprometerme por comida cada que podía - sonrió ampliamente al recordar lo mal que la pasó.

- No se escucha como si fuera un buen padre, al menos debía comprometerlo por algo mejor - trató de bromear.

- También lo pienso - arrugó la frente fingiendo molestia. - Alguien como yo vale mucho más - aseguró orgulloso.

Roderick iba a responder, pero se detuvo al escuchar el timbre.

Abrió la puerta y frente a él, estaba una persona totalmente desconocida.

- ¿Con quién desea hablar? - preguntó sin perder de vista sus movimientos.

- Con tu jefe - mencionó entrando a la oficina sin recibir invitación alguna.

- Creo que se está equivocando de lugar, no esperamos a nadie con su descripción. - comentó un poco molesto.

- No me equivoco - miró con suspicacia al hombre que tenía delante y luego intentó localizar si había alguien más en ese lugar. Cuando lo encontró se dirigió dónde estaba.

- Espere - intentó detener su avance. - No puede entrar sin permiso.

Se giró para ver lo que pasaba, notó a Roderick alzar la voz y eso le extraño.

- Tu... - alcanzó a decir al ver a la persona frente a él.

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En mi país siempre la época navideña es una locura total, con decirles que ni se puede caminar por las calles y los centros comerciales están a full. Es de valientes hacer compras en esa época. Imagino que debe ser así en todos los países.

Agradezco mucho a todos los que se toman el tiempo de leer la historia, a los que dejan esos bellos comentarios y a quienes miran secretamente.

Recientemente alguien comentó si me basé en "Oshi no ko" para crear la historia, la respuesta es no, de conocer el anime lo conozco, y ciertamente no me agradó del todo la temática de idols, por eso no lo ví, aunque se que es conocido y a muchos le gusta por igual. Sí diría en qué me basé para la historia sería una mezcla de series. Se han visto ¿Black? La serie coreana, de esa serie me encantó la historia de las parcas, por eso las incluí sin llegar a ser lo mismo. También me gusta esa parte espiritual de almas y espíritus tal, como "Cazadores de espíritus malignos". Y así me he basado en diferentes ideas de series que vi y un poco de algún anime con temática isekai.

Nos vemos preciosuras, dentro de poco subiré el siguiente capítulo.